Musiqueando 15 (20191127)

A raíz de la demanda que Timo Tolkki amenazó con interponer contra Eclipse recordé cuando él, siendo guitarrista de Stratovarius, calcó el riff de Aiming High de los Accept en el tema Cold Winter Nights. Esto derivó en ponerme el Russian Roulette y, finalmente, pegarme un atracón con la discografía básica de los germanos durante dos días. Accept es una banda que escuché mucho cuando tenía 17-18 años por influencia de un amigo que era un gran fanático de la banda, afirmando que eran “el grupo más grande de la historia del metal solo seguido por los discos en solitario de UDO“. Yo a ese punto de fanatismo no llego, pero sí que les pondría en el Olimpo metalero: Princess of the Dawn siempre me ha parecido uno de los pináculos del heavy metal, la trilogía de lanzamientos consecutivos formada por Restless and Wild, Balls to The Wall y Metal Heart es una de las mayores rachas creativas del género, con tres álbumes de nivel legendario que, además, están acompañados en la historia de la banda por otros discos que no bajan del notable: Breaker, Russian Roulette, Objection Overruled o el rockero y acedeciano I’m a Rebel. Y aunque el Eat the Heat con David Reece me parezca bastante infumable, intentando subirse a marchas forzadas a la laca estadounidense, sí que he disfrutado de los discos de la etapa actual con Mark Tornillo, sobre todo con un Blood of the Nations que contaba con Herman Frank en estado de gracia compositiva.

En un arrebato nostálgico vamos a echarle un ojo al único disco que publicaron The Fox, allá por 1970, una pequeña joya que no tuvo continuidad titulada For Fox Sake, irónicamente en los EEUU se llamó For Fox Sake Vol. 1 pero nunca lleamos a escuchar un Vol II. Jugando con el blues, el pop y la psicodelia, rememorando la cara más fresca del rock británico de los años sesenta, su música con influencias tan variadas como los primeros King Crimson, los Small Faces o The Action quedó barrida de las ondas por el ascenso del rock más pesado de Black Sabbath y Led Zeppelin. Puede que llegasen cuatro o cinco años tarde para haber tenido éxito con su sonido, pero modas aparte publicaron un debut notable y disfrutable.

Tras una temporada de parón/baja actividad parece que en 2020 vuelve una de las bandas más importantes del rock-metal gallego: Machina. Han pasado ya seis años desde que los de Cerceda lanzaron su último disco, entre 2015 y 2017 estuvieron casi dos años parados y desde 2017 han hecho solo unas pocas apariciones en directo. Ahora comenzarán a lanzar una serie de vídeos en acústico en su canal de youtube colaborando con músicos amigos y prometen más novedades para 2020, una de las cuales será tocar en el Resurrection Fest de Viveiro para el que ya han sido confirmados. ¿Tendremos también nuevo disco? Tocará esperar, pero que Machina estén más activos siempre será una buena noticia.

Recogido en directo en el festival chileno Woodstaco en 2018 nos llegó el pasado 20 de octubre un disco en vivo de los peruanos Cholo Visceral. Una pieza de rock progresivo donde la flauta le da una influencia Jethro Tull que en el acelerado inicio del primer tema a mi me recuerda mucho a los Ñu de Cuentos de Ayer y de Hoy, pero con un fuerte elemento psicodélico y con influencias del kraut rock, el jazz y hasta del funk y del movimiento tropicalia. Este Live at Woodstaco 2018 nos trae un viaje psicodélico de 36 minutos repartido entre cuatro piezas (más una oculta) y con una bella portada ilustrada por Rodrigo Mori Franco. Un totémico e hipnótico ritual rockero para agitar nuestros cuerpos y nuestras mentes.

Para cerrar vamos con el pop elegante con influencias folk y alma poética de A Banda Da Loba, que lanzan el adelanto de su próximo trabajo Fábrica de Luz. Una banda gallega formada por cinco mujeres en 2017 que ya va por su segundo disco y que muestra una ecléctica mezcla de influencias en su particular y melódico estilo.

Musiqueando 7 (20190618)

El 9 de mayo se entregaron los Blues Music Awards de la Blues Foundation, iba a escribir sobre ello pero se quedó fuera de la anterior entrega porque el homenaje al gran Roky Erickson era obligado. Resumiendo ¿quiénes se llevaron los galardones este año? Pues Joe Louis Walker, Bruce Katz y Giles Robinson ganaron el de mejor disco acústico por Journeys to the Heart of the Blues, en la categoría de mejor disco de blues tradicional el premio se lo llevó Buddy Guy por The Blues is Alive and Well, el mejor disco de una artista emergente fue para Free de Amanda Fish, en la categoría soul-blues recayó en Johnny Rawls por I’m Still Around y el de mejor disco de blues-rock acabó en las manos de Billy Gibbons por su disco en solitario The Big Bad Blues. Finalmente el gran doblete lo hizo Shemekia Copeland ganando tanto el premio a mejor disco de blues contemporáneo como a mejor disco del año por America’s Child. Y para cerrar el bloque lo hacemos con la elegida como mejor canción del año: No mercy In this Land, con Ben Harper y Charlie Musselwhite.

Pasamos del blues al heavy más clásico de la mano de Traveler, un grupo canadiense, de Calgary, que el pasado febrero publicaba su primer largo a través del sello Gates of Hell Records, especializado en bandas de metal de corte ochentero. Son una banda muy joven, fundada en 2017 y que previamente habían publicado una demo y un split en 2018, practican un heavy metal tradicional y algo acelerado en la tradición de nombres como Angel Witch o Raven con algún pasaje más épico onda Warlord. Se han marcado un disco más que destacable y redondo que podríamos meter en el saco de la NWOTHM, un trabajo en el que cuesta destacar algún tema por la tremenda regularidad del mismo: himnos de heavy clásico donde ninguna destaca sobremanera sobre otro, un trabajo para menear la cabeza agusto.

Como nota trágica hay que recordar que hace una semana nos dejaba el vocalista brasileño Andre Matos, conocido por su trabajo en los primeros discos de la banda de power metal Shaman, a la que había vuelto recientemente, con los olvidados speed-metaleros Viper a finales de los 80, por el efímero proyecto de pop-metal Virgo junto a Sascha Paeth pero, sobre todo, por su trabajo con los Angra en su etapa clásica de los 90, una de las bandas más originales de la explosión del power metal pues se distanciaron de otras bandas de la misma etiqueta añadiendo elementos de música étnica, progresivo o bossa-nova a sus temas. Matos, quien también era un más que decente teclista, destacó como vocalista por su rango vocal que le permitía alcanzar notas extremadamente agudas.

El virtuoso bajista y contrabajista John Patitucci también ha estrenado disco hace pocos meses, Soul of the Bass. Se trata de su decimosexto trabajo en solitario y seguramente del más intimista de su carrera: Patitucci improvisando piezas con su bajo o contrabajo orbitando entre el jazz y la música clásica, en muchas piezas tocando sin acompañamiento alguno y en otras con algún apoyo bastante minimalista. Un trabajo en general bastante denso para que lo degusten los amantes del bajo, aunque muy poco accesible a quien no tenga una especial devoción por explorar qué puede dar de sí este instrumento.

El mes pasado se pasó por Compostela Mark Guiliana, quien será recordado por el público más rockero por haber sido el batería de David Bowie en su último disco y por el público amante de la electrónica por liderar uno de los proyectos más atractivos del lado más experimental de este género en los últimos años. En este Beat Music! Beat Music! Beat Music! publicado el pasado abril juega a fusionar jazz, avant-garde y electrónica sin complejo alguno mientras exhibe su brutal talento como percusionista rodeado de loops y sintetizadores.

Y acabamos el recorrido de esta semana con un EP instrumental que tiene algo más de un año, se publicó en marzo de 2018, pero que no me quería dejar fuera: Volver a Nacer, del guitarrista gallego Rubén Cores. Un disco de rock instrumental construido sobre fraseos de guitarra melódicos a la par que virtuosos para amantes de este género “guitar hero factoría Varney” a lo Satriani o Eric Johnson, que en sus cuatro temas cuenta con otros talentos de la música gallega como el batería Miguel Lamas o el teclista y arreglista Adrián Solla.

Musiqueando 5 (20190523)

La semana pasada recordábamos que llevamos 9 años sin Dio y me entró la vena melancólica. Porque la voz de Ronnie James ha significado mucho para mi durante años, no solo por las horas dándole vueltas a las cintas de Heaven and Hell y Long Live Rock and Roll en el walkman cuando estaba en el instituto, ni por los recuerdos de compartir cervezas con muy buenos amigos en las tres veces que tuve suerte de verle en directo. No, aunque haya tenido un romance con su voz durante más de 20 años, desde que un amigo me grabara en Long Live Rock and Roll de Rainbow, no son los buenos recuerdos los que hacen mi relación con su música tan especial sino los malos: hubo una época en la que tenía una situación laboral horrible, en una empresa/chiringuito en la que trabajaba sin contrato porque el empresaurio decía “estamos pendientes de una subvención de la Xunta para este proyecto, pero hay que ir empezando, cuando llegue la pasta lo formalizamos”, donde las jornadas se estiraban hasta las 12 o 13 horas, llegando una vez a tirarme consecutivas 36 horas en dicha oficina sin dormir, donde no sabía si cobraría o cuánto cobraría a fin de mes (en cuatro meses currando allí cobré de menos en tres)… en fin, una puta mierda con la que tragas porque necesitas dinero sí o sí hasta que de puro agotamiento mandas todo a la mierda. Bueno, pues en esa época me subía al bus todos los días, me enchufaba los auriculares de mi mp3 y ponía The Last In Line, siempre The Last In Line, el disco entero. ¿Por qué? Porque extrañamente me daba energías para afrontar la incierta jornada. Así que no voy a hablar de su influencia en los inicios del heavy metal, de su importancia en la historia del rock o de su rango vocal: para mi Dio es tan grande simplemente porque escucharle me hacía sentirme mejor cuando estaba jodido.

Mi descubrimiento musical excitante de los últimos días son The Main Squeeze, un grupo estadounidense (Bloomfield, Indiana) de funk que no hace ascos al rock clásico ni al soul y que, nueve años después de su formación, ya cuentan con tres discos de estudio, dos directos y un puñado de sesiones en su canal de Youtube donde hacen diversas versiones, desde darle una capa de rock a temas bailables de los últimos años a meterle un groove y una voz a lo Jackson 5 a clásicos del rock setentero, algo heredado de sus inicios como grupo para tocar en fiestas universitarias. Por compararlos con algunos de sus contemporáneos te diría que son más rockeros que Vulfpeck y más funkies que Vintage Trouble pero que la cosa anda entre esas dos bandas. Este verano se lanzarán a una gira Europea por lo que tendremos oportunidad de disfrutarlos a este lado del Atlántico.

Para los amantes de géneros como el afrobeat, el funk brasileño, la bossa-nova o el highlife el sello inglés Mr.Bongo es un referente, una gente que, además de publicar novedades o de importarlas a Europa, lleva treinta años, desde la apertura de su primera tienda física en 1989 en Londres, reeditando trabajos que era extremadamente difícil conseguir, discos que se publicaron entre los 60 y los 80 en África o América Latina en sellos locales en muchos casos ya desaparecidos y que ahora ellos devuelven a la vida a través de sus múltiples subsellos. Lo que nos ocupa hoy es una de sus últimas reediciones, un trabajo de highlife que publicó el sello ghanés Essiebones music en 1982, con los legendarios Ebo Taylor y Pat Thomas, junto a la banda base Uhuru Yenzo, regalándonos media hora de música donde los géneros tradicionales de Ghana se fusionan con el funk y el jazz. Hitsville-Revisited se titula el disco compuesto por cuatro temas, de Ebo Taylor, Pat Thomas & Uhuru Yenzo.

El potencial del arte para transformar la realidad, la fuerza de la música como motor para la evolución y la transformación social, construir un mundo mejor mediante el trabajo artístico, cambiar marcos mentales a través de las producciones de la cultura popular… son cuestione elevadas, temas para el debate filosófico y sociológico. Pero también son el viento que impulsa las velas de Ith, un proyecto que busca trascender lo musical para implicarse en lo social, un grupo que a través de sus composiciones orientadas al rock más clásico busca luchar contra el soterramiento social y artístico del gallego, contra el racismo, el machismo y en general los ataques contra la diversidad y los derechos humanos. Su último vídeo, de la canción Só Eu, es una muestra de esto: una denuncia de la hipocresía de una Europa que deja morir en el Mediterráneo a miles de personas que huyen en busca de refugio y auxilio. Tal vez no sea la canción que mejor define su sonido pero sí lo es de su compromiso social.

Musiqueando 3 (20190422)

La primera vez que escuché Papa was a Rolling Stone de The Temptations me voló la cabeza. Aquel sonido suave que combinaba soul, psicodelia y hasta elementos de doo-wop era algo totalmente adictivo. Y una puerta de entrada a otras bandas de aquel género como los primeros Funkadelic (de los que ya hablaremos largo y tendido otro día), Curtis Mayfield, Ohio Players o Sly & The Family Stone. Pero hay géneros que son fugaces, y el soul psicodélico fue uno de ellos, el funk lo fagocitó en pocos años y muchos de sus artistas principales derivaron hacia ese género. Esta semana durante mis exploraciones musicales me encontré con una señora que parece ser que está empeñada en volver a esta vía,  Kadhja Bonet. Su voz es de una delicadeza estremecedora y su álbum “Childqueen” una auténtica joya. Tal vez reducirlo a la etiqueta “soul psicodélico” sea un poco reduccionista pues se trata de una artista que, por el momento, parece desafiar los límites preestablecidos de los géneros musicales, que a ratos pica de Billie Holiday, a ratos de los Isley Brothers y Rare Earth y que tampoco hace ascos a acercarse al “cinematic soul” de los primeros setenta 70.

Parecía que el folk metal a estas alturas era un género ya demasiado trillado y explotado para que saliese algo sorprendente, algo que prometía mucho pero que se había estancado en las mismas fórmulas pagano/vikingas por las que no paran de apostar  los sellos europeos para mayor regocijo y erección de adolescentes de Coristanco que se creen hijos de Heimdall. Y entonces, al más puro estilo Gengis Khan, a finales de 2018 desde Mongolia aparecen estos moteros hunos llamados The Hu que son absolutamente delicia y novedad. Todo es genial, desde el nombre hasta la estética, sin olvidar lógicamente la música que es lo que nos trae aquí: una fusión entre hard rock, heavy metal y folclore mongol, algo así como si Huun Huur Tu hubieran tenido un hijo con Skyclad. De momento solo tenemos dos vídeos en youtube, parece ser que financiados por alguna entidad pública del despoblado país asiático, pero en verano de 2019 llegará su primer LP. El interés por mi parte no puede ser mayor ¿se confirmará una de las sorpresas del panorama metalero o se quedarán en fenómeno de Youtube? Espero lo primero, pero mientras espero al menos disfrutaré de lo que hay.

Seguimos por Asia, más hacia oriente. Hay pocos proyectos más prolíficos que los japoneses Acid Mothers Temple, si hacemos caso a la Wikipedia suman 80 entregas en estudio entre 1995 y 2019, sin contar ep, directos, singles o splits. Solo en 2018 publicaron 9 discos. Este Either The Fragmented Body Or The Reconstituted Soul ya fue publicado por el sello peruano Necio Records allá por 2017, pero ahora nos traen una reimpresión en vinilo de edición limitada. El disco se abre con una referencia/broma/homenaje a Funkadelic titulada Faggot Brain. Le sigue un trabajo de casi una hora dividida en 6 temas donde el space rock, la psicodelia, el folk ácido y el progresivo danzan juntos lanzándose chorretones de color musical y llevándonos a volar por paisajes marcianos lisérgicos en una orgía de complejos desarrollos instrumentales. Desde los sitares que dan aires de música sacra a La Nóvia a cambiar radicalmente un tema como si cambiáramos de emisión en una radio en Magic Bohemian & Mistic Nuns. No es un disco fácil de escuchar por su excesiva experimentación pareciendo a ratos que estamos ante la banda sonora de una performance teatral experimental, requiere de varias escuchas para cogerle el punto e introducirse en su sonido. Y lo que promete el disco es que los directos de Acid Mothers Temple & The Melting Paraiso U​.​F​.​O. deben ser veradera locura.

Han pasado 20 años desde que Nigel Kennedy grabara The Kennedy Experience, donde homenajeaba con su violín a Jimi Hendrix haciendo arreglos clásicos sobre las composiciones del genio de Seattle. Desde aquello, y en vista de la buena aceptación comercial de la tendencia, muchos concertistas clásicos se han apuntado a la tendencia de adaptar composiciones de pop/rock/populares a su terreno clásico, siendo seguramente David Garrett en más exitoso. A esta tendencia se sumaron también una pareja de griegos, creo que hermanos: el violoncelista Konstantinos Boudounis y la violinista Lydia Boudounis, que bajo la denominación String Demons han publicado dos largos y un EP desde 2015. Su primer largo de 2016, Fear of the Bach, describe muy bien el espíritu de esta formación: fusionar con su formación clásica elementos de jazz, pop  y heavy metal. Creo que tienen alguna relación familiar con el guitarrista y director griego Evangelos Boudonis (junto a quien participaron en su concierto 200 Guitars LIVE at Megaron), pero mis conocimientos de griegos no pasan de haber aprendido a dar los buenos días para un viaje a Atenas, así que no he podido profundizar en eso.

¿A qué sabe el Soylent Green? Pues depende de la persona, claro, pero esta ración en concreto sabe a fusión entre metal, rock progresivo, alguna nota funk en algún ritmillo y mucho guitarreo. Una banda de músicos experimentados de Compostela que no temen que el futuro les alcance pues ya se han labrado una reputación: la base rítmica de los desaparecidos The Codename, Pablo a la batería y Jano al bajo, despliegan sus talentos marcando los ritmos sobre los que se explaya Óscar “Jumpin” ametrallando con riffs y solos de guitarra. Esta primera entrega de Soylent Green Project que nos dejan a través de Bandcamp, Music for Brontosaurus, es una grabación en directo en el local de ensayo. Se nota que no es una grabación de estudio pero también deja entrever buenas ideas, un aperitivo mientras esperamos por más novedades de esta banda.

En nada arranca el tour americano de los Overkill después de una gira europea en marzo que no pisó la península Ibérica y en la que presentaron su última entrega, The Wings of War, otro excelente álbum de thrash metal del que hablarán cuatro gatos, porque mientras que en cada lanzamiento de Metallica la gente disecciona sus temas para ver si hay 30 segundos de un riff que se parezca mínimamente a algo de Master of Puppets y justificar así que “Metallica están de vuelta” de Overkill simplemente se pasa, se asume como normalidad su tremenda y excepcional regularidad. En los ochenta sacaron clásicos del género, en los 90 se mantuvieron activos y fieles a su estilo cuando les pegaba el viento en contra y todavía siguen en forma, valga como muestra de esta década los cinco trabajos que han publicado: la abrían en 2010 con el excelente Ironbound y aunque sus siguientes lanzamientos no tuvieron el punch de ese sobresaliente álbum sí se mantuvieron en un nivel notable. Está claro que no reinventan la rueda, pero su metal es directo, efectivo y con pegada, macarreo neoyorkino que bebe en sus orígenes tanto de Motorhead, Black Sabbath y Judas Priest como de sus paisanos Misfits y Sex Pistols.

El Bandcamp de la Quincena: Duel – Live At the Electric Church

Esta semana en El Bandcamp de la Quincena nos tomamos un vuelo hasta el mítico estado de Texas, cuna de tantas grandes bandas. Desde Austin vamos a pegarle una escucha a lo último de los Duel.

Tras dos discos de gran calidad como fueron Fears of the Dead y Witchbanger, ambos con el sello Heavy Psych Sounds, los Duel regresaron a su ciudad natal para recoger una muestra de su directo en The Electric Church. Si bien habríamos disfrutado más de un show más largo, lo que nos entregaron el pasado mes de abril es solo una pequeña muestra de su directo. Algo más de media hora repartida entre 6 temas, cuatro de ellos del Fears of the Dead.

Duel live

Aunque sea escaso en duración, este Live At the Electric Church es una buena demostración de la energía que el cuarteto de Austin desprende en directo, una “tapita” de lo que es un concierto de Duel. Su sonido proto-metálico primitivo, setentero y pesado podría definirse como ZZ Top meets Pentagram, tal vez con un toque de Danzig en la líneas vocales, y les emparenta con sus compatriotas de The Sword.

Live ath the Electric Church es una buena forma de acercarse al sonido de una de las bandas más excitantes de la escena estadounidense actual, un pequeño resumen de sus dos trabajos previos y una pequeña demostración de su potente directo.

El Bandcamp de la Quincena: Castle – Deal Thy Fate

Esta semana en El Bandcamp de la Quincena nos vamos sacudimos la lluvia y nos vamos a la siempre soleada California, a tomarnos una buena ración de heavy metal con los Castle.

Ya hace 9 años de su primera demo, 7 de su primer disco (In Witch Order) y 6 de su espectacular segundo disco, Blacklands: Castle no son unos desconocidos que vengan a subirse a la ola del rock de temática ocultista ahora que Ghost lo han puesto de moda, son una banda con una carrera sólida que, el pasado mes de octubre, nos entregaban su quinto álbum, Deal Th Fate, para encarar un próximo 2019 que marcará el décimo aniversario de la banda.

Castle

Oscilando entre el doom metal, el heavy clásico y el hard rock más oscuro Castle en este Deal Thy Fate no ocultan haber escuchado más de un disco de Black Sabbath, Pentagram o Danzig, incluso con alguna nota macarruzo-motera de Orange Goblin o algún deje más melódico en las guitarras que recuerda al Ozzy de los dos trabajos de Randy Rhoads. Podríamos emparentarlos también con el sonido de bandas actuales como Duel u Orchid, y por la voz femenina es imposible no añadir también a Christian Misstress.


La dupla formada por el guitarrista Mat Davis y la bajista, vocalista y alma líder de la banda Elizabeth Blackwell funciona con precisión de reloj nuclear: él construye unos riffs tremendamente pegadizos y ella añade una voz melódica, agresiva y muy de la vieja escuela del heavy metal, elaborando una suculenta ración de nueve himnos de metal oscuro, poderoso y de la vieja escuela. No he encontrado información sobre si Al McCartney, que había sido su batería por muchos años, ha sido el encargado de los parches en este trabajo. Un disco redondo hecho con las cosas muy claras, donde desde la portada firmada por Patrick Zoller sabemos perfectamente qué nos encontraremos: heavy metal oscuro.


El Bandcamp de la Quincena: Iron Hunter – Mankind Resistance.

Hace solete esta semana por las Rías Baixas, así que para allí nos vamos a tomarnos unos copazos de albariño mientras le pegamos una oída al primer largo de Iron Hunter.

Publicado hace cosa de un mes por Fighter Records, la división menos extrema del mítico sello madrileño Xtreemmusic, me veía en el dilema moral de si debía comentar un disco donde toca un ex-compañero de banda mío, ya que muchos dirán que es peloteo y amiguismo. Pero por otra parte, tampoco es que me haya importado un carajo nunca lo que digan cuatro pelagatos amargados, así que vamos a meternos en harina.

Iron Hunter es uno de los múltiples proyectos en los que milita el vocalista y fotógrafo gallego Emi Ramírez, en esta ocasión acompañado de otro pluriempleado del heavy metal gallego como Paco Paz a la guitarra, el guitarrista Alex Sixtrings, el bajista Anxo Silva y el batería Alex Outeiro. La apuesta musical se mueve entre el heavy metal más clásico de herencia NWOBHM y el speed metal de corte europeo de la última mitad de los 80, un poco en la onda de las bandas de la llamada New Wave of Traditional Heavy Metal, con momentos que pueden recordar a otros grupos contemporáneos de ese movimiento como White Wizzard, Cauldron o Skull Fist. En 2017 publicaron un EP titulado Killing Machine y este año nos traen con Mankind Resistance un trabajo de 8 nuevas canciones, más el tema que daba título al citado EP como bonus track.

Iron Hunter

El disco se compone principalmente de temas de heavy metal tradicional donde el peso melódico recae sobre las guitarras dobladas, con algún medio tiempo como I’ll Die For you, algunos escarceos con el power/speed en The Deathbringer o Beyond the Black Hole o con un sentido homenaje al estilo de Mark Reale en la instrumental Starchaser. Hay momentos en los que el timbre de la voz puede recordar a Thomas Rettke de Heaven’s Gate, aunque con un deje más nasal y un agudo más suave a lo Jack Rucker de Warlord. Las iniciales In the Heat of the Night y Street Warriors, con un guitarreo que me ha recordado a Tokyo Blade, es un buen avance de lo que ofrecerá el disco en los siguientes 35 minutos: heavy metal donde no se reinventa la rueda y los temas se ejecutan con buen gusto y respeto por el género. Aunque mi tema favorito del disco ha sido Save The World, que me ha tenido un deje muy americano entre Fifth Angel y los Queensryche de The Warning. Como puntos positivos pondría el trabajo guitarrero y la composición de las melodías vocales y, como punto negro y más negativo, la producción de las voces y los coros es lo que me ha sonado más flojo.

Mankind Resistance suena a un disco de heavy metal realizado con un punto de madurez que lleva a los músicos a no buscar la filigrana gratuita, a no pretender abarcar más de lo que pueden morder y a no apuntar a metas a veces fantasiosas en las que caen bandas más jóvenes. Un disco hecho desde el conocimiento y el cariño al género, que no pretende vender nada revolucionario ni novedoso sino una serie de temas sólidos, compuestos con buen gusto y elegancia y perfectamente ejecutados. Es heavy metal que solo quiere ser heavy metal, y está perfecto siendo así.