Musiqueando 15 (20191127)

A raíz de la demanda que Timo Tolkki amenazó con interponer contra Eclipse recordé cuando él, siendo guitarrista de Stratovarius, calcó el riff de Aiming High de los Accept en el tema Cold Winter Nights. Esto derivó en ponerme el Russian Roulette y, finalmente, pegarme un atracón con la discografía básica de los germanos durante dos días. Accept es una banda que escuché mucho cuando tenía 17-18 años por influencia de un amigo que era un gran fanático de la banda, afirmando que eran “el grupo más grande de la historia del metal solo seguido por los discos en solitario de UDO“. Yo a ese punto de fanatismo no llego, pero sí que les pondría en el Olimpo metalero: Princess of the Dawn siempre me ha parecido uno de los pináculos del heavy metal, la trilogía de lanzamientos consecutivos formada por Restless and Wild, Balls to The Wall y Metal Heart es una de las mayores rachas creativas del género, con tres álbumes de nivel legendario que, además, están acompañados en la historia de la banda por otros discos que no bajan del notable: Breaker, Russian Roulette, Objection Overruled o el rockero y acedeciano I’m a Rebel. Y aunque el Eat the Heat con David Reece me parezca bastante infumable, intentando subirse a marchas forzadas a la laca estadounidense, sí que he disfrutado de los discos de la etapa actual con Mark Tornillo, sobre todo con un Blood of the Nations que contaba con Herman Frank en estado de gracia compositiva.

En un arrebato nostálgico vamos a echarle un ojo al único disco que publicaron The Fox, allá por 1970, una pequeña joya que no tuvo continuidad titulada For Fox Sake, irónicamente en los EEUU se llamó For Fox Sake Vol. 1 pero nunca lleamos a escuchar un Vol II. Jugando con el blues, el pop y la psicodelia, rememorando la cara más fresca del rock británico de los años sesenta, su música con influencias tan variadas como los primeros King Crimson, los Small Faces o The Action quedó barrida de las ondas por el ascenso del rock más pesado de Black Sabbath y Led Zeppelin. Puede que llegasen cuatro o cinco años tarde para haber tenido éxito con su sonido, pero modas aparte publicaron un debut notable y disfrutable.

Tras una temporada de parón/baja actividad parece que en 2020 vuelve una de las bandas más importantes del rock-metal gallego: Machina. Han pasado ya seis años desde que los de Cerceda lanzaron su último disco, entre 2015 y 2017 estuvieron casi dos años parados y desde 2017 han hecho solo unas pocas apariciones en directo. Ahora comenzarán a lanzar una serie de vídeos en acústico en su canal de youtube colaborando con músicos amigos y prometen más novedades para 2020, una de las cuales será tocar en el Resurrection Fest de Viveiro para el que ya han sido confirmados. ¿Tendremos también nuevo disco? Tocará esperar, pero que Machina estén más activos siempre será una buena noticia.

Recogido en directo en el festival chileno Woodstaco en 2018 nos llegó el pasado 20 de octubre un disco en vivo de los peruanos Cholo Visceral. Una pieza de rock progresivo donde la flauta le da una influencia Jethro Tull que en el acelerado inicio del primer tema a mi me recuerda mucho a los Ñu de Cuentos de Ayer y de Hoy, pero con un fuerte elemento psicodélico y con influencias del kraut rock, el jazz y hasta del funk y del movimiento tropicalia. Este Live at Woodstaco 2018 nos trae un viaje psicodélico de 36 minutos repartido entre cuatro piezas (más una oculta) y con una bella portada ilustrada por Rodrigo Mori Franco. Un totémico e hipnótico ritual rockero para agitar nuestros cuerpos y nuestras mentes.

Para cerrar vamos con el pop elegante con influencias folk y alma poética de A Banda Da Loba, que lanzan el adelanto de su próximo trabajo Fábrica de Luz. Una banda gallega formada por cinco mujeres en 2017 que ya va por su segundo disco y que muestra una ecléctica mezcla de influencias en su particular y melódico estilo.

Musiqueando 14 (20191109)

Si en la entrega 13 iba buscando que el postureo normie me llamase “Elitista” en el Twitter esta semana voy a buscar que los metalfrikis me llamen pacazo y los clasicotes del metal me tachen de modernillo. Vamos con el Musiqueando 14 y arrancamos con un tema de Gary Moore, que estoy muy volcado estos días con el Celtic de Glasgow.

Algunos dicen que Baby Huey, cuyo verdadero nombre era James Ramey, es la mayor estrella del soul que nunca llegó a saber que lo era. Su único disco de estudio se publicó de forma póstuma tras su muerte: The Baby Huey Stroy: The Living Legend. El título ya es una despedida en sí. Huey tenía un talento descomunal pero se cuidaba poco, la suma de sus excesos con el alcohol y la heroína junto a un marcado sobrepeso hicieron fallar su corazón con solo 26 años, privándonos de un excepcional registro vocal, de una garganta que era un verdadero huracán. En su único LP, grabado durante 1970 y publicado en febrero de 1971,cuatro meses después de su muerte, realizó una de las mayores obras del soul psicodélico, incluyendo un par de versiones: una psicodélica y estremecedora revisión de A Change It’s Gonna Come del malogrado Sam Cooke y una revisión del mítico California Dreamin’ que popularizarían The Mammas and the Papas, además de un par de temas propios y varias composiciones de Curtis Mayfield, productor del disco y principal valedor de Baby Huey en el mundillo musical, el único loco decidido a apostar por un músico empeñado en autodestruise. El disco tuvo poco éxito, pues no había mucho interés por parte del sello en invertir dinero para promocionar a un músico ya fallecido del que no podría sacar futuros réditos, pero con el paso del tiempo se convirtió en un trabajo de culto que sería redescubierto por diversas generaciones a través de diversos músicos de hip hop y R&B que utilizaron samplers de sus temas.

Un amigo mío abría el otro día en Facebook un debate curioso, coincidiendo con el 39 aniversario de la publicación del Heaven and Hell de Black Sabbath: ¿preferís el Blizzard of Ozz de Ozzy o el Heaven and Hell de Black Sabbath? Había que razonar la respuesta pero llegué a la conclusión de que es imposible hacerlo. Sopesemos: ambos son dos discos de heavy metal melódico y clásico publicados en 1980, ambos cuentan con una buena producción y un buen puñado de temas icónicos. Uno nos presenta a unos Black Sabbath menos oscuros, influenciados por una naciente NWOBHM, más épicos, casi poniendo la primera piedra de lo que derivará en el género epic doom unos años más adelante, con la dupla Iommi/Geezer en plena forma y con el cambio radical que supone incorporar la voz de un Dio en estado de gracia a la banda. El otro nos trae a un Ozzy que también se aleja del sonido oscuro de los Sabbath clásicos pero virando hacia un sonido más americanizado, más hard & heavy, con músicos estadounidenses, con sus líneas de voz más trabajadas y presentando en la guitarra al Randy Rhoads más pirotécnico. Desde otra óptica también podría decirse que aunque ambos son dos discos sobresalientes y excelentes ninguno de ellos es un disco especialmente rompedor, ninguno marcaría un punto de inflexión en el heavy metal que nos permitiera darle un mayor valor histórico que al otro. Así que razonando la respuesta la única respuesta racional es que no hay respuesta racional posible, la elección recae en las tripas y el corazón y para mí ahí no hay duda: cuando tenía 14-15 años el Long Live Rock and Roll de Rainbow y el Heaven and Hell de Black Sabbath eran mi banda sonora, me los sabía de memoria. Por puro sentimentalismo gana el Heaven & Hell.

Volemos ahora a la ciudad italiana de Parma, capital del histórico Ducado de Parma, situada en un bello paraje de la Emilia-Romagna. Abramos un espumoso Lambrusco y sirvamos una copa mientras ponemos el disco debut de AyahuascA, un trabajo que se publicó el pasado día de difuntos. Se trata de un disco conceptual publicado por el sello australiano Salty Dog Records titulado Naad, donde se nos explica qué es Naad: una entidad antropomórfica que representa el aparato auditivo del universo y la capacidad de escuchar nuestras propias emociones. La voz de Domiziana Pritchard nos irá conduciendo por ese viaje de descubrimiento a través de sonidos psicodélicos durante 10 cortes de inspiración sesentera y cabaretera deudora de gente como The Doors.

Hace unos días, el 25 de octubre, los madrileños Grim Comet publicaban su nuevo trabajo: Afterlife, así que lo he celebrado comprándome toda su discografía en Bandcamp. Siguen mostrando una evolución que los aleja del sonido más doom metal de sus inicios y los acerca a sonoridades más rockeras. En este nuevo trabajo abren ya con un riff crudo decorado con toques de slide sureño y bluesero que no puede sino evocar al gran Billy Gibbons de ZZ Top y si bien hay guiños durante todo el LP a los Corrosion of Conformity más rockeros o a los Metallica en su etapa Load/Reload, el disco parece por momentos querer incorporar elementos del hard rock más crudo y de la depresión grunge noventera, con detalles donde parecen lanzar guiños a bandas tan diversas como Soundgarden, Candlebox, Pearl Jam, Bush o hasta Chris Rea. Con todo se trata de un trabajo muy variado en el que se han dado el gustazo de experimentar en muchas direcciones musicales.

Y a Vigo nos vamos para cerrar la entrega de esta semana con Mano de Piedra, que también han publicado largo debut estos días (previamente habían sacado un EP hace como cosa de dos años). Algunos les han catalogado como la resurrección de los míticos Supa Scoopa por la presencia de su guitarrista Mano, pero aunque molaría tener a otros Supa Scoopa no será en este proyecto donde vayas a encontrarlos pues Mano de Piedra tienen un sonido mucho más brutote y metalero. Today’s Ashes navega más por las aguas de un sludge metal  que no hace ascos a tomar prestados elementos del death ‘n roll, el metalcore o del doom. Un disco de metal agresivo y contemporáneo con una gran producción de Iago Alonso que les sitúa como una de las bandas más interesantes que seguir en el cercano 2020.

Musiqueando 13 (20191023)

Después de la anterior entrega del Musiqueando dedicado a bandas sonoras, y de otras tres anteriores monotemáticas vamos a volver al desordenado esbardalle musical habitual, para que los del postureo normi en Twitter me puedan seguir llamando elitista. La primera canción, a manos del violinista Patrick Contreras, que sirva un poco de introducción para el siguiente bloque:

Funkadelic son cosa tremenda y llevo demorando doce Musiqueandos el dedicarles unas líneas. Sí, en mi cabeza ya estaba hablar de su legado en la primera entrega pero por unas cosas y por otras, que si novedades una semana, que si artículo temático otra… ahí se quedó en el tintero. La historia del grupo es curiosa: nacieron en 1964 como un proyecto paralelo de George Clinton con el que telonear a su banda The Parliaments (posteriormente se convertirían en Parliament por temas legales) y comenzaron a llamarse Funkadelic allá por el ‘68 tras una serie de disputas legales con la discográfica. En sus inicios bebían mucho de la psicodelia de Hendrix y Sly & The Family Stone y de hecho sus tres primeros discos, tres discazos esenciales, están muy en esa línea que fluctúa entre el rock más ácido y el soul psicodélico: el homónimo Funkadelic, el Free your Mind… your ass will follow y la joya de la corona de su primera etapa que a su vez marca el fin de esta, Maggot Brain donde por última vez compartían guitarras Eddie Hazel y Tawl Ross. Los setenta continuarían con varios cambios de formación, con la resurrección de Parliament que alcanzarían el éxito durante la moda del disco-funk y separándose de la psicodelia y el rock para acercarse más al funk puro, añadiendo según la etapa elementos disco o boogie. Tras una serie de discos aceptables pero sin la brillantez épica de su primera etapa a finales de esa década publicarán otras dos auténticas joyas: el conceptual y musicalmente muy variado One Nation Under a Groove de 1978, donde repasan a fondo su propia mitología funky y donde se marcan uno de mis solos guitarreros favoritos en el tema Who Says a Funk Band Can’t Play Rock, y el más discotequero Uncle Jamm Wants You, disco que marcaría profundamente los inicios del rap y el hip-hop, del que extrajeron bases raperos como De La Soul, Ice Cube o Dr. Dre y del que tomaron su nombre el colectivo de dj’s Uncle Jamm’s Army. En 1980 habría una escisión en el núcleo de Funkadelic que se separaría en dos bandas: una liderada por Clinton que en 1981 publicaría el notable The Electric Spanking of the War Babies y otra con el resto de vocalistas que sacarían el bastante mediocre Connections & Disconnections. Las disputas legales por el nombre y la pérdida de interés comercial en el disco-funk llevarían a la desaparición del grupo. Pasarían 26 años hsta tener nuevos discos de Funkadelic: en 2007 el By Way of the Drum, con material originalmente grabado para un disco de 1983 que no llegaría a publicarse en aquel momento, y en 2008 el Toys, que contenía temas rescatados de demos inéditas de los ’70. Habría que esperar a 2014 para tener un disco con material realmente nuevo: First Ya Gotta Shake the Gate, un disco triple compuesto por 33 canciones en referencia a los años pasados desde su último disco original. Con una orientación más R&B este disco cuenta con la colaboración de dos de los nietos de Clinton, una casi poética muestra de cómo han pasado los años desde el nacimiento de su nación funkadélica.

Mdou Moctar ha sido uno de mis últimos descubrimientos en uno de esos directos de la KEXP. Un guitarrista, cantante y compositor tuareg que desde Níger comenzó a practicar una fusión de un pop-rock deudor del estilo de Mark Knopfler con sonidos y técnicas de la música tradicional bereber y del folclore hausa, cantando tanto en lengua tamashek como en inglés. Comenzó como cantante en bodas y eventos privados y grabó en 2008 su primer disco, un trabajo nunca publicado oficialmente pero que se distribuyó por el Sahel a través del intercambio de tarjetas de memoria o de ficheros de audio almacenados en teléfonos móviles. Tras eso aparecería en un par de recopilatorios que recogieron esos temas que se almacenaban y distribuían por medio de la telefonía móvil para darles salida a los mercados occidentales, consiguiendo una buena acogida que le llevaría a grabar su segundo trabajo en 2012 que ya se distribuiría por canales convencionales y a nivel mundial. Después de publicar aquel disco ha tenido una larga y prolífica trayectoria. Su último trabajo de este mismo 2019, Ilana: The Creator, le aproxima a sonoridades ácidas y del rock psicodélico fusionadas con sus raíces en la música bereber.

Los tejanos Crypt Trip estarán esta semana de gira ibérica. El power-trio publicó en la primera mitad del año Haze Country con el sello Heavy Psych Sounds donde su hard rock de inspiración retro a lo Cactus y con alguna concesión a la psicodelia se conjuga con elementos del rock sureño de Lynyrd Skynyrd o los Allman Brothers, algo de boogie vacilón de ZZ Top y The Georgia Satellites y mucho del country rock de Marshall Tucker Band o The Byrds. Una mezcolanza sureño-estadounidense que en otro tiempo les podría haber proclamado sucesores de los Black Crowes pero que hoy por hoy no encontrará el apoyo mediático para abrirse a grandes mercados. Pasarán desapercibidos para la mayoría de la prensa pero no deberían hacerlo para los amantes del rock más clásico, pues su sonido sin renunciar a unas claras raíces setenteras es fresco y variado, saben inspirarse de muchos sitios sin sonar a copia de nada y eso, hoy por hoy, es de un tremendo mérito.

Y si seguimos por la senda de las novedades vamos a mirar para Alemania pues los berlineses Kadavar celebran su noveno aniversario lanzando su quinto trabajo en estudio: For the Dead Travel Fast. Poco a poco en sus directos y también disco tras disco han intentado mostrarse más técnicos y virtuosos y han tratado de hacer mayores alardes de técnica, su evolución siempre ha apuntado en esa dirección. Su nueva entrega  se aleja de los riffs más crudos y desnudos para apostar por canciones con pasajes atmosféricos, con mayor teatralidad, líneas vocales más barrocas y trabajadas y elementos heredados del rock sinfónico y progresivo que añaden a sus riffs de magisterio sabbathico. Lento, pesado, con pasajes que parecen hacer guiños a Rush o a Genesis pero sin querer alejarse demasiado de Iommi o Pentagram, probablemente se trate de su disco menos directo, una apuesta que tal vez les aleje un poco de los seguidores de The Sword y les acerque más a los fans de Dead Meadow, un cambio tranquilo, evolución progresiva sin ruptura radical.

Y vamos a cerrar la entrega con una versión curiosa: en los años 60-70 en Perú se popularizó la fusión de la cumbia con elementos de géneros que estaban triunfando en la música popular anglosajona, véase soul, rock y psicodelia. Por un lado daría discos muy interesantes, de los que hablaremos otro día con calma, y por otro lado esta tendencia quedaría soterrada por una evolución del género a sonidos más bailables y menos densos. Mustard son un grupo de músicos españoles afincados en Reino Unido que han querido recuperar parte de ese espíritu, aunque su música va más en un rollo electrónico minimalista incluyen elementos latinos que ellos definen como electrofolk. Aquí queda su versión del popular Cariñito que compusieran allá por los 60 Los Hijos del Sol.

Musiqueando 12 (20191007)

En la última entrega del musiqueando estuvimos hablando de grupos italianos contemporáneos pero, en el texto introductorio, hubo espacio para recordar algunas de los más exitosos movimientos musicales surgidos en ese país con, como es lógico, una especial mención al rock progresivo de los años 60-70. En los comentarios a la publicación en Facebook un amigo mío recordó a los Goblin, grupo que realizó múltiples bandas sonoras para gente como el mítico Dario Argento. Según se cuenta compusieron la banda de Profondo Rosso en una noche y la grabaron en un día (con algo de trampa pues trabajaban ya sobre material compuesto por Giorgio Gaslini, el encargado original de la BSO que había sido despedido por Argento). En aquel momento se llamaban Cherry Red y decidieron cambiar de nombre, en principio puntualmente, para grabar la banda sonora. Al ser esta su mayor éxito hasta el momento decidieron seguir con ese nombre y con las colaboraciones con Argento, quien les encargaría la banda sonora de su siguiente película: Suspiria. Esta se convertiría en la obra maestra del grupo y les elevaría al olimpo musical italiano. Más adelante vendrían otras bandas sonoras como la de la versión europea de El Amanecer de los Muertos de Romero, La Via Della Droga de Castellari o la polémica Perché se uccidono, que firmarían con el pseudónimo Il Reale Impero Britannico. Con múltiples cambios de formación e hiatos se han mantenido en activo hasta la actualidad, combinando discos conceptuales con bandas sonoras y manteniendo su sonido entre el rock progresivo y lo atmosférico.

Vamos a seguir con grupos que han dedicado gran parte de sus carreras a la producción de bandas sonoras y, sin salir de Europa, volamos algo más al norte, a Alemania. Allí nos esperan los miticos Tangerine Dream. Comenzaron su carrera con un rock progresivo atmosférico que acabó derivando en música electrónica y new age. Otra agrupación que ha cambiado mucho de músicos y que sigue activa y vigente (la popular Black Mirror:Bandersnatch de Netflix tenía varios temas suyos). Entre su variada producción cinematográfica mi favorita es la banda sonora de Near Dark, una película de Kathryn Bigelow de 1987 que combina vampiros, western y ambiente gótico-electro dark, éxito de crítica y película de culto con el paso de los años que fracasó en taquilla en su estreno. El trabajo de los alemanes, como era de esperar, es sutil y minimalista, ayudando a construir las tensas y efectivas atmósferas de la película con pasajes cargados de sintetizadores.

En 1991 Richard Thompson se encargó de la banda sonora de la película australiana Sweet Talker, un trabajo que describiría como uno de los más arduos y problemáticos de su carrera y que hizo que el guitarrista inglés decidiera no volver a grabar bandas sonoras. Trece años después Werner Herzog, uno de sus directores predilectos, le pidió a Thompson que compusiera una banda sonora para él, para la película Grizzly Man, en la que contaría también con la colaboración de su amigo y ocasional colaborador Henry Kaiser como productor. No fue capaz de negarse. Fiel a su estilo de hacer las cosas de forma poco predecible y tópica Thompson se gastó la mayor parte del presupuesto en comprar los derechos del tema Coyotes, de Don Edwards, que cerraría la película. Para el resto de la banda sonora Thompson juntó a un grupo de músicos con los que ya había colaborado en el pasado y, durante dos días, se dedicó a improvisar jams sobre las escenas de la película. El resultado final fue una excelente colección de temas de folk-rock que casan perfectamente con el espíritu del film.

Siguiendo por la vía folk cambiamos el cine por la televisión. Channel 4 y Grampian Television en 1988 realizaba una serie documental en tres episodios sobre los gaélicos escoceses, su cultura, su legado y su emigración: The Blood is Strong. La banda sonora corrió a cargo de una de las más importantes bandas del folk-rock de las Highlands: Capercaillie. En aquel momento contaban con solo dos discos de folk escocés en una onda muy tradicional y es a partir de esta banda sonora cuando comienzan a experimentar agregando sonidos contemporáneos, con influencias del funk, el pop o el rock. Tras su etapa de más éxito comercial en los 90, cuando Coisich a Ruin se convirtió en el primer tema en gaélico en entrar en el top 40 inglés, el disco sería reeditado con seis bonus tracks aprovechando el tirón del grupo para relanzar la serie en VHS.

Este año hablar de cine y rock era hablar de Queen y el exitoso biopic Bohemian Rhapsody, pero la relación de la banda británica con el celuloide viene de largo. Varios temas de A Kind of Magic se utilizaron en la banda sonora de Los Inmortales y también fueron una de las bandas incluidas en la banda sonora pop que se recopiló para la versión restaurada de Metropolis. Pero antes de todo eso, en 1980, Queen realizaron una banda sonora completa. Apareció entre el exitoso The Game, que marcó un giro de la banda hacia un sonido más domesticado, y el Hot Space, seguramente su disco más flojo. La película era Flash Gordon, un relanzamiento del popular personaje de tebeos space opera de King Features Syndicate. Además de una pieza más comercial como tema principal, el exitoso single Flash’s Theme, el disco se compone de piezas cortas donde usaron muchos más sintetizadores de lo habitual en ellos para acompañar las escenas como música incidental. Un trabajo controvertido que para algunos es notable y para otros de lo peor de la producción de la mítica banda.

Y siguiendo con bandas de rock populares y míticas firmando bandas sonoras puntualmente nos vamos a los EEUU al año 1984. Toto habían arrasado en ventas, crítica y entregas de premios con su disco IV y a David Lynch le habían encargado llevar Dune al cine tras el abortado intento de Jodorowsky. El productor De Laurentiis encargaría la banda sonora a los Toto, quienes realizarían un excelente trabajo instrumental contando con la orquesta sinfónica de Viena y el coro de la Casa de la ópera de Viena, dirigidos por Marty Paich, padre del teclista David Paich. El disco, con una orientación más progresiva que la mayoría de piezas de su discografía, incluyó también un tema de Brian Eno, de quien se dice que había compuesta toda una banda sonora que fue finalmente rechazada a excepción de esa pieza y alguna música incidental de fondo.

Y para cerrar este recorrido nos vamos a revisar la producción de Mark Knopfler. El guitarrista de los populares Dire Straits ha firmado por su cuenta 11 bandas sonoras hasta el momento, comenzando en 1983 con Local Hero, que incluía uno de sus temas más reconocibles: Wild Theme. Pero si hay una que me gustaría destacar sobre el resto es la de La Princesa Prometida, de 1987. No solo porque el pop elaborado que Knopfler desarrolla en sus temas capture a la perfección el concepto de fantasía romántica de la película, sino porque también incluye una colaboración con el legendario Willy DeVille en el tema Storybook Love y por una anécdota absurda que me hizo mucha gracia que suele contar Rob Reiner: cuando intentó convencer a Knopfler de grabar la banda sonora este le puso una condición bastante peculiar, quería que la gorra que Reiner lleva en This Is Spinal Tap saliese en la película. Reiner aceptó y la puso en la habitación del nieto, aunque posteriormente Knopfler reconocería que no se lo pidió en serio, que fue una broma y que nunca esperó que le fueran a hacer caso en esa petición.

Musiqueando 11 (20190923)

Si la anterior entrega del Musiqueando estuvo en clave ibérica esta vez nos vamos a otra península europea: la Itálica. A nivel comercial las dos tendencias de la música italiana más conocidas fuera de sus fronteras han sido sus cantantes melódicos/moñas y su música disco bailable allá por los ‘70-’80 (con Raffaella Carrá siempre en nuestro corazón). También es la nación responsable de la más abyecta perversión del heavy metal: el power metal italiano de finales de los 90 encabezado por los entonces llamados Rhapsody, a secas (luego Of Fire, Luca Turillis’, etc.), y tuvo su muestra más caricaturesca e hiperbolizada con Skylark. Por otra parte los estudiosos del rock progresivo no dejarán de señalar que entre los 60 y 70 Italia gozó de una escena de tremenda técnica, creatividad y espíritu artístico que nos trajo a bandas como Biglietto Per L’Inferno, Premiata Forneria Marconi, Banco del Mutuo Soccorso, Alphataurus, Area o Le Orme capaces de parir verdaderas obras maestras del género que pueden mirar de tú a tú a los mejores trabajos de Pink Floyd o King Crimson. Y creo que para empezar este pequeño recorrido por lo contemporáneo lo mejor será arrancar con un clásico que recoge mucho de la tradición italiana, un camaleónico músico que ha tocado muchos de estos palos: Franco Battiato interpretando una de las baladas más bonitas y delicadas que se hayan escrito en los últimos 30 años: Le Sacre Sinfonie del Tempo

Fundados en 2014 en Padua en la región del Veneto, la patria del tiramisú, Messa son todo lo contrario al famoso postre italiano: si el dulce es una delicia que nos eleva el ánimo la música de Messa es una constante maldición intentando torpedearlo para que baje hasta las profundidades abisales. Combinan doom metal, black metal y algo de progresivo para un sonido que oscila entre partes cristalinas y melódicas con verdaderas tormentas de fango metalero inspiradas por nombres como Windhand o The Devil’s Blood. Hasta el momento presentan dos discos y un EP en su discografía y este mismo verano fueron una de las bandas que se unieron al proyecto fílmico Planet of Doom.

Mi historia con Giöbia es curiosa. Tocaban el tercer día del Sonic Blast, no los conocía y no pensaba verlos sino que aprovecharía el rato para sentarme y tomarme una birra con martini. Pero un colega alemán se cruzó en mi camino y me dijo que tenía que verlos, así que me fui con él al recinto de la piscina. Resultó ser una banda muy curtida, cerca de 20 años de carrera, de la zona de Milán. Han publicado cuatro LP’s, entre los que destacan Magnifier e Introducing Night Sound, varios 7” y un directo recogido en el Freak Valley de 2017. Su sonido es atmosférico, psicodélico y algo oscuro, beben del space rock de Hawkwind, del shoegaze británico de los primeros 90, el pop de inspiración Mod de los 60 y de una psicodelia de toques minimalistas. Recientemente ficharon por el sello Heavy Psych Sounds de Gabriele Fiori, con el que reeditarán varios de sus trabajos.

Los friulanos Lizard Queen desde la ciudad de Gorizia reparten toneladas y toneladas de humeantes riffs de stoner metal de inspiración desértica. Guitarrazos repetitivos, directos y machacones cargados de fuzz para una temática letrística muy marcada por las experiencias de evasión y alucinaciones derivadas del uso de alucinógenos. Comenzaron en 2013 como proyecto paralelo de un miembro de la banda de stoner DEEP y desde aquella han publicado dos discos, de los que el segundo fue reeditado en 2018 con todos los temas remasterizados. Un ep de tres temas con un regusto más blues completa una discografía que ofrecen de forma gratuita, pudiendo pagarse “la voluntad”, en su página de Bandcamp.

Segumos con un dúo modernillo de batería y guitarra inspirado por The White Stripes, The Dodos o The Black Keys, los Bud Spencer Blues Explosion, abreviado BSBE, se bautizaron con mucho humor  juntando a la banda legendaria del punk-blues alternativo Jon Spencer Blues Explosion con el mítico y nunca suficientemente ponderado actor italiano Bud Spencer. Nacidos en Roma en 2006, combinan blues-rock con pop indie y algún ramalazo de rocanrol. La banda formada por Adriano Viterbini y Cesare Petulicchio ha publicado ya cinco largos, el primero de los cuales se publicó solamente dos meses después de la formación del grupo, gozando de gran apoyo por parte de la prensa musical italiana.

Galaverna son puro paganismo musical, un folk rock acústico y apocalíptico inspirado por gente como los reverenciados británicos Comus, que seguramente sean su referente más claro y directo, o los holandeses Omnia, incluso cercanos a Sangre de Muérdago o incluso a una versión oscura de Labanda e incluso la flauta me haría pensar en grupos más rockeros como Ñu o Jethro Tull. No hace mucho que publicaron su debut Dodsdans, un trabajo que nos transporta a oscuros bosques alpinos y a olvidados rituales pre-romanos a través de su sonido donde el folk de raíz centroeuropea se tiñe de sus matices más oscuros, con algún guiño a la psicodelia.

Y acabamos el recorrido itálico en Piamonte, en la ciudad de Tortona. Allí a finales de los 90 surgieron Ufomammut, una banda que ha oscilado entre el más pesado sludge metal y el más denso drone-doom. Han pasado 20 años sin cambios de formación, girando habitualmente por toda Europa y publicando la nada desdeñable cifra de 10 discos. Su estilo se caracteriza por el uso de ritmos de batería lentos y marcados, riffs complejos ejecutados con tremenda precisión, canciones compuestas por partes muy diferenciadas y voces muy agresivas y desgarradas. Por sus influencias y sonido les pondría en el barco de Neurosis, Eyehategod o algunas cosas de los Melvins.

Musiqueando 10 (20190907)

Tras la edición especial Sonic Blast volvemos a la tónica habitual del Musiqueando en su ya décima entrega, esta semana vamos con una aproximación musical de corte iberista. Empezando porque hace unos semanas el músico portugués José Cid se llevó un Grammy Latino reconociendo su larga trayectoria. Aunque generalmente yo de los Grammy paso millones porque no me parecen premios con mucho criterio y aunque no toda la trayectoria en global de Cid me entusiasme, siendo en general demasiado pop para mi gusto, sí le tengo que reconocer que su disco 10 000 Anos Depois Entre Vénus e Marte de 1978 es una verdadera joya del rock progresivo y sinfónico, un disco atemporal y sobresaliente, como también le reconozco el valor que tuvo al recuperar fados y otros géneros tradicionales portugueses y experimentar combinándolos con jazz, blues o pop.

The Black Wizards tienen nuevo disco recién salido del horno y ya sabéis que aquí somos muy de The Black Wizards. Si las guitarras de Joana Brito y Paulo Ferreira comienzan a combinarse, enlazarse y llenar el silencio con su distorsión aquí estaremos para acercar la oreja hacia lo que nos puedan ofrecer. Continúan evolucionando de una forma lógica pero muy marcada de un disco a otro. Reflections nos trae un sonido menos retro que sus predecesores, menos pesado, más limpio y onírico, con menos blues rock y más psicodelia e incluso algún guiño al rock alternativo y al space rock. Hay piezas como Starlight que son un paseo por las nubes, también alguna descarga rockera más enérgica como Symphony of the ironic sympathy o Imposing Sun e incluso alguna verdadera orgía sonora como Kaleidoscope Eyes. Un paso más en la evolución de una de las bandas más punteras del panorama ibérico, todavía joven pero ya con unas tablas y una trayectoria a considerar.

Un descubrimiento de la última semana, por medio de un amigo que lo publicó en Facebook, fueron los Derby Motoreta’s Burrito Kachimba. Ellos definen su música como “kinkidelia” y combinan influencias del flamenco y el rock andaluz con géneros como la psicodelia, algo de progresivo y kraut rock. Tienen un solo disco, cortito en la duración pero una joyita de principio a fin. Diría que junto a Atavismo y Quentin Gas & Los Zíngaros conformarían el triunvirato que está recuperando y rejuveneciendo de manera más que notable el rock andaluz que llevaba demasiado tiempo olvidado.

Por cierto que buceando por el Bandcamp me encontré con single que no conocía de The Wizards, la que para mi es la mejor banda de metal de la Península Ibérica hoy por hoy. Valoraciones y fanatismos aparte me encontré con un single de dos temas tributo a Danzig. Versionan Soul on Fire y Tired of Being Alive. Dos buenas versiones de uno de sus grupos referentes (y de mis grupos referentes también, ya sabéis que los tres primeros discos de Danzig son bíblicos para mi). Indagué un poco y me encontré con que el sencillo fue editado en formato físico originalmente en 2017 como regalo para los 250 primeros asistentes a su concierto en el Kafe Antzokia de Bilbao en junio de 2017, posteriormente lo pusieron a la venta en descarga digital por “la voluntad”. Merece la pena darle una oída, no solo por completismo.

Y vamos a seguir por Euskadi con otra de las mejores bandas salidas de ese país: Su Ta Gar. Un grupo versátil que comenzó en el speed metal, se endureció por terrenos cuasi groove y que posteriormente ha llegado a publicar un disco de rock con material predominantemente acústico. Que son unos musicazos capaces de tocar diversos palos siempre con elegancia, calidad, buen gusto e impecable ejecución ya lo sabíamos desde hace años, como sabíamos algunos de su implicación con proyectos deportivos de su Eibar natal. Pero lo que no me esperaba es que llegaran a grabar un tema para el equipo de fútbol local, la SD Eibar que actualmente disputa La Liga, la máxima categoría del fútbol en España. Esta temporada además de los goles la hinchada también podrá corear un himno a golpe de heavy metal.

Y acabamos de nuevo en Portugal con Jesus The Snake. Ya los mencioné en la entrada sobre el Sonic Blast y esta semana vuelvo a traer a estos muchachos de Vizela al frente porque estuve escuchando más en profundidad su primer largo, publicado en el mes de julio: Black Acid, Pink Rain. Su rock psicodélico con influencias kraut, prog y space destila genuina devoción, casi fervor religioso, por Pink Floyd o Camel, aunque también con influencias más modernas como Colour Haze o Causa Sui. Ese sonido de guitarra no quiere ocultar la pasión por David Gilmour, no es que no lo disimulen, es que un tema se llama Floyd’s y va seguido de otro que se llama Floyd’s II. Su propuesta instrumental nos plantea un viaje íntimo, sutil y elegante a terrenos de plena evasión espiritual. Un disco para soñar y dejarse llevar.

Musiqueando 9: Especial Sonic Blast 2019 (20190812)

Esta entrega va completa del Sonic Blast Moledo 2019, como ya es tradicional en el último lustro en este blog. Por seguir con las tradiciones los vídeos están sacados del canal de elgranguru666 quien documentó algunos de los conciertos de esta edición y donde podéis ver más vídeos que los aquí incrustados.

El jueves 8 llegaba al festival del “sun, beach, surf and heavy riffs”, pero el “sun” estaba oculto tras unos nubarrones de oscuro gris que te quitaban las ganas de “beach” y “surf” y que te hacían temer por cómo se desarrollaría lo de los “heavy riffs”. La previsión de lluvia obligaba a la organización a prescindir del icónico escenario de la piscina pasando todos los grupos al escenario principal. Tras escuchar de lejos y de fondo a unos muy interesantes Jesus The Snake (recomiendo profundizar en la trayectoria de esta banda) y tras un rato de relax nos encaminamos varios colegas hacia el escenario con la intención de ver a las suecas MaidaVale… y ahí nos encontramos con el primer punto negro del festival: bajo un intenso chaparrón el concierto no comenzaba, pasaban los minutos, arreciaba el temporal de viento y agua y allí no aparecía nadie. Tras 45 minutos de espera sobre la hora planificada, y tras la confirmación de uno de los técnicos de sonido de que literalmente no sabían a qué hora estaría el grupo, nos fuimos a nuestro alojamiento a cambiarnos la ropa empapada. Lógicamente no estoy diciendo que la organización tenga la culpa de que llueva ni de que el viento provocase retrasos en los vuelos de varios grupos, pero sí creo que visto el panorama y sabiendo que el grupo llegaría tarde (porque MaidaVale publicaron en su facebook que su vuelo se había retrasado y que no podrían llegar antes de las cinco en ningún caso) avisar al público de que habría un parón hasta que la banda pudiese llegar y se calmase un poco el tiempo habría sido lo lógico: había megafonía, había una pantalla encendida en el escenario y había redes sociales. Al final por cambiarnos la ropa y volver al recinto cuando se reanudó el festival, unos 100 minutos después de la hora planificada originalmente, solo pudimos escuchar un tema de las suecas. Tras ellas los fantásticos japoneses de Minami Deutsch hicieron un concierto muy corto, solo tres temas que apenas llegaron a la media hora seguramente recortado en un intento de reducir el retraso que se acumulaba. Rápidamente salían a escena The Devil and the Almighty Blues con su sonido psicodélico, bluesero y pesado estilo Clutch pero con un intenso toque de oscuridad y humedad de su Noruega natal, firmaron un concierto de nivel notable aunque creo que también algo más corto de lo esperado por el retraso que intentaban recortar. Seguíamos por tierras escandinavas, por su vecina Suecia, con Lucifer, el grupo de proto-metal setentero del legendario Nicke Andersson (batería de Entombed, guitarra/voz en Hellacopters, batería y voz en los efímeros pero icónicos Super$hit666 ¿se puede ser más mítico?) y su pareja la vocalista Johanna Sadonis (cantante de los tristemente olvidados y nunca bien ponderados The Oath, que tristemente solo duraron un disco). El concierto comenzaba repasando su segundo y más reciente trabajo mientras la lluvia se hacía más intensa, durante su versión del Snowblind de Black Sabbath puse en una balanza mi devoción por el señor Andersson, que estaba destilando clase tras los parches, y el riesgo de catarrazo por seguir mojándome así… y será cosa de la edad pero huí cobardemente a medio concierto, con mucho pesar y paso ligero para no mojarme más. Segundo cambio de ropa empapada y a esperar a que se calmase el tiempo cenando y comentando los primeros bolos vistos. Cuando paró la lluvia me había perdido a Monolord y ya comenzaban Earthless, quienes se marcaron un concierto que me pareció más ameno que el del año anterior, no se si por estar menos agotado yo o porque realmente sus largas jams salvajemente psicodélicas estuvieron en esta edición más inspiradas. Cerraron su concierto invitando a Nicke Andersson a tocar con ellos City Slang, una versión de Sonic’s Rendezvous Band que ya había versionado en su día con los Hellacopters. Tras ellos seguramente el grupo al que le tenía más ganas de esta edición: Graveyard. Su setlist se nutrió principalmente de su último trabajo, Peace, y de su obra más querida y reconocida, Hisingen Blues, del que recuperaron hitos como el tema título, The Siren o la mítica Uncomfortably Numb. Su añejo y rudo blues rock siempre resulta un regalo a través de la voz de Joakim Nilsson. Acabó el día con los portugueses Solar Corona ya casi a las tres de la mañana, una combinación de stoner y space rock con guitarras cargadas de efectos y el añadido de un saxo que dota de gran originalidad al grupo.

Kaleidobolt

Viernes 9, la lluvia nos da una tregua y solo nos deja unos puntuales chaparrones mañaneros. Mientras comemos escuchamos de fondo a los más que recomendables O Bom O Mau e o Azevedo con su fusión entre surf y psicodelia y, tras ellos, el stoner con enérgicos dejes punk de la banda de Braga Mr. Mojo. Los destrozos del viento del día anterior provocaron que el icónico escenario de la piscina permaneciera cerrado también ese día tocando de nuevo todos los grupos en el escenario principal. Al recinto subí puntual para disfrutar de unos de los pioneros del stoner ibérico: los andaluces Viaje a 800, una banda que lleva activa en el mundillo de la música pesada y psicodélica desde principios de los 90, de depurada ejecución técnica estuvieron sobresalientes en el plano instrumental llevando al público a levitar por dimensiones paralelas (aunque por veces en sus letras sea una banda que me cojea bastante). Con un volumen atronador, puede que la banda que sonó más alta en toda la edición, les siguieron los finlandeses Kaleidobolt que presentaban su reciente trabajo Bitter, publicado en mayo, fusionando complejos elementos de jazz y rock progresivo con descargas más agresivas de rock psicodélico de inspiración retro, alumnos de unos King Crimson a los que rindieron homenaje con una versión extremadamente personal de 21st Century Schizoid Man para cerrar su show. No me fijé en los cambios en los horarios anunciados a través del Facebook del festival y decidí aprovechar el siguiente concierto para buscar una sudadera para protegerme del frío nocturno y comer algo. Pensaba que me perdería parte de Stoned Jesus pero resultó que estos habían intercambiado su posición con Belzebong, por lo que me quedé sin escucahr casi entero el concierto de los polacos, con gran pesar. Tras ellos el refrescante combo entre hard rock y heavy metal macarra y motero de los británicos Orange Goblin puso una nota de color en el festival, repitiendo un enérgico espectáculo como el que dieran dos años atrás en ese mismo escenario, repasando temas de todas sus épocas como Red Tide Rising, Some you Win Some you Lose o Demon’s Whip y rindiendo tributo a sus amados Mötörhead con una versión de No Class. Tras el fiestón de Orange Goblin llegaban unos Stoned Jesus que también repetían en el festival y que realizaron un concierto bastante irregular. Creo que los polacos eligieron un set list demasiado pausado tras la avalancha de rocanroleo anterior y que la coñita del guiño al tan cacareado nuevo tema de Tool durante I am the Mountain arruinó, por lo menos para mi, el que creo que es el tema más destacable de esta banda. Era la cuarta vez que les veía y creo que la que menos me gustó, aunque intentaron levantar los ánimos cerrando con uno de sus temas más directos y sencillos, Here Comes the Robots, yo ya me había venido abajo. Me recogí y el concierto de los quebequeses Dopethrone lo escuché ya desde cama, no soy gran fan de su brutal sludge metal pero reconozco que sonaron bastante enérgicos y que ejecutaron muy bien sus temas. Cuando salía del recinto percibí el otro gran problema de esta edición: la zona de las letrinas apestaba, los baños estaban extremadamente sucios y la empresa contratada para la instalación y mantenimiento de los mismos no se había molestado lo mínimo en limpiar. Una falta imperdonable para un festival de esta trayectoria, con varios años ya a la espalda y que este año encaraba su primera edición de tres días.

Viaje a 800

Y llegaba el sábado 10, por fin el sol asomaba entre las nubes y por fin escenario de la piscina. No llegué a escuchar más que apenas dos temas de Maggot Heart, la nueva banda de Linnéa Olson, quien fuera compañera de Johanna Sadonis de Lucifer en la banda The Oath, que presentaba su reciente trabajo Dusk to Dusk donde el heavy metal y el hard rock se dan la mano con el post-punk en una oscura conjunción. La fiesta en la piscina seguía con los mexicanos Cardiel, un power-duo de sludge metal con dejes punk, hardcore y hasta dub en cuyo directo destaca la impresionante presencia y energía de la batería Samantha Ambrosio. Les siguieron los italianos Giöbia para dar carpetazo al escenario pequeño, una veterana banda con más de 20 años de carrera a sus espaldas que tocaba por primera vez en Portugal y que navega entre el space-rock y el sonido kraut de finales de los 60, creando cortinas de sonidos evasivos con los que hacer viajar a la audiencia. Tocaba moverse al escenario grande para la gran traca final del festi. Arranca el post-metal instrumental de zapatilla blanca con dejes progresivos de los madrileños Toundra que hicieron que el público moviera sus cabezas a ritmo fúnebre. Tras ellos volvían también a Moledo los californianos Sacri Monti, presentando nuevo disco donde mantienen su pasión por la psicodelia de corte setentero y donde a base de guitarrazos cargados de fuzz y chaparrones de teclado nos desgranaron los temas de su segundo trabajo, Making Room for the Magic Hour. El doom metal wiccano de Windhand nos llevaba a un relajado paseo por devaneos de satanismo jipi envueltos en sus hipnóticos riffs de guitarra para completar un show tremendamente sólido que habría sido la banda sonora perfecta para un orgía salpicada de magia negra. Les seguían las leyendas del sludge metal Eyehategod desde Nueva Orleans: Jimmy Bower es un grande capaz de crear algunos de los riffs más cabrones del planeta, el batería Aaron Hill es otra tremenda bestia y el cantante Mike Williams aunque es bastante bocachancla en su interacción con el público, puede que como secuela de tantos años de exceso, es la única voz que puede uno imaginar para sus completamente desquiciados y caóticos temas cargados de cambios. Concierto brutal, pero yo diría que corto pues quedaron casi 50 minutos vacíos hasta la hora programada para la salida de Om. El grupo que nació como power-duo y proyecto paralelo de la base rítmica de los legendarios Sleep es ahora un trío donde el legendario Al Cisneros (es mi señor, nada me falta) se lleva el centro del escenario como bajista-vocalista, acompañado de un excepcional Emil Amos que ya hace más de una década que tomó el relevo de Chris Hakius en el grupo. Completa la formación el multiinstrumentista Lichens, quien se encarga de los coros, percusión, sintetizadores o algún instrumento de cuerda según el tema. Durante más de hora y media ofrecieron una experiencia evasiva al público a través de su sonido donde el drone y el doom se dan la mano con sonoridades minimalistas, sinfónicas o folclóricas orientales, indias o mediterráneas. A ratos cerré los ojos y me dejé llevar. Al acabar su concierto me recogí y a Domkraft les escuché ya desde la cama.

Eyehategod

Vamos con el resumen final. Empezamos con los puntos negativos: no avisar a tiempo de los retrasos del primer día por la lluvia, el exceso de celo del personal de seguridad que provocó colas largas por situaciones tan surrealistas como no dejar entrar a una persona con dos plátanos y, por encima de todo, la suciedad y el olor literalmente putrefacto en la zona de los baños. Tampoco habría estado de más una carpa dado que la lluvia se sabía más que probable con dos semanas de antelación, pero no se si era viable técnica y económicamente en ese recinto, aunque deberían tomar nota por si el año que viene se plantea similar.

Los puntos positivos: el cartel como siempre elaborado con un excelente criterio y variado dentro de un género definido, el ambiente tanto por parte de la gente del pueblo como del resto del público, la cerveza Imperial Porter del festival, que era un pelín cara pero deliciosa y con un ligero toque tostado a café (la IPA no llegué a probarla porque siempre que preguntaba en la barra me decían que ya estaba agotada) y los vales de bebida más chulos que haya visto nunca en ningún evento (Iommi manda, punto). 


Hasta aquí lo que ha dado de sí esta edición del Sonic Blast