Ortigueira: Gloria y caída

Recuerdo, hace años, que llegó mi primo Pablo a casa, a la hora de comer, y anunció “Varela quiere recuperar el festival del Mundo Celta”. Yo no tenía ni idea de qué era eso del Mundo Celta, y mi madre me explicó que entre finales de los 70 y mediados de los 80 en Ortigueira se celebraba un festival de música celta, uno de los más importantes de Europa. Me decía que las calles del pueblo se llenaban de gente de todas partes y había conciertos toda la noche, algo que a mi me sorprendía.

Pasaron los años y el festival fue creciendo. De niño no es que lo disfrutara mucho, veías a artistas callejeros haciendo malabares y a gente rara que rompía la monotonía del pueblo, y era divertido pero tampoco mucho más.

Ya en la adolescencia la cosa cambió. Aunque ya de aquella me tiraba más el rock and roll y el heavy metal, el Festival era un cúmulo de oportunidades. Podías pasarte la tarde tumbado frente al escenario Runas bebiendo cerveza mientras escuchabas a grupos noveles, podías irte a la primera fila de noche en el escenario grande, con tu garrafa de cinco litros de kalimotxo, a botar con los colegas, podías acercarte a la playa y flipar descubriendo lo que era un total territorio sin ley, podías pasear por puestos de artesanía y comprarte muñequeras de cuero y camisetas molonas, podías salir de casa y no ver las mismas caras de siempre. Algunos no valorarán estas cosas, pero con 16-17 años, en un pueblo pequeño donde generalmente te aburres como una ostra porque no hay mucho más plan que irte a echar unas canastas si no llueve (y en el Ortegal casi siempre llueve), donde nunca te gusta la música que ponen en los bares, donde la mayor parte de la gente te tacha de “raro” en el mejor de los casos, aquello era un oasis de felicidad y libertad.

Tuve la suerte de que esa edad coincidió con los años más mastodónticos del festival, entre 2001 y 2005. Cuando la asistencia andaba entre las 100000 y las 80000 personas, cuando podías disfrutar de verdaderos grupazos. En Ortigueira vi el que podría llamar “concierto de mi vida”, el de la banda de bluegrass-jazz norteamericana Bela Fleck and the Flecktones, con Victor “mr. Años 90” Wooten al bajo. Esa noche decidí que si algún día tocaba un instrumento sería el bajo. Aquel fue un conciertazo absolutamente demoledor, me voló la cabeza. Recuerdo también a otras muchas bandas que disfrutamos durante esos años, como Capercaille, Wolfstone (a los que estoy escuchando ahora mismo), Gwendal, The Chieftains, Liam O’Flynn, Alan Stivell, La Bottine Souriante, Hedningarna, Three Men and a Dog, Kepa Junkera, Fanfarria Ciorcalia, Milladoiro… hasta recuerdo ver a Carlos Núñez tocando la flauta en medio de la calle porque su actuación en el escenario principal se había cancelado por una tormenta brutal, al final todo esto también ayudaba a tener la mente más abierta musicalmente y no cerrarme a uno o dos géneros. En la calle además no parabas de ver a malabaristas y mimos, dando color a todo, y en la que hasta una vez algún grupo se aventuró a tocar “fuera de cartel” (como los locales Domine Cabra, que por cierto eran un grupazo). Y como no, el desfile de bandas de gaitas del domingo, donde agrupaciones de todo Galicia, acompañadas de bandas irlandesas y escocesas, amenizaban las mañanas de resaca… bueno, si la resaca era muy grande puede que no fuese tan ameno.

Como anécdota inolvidable, estuve a punto de echar mi primer polvo en la edición de 2001, que con 16 años era algo muy «rito iniciático». Había logrado a última hora convencer a una chica con rastas bastante lindiña, con la que había estado compartiendo litrona en la primera fila, de que su tienda era el mejor sitio para acabar la noche y yo la mejor compañía, se ve que los astros se habían alineado o que yo estaba más guapo con los rizos salpicados de vino y cocacola. La cosa estaba hecha, la conversación era fluida y las miradas y sonrisas se volvían cómplices, pero se me ocurrió la desgraciada idea de enseñarle lo que era la caña de hierbas gallega. Le compré una botella a unos pavos que pasaban por allí (sí, literalmente por el camping había gente que se paseaba vendiendo botellas y otras sustancias más ilegales) y empezamos a compartir chupitos berreando canciones de Mago de Oz… No se había ni mediado la botella cuando la pava salió de la tienda para vomitar, ahí me di cuenta de que lo del estreno en lo de la pasión y la lujuria se había ido al carajo y me fui a buscar a alguien que me pudiera vender otra botella, esta vez de agua para que la pobre chavala se pudiera hidratar y cuidarse la resaca terrible que le esperaba. Lección aprendida: el alcohol en exceso arruina la diversion, pensabas que ibas a tener la noche de tu vida y acabas sujetándole el pelo a tu amor platónico de esa noche mientras echa hasta el desayuno.

El problema del festival fue que cada vez iba más gente, pero si la afluencia al festival aumentaba en 10 o 20000 personas, la afluencia a la zona de concierto aumentaba en 1000 o 2000. La música atraía a una buena cantidad de gente, pero una masa mucho más grande venía atraída por la idea de un macrobotellón con una zona de acampada en la que se podía practicar la compra venta de drogas totalmente libre. Una organización decente habría intentado minimizar la idea de que era una fiesta para beber y habría intentado dar mayor peso a la música. Pero con un gobierno local obsesionado con la maximización de los beneficios (en alcalde de entonces, del PP, había copiado la máxima de Berlusconi de «gestionar lo público como una empresa» que tan de moda estuvo en los primeros dosmiles entre los políticos conservadores), y con el beneplácito de los comerciantes del pueblo, que veían como el festival era una gran fuente de ingresos, la idea que se reforzó fue la de «macrofiestón de alcohol y drogas con entrada libre». Incluso se llegaron a poner carpas dance con DJ en la playa y la zona del muelle, a lo rave party, para indignación tanto de los amantes del folk como de la gente que creímos que la música tenía que ser lo principal. Con los años la calidad de las bandas fue bajando, invirtiéndose más dinero en publicidad y en dar más comodidades a los campistas y menos en la música. Con el tiempo la afluencia de gente motivada por la música bajó, por el bajón en el cartel, y la de gente motivada por el botellón gigantesco comenzó a caer por cansancio, ya que se aburrieron de ir todos los años al mismo sitio. Además, los mamoneos con Antón Reixa, los derechos del nombre, y algunos experimentos que se hicieron como el año de “la limonada” con Edu Soto haciendo de El Neng de Castefa encima del escenario fueron minando la imagen del evento.

En 2007 seguía siendo un festival muy grande, pero la cosa ya decaía. Me perdí la edición de 2008 por currar ese fin de semana y la de 2009 por irme al Derrame Rock a ver a GUN y Turbonegro. En 2010 volvía, después de dos años, y me quedé picueto al ver que el primer día los cabezas de cartel eran Celtas Cortos (no me judas, satanás, que una cosa es abrirse a múltiples sonoridades y otra es traer lo que le vendan al organizador con cualquier pretexto) y que el último, en lugar de conciertos, por la tarde-noche iban a poner la final del mundial de fútbol en las pantallas gigantes.

Este año la cosa fue a peor. Llegué el viernes sobre las diez de la tarde en un bus, desde Ferrol, medio vacío. Me encontré al bajar con la cantidad de gente que solías ver llegando un jueves a la tarde hace años (cuando el festival empezaba el viernes) subiendo hacia la playa (playa por la que ni me acerqué este año). Pasada la media noche fuimos a tomar unas cañas al Caracas y no tuvimos problema para coger una mesa en la terraza. Lo poco que escuché del concierto de Berrogüeto tenía un sonido indigno de un festival de ese nombre. El sábado llegó algo más de gente, pero no creo que se superaran las 20.000, es más, sin explorar la playa yo diría que debió estar sobre las 17.000 más o menos. El jueves no pude estar, pero me comentaron que lo mejor de la noche fueron Ulträqäns. El sábado sólo vimos un rato de Luar na Lubre y aun grupo canadiense cuyo nombre no recuerdo que en los temas instrumentales se salvaban pero que en los cantados tenían un deje a The Corrs que me daba bastante mal rollito. Alguien creo que me comentó que unos tales The Elders (no los conozco y nos pilló cenando y viendo la batucada, así que me los perdí) habían estado bastante bien. Yo eché en falta, sobre todo, más bandas que animaran a la gente a saltar, a bailar. Más folk de taberna con sabor a cerveza y whisky, con voces cazallosas desde la isla esmeralda, que hasta ni en el desfile de bandas de gaitas por las calles de la mañana del domingo contó con la presencia de bandas escocesas o irlandesas. Un escenario pequeño como el runas, para tener algo que escuchar por las tardes, también se añoraba, la verdad.

En general, comentando con otros colegas habituales que han vivido tantos o más festivales que yo, el tono era el mismo: esto va a menos, esto no es lo que era, decepción enorme. El saber si el festival de Ortigueira está herido de muerte o si podrá recuperarse (pero harán falta cambios), es cuestión de tiempo. Desde luego los nuevos planes de estudio con calendario Bologna creo que hacen imperiosa la necesidad de plantear el cambio de fechas y de dirección: la fórmula está agotada, hace falta más música.

Talento sin premio (equipos que merecían el anillo)

Hoy me pasado un rato largo buscando quién fue el primer europeo que ganó el anillo de campeón de la NBA. He llegado a la conclusión de que fue el eslovaco Richard Petruska, que jugó en los Rockets del ’94, aunque como jugador marginal desde el banquillo. Pero no es de los pioneros europeos de lo que quiero hablar, aunque sí continuaré hablando de otro: del lituano Sarunas Mariciulionis. Porque creo que él debería haber sido el primer europeo en ganar un anillo.

Concretamente en la temporada 90-91, cuando miliataba en los Golden State Warriors de Don Nelson. Me costó mucho conseguir vídeos de partidos de esa época, pero vale la pena, porque hacían un baloncesto precioso. Y es que la historia de la NBA está llena de equipos que encandilaban con su juego pero luego nunca daban la puntilla. Estos Warriors, donde aparte del sexto hombre lituano militaban otros grandes jugadores como Chris Mullin, Mitch Richmond o Tim Hardaway, al final fueron eliminados en la semifinal de conferencia por los Lakers. El gran interés que me suscita este equipo viene de dos innovadores conceptos de Don Nelson: el point-forward, o alero con la capacidad de subir el balón como si fuera un base y que mayormente juega por fuera, y el hecho de jugar sin un pivot real. Un equipo de marcada vocación ofensiva que realizaba un baloncesto directo.

Pero prefiero centrarme en equipos que viví «en directo» y no por  medio de referencias de videoteca NBA. Y empezaré, por orden cronológico, hablando de los Indiana Pacers de la temporada 99-00. Entrenados por Larry Bird, una de las pocas megaestrellas del baloncesto que también ha sido un grandísimo entrenador, estos Pacers acabaron la liga regular liderando el Este por encima de Miami Heat y New York Knicks. Tras sudar más de lo esperado contra los soprendentes Bucks en primer ronda, eliminar sin mucho problema a unos Sixers que jugaban íntegramente para el lucimiento de Iverson y finiquitar, por 4-2, a los Knicks con un Reggie Miller ejerciendo de malvado en New York y encarándose con la grada, acabaron derrotados por unos Lakers que venían de sufrir hasta el séptimo partido contra Portland, donde «Diesel» Shaq se bloqueó en los últimos partidos ante un Sabonis que veía que su carrera terminaba y jugó para intentar llevarse el anillo. Por desgracia para estos Pacers, carecían de un cinco que pudiera hacer eso en la final, y cayeron 4-2, aplastados por el tonelaje de un O’Neal en su mejor momento. Estos Pacers de Bird jugaban una rotación anormalmente larga para la NBA, contaba mucho con su «segunda unidad», siendo Jalen Rose y Reggie Miller los únicos jugadores con más de 30 minutos de media por partido. Era una plantilla larga de veteranos especialistas, con mucho oficio, y sin estrellitas. El ofensivamente talentoso pivot holandés Rick Smits, el cuatro reboteador Dale Davis, el jovencísimo proyecto de estrella Al Harrington, el impredecible playmaker Mark Jackson, el duro alero blanco Austin Croshere (que estaba haciendo una de sus dos temporadas buenas en la NBA), el croata Zan Tabak (aunque las lesiones le acabaron mandando al fondo del banquillo) y las antiguas estrellas reconvertidas a veteranos aportando pocos minutos pero de calidad Chris Mullin y Sam Perkins. Y los dos antes citados Rose y Miller como puntales anotadores. Un equipo sólido con los minutos muy repartidos, pero al que le faltó potencial interior para llevarse la liga.

Un par de años después, en la temporada 2001-2002, de nuevo los Lakers volvieron a barrer a un equipazo que llegaba con opciones de hacer historia, pero quedaron sin premio. «Slam Magazine» les había otorgado el título de «Mejor Equipo del Mundo» esa temporada a unos New Jersey Nets dirigidos por Byron Scott en el banquillo y por Jason Kidd en la cancha. El base californiano estaba en su mejor momento de forma, y muy bien rodeado por un equipo serio y sólido: Kenyon Martin, que había sido el número uno de uno de los peores drafts de la historia (el del 2000), Keith Van Horn, que se había reconvertido en un jugador de equipo tras sus años de intento de estrella, Kerry Kittles, un especialista en defensa, el gigantón canadiense Todd McCulloch, que hacía la mejor temporada de su vida, y desde el banquillo Richard Jefferson, Lucious Harris y Aaron Williams. Era una plantilla muy seria en defensa y con un ataque muy ordenado, gracias a los grandes estrategas que tenían como entrenador y y base. De nuevo, como les pasó a los Pacers dos años atrás, el problema estuvo en la pintura. Ningún jugador interior de la plantilla tenía la capacidad de parar a O’Neal, y fueron barridos por un 4-0 en la final contra LA.

Y aunque al año siguiente los Nets volvieron a la final, para mi el justo ganador de la 2002-2003 habrían sido los Sacramento Kings de Rick Adelman. Unos Kings que eran excitantes, jugaban a toda velocidad y de forma totalmente abierta. Se habían deshecho ya del espectacular pero descerebrado Jason Williams, y contaban como base con un Mike Bibby mucho más capaz para dirigir a un equipo ganador, equipo entrenado por Rick Adelman, que volvía a saborear las mieles del éxito tras sus años en Portland, y que se cimentaba en los puntos de Chris Webber y Peja Stojakovic y en la veteranía del sobrio Dough Christie y del siempre versátil Vlade Divac (parece mentira que el entrenador que tuvo a Drazen Petrovic chupando banquillo dos años acabara teniendo a dos serbios como titulares en su equipo), y además contaban con la aportación de Bobby Jackson (el «sexto hombre»), Hedo Turkoglu, Keon Clark y el veterano tirador Jim Jackson. Parecía que iban directos al título, hasta que en el segundo partido de la semifinal de conferencia, contra Dallas Mavericks, Chris Webber se lesionó. A pesar de la baja del máximo anotador y reboteador del equipo lograron forzar el séptimo partido contras los tejanos, pero finalmente cayeron derrotados.

Y cerramos esta lista de equipos que debieron ser campeones con los Phoenix Suns de 2007. Llevaban ya una racha de buenas temporadas desde la llegada de Steve Nash y Mike D’Antoni al equipo. La ex estrella del basket italiano hizo un equipo increíble, veloz y contundente en ataque pero a la vez sólido defensivamente. Casi podría decirse que era un equipo casi perfecto. En 2005 pagaron la novatada en la final de conferencia, en 2006 fueron las lesiones las que les apartaron del título (y a pesar de eso llegaron de nuevo a las finales de conferencia) y 2007 parecía su año. El equipo ya jugaba de memoria en su tercera temporada con D’Antoni en el banquillo y con una plantilla ya totalmente amalgamanda. Nash dirigía el juego con maestría, Stoudemire y Marion dominaban el rebote y se dedicaban a machacar aros. Raja Bell imponía su ley defensivamente ayudado por Boris Diaw. Y finalmente Leandrinho Barbosa ponía ritmo de samba saliendo desde el banquillo para aportar su pontencial ofensivo, siendo el mejor sexto hombre de la temporada. En el banquillo además, contaban con veteranos como Jalen Rose, Kurt Thomas o Eric Piatkowski. Parecía que nada les podía apartar del anillo, y más tras la caída del equipo con mejor balance del Oeste (los Dallas Mavericks) en primera ronda frente a los Warriors de Don Nelson. Pero en la semifinal de conferencia sufrieron, frente a los finalmente campeones San Antonio Spurs, con uno de los más polémicos arbitrajes de los últimos años en una eliminatoria NBA, tras no poder disputar Nash el último minuto del primer partido porque no le dieron tiempo a cerrar una brecha sangrante pero sobre todo por el altercado del cuarto partido, cuando Robert Horry agredió a Nash, lo cual provocó una tangana y acarreó una sanción para Horry (suplente en San Antonio) por dos partidos pero que les costó perderse el siguiente partido a Stoudemire y Diaw (ambos tituales en Phoenix) por «abandonar el espacio más cercano al banquillo». A pesar de las críticas de la prensa deportiva de todo el mundo, la sanción se ejecutó y los Suns fueron eliminados.

Siempre ha habido, y siempre habrá, equipos que no logren el premio merecido, porque el deporte no siempre es justo. Y además, la manía de recordar siempre al ganador hace que muchas veces queden olvidados. Pero algunos seguidores siempre recordaremos más al equipo que nos hizo disfrutar que al que finalmente alzó el título.

Skynyrd is America

Ronald Reagan dijo una vez “Rambo is America”. Pensemos en los tópicos que los europeos asociamos a EEUU por medio del cine, la publicidad y la televisión: derechona tradicionalista, militarismo, homenajes a la bandera, familia cristiana, rock and roll, Harley Davidson, Ford Mustang, Coca Cola, bourbon, Budweisser, Marlboro, mariguana de Nuevo Méjico y barbacoas en el jardín del vecino. Todo esto, muy concentrado, te lo puedes encontrar en God and Guns, hasta el momento el último disco de Lynyrd Skynyrd, de 2009.

El caso Skynyrd dentro de la escena southern de Jacksonville se ha convertido en leyenda. Tal vez no fueron los creadores de ese sonido pero sí la banda más exitosa comercialmente. Los cambios de formación, motivados por las trágicas muertes de varios miembros originales (pocas bandas deben haber sufrido tantos fallecimientos durante su existencia), han acabado por convertirlos además en una suerte de superbanda, con miembros de The Outlaws o Blackfoot. Y además de buen rock and roll, en sus letras puedes encontrar todo un manifiesto del estilo de vida southern, hecho que se hace más patente en este último trabajo.

La inicial Still Unbroken, un tema sobre rebeldía rockera y mantenerse firme en un estilo de vida, se descubre como uno de los singles más potentes que hayan grabado los Skynyrd de la etapa Johnny Van Zant. That ain’t my America y God & Guns, por su parte, son los dos temas que más patente dejan la visión ultraderechista y conservadora de la banda: religión, patriotismo, militarismo y críticas a las leyes de control de armas… afirmando en la segunda que dios y las armas son los pilares sobre los que se sostiene América. Siguiendo con una visión tradicionalista, pero sin un mensaje abiertamente facha yankee sino más bien desde un punto de vista de comunidad que se apoya entre si, encontramos Simple Life, cuyo título y temática recuerdan a uno de sus grandes hits de los 70, el clásico Simple Man.

Y es que muchos temas que ya habían tocado en el pasado retornan en este trabajo, como en el caso de la antes citada Simple Life o como en Southern Ways, una oda a su patria confederada muy en la onda de Sweet Home Alabama. Skynyrd Nation, por su parte, es un homenaje a los fans de la banda que abarrotan estadios en los EEUU (no en vano son la banda que más gente ha reunido en suelo estadounidense en un concierto sin grupos invitados). Little Thing Called You y Coming Back for More son dos grandes piezas de rock clásico, y Unwrite That Song una preciosa y melancólica balada. Floyd nos lleva de viaje a los pantanos de Florida, con un sonido pegajoso con influencias folklóricas que suena como una versión endurecida de Creedence Clearwater Revival, o hasta de The Outlaws. Los dos temas que cierran el disco, Storm y Gifted Hands, seguramente sean lo más flojo de este trabajo.

En este disco han dado muestra de todas sus facetas: desde el hard rock más enérgico hasta los más suaves sonidos sureños, pasando por influencias más folk, con un sonido fresco y actual pero que no pierde el norte y sus raíces de los 70.

En resumen, “el genuíno sabor americano” no lo encontrarás en una cajetilla de tabaco sino en la obra de esta banda que retrata, con sus canciones, una cara de la sociedad americana a la que el cine o la televisión suelen dar la espalda, la América profunda, rural, facha, alcohólica y tradicional, la América que se pelea en los bares para, después de intercambiar puñetazos, compartir un abrazo y otra copa.

El peligro de los E-Books (traducción de un artículo de Richard Stallman)

Nota del traductor: Llevaba un tiempo dándole vueltas al tema de los E-books, de cómo a largo plazo pueden cambiar la forma en que los lectores accedemos a las obras e interactuamos con ellas, y me encontré con este reciente artículo de Richard Stallman advirtiendo de lo mismo. Así que en lugar de escribir el artículo al que estaba dándole vueltas lo que ahora publicaré es una traducción del suyo, para los no angloparlantes. Intentaré hacerlo de la forma tan literal como mi nivel de inglés permita, espero que lo disfrutéis y meditéis sobre ello. Podéis consultar el original aquí

 

The Danger of E-Books (El peligro de los E-Books)

Richard Stallman

En una era en la que las empresas dominan a nuestros gobiernos y escriben nuestras leyes, cada avance tecnológico les ofrece a estas empresas una oportunidad para imponer nuevas restricciones al público. Tecnologías que podrían ayudarnos son utilizadas, en cambio, para encadenarnos.

Con los libros impresos:

  • Puedes comprarlos con dinero en metálico, de forma anónima.
  • Eres su propietario.
  • No se te hace firmar una licencia que te restringe su uso.
  • El formato es conocido, y no se requiere de una tecnología propietaria para leerlo.
  • Puedes regalar, prestar o vender el libro a otro.
  • Puedes, físicamente, escanear y copiar el libro, y este sólo a veces está bajo copyright.
  • Nadie tiene el poder de destruir tu libro.

Compáralo con los libros electrónicos de Amazon (un caso típico):

  • Amazon exige a sus usuarios identificarse para comprar un libro.
  • El algunos países Amazon afirma que el usuario no es el propietario del libro.
  • Amazon exige al usuario aceptar una licencia restrictiva para usar el ebook.
  • El formato es secreto, y sólo un software propietario restrictivo puede leerlo.
  • Una especie de préstamo se puede hacer con algunos libros, por tiempo limitado, pero sólo a un usuario especificado por el nombre a otro usuario del mismo sistema. No se puede regalar o vender.
  • Copiar el ebook es imposible por el software DRM instalado en el reproductor, y prohibido por la licencia, todavía más restrictiva que el copyright.
  • Amazon puede borrar remotamente un ebook usando una puerta trasera. Esta puerta trasera ya fue utilizada en 2009 por Amazon para eliminar miles de copias de “1984”, de George Orwell, por una violación de copyright.

Cada uno de estos puntos pone a los ebooks un paso por detrás de los libros impresos. Debemos rechazar los ebooks mientras no respeten nuestra libertad.

Las compañías de ebooks afirman que negar nuestras libertades es necesario para continuar pagando a los autores. El actual sistema de copyright hace un flaco favor a estos, está más pensado para favorecer a las empresas. Podemos apoyar a los autores de otras formas mejores que no requieren recortes en nuestra libertad, y además legalizarían el compartir archivos. Dos métodos que he propuesto son:

Los ebooks no necesitan atacar nuestras libertades, pero lo harán si las compañías así lo deciden. Está en nuestra mano detenerlas. La lucha ya ha empezado.

Copyright 2011 Richard Stallman

Released under Creative Commons Attribution Noderivs 3.0.

Traducción por Donato Rouco, el 5 de julio de 2011.

 

Anthony Bonner

Estaba buscando vídeos en youtube de Anthony Bonner, uno de los jugadores ACB que más me han impresionado, y apenas encontré nada, aparte de un solitario mate de sus años en los Knicks, una entrevista de esa misma época y un vídeo dándoles una charla a unos niños en Liberia.

No es la primera vez que me pasa, se echa en falta mucho material en vídeo de la ACB de la década pasada. Buscando vídeos de André Turner, Jackie Espinosa o Tanoka Beard me he encontrado con el mismo problema: no encuentras apenas nada.

Quizá sea un buen momento para recordar a este exquisito 3-4 que maravilló durante dos temporadas a la afición luguesa, convirtiéndose en la estrella del Breogán en aquellos años. Bonner, que había sido una estrella en la universidad (siendo el máximo anotador y reboteador histórico de la universidad de St Louis) y en el instituto no logró, en cambio, triunfar en la NBA. Tres años se pasó en el banquillo de Sacramento y dos más en el de los Knicks, logrando alcanzar la final de la liga con estos últimos pero sin tener mucha presencia. Tras eso se dedicó a vivir de trotamundos del basket entre Puerto Rico y Europa, donde jugó en la ACB, la suproliga Rusa, el «pallacanestro» italiano, la liga turca y la griega. Aquí le recordamos sobre todo por su primer año ACB, con el TAU, cuando ganó la Copa del Rey haciendo una muy sólida temporada, pero sobre todo por sus dos temporadas liderando al Breogán, entre 1999 y 2001.

Podría decirse de él que era un jugador total. Tal vez le faltaran centímetros para la NBA, pero para el baloncesto europeo era ideal. Serio y trabajador en la pista, buen defensor, sólido reboteador y con buenos fundamentos ofensivos, sobre todo cerca del aro, creo que fue juntoa Charlie Bell el jugador con más talento que vi en el Breogán. Su tremenda capacidad atlética, e incluso su capacidad para subir el balón y correr el contraataque siendo un jugador interior eran impresionantes.

En fin, ojalá el Obradoiro este año consiguiera traerse a un jugador de este nivel, un crack que muchos ya han olvidado, pero que algunos todavía recordamos por las horas de basket que nos hizo disfrutar.

Kata ton daimona eaytoy

Puede que el título suene un poco raro, pero es el epitafio de Jim Morrison: «Kata ton daimona eaytoy» que vendría a ser algo así como «cada uno es su propio demonio».

Mañana hará cuarenta años que las drogas y el alcohol pararon el corazón de uno de los más legendarios músicos de rock and roll que han dado los Estados Unidos, y una de sus personalidades más extremas. Sería un buen día para que intentéis ver el documental «When you’re Strange», que según Robbie Krieger y Ray Manzarek es el mejor trabajo que existe sobre la personalidad de Morrison (desde luego seguro que es mil veces mejor que la aberrante película de Oliver Stone, a pesar del gran papel que hace Val Kilmer).

Morrison dejó The Doors cuando el grupo estaba en la cima de su éxito, cuando eran la única banda americana capaz de competir en popularidad con las británicas (Beatles, Stones, Cream, Zeppelin…). Se licenció en Cine en UCLA (la misma generación que Coppola y Lucas) y nunca recogió su título porque le aburría la industria cinematográfica. Criticaba a los hippies por pasivos. Llevaba la ropa destrozada porque prefería gastarse el dinero en libros. Se negó a tocar en Woodstock porque pensaba que era una engañifa para domesticar a la juventud. Poseía una personalidad extrema que le llevaba a hacer lo que quería, cuando quería, ignorando toda convención social. Se decía que poseía un altísimo CI y que padecía de trastornos de personalidad varios.

Para inmortalizarle nos dejó sus discos con The Doors, algunos temas grabados en su autoexilio parisino y su obra poética. Su muerte seguirá rodeada de misterio ¿fue realmente accidental o fue un asesinato? ¿Hubo una conspiración del gobierno Nixon para acabar con figuras intelectuales revolucionarias en los EEUU o se trató de una casualidad la muerte, en extrañas circunstancias, de muchas de esas figuras en aquel momento?.

Y como un último recuerdo, uno de sus más populares poemas:

An American prayer:

Do you know the warm progress
under the stars?
Do you know we exist?

Have you forgotten the keys
to the kingdom
Have you been borne yet
& are you alive?

Let’s reinvent the gods, all teh myths
of the ages
Celebrate symbols from deep elder forests
[Have you forgotten the lessons
of the ancient war]

We need great golden copulations
The fathers are cackling in trees
of the forest
Our mother is dead in the sea

Do you know we are being led to
slaughters by placid admirals

& that fat slow generals are getting
obscene on young blood
Do you know we are ruled by T.V.
The moon is dry blood beast

Guerrilla bands are rolling numbers
in the next block of green vine
amassing for warfare on innocent
herdsman who are just dying .

O great creator of being
grant us one more hour to
perform our art
and perfect our lives

The moths and atheists are doubly divine
and dying
We live, we die
and death not ends it
Journey we more into the
Nightmare
Cling to life


Our passion’d flower
Cling to cunts and cocks
of despair
We got our final vision
by clap

Columbus’ groin got
filled with green death
(I touched her thigh
and death smiled)

We have assembled inside this ancient
and insane theatre
To propogate our lust for life
and flee the swarming wisdom
of the streets

The barns are stormed
The windows kept
And only one of all the rest
To dance and save us
With divine mockery
of words

Music inflames temperament
(When the true King’s murderers
are allowed to run free
a thousand Magicians arise
in the land)

Where are the feasts we were promised
Where is the wine
The New Wine
(dying on the vine)

Motiejunas: ¿Nowitzki o Milicic?

Donatas Motiejunas parecía llamado, junto a Ricky Rubio, a ser el próximo gran jugador europeo de su generación. Un alero de 2,13 cuya desgarbada delgadez hacía recordar a los grandes forwards europeos NBA de los últimos años: Kukoc, Nowitzki, Kirilenko o incluso Gasol (aunque este último sea más un 4-5). Hace un año todo el mundo apostaba por él como uno de los 5 cabezas del draft de 2011, pero finalmente ha caído hasta el número 20, seleccionado por los T-Wolves y traspasado a Houston Rockets a cambio de los derechos del prometedor Nikola Mirotic, otro alero alto europeo del mismo palo.

A pesar de esta caída en su popularidad parece que D-Mo, como le han rebautizado en EEUU por cuestiones de facilitar la pronunciación, tendrá su oportunidad a corto plazo, puede que la próxima temporada o dentro de dos; en los próximos días lo sabremos, dependiendo de cómo avancen las negociaciones.

¿Por qué este protegido de Arvydas Sabonis ha pasado de posible número 5 a, finalmente, número 20? Al final, otros jugadores de ligas europeas con los que en un primer momento nadie contaba, como su compatriota Valanciunas, el checo Vesely, la sopresa turca de la NCAA Enes Kanter o mi apuesta ACB de este año, el congoleño Bismark Biyombo, han quedado bastante por encima de él. Como ya dije antes, son muchos los ojeadores que creen que tiene potencial para ser el próximo Nowitzki, pero también los que opinan que puede ser el próximo Bargnani. Motiejunas es bueno y lo sabe, pero eso ha hecho que durante estas dos temporadas en el “pallacanestro” se haya relajado en defensa, mostrándose como un jugador blando y poco sufridor en partidos importantes.

Ofensivamente Motiejunas es un dechado de virtudes: buen juego de pies, ágil, manos rápidas, tremendo control de balón, muy efectivo en el tiro de media distancia, con un gran arsenal de movimientos cerca del aro, aunque no es un especialista puede tirar de tres con más o menos solvencia, tiene una gran visión de juego, un gran pase y sabe jugar sin balón. Prácticamente carece de defectos en cuanto de ataque se trata. Las flaquezas le llegan por otros puntos, uno de ellos la defensa, y más por falta de intensidad que por falta de capacidad. El saberse tan bueno en ataque le lleva a no esforzarse. La falta de músculo es otro de sus defectos, aunque eso se le ha achacado a muchos otros jugadores y luego, en pocos meses, habían ganado ya varios kilos. Los discretos resultados de su equipo, el Benetton, que no ha jugado Euroliga tampoco han ayudado. Además también se le ha acusado de falta de capacidad de liderazgo y de esconderse en los momentos clave, como en los partidos de la Final Four de la Eurocup contra Cajasol y el Cedivita.

En todo caso tendremos la gran oportunidad de verle y juzgarle el próximo septiembre en el Eurobasket, donde su selección es la anfitriona. Y frente a lo más granado del baloncesto europeo veremos su progresión, entrega y efectividad. Sólo el tiempo dirá si Donatas Motiejunas se queda en eterna promesa, como Darko Milicic, o si por el contrario se convertirá en un “robo del draft”, quitando la razón a todos sus detractores.

Se lo merecían

Se lo merecían, me alego de que ganaran. No por la franquicia en si, que en la NBA suelo ser bastante pasota en ese sentido, sino por una serie de jugadores que forman parte de estos Mavericks: Nowitzki, Stojakovic, Kidd, Terry, Chandler, Marion… un grupo de veteranos que logran llevarse su anillo, para mayor gloria y regocijo de Mark Cuban, el más fanático y hooligan de los millonarios propietarios de la NBA.

Cuando dentro de 15 o 20 años hablemos de los grandes jugadores de la primera década de este siglo el puesto de base estará disputado por dos enormes titanes, los Magic y Stockton de esta década: Steve Nash y Jason Kidd. Dos jugadores que tienen en común dos equipos en su pasado: Phoenix Suns y Dallas Mavericks, y que parecía que se iban a unir a la lista de grandes estrellas que se retiraron sin título. Kidd acarició la victoria con los mejores New Jersey Nets de los últimos treinta años a principios de la década, pero se dio de bruces contra unos Lakers especialmente poderosos capitaneados por Shaq y Kobe. Ahora, con 38 años y siendo uno de los jugadores más veteranos de la liga (el segundo después de O’Neal), logra llevarse ese anillo. Y aunque ya no es el jugador dominante de aquellos años tampoco ha ganado el título siendo el veterano que juega los minutos de la basura. Kidd ha ganado siendo un jugador importante en la rotación, por su gran capacidad para crear juego, su intensidad defensiva y su experiencia. (Y espero que Nash también logre llevarse un título antes de su retirada)

De Nowitzki, flamante MVP de la final, ya hablé en otra entrada previa. Jamás había logrado ganar un título como profesional, ni de clubes ni de selecciones. Con 32 años todavía le queda baloncesto que ofrecernos, pero empezaba a acercarse a una edad incómoda para lograr hacerse con el título. El único europeo que ha sido MVP de la liga regular al fin tiene su título, el Larry Bird alemán además consigue el MVP de la final, siendo el segundo europeo que lo logra, tras Tony Parker.

Tyson Chandler, una elección alta del draft que jamás logró dar el rendimiento que se esperaba de él, ha terminado por hacer la mejor temporada de su vida, culminada con un título. Reconvertido en un experto defensivo, el año pasado logró el oro olímpico y este el campeonato de la NBA, acabando por explotar pasados los 30. Durante toda la temporada fue, para muchos, el gran candidato al título de Jugador con Mayor Progresión, que al final le arrebató Kevin Love tras una temporada impresionante.

Shawn Marion, Jason Terry y “Peja” Stojakovic, tres veteranos que conocieron años de gloria y que, siendo ahora jugadores importantes dentro de la rotación del equipo, han visto como su edad y su físico les han apartado del rol de estrellas en la liga, han sabido adaptarse a su nuevo papel como jugadores de equipo, apareciendo en los momentos clave para tirar del equipo.

Y aunque no es un veterano, mención especial para José Juan Barea. El pequeño puertorriqueño ha explotado esta temporada, ha sido el revulsivo en muchos partidos, el jugador capaz de revolucionar el ritmo de juego y descolocar a las defensas rivales.

Reconozco que no habría apostado por este equipo a principio de temporada. Los primeros partidos de Dallas que pude ver durante la liga regular no me gustaron. Parecían una banda desorganizada de talentos individuales mal empastados. No daban la sensación de ser un equipo, sino simplemente cinco tíos que intentaban meter la pelota por el aro. Hasta el primer partido de la semifinal de conferencia, contra los Lakers, no pude ver otro partido de los Mavs. El equipo parecía totalmente distinto. Carlisle había logrado crear un verdadero equipo, seguramente el más europeo de la NBA: una rotación de jugadores larga con un juego basado en su fortaleza defensiva, y con un tiro demoledor. Con dos jugadores, Barea y Terry, con una enorme capacidad para abrir defensas como quien abre almejas, y un juego muy sólido, capaz de ser eficientes tanto en partidos con anotaciones bajas como altas, Dallas sólo mostraron un par de puntos flacos en el juego interior y a la hora de defender contraataques rápidos, puntos débiles que Miami no supo explotar en la final. Y es que el doble de Jim Carrey ha sido, seguramente, el más flexible de los entrenadores de la NBA a la hora de utilizar a sus jugadores. En una liga donde se tiende a encasillar excesivamente a los jugadores, tanto por su edad como por su físico y por su rol, Carlisle ha practicado un “baloncesto total”, ha llegado a alinear a la vez a tres supuestos bases, ha jugado muchos minutos sin ningún pivot y ha dejado que fuera un cuatro el que subiera el balón; flexibilidad de la que han carecido este año algunos grandes como Popovich o Phil Jackson.

Estos Dallas Mavericks campeones representaban una de las últimas oportunidades para varios jugadores de una generación de no unirse a un selecto grupo al que nadie quiere pertenecer, un grupo formado por grandes jugadores como John Stockton, Karl Malone, Charles Barkley, Pat Ewing, Reggie Miller, Allen Iverson… el grupo de grandes jugadores que se retiraron sin ser campeones de la NBA. Ahora estos Mavericks ya no formarán parte de él.

El secuestro del lenguaje

En «1984» de George Orwell se habla de cómo el gobierno crea un idioma de abreviaturas para lograr que ciertos conceptos desaparezcan del lenguaje, intentando lograr que el pueblo, al carecer de esos conceptos no pueda generar ideas revolucionarias contrarias al régimen. En «Tropas del Espacio» de Robert Heinlen los disidentes son llamados «terroristas de paz» para, y en «Forastero en tierra extraña» del mismo autor  el aprendizaje del idioma marciano permite a los humanos alcanzar nuevas cotas de conocimiento y la autoliberación sexual.

Son sólo un par de muestras que se han dado en la literatura de ciencia ficción de cómo la manipulación o desaparición de términos pueden modificar el pensamiento de todo el conjunto de la sociedad. Pero olvidémonos ahora de la ficción, volvamos a la Tierra en 2011, a un contexto occidental, y pensemos en el término «piratería». A día de hoy llamamos piratería a compartir archivos en una red p2p, a descargar contenidos de un página de almacenamiento para descargas directas, a hacer una copia de un disco… ¿y a qué se llamaba piratería en siglos pasados? Al hecho de asaltar barcos en alta mar, asesinar a su tripulación y saquear sus bienes. Es decir, que el lenguaje ha hecho que compartir canciones registradas bajo una licencia privativa de derechos de autor suene a asesinato y saqueo. ¿Por qué? Pues porque así cuando la ministra de turno a sueldo de la gestora de turno (llámense Sinde y SGAE en el caso de España, pero en otros países la cosa está más o menos igual o peor) quiera hacer una ley para tener contentos a sus verdaderos jefes, pues dirán «Ley contra la piratería» y sonará a «Nuestro gobierno, fuerte y justo, combate al criminal». Y es que si dijeran «Ley contra el compartir archivos bajo copyright» les costaría todavía más vender a alguien la moto de su cruzada.

De esta perversión del lenguaje ya advirtió Richard Stallman a mediados de los 90, pero no es un problema único y exclusivo de la piratería. Es curioso (y preocupante), por ejemplo, como en España los medios de extrema derecha han convertido el término «republicano» (que no significa más que partidario de un gobierno en forma de república, y que en determinados países incluso sirve para definir a partidos de su mismo signo político) en algo así como «terrorista violento», algo que seguramente en pocos años también acaben logrando vincular con el término «nacionalista». Otro término que ha tenido una evolución similar en los medios ha sido «islamista», que a día de hoy casi significa fanático religioso. Términos como «moral» o «educación», también han sufrido esto, perdiendo sus significados originales para acabar encarnando una serie de valores más bien orientados a un contexto judeocristiano. Y finalmente «libertad», una palabra que en occidente ha perdido todo su significado y que, a día de hoy, se utiliza hasta para justificar recortes de la misma.

Y si por un lado están las palabras que se transforman por otro directamente están las que desaparecen. ¿Hace cuánto que un partido de supuesta izquierda o un sindicato en este país no usa la palabra «explotación»?¿Y «capitalismo»?¿Alguien ha escuchado a algún miembro del actual PSOE usar esa palabra? No se puede cuestionar el funcionamiento del sistema si desaparece la palabra que lo define.

En un mundo de consumo rápido de ideas, donde páginas como Twitter se están convirtiendo en los nuevos cauces para la información, una información rápida, de 160 caracteres, el no perder las palabras se vuelve esencial. Porque distintas palabras muestran distintos conceptos, y si perdemos la palabra perdemos el concepto.

Cultura libre para el progreso humano

En una sociedad de consumo rápido, de usar y tirar, por desgracia las ideas caducan “rápidamente”. Hace unos meses las protestas contra la “Ley Sinde”, que prohíbe el compartir obras con copyright, y contra la SGAE, organismo gestor de derechos de autor que posee el monopolio del cobro a emisoras de radio y televisión, y el control de la mayor parte de las licencias privativas culturales en España, eran habituales. Pero fueron apareciendo otros temas que capitalizaron la atención de los medios, algunos trascendentales para el país como las reclamaciones de un cambio en el sistema democrático por parte del movimiento “democracia real ya” o las elecciones locales y autonómicas, otros impactantes como el debate sobre la energía nuclear generado por la crisis de Fukushima, los levantamientos en el norte de África y Oriente Medio o, en los últimos días, la tragedia de Lorca y las dudas sobre la calidad de la construcción en las zonas que más se expandieron durante el boom inmobiliario; y finalmente temas triviales pero que han llenado muchas páginas y han distraído la atención de la gente como la prohibición de fumar en todos los bares, la reducción del límite de velocidad en autopistas a 110 km/hora o una sucesión de encuentros entre Real Madrid y Barcelona que los panfletos de la prensa deportiva se encargaron de calentar. El caso es que esto ha enterrado el debate sobre dicha ley, sobre los métodos de la SGAE y sobre los derechos de los internautas; aunque yo siempre he pensado que el verdadero debate está en un derecho mucho más fundamental.

Por desgracia la mayor parte de los que se oponen a las restricciones a la libertad de distribución de cultura por la red lo hacen por motivos pragmáticos y egoístas: sólo les preocupa que no les cierren su página de descargas favoritas para no perderse la última temporada de “Cómo conocí a vuestra Madre” o de “Big Bang Theory”; pero somos menos los que nos preocupamos por cómo gobiernos y editores mercadean con nuestros derechos y nuestra libertad. Es necesario que el movimiento por la cultura libre haga llegar estos conceptos a la gente que se opone a estas leyes por esos otros motivos, dado que ellos son los que propician los argumentos descalificadores que utilizan los editores. Esta gente tiene que entender que el acceso a la cultura es un derecho, más allá de sus intereses egoístas. Las justificaciones del tipo “la industria debe aprender a ofrecer algo más para combatir la piratería” o “los autores pretenden vivir toda su vida de un éxito puntual” no son argumentos válidos, el verdadero argumento ha de ser: “Compartir la cultura no es un delito, el libre acceso a la misma es un derecho fundamental de todos los humanos”.

Porque se habla mucho de los derechos de autor en el discurso de los prohibicionistas, pero muy poco de los derechos del usuario. De hecho el término “derechos de autor” es una gran falacia, generalmente estos derechos están en manos de los editores, que dan al autor los huesos mientras ellos se comen el solomillo. Estas leyes se crearon originalmente para luchar contra el plagio y para evitar que los editores comercializaran obras sin permiso, pero a largo plazo se han convertido en un arma para proteger los intereses económicos de los editores, recortando además el derecho que todo ser humano debería tener a acceder libremente a la cultura.

No es que crea que no es ético pretender cobrar por un trabajo relacionado con la cultura, como algunos afirman, pero sí que es un crimen pretender arrebatarnos el libre acceso a esta. Música, cine, literatura, pintura, fotografía… todos deberíamos poder acceder a esto independientemente de nuestro nivel de ingresos, aunque parece que gobiernos, editores y gestoras de derechos de autor no creen eso, y siguen empeñados en asociar indisolublemente cultura y producto, algo que podía ser cierto hace un par de décadas, pero no ahora.

No, porque la posibilidad de convertir estas obras en flujos binarios de datos nos permite tanto disociar la obra del producto como acceder a ella desde la red. Esto no acaba con el negocio, como los editores y las gestoras de derechos de autor afirman, el producto sigue existiendo para venderlo en el mercado tradicional (proyecciones en cines, actuaciones en directo, ventas en formato físico..) y se crean nuevas posibilidades de mercado (donaciones como se hizo en su día con el software libre, emisión en streaming con publicidad…), si bien esto facilita la distribución directa entre el autor y el cliente, eliminando o cuanto menos restando importancia a la figura del editor.

¿Alguien se ha parado a pensar alguna vez qué habría pasado si los derechos de autor fueran un derecho natural inherente al ser humano?¿Si siempre hubieran existido?¿Cómo se habría desarrollado la historia si todo el mundo hubiera podido restringir el acceso a sus obras desde el nacimiento de la humanidad? El compartir ideas y el libre acceso a las mismas es esencial para el avance y el desarrollo de la raza humana. Compartir la cultura, compartir los conocimientos, debería ser un derecho inalienable de todo ser humano, derecho que nos quieren arrebatar mediante leyes restrictivas hechas a medida de la Fox, Disney, Warner o Sony, los grandes imperios americanos editoriales y del sector audiovisual. Los documentos de WikiLeaks ya llevaron al dominio público las presiones del gobierno estadounidense sobre los gobiernos europeos, con el objetivo de que estos aprobaran leyes como las suyas para prohibir el intercambio de contenidos por internet.

Aunque la vida de los derechos de autor varía según los países, en la mayoría se encuentra entre los 75 años para trabajos autoeditados y 95 para trabajos por encargo. Hasta no hace muchos años esto no era así, pero la llamada “Ley Sonny Bono” de 1998 amplió la duración de los derechos de autor en EEUU, quienes pronto impondrían su criterio al resto del planeta. Incluso, cuando se empezó a debatir esta ley, hubo quien propuso convertir los derechos de autor en imperecederos (el susodicho Sonny Bono y su viuda, de hecho). Ese mismo año se aprobó la peligrosa DMCA (Digital Millenium Copyright Act) que permitía, entre otras cosas, la inclusión de dispositivos anti copia en los formatos digitales y la creación, por parte de los editores, de sus propias condiciones de copyright, todavía más restrictivas que las ya marcadas por la ley. Tras esto, la Unión Europea comenzó a crear leyes de corte similar.

Por suerte, de momento disfrutamos de un arma para combatir el copyright: el copyleft. Aunque algunos editores y gestoras (la SGAE entre ellos, y con el amparo de la ministra Sinde, que dice ser socialista pero no se sonroja a la hora de bajar la cabeza frente a los patronos de las editoras) estén intentando ilegalizarlo en varios países. Su argumento es que “podría permitir la venta incontrolada de material con derechos autor”, otra de sus habituales mentiras, como cuando manipulan el lenguaje equiparando el compartir archivos con asaltar barcos en alta mar para saquearlos y asesinar a su tripulación (porque el término “piratería” no es más que eso, burda manipulación para dar un matiz negativo a algo que no lo es). Licencias como las de Creative Commons o la GNU/GPL nos permiten hacer nuestra obra libre, para que pueda ser accedida por todo el mundo, pero protegida contra prácticas indebidas (si no licenciamos nuestra obra cualquiera podría hacer una versión y sacarla de forma privativa, prohibiendo así cualquier nueva versión futura). Gente como Michael Moorcock, Lawrence Lessig o Richard Stallman ya nos han marcado el camino, ahora la pelota está en nuestras manos y la decisión es nuestra.

Piensa en un futuro donde toda la cultura del mundo pueda ser accedida libremente desde tu ordenador, donde todos los libros que se han escrito y escribirán, toda la música que se ha grabado, todas las películas que se han filmado, todas están a tu alcance, a un sólo click de distancia. Y piensa ahora en otro futuro donde toda esa cultura también está a sólo un click, pero previo pago a editores y gestoras mediante iTunes. La batalla que decidirá si vivimos en un futuro o en otro se está librando ahora y nosotros somos la infantería de la contienda, no olvidar esto y actuar en consecuencia, tener la convicción de que lo que está en juego es nuestra libertad frente a los privilegios de unos pocos, ha de ser la primera de nuestras armas.