Musiqueando 16 (20200210)

Antes de comenzar con la entrada quería disculparme por teneros sin publicar más de un mes. Estoy con mil cosas en la cabeza esta temporada y no tengo apenas tiempo para escribir, cuando pase el estrés volveré a publicar más asiduamente.

Que escuchar música es un placer es algo que comparten todos los que leen el Musiqueando, porque si no ¿para qué lo leerían? Casi podría apostar además que un alto porcentaje de esas personas además encuentran placer en la lectura ¿por qué no combinarlos? La literatura ha sido inspiración de muchas obras musicales. Desde El Cantar de los Nibelungos inspirando a Wagner para su serie de óperas épicas pasando por Kate Bush revisando Cumbres Borrascosas de Emily Brontë, por Leonard Cohen adaptando a Lorca siguiendo la estela de otros muchos cantautores españoles, por Blind Guardian lanzándose al Silmarillion de Tolkien como años antes lo habían hecho Led Zeppelin o por la excelencia progresiva de Rush nutridos por los panfletos de Ayn Rand que extrañamente encantaban al recientemente fallecido Neil Peart. Hoy vamos a dar un repaso a varios discos conceptuales basados en discos e intentaré no caer en los más tópicos.

Seguramente cuando uno piensa en libros que inspiran discos de rock El Estado y la Revolución de Lenin no aparezca entre las opciones más obvias, pero allá por 2011 los catalanes Eina lo usaron como inspiración para los temas de L’Estat i la Revolució. Nacidos de las cenizas de la mítica banda de punk Inadaptats ya habían publicado previamente otro disco conceptual en 2008: L’Art de la Guerra, inspirado por la obra del militar chino Tsun Tzu. El sonido de la banda es un rock directo y bastante melódico, con mucha fusión, tomando elementos del rap metal, el indie, el punk o la electrónica y cantado siempre en catalán.

Cuando un grupo se inspira en una obra literaria cuyos derechos de autor todavía no han pasado al dominio público puede tener que verse las caras con la desaprobación de los autores o sus herederos… y luego está el caso de Michael Moorcock, que no solo no tenía problema en que lo hiciesen sino que además se acercaba a colaborar con las bandas dado que él también había sido picado por el gusanillo musical (tuvo su propio proyecto en los 70: Michael Moorcock & The Deep Fix). Colaboró con Blue Oyster Cult, con el colectivo Spirits Burning pero, sobre todo, lo hizo con Hawkwind. Los psicodélicos ingleses ya habían inspirado más de una canción en la obra de su buen amigo, quien a cambio les convirtió en personajes literarios en su novela The Time of the Hawklords, pero en 1985, con una formación en la que ya solo quedaba Dave Brock de la alineación original, le dedicaron un disco entero: The Chronicle of the Black Sword. El disco originalmente se iba a llamar Stormbringer pero decidieron no hacerlo para evitar confusiones con una conocida obra anterior de Deep Purple. Está inspirado por la saga de novelas de la saga de Elric de Melniboné aunque también menciona en un tema a Jerry Cornelius, otro personaje de Moorcock y cuenta con una letra del propio autor para el tema Sleep of a Thousand Tears. El grupo en este disco lleva su clásico space rock psicodélico a sonoridades más duras y hard rockeras para surfear la ola del heavy metal imperante en la época.

A mediados de los años 70 un productor, técnico de sonido y teclista de sesión llamado Alan Parson decidió lanzarse a grabar un disco conceptual basado en la obra de Edgar Allan Poe. Sería este el génesis de The Alan Parson’s Project y de su disco debut Tales of Mistery and Imagination. Para ello decidió juntarse con otro teclista, Eric Woolfson, contratar como músicos de apoyo a los miembros de las bandas Pilot y Ambrosia y también a un teclista más que sería Francis Monkman (de los pioneros del rock con ínfulas de música clásica Curved Air y Sky) e invitar a cuatro cantantes: el actor Leonard Whiting, el pionero del shock rock Arthur Brown, el entonces muy popular John Miles y el ex-The Hollies Terry Sylvester, además de los coros de un Jack Harris que sería colaborador habitual de la banda en futuros discos. En la edición original se obvió una narración de Orson Welles como preludio a varios temas que se recuperaría en la reedición de 1987 para su primer lanzamiento en cd. El disco nos presenta un sonido progresivo extremadamente elaborado, con una producción cuidada hasta el último detalle y donde cada tema gira alrededor de un relato del mítico escritor estadounidense, llegando a usar un fragmento de la ópera inacabada de Debussy La Chute de la maison Usher en el tema instrumental inspirado por el mismo relato.

Corría el año 1973 y David Bowie pasaba por un momento de enorme popularidad y, probablemente, por uno de los estilos de vida más excesivos que se recuerden. Con Pin Ups había llegado a su fin su etapa junto a Mick Ronson (una de las más fantásticas duplas que haya existido en la historia del rock) y había enterrado a su personaje Ziggy Stardust. ¿Cual era el siguiente paso? Pues algo más faraónico, más poderoso, más loco, más grandilocuente: Bowie quería hacer su propio musical, un musical que se inspiraría en la obra 1984 de George Orwell. Los herederos del escritor no dieron su permiso pero el camaleónico vocalista decidió seguir adelante para parir Diamond Dogs. Era el primer disco desde 1969 en el que no tocaría ninguno de los músicos que habían formado sus Spiders from Mars, Bowie creaba un nuevo personaje (Halloween Jack, que solo usaría para este disco) y había decidido mezclar la conocida obra de Orwell con una visión post-apocalíptica combinando decadentismo y glam con la que daría carpetazo a esa etapa para avanzar hacia las influencias más blues-soul que rodearían a su siguiente personaje.

Para The Myths and Legends of King Arthur and the Knights of the Round Table no fue un libro la inspiración de Rick Wakeman sino que decidió profundizar más y estudiar ocho obras distintas sobre las leyendas artúricas, tomando posteriormente las que le resultaron más “coloridas” y acordes al tono de la obra. Era el tercer trabajo en solitario del mítico y excesivo teclista de los Yes, quien ya había lanzado antes otros dos discos conceptuales. Un disco sinfónico y progresivo que cuenta con narrador, dos vocalistas y orquesta sinfónica acompañando a la banda de Wakeman y donde jamás se escatima en producción, complejidad, pompa y grandilocuencia. Sorprendentemente tuvo bastante éxito comercial en su momento, llegando al número 2 de las listas británicas, al 21 de las estadounidenses, siendo certificado oro en varios países y vendiendo en todo el mundo 12 millones de copias. Incluso el tema Arthur ha sido utilizado en varias ocasiones por la BBC como sintonía para cubrir las elecciones en Reino Unido.

Y acabamos nuestro recorrido en Italia. Si abría el artículo con un disco que nos sorprendía por estar inspirado por El Estado y la Revolución de Lenin la obra elegida para cerrar tampoco se queda atrás a nivel sorpresivo: El Origen de las Especies de Charles Darwin fue la inspiración del disco Darwin! de los progresivos romanos Banco del Mutuo Soccorso. Musicalmente inspirados por los grandes del prog-rock y el art-rock británicos como Gentle Giant, Pink Floyd o sobre todo Emerson, Lake & Palmer estos italianos decidieron que las letras de su segundo trabajo estarían basadas en la obras del histórico naturalista británico. Un disco de gran riqueza armónica y cargado de cambios de ritmo y compás lleno de piezas sublimes y complejas. Completarían así uno de los trabajos definitivos y esenciales del prolífico prog-rock italiano de los años 70, al nivel de otros grandes de aquella escena como los más populares Premiata Forneria Marconi.

Musiqueando 16 (20191223)

Yo no es que sea muy navideño yo pero cualquier excusa es buena para un Musiqueando nuevo, así que vamos con un Musiqueando de navidad. A los yankees les flipan este tipo de discos, que en cambio en España suele ser casi siempre aterradores. Siempre me han fascinado, para mal, esos recopilatorios que suelen usar en grandes superficies comerciales o en la megafonía de pueblos y ciudades: tanto clásicos en castellano como adaptaciones de temas populares estadounidenses traducidos son ejecutados en esas grabaciones, ejecutados en el peor sentido de la palabra. ¿Pero costaba tanto pagar a unos músicos de sesión que hicieran un trabajo decente? ¿Grabó el disco el productor en su casa, con sus sobrinos berreando los estribillos y su tío Paco borracho con un ukelele mientras la abuela Marifé rascaba la botella de anís? Porque suena así ¿intentaba que la grabación reprodujera fielmente el acoholizado final de la cena navideña familiar en lugar de que fuera una grabación aceptable? Eso ya lo reflejaron más crudamente los suecos Finnegan’s Hell.

Muchos de los muy duchos en este tipo de discos, porque hay gente muy aficionada a escuchar discos navideños, afirman que A Christmas Gift for You from Phil Spector  (en su primera edición se tituló A Christmas Gift for You from Philes Records) es la mejor aproximación a los clásicos navideños estadounidenses que se haya hecho desde la música comercial. En él se recopilan varios villancicos seculares estadounidenses interpretados por The Ronettes, The Crystals, Bob B. Soux y Darlene Love junto a varios de los habituales sesioneros que contrataba Spector, miembros de la llamada Wrecking Crew. Por su parte Phil Spector dejó su sello como productor con su particular técnica llamada “Wall of Sound” en un trabajo donde el soul, el pop y el R&B daban un lavado de cara a esos temas navideños, participando también como vocalista en la final Silent Night. La primera edición fue un fracaso comercial, el haber sido publicado el mismo día en que Kennedy fue asesinado eclipsó la noticia del lanzamiento, pero las sucesivas reediciones sí lograron unas ventas más que decentes, incluso logrando colarse en el Billboard 200 por primera vez el pasado año, entre diciembre de 2018 y enero de 2019, coincidiendo con el ecuador de la condena de 19 años por asesinato que el productor cumple en una prisión californiana.

Algunos otros de los muy duchos en este tipo de discos, por otra parte, disienten con la afirmación anterior y opinan que el mejor disco navideño no fue el producido por Spector sino que ese honor debería caer en el Elvis’ Christmas Album de Elvis Presley. Grabado en Hollywood en 1957 fue el tercer disco de estudio de El Rey. Un disco que salió acompañado de polémica dado que Irving Berlin se sintió ofendido por la versión de su tema White Christmas e inició una campaña de boicot con escaso éxito en los EEUU pero que sí logró que el tema no tuviera difusión en las radios canadienses. El disco recoge ocho temas navideños reinterpretados en clave de rock and roll y R&B y cuatro de gospel que habían sido previamente editados en el EP Peace in the Valley de aquel mismo año.

Algunos expertos dicen que el de Elvis y otros dicen que la producción de Phil Spector, pero mi elección personal no va para ninguno de esos dos sino para The Jethro Tull Christmas Album. Publicado en 2003 sigue siendo a estas alturas el último disco de estudio de la legendaria banda británica, donde conjugan composiciones propias con arreglos de temas tradicionales. Realmente casi la mitad de las canciones ya aparecían en discos anteriores de Jethro Tull, aunque algunas lo hacen aquí bastante retocadas como puede ser el caso de Bourée, una adaptación de la preciosa Bourrée en Mi Menor de Johann Sebastian Bach. Los elementos de folk rock que se conjugan con algo de jazz fusión y de rock progresivo le dan a este disco un delicioso regusto pagano y saturnal.

Una cosa que me sorprende constantemente es como ya aceptamos por tradicionales muchos villancicos que realmente vienen de la cultura popular estadounidense, que no son reconocidos muchas veces como tal por tener la letra traducida y que han desplazado del imaginario popular a los temas verdaderamente tradicionales. En Galicia por suerte tuvimos a Fuxan os Ventos, que en 1978 se dieron el trabajazo de recopilar y arreglar canciones navideñas tradicionales gallegas, panxoliñas, para el que sería su tercer disco: Galicia Canta ó Neno, un proyecto que ya venía gestándose desde que habían hecho una gira con el mismo nombre en 1975. En esta ocasión el grupo dejaba de lado la canción protesta con fuerte compromiso social que había caracterizado sus primeros trabajos para hacer un trabajo de recopilación que a su valor musical suma un alto valor etnológico, ayudando a la conservación y difusión de estas composiciones.

Si hay una persona que represente como nadie la elegancia en la música esa es la italiana Mina Mazzini. La cantante lombarda se atrevió durante sus carrera con múltiples géneros: jazz, bossa nova, pop, soul, disco, canción melódica italiana… Desde los años 70 ha estado retirada de la actividad en directo pero sigue publicando discos anualmente en los que demuestra que conserva todo el poderío de su voz. En 2013 decidió lanzarse a cantar villancicos estadounidenses en clave de jazz, en una producción arropada por Disney que, además, marcó su última colaboración con el compositor, arreglista y director de orquesta Gianni Ferrio: Christmas Song Book, un disco en el que canta una docena de villancicos estadounidenses en inglés.

Si bien en el mundillo metalero se han hecho diversas recopilaciones de temas navideños grabados por bandas más o menos exitosas o por agrupaciones ad-hoc de músicos all-star la mayoría dejan bastante que desear, quedando más como grabaciones en el mejor de los caso anecdóticas y en muchos otros resultado hasta paródicas. Pero sí hay una banda que se tomó muy en serio el asunto de grabar un disco navideño: los estadounidenses Trans-Siberian Orchestra, el grupo spin-off de Savatage. El génesis del proyecto lo encontraríamos en la ópera metalera Dead Winter Dead de Savatage de 1995, en el tema Christmas Eve-Sarajevo 12/24 donde Al Pitrelli se despachaba muy agusto con su guitarra mezclando dos clásicos navideños como la inglesa God Rest You Merry Gentleman y la ucraniana Shchedryk. El éxito del single motivó al productor Paul O’Neill a montar un proyecto que combinara el metal sinfónico y épico de Savatage con una producción al viejo estilo arena rock y arreglos vocales propios de Broadway. Contando con los músicos que habían grabado Dead Winter Dead, más el teclista y arreglista Bob Kinkel y varios vocalistas se gestó Christmas Eve and Other Stories, un disco que originalmente nació como un proyecto paralelo a Savatage y que acabaría por vender tres millones de copias, más que ningún trabajo de la banda de Florida, y por tener dos secuelas.

En este punto ya hemos tenido una buena variedad musical: R&B, soul, rock, folk, jazz, metal… un poco de todo. Para despedir el listado nos ponemos punkis y recuperamos la que es “la canción navideña más radiada en Reino Unido en el siglo XXI” Con este clásico de The Pogues de 1987 os deseo felices fiestas, en 2020 más Musiqueando para todos.

Musiqueando 15 (20191127)

A raíz de la demanda que Timo Tolkki amenazó con interponer contra Eclipse recordé cuando él, siendo guitarrista de Stratovarius, calcó el riff de Aiming High de los Accept en el tema Cold Winter Nights. Esto derivó en ponerme el Russian Roulette y, finalmente, pegarme un atracón con la discografía básica de los germanos durante dos días. Accept es una banda que escuché mucho cuando tenía 17-18 años por influencia de un amigo que era un gran fanático de la banda, afirmando que eran “el grupo más grande de la historia del metal solo seguido por los discos en solitario de UDO“. Yo a ese punto de fanatismo no llego, pero sí que les pondría en el Olimpo metalero: Princess of the Dawn siempre me ha parecido uno de los pináculos del heavy metal, la trilogía de lanzamientos consecutivos formada por Restless and Wild, Balls to The Wall y Metal Heart es una de las mayores rachas creativas del género, con tres álbumes de nivel legendario que, además, están acompañados en la historia de la banda por otros discos que no bajan del notable: Breaker, Russian Roulette, Objection Overruled o el rockero y acedeciano I’m a Rebel. Y aunque el Eat the Heat con David Reece me parezca bastante infumable, intentando subirse a marchas forzadas a la laca estadounidense, sí que he disfrutado de los discos de la etapa actual con Mark Tornillo, sobre todo con un Blood of the Nations que contaba con Herman Frank en estado de gracia compositiva.

En un arrebato nostálgico vamos a echarle un ojo al único disco que publicaron The Fox, allá por 1970, una pequeña joya que no tuvo continuidad titulada For Fox Sake, irónicamente en los EEUU se llamó For Fox Sake Vol. 1 pero nunca lleamos a escuchar un Vol II. Jugando con el blues, el pop y la psicodelia, rememorando la cara más fresca del rock británico de los años sesenta, su música con influencias tan variadas como los primeros King Crimson, los Small Faces o The Action quedó barrida de las ondas por el ascenso del rock más pesado de Black Sabbath y Led Zeppelin. Puede que llegasen cuatro o cinco años tarde para haber tenido éxito con su sonido, pero modas aparte publicaron un debut notable y disfrutable.

Tras una temporada de parón/baja actividad parece que en 2020 vuelve una de las bandas más importantes del rock-metal gallego: Machina. Han pasado ya seis años desde que los de Cerceda lanzaron su último disco, entre 2015 y 2017 estuvieron casi dos años parados y desde 2017 han hecho solo unas pocas apariciones en directo. Ahora comenzarán a lanzar una serie de vídeos en acústico en su canal de youtube colaborando con músicos amigos y prometen más novedades para 2020, una de las cuales será tocar en el Resurrection Fest de Viveiro para el que ya han sido confirmados. ¿Tendremos también nuevo disco? Tocará esperar, pero que Machina estén más activos siempre será una buena noticia.

Recogido en directo en el festival chileno Woodstaco en 2018 nos llegó el pasado 20 de octubre un disco en vivo de los peruanos Cholo Visceral. Una pieza de rock progresivo donde la flauta le da una influencia Jethro Tull que en el acelerado inicio del primer tema a mi me recuerda mucho a los Ñu de Cuentos de Ayer y de Hoy, pero con un fuerte elemento psicodélico y con influencias del kraut rock, el jazz y hasta del funk y del movimiento tropicalia. Este Live at Woodstaco 2018 nos trae un viaje psicodélico de 36 minutos repartido entre cuatro piezas (más una oculta) y con una bella portada ilustrada por Rodrigo Mori Franco. Un totémico e hipnótico ritual rockero para agitar nuestros cuerpos y nuestras mentes.

Para cerrar vamos con el pop elegante con influencias folk y alma poética de A Banda Da Loba, que lanzan el adelanto de su próximo trabajo Fábrica de Luz. Una banda gallega formada por cinco mujeres en 2017 que ya va por su segundo disco y que muestra una ecléctica mezcla de influencias en su particular y melódico estilo.

Musiqueando 14 (20191109)

Si en la entrega 13 iba buscando que el postureo normie me llamase “Elitista” en el Twitter esta semana voy a buscar que los metalfrikis me llamen pacazo y los clasicotes del metal me tachen de modernillo. Vamos con el Musiqueando 14 y arrancamos con un tema de Gary Moore, que estoy muy volcado estos días con el Celtic de Glasgow.

Algunos dicen que Baby Huey, cuyo verdadero nombre era James Ramey, es la mayor estrella del soul que nunca llegó a saber que lo era. Su único disco de estudio se publicó de forma póstuma tras su muerte: The Baby Huey Stroy: The Living Legend. El título ya es una despedida en sí. Huey tenía un talento descomunal pero se cuidaba poco, la suma de sus excesos con el alcohol y la heroína junto a un marcado sobrepeso hicieron fallar su corazón con solo 26 años, privándonos de un excepcional registro vocal, de una garganta que era un verdadero huracán. En su único LP, grabado durante 1970 y publicado en febrero de 1971,cuatro meses después de su muerte, realizó una de las mayores obras del soul psicodélico, incluyendo un par de versiones: una psicodélica y estremecedora revisión de A Change It’s Gonna Come del malogrado Sam Cooke y una revisión del mítico California Dreamin’ que popularizarían The Mammas and the Papas, además de un par de temas propios y varias composiciones de Curtis Mayfield, productor del disco y principal valedor de Baby Huey en el mundillo musical, el único loco decidido a apostar por un músico empeñado en autodestruise. El disco tuvo poco éxito, pues no había mucho interés por parte del sello en invertir dinero para promocionar a un músico ya fallecido del que no podría sacar futuros réditos, pero con el paso del tiempo se convirtió en un trabajo de culto que sería redescubierto por diversas generaciones a través de diversos músicos de hip hop y R&B que utilizaron samplers de sus temas.

Un amigo mío abría el otro día en Facebook un debate curioso, coincidiendo con el 39 aniversario de la publicación del Heaven and Hell de Black Sabbath: ¿preferís el Blizzard of Ozz de Ozzy o el Heaven and Hell de Black Sabbath? Había que razonar la respuesta pero llegué a la conclusión de que es imposible hacerlo. Sopesemos: ambos son dos discos de heavy metal melódico y clásico publicados en 1980, ambos cuentan con una buena producción y un buen puñado de temas icónicos. Uno nos presenta a unos Black Sabbath menos oscuros, influenciados por una naciente NWOBHM, más épicos, casi poniendo la primera piedra de lo que derivará en el género epic doom unos años más adelante, con la dupla Iommi/Geezer en plena forma y con el cambio radical que supone incorporar la voz de un Dio en estado de gracia a la banda. El otro nos trae a un Ozzy que también se aleja del sonido oscuro de los Sabbath clásicos pero virando hacia un sonido más americanizado, más hard & heavy, con músicos estadounidenses, con sus líneas de voz más trabajadas y presentando en la guitarra al Randy Rhoads más pirotécnico. Desde otra óptica también podría decirse que aunque ambos son dos discos sobresalientes y excelentes ninguno de ellos es un disco especialmente rompedor, ninguno marcaría un punto de inflexión en el heavy metal que nos permitiera darle un mayor valor histórico que al otro. Así que razonando la respuesta la única respuesta racional es que no hay respuesta racional posible, la elección recae en las tripas y el corazón y para mí ahí no hay duda: cuando tenía 14-15 años el Long Live Rock and Roll de Rainbow y el Heaven and Hell de Black Sabbath eran mi banda sonora, me los sabía de memoria. Por puro sentimentalismo gana el Heaven & Hell.

Volemos ahora a la ciudad italiana de Parma, capital del histórico Ducado de Parma, situada en un bello paraje de la Emilia-Romagna. Abramos un espumoso Lambrusco y sirvamos una copa mientras ponemos el disco debut de AyahuascA, un trabajo que se publicó el pasado día de difuntos. Se trata de un disco conceptual publicado por el sello australiano Salty Dog Records titulado Naad, donde se nos explica qué es Naad: una entidad antropomórfica que representa el aparato auditivo del universo y la capacidad de escuchar nuestras propias emociones. La voz de Domiziana Pritchard nos irá conduciendo por ese viaje de descubrimiento a través de sonidos psicodélicos durante 10 cortes de inspiración sesentera y cabaretera deudora de gente como The Doors.

Hace unos días, el 25 de octubre, los madrileños Grim Comet publicaban su nuevo trabajo: Afterlife, así que lo he celebrado comprándome toda su discografía en Bandcamp. Siguen mostrando una evolución que los aleja del sonido más doom metal de sus inicios y los acerca a sonoridades más rockeras. En este nuevo trabajo abren ya con un riff crudo decorado con toques de slide sureño y bluesero que no puede sino evocar al gran Billy Gibbons de ZZ Top y si bien hay guiños durante todo el LP a los Corrosion of Conformity más rockeros o a los Metallica en su etapa Load/Reload, el disco parece por momentos querer incorporar elementos del hard rock más crudo y de la depresión grunge noventera, con detalles donde parecen lanzar guiños a bandas tan diversas como Soundgarden, Candlebox, Pearl Jam, Bush o hasta Chris Rea. Con todo se trata de un trabajo muy variado en el que se han dado el gustazo de experimentar en muchas direcciones musicales.

Y a Vigo nos vamos para cerrar la entrega de esta semana con Mano de Piedra, que también han publicado largo debut estos días (previamente habían sacado un EP hace como cosa de dos años). Algunos les han catalogado como la resurrección de los míticos Supa Scoopa por la presencia de su guitarrista Mano, pero aunque molaría tener a otros Supa Scoopa no será en este proyecto donde vayas a encontrarlos pues Mano de Piedra tienen un sonido mucho más brutote y metalero. Today’s Ashes navega más por las aguas de un sludge metal  que no hace ascos a tomar prestados elementos del death ‘n roll, el metalcore o del doom. Un disco de metal agresivo y contemporáneo con una gran producción de Iago Alonso que les sitúa como una de las bandas más interesantes que seguir en el cercano 2020.

Musiqueando 13 (20191023)

Después de la anterior entrega del Musiqueando dedicado a bandas sonoras, y de otras tres anteriores monotemáticas vamos a volver al desordenado esbardalle musical habitual, para que los del postureo normi en Twitter me puedan seguir llamando elitista. La primera canción, a manos del violinista Patrick Contreras, que sirva un poco de introducción para el siguiente bloque:

Funkadelic son cosa tremenda y llevo demorando doce Musiqueandos el dedicarles unas líneas. Sí, en mi cabeza ya estaba hablar de su legado en la primera entrega pero por unas cosas y por otras, que si novedades una semana, que si artículo temático otra… ahí se quedó en el tintero. La historia del grupo es curiosa: nacieron en 1964 como un proyecto paralelo de George Clinton con el que telonear a su banda The Parliaments (posteriormente se convertirían en Parliament por temas legales) y comenzaron a llamarse Funkadelic allá por el ‘68 tras una serie de disputas legales con la discográfica. En sus inicios bebían mucho de la psicodelia de Hendrix y Sly & The Family Stone y de hecho sus tres primeros discos, tres discazos esenciales, están muy en esa línea que fluctúa entre el rock más ácido y el soul psicodélico: el homónimo Funkadelic, el Free your Mind… your ass will follow y la joya de la corona de su primera etapa que a su vez marca el fin de esta, Maggot Brain donde por última vez compartían guitarras Eddie Hazel y Tawl Ross. Los setenta continuarían con varios cambios de formación, con la resurrección de Parliament que alcanzarían el éxito durante la moda del disco-funk y separándose de la psicodelia y el rock para acercarse más al funk puro, añadiendo según la etapa elementos disco o boogie. Tras una serie de discos aceptables pero sin la brillantez épica de su primera etapa a finales de esa década publicarán otras dos auténticas joyas: el conceptual y musicalmente muy variado One Nation Under a Groove de 1978, donde repasan a fondo su propia mitología funky y donde se marcan uno de mis solos guitarreros favoritos en el tema Who Says a Funk Band Can’t Play Rock, y el más discotequero Uncle Jamm Wants You, disco que marcaría profundamente los inicios del rap y el hip-hop, del que extrajeron bases raperos como De La Soul, Ice Cube o Dr. Dre y del que tomaron su nombre el colectivo de dj’s Uncle Jamm’s Army. En 1980 habría una escisión en el núcleo de Funkadelic que se separaría en dos bandas: una liderada por Clinton que en 1981 publicaría el notable The Electric Spanking of the War Babies y otra con el resto de vocalistas que sacarían el bastante mediocre Connections & Disconnections. Las disputas legales por el nombre y la pérdida de interés comercial en el disco-funk llevarían a la desaparición del grupo. Pasarían 26 años hsta tener nuevos discos de Funkadelic: en 2007 el By Way of the Drum, con material originalmente grabado para un disco de 1983 que no llegaría a publicarse en aquel momento, y en 2008 el Toys, que contenía temas rescatados de demos inéditas de los ’70. Habría que esperar a 2014 para tener un disco con material realmente nuevo: First Ya Gotta Shake the Gate, un disco triple compuesto por 33 canciones en referencia a los años pasados desde su último disco original. Con una orientación más R&B este disco cuenta con la colaboración de dos de los nietos de Clinton, una casi poética muestra de cómo han pasado los años desde el nacimiento de su nación funkadélica.

Mdou Moctar ha sido uno de mis últimos descubrimientos en uno de esos directos de la KEXP. Un guitarrista, cantante y compositor tuareg que desde Níger comenzó a practicar una fusión de un pop-rock deudor del estilo de Mark Knopfler con sonidos y técnicas de la música tradicional bereber y del folclore hausa, cantando tanto en lengua tamashek como en inglés. Comenzó como cantante en bodas y eventos privados y grabó en 2008 su primer disco, un trabajo nunca publicado oficialmente pero que se distribuyó por el Sahel a través del intercambio de tarjetas de memoria o de ficheros de audio almacenados en teléfonos móviles. Tras eso aparecería en un par de recopilatorios que recogieron esos temas que se almacenaban y distribuían por medio de la telefonía móvil para darles salida a los mercados occidentales, consiguiendo una buena acogida que le llevaría a grabar su segundo trabajo en 2012 que ya se distribuiría por canales convencionales y a nivel mundial. Después de publicar aquel disco ha tenido una larga y prolífica trayectoria. Su último trabajo de este mismo 2019, Ilana: The Creator, le aproxima a sonoridades ácidas y del rock psicodélico fusionadas con sus raíces en la música bereber.

Los tejanos Crypt Trip estarán esta semana de gira ibérica. El power-trio publicó en la primera mitad del año Haze Country con el sello Heavy Psych Sounds donde su hard rock de inspiración retro a lo Cactus y con alguna concesión a la psicodelia se conjuga con elementos del rock sureño de Lynyrd Skynyrd o los Allman Brothers, algo de boogie vacilón de ZZ Top y The Georgia Satellites y mucho del country rock de Marshall Tucker Band o The Byrds. Una mezcolanza sureño-estadounidense que en otro tiempo les podría haber proclamado sucesores de los Black Crowes pero que hoy por hoy no encontrará el apoyo mediático para abrirse a grandes mercados. Pasarán desapercibidos para la mayoría de la prensa pero no deberían hacerlo para los amantes del rock más clásico, pues su sonido sin renunciar a unas claras raíces setenteras es fresco y variado, saben inspirarse de muchos sitios sin sonar a copia de nada y eso, hoy por hoy, es de un tremendo mérito.

Y si seguimos por la senda de las novedades vamos a mirar para Alemania pues los berlineses Kadavar celebran su noveno aniversario lanzando su quinto trabajo en estudio: For the Dead Travel Fast. Poco a poco en sus directos y también disco tras disco han intentado mostrarse más técnicos y virtuosos y han tratado de hacer mayores alardes de técnica, su evolución siempre ha apuntado en esa dirección. Su nueva entrega  se aleja de los riffs más crudos y desnudos para apostar por canciones con pasajes atmosféricos, con mayor teatralidad, líneas vocales más barrocas y trabajadas y elementos heredados del rock sinfónico y progresivo que añaden a sus riffs de magisterio sabbathico. Lento, pesado, con pasajes que parecen hacer guiños a Rush o a Genesis pero sin querer alejarse demasiado de Iommi o Pentagram, probablemente se trate de su disco menos directo, una apuesta que tal vez les aleje un poco de los seguidores de The Sword y les acerque más a los fans de Dead Meadow, un cambio tranquilo, evolución progresiva sin ruptura radical.

Y vamos a cerrar la entrega con una versión curiosa: en los años 60-70 en Perú se popularizó la fusión de la cumbia con elementos de géneros que estaban triunfando en la música popular anglosajona, véase soul, rock y psicodelia. Por un lado daría discos muy interesantes, de los que hablaremos otro día con calma, y por otro lado esta tendencia quedaría soterrada por una evolución del género a sonidos más bailables y menos densos. Mustard son un grupo de músicos españoles afincados en Reino Unido que han querido recuperar parte de ese espíritu, aunque su música va más en un rollo electrónico minimalista incluyen elementos latinos que ellos definen como electrofolk. Aquí queda su versión del popular Cariñito que compusieran allá por los 60 Los Hijos del Sol.

Musiqueando 12 (20191007)

En la última entrega del musiqueando estuvimos hablando de grupos italianos contemporáneos pero, en el texto introductorio, hubo espacio para recordar algunas de los más exitosos movimientos musicales surgidos en ese país con, como es lógico, una especial mención al rock progresivo de los años 60-70. En los comentarios a la publicación en Facebook un amigo mío recordó a los Goblin, grupo que realizó múltiples bandas sonoras para gente como el mítico Dario Argento. Según se cuenta compusieron la banda de Profondo Rosso en una noche y la grabaron en un día (con algo de trampa pues trabajaban ya sobre material compuesto por Giorgio Gaslini, el encargado original de la BSO que había sido despedido por Argento). En aquel momento se llamaban Cherry Red y decidieron cambiar de nombre, en principio puntualmente, para grabar la banda sonora. Al ser esta su mayor éxito hasta el momento decidieron seguir con ese nombre y con las colaboraciones con Argento, quien les encargaría la banda sonora de su siguiente película: Suspiria. Esta se convertiría en la obra maestra del grupo y les elevaría al olimpo musical italiano. Más adelante vendrían otras bandas sonoras como la de la versión europea de El Amanecer de los Muertos de Romero, La Via Della Droga de Castellari o la polémica Perché se uccidono, que firmarían con el pseudónimo Il Reale Impero Britannico. Con múltiples cambios de formación e hiatos se han mantenido en activo hasta la actualidad, combinando discos conceptuales con bandas sonoras y manteniendo su sonido entre el rock progresivo y lo atmosférico.

Vamos a seguir con grupos que han dedicado gran parte de sus carreras a la producción de bandas sonoras y, sin salir de Europa, volamos algo más al norte, a Alemania. Allí nos esperan los miticos Tangerine Dream. Comenzaron su carrera con un rock progresivo atmosférico que acabó derivando en música electrónica y new age. Otra agrupación que ha cambiado mucho de músicos y que sigue activa y vigente (la popular Black Mirror:Bandersnatch de Netflix tenía varios temas suyos). Entre su variada producción cinematográfica mi favorita es la banda sonora de Near Dark, una película de Kathryn Bigelow de 1987 que combina vampiros, western y ambiente gótico-electro dark, éxito de crítica y película de culto con el paso de los años que fracasó en taquilla en su estreno. El trabajo de los alemanes, como era de esperar, es sutil y minimalista, ayudando a construir las tensas y efectivas atmósferas de la película con pasajes cargados de sintetizadores.

En 1991 Richard Thompson se encargó de la banda sonora de la película australiana Sweet Talker, un trabajo que describiría como uno de los más arduos y problemáticos de su carrera y que hizo que el guitarrista inglés decidiera no volver a grabar bandas sonoras. Trece años después Werner Herzog, uno de sus directores predilectos, le pidió a Thompson que compusiera una banda sonora para él, para la película Grizzly Man, en la que contaría también con la colaboración de su amigo y ocasional colaborador Henry Kaiser como productor. No fue capaz de negarse. Fiel a su estilo de hacer las cosas de forma poco predecible y tópica Thompson se gastó la mayor parte del presupuesto en comprar los derechos del tema Coyotes, de Don Edwards, que cerraría la película. Para el resto de la banda sonora Thompson juntó a un grupo de músicos con los que ya había colaborado en el pasado y, durante dos días, se dedicó a improvisar jams sobre las escenas de la película. El resultado final fue una excelente colección de temas de folk-rock que casan perfectamente con el espíritu del film.

Siguiendo por la vía folk cambiamos el cine por la televisión. Channel 4 y Grampian Television en 1988 realizaba una serie documental en tres episodios sobre los gaélicos escoceses, su cultura, su legado y su emigración: The Blood is Strong. La banda sonora corrió a cargo de una de las más importantes bandas del folk-rock de las Highlands: Capercaillie. En aquel momento contaban con solo dos discos de folk escocés en una onda muy tradicional y es a partir de esta banda sonora cuando comienzan a experimentar agregando sonidos contemporáneos, con influencias del funk, el pop o el rock. Tras su etapa de más éxito comercial en los 90, cuando Coisich a Ruin se convirtió en el primer tema en gaélico en entrar en el top 40 inglés, el disco sería reeditado con seis bonus tracks aprovechando el tirón del grupo para relanzar la serie en VHS.

Este año hablar de cine y rock era hablar de Queen y el exitoso biopic Bohemian Rhapsody, pero la relación de la banda británica con el celuloide viene de largo. Varios temas de A Kind of Magic se utilizaron en la banda sonora de Los Inmortales y también fueron una de las bandas incluidas en la banda sonora pop que se recopiló para la versión restaurada de Metropolis. Pero antes de todo eso, en 1980, Queen realizaron una banda sonora completa. Apareció entre el exitoso The Game, que marcó un giro de la banda hacia un sonido más domesticado, y el Hot Space, seguramente su disco más flojo. La película era Flash Gordon, un relanzamiento del popular personaje de tebeos space opera de King Features Syndicate. Además de una pieza más comercial como tema principal, el exitoso single Flash’s Theme, el disco se compone de piezas cortas donde usaron muchos más sintetizadores de lo habitual en ellos para acompañar las escenas como música incidental. Un trabajo controvertido que para algunos es notable y para otros de lo peor de la producción de la mítica banda.

Y siguiendo con bandas de rock populares y míticas firmando bandas sonoras puntualmente nos vamos a los EEUU al año 1984. Toto habían arrasado en ventas, crítica y entregas de premios con su disco IV y a David Lynch le habían encargado llevar Dune al cine tras el abortado intento de Jodorowsky. El productor De Laurentiis encargaría la banda sonora a los Toto, quienes realizarían un excelente trabajo instrumental contando con la orquesta sinfónica de Viena y el coro de la Casa de la ópera de Viena, dirigidos por Marty Paich, padre del teclista David Paich. El disco, con una orientación más progresiva que la mayoría de piezas de su discografía, incluyó también un tema de Brian Eno, de quien se dice que había compuesta toda una banda sonora que fue finalmente rechazada a excepción de esa pieza y alguna música incidental de fondo.

Y para cerrar este recorrido nos vamos a revisar la producción de Mark Knopfler. El guitarrista de los populares Dire Straits ha firmado por su cuenta 11 bandas sonoras hasta el momento, comenzando en 1983 con Local Hero, que incluía uno de sus temas más reconocibles: Wild Theme. Pero si hay una que me gustaría destacar sobre el resto es la de La Princesa Prometida, de 1987. No solo porque el pop elaborado que Knopfler desarrolla en sus temas capture a la perfección el concepto de fantasía romántica de la película, sino porque también incluye una colaboración con el legendario Willy DeVille en el tema Storybook Love y por una anécdota absurda que me hizo mucha gracia que suele contar Rob Reiner: cuando intentó convencer a Knopfler de grabar la banda sonora este le puso una condición bastante peculiar, quería que la gorra que Reiner lleva en This Is Spinal Tap saliese en la película. Reiner aceptó y la puso en la habitación del nieto, aunque posteriormente Knopfler reconocería que no se lo pidió en serio, que fue una broma y que nunca esperó que le fueran a hacer caso en esa petición.

Musiqueando 11 (20190923)

Si la anterior entrega del Musiqueando estuvo en clave ibérica esta vez nos vamos a otra península europea: la Itálica. A nivel comercial las dos tendencias de la música italiana más conocidas fuera de sus fronteras han sido sus cantantes melódicos/moñas y su música disco bailable allá por los ‘70-’80 (con Raffaella Carrá siempre en nuestro corazón). También es la nación responsable de la más abyecta perversión del heavy metal: el power metal italiano de finales de los 90 encabezado por los entonces llamados Rhapsody, a secas (luego Of Fire, Luca Turillis’, etc.), y tuvo su muestra más caricaturesca e hiperbolizada con Skylark. Por otra parte los estudiosos del rock progresivo no dejarán de señalar que entre los 60 y 70 Italia gozó de una escena de tremenda técnica, creatividad y espíritu artístico que nos trajo a bandas como Biglietto Per L’Inferno, Premiata Forneria Marconi, Banco del Mutuo Soccorso, Alphataurus, Area o Le Orme capaces de parir verdaderas obras maestras del género que pueden mirar de tú a tú a los mejores trabajos de Pink Floyd o King Crimson. Y creo que para empezar este pequeño recorrido por lo contemporáneo lo mejor será arrancar con un clásico que recoge mucho de la tradición italiana, un camaleónico músico que ha tocado muchos de estos palos: Franco Battiato interpretando una de las baladas más bonitas y delicadas que se hayan escrito en los últimos 30 años: Le Sacre Sinfonie del Tempo

Fundados en 2014 en Padua en la región del Veneto, la patria del tiramisú, Messa son todo lo contrario al famoso postre italiano: si el dulce es una delicia que nos eleva el ánimo la música de Messa es una constante maldición intentando torpedearlo para que baje hasta las profundidades abisales. Combinan doom metal, black metal y algo de progresivo para un sonido que oscila entre partes cristalinas y melódicas con verdaderas tormentas de fango metalero inspiradas por nombres como Windhand o The Devil’s Blood. Hasta el momento presentan dos discos y un EP en su discografía y este mismo verano fueron una de las bandas que se unieron al proyecto fílmico Planet of Doom.

Mi historia con Giöbia es curiosa. Tocaban el tercer día del Sonic Blast, no los conocía y no pensaba verlos sino que aprovecharía el rato para sentarme y tomarme una birra con martini. Pero un colega alemán se cruzó en mi camino y me dijo que tenía que verlos, así que me fui con él al recinto de la piscina. Resultó ser una banda muy curtida, cerca de 20 años de carrera, de la zona de Milán. Han publicado cuatro LP’s, entre los que destacan Magnifier e Introducing Night Sound, varios 7” y un directo recogido en el Freak Valley de 2017. Su sonido es atmosférico, psicodélico y algo oscuro, beben del space rock de Hawkwind, del shoegaze británico de los primeros 90, el pop de inspiración Mod de los 60 y de una psicodelia de toques minimalistas. Recientemente ficharon por el sello Heavy Psych Sounds de Gabriele Fiori, con el que reeditarán varios de sus trabajos.

Los friulanos Lizard Queen desde la ciudad de Gorizia reparten toneladas y toneladas de humeantes riffs de stoner metal de inspiración desértica. Guitarrazos repetitivos, directos y machacones cargados de fuzz para una temática letrística muy marcada por las experiencias de evasión y alucinaciones derivadas del uso de alucinógenos. Comenzaron en 2013 como proyecto paralelo de un miembro de la banda de stoner DEEP y desde aquella han publicado dos discos, de los que el segundo fue reeditado en 2018 con todos los temas remasterizados. Un ep de tres temas con un regusto más blues completa una discografía que ofrecen de forma gratuita, pudiendo pagarse “la voluntad”, en su página de Bandcamp.

Segumos con un dúo modernillo de batería y guitarra inspirado por The White Stripes, The Dodos o The Black Keys, los Bud Spencer Blues Explosion, abreviado BSBE, se bautizaron con mucho humor  juntando a la banda legendaria del punk-blues alternativo Jon Spencer Blues Explosion con el mítico y nunca suficientemente ponderado actor italiano Bud Spencer. Nacidos en Roma en 2006, combinan blues-rock con pop indie y algún ramalazo de rocanrol. La banda formada por Adriano Viterbini y Cesare Petulicchio ha publicado ya cinco largos, el primero de los cuales se publicó solamente dos meses después de la formación del grupo, gozando de gran apoyo por parte de la prensa musical italiana.

Galaverna son puro paganismo musical, un folk rock acústico y apocalíptico inspirado por gente como los reverenciados británicos Comus, que seguramente sean su referente más claro y directo, o los holandeses Omnia, incluso cercanos a Sangre de Muérdago o incluso a una versión oscura de Labanda e incluso la flauta me haría pensar en grupos más rockeros como Ñu o Jethro Tull. No hace mucho que publicaron su debut Dodsdans, un trabajo que nos transporta a oscuros bosques alpinos y a olvidados rituales pre-romanos a través de su sonido donde el folk de raíz centroeuropea se tiñe de sus matices más oscuros, con algún guiño a la psicodelia.

Y acabamos el recorrido itálico en Piamonte, en la ciudad de Tortona. Allí a finales de los 90 surgieron Ufomammut, una banda que ha oscilado entre el más pesado sludge metal y el más denso drone-doom. Han pasado 20 años sin cambios de formación, girando habitualmente por toda Europa y publicando la nada desdeñable cifra de 10 discos. Su estilo se caracteriza por el uso de ritmos de batería lentos y marcados, riffs complejos ejecutados con tremenda precisión, canciones compuestas por partes muy diferenciadas y voces muy agresivas y desgarradas. Por sus influencias y sonido les pondría en el barco de Neurosis, Eyehategod o algunas cosas de los Melvins.