Dirk se cansó

Dirk se cansó de perder.

Para muchos Dirk Nowitzki es el mejor jugador europeo de la historia, pero nunca ha levantado un título. A nivel individual tiene un currículo impresionante, empezando por ser el único jugador europeo que ha sido MVP de la NBA, haber sido elegido jugador europeo del año dos veces, haber ganado un par de concursos de triples de la NBA, haber sido en múltiples ocasiones elegido para el all-star y en alguno de los tres quintetos ideales de la NBA y haberse coronado máximo anotador y MVP en el Eurobasket. Su impresionante muñeca, su agilidad y su visión a la hora de buscarse posiciones de tiro suelen ser los puntos más evidentemente destacables de su juego, pero sin lugar a dudas el gran fuerte de Dirk está en su férrea voluntad. Cuando llegó a la liga, en el ya lejano año del lock-out, Nowitzki era un alero muy alto con buen tiro, pero blando en defensa, físicamente débil e inconsistente en el rebote, defectos que ha logrado pulir con años de duro trabajo, hasta convertirse en un aceptable defensor capaz de capturar nueve rechaces por partido. Su mecánica de tiro, casi sin saltar, con ese personal movimiento pivotando de espaldas al aro que le permite, con sólo un paso hacia atrás, hacerse hueco para lanzar, ha acabado por convertirse en una de esas jugadas que se enseñan a los jóvenes en las escuelas de baloncesto. Y es que Nowitzki es el jugador que mejor define al alero alto europeo moderno, basta con ver a jóvenes valores como Nicola Mirotic.

Pero como decía al principio, a pesar de todo esto, Nowitzki nunca ha levantado un título como profesional. Aunque era una promesa en su etapa juvenil, que despertó el interés de equipos como el Barcelona o la Benneton de Treviso, decidió jugar en tercera división alemana mientras cumplía con el servicio militar. En esa época fue cuando Don Nelson le descubrió y le convenció para presentarse al draft. Al contrario que otras grandes estrellas europeas, como Sabonis, Kukoc, Kirilenko, Danilovic o Petrovic, se marchó a la NBA sin haber logrado un gran palmarés en Europa. En sus dos mejores temporadas en Dallas el equipo naufragó en dos decepciones históricas: en 2006 perdieron la final contra Miami tras haber ganado los dos primeros partidos (la primera vez en la historia, y de momento la única, en la que un equipo perdía una final de la NBA tras haber logrado ponerse con un 2-0 a favor), en 2007 fueron eliminados en primera ronda por Golden State Warriors tras haber sido líderes de conferencia (la primera vez en la historia, desde que se impuso el formato de 7 partidos, en la que el primero caía en primera ronda). En ambas derrotas se le achacó a Nowitzki el haber estado por debajo de su nivel. Con la selección alemana tampoco logró ganar ningún campeonato, si bien es cierto que, con equipos bastante mediocres a su alrededor, fue capaz de llevarles a la lucha por las medallas en varios europeos. En cambio, los otros grandes jugadores europeos de su generación (Papaloukas, Kirilenko, Jasikevicius, Diamantidis, Gasol) sí se han cansado de levantar trofeos, ya sea con sus selecciones o con sus clubes.

Pero esta temporada parece que podría cambiar la cosa. Nadie daba un duro por Dallas más allá de una hipotética semifinal de conferencia, yo el primero dado que en los partidos que había visto me habían dado la impresión de equipo deslabazado, poco ordenado en ataque y excesivamente individualizado. Parecía que en el oeste la cosa estaría entre los Lakers y San Antonio u Oklahoma, pero San Antonio no lograron superar la primera ronda y Oklahoma están sufriendo bastante más de lo esperado contra los Grizzlies de Memphis. En cambio Dallas superó con claridad a los Trail Blazers de Portland y se dieron una merienda a costa de unos Lakers sin mordiente, más similares a una jaula de grillos que a un equipo, donde Kobe Bryant decidió hacer mutis por el foro en la eliminatoria, Artest volvió por sus fueros de ex presidiario del baloncesto y Gasol protagonizó su peor racha de la temporada. Y esta vez Nowitzki dio la cara y fue el líder que los Mavericks necesitaban. Y las malas impresiones de la liga regular se esfumaron, mostrando a Dallas como un equipo sólido defensivamente, con un largo banquillo y unos tiradores demoledores (Jason Kidd, Jason Terry, José Juan Barea, Pedja Stojakovic y el propio Nowitzki) capaces de romper cualquier defensa, que peca tal vez de ser un poco endeble en la zona (el triunvirato Marion, Haywood y Chandler es efectivo en defensa pero acusa una gran falta de centímetros y de potencial ofensivo) y no muy fuerte físicamente. Estos PO prometían ser unos de los más igualados y sorprendentes de los últimos años, y no están defraudando: Sorpresa tras sorpresa en el oeste y duelos épicos en el este.

Llega una nueva generación de estrellas a la NBA: Westbrook, Durant, Curry, Griffin, Rose, Love, Wall, Aldridge, Cousins… una brillante constelación para todos los que amamos el baloncesto, pero el veterano Dirk parece cansado de perder, en un equipo rodeado de otros veteranos con hambre de títulos que ven en este playoff una última oportunidad. El alemán quiere levantar un título y parece que en esta ocasión dará hasta el último aliento para conseguirlo.

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