No Downing is a Downer

Bajonazo rockanrolero today. Dicen en Radio Macuto que KK deja de los Judas, y debe ser cierto porque su web oficial lo corrobora. La de Downing no la he mirado porque así sigo con mi ilusión de no creérmelo, pero parece que el rubiales que toca la guitarra en la banda de Lauren Harris (la hermosa y poco talentosa hija de Steve Harris) va a ser su sustituto. ¿Y qué sentido tiene ahora la gira de despedida? La gracia era ver a la formación “clásica” (bueno, realmente la formación Painkiller, pero hay que reconocer que Scott Travis es el mejor batería que ha pasado por los Judas) girando por última vez, pero ¿sin Downing?, si era el más en forma de los Judas. El cabrón con casi 60 añazos se mueve por el escenario más que yo con 26 (claro que ellos suelen tocar en escenarios más grandes que los que me tocan a mi, y no tienen que comerse el montaje previo y el desmontaje y carga posterior), sin contar que en sus pantalones a mi no me  cabe ni la pierna derecha. Pero se va, y no le voy a criticar, si tras todo este tiempo el hombre ha decidido que no tiene ganas de seguir, en su derecho está.

Su carrera es intachable, desde que hace 41 años vio la luz la primera formación de los Priest (con Al Atkins en las voces) siempre ha sido un músico honesto, profesional y dedicado. Supo evolucionar y hacer muchas cosas sin apartarse del espíritu de su música y siempre destiló muchísima clase junto a su inseparable compañero Glenn Tipton, formando la mejor pareja de guitarristas del heavy metal.

Y ahora ese mágico matrimonio de talento se rompe.  Las dos hachas del heavy metal no van a sonar juntas again, y nosotros nos lo perdemos, sobre todo los que estábamos ilusionados por ese triple cartelazo este verano: Motorhead, Saxon y Judas Priest, junto con Rainbow y Black Sabbath mis grupos favoritos. Pero sin Downing no va a ser lo mismo. Seguro que el chaval este lo hace muy bien, sin duda, pero no es KK. Era la última gira y queríamos disfrutar por última vez de la magia de esos dos ases de la guitarra, de la voz del tito Rob, que ya no es lo que era pero sigue teniendo momentos en los que te pone los pelos como escarpias, de la postura de estar bailando un chotis de Ian Hill con su bajo de cuerdas negras (coño, ¿hay algo más heavy que llevar un bajo con cuerdas negras?) y del fibroso Travis tras los parches, el metrónomo humano. Supongo que por motivos de contratos a estas alturas lo de cancelar la gira no es posible. Sería lo más honrado pero habrá mucha pasta de por medio, y los colegas querrán hacer caja por última vez para darse una jubilación dorada, tumbados al sol en Miami, Duvrovnik,  Canarias o Mallorca (de hecho el KK tiene una casita en Marbella, por lo que me han comentado) que el frío, la humedad y el humo de las siderúrgicas de su Birmingham natal es un buen caldo de cultivo para hacer un metal cabrón, rabioso, de clase obrera cansada de su trabajo y con ganas de desconectar el fin de semana, pero para las articulaciones, el reuma y los palos que da el tiempo pues todos los gallegos ya sabemos que no es lo más agradable.

En fin, espero que este adiós sea un hasta luego, y que nos regale una última muestra de su talento en forma de disco en solitario, como ya hizo Tipton hace una década. Yo mi próxima cerveza me la tomaré a la salud del viejo KK, y de todas las horas de rock and roll con las que ha alegrado mi vida.

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