Vine a hablar de mis aficiones y acabé hablando más de mi trabajo porque parece que lo preferís. Informático de letras (de verdad, aunque parezca mentira), suelen echarme de todos los clubes: los fans de Manowar no me consideran metalero, los de Marvel me echan del mundillo tebeil y Victor Lenore me expulsa de la clase obrera.
Vamos con una entrada rápida de Javascript¿Cómo cambio el src de una imagen de forma dinámica? No es lo más recomendable para una web por temas de posicionamiento, pero puede ser una solución útil para una aplicación web de uso interno.
Vamos a suponer que tenemos una imagen llamada image1.jpg y que al clickar en un elemento esta cambia por otra que se llama image2.jpg:
<img src="image1.jpg" id="img1" alt="primeraImagen" />
<script>
//así con JS normal
//accediendo directamente a src
function cambiarImagenJS(){
document.getElementById("img1").src="image2.jpg";
}
//así con jQuery
//haciendo uso de la función attr()
function cambiarImagenjQ(){
$("#img1").attr("src","image2.jpg");
}
</script>
La idea sería vincular la función a un evento (un click, el cambio de estado de un checkbox o radio, llenar un campo de texto…) y cambiar el valor. En el ejemplo damos por fijo el id del elemento, en la práctica seguramente sería mejor pasárselo a la función. En ese caso ya miráis que se adapta mejor a vuestras necesidades.
Otra semana que nos vamos a Portugal, esta vez con un disco publicado hace ya cosa de un año pero que traigo ahora a primera plana en El Bandcamp de la Quincena porque su autor estará en Compostela dentro de un par de semanas:
Ricardo Remédio es un músico que en el mundo rockero portugués se había hecho un nombre fundando y liderando la banda de doom metal atmosférico Löbo, grupo del que pude disfrutar brevemente en la última edición del Sonic Blast Moledo. Paralelamente a esa banda también ganó fue ganando cierta fama como DJ bajo el nombre de RA, identidad musical con la que firmó varias remezclas y logró forjarse una fama en el mundo de la electrónica en Portugal. Y ya en octubre de 2016 decidía lanzarse a publicar este disco, dejando atrás la identidad de RA y firmando con su nombre, como un nuevo proyecto unipersonal.
Lo que este Natureza Morta nos presenta, lo que Ricardo Remédio nos ofrece en este disco, son ocho temas de música electrónica instrumental oscura, atmosférica y densa, donde también toma elementos de grupos drone como Earth, bebe de bandas sonoras y elementos ochenteros como la música de John Carpenter, Vangelis o su contemporáneo Perturbator o toma elementos industriales de los germanos Kraftwerk o los eslovenos Laibach. Los temas, dentro de su línea oscura, son bastante variados mostrando un buen batiburrillo de influencias.
Afrontar este disco, este Natureza Morta, es enfrentarse a un viaje que se mueve entre fases relajantes y fases perturbadoras y opresivas. Uno puede cerrar los ojos y dejarse llevar por temas como Caça, Suor Noturno, la intimidante Vigília con sus aires de misa negra o la más ochentera Rei Morto, Rei Posto que cierra el disco con el tema creo que más fácilmente audible, muy en la línea de gente como Carpenter Brut, Gost o el antes citado Perturbator.
Para la realización del disco ha contado con dos pesos pesados del mundillo musical: por un lado el productor ha sido todo un nombre tan respetado en el mundillo avant-garde como Daniel O’Sullivan, integrante de Ulver, Æthenor y, en directo, de los míticos SUNN O))). Para la mezcla ha contado con James Plotkin, un pionero del grindcore como músico y que como técnico ha trabajado con ISIS, Kavra, Earth, Pelican, Samothrace o en el último disco de Vinnum Sabathi que ya comentamos en esta sección, además de en múltiples bandas sonoras de series de TV o cine.
Si te gustan los ambientes oscuros, la música capaz de crear atmósferas a tu alrededor y no haces ascos a la electrónica este es un trabajo que deberías degustar. Ricardo Remédio firmó un debut que se merece un par de escuchas por lo elaborado de su propuesta, cargada de matices y pequeños detalles en segundo plano.
Leía esta mañana en Genbeta sobre esta tipografía y no pude resistirme a comentarla por aquí: Hack, una tipografía pensada para desarrolladores.
¿Por qué está pensada para desarrolladores? Pues porque esta familia de tipografías, con cuatro variantes (normal, cursiva, negrita y cursiva-negrita), ha sido creada poniendo el foco en su diseño para pantalla y no para impresión, con un contraste, altura y anchura pensados para una lectura cómoda y con detalles como rellenar los ceros con un óvalo para diferenciarlos con facilidad de la letra o.
En este enlace puedes ver cómo pinta la fuente y compararla con muchas otras. La licencia es Open Source y muy flexible, por lo que podrías modificarla, redistribuirla y usarla con fines comerciales.
La puedes descargar desde este enlace a Github. Su instalación tanto en Ubuntu como en Windows no podría ser más simple: basta con descargar el zip, extraer el fichero .ttf, abrirlo y pulsar el botón de instalar.
En el pasado vimos cómo detectar intrusos en tu wifi con Windows (ya hace años de eso) y desde Ubuntu. Pero ¿y si eres un usuario que tiene sólo tablet y móvil? ¿puedes saber si te están vampirizando la wifi? Puedes. Existen varias apps para ello, pero creo que la más sencilla es Fing, que además en su versión más básica es gratis.
Fing es una aplicación que te permite escanear la red a la que estás conectado, y por suerte existen versiones para varios sistemas operativos. De hecho puedes usar también Fing desde un portátil o sobremesa ya que también tiene versiones para Linux, Windows y MacOSX.
Centrándonos en la versión móvil, no puede ser más sencilla de usar: la puedes descargar desde aquí y, una vez instalada, basta ejecutar la aplicación para ver qué equipos hay conectados a la red. Los móviles tendrán un icono distintivo, al igual que el router o punto de acceso al que esté conectado el teléfono. Una vez veas la lista puedes calcular si ves algo raro, si hay algún equipo que no debiera estar conectado. En caso de que haya un invitado indeseado la mejor opción es que cambies la contraseña de la wifi.
Pulsando encima de cada dispositivo conectado podrás tener varias opciones: una es ver la MAC del dispositivo, por si quieres añadir a tu router una regla de filtrado por MAC para impedir que ese equipo se conecte (aunque la MAC puede cambiarse, así que no es un método infalible para evitar conexiones indeseadas). Otra es la de etiquetar a ese dispositivo con un nombre a tu elección (por ejemplo «ordenador del salón«) para facilitar su identificación cuando ejecutes el app. También puedes realizar un escaneado de puertos o lanzar un ping. Si decides hacerte una cuenta puedes disponer de notificaciones cuando alguien se conecte y más opciones.
Como ves es una solución fácil para tener controlado quién accede a tu wifi. Por cierto, que los creadores de Fing están trabajando en Fingbox, un dispositivo de hardware que facilitaría la expulsión de intrusos de tu red.
Vamos con una banda muy querida en este blog, ya ha aparecido varias veces por aquí: The Black Wizards. Recién salido está su último trabajo What the Fuzz! (publicado el 1 de septiembre) y la gira de presentación está al caer (podremos disfrutar de su directo en Compostela el próximo día 14, junto a sus compatriotas Vircator).
Cuando les vi tocando en la piscina en el Sonic Blast 2015 ya os lo dije, banda a seguir. Unos meses después llegaba Lake of Fire, que reseñamos en esta sección y que fue uno de los primeros discos de El Bandcamp de la Quincena. Ahora encaramos el segundo álbum de la banda, cruzamos de nuevo el Miño para disfrutar de otra buena dosis de rock a cargo de una de las bandas más excitantes y con mayor proyección del panorama peninsular.
El grupo no se estanca y sigue evolucionando, ganando colorido. Más conciertos, más hora sobre el escenario, más discos escuchados, más música asimilada en sus cabezas y añadida a su sonido. Cambian lo bastante para no repetirse pero lo justo para no dejar de ser ellos, y en What the Fuzz! se muestran menos protometaleros y más blueseros, más psicodélicos, más retro, menos Black Sabbath y más Ten Years After, menos Pentagram y más Cream, menos Deep Purple y más The Jimi Hendrix Experience. Un disco que ha salido redondo a todos los niveles: composición, producción y hasta es notable en el trabajo gráfico de João Maio Pinto, que se ha currado un artwork impresionante.
Tras una intro caótica nos vemos ante una pieza pesada y psicodélica como Freaks and Geeks, una canción de 8 minutos con mucha jam para abrir el disco… y a los dos minutos de tema ya te estás dando cuenta del calibre como guitarristas de Joana Brito y Paulo Ferreira, de como van añadiendo preciosos arreglos sobre el denso riff principal. Ya os decía antes que han asimilado mucha música desde su anterior trabajo y la han incorporado: Floating Blues comienza haciendo honor a su nombre, comienza flotando con aromas de Asia, de la India, para luego echarse en brazos de la herencia de T-Bone Walker y posteriormente azotarnos un latigazo eléctrico digno de los buenos tiempos de Clapton. Just Not Today, una pieza de dos minutos en un disco donde el resto de temas no bajan de los 7, nos transporta a Nashville con sus aires de viejo folk estadounidense y nos hace la transición hacia uno de los temas que fueron adelanto del disco: Build your home, un tema que a pesar de ser una pieza de rock pesado me ha recordado también a viejos trabajos de Bob Dylan en la forma en que Joana Brito construye la melodía vocal. Y es que la voz de Joana en este trabajo cambia bastante respecto al primero, con más reverberación, con líneas vocales más sutiles, más suaves, tirando menos de fuerza bruta rockera que en el Lake of Fire y más de elegancia, en consonancia con un disco también más pausado que su predecesor y con pasajes instrumentales más largos. Y tras ese tema llega I don’t Wanna Die, que seguramente sea el tema más pegadizo y asequible del disco, un tema que pincharía en cualquier garito o radio sin miedo porque tengo claro que hará mover los pies y la cabeza del público.
Hemos hablado del excelente trabajo de guitarras, de la evolución de la voz, ¿y la base rítmica? Impecable. Ya sabéis que yo soy bajista, pues desde aquí declaro sinceramente que envidio a João Mendes. Le envidio porque toca mejor que yo, su calibre en las cuatro cuerdas queda sobradamente demostrado en todo el disco, y le envidio porque tocar junto a una batería como Helena Peixoto tiene que ser una verdadera gozada. Escucha el inicio de Floating Blues, fíjate bien en la batería en I don’t Wanna Die y, sobre todo, disfruta de su groove en Fire… ese ritmillo tiene que ir en los genes. Si me dicen que está tocando Carmine Appice o Ian Paice me lo creo, esta chica tiene un talento de clase mundial y del anterior disco a este parece haber pegado un tremendo salto.
Cierran el disco con una pieza de 16 minutos, Everything is Good Until Trouble Comes, una demostración elaborada y épica de la capacidad del grupo, añadiendo órgano y coros para glorificar más todavía la composición.
What the Fuzz! hoy por hoy marca el pináculo de la producción de The Black Wizards, es un paso adelante, una nueva piedra sobre la que seguir edificando su carrera ¿dónde está el techo ahora para esta banda? ¿qué cotas pueden alcanzar en una futura entrega? Preguntas que esperamos tengan respuesta y que podamos tener la suerte de disfrutar muchos años de esta banda. De momento lo que sí haremos será gozar con este disco excepcional de estos portugueses y de su directo cada vez que nos sea posible.
Una de las comodidades de jQuery es la versatilidad que nos da a la hora de trabajar con diversos selectores. Lo que muchos no saben, o lo intuyen pero no lo tienen claro, es que existen diversos comodines para usar los selectores de jQuery. Vamos a verlos:
Seleccionar por un prefijo: Tenemos la posibilidad de usar un selector que actúe sobre los elementos que tengan un atributo cuyo valor sea igual a la cadena que le pasemos, o que empiecen por esa cadena seguida de un guión. La sintaxis sería tal que así: jQuery( «[attribute|=’value’]» )
Lo vemos mejor con un ejemplo:
<div id="pepe">Some text</div>
<div id="pepe-paya">Some other text</div>
<div id="pepote">Some text</div>
<script>
//oculturía los dos primeros divs y dejaría el tercero
$( "div[id|='pepe']" ).hide();
</script>
Seleccionar por un fragmento de una cadena: Con esta opción lo que buscaríamos sería un fragmento de texto dentro del valor del atributo, en cualquier posición. La sintaxis sería tal que así: jQuery( «[attribute*=’value’]» )
Lo vemos mejor con un ejemplo:
<div id="casapepe">Some text</div>
<div id="pepepaya">Some other text</div>
<div id="pepote">Some text</div>
<script>
//oculturía los dos primeros divs y dejaría el tercero
$( "div[id*='pepe']" ).hide();
</script>
Seleccionar por una palabra aislada concreta: El título es un pelín confuso, lo se, pero te lo explico. Con esta opción buscaríamos dentro del atributo una palabra concreta, que puede estar delimitada por espacios o ser el valor único del atributo. La sintaxis sería tal que así: jQuery( «[attribute~=’value’]» )
Lo vemos mejor con un ejemplo:
<div id="casa pepe">Some text</div>
<div id="pepe">Some other text</div>
<div id="pepepaya">Some text</div>
<script>
//oculturía los dos primeros divs y dejaría el tercero
$( "div[id~='pepe']" ).hide();
</script>
Seleccionar por el final del atributo: En este caso lo que hacemos es buscar los elementos con un atributo cuyo valor termine con la cadena que le pasamos. La sintaxis sería tal que así: jQuery( «[attribute$=’value’]» )
Lo vemos mejor con un ejemplo:
<div id="casapepe">Some text</div>
<div id="pepemola">Some other text</div>
<div id="elpepepaya">Some text</div>
<script>
//oculturía el primer div y dejaría los otros dos
$( "div[id$='pepe']" ).hide();
</script>
Seleccionar por el principio del atributo: En este caso lo que hacemos es buscar los elementos con un atributo cuyo valor comience con la cadena que le pasamos. La sintaxis sería tal que así: jQuery( «[attribute^=’value’]» )
Lo vemos mejor con un ejemplo:
<div id="casapepe">Some text</div>
<div id="pepemola">Some other text</div>
<div id="elpepepaya">Some text</div>
<script>
//oculturía el segundo div y dejaría los otros dos
$( "div[id^='pepe']" ).hide();
</script>
Esta semana en El Bandcamp de la Quincena volvemos a volar a América Latina, más en concreto a Argentina, para darle un buen repaso a una banda santarroseña fetén de los fetenes: Knei.
Estos Knei nacían en el año 2006 y cuentan con Nicolás Lippoli a la voz y a la guitarra, Mauro López al bajo y Roberto Figueroa a la batería. El disco fue grabado a finales de 2015 y editado en 2016 en Argentina, y en 2017 ha traspasado las fronteras de su país de la mano del sello peruano Necio Records, responsables también de la distribución de otras bandas como los doomsters ya reseñados aquí El Jefazo.
La apuesta musical de Knei en Juventud de la Gran Ciudad hace hincapié en los años setenta. Músicos jóvenes pero ya con el culo pelado en directo, combinan jazz, blues, hard rock, psicodelia y funk con total naturalidad. Una banda cuyo sonido puede traerte reminiscencias a The James Gang, a los Trapeze de Glenn Hughes, a la primera Ian Gillan Band, a los contemporáneos Wolfmother, a su compatriota Pappo y sus Pappo’s Blues, la época más dura de los españoles Lone Star o incluso a bandas clásicas del rock estadounidenses como los The Doors más densos o los primeros tiempos de Grand Funk Railroad.
El disco se abre con la pieza más larga del álbum y que además da título al mismo, 11 minutos de Juventud de la Gran Ciudad, y continúa con pelotazos rockeros en español como la directa Rock de la Mujer o la más introspectiva y psicodélica El Inentendido. Una banda con un sonido clásico, setentero, de distorsión de válvulas de ampli desnudo, con temas frescos, clásicos pero cargados de matices y sorpresas.
Knei son una joya del rock argentino y Juventud de la Gran Ciudad es un disco que debería encandilar tanto a los amantes del hard setentero o de la psicodelia como a los que buscan una buena dosis de rock fresco en español. Un disco que no debe faltar en tu colección.
Recuperados ya del fin de semana de rock and roll vamos a volver al código con algo de SQL teórico: la normalización de datos. El diseño lógico de las tablas y sus relaciones es fundamental para la optimización de una base de datos. Existen cinco reglas de normalización que debemos cumplir para aseverar que nuestra base de datos SQL está normalizada, aunque es cierto que hay quien considera que la cuarta y la quinta son rizar el rizo y que con cumplir la tres primeras generalmente ya tenemos una base de datos normalizada. Estas son las cinco formas normales:
Primera Forma Normal: La primera forma requiere la eliminación de todas las columnas duplicadas de una tabla, la separación en otras tablas de esos datos que se duplicarían y la identificación de cada tabla con una atributo de clave primaria. Por ejemplo, si tenemos una tabla donde registramos ventas no guardamos el nombre y el precio del producto vendido en ella varias veces, sino que tendremos una tabla de productos con esos datos separado de la tabla de ventas, y ambas tendrían claves primarias que identifican a cada fila.
Segunda forma Normal: Implica que se cumpla lo dicho en la primera forma normal y que, además, se creen relaciones entre tablas a través de claves externas. Es decir, la tabla Ventas del ejemplo anterior incluye como Clave Externa un valor único que lo relaciona con la tabla Productos, generalmente su clave primaria.
Tercera Forma Normal: Esta norma implica que se cumplan las dos anteriores y que, además, todas las columnas de un registro deben hacer referencia únicamente a la clave primaria, y además elimina todos los atributos derivados. Volvemos al ejemplo: la tabla Productos nos dará el nombre del producto, su precio, en qué almacén se guarda y su fecha de caducidad. No tendremos, por ejemplo, un registro para decir en qué piso del almacén se guarda, ya que ese dato sería de la tabla Almacén. Tampoco tendríamos una columna con los días que faltan hasta que caduque, ya que ese sería un atributo derivado que podemos calcular con la fecha de caducidad.
Cuarta Forma Normal:Agrega un requisito adicional, que es la eliminación de cualquier dependencia multivaluada en las relaciones. Una tabla con una dependencia multivaluada es una donde la existencia de dos o más relaciones independientes muchos a muchos causa redundancia.
Quinta Forma Normal: Rizando el rizo, vendría a decir que sólo se podrían realizar relaciones entre tablas utilizando claves candidatas, con la idea de reducir la redundancia de datos entre múltiples tablas.
A la hora de normalizar bases de datos hay una frase en inglés que lo resume todo: «The key, the whole key, and nothing but the key.» En la propia web de Microsoft la primera recomendación que dan para mejorar el rendimiento de SQL-Server y tener un diseño eficiente de la base de datos es usar un índice autonumérico como clave primaria de cada tabla, identificando así de forma unívoca cada registro y facilitando la relación entre ellos.
Otro año más, como ya sabíais por la previa de la semana pasada, me he desplazado a Moledo do Minho con otro buen montón de amantes de los riffs pesados para calzarnos una buena ración de rock pesado, bifanas y Super Bock.
El primer día entre salir del curro, hacer kilómetros, instalarnos en la casa, hacer la cola para las pulseras… nos llevó a perdernos a los grupos de la piscina y a entrar casi al final del concierto de los israelitas The Great Machine, de los que puede ver dos temillas muy doom metaleros y su despedida con una canción de pura energía Motorheadiana. Lo poco que vi, me gustó. Cambio de equipo y saltan a escena los stoner doom estadounidenses The Well, un power-trio llegado de Austin y liderado por la bajista Lisa Alley y el guitarrista Ian Graham, ambos encargados de las labores vocales. Firmaron un concierto sobresaliente y muy blacksabbathiano.
El space-rock psicodélico, progresivo e instrumental de los suecos Yuri Gagarin nos convertía en cosmonautas y nos transportaba con su sonido a un viaje por el cosmos cuando la noche comenzaba a caer sobre Moledo.
Al final de su concierto hicimos la tradicional parada técnica para juntar al «comando bifana» e ir a degustar esta delicia del fast-food portugués. Voy a puntualizar que tradicionalmente siempre las compramos en el mismo puesto, donde siempre están excelente, y este año decidimos cambiar y probar las de otro… CRASO ERROR!!!! No sólo no estaban tan buenas sino que, además, nos tangaron con una ración de rissões en la que el plural estaba en la carta pero no en el plato: sólo había uno. Al final, con la orejas gachas, volvimos al puesto de todos los años para poder tomar nuestra true-real-bifana, deliciosa como siempre. Por cierto, este año la organización ha tomado nota de la quejas de los asistentes del año pasado: añadieron más baños y más grifos para servir bebida en el recinto, evitando las colas del año pasado.
Tras la cenita era el turno de la piscodelia setentera con toques de folk oriental de los japoneses Kikagaku Moyo, dignos sucesores de grandes bandas niponas como Flower Travelin’ Band, que nos llevaron en un agradable paseo musical hasta los años 60, sitar incluído y con mucha broma entre los colegas porque un tema sonaba extrañamente similar a Mediterráneo, de Joan Manuel Serrat. Con el cuerpo relajado tras los suecos y los japoneses llegaron otros suecos: Monolord. Este trío de Göteborg es pura economía musical, hacen más con menos: con temas simples y directos de enérgico stoner-doom de regusto sludge construídos sobre repetitivos riffs de tres acordes, lograron completar un concierto apabullante, desencajando los cuellos del respetable público y ganándose merecidas ovaciones y, para muchos, el honorífico título de campeones de esa noche.
Del primer día los estadounidenses Elder eran la banda que más interés despertaba en mi, y aunque son un grupo técnicamente impecable y completaron un buen concierto no acabé de de conectar tanto con ellos. Puede que fuera por la mayestática exhibición de los Monolord o puede que sean un poco fríos en directo, pero aunque interpretaron sus complejos y progresivos temas llenos de cambios de ritmo, tensiones armónicas y hasta arreglos barrocos con sublime perfección no acabé de conectar de todo. En cualquier caso tampoco se les puede achacar nada, pues su concierto fue más que correcto. Cerraron la primera noche los escoceses The Cosmic Dead, que escuché ya desde la lejanía antes de irme a dormir. No entendí muy bien por qué no paraban de citar a Black Bombain cada dos por tres, no se si era alguna broma entre las bandas, entre ellos, algún pique… En cualquier caso no fueron los de Glasgow una banda que me interesara en exceso, así que opté por guardar fuerzas para el día siguiente.
Sin madrugar en exceso pero tampoco sin levantarme muy tarde aprovechamos la mañana en dar un paseo cerca de la playa y desayunar en los bares que hay junto a ella. Si sois cafeteros en Portugal disfrutaréis, la mayoría de bares hacen buen café. Tras el desayuno tocó movilizarse en la cocina y preparar la tradicional churrascada doom-metal, que nos entró fetén pero que lleva su tiempo, así que me perdí a Ana Paris y a Vinnum Sabbathi aunque tenía mucho interés en ese grupo. Llegamos a la piscina con los portugueses Löbo tocando su sludge oscuro y atmosférico. Este recito, con la piscina, es muy molón y una de las señas de identidad del festi pero empieza a quedarse pequeño. Tras los portugueses llegaba el turno de los franco-estadounidenses Blaak Heat y su deliciosa locura: combinan surf, psicodelia, progresivo, escalas árabes de influencia mediterránea y hasta elementos de música balcánica y de oriente medio, una extraña fusión sobre la que construyen temas plagados de cambios de ritmo y preciosos arreglos, un bendito manguerazo de colorido musical y originalidad, incluyendo una original jam instrumental a base de percusión y laud.
Marchamos a turistear un rato en lo que pareció ser un error, ya que parece que Toxic Shock dieron un show para no olvidar, con salto a la piscina desde la torre incluído. Llegamos ya para el inicio de Sasquatch en el escenario principal, que con su stonerhard rockero de base bluesera y alma de ZZ Top dieron un bolazo que se ganó en el favor del público desde el primer acorde, una banda que sabe estar sobre las tablas y animar a las masas.
The Machine, en cambio, me dejaron bastante frío. Su sonido a lo Queens of the Stone Age no acabó de conectar conmigo y me fui viniendo abajo. Tras ellos Acid King llegaban al escenario planteando un concierto con mucha jam, muchos largos pasajes instrumentales que dejaron a su frontwomanLori S. más centrada en las labores guitarreras que en las vocales. Su estilo extremadamente denso y pesado me gusta, pero tras haberme quedado casi de bajón con The Machine no acabaron de entrarme bien. No fue un mal concierto el de Acid King, estuvieron muy bien en su línea, pero para mi estado anímico no llegaban en el mejor momento. Tras su concierto repetimos bifanas y nos sentamos un rato para afrontar el sprint final.
Colour Haze llegaban con su alma de jam band y su psicodelia colorida y heredera del espíritu del kraut-rock de los ’60-’70. Comenzando con unos dejes muy Woodstockianos y con unos arreglos casi guiñando un ojo al primer Santana, dejando claro que apostarían por el sonido más retro de sus últimos trabajos que por la rama stoner de sus inicios. Su actuación fue descomunal y sobresaliente, con un desempeño excelente por parte de Stefan Koglek.
Nunca había visto antes a Orange Goblin, pero había leído de todo sobre ellos: desde conciertos apabullantes hasta enormes decepciones. ¿Qué cara mostrarían en Moledo los ingleses? En el primer tema quedaba claro: venían a tomar la plaza por asalto, a arrasar el lugar con su napalm alcohólico-rocanrolero, con rendición a Lemmy incluída al presentar The Devil’s Whip. Y no es para nada superficial ese tributo, ya que Orange Goblin y Motorhead tienen mucho en común: ambas son bandas que beben de muchos estilos sin casarse con ninguno, Motorhead lo hacían del punk, el rock and roll y el proto-heavy setentero y Orange Goblin lo hacen del stoner, el doom, el punk y la NWOBHM. Los ingleses movieron a su gusto a todo el público, incitaron a saltar, a cantar, a hacer pogo y baile pollo y desencajaron cuellos a golpe de headbang. Eran los cabezas de cartel y salieron a demostrar que se merecían ese rango. Apabullantes.
Con el cuerpo destrozado intenté hacer el último esfuerzo, gasté mis últimos tokens en una sidra y me preparé a ver a Dead Witches, la superbanda stoner-doom clasicota formada por el ex-batería de Electric Wizard,Mark Greening, y la vocalista italiana Virginia Monti, de Psychedelic Witchcraft. Pero había gastado el último cartucho con los británicos y tuve que recogerme a descansar al segundo tema, mi espalda pedía tregua y a tumbarme me fui aunque la banda estaba firmando un buen concierto. El final de su actuación lo escuché ya desde lejos, descansando.
¿Veredicto? Inmejorable: un cartel variado pero dentro unos parámetros claros, con bandas que no están «quemadas» por la rotación constante entre los mismos festis de siempre, con muy buen ambiente y bien planificado. Tal vez podría haberse mejorado el tema de las colas a la hora de coger las entradas, pero por el resto todo impecable. Para mi el hecho de que cuando Kadavar cancelaron la gira la organización se ofreciera a reembolsar la entrada a quien lo solicitara me pareció un detalle que demuestra el buen hacer de esta gente, más centrada en fidelizar al público con un trabajo bien hecho que en sangrarle la pasta a los asistentes.
Vamos con una función de Javascript, en la cual le pasaremos un array y una cadena con el valor que queremos eliminar. De esta forma podremos eliminar dicho valor sin saber el índice en el que está almacenado en el array.
//le pasamos a la función el array
//y el valor
function borraItemValor(array, valor){
for(var i in array){
if(array[i]==valor){
array.splice(i,1);
break;
}
}
}
Puedes probarla con algo como esto:
var unarray = ["uno", "dos", "tres", "cuatro"];
borraItemValor(unarray, "dos");