La ciencia debe desechar el Copyright

Hoy no seré yo quién opine. Utilizaré mi espacio para reproducir un artículo de Richard Stallman publicado en el foro de la revista Nature en 1998. La traducción corre a cargo de Jaron Rowan, Diego Sanz Paratcha y Laura Trinidad. Para no violar el copyleft de la misma incluiré la siguiente cita:

Se permite la copia, de este artículo completo,en cualquier formato, mecánico o digital, siempre y cuando no se modifique el contenido de los textos, se respete su autoría y esta nota se mantenga.

LA CIENCIA DEBERÍA DESECHAR EL COPYRIGHT:

Debería ser un axioma que la literatura científica existe para divulgar el conocimiento científico, y que las revistas científicas existen para facilitar este proceso. Por consiguiente, las reglas de uso de la literatura científica deberían  diseñarse para ayudar a conseguir este objetivo.

Las reglas que tenemos ahora, conocidas como copyright, fueron establecidas en la era de la imprenta, un método intrínsecamente centralizado para la producción masiva de copias. En el contexto de la imprenta, el copyright sobre los artículos de publicaciones sólo restringía a los editores, obligándoles a obtener un permiso para publicar un artículo, y a los posibles plagiarios. Esto ayudó a que las revistas activaran y divulgaran el conocimiento sin interferir en el provechoso trabajo de los científicos o estudiantes, ya sea como escritores o como lectores de artículos. Estas reglas se adecuaban bien a dicho sistema.

La tecnología moderna para las publicaciones científicas es, sin embargo, Internet. ¿Qué reglas asegurarían mejor la divulgación de los artículos científicos y del conocimiento en la Red? Los artículos deberían de distribuirse en formatos no propietarios, de acceso abierto para todos. Y todos deberían de tener el derecho de reproducir los artículos, esto es, de reeditarlos íntegramente con su adecuada atribución. Estas reglas deberían aplicarse tanto a los artículos pasados como a los futuros, cuando se distribuyen en formato digital. Pero no hay ninguna necesidad crucial de cambiar el sistema de copyright actual aplicado a la edición impresa de revistas, porque el problema no afecta a ese dominio.

Por desgracia, parece que no todo el mundo está de acuerdo con los axiomas que encabezan este artículo. Muchos editores de revistas parecen creer que el propósito de la literatura científica es permitirles editar revistas para cobrar suscripciones de científicos y estudiantes. Esta forma de pensar se conoce como «confundir los medios con los
fines».

Su proceder ha consistido en restringir el acceso a la lectura de literatura científica, incluso a aquellos que pueden pagar y que pagarán por ello. Usan la legislación de copyright, todavía vigente a pesar de su inadecuación a las redes informáticas, como una excusa para detener a los científicos en la selección de nuevas reglas.

En nombre de la cooperación científica y del futuro de la humanidad, debemos rechazar tal enfoque desde su raíz —no sólo los sistemas restrictivos que se han establecido, sino las prioridades equivocadas que los inspiraron.

Los editores de revistas a veces argumentan que el acceso on line requiere servidores caros de alta capacidad y que deben cobrar tarifas de acceso para pagar estos servidores. Este «problema» es una consecuencia de su propia «solución». Concede a todo el mundo la libertad de autoeditar, y las bibliotecas en todo el mundo montarán páginas de libre publicación para responder a la demanda. Esta solución descentralizada reducirá las necesidades de ancho de banda de la red y proveerá un acceso más rápido, a la vez que se protege la documentación académica contra pérdidas accidentales.
Los editores también sostienen que pagar a los encargados de la página obliga a cobrar por el acceso. Aceptemos la suposición de que los encargados deben ser pagados; para este viaje no hacen falta alforjas. El coste de la edición de un revista normal está entre el uno y el tres por ciento del coste de financiar la investigación para producirla.
Un porcentaje tan pequeño difícilmente puede justificar que se obstaculice el uso de los resultados.

En su lugar, el coste de la edición puede cubrirse, por ejemplo, cobrando a los autores por publicar en la página, y estos pueden traspasar estos pagos a los patrocinadores de su investigación. A los patrocinadores no les debería de importar, dado que ya pagan por la publicación de una forma más molesta, a través de las tarifas astronómicas que
abonan para que la biblioteca universitaria se suscriba a la revista. Mediante el cambio de modelo económico para que los patrocinadores de la investigación cubran los costes de la edición, podemos eliminar la necesidad aparente de restringir el acceso. El autor fortuito que no pertenece a ninguna institución o empresa, y que no tiene patrocinador,
podría estar exento de estos pagos, con los costos derivados a los autores patrocinados.

Otra justificación para las tarifas de acceso a las publicaciones de Internet es que pueden financiar la reconversión de los archivos impresos de un revista a un formato on line. Este trabajo tiene que hacerse, pero deberíamos buscar formas  alternativas de financiarlo que no supongan obstruir el acceso a los resultados. El trabajo en sí mismo no será más difícil ni costará más. Digitalizar los archivos y malgastar los resultados por restringir el acceso a ellos es algo autodestructivo.
La Constitución de los EE.UU. dice que el copyright existe «para promover el progreso de la ciencia». Cuando el  copyright impide el progreso de la ciencia, la ciencia debe desechar el copyright.

Este y muchos otros artículos de Stallman pueden econtrarse en «Software Libre para una sociedad libre«, disponible en formato pdf en ese enlace.

Hasta siempre Ronnie

La siguiente entrada es el artículo de este mes del TNT-News, pero decidí esperar a que se hubiera cumplido el aniversario de su muerte para subirlo aquí.

¿Dónde estabas durante el 11-S? Es una pregunta típica que se hacen los yankees desde que el skyline neoyorkino quedó despojado de uno de sus monumentos más emblemáticos. Otros nos preguntamos ¿dónde estabas cuando murió Dio? Recuerdo que cuando vi la noticia en Blabbermouth, enlazada desde un Facebook no me lo creía. No es que fuera algo improbable, el hombre tenía un cáncer de estómago, algo de lo que es muy difícil salvarse y más a los 67. Lo que me parecía increíble era que se muriera una semana después que Frank Frazzetta. Si una gran parte de la banda sonora de mi vida la había grabado Dio, la obra pictórica que la ilustra corrió a cargo del señor FF, con sus inolvidables y épicas portadas, pin ups y comics. Cuando una semana empieza con la muerte de tu dibujante favorito y acaba con la de tu vocalista favorito puedes decir sin duda que se trata de una semana de mierda.

Ahora que casi ha pasado un año parece un buen momento para hacer una retrospectiva de la carrera de Dio, una persona que dedicó más de 50 años a la música. Porque cuando conoció el éxito en los 70, al lado de Richie Blackmore, no era un pipiolo empezando su carrera, sino un músico con una trayectoria sólida en el rock and roll. Según sus biógrafos Ronnie empezó a tocar la trompeta a los siete años. A los catorce, cuando los años ’50 todavía no tocaran su fin, Ronald James Padavona (su verdadero nombre) ya comenzaba a dar sus primeros pasos en la música, formando parte de diversas agrupaciones de rock y soul que apenas lograron impacto fuera de pequeñas escenas locales, tanto como trompetista como ocupándose de las voces.

Ya en los ’60, y reconvertido en bajista/cantante, logró un cierto impacto en los EEUU con The Elves, banda con la que intentaban hacer un sonido blues rock endurecido, similar al que en aquel entonces triunfaba en el Reino Unido y con los que, irónicamente, hacía una versión del War Pigs de los Sabbath en directo. De The Elves salieron ELF, y su éxito aumentó. Haciendo equipo con su sobrino David ‘Rock’ Feinstein (el cual en los 80 formó los infravaloradísimos The Rods) lograron un cierto éxito en EEUU y consiguieron girar también por Reino Unido, teniendo ahí su primer contacto con Richie Blackmore al telonear a Deep Purple, y participando en el Butterfly Ball de Roger Glover. Pero su gran momento llegaría mediada la década de los 70. Ahí decidió adoptar el nombre artístico de Dio, según contaba en una entrevista inspirado por un antiguo mafioso italiano de Florida.

En medio de una gira con el MKIII de los Purple, Blackmore decide grabar un par de temas, que habían sido desechados por sus compañeros en Deep Purple para el Stormbringer, contando con el batería Cozy Powell y completando la banda con los miembros de Elf. Esos dos temas, “Black Sheep of the Family” y “Sixteenth Century Greensleeves”, fueron bien recibidos por el público, llevando finalmente a Blackmore a dejar Deep Purple para formar su propia banda. Al no poder contar con Powell, que tenía fechas pendientes con Jeff Beck, Blackmore acaba completando la primera formación de Rainbow con los músicos de Elf. En agosto de 1975 ve la luz el primer trabajo de Rainbow, donde la mezcla de música clásica con rock duro de Blackmore y las letras de fantasía, filosofía oriental y ecologismo de Dio logran hacerse un sitio en una época donde el rock and roll pasaba por un momento de forma irrepetible. A partir de ahí el resto es historia de sobra conocida, fantásticos discos con Rainbow, su corta pero inolvidable primera estancia en Black Sabbath, sus primeros discos en solitario con gran éxito en los 80, su efímero regreso a los Sabbath a principios de los 90, unos años de menor repercusión en una mala década para el heavy metal más clásico y un retorno a la primera fila del heavy en la primera década del siglo XXI, con un tercer regreso a Black Sabbath esta vez bajo el nombre de Heaven and Hell (por obra y gracia de Sharon Osbourne).

Siempre he pensado que la carrera de Dio en solitario es totalmente contraria a la de Ozzy. Mientras que el segundo siempre fue un vocalista mediocre que supo rodearse de grandes acompañantes, quizá Dio pecó de no haber querido tener cerca a músicos que le hicieran sombra. Sus mejores obras siempre las completó cuando dejó que su talento se sumara al de otros grandes (Powell y Blackmore, Butler y Iommi…) y muchas veces, sobre todo a partir de finales de los 80, su exceso de individualismo lastró la calidad de sus discos. Fue una carrera musical con altibajos tanto creativos como comerciales, pero fue una carrera coherente, digna y honrosa. Conservó su voz hasta sus últimos meses, cuando la enfermedad le obligó a retirarse de los escenarios, y nunca fue un títere de las radios y las televisiones, nunca intentó subirse al tren de lo que triunfaba, sino que siempre apostó por hacer la música en la que creía, algo que no todos podemos decir.

Por todo esto, hasta siempre Ronnie.

Johnny y Lemmy

House ha sido una de las series televisivas más exitosas de la primera década del siglo XXI. Realmente el argumento de los capítulos no es demoledor: llega un enfermo, casi lo matan varias veces dando palos de ciego mientras le intentan diagnosticar una enfermedad extremadamente rara y, al final, le curan porque House, en alguna conversación trivial, descubre la clave. Hay algún capítulo, con director invitado, que rompe esta tónica, pero mayormente esto es lo que hay. El éxito está en el personaje de House, magistralmente interpretado por Hugh Laurie. A todo el mundo le encanta House porque hace lo que le da la gana, dice lo que le da la gana y no le importa lo que los demás piensen de él. Si House fuese un personaje real, la gente diría “es auténtico”, y hasta los que odian al personaje se sienten atraídos por él.

House salió de la mente de Bryan Singer y un grupo de guionistas, pero el mundo de la música nos regaló dos personajes reales tan auténticos como él: Lemmy y Johnny Cash. El primero es el gran icono del rock and roll, el segundo fue la cara menos amable de la música americana. El primero, con 65 años, puede decir que ha llegado a la edad de jubilación tras sobrevivir a una vida de exceso, drogas, sexo y rock and roll; el segundo nos dejó hace unos años tras haber logrado exorcizar a los fantasmas de las drogas, el alcohol y los antidepresivos y haber logrado resucitar, de la mano de Rick Rubin, su agonizante carrera con cuatro discos intimistas, crudos y oscuros: los American Recordings.

Ambos han influenciado y han sido admirados tanto por gente que se crió con su música como por sus contemporáneos. Ninguno inventó nada, pero ambos, con sus particulares y graves voces, se convirtieron en maestros de sus respectivos estilos. Ambos tenían un estilo propio, personal, muy marcado. Ambos son iconos.

Mike Inez decía que el funeral de Lemmy será como el de un jefe de estado, una convención de gentes del rock and roll rindiendo homenaje al más auténtico rockero. Recuerdo la sucesión de sentidos homenajes hacia Johnny Cash cuando murió. No levantó el mismo revuelo de fans deprimidos y la misma atención mediática que la muerte de Michael Jackson, pero la superó con mucho en la cantidad de músicos que participaron. Desde Bob Dylan a Glenn Danzig, de Trent Reznor a Chris Kristofferson, del propio Lemmy a Alice Cooper, todos decían que no había existido nadie como Johnny Cash, el hombre que rompió un cheque de 10.000$ porque pensó que el cajero del banco le estaba tomando a pitorreo, al decirle que no tenían “cash”. Dos individuos que deberían ser estudiados tanto por psicólogos como por sociólogos.

Muchos son los iconoclastas que viven obsesionados con tumbar a estas dos leyendas, que se pasan el día tachándoles de “adictos endiosados”, de “poco virtuosos” y de tener “poco registro vocal”. Dicen que son leyendas por el mero hecho de ser quienes son, sin plantearse que si son quienes son es porque, como músicos, han hecho méritos suficientes y que son leyendas porque, junto a sus méritos musicales, están sus arrolladoras personalidades. Siempre han hecho lo que han querido, como lo han querido, y mejor que la mayoría, algo que despierta tantas envidias como fanatismos. Músicos como Duff McKagan, Jim Heath, Dave Navarro o Dave Grohl son buenas muestras de la influencia de la influencia de estas dos personalidades. El propìo Steve Vai, uno de los guitarristas más virtuosos de las últimas décadas, ha mostrado públicamente su admiración hacia ambos.

Y es que en esta sociedad sin cafeína, sin nicotina, baja el sal y con 0% de materia grasa, donde el cine y la música son tan artificiales como los muebles de Ikea y la comida que plaga las neveras de los supermercados, donde afrontamos cabizbajos una nueva forma de esclavitud que nos impone el modelo económico, como ratas en una carrera contra el muro obsesionados con el crecimiento económico, ya no aparecen músicos carismáticos. No es que ya no existan, es que nadie les da bola. Al final The Monkees han acabado por ser la norma, y gente como Lemmy o Cash las honrosas decepciones que siempre nos recordarán que, aunque nazcamos para morir, el viaje lo decidimos nosotros, y no debería hacerlo nadie más.

Dirk se cansó

Dirk se cansó de perder.

Para muchos Dirk Nowitzki es el mejor jugador europeo de la historia, pero nunca ha levantado un título. A nivel individual tiene un currículo impresionante, empezando por ser el único jugador europeo que ha sido MVP de la NBA, haber sido elegido jugador europeo del año dos veces, haber ganado un par de concursos de triples de la NBA, haber sido en múltiples ocasiones elegido para el all-star y en alguno de los tres quintetos ideales de la NBA y haberse coronado máximo anotador y MVP en el Eurobasket. Su impresionante muñeca, su agilidad y su visión a la hora de buscarse posiciones de tiro suelen ser los puntos más evidentemente destacables de su juego, pero sin lugar a dudas el gran fuerte de Dirk está en su férrea voluntad. Cuando llegó a la liga, en el ya lejano año del lock-out, Nowitzki era un alero muy alto con buen tiro, pero blando en defensa, físicamente débil e inconsistente en el rebote, defectos que ha logrado pulir con años de duro trabajo, hasta convertirse en un aceptable defensor capaz de capturar nueve rechaces por partido. Su mecánica de tiro, casi sin saltar, con ese personal movimiento pivotando de espaldas al aro que le permite, con sólo un paso hacia atrás, hacerse hueco para lanzar, ha acabado por convertirse en una de esas jugadas que se enseñan a los jóvenes en las escuelas de baloncesto. Y es que Nowitzki es el jugador que mejor define al alero alto europeo moderno, basta con ver a jóvenes valores como Nicola Mirotic.

Pero como decía al principio, a pesar de todo esto, Nowitzki nunca ha levantado un título como profesional. Aunque era una promesa en su etapa juvenil, que despertó el interés de equipos como el Barcelona o la Benneton de Treviso, decidió jugar en tercera división alemana mientras cumplía con el servicio militar. En esa época fue cuando Don Nelson le descubrió y le convenció para presentarse al draft. Al contrario que otras grandes estrellas europeas, como Sabonis, Kukoc, Kirilenko, Danilovic o Petrovic, se marchó a la NBA sin haber logrado un gran palmarés en Europa. En sus dos mejores temporadas en Dallas el equipo naufragó en dos decepciones históricas: en 2006 perdieron la final contra Miami tras haber ganado los dos primeros partidos (la primera vez en la historia, y de momento la única, en la que un equipo perdía una final de la NBA tras haber logrado ponerse con un 2-0 a favor), en 2007 fueron eliminados en primera ronda por Golden State Warriors tras haber sido líderes de conferencia (la primera vez en la historia, desde que se impuso el formato de 7 partidos, en la que el primero caía en primera ronda). En ambas derrotas se le achacó a Nowitzki el haber estado por debajo de su nivel. Con la selección alemana tampoco logró ganar ningún campeonato, si bien es cierto que, con equipos bastante mediocres a su alrededor, fue capaz de llevarles a la lucha por las medallas en varios europeos. En cambio, los otros grandes jugadores europeos de su generación (Papaloukas, Kirilenko, Jasikevicius, Diamantidis, Gasol) sí se han cansado de levantar trofeos, ya sea con sus selecciones o con sus clubes.

Pero esta temporada parece que podría cambiar la cosa. Nadie daba un duro por Dallas más allá de una hipotética semifinal de conferencia, yo el primero dado que en los partidos que había visto me habían dado la impresión de equipo deslabazado, poco ordenado en ataque y excesivamente individualizado. Parecía que en el oeste la cosa estaría entre los Lakers y San Antonio u Oklahoma, pero San Antonio no lograron superar la primera ronda y Oklahoma están sufriendo bastante más de lo esperado contra los Grizzlies de Memphis. En cambio Dallas superó con claridad a los Trail Blazers de Portland y se dieron una merienda a costa de unos Lakers sin mordiente, más similares a una jaula de grillos que a un equipo, donde Kobe Bryant decidió hacer mutis por el foro en la eliminatoria, Artest volvió por sus fueros de ex presidiario del baloncesto y Gasol protagonizó su peor racha de la temporada. Y esta vez Nowitzki dio la cara y fue el líder que los Mavericks necesitaban. Y las malas impresiones de la liga regular se esfumaron, mostrando a Dallas como un equipo sólido defensivamente, con un largo banquillo y unos tiradores demoledores (Jason Kidd, Jason Terry, José Juan Barea, Pedja Stojakovic y el propio Nowitzki) capaces de romper cualquier defensa, que peca tal vez de ser un poco endeble en la zona (el triunvirato Marion, Haywood y Chandler es efectivo en defensa pero acusa una gran falta de centímetros y de potencial ofensivo) y no muy fuerte físicamente. Estos PO prometían ser unos de los más igualados y sorprendentes de los últimos años, y no están defraudando: Sorpresa tras sorpresa en el oeste y duelos épicos en el este.

Llega una nueva generación de estrellas a la NBA: Westbrook, Durant, Curry, Griffin, Rose, Love, Wall, Aldridge, Cousins… una brillante constelación para todos los que amamos el baloncesto, pero el veterano Dirk parece cansado de perder, en un equipo rodeado de otros veteranos con hambre de títulos que ven en este playoff una última oportunidad. El alemán quiere levantar un título y parece que en esta ocasión dará hasta el último aliento para conseguirlo.

En el reino de los mediocres el menos malo es el rey.

El pasado viernes tuve una tarde relajada. Al faltar uno de mis profesores pude darme un paseo por el centro de Compostela, el típico paseíllo escuchando una recopilación de temas de Barricada y Barón Rojo en el MP3, para estirar las piernas y relajar la cabeza. Claro, no había pensado que el concepto “relajar la cabeza” no es compatible con el concepto “apertura de la campaña electoral”.

Lo chabacano y mediocre está tan interiorizado entre nuestros políticos que daría la risa si no diera tanto miedo pensar que esa gente dirige nuestra vida. Las referencias que están haciendo en esta campaña los políticos locales son de delirio: El PSOE apuesta por un pulpo Paul sobre una urna con su logo, con el slogan “Vota polo polbo da túa vida” (para los no gallego-parlantes, polbo significa pulpo, y la frase sería un juego de palabras dado que aunque literalmente diga “Vota por el pulpo de tu vida” suena igual que “Vota por el polvo de tu vida”), ingenio de barra de bar y referencia futbolera. Pero aquí no acaba el show porque el candidato del PP, Conde Roa, se ha convertido en CR11… ¿qué clase de candidato a la alcaldía de una ciudad cree que puede ganar votos equiparándose a un futbolista portugués malencarado y sobre el que recaen sospechas, parece que bastante fundamentadas, de estar implicado en asuntos turbios (2008, Manchester United, prostitutas, cocaína…)? Vamos, que precisamente no es que Bugallo y Roa sean Kruschev y Churchill. Del resto de partidos no diré nada porque no me he dado de morros todavía con su publicidad.

El caso es que ver esto me hace pensar en los políticos que recuerdo de mi infancia y pre-adolescencia. Porque no es que sólo los políticos locales ya no sean lo que eran, es que la clase política española últimamente deja mucho que desear. Independientemente de las ideas de cada uno ¿hay en esta generación de políticos alguno con la cultura y preparación de los de la anterior? ¿tiene el BNG a alguien como Beiras? ¿tiene el PP a un Fraga(bueno, tiene a Fraga todavía… pero el hombre con esta edad mejor estaría jubilado)? ¿hay en Izquierda Unida un nuevo Anguita? ¿alguien el PSOE habla como Felipe González?.  Si Rubalcaba y Rajoy son lo mejor que los partidos mayoritarios pueden ofrecer… vamos jodidos. Desde que Aznar ganó unas elecciones su estilo se impone: gris, maleducado y mediocre.

No hace mucho veía un debate autonómico entre Beiras y Fraga, no recuerdo exactamente el año pero debía ser sobre finales de los ’90, uno puedo estar más o menos de acuerdo con las ideas de cualquiera de ellos, no quiero meterme en este artículo en cuestiones ideológicas, pero costaba seguir el debate, y no porque no hablaran claro sino porque lo que decían te hacía pensar, y a veces hasta te obligaba a consultar una enciclopedia para entender las referencias que se daban. Era un debate denso e ilustrado. Entonces se veía una cultura, una preparación y una inteligencia que yo no acabo de ver en los políticos actuales, eran políticos capaces de argumentar lo que defendían, aunque en muchos casos fuera hasta indefendible.

En la política española reinan los trepas, los “hombre del partido” que llevan años sabiendo qué espaldas rascar, qué pollas chupar y qué culos lamer, y en lugar de tener políticos capaces, bien formados e inteligentes tenemos a un montón de niños de papá, o neo-caciques adinerados por algún pelotazo bursátil/inmobiliario, que no saben hacer la o con un canuto y pasan sus noches mascando el insulto, lo que ha convertido los debates parlamentarios en discusiones de patio de colegio. “Tú eres un ladrón”, “pues tú más”. “Tú has hundido la economía del país”, “pues tú la hundiste antes”. Sobrecogedor. La política se ha futbolizado, hooliganizado y americanizado hasta niveles que rozan el absurdo, y la nueva norma es el «insulta que algo queda», práctica que los periolistos que pueblan esos panfletos, que algunos osan llamar prensa, realizan a diario. También es algo normal, desde que se ha impuesto el voto inútil y la gente, en lugar de votar al programa que más se adapta a sus ideas, vota a uno de los dos grandes para evitar que gane el otro, estos partidos sienten que no necesitan ni un programa ni un líder decente para conseguir la victoria, basta con acojonar lo suficiente al electorado indeciso y confiar en su electorado hooligan.

La gente se queja de los enormes sueldos de futbolistas y actores y yo me pregunto si no se dan cuenta de lo verdaderamente aterrador que es ver como se pagan sueldos exorbitados a chupópteros y correveidiles que, en tiempos de crisis, tiran el dinero público en chorradas (¿una playa artificial en un pueblo que ya tiene playa?¿tres aeropuertos enanos en Galicia mientras Oporto se lleva todos los vuelos importantes?¿una macrobiblioteca situada en un complejo cultural mal comunicado?) mientras se recorta en servicios sociales básicos (9 horas en urgencias para que te atienda un traumatólogo porque sólo hay uno de guardia y no hay radiólogos).

En fin, que con este panorama dan ganas de coger el primer vuelo a Vladivostok, que seguro que hay trabajo en la recogida de cebolla.

¿Poderío interior?

Llevo un año escuchando a la prensa española hablar del «poderío interior de los Lakers». La supuesta ventaja que les debería hacer campeones de liga este año. Y llegan los PO y la prensa yankee se pone a dudar de que Bynum-Gasol sea una buena combinación. Parece que el ex novio de Rihanna se ha mostrado a lo largo de la temporada como un pivot demasiado blando en cuestiones defensivas y comienzan a surgir las dudas ¿Mejor Gasol de 5 con Odom de 4? Pero la verdadera duda es ¿podrán imponerse a los rocosos pivots de Oklahoma en una hipotética final de conferencia? Si ayer sudaron tinta contra los Mavericks, donde destacan Chandler, sólido defensor pero poco talentoso en ataque, y Marion, venido a menos por las lesiones. De momento golpean primero los tejanos, como también golpeó primero Memphis, la gran sorpresa, a Oklahoma. Y en Memphis sí que hay poderío interior.

No pude verles contra Oklahoma pero el pasado viernes sí les vi contra San Antonio Spurs. Randolph siempre me había recordado, por físico y muñeca a Antoine Walker, pero otro día parecía la resurrección baloncestística del mismísimo «Gordo» Barkley. Y Marc Gasol al lado haciendo de secundario de lujo, doble-doble con un par de tapones y bailando con la más fea, con el mejor jugador interior de la pasada década, Tim Duncan, un poco venido a menos por los años pero todavía un superclase. Y el octavo se carga al primero y hace historia, pasando una eliminatoria por primera vez en todos sus años en la NBA (antes no había logrado ni ganar un sólo partido).

En fin, dentro de un par de semanas ya sabremos quién tenía el verdadero poderío interior en la liga.

Magia en el rock and roll

Cuando Deep Purple, con su MKIII grababan Stormbringer, disco que siempre he creído esencial e infravalorado, dos temas de Richie Blackmore fueron rechazados. Hoy recordaba este hecho escribiendo una paginilla para el fanzine del pub TNT sobre la trayectoria de Ronnie James Dio. Cuando aquellos Purple preparaban el segundo disco de la era Coverdale/Hughes, seguramente la mejor dupla de vocalistas que han militado juntos en una banda de rock and roll, Richie Blackmore, el legendario hombre de negro, les enseñó dos temas a sus compañeros que no acabaron de convencerles: “Black Sheep of the Family” y “Sixteenth Century Greensleeves”. No se qué virus afectó al oído del resto de miembros de la banda, ni cuánta tensión podría haber entre ellos, para que decidieran que esas canciones no merecían aparecer en el disco, manteniendo en cambio temas como “Love don’t mean a thing”, “The Gipsy” o “You can’t do it right”. El caso es que gracias a esto Blackmore decidió probara grabar los temas con otros músicos, lo que en pocos meses acabó llevando al nacimiento de una de las formaciones más legendarias del rock de los 70, los Rainbow, una banda que tenía magia en su música.

Sí, magia. A veces suena un poco bucanero decir lo de magia, pero los que conocen esta década en profundidad, los que se han repasado y disfrutado los primeros discos de Toto, los clásicos de Kansas, el MKIII de los Purple, la primera época de Magnum, los momentos más folkies de los Zeppelin o los discazos monumentales de Jethro Tull y Blue Öyster Cult. Bandas que sabían hacer arreglos barrocos sin tener que plagar sus temas de orquestas midi pregrabadas. Grupos que evocaban pasajes literarios de Moorcock, Philip K. Dick, Arthur C. Clarke o Tolkien sin caer en las burdas dragonadas con las que nos torturó el metal italiano de la segunda mitad de los 90. Grupos con regusto a ilustración de Frazzetta, bandas sonoras de muchas tardes sosegadas de lectura o noches de camaradería, mientras resbalan por nuestras gargantas litros de fría cerveza o dorado bourbon.

Suena a tópico, pero ya no hay bandas así. La gran mayoría asimilan mal la influencia de la literatura y el cine fantástico, caen en lo recargado, en los excesos de material pregrabado, en letras de patio de colegio que parecen escritas a golpe de tirar un D20. En los últimos años sólo un par de bandas nuevas me han transmitido esa misma sensación de total evasión a través de su música: Grand Magus y Witchcraft. Sobre todo los segundos. Cuando escuché su “If crimsom was your colour”, del The Alchemist, recibí una de esas grandes alegrías que de vez en cuando nos da esa caprichosa y esquiva amante llamada rock and roll. Fue escuchar esas guitarras y sentir mi mente cabalgando a lomos de un dragón por una angosta garganta, sobre un rojo desierto extraterrestre, rodeado de negras cascadas iluminadas por un mortecino sol entre oscuras nubes de humeante azufre. Una música que hace volar tu cabeza y tu alma como los guitarrazos de Hendrix, Uli Jon Roth o el Clapton más genial de los Cream. Como cabalgar por un paisaje de Whelan o Frazzetta, como las ilustraciones de Corben basadas en los poemas de Poe y Lovecraft.

Porque si hay algo que hace tan especial esta música es su capacidad para hacernos soñar, para quitarnos de la cabeza nuestros problemas, para seguir sorprendiéndonos cuando creemos que ya lo hemos visto todo. Y porque de una discusión y dos temas descartados puede nacer una banda que se convierta en la banda sonora de muchas vidas.

Robbo el indomable

Tras el bajón de la marcha de KK Downing el otro día al fin el rock and roll me da una buena noticia. Nuevo disco de Brian «Robbo» Robertson. Si este nombre no te dice nada el rock and roll no es lo tuyo, no te preocupes, hay muchas opciones, tienes el metal mainstream o el pop gafapasta, pero definitivamente si no conoces a Robbo es que esto del rock and roll no te va.

El caso es que desde que dejó Motorhead allá por el ’84 el hombre no ha sido muy prolífico. Un disco  en una onda más bluesy a mediados de los 90, una colaboración hace un par de años con The Bitter Twins y su aparición en el homenaje a Phil Lynott que se montó Gary Moore allá por 2005 con varios ex-Thin Lizzy. No hace mucho todavía comentaba con un amigo «¿Qué sería de Brian Robertson?».

Había oído rumores de que el hombre había sucumbido a su alcoholismo, y otros que apuntaban a que su carácter agresivo e indomable le había enviado al hospital con graves lesiones, pero parece que el escocés, un ejemplar de pura raza rockera macarra de los 70, vuelve a estar activo. Se ha rodeado de Ian Haugland (Europe) a los parches y Leif Sundin (ex MSG) encargado de las voces junto a una corista y al bajista de Therion, que sólo toca en algunos temas.  Todavía no lo he escuchado entero, la verdad. De momento sólo los dos primeros temas y una versión del Running Back de Thin Lizzy, pero la cosa apunta a que esto no tiene nada que bar ni con Thin Lizzy, ni con Wild Horses y ya ni muchísimo menos con Motorhead. Temas muy melódicos y elegantes en un disco que mezcla AOR con tintes de rock inglés de finales de los 60. Desde luego no es tan agresivo como uno podría esperarse, siendo un disco del tío al que echaron de Thin Lizzy por ser un broncas y de Motorhead por borracho (a Lemmy no le debía hacer gracia que alguien de su grupo trasegara más whisky que él), pero su buen gusto a la hora de tocar parece que sí sigue intacto, con unos solos que destilan elegancia y saber hacer de la vieja escuela. Por el resto del set del disco he podido ver que hay alguna versión más de Thin Lizzy, algún tema coescrito con Phil Lynnot (por lo que deben llevar compuestos desde hace más de 25 años) y algún otro escrito con Frankie Miller.

Siempre he pensado que si hubiera sido capaz de controlar su carácter (y su muy escocesa pasión por el dorado licor) podría haber llegado a ser tan grande como Gary Moore, pero Robbo siempre fue indomable, tan genial e innovador en su momento como conflictivo, egocéntrico y alcohólico.

No Downing is a Downer

Bajonazo rockanrolero today. Dicen en Radio Macuto que KK deja de los Judas, y debe ser cierto porque su web oficial lo corrobora. La de Downing no la he mirado porque así sigo con mi ilusión de no creérmelo, pero parece que el rubiales que toca la guitarra en la banda de Lauren Harris (la hermosa y poco talentosa hija de Steve Harris) va a ser su sustituto. ¿Y qué sentido tiene ahora la gira de despedida? La gracia era ver a la formación «clásica» (bueno, realmente la formación Painkiller, pero hay que reconocer que Scott Travis es el mejor batería que ha pasado por los Judas) girando por última vez, pero ¿sin Downing?, si era el más en forma de los Judas. El cabrón con casi 60 añazos se mueve por el escenario más que yo con 26 (claro que ellos suelen tocar en escenarios más grandes que los que me tocan a mi, y no tienen que comerse el montaje previo y el desmontaje y carga posterior), sin contar que en sus pantalones a mi no me  cabe ni la pierna derecha. Pero se va, y no le voy a criticar, si tras todo este tiempo el hombre ha decidido que no tiene ganas de seguir, en su derecho está.

Su carrera es intachable, desde que hace 41 años vio la luz la primera formación de los Priest (con Al Atkins en las voces) siempre ha sido un músico honesto, profesional y dedicado. Supo evolucionar y hacer muchas cosas sin apartarse del espíritu de su música y siempre destiló muchísima clase junto a su inseparable compañero Glenn Tipton, formando la mejor pareja de guitarristas del heavy metal.

Y ahora ese mágico matrimonio de talento se rompe.  Las dos hachas del heavy metal no van a sonar juntas again, y nosotros nos lo perdemos, sobre todo los que estábamos ilusionados por ese triple cartelazo este verano: Motorhead, Saxon y Judas Priest, junto con Rainbow y Black Sabbath mis grupos favoritos. Pero sin Downing no va a ser lo mismo. Seguro que el chaval este lo hace muy bien, sin duda, pero no es KK. Era la última gira y queríamos disfrutar por última vez de la magia de esos dos ases de la guitarra, de la voz del tito Rob, que ya no es lo que era pero sigue teniendo momentos en los que te pone los pelos como escarpias, de la postura de estar bailando un chotis de Ian Hill con su bajo de cuerdas negras (coño, ¿hay algo más heavy que llevar un bajo con cuerdas negras?) y del fibroso Travis tras los parches, el metrónomo humano. Supongo que por motivos de contratos a estas alturas lo de cancelar la gira no es posible. Sería lo más honrado pero habrá mucha pasta de por medio, y los colegas querrán hacer caja por última vez para darse una jubilación dorada, tumbados al sol en Miami, Duvrovnik,  Canarias o Mallorca (de hecho el KK tiene una casita en Marbella, por lo que me han comentado) que el frío, la humedad y el humo de las siderúrgicas de su Birmingham natal es un buen caldo de cultivo para hacer un metal cabrón, rabioso, de clase obrera cansada de su trabajo y con ganas de desconectar el fin de semana, pero para las articulaciones, el reuma y los palos que da el tiempo pues todos los gallegos ya sabemos que no es lo más agradable.

En fin, espero que este adiós sea un hasta luego, y que nos regale una última muestra de su talento en forma de disco en solitario, como ya hizo Tipton hace una década. Yo mi próxima cerveza me la tomaré a la salud del viejo KK, y de todas las horas de rock and roll con las que ha alegrado mi vida.