Musiqueando 9: Especial Sonic Blast 2019 (20190812)

Esta entrega va completa del Sonic Blast Moledo 2019, como ya es tradicional en el último lustro en este blog. Por seguir con las tradiciones los vídeos están sacados del canal de elgranguru666 quien documentó algunos de los conciertos de esta edición y donde podéis ver más vídeos que los aquí incrustados.

El jueves 8 llegaba al festival del “sun, beach, surf and heavy riffs”, pero el “sun” estaba oculto tras unos nubarrones de oscuro gris que te quitaban las ganas de “beach” y “surf” y que te hacían temer por cómo se desarrollaría lo de los “heavy riffs”. La previsión de lluvia obligaba a la organización a prescindir del icónico escenario de la piscina pasando todos los grupos al escenario principal. Tras escuchar de lejos y de fondo a unos muy interesantes Jesus The Snake (recomiendo profundizar en la trayectoria de esta banda) y tras un rato de relax nos encaminamos varios colegas hacia el escenario con la intención de ver a las suecas MaidaVale… y ahí nos encontramos con el primer punto negro del festival: bajo un intenso chaparrón el concierto no comenzaba, pasaban los minutos, arreciaba el temporal de viento y agua y allí no aparecía nadie. Tras 45 minutos de espera sobre la hora planificada, y tras la confirmación de uno de los técnicos de sonido de que literalmente no sabían a qué hora estaría el grupo, nos fuimos a nuestro alojamiento a cambiarnos la ropa empapada. Lógicamente no estoy diciendo que la organización tenga la culpa de que llueva ni de que el viento provocase retrasos en los vuelos de varios grupos, pero sí creo que visto el panorama y sabiendo que el grupo llegaría tarde (porque MaidaVale publicaron en su facebook que su vuelo se había retrasado y que no podrían llegar antes de las cinco en ningún caso) avisar al público de que habría un parón hasta que la banda pudiese llegar y se calmase un poco el tiempo habría sido lo lógico: había megafonía, había una pantalla encendida en el escenario y había redes sociales. Al final por cambiarnos la ropa y volver al recinto cuando se reanudó el festival, unos 100 minutos después de la hora planificada originalmente, solo pudimos escuchar un tema de las suecas. Tras ellas los fantásticos japoneses de Minami Deutsch hicieron un concierto muy corto, solo tres temas que apenas llegaron a la media hora seguramente recortado en un intento de reducir el retraso que se acumulaba. Rápidamente salían a escena The Devil and the Almighty Blues con su sonido psicodélico, bluesero y pesado estilo Clutch pero con un intenso toque de oscuridad y humedad de su Noruega natal, firmaron un concierto de nivel notable aunque creo que también algo más corto de lo esperado por el retraso que intentaban recortar. Seguíamos por tierras escandinavas, por su vecina Suecia, con Lucifer, el grupo de proto-metal setentero del legendario Nicke Andersson (batería de Entombed, guitarra/voz en Hellacopters, batería y voz en los efímeros pero icónicos Super$hit666 ¿se puede ser más mítico?) y su pareja la vocalista Johanna Sadonis (cantante de los tristemente olvidados y nunca bien ponderados The Oath, que tristemente solo duraron un disco). El concierto comenzaba repasando su segundo y más reciente trabajo mientras la lluvia se hacía más intensa, durante su versión del Snowblind de Black Sabbath puse en una balanza mi devoción por el señor Andersson, que estaba destilando clase tras los parches, y el riesgo de catarrazo por seguir mojándome así… y será cosa de la edad pero huí cobardemente a medio concierto, con mucho pesar y paso ligero para no mojarme más. Segundo cambio de ropa empapada y a esperar a que se calmase el tiempo cenando y comentando los primeros bolos vistos. Cuando paró la lluvia me había perdido a Monolord y ya comenzaban Earthless, quienes se marcaron un concierto que me pareció más ameno que el del año anterior, no se si por estar menos agotado yo o porque realmente sus largas jams salvajemente psicodélicas estuvieron en esta edición más inspiradas. Cerraron su concierto invitando a Nicke Andersson a tocar con ellos City Slang, una versión de Sonic’s Rendezvous Band que ya había versionado en su día con los Hellacopters. Tras ellos seguramente el grupo al que le tenía más ganas de esta edición: Graveyard. Su setlist se nutrió principalmente de su último trabajo, Peace, y de su obra más querida y reconocida, Hisingen Blues, del que recuperaron hitos como el tema título, The Siren o la mítica Uncomfortably Numb. Su añejo y rudo blues rock siempre resulta un regalo a través de la voz de Joakim Nilsson. Acabó el día con los portugueses Solar Corona ya casi a las tres de la mañana, una combinación de stoner y space rock con guitarras cargadas de efectos y el añadido de un saxo que dota de gran originalidad al grupo.

Kaleidobolt

Viernes 9, la lluvia nos da una tregua y solo nos deja unos puntuales chaparrones mañaneros. Mientras comemos escuchamos de fondo a los más que recomendables O Bom O Mau e o Azevedo con su fusión entre surf y psicodelia y, tras ellos, el stoner con enérgicos dejes punk de la banda de Braga Mr. Mojo. Los destrozos del viento del día anterior provocaron que el icónico escenario de la piscina permaneciera cerrado también ese día tocando de nuevo todos los grupos en el escenario principal. Al recinto subí puntual para disfrutar de unos de los pioneros del stoner ibérico: los andaluces Viaje a 800, una banda que lleva activa en el mundillo de la música pesada y psicodélica desde principios de los 90, de depurada ejecución técnica estuvieron sobresalientes en el plano instrumental llevando al público a levitar por dimensiones paralelas (aunque por veces en sus letras sea una banda que me cojea bastante). Con un volumen atronador, puede que la banda que sonó más alta en toda la edición, les siguieron los finlandeses Kaleidobolt que presentaban su reciente trabajo Bitter, publicado en mayo, fusionando complejos elementos de jazz y rock progresivo con descargas más agresivas de rock psicodélico de inspiración retro, alumnos de unos King Crimson a los que rindieron homenaje con una versión extremadamente personal de 21st Century Schizoid Man para cerrar su show. No me fijé en los cambios en los horarios anunciados a través del Facebook del festival y decidí aprovechar el siguiente concierto para buscar una sudadera para protegerme del frío nocturno y comer algo. Pensaba que me perdería parte de Stoned Jesus pero resultó que estos habían intercambiado su posición con Belzebong, por lo que me quedé sin escucahr casi entero el concierto de los polacos, con gran pesar. Tras ellos el refrescante combo entre hard rock y heavy metal macarra y motero de los británicos Orange Goblin puso una nota de color en el festival, repitiendo un enérgico espectáculo como el que dieran dos años atrás en ese mismo escenario, repasando temas de todas sus épocas como Red Tide Rising, Some you Win Some you Lose o Demon’s Whip y rindiendo tributo a sus amados Mötörhead con una versión de No Class. Tras el fiestón de Orange Goblin llegaban unos Stoned Jesus que también repetían en el festival y que realizaron un concierto bastante irregular. Creo que los polacos eligieron un set list demasiado pausado tras la avalancha de rocanroleo anterior y que la coñita del guiño al tan cacareado nuevo tema de Tool durante I am the Mountain arruinó, por lo menos para mi, el que creo que es el tema más destacable de esta banda. Era la cuarta vez que les veía y creo que la que menos me gustó, aunque intentaron levantar los ánimos cerrando con uno de sus temas más directos y sencillos, Here Comes the Robots, yo ya me había venido abajo. Me recogí y el concierto de los quebequeses Dopethrone lo escuché ya desde cama, no soy gran fan de su brutal sludge metal pero reconozco que sonaron bastante enérgicos y que ejecutaron muy bien sus temas. Cuando salía del recinto percibí el otro gran problema de esta edición: la zona de las letrinas apestaba, los baños estaban extremadamente sucios y la empresa contratada para la instalación y mantenimiento de los mismos no se había molestado lo mínimo en limpiar. Una falta imperdonable para un festival de esta trayectoria, con varios años ya a la espalda y que este año encaraba su primera edición de tres días.

Viaje a 800

Y llegaba el sábado 10, por fin el sol asomaba entre las nubes y por fin escenario de la piscina. No llegué a escuchar más que apenas dos temas de Maggot Heart, la nueva banda de Linnéa Olson, quien fuera compañera de Johanna Sadonis de Lucifer en la banda The Oath, que presentaba su reciente trabajo Dusk to Dusk donde el heavy metal y el hard rock se dan la mano con el post-punk en una oscura conjunción. La fiesta en la piscina seguía con los mexicanos Cardiel, un power-duo de sludge metal con dejes punk, hardcore y hasta dub en cuyo directo destaca la impresionante presencia y energía de la batería Samantha Ambrosio. Les siguieron los italianos Giöbia para dar carpetazo al escenario pequeño, una veterana banda con más de 20 años de carrera a sus espaldas que tocaba por primera vez en Portugal y que navega entre el space-rock y el sonido kraut de finales de los 60, creando cortinas de sonidos evasivos con los que hacer viajar a la audiencia. Tocaba moverse al escenario grande para la gran traca final del festi. Arranca el post-metal instrumental de zapatilla blanca con dejes progresivos de los madrileños Toundra que hicieron que el público moviera sus cabezas a ritmo fúnebre. Tras ellos volvían también a Moledo los californianos Sacri Monti, presentando nuevo disco donde mantienen su pasión por la psicodelia de corte setentero y donde a base de guitarrazos cargados de fuzz y chaparrones de teclado nos desgranaron los temas de su segundo trabajo, Making Room for the Magic Hour. El doom metal wiccano de Windhand nos llevaba a un relajado paseo por devaneos de satanismo jipi envueltos en sus hipnóticos riffs de guitarra para completar un show tremendamente sólido que habría sido la banda sonora perfecta para un orgía salpicada de magia negra. Les seguían las leyendas del sludge metal Eyehategod desde Nueva Orleans: Jimmy Bower es un grande capaz de crear algunos de los riffs más cabrones del planeta, el batería Aaron Hill es otra tremenda bestia y el cantante Mike Williams aunque es bastante bocachancla en su interacción con el público, puede que como secuela de tantos años de exceso, es la única voz que puede uno imaginar para sus completamente desquiciados y caóticos temas cargados de cambios. Concierto brutal, pero yo diría que corto pues quedaron casi 50 minutos vacíos hasta la hora programada para la salida de Om. El grupo que nació como power-duo y proyecto paralelo de la base rítmica de los legendarios Sleep es ahora un trío donde el legendario Al Cisneros (es mi señor, nada me falta) se lleva el centro del escenario como bajista-vocalista, acompañado de un excepcional Emil Amos que ya hace más de una década que tomó el relevo de Chris Hakius en el grupo. Completa la formación el multiinstrumentista Lichens, quien se encarga de los coros, percusión, sintetizadores o algún instrumento de cuerda según el tema. Durante más de hora y media ofrecieron una experiencia evasiva al público a través de su sonido donde el drone y el doom se dan la mano con sonoridades minimalistas, sinfónicas o folclóricas orientales, indias o mediterráneas. A ratos cerré los ojos y me dejé llevar. Al acabar su concierto me recogí y a Domkraft les escuché ya desde la cama.

Eyehategod

Vamos con el resumen final. Empezamos con los puntos negativos: no avisar a tiempo de los retrasos del primer día por la lluvia, el exceso de celo del personal de seguridad que provocó colas largas por situaciones tan surrealistas como no dejar entrar a una persona con dos plátanos y, por encima de todo, la suciedad y el olor literalmente putrefacto en la zona de los baños. Tampoco habría estado de más una carpa dado que la lluvia se sabía más que probable con dos semanas de antelación, pero no se si era viable técnica y económicamente en ese recinto, aunque deberían tomar nota por si el año que viene se plantea similar.

Los puntos positivos: el cartel como siempre elaborado con un excelente criterio y variado dentro de un género definido, el ambiente tanto por parte de la gente del pueblo como del resto del público, la cerveza Imperial Porter del festival, que era un pelín cara pero deliciosa y con un ligero toque tostado a café (la IPA no llegué a probarla porque siempre que preguntaba en la barra me decían que ya estaba agotada) y los vales de bebida más chulos que haya visto nunca en ningún evento (Iommi manda, punto). 


Hasta aquí lo que ha dado de sí esta edición del Sonic Blast

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Musiqueando 8 (20190720)

Este Musiqueando llega con retraso, pero ya sabéis que yo en julio suelo publicar poco porque es el mes en el que suelo meterme algún curso entre pecho y espalda intensivamente porque no trabajo por las tardes.

Este año no tocaba Resu pero sí Ortigueira y su Festival Internacional do Mundo Celta, que para esta edición contaba con un programa musical de excepción, cumpliéndose 41 años desde la primera entrega del evento. Por trabajo no pude ir el jueves, aunque me comentaron que Gwendal no flaquearon, como es habitual, y que la Yuki Kojima Band resultó una agradable sorpresa desde Japón entre los finalistas del concurso Runas. Para el viernes llegaba con la gasolina justa tras madrugón, oficina y bus pero al final solo me perdí a la última banda, Project Smok. Me quedé encantado con el conciertazo de la Anxo Lorenzo Band, ofreciendo un tremendo directo con jam incluida, y disfruté la fusión de folk con jazz o rock de los irlandeses Moving Hearts, quienes estuvieron precedidos por la tradicional Escola de Gaitas de Ortigueira quienes dieron un concierto cargado de colaboraciones. El sábado, tras la banda de gaitas bretona Bagad Kerlenn Pondi y el espectáculo de danza de la Dominic Graham School los míticos Shooglenifty no fallaron con su fusión de folk con elementos más eléctricos y, a ratos, electrónicos. Les siguieron Flook, ingleses muy sólidos en una línea más tradicional, y unos virtuosos Beltaine desde Polonia, cuyo sonido folk pica de elementos pop, fueron el cierre perfecto para ese tercer día. De nuevo por obligaciones laborales me tenía que volver y no puedo contar nada del domingo ya que me levanté demasiado tarde para ver los desfiles. Como críticas constructivas a la organización haré dos: deberían buscar una fórmula para incentivar la reutilización de vasos en las barras que reduzca el número de residuos y no estaría mal empezar los conciertos una hora más temprano para no tener problemas de retrasos en el horario disfrutando de tiempo suficiente para los cambios. Por lo demás ha sido una edición notable. (El vídeo que adjunto no es de este año, pero ilustra bien el directo Shooglenifty)

El 16 de julio de 2012 el teclista más grande de la historia del rock, Jon Lord, nos dejaba. Tenía 71 años y llevaba casi un año retirado de la música en directo batallando contra un cáncer. Lord comenzó su carrera como músico de sesión muy joven, mudándose a Londres en 1959. Tras ganar fama grabando en estudio con diversos grupos y tras un par de intentos de lanzar proyectos personales como Santa Barbara Machine Head o The Artwoods llegaría en 1968 su gran momento cuando se convierte en uno de los miembros fundadores de Deep Purple, banda en la que estaría presente en todas sus formaciones hasta 2003. Entre medias también militaría en los primeros discos de Whitesnake, montaría el grupo de funk-rock Paice,Ashton & Lord y se labraría una carrera como compositor realizando diversos trabajos orquestales donde la música clásica se daba la mano con el rock y otros músicas populares contemporáneas, siendo además pionero en la fusión de orquestas sinfónicas con bandas de rock con su Concerto For Group and Orchestra que grabó en 1969 con Deep Purple y la Royal Philarmonic Orchestra. Tras dejar Deep Purple cansado del ritmo de las grandes giras se mantendría activo tanto como compositor como realizando pequeñas giras con otra gente veterana como Anni-Frid Lyngstad (ex ABBA), Jimmy Barnes y Bob Daisley (en la banda The Hoochie Coochie Men con la que tocaba estándares de blues) o giras con sus trabajos orquestales acompañado de cantantes de la talla del famoso actor de musicales Steve Balsamo.

Segundo disco de los californianos Sacri Monti,  del que ya avanzamos un tema hace unos meses en otro Musiqueando, al fin a la venta: Waiting Room for the Magic Hour. En menos de un mes espero estar viendo cómo lo presentan en Moledo en el Sonic Blast, si ninguna desgracia lo impide. ¿Qué nos presentan aquí? Pues evolución sin revolución: han cambiado lo justo desde la primera entrega para no repetirse pero manteniendo su esencia de revival musical de los 60-70, aunque ahora los elementos progresivos y de jam-band, como si hubieran añadido un extra de Can y de King Crimson al sonido de su primer trabajo. Tal vez haya perdido algo de frescura respecto a su primera entrega al estar conformado por temas más largos y con mayor carga de psicodelia, complejidad y efectos de space-rock, lo que por otra parte lo puede hacer también más interesante para un público menos rockero pero más ávido de experimentación y saturación en el campo instrumental. La apuesta por el sonido más pesado y experimental de los setenta es clara y patente y la sensación old-school está muy lograda.

Si Quentin Tarantino quisiera dirigir un remake de Alentejo Sem Lei (serie que le encantaría si alguien se la hiciese llegar) seguramente la banda sonora caería en manos de O Bom, O Mau eo Azevedo. Formación natural de Porto, nacidos en 2015, se presentan en formato cuarteto y se mueven entre el surf californiano y el western, elaborando una música instrumental donde las influencias de gente como Link Wray, Dick Dale, The Ventures o The Tornadoes se rodea de alguna ligera influencia más oscura y psicodélica, logrando un sonido 100% banda sonora de la Familia Munster más que disfrutón. Hasta el momento cuentan con un EP aunque ya hay nuevos temas en el horno. Otros que estarán presentes en el Sonic Blast 2019 inaugurando algún día el escenario de la piscina y que merecen una buena escucha.

Musiqueando 7 (20190618)

El 9 de mayo se entregaron los Blues Music Awards de la Blues Foundation, iba a escribir sobre ello pero se quedó fuera de la anterior entrega porque el homenaje al gran Roky Erickson era obligado. Resumiendo ¿quiénes se llevaron los galardones este año? Pues Joe Louis Walker, Bruce Katz y Giles Robinson ganaron el de mejor disco acústico por Journeys to the Heart of the Blues, en la categoría de mejor disco de blues tradicional el premio se lo llevó Buddy Guy por The Blues is Alive and Well, el mejor disco de una artista emergente fue para Free de Amanda Fish, en la categoría soul-blues recayó en Johnny Rawls por I’m Still Around y el de mejor disco de blues-rock acabó en las manos de Billy Gibbons por su disco en solitario The Big Bad Blues. Finalmente el gran doblete lo hizo Shemekia Copeland ganando tanto el premio a mejor disco de blues contemporáneo como a mejor disco del año por America’s Child. Y para cerrar el bloque lo hacemos con la elegida como mejor canción del año: No mercy In this Land, con Ben Harper y Charlie Musselwhite.

Pasamos del blues al heavy más clásico de la mano de Traveler, un grupo canadiense, de Calgary, que el pasado febrero publicaba su primer largo a través del sello Gates of Hell Records, especializado en bandas de metal de corte ochentero. Son una banda muy joven, fundada en 2017 y que previamente habían publicado una demo y un split en 2018, practican un heavy metal tradicional y algo acelerado en la tradición de nombres como Angel Witch o Raven con algún pasaje más épico onda Warlord. Se han marcado un disco más que destacable y redondo que podríamos meter en el saco de la NWOTHM, un trabajo en el que cuesta destacar algún tema por la tremenda regularidad del mismo: himnos de heavy clásico donde ninguna destaca sobremanera sobre otro, un trabajo para menear la cabeza agusto.

Como nota trágica hay que recordar que hace una semana nos dejaba el vocalista brasileño Andre Matos, conocido por su trabajo en los primeros discos de la banda de power metal Shaman, a la que había vuelto recientemente, con los olvidados speed-metaleros Viper a finales de los 80, por el efímero proyecto de pop-metal Virgo junto a Sascha Paeth pero, sobre todo, por su trabajo con los Angra en su etapa clásica de los 90, una de las bandas más originales de la explosión del power metal pues se distanciaron de otras bandas de la misma etiqueta añadiendo elementos de música étnica, progresivo o bossa-nova a sus temas. Matos, quien también era un más que decente teclista, destacó como vocalista por su rango vocal que le permitía alcanzar notas extremadamente agudas.

El virtuoso bajista y contrabajista John Patitucci también ha estrenado disco hace pocos meses, Soul of the Bass. Se trata de su decimosexto trabajo en solitario y seguramente del más intimista de su carrera: Patitucci improvisando piezas con su bajo o contrabajo orbitando entre el jazz y la música clásica, en muchas piezas tocando sin acompañamiento alguno y en otras con algún apoyo bastante minimalista. Un trabajo en general bastante denso para que lo degusten los amantes del bajo, aunque muy poco accesible a quien no tenga una especial devoción por explorar qué puede dar de sí este instrumento.

El mes pasado se pasó por Compostela Mark Guiliana, quien será recordado por el público más rockero por haber sido el batería de David Bowie en su último disco y por el público amante de la electrónica por liderar uno de los proyectos más atractivos del lado más experimental de este género en los últimos años. En este Beat Music! Beat Music! Beat Music! publicado el pasado abril juega a fusionar jazz, avant-garde y electrónica sin complejo alguno mientras exhibe su brutal talento como percusionista rodeado de loops y sintetizadores.

Y acabamos el recorrido de esta semana con un EP instrumental que tiene algo más de un año, se publicó en marzo de 2018, pero que no me quería dejar fuera: Volver a Nacer, del guitarrista gallego Rubén Cores. Un disco de rock instrumental construido sobre fraseos de guitarra melódicos a la par que virtuosos para amantes de este género “guitar hero factoría Varney” a lo Satriani o Eric Johnson, que en sus cuatro temas cuenta con otros talentos de la música gallega como el batería Miguel Lamas o el teclista y arreglista Adrián Solla.

Musiqueando 6 (20190603)

La música es como la gastronomía, esto es algo que razonaba el otro día en el bus. Porque hay muchas formas de disfrutar de la gastronomía: tenemos los platos tradicionales de toda la vida que nunca nos fallan, tenemos cosas experimentales o innovadoras que pueden resultarnos chocantes pero que están sorprendentemente buenos, podemos encontrar el sabor más delicioso en las cosas más sencillas y también en las más elaboradas y tenemos diversas recetas tradicionales del resto del planeta que no conocemos, que recogen la tradición de su cultura. Todo un mundo de comida que disfrutar para que luego muchos se empeñen en gastarse la pasta en el Burguer King o el PizzaMovil. Lo dicho, la música es como la gastronomía.

Ya que hablábamos antes de combinar, mezclamos rapcore, nü-metal noventero, folk indio y música de Bollywood ¿qué nos sale? Algo, al menos, raro. En el año 2016 nacían los Bloodywood como una banda-parodia que lanzaba versiones metalizadas de temas radioformuleros y solo un año después conseguían hacer ruido en Youtube con una versión de Heavy de Linkin’ Park, pues fueron muchos los que dijeron que el tema sonaba más a los Linkin’ Park originales en la versión de Bloodywood que en la de sus creadores originales. Tras eso logran un segundo éxito en la India gracias a otra versión de un popular tema de música punjabi (Tunak Tunak Tun) contando con la colaboración de otro grupo parodia, los brasileños Bonde Do Metaleiro. El éxito de sus versiones en youtube les anima a empezar a componer temas propios, con una orientación ya más seria abarcando temas como la depresión o el abuso escolar. El grupo sigue cosechando éxito en Youtube y en su país de origen y, poco a poco, se abren hacia mercados extranjeros. De momento están confirmados para tocar en Wacken 2019 y Ubisoft usará uno de sus temas en su videojuego Beyond Good and Evil 2.

Roky Erickson se nos moría el día que empezaba a escribir esto, así que decidí aplazar un par de semanas otra cosa que os iba a comentar para dedicarle unas líneas. Nacido en 1947 en Austin, Texas, fue un músico precoz pues con 19 años ya conocía el éxito con los 13th Floor Elevators, que publicaban el esencial The Psychedelic Songs of the 13th Floor Elevators en 1966. Tres años después, tras una detención por posesión de drogas, acabaría internado en un psiquiátrico de Houston donde se le sometería a un tratamiento por electrochoque complementado con torazina después de ser diagnosticado con esquizofrenia. Su popularidad iría en declive desde aquel momento, pasándose los años 70 bastante desaparecido de los grandes escenarios, aunque su creatividad seguía desbordando, lanzando un par de discos excelentes con su proyecto Roky Erickson and the Aliens entre finales de los 70 y principios de los 80. Tras eso de nuevo volvería a estar desaparecido hasta que a finales de los 80 la prensa reportaba que había sido detenido acusado de robar correo, cargo del que se libró tras demostrarse que solo lo había acumulado pero no lo había abierto. Es en aquel momento cuando varias bandas populares como REM, ZZ Top o Primal Scream deciden grabar un disco tributo que provoca que su carrera resucite, generando un renovado interés por la música de los 13th Floor Elevators y también por su carrera en solitario. El nuevo éxito traería dinero a sus cuentas que le permitiría pagar mejores médicos y medicación para contener su enfermedad y, gracias a eso, volver a los escenarios: en los 90 realizaría algunas grabaciones y en 2005 daría en el festival Austin City Limits su primer concierto completo en 20 años. Casi 40 años después del lanzamiento del debut de los 13th Floors Elevators la carrera de Roky había resucitado, manteniéndose activo hasta sus últimos días. Su legado ha sido reivindicado por mucha gente, desde Billy Gibbons y Alice Cooper hasta Johnny Depp, Eddie Glass de Nebula o Tobias Forge de Ghost.

No soy muy de indie, o como yo lo llamo “pop desganao”, porque me suele resultar un género bastante tedioso, pero tampoco soy un talibán que vaya a desechar un disco solo por una etiqueta. Esta semana en el curro le he estado dando vueltas a Bloco do Eu Sozinho del grupo brasileño Los Hermanos, un trabajo controvertido en su momento pues tras haber cosechado bastante éxito comercial con su primer disco el grupo decidió lanzar algo más íntimo y melancólico. A su sonido muy deudor de gente como Weezer o Radiohead le añadieron elementos brasileños de samba y bossa-nova, una combinación que le daba un plus de originalidad pero que les alejaba de lo que deseaba su discográfica, que decidió no invertir en promoción para el disco. Las ventas cayeron mucho, cierto, pero la crítica quedó encantada y con el tiempo el disco alcanzó un status de culto, considerado por la mayoría de sus fans como el mejor disco del grupo y uno de los mejores discos brasileños de la primera década de los dosmiles.

Y vamos a acabar la entrega de esta semana echándole un ojo a los Reverend Goat, un grupo del que tengo muy poco que decir… porque no se mucho más de ellos que lo que pone en su página de Facebook: que vienen de la comarca de Valdeorras (Ourense), que les encanta guitarrear, que están preparando un lanzamiento y que han adelantado un tema del mismo. De momento solo he podido escuchar ese tema, The Mask, construido sobre un riff granítico que suena como si lo hubieran horneado los mismísimos Melvins de la época del Stoner Witch. Así que os comparto aquí este adelanto y me quedaré pendiente de más novedades por parte de este prometedor proyecto.

Musiqueando 5 (20190523)

La semana pasada recordábamos que llevamos 9 años sin Dio y me entró la vena melancólica. Porque la voz de Ronnie James ha significado mucho para mi durante años, no solo por las horas dándole vueltas a las cintas de Heaven and Hell y Long Live Rock and Roll en el walkman cuando estaba en el instituto, ni por los recuerdos de compartir cervezas con muy buenos amigos en las tres veces que tuve suerte de verle en directo. No, aunque haya tenido un romance con su voz durante más de 20 años, desde que un amigo me grabara en Long Live Rock and Roll de Rainbow, no son los buenos recuerdos los que hacen mi relación con su música tan especial sino los malos: hubo una época en la que tenía una situación laboral horrible, en una empresa/chiringuito en la que trabajaba sin contrato porque el empresaurio decía “estamos pendientes de una subvención de la Xunta para este proyecto, pero hay que ir empezando, cuando llegue la pasta lo formalizamos”, donde las jornadas se estiraban hasta las 12 o 13 horas, llegando una vez a tirarme consecutivas 36 horas en dicha oficina sin dormir, donde no sabía si cobraría o cuánto cobraría a fin de mes (en cuatro meses currando allí cobré de menos en tres)… en fin, una puta mierda con la que tragas porque necesitas dinero sí o sí hasta que de puro agotamiento mandas todo a la mierda. Bueno, pues en esa época me subía al bus todos los días, me enchufaba los auriculares de mi mp3 y ponía The Last In Line, siempre The Last In Line, el disco entero. ¿Por qué? Porque extrañamente me daba energías para afrontar la incierta jornada. Así que no voy a hablar de su influencia en los inicios del heavy metal, de su importancia en la historia del rock o de su rango vocal: para mi Dio es tan grande simplemente porque escucharle me hacía sentirme mejor cuando estaba jodido.

Mi descubrimiento musical excitante de los últimos días son The Main Squeeze, un grupo estadounidense (Bloomfield, Indiana) de funk que no hace ascos al rock clásico ni al soul y que, nueve años después de su formación, ya cuentan con tres discos de estudio, dos directos y un puñado de sesiones en su canal de Youtube donde hacen diversas versiones, desde darle una capa de rock a temas bailables de los últimos años a meterle un groove y una voz a lo Jackson 5 a clásicos del rock setentero, algo heredado de sus inicios como grupo para tocar en fiestas universitarias. Por compararlos con algunos de sus contemporáneos te diría que son más rockeros que Vulfpeck y más funkies que Vintage Trouble pero que la cosa anda entre esas dos bandas. Este verano se lanzarán a una gira Europea por lo que tendremos oportunidad de disfrutarlos a este lado del Atlántico.

Para los amantes de géneros como el afrobeat, el funk brasileño, la bossa-nova o el highlife el sello inglés Mr.Bongo es un referente, una gente que, además de publicar novedades o de importarlas a Europa, lleva treinta años, desde la apertura de su primera tienda física en 1989 en Londres, reeditando trabajos que era extremadamente difícil conseguir, discos que se publicaron entre los 60 y los 80 en África o América Latina en sellos locales en muchos casos ya desaparecidos y que ahora ellos devuelven a la vida a través de sus múltiples subsellos. Lo que nos ocupa hoy es una de sus últimas reediciones, un trabajo de highlife que publicó el sello ghanés Essiebones music en 1982, con los legendarios Ebo Taylor y Pat Thomas, junto a la banda base Uhuru Yenzo, regalándonos media hora de música donde los géneros tradicionales de Ghana se fusionan con el funk y el jazz. Hitsville-Revisited se titula el disco compuesto por cuatro temas, de Ebo Taylor, Pat Thomas & Uhuru Yenzo.

El potencial del arte para transformar la realidad, la fuerza de la música como motor para la evolución y la transformación social, construir un mundo mejor mediante el trabajo artístico, cambiar marcos mentales a través de las producciones de la cultura popular… son cuestione elevadas, temas para el debate filosófico y sociológico. Pero también son el viento que impulsa las velas de Ith, un proyecto que busca trascender lo musical para implicarse en lo social, un grupo que a través de sus composiciones orientadas al rock más clásico busca luchar contra el soterramiento social y artístico del gallego, contra el racismo, el machismo y en general los ataques contra la diversidad y los derechos humanos. Su último vídeo, de la canción Só Eu, es una muestra de esto: una denuncia de la hipocresía de una Europa que deja morir en el Mediterráneo a miles de personas que huyen en busca de refugio y auxilio. Tal vez no sea la canción que mejor define su sonido pero sí lo es de su compromiso social.

Musiqueando 4 (20190508)

Hay un puñado de productores que son genios capaces de maximizar la capacidad de trabajo de los músicos y hacerles sacar lo mejor de sí mismos a la hora de grabar sus obras, pero también hay muchos productores que pecan de exceso de conformismo o de solo saber calcar fórmulas que les han traído el éxito a otros. El otro día veía una discusión online sobre el Rocka Rolla, el disco debut de Judas Priest que no está, precisamente, entre lo más destacado de su producción. Una curiosidad respecto a esta grabación es que los temas Tyrant, Epitaph y The Ripper ya estaban compuestos, finalizados y eran interpretados por el grupo en sus directos, mientras que Victim of Changes (en aquel momento titulada provisionalmente Whisky Woman) y Dream Deceiver estaban inacabados pero el proceso de ser finalizados para la grabación. El productor, Rodger Bain, rechazó esas canciones por no ser bastante comerciales. Un año y medio después esos temas conforman el grueso de Sad Wings of Destiny, el disco que daría el impulso definitivo al grupo y que se convertiría en uno de los pilares de la historia del heavy metal. ¿Fue cosa de la discográfica o del productor? Los precedentes de Bain eran excelentes: los tres  primeros discos de Black Sabbath y los dos primeros de Budgie, es evidente que no era un inútil pero con Judas Priest se estrelló, le falló la visión y el oído rechazando canciones que se mantendrían cuatro décadas en el repertorio de la banda.

The Pilgrim es el proyecto en solitario del líder de Black Rainbows y cabeza del sello Heavy Psych Sounds, Gabriele Fiori. Su última entrega, Walking into the Forest, es un trabajo alejado del stoner metal de su banda madre, un proyecto acústico de sonido desnudo y espíritu folk. Nada de casposos MTV Unplugged de los 90 por si lo estabas pensando, lo de Fiori es real, genuino, elaborado, similiar al álbum acústico de Brant Bjork del que ya hablamos en su día, picando del Neil Young desenchufado, del lado más folk de Jethro Tull, de Crosby Stills and Nash o de la etapa setentera de Terry Reid. Moviéndose entre lo onírico, lo bucólico, lo crudo y lo desértico nos deja piezas muy variadas como el rock desenchufado de Brainstorm, el bucolismo pastoril de When I call your Name o la pura morriña en Dragonfly. Kyuss y Fu Manchu dándose la mano con Donovan y Bob Dylan.

Hablando de Dylan, le fui a ver en la última gira en su paso por Compostela. Como bien sabéis soy un gran fan suyo, le tengo una enorme admiración como leyenda de la música del siglo XX y es uno de los músicos más presentes en mi lista de 1100 discos indispensables… pero voy a confesar que salí decepcionado. Es cierto que ya sabía que la comunicación con el público del legendario cantautor es nula, que su voz está muy cambiada por la edad y que con 77 años no le íbamos a pedir un show enérgico, yo todo eso lo llevaba ya asumido. Lo que sí me esperaba es que viniese acompañado de unos músicos sobresalientes, pero el grupo de apoyo me resultó bastante justito y apático. Y los arreglos de las canciones para que encajen en el sonido más blues-rocanrol de la gira tampoco me gustaron, clásicos ya universales como Like a Rolling Stone, Highway 61 o Blowing in the Wind acaban sonando irreconocibles, dando la impresión de que todo suena más como a Roy Orbison que al viejo Dylan. El sonido del pabellón, como de costumbre en Sar, tampoco ayudó a mejorar la experiencia. Por un lado decepcionado, por otro al menos puedo decir que le pude ver en concierto, ya que en su anterior visita a la ciudad me había tocado currar. Y uno tampoco ve todos los días a un premio Nobel tocando el piano y cantando.

Hace un par de días vi una foto en Facebook, en la cuenta de los Lucifer: Johanna Sadonis y Elin Larsson juntas en un estudio. No aclaraban mucho más ¿Qué se viene? ¿Nuevo disco de Lucifer con una colaboración de Elin? ¿Nuevo disco de Blues Pills con una colaboración de Johanna? ¿Nada de eso y simplemente se sacaron una foto juntas? Pues a saber, pero al menos nos da para dejar fluir la imaginación ¿No molaría escucharlas cantar un par de temas juntas?. Lo que parece seguro es que este año Blues Pills grabarán nuevo material, a ver cómo suena el grupo tras la marcha de Dorrian Sorriaux.

Todavía no hay disco nuevo de Sacri Monti, saldrá en julio y tendremos gira europea para poder volver a verlos en directo. Pero para amenizar la espera Tee Pee Records adelanta un tema en youtube con mucho aroma setentero, una canción que me suena entre Cream y Deep Purple como primer mordisco del que será su segundo trabajo. Prometen una buena dosis de sus hard rock protometálico fusionado con psicodelia.

No soy yo muy de hip-hop pero me he enganchado a un grupo de este género: Shabazz Palaces ¿por qué? Porque es como si alguien hubiera mezclado un poco de Run DMC y otro poco de Outkast con el espíritu psicodélico de All Them Witches o Causa Sui. Ciencia ficción, retrofuturismo y fantasía evasiva abrazándose a un susurrado hip hop sobre bases electrónicas con efectos cósmicos y espaciales. En los últimos años han agregado además percusión africana y ritmos afrobeat a sus composiciones ¿Una aproximación musical al Afrofuturismo? Ahí lo dejo. Tienen cuatro discos de los que me he devorado dos especialmente: Lese Majesty y Born on a Gangster Star, además de varios pequeños directos en la icónica estación de radio KEXP que te puedes encontrar en su canal de Youtube.

Y para despedirnos otro adelanto, el del próximo disco de Peter Frampton: All Blues. El mítico ex-guitarrista de los Humble Pie y autor del clásico superventas Frampton Comes Alive! y del pegajoso Baby I love your Way (y protagonista de una mítica escena en Los Simpson, como no) anunció en febrero que dejaría de girar después de este verano, ya que le han diagnosticado una grave enfermedad llamada miositis por cuerpo de inclusión que a medio plazo le acabará afectando a los dedos, impidiéndole tocar. Esto nos hace temer que este pueda ser también el último trabajo que pueda grabar el guitarrista, que nos dejará un repaso por 10 de sus clásicos del blues favoritos versionados por su banda y con varios guitarristas invitados: Larry Carlton, Steve Morse o Kim Wilson. Desde aquí esperamos que la medicina pueda ayudarle con su condición.

Musiqueando 3 (20190422)

La primera vez que escuché Papa was a Rolling Stone de The Temptations me voló la cabeza. Aquel sonido suave que combinaba soul, psicodelia y hasta elementos de doo-wop era algo totalmente adictivo. Y una puerta de entrada a otras bandas de aquel género como los primeros Funkadelic (de los que ya hablaremos largo y tendido otro día), Curtis Mayfield, Ohio Players o Sly & The Family Stone. Pero hay géneros que son fugaces, y el soul psicodélico fue uno de ellos, el funk lo fagocitó en pocos años y muchos de sus artistas principales derivaron hacia ese género. Esta semana durante mis exploraciones musicales me encontré con una señora que parece ser que está empeñada en volver a esta vía,  Kadhja Bonet. Su voz es de una delicadeza estremecedora y su álbum “Childqueen” una auténtica joya. Tal vez reducirlo a la etiqueta “soul psicodélico” sea un poco reduccionista pues se trata de una artista que, por el momento, parece desafiar los límites preestablecidos de los géneros musicales, que a ratos pica de Billie Holiday, a ratos de los Isley Brothers y Rare Earth y que tampoco hace ascos a acercarse al “cinematic soul” de los primeros setenta 70.

Parecía que el folk metal a estas alturas era un género ya demasiado trillado y explotado para que saliese algo sorprendente, algo que prometía mucho pero que se había estancado en las mismas fórmulas pagano/vikingas por las que no paran de apostar  los sellos europeos para mayor regocijo y erección de adolescentes de Coristanco que se creen hijos de Heimdall. Y entonces, al más puro estilo Gengis Khan, a finales de 2018 desde Mongolia aparecen estos moteros hunos llamados The Hu que son absolutamente delicia y novedad. Todo es genial, desde el nombre hasta la estética, sin olvidar lógicamente la música que es lo que nos trae aquí: una fusión entre hard rock, heavy metal y folclore mongol, algo así como si Huun Huur Tu hubieran tenido un hijo con Skyclad. De momento solo tenemos dos vídeos en youtube, parece ser que financiados por alguna entidad pública del despoblado país asiático, pero en verano de 2019 llegará su primer LP. El interés por mi parte no puede ser mayor ¿se confirmará una de las sorpresas del panorama metalero o se quedarán en fenómeno de Youtube? Espero lo primero, pero mientras espero al menos disfrutaré de lo que hay.

Seguimos por Asia, más hacia oriente. Hay pocos proyectos más prolíficos que los japoneses Acid Mothers Temple, si hacemos caso a la Wikipedia suman 80 entregas en estudio entre 1995 y 2019, sin contar ep, directos, singles o splits. Solo en 2018 publicaron 9 discos. Este Either The Fragmented Body Or The Reconstituted Soul ya fue publicado por el sello peruano Necio Records allá por 2017, pero ahora nos traen una reimpresión en vinilo de edición limitada. El disco se abre con una referencia/broma/homenaje a Funkadelic titulada Faggot Brain. Le sigue un trabajo de casi una hora dividida en 6 temas donde el space rock, la psicodelia, el folk ácido y el progresivo danzan juntos lanzándose chorretones de color musical y llevándonos a volar por paisajes marcianos lisérgicos en una orgía de complejos desarrollos instrumentales. Desde los sitares que dan aires de música sacra a La Nóvia a cambiar radicalmente un tema como si cambiáramos de emisión en una radio en Magic Bohemian & Mistic Nuns. No es un disco fácil de escuchar por su excesiva experimentación pareciendo a ratos que estamos ante la banda sonora de una performance teatral experimental, requiere de varias escuchas para cogerle el punto e introducirse en su sonido. Y lo que promete el disco es que los directos de Acid Mothers Temple & The Melting Paraiso U​.​F​.​O. deben ser veradera locura.

Han pasado 20 años desde que Nigel Kennedy grabara The Kennedy Experience, donde homenajeaba con su violín a Jimi Hendrix haciendo arreglos clásicos sobre las composiciones del genio de Seattle. Desde aquello, y en vista de la buena aceptación comercial de la tendencia, muchos concertistas clásicos se han apuntado a la tendencia de adaptar composiciones de pop/rock/populares a su terreno clásico, siendo seguramente David Garrett en más exitoso. A esta tendencia se sumaron también una pareja de griegos, creo que hermanos: el violoncelista Konstantinos Boudounis y la violinista Lydia Boudounis, que bajo la denominación String Demons han publicado dos largos y un EP desde 2015. Su primer largo de 2016, Fear of the Bach, describe muy bien el espíritu de esta formación: fusionar con su formación clásica elementos de jazz, pop  y heavy metal. Creo que tienen alguna relación familiar con el guitarrista y director griego Evangelos Boudonis (junto a quien participaron en su concierto 200 Guitars LIVE at Megaron), pero mis conocimientos de griegos no pasan de haber aprendido a dar los buenos días para un viaje a Atenas, así que no he podido profundizar en eso.

¿A qué sabe el Soylent Green? Pues depende de la persona, claro, pero esta ración en concreto sabe a fusión entre metal, rock progresivo, alguna nota funk en algún ritmillo y mucho guitarreo. Una banda de músicos experimentados de Compostela que no temen que el futuro les alcance pues ya se han labrado una reputación: la base rítmica de los desaparecidos The Codename, Pablo a la batería y Jano al bajo, despliegan sus talentos marcando los ritmos sobre los que se explaya Óscar “Jumpin” ametrallando con riffs y solos de guitarra. Esta primera entrega de Soylent Green Project que nos dejan a través de Bandcamp, Music for Brontosaurus, es una grabación en directo en el local de ensayo. Se nota que no es una grabación de estudio pero también deja entrever buenas ideas, un aperitivo mientras esperamos por más novedades de esta banda.

En nada arranca el tour americano de los Overkill después de una gira europea en marzo que no pisó la península Ibérica y en la que presentaron su última entrega, The Wings of War, otro excelente álbum de thrash metal del que hablarán cuatro gatos, porque mientras que en cada lanzamiento de Metallica la gente disecciona sus temas para ver si hay 30 segundos de un riff que se parezca mínimamente a algo de Master of Puppets y justificar así que “Metallica están de vuelta” de Overkill simplemente se pasa, se asume como normalidad su tremenda y excepcional regularidad. En los ochenta sacaron clásicos del género, en los 90 se mantuvieron activos y fieles a su estilo cuando les pegaba el viento en contra y todavía siguen en forma, valga como muestra de esta década los cinco trabajos que han publicado: la abrían en 2010 con el excelente Ironbound y aunque sus siguientes lanzamientos no tuvieron el punch de ese sobresaliente álbum sí se mantuvieron en un nivel notable. Está claro que no reinventan la rueda, pero su metal es directo, efectivo y con pegada, macarreo neoyorkino que bebe en sus orígenes tanto de Motorhead, Black Sabbath y Judas Priest como de sus paisanos Misfits y Sex Pistols.