Além do Minho: Siete bandas portuguesas que seguramente te estás perdiendo.

El otro día comentaba con un amigo que el estado-nación a veces crea una barrera difícil de saltar. En el estado español cuesta pensar en Portugal: a la hora de hacer negocios, a la hora de internacionalizar empresas, a la hora de plantear viajes vacacionales… Conozco a gente que cuando un grupo viene de gira a la península ignora las fechas en tierras lusas y acaba gastando un día de vacaciones en el curro para ir a Madrid, a ver un jueves a una banda que tocaba en Porto el sábado, una fecha que le convenía más en una ciudad que está más cerca. Pero la frontera, mental más que física o realmente cultural, para muchos está ahí.

Para la prensa musical española esa frontera también está muy presente, rara vez se habla de bandas portuguesas en ella. Dulce Pontes tuvo un cierto éxito mainstream en España a principios de los dosmiles, The Gift en el mundillo indie son importantes y en el metalero Moonspell son la banda portuguesa más conocida, aunque algunos recordarán también a Tarántula por un acuerdo de distribución que habían firmado con Locomotive Music y que les llevó a un par de festivales en España. Y finalmente nos queda la escena del metal extremo, donde sí que ha habido tradicionalmente más contacto y más flujo de bandas, al menos para la conexión concreta entre Galicia y Portugal, no siendo extraño poder escuchar a gente como Sacred Sin, Holocausto Caníbal, Dead Meat o Alcoholocaust, y siendo el SWR Barroselas un festival de referencia para todo fan de los géneros más brutales del noroeste peninsular. Como poco a poco también está convirtiéndose en referente el Sonic Blast para todo amante del stoner y la psicodelia,  y como lo han sido también durante años el NÓS Alive o Paredes de Coura para el público más pop.

En general parece que todo acaba en lo arriba citado. Bueno, a menos que seáis lectores de este blog donde la presencia de grupos portugueses es más habitual. Ya sea por mi tendencia política a un federalismo iberista, porque estudio portugués o por mi interés constante en ver nuevas bandas en directo, el caso es que me encanta saltar esa frontera. Y aprovechando estos días libres de los que dispongo he decidido preparar un pequeño artículo centrado en bandas portuguesas que, a pesar de ser muy interesantes, parecen pasar desapercibidas para la prensa musical del reino felipista. Un poco en la onda de los artículos que anteriormente había hecho sobre bandas gallegas. He intentado picar un poco entre varios géneros, aunque los lectores veteranos sabéis que dentro de mi eclecticismo hay una cierta línea coherente.

The Black Wizards: Una banda de la que ya hemos hablado varias veces en este blog y estamos viendo crecer. Con los 70 siempre entre ceja y ceja han ido pasando del protometal de su primer disco, Lake of Fire, a un sonido más psicodélico y setentero en …What the Fuzz?, girando por Europa para presentar ambos discos. Es un grupo para el que sólo tengo buenas palabras: su rock duro de tintes retro da la talla tanto en directo como en estudio, apoyándose en la destreza del cuarteto como instrumentistas y en la madurez de sus composiciones. Un caudal creativo donde el magisterio de Cream, Ten Years After, Jefferson Airplane, Black Sabbath o Grand Funk Railroad nos hacen pensar que los setenta están más vivos que nunca.

Billy Lobster: A lagosta do blues, el alter ego del músico portugués de ascendencia moldava Pavel Racu, se marca un “Juan Palomo” con su banda. Él se lo guisa, él se lo come. Guitarra en mano, micro en boca y batería a sus pies, no necesita más banda, él se encarga de todo para regalarnos un blues eléctrico y cargado de distorsión. Un blues honesto, sincero, auténtico, crudo, muy desnudo, directo. Su disco Boogie on the Fly, del que ya hablamos por aquí, es la mejor muestra de lo que te estoy contando. Esta sí que es honestidad brutal, y no la del Calamaro.

Lâmina: Lâmina no son sutiles, no son frágiles. Su stoner-doom es pesado y sólido, directo, el equivalente sonoro a darte de morros contra un bloque de hormigón. Sus canciones se construyen sobre riffs primitivos y monolíticos y ritmos de batería intensos y obsesivos. En su último trabajo, Lilith (que ya reseñamos por aquí) se nos muestran como dignos continuadores de la esencia que parieron en los 90 bandas como Monster Magnet, Melvins y, en general, todos aquellos que intentan alargar el legado musical comenzado en los 70 por Black Sabbath o Pentagram. Metal pesado de verdad, con raíces y mala leche, directo al grano para deleite del oído y perjuicio de las cervicales de sus creyentes.

Midnight Priest: Si algo ha quedado claro pasados casi 40 años del comienzo de la NWOBHM es que el heavy metal clásico, por muchos altibajos por los que pase, acaba perviviendo. El hard rock de pelos cardados, la depresión grunge, el un-metal korneado, el power metal bombástico de orquestas pregrabadas… se los lleva el viento mientras siguen apareciendo bandas clasicotas en el underground metalero. En caso de que el norcoreano y el cowboy irascible de la Casa Blanca se líen a petardazos nucleares sólo sobrevivirán al holocausto las cucarachas, los tardígrados y un centenar de bandas con elásticos de rayas y chalecos de parches. Midnight Priest son de esa raza de bandas, comenzaron siendo más speedicos y cantando en portugués, como una suerte de Running Wild de la costa atlántica. Hoy por hoy se han tornado más maidenianos y cantan en inglés desde su segundo larga duración, Midnight Steel. Aunque pienso que la banda ganaba mucha frescura cuando cantaban el portugués siguen siendo una muy buena banda de heavy metal a la que seguir la pista, con la que cabecear un rato como maníacos.

 

Quinta do Bill: Una banda veterana y de las más exitosas en Portugal. Fundada hace 30 años, publicaron su primer disco hace 25 y desde aquella han sumado varios discos de oro a su trayectoria, siendo un grupo que allí suele gozar de mucha presencia mediática, con sus singles en rotación constante por las radios. Su estilo folk rock con tintes pop de profunda influencia estadounidense, muy en la onda de Garth Brooks, te podría llevar a pensar que vienen del propio Nashville si no fuera porque cantan en portugués. Uno de sus temas más exitosos, Filhos da Nação, se convertiría en 2003 en el himno extraoficial del Porto de Mourinho, con la letra convertida en Filhos do Dragão. En 2013, también en Porto, darían un concierto para más de 100.000 personas en la Avenida dos Aliados y, en 2016, repetirían otro concierto masivo en dicha plaza para las fiestas del 25 de abril. Este 2017, durante su trigésimo aniversario, en Galicia han sido condecorados con el premio aRi[t]mar a la mejor canción en portugués.

Vircator: Entre el post-metal y el progresivo se mueven los Vircator, una banda de cuyo primer disco ya os hablamos por aquí y cuyo segundo trabajo, Sar-i-Sang fue publicado el pasado mes de septiembre. Su música atmosférica y compleja hace viajar al oyente por paisajes marcianos envuelto en ondas de amor cósmico, intercalando pasajes etéreos y psicodélicos con intensos crescendos de energía metalera. Un género que algunos etiquetarían de metal intelectual o de banda para mesarse las barbas mientras se degusta un café, pero también una propuesta musical con profundidad y criterio, densa pero no por ello aburrida.

Vítor Bacalhau: Liderando a un power trío cargado de buen blues rock eléctrico, el sureño (del sur de Portugal, no de los USA, que os veo venir) Vítor Bacalhau no pretende disimular la influencia del último Gary Moore, del Albert King más eléctrico, del siempre presente Jimi Hendrix y, de forma más que evidente, de Joe Bonamassa. Hace nada que ha publicado su último disco, Cosmic Atraction, una excelente pieza de blues rock más que disfrutable, con aroma a gasolina quemada y sabor a bourbon de Kentucky. No se pierde en pajas mentales, va al grano, no vuelve a inventar la rueda porque no hay que inventarla, esta ya gira tal y como está, como giran los grandes discos de los grandes guitarristas que le influencian. Un buen disco y un buen guitarrista.

Martin Eric Ain (18/07/1967 – 21/10/2017)

Ayer nos dejaba uno de los pioneros del metal extremo europeo, el bajista Martin Eric Ain. Nacido en los Estados Unidos en 1967 ganó fama como bajista de las míticas bandas suízas Hellhammer y Celtic Frost. Un paro cardíaco segaba su vida prematuramente.

Tuve la oportunidad de verle dos veces con Celtic Frost, ambas en la gira de presentación del que fue el último disco de los suízos, el Monolith. Y fue en la segunda, tocando junto a Kreator en Madrid en 2007, en la que se me quedó grabada una absurda anécdota, una anécdota que me apeteció compartir con vosotros al enterarme de la noticia: Durante todo el concierto era Martin quien se dirigía al público entre las canciones. En un momento dado empezó a bromear con que España era “el país de la inquisición y del Opus Dei“. El público aplaudió. Entonces comentó que él hacía años que no pisaba una iglesia, y que la última vez que lo había hecho fuera para asistir al entierro de su madre. En ese momento el público volvió a aplaudir, a rabiar. Estábamos casi en primera fila y pudimos ver la cara de poker de Martin ante la reacción, mientras tomaba conciencia de que la mayoría del público no entendía una palabra de lo que decía en inglés y simplemente aplaudían a cada pausa. Creo que no volvió a hablar en lo que restaba de concierto. Ahora me pregunto si hoy le habrá tocado pisar de nuevo una iglesia, de cuerpo presente, o si su voluntad sería tener un entierro laico. En cualquier caso, quede para el recuerdo su aportación al black y al thrash metal.

El Bandcamp de la quincena: Lâmina – Lilith (26/07/2017)

Otra vez llega tarde El Bandcamp de la Quincena, pero otra vez llega también cargado de calidad y con un disco recientito del todo.

Nos volvemos a Portugal esta semana, ya sabéis que en este blog nos encanta cruzar el Miño en dirección sur, para traer un disco largamente esperado… al menos por mi, que desde que vi a este banda en 2015 estaba esperando por una entrega en estudio de su música. Y es que Lâmina no se habían prodigado mucho en grabaciones, desde su nacimiento en 2013 y hasta este trabajo apenas había dos temas subidos a youtube, grabados en directo en su local de ensayo. Esos dos temas, Cold Blood y Big Black Angel, son los que abren ahora este Lilith.

Lâmina Lilith

Se han hecho esperar y han cocinado a fuego lento este disco debut, pero el resultado no podría haber sido más óptimo: siete piezas de contundente stoner doom, una ración de buen y sólido metal edificado sobre riffs a doble guitarra llenos de distorsión y wahwahs de alma psicodélica. La labor de frontman recae sobre Vasco Duarte, vocalista y guitarrista, aunque en sus directos es imposible no fijarse en la batería Catarina, aka Katari, una percusionista que no sólo empuja los temas con su contundente pegada sino que también aporta una dosis importante de carisma y presencia. Felipe Homem Fonseca completa la base rítmica con su bajo y Sérgio Costa se ocupa de la guitarra gemela que les da ese punto de fuerza.

Aunque su sonido bebe del rock duro de los 70, y los teclados añadidos al disco refuerzan esa influéncia, Lâmina tienen unos riffs y estructuras más metaleros que la mayoría de bandas de palo retro, valgan como ejemplo los riffs de los dos primeros temas antes citados o el de Education for Death. Tampoco temen lanzarse a largos desarrollos de temas complejos, presentando un tema de influencias indo-orientales y de más de 20 minutos como Maze o cerrando el disco con In the Warmth of Lilith, una canción de 9 minutos que han convertido en uno de los singles del álbum.  En total 7 temas para este LP.

 

Lilith es un gran disco debut para unos Lâmina que no han tenido prisa y han logrado grabar un trabajo excelso de calidad y sobrado de frescura. Una buena dosis de stoner doom pesado y metalero desde las orillas del Tajo.

El Bandcamp de la Quincena: Iron Spell – Electric Conjuring (25/06/2017)

Esta semana en El Bandcamp de la Quincena nos calzamos la chupa cruzada y las mallas de cebra para tomar un vuelo a Chile. Si la ultraliberal Inglaterra de la Thatcher fue la cuna de la NWOBHM, el ultraliberal Chile actual nos trae a una banda con clara reminiscencias a este movimiento.

Nacidos en Santiago de Chile en 2013, tras la agrupación de unos músicos ya veteranos, Iron Spell son una clara apuesta por el heavy metal clásico tanto a nivel de sonido como de estética. El quinteto chileno está formado por la dupla guitarrera formada por Fire Jack y Raiden Holmes, la aguda voz de Merciless, Steelhammer a los parches y el bajo de Rocko Van Roman.

Iron Spell

En 2014 publicaron su primera demo, titulada Heavy Metal Witchcraft, y en 2016 nos presentaron este primer LP titulado Electric Conjuring donde siguen la estela de otras bandas contemporáneas como White Wizzard y Enforcer, ofreciendo un heavy metal melódico y clásico, deudor de la NWOBHM, con mucho punteo a doble guitarra y de producción muy brillante, con patente influencia de Iron Maiden y de otras bandas británicas como White Spirit, Saxon o de la ola germana de los primeros ochenta como Warlock y los Scorpions pre “banda de baladas en masa”  de los primeros años de Matthias Jabs y hasta de grupos americanos como Riot o Warlord. En la parte vocal de hecho no puedo evitar acordarme de los primeros trabajos de los vallecanos Easy Rider, con Eugenio en la voz, creo que por la forma en la que dobla las partes agudas.

Un disco enérgico y clásico este Electric Conjuring, que nace con la pretensión de ofrecer una buena dosis de heavy metal directo y sin experimentos: “si funciona, no toques“, que suele decirse. Iron Spell es un nombre que esperamos seguir escuchando durante mucho tiempo, y sin que decaiga este espíritu.

El Bandcamp de la quincena: Bewitcher – Bewitcher (11/06/2017)

Hace cuarenta años los Portland Trail Blazers se proclamaban campeones de la NBA. Y hoy nos vamos para allá en El Bandcamp de la Quincena, pero no para hablar de baloncesto sino de metal de ese puro y sin alear.

Bewitcher son metal, muy metal y mucho metal, como diría cierto presidente español que, por otra parte, es bastante inútil mental (y que hace pareado). En estos tiempos de miles de etiquetas, de postureo moderneta, de metal posmoderno y de beber poleo-menta mesando la barbocha y el chichito tener a Bewitcher es como tener a Ortega y Pacheco en el FIB de Benicassim. Este power trio de Oregón no pretende inventar nada, sólo traernos fórmulas que ya conocemos pero que, por desgracia, a veces olvidamos.

Bewitcher

Bewitcher es metal clásico con mucha mala baba, ruidoso, jodón y con un extra de Satán. El precio del disco, 6.66 $, es una clara declaración de intenciones pero no la única: los nombres de sus miembros son Unholy Weaver of Shadows & Incantations (guitarra y voz), Infernal Magus of Nocturnal Alchemy (bajo y coros) y Diabolic Crusher of Hallowed Light (baterista por la gracia de Belcebú). Alguno dirá que lo de Satán ya está muy visto, pero a estos chavales no les preocupa. Ellos son de Satán, Satán mola, Satán te ama.

El disco se abre con unos sintes ochentosos que dan paso a la primera descarga de riffs, y a partir de ahí el pie no se levanta del acelerador, heavy metal veloz como las cuchillas de una picadura de carne. Escucha el gruñido que “empuja” el riff de Speed ‘Till You Bleed ¿No has pensado en Tom G. Warrior de Celtic Frost? La prehistoria del black metal, la de Hellhammer, Venom, Celtic Frost o los primeros Bathory está muy presente para estos chavales, pero sin limitarse a ello y asumiendo también el rocanrol sucio y desenfrenado de Motorhead, los clásicos del underground americano de finales de los 70 como Pentagram o Manilla Road y lo más speedico de la NWOBHM: Jaguar, Angel Witch, Tank, Raven, Holocaust o Diamond Head. Un batiburrillo de estilos para sonar como intentarían sonar una chavales que quisieran hacer thrash metal antes de que el thrash metal naciese, como si fuesen los directos antecesores de lo que harían Sodom y Kreator en sus discos debut.

Canciones cortas, sencillas, sin alardes, directas. Voces desgarradas y agresivas sin agudos gorgoritos. Temas de heavy metal veloz y satánico, sin virtuosismos pero también sin miedo a meter el obligatorio punteo, apostando por la vieja escuela sin complejo alguno, mostrando su dedo corazón a la haterada posmoderna. Si eres de los que llevan parches en su chaleco o chupa estás tardando en añadir uno de Bewitcher, y en escuchar un par de docenas de veces este disco. Metal up your ass! Garantizado.

Lista de reproducción celtibérica

Vamos con una listilla de temas provenientes del estado español sin caer en la etiqueta rancia de “rock estatal” (vamos que no hay Marea ni Platero ni Extremoduro porque no me ha salido del testículo derecho). Originalmente la idea era hacer una lista ordenada cronológicamente, pero después preferí dejar un orden que fuera algo más coherente en el lado musical. Así, a botepronto, 35 temas tirando mucho del archivo de RTVE y dejándome fuera alguna honrosa mención:

Ale, disfrutad de la historia esta.

El Bandcamp de la Quincena: Electric Citizen – Higher Time (27/11/2016)

El primer disco que se comentó en la sección El Bandcamp de la Quincena no era de mi colección personal, lo había adquirido previamente en un crowdfunding. En este caso la situación es similar, este discazo no está entre mi librería de Bandcamp porque acabó llegando a mis manos en otro formato y por otros medios, pero está disponible para su escucha y adquisición.

Electric Citizen llegan desde los Estados Unidos, desde Cincinnati, una ciudad mediana (tiene equipo de baseball profesional, durante años también lo tuvieron de la NBA y hay dos campus universitarios) en el lluvioso y aburrido estado de Ohio. Una población que está a la vez hermanada con Tijuana y con Munich era claramente el caldo de cultivo para el nacimiento de una de las bandas de stoner más potentes de la actualidad. Todavía no tienen el nombre de Red Fang, de acuerdo, pero todo se andará.

Electric Citizen

El impacto de este Higher Time para mi fue tremendo, tanto que al poco de adquirirlo se había colado ya en mi selección de 200 discos indispensables. Con un matrimonio al frente, al estilo de Nashville Pussy, nos presentan una colección de temas donde el doom metal, la psicodelia y el hard rock se combinan con exquisita precisión. El peso musical se carga sobre los hombros del guitarrista Ross Dolan, padre de la tremenda colección de riffs, arreglos y punteos que dan forma a este disco. La literatura va de la mano de Laura Dolan, excepto en el tema Higher Time donde adaptan un poema previamente escrito por Ross. Laura también es quien nos hipnotiza con su voz y su presencia escénica, toda una frontwoman. Completan la banda Randy Proctor al bajo y Nate Wagner a la batería formando una más que competente base rítmica que dan el peso necesario a los riffs y voces de los Dolan. Para la grabación además han contado con dos teclistas: Andrew Highley y Yusef Quota, que dan el necesario toque setentero a base de mantas de Hammond y moog. La producción va a cargo de Brian Olive, un músico reputado ganador de un Grammy al lado del mítico Dr. John y con mucho nombre en la escena garagera de Ohio.

Los temas de la banda se acerca mucho al rock más clasicote en sus arreglos, mostrando una evolución muy marcada desde la publicación de su previo disco Sateen, de 2014. La experiencia de girar junto a bandas del calibre de Pentagram, Wolfmother o Fu Manchu les ha catapultado hacia su madurez musical. Su sonido para mi les emparejaría con bandas como Spiritual Beggars, con un cierto deje a los Black Sabbath de finales de los 70 (los infravalorados Technical Ecstasy y Never Say Die) o incluso a la gente más “ruidosa” de la época como MC5, Steppenwolf y Grand Funk Railroad, y también con algún deje del sonido alternativo de los Detroit Cobras, PJ Harvey 0 John Spencer Blues Explosion.

La colección de temas de este Higher Time no puede ser más completa, 10 canciones de las que me cuesta destacar o defenestrar algún tema, manteniendo un nivel muy alto en cada composición, sin dejar caer su hipnótico guitarreo. En serio, no sabría decirte qué elegiría como single, la regularidad es la seña de identidad del disco. ¿Hard Rock? ¿Psicodelia? ¿Stoner? ¿Heavy metal? ¿Rock clásico? Un poco de cada una de esas etiquetas para conformar este trabajo redondo.

Mi conclusión: uno de los discos del año que tienes que pillarte ya. Lo agradecerás.

 

Graham Bonnet Band – Santiago de Compostela 05/11/2016

Vamos con una minicrónica del conciertillo/conciertazo que se marcó ayer la Graham Bonnet Band, aka Graham Bonnet y Señora. Sólo unas líneas que ya se encargarán los colegas de Pelletier Horror de contarlo fetén.

A los teloneros, Aquelarre, no los conocía. Allá en la sala no logré sacar mucha más información aparte de su procedencia: son vigueses. Literalmente suenan a banda española del catálogo de Locomotive Music de finales de los 90-principios de los dosmiles.

En cuanto al señor Bonnet la impresión general fue buena, con sus luces y con sus sombras. Decía aquel comentarista latino “Cuidado, que este sabe, cuidado que Milla sabe” y con Bonnet pasa lo mismo, perro viejo con muchos años de escenario y de no probarlo. Se recorrió muchos de los grandes hitos de su carrera haciendo hincapié en el Down To Earth del que sonaron cinco temas: Eyes of the World y All Night long, con las que abrió, Love’s no friend, un Since you’ve been gone  que le quedó fetén y levantó a todo el público y Lost in Hollywood para despedirse de la audiencia. Entre medias hubo tiempo de recordar también su paso por MSG con piezas como Assault Attack, sus años de boss de Malmsteen y Vai en Alcatrazz o su muchas veces olvidado e infravalorado disco en solitario Line Up, del que sonaron SOS y esa tremenda pieza de hard rock que es Night Games. Así que haciendo un balance la cosa quedaría así:

Contras (empiezo por lo malo):

  • Los coros pregrabados ya son un mal de estos días que asumimos que ocurrirá con la mayor parte de bandas ochenteras, pero llevar los teclados pregrabados y disparados en un grupo donde van a sonar en todos los temas es bastante cutre. Mr Bonnet, estírese y contrate a alguien que le toque las teclas.
  • Lógicamente la edad no perdona y con 68 años hubo algunos temas donde los años pesaron.
  • No es un contra propiamente dicho, pero me faltó que metiera algún temilla de Impelliteri y alguna más del No Parole de Alcatrazz (Hiroshima mon Amour o Too young to Die, too drunk to live habrían estado más que fetén)

Pros (lo bueno, lo fetén)

  • A pesar de lo reseñado arriba se marcó un set list completito, con temas de múltiples etapas y sin meter material de otros vocalistas.
  • Carisma y simpatía por un tubo sobre las tablas, y luego se bajó a firmar y sacarse fotos con todo el que quisiera.
  • Obviando la falta de teclista la banda muy bien. Al italo-brasileño Conrado Pesinato le tocaba un buen marrón, comerse los solos de Blackmore, Schenker, Moody, Vai o Malmsteen, un tremendo repóker de guitarristas del que salió airoso con gran talento aunque con algo de abuso del tapping. El batería parece ser que había sido contratado a última hora por tener lesionado al habitual pero cumplió sin fisuras. Beth-Ami Heavenstone se desempeñó también muy sobriamente en el puesto de bajista, atizándole unas buenas copillas de whisky entre tema y tema.
  • Aunque en algún tema se hizo evidente que los años pesaban no recurrió al rastrero truquito de ponerle el micro constantemente al público, y de hecho tampoco bajó el tono de los temas.
  • Bonnet ni lleva bisoñé ni subió a ningún telonero a que le cantara el Burn. Eso le da unos puntos más de dignidad sobre otros ex-vocalistas de Rainbow. Sigue con su clásico tupé de James Dean, sus eternas gafas y su corbata (nos faltó sólo la americana en tonos pastel), una marca de la casa, una de las estéticas más personales del heavy metal.

Yo, por mi parte, ya puedo decir que he visto a todos los cantantes de Rainbow a pesar de no haber visto nunca a Rainbow (con Black Sabbath me pasa lo mismo). No fue un concierto que diga “me cambió la vida” pero disfruté de una buena noche de buen hard rock/heavy metal clásico a cargo de la banda de Graham Bonnet y señora. Doy por bien invertida la entrada.

Si las bandas de rock y metal fueran desayunos…

Si las bandas de rock/metal fueron desayunos:

Asking Alexandria serían un batido de soja y pomelo con semillas de chía.
Alter Bridge serían chococrispies con batido de chocolate.
Mastodon serían una tostada con aguacate.
Metallica serían una caja de muesli que lleva abierta como seis meses pero que varios de tus colegas se empeñan en afirmar que sigue estando crujiente.
Ted Nugent sería un café largo, plato de tortitas con sirope de arce, bacon y una banderita americana decorando todo.
Black Sabbath serían un café con leche, croissant y zumo de naranja natural recién exprimido.
AC/DC serían un café con leche y unas tostadas
Hanoi Rocks serían un brunch.
Topo serían una tapa de tortilla.
Barón Rojo serían un bocata de calamares.
Overkill serían huevos fritos con bacon y una cerveza.
High on Fire serían un chupito de whisky y una ración de chicharrones.
Electric Wizard serían unas magdalenas de mariguana
Sleep serían una tortilla de hongos alucinógenos.
Primus serían la cena, pero por algún motivo te las estás tomando a la hora del desayuno.
Emerson, Lake and Palmer serían la cena, pero por algún motivo te las estás tomando a la hora del desayuno mientras estás sentado bocabajo en una silla de oficina.
Nashville Pussy serían pasar de desayunar y tomarte otra cerveza porque llegas de reenganche.
Motorhead serían pasar de desayunar y tomarte otra botella de Jack Daniels porque llegas de reenganche.
Red Fang serían pasar de desayunar porque estás de resaca.
W.A.S.P. serían pasar de desayunar e irte a una sesión de bondage.
Mercyful Fate serían pasar de desayunar para unirse a un aquelarre.
Burzum serían pasar de desayunar e ir a apuñalar a Euronymus.