Dennis Dunaway

Nacido en el estado de Oregón en 1946, cuando era un adolescente se fue a vivir a Phoenix con su familia, donde conocería a Vincent Fournier, con quien formaría bandas como The Spiders o The Nazz, que lograría cierta repercusión a nivel local, e incluso en el estado. Pero el verdadero éxito llegaría cuando Vicent decidió convertirse en su alter ego Alice Cooper, dando inicio a la Alice Cooper Band.

Durante la primera mitad de los 70 Dennis se fogueó por los escenarios de toda América junto a su amigo Alice Cooper, llegando incluso a casarse con la encargada del vestuario (que a día de hoy sigue siendo su esposa). Conoció en éxito con singles como «I’m Eighteen», «Billion Dollar Babies», «No more Mr. Nice Guy», «School’s Out»… una época dorada, que tocaría su fin cuando el señor Fournier decidió deshacerse de la banda para grabar «Welcome to My Nightmare». Tras esto su carrera se oscurecería, aunque su primer trabajo post-Cooper, con la banda Billion Dollar Babies formada junto a sus ex compañeros de la Alice Cooper Band, fue bastante destacable.

Tras eso llegaría la banda Deadringer y un montón de proyectos sin éxito que le hicieron dejar la música. Pero en los 90, durante una estancia en el hospital de un mes por complicaciones con la enfermedad de Crohn (un grave mal degenerativo que padece), la cantidad de cartas e e-mails de apoyo recibidos de fans de todo el mundo le hizo decidir volver a la actividad en directo. Su regreso sería con el proyecto Bouchard Dunaway & Smith, con los que sacaría dos discos y giraría por USA y Europa. Con el tiempo llegarían el Dennis Dunaway Project, Fifth Avenue Vampires y el regrso al éxito con Blue Coupe y su single You (Like Vampires). Y en 2011 el regreso junto a Alice Cooper para grabar Welcome 2 My Nightmare, con el resto de supervivientes de la formación original.

Dunaway es un bajista con una fuerte influencia de los Beatles y de la música surf en su estilo, al que le gusta meter bajos con mucho «peso» en los temas, muy melódico y buen arreglista, de escuela rockera clásica. Su trabajo en los 70 con Alice Cooper es lo más destacable de su carrera.

¿Reixa a la SGAE?

Antón Reixa, mediocre poeta, sobrevalorado músico, amigo de sus amigos (sobre todo de los amigos que le pueden engordar la cuenta corriente) y empresario del mundillo musical. Este vigués casi sesentón comenzó su carrera como escritor a mediados de los 70 y ganó fama como músico y videoartista en los 80, en la banda Os Resentidos, con bastante repercusión en el mundo gafapastoso, sobre todo por sus trabajos como videoartista. En los 90 su carrera musical va entrando en barrena, pero logra afianzarse como productor audiovisual.

Y ahora Reixa se postula como candidato a la presidencia de la SGAE, mientras la antigua directiva intenta no acabar entre el plural de su apellido («reixas» en gallego significa rejas, explicar el chiste le quita su gracia, pero imagino que los no galegofalantes no lo pillarían sin la traducción). Da el perfil la verdad, da totalmente el perfil. Músico venido a menos que se mete a empresario, que hace más de una década que no saca un disco y que curiosamente también ha estado metido en el mundillo cinematográfico y editorial. Dicen las malas lenguas que tiene el «monopolio» del doblaje en Galicia, que si no trabajas para él olvídate de ser doblador. Esto no puedo confirmarlo ni afirmarlo tajantemente, sólo hablo de cosas que he oído a gente del mundillo, pero no es un tío que tenga muy buena fama. En Ortigueira nos quiso despojar del festival celta hace unos años y llevárselo para Vigo, tras una cagada de la corporación municipal entonces reinante, y al final tuvo que dejar de llamarse Festival Internacional Do Mundo Celta por aquellos litigios. Hace unos años, cuando el bipartito BNG-PSOE logró quitarnos al Don Manuel de encima, el mismo Reixa intentó colar que habría que hacer una gestora de derechos de autor independiente de la SGAE en Galicia (que él pretendía dirigir, of course)… cosas de la vida, si ahora sale elegido me pregunto si pensará lo mismo.

Le salva de la quema total y absoluta en el averno de los personajes chungueros de la cultura el haber dirigido O Lapis do Carpinteiro y las primeras temporadas de Mareas Vivas, cuando estaba Tosar de juez, que fue de lo más digno que pasó por la telegaita. Supongo que todo el mundo ha hecho algo bueno en su vida, no todo va a ser negativo, hasta Hitler o Steve Jobs seguro que también hicieron algo positivo. ¿Cambiará algo en la SGAE si Reixa es presidente? Es posible. ¿El cambio será a mejor? No lo creo.

Jonas Hellborg

Este sueco comenzó su carrera a mediados de los 70, pero conoció la fama durante los 80 en las filas de la reformada Mahavishnu Orchestra y al lado del mítico Ginger Baker (el baterista de los legendarios Cream).

Hellborg es un músico atípico. Como buen escandinavo tiene una profunda formación clásica forjada a base de horas de conservatorio, ha ganado fama tocando generalmente en bandas de jazz y experimentales pero a su vez es poseedor de un feeling rockero. Uno de los mejores bajistas europeos de las últimas tres décadas, dominador de casi todas las técnicas que se te puedan ocurrir en el bajo (pocos bajistas tienen tantos recursos técnicos como este hombre) y con una trayectoria que sin ser mala nunca le ha llevado tampoco a un éxito masivo.

Uno de sus proyectos más curiosos fue su superbanda ArtMetal, con la que publicó un disco en 2007, en que militaba junto a los hermanos Johansson y Mattias IA Eklund, con un sonido que parecía una versión metalera de los viejos discos de la Mahavishnu. También ha destacado en su trabajo diseñando y desarrollando mejoras en instrumentos y amplificadores (sobre todo para Warwick, marca de la que es endorser).

Hellborg, técnicamente impecable e innovador como compositor. Un bajista grande por méritos propios. Sólo me queda esperar que nadie comente preguntando si es uno de los Jonas Brothers… (puede sonar absurdo, pero con la de veces que me han preguntado si Rory Gallagher era «el de Oasis» ya me espero cualquier cosa)

Jaco Pastorius

Uno puede ser más o menos amante del jazz, del funk o de los virtuosos (yo, de hecho, no soy muy de vituosos salvo determinados casos muy concretos) pero nadie puede negarle al César lo que es del César. Jaco Pastorius es un icono por méritos propios, equivalente a lo que ha sido Paco de Lucía para el flamenco fusión o Al di Meola para la guitarra en el jazz fusión. Destacar en los 70, la década más creativa del siglo XX a nivel musical era complicado, y Jaco lo hizo sobradamente: en solitario, con Pat Metheny o con Weather Report, se rodeaba de virtuosos pero lograba ser el más llamativo.

Se cuenta que de joven el chico iba para batería, pero que una lesión le obligó a dejar de tocar. Bendita lesión, que le llevó a reciclarse y convertirse en un referente en el mundo bajístico. Su uso del «fretless» (bajo sin trastes), del que no fue pionero pero sí máximo exponente y mayor explotador de todas sus posiblidades, su exploración de los armónicos como recurso habitual (tanto naturales como falsos) y su velocidad tocando con dedos hicieron de él un músico único. Por otra parte sus problemas mentales y su alcoholismo ensombrecieron su carrera. Padecía de trastorno bipolar y esto le llevaba a pasar de considerarse a si mismo el mejor bajista de la historia a caer en profundas depresiones. En ocasiones iba a conciertos de otras bandas con la idea de «trollear» al grupo que tocaba. Esta actitud fue la que le llevó a, en un triste día de 1987, recibir una paliza que le mandaría al hospital con varias lesiones en el cráneo, que acabarían por provocar el derrame cerebral que finalmente se lo llevó.

Su disco Jaco, junto a Bruce Ditmas, Pat Metheny y Paul Blay, o sus álbumes en Weather Report son obras clave para el estudio del bajo en el jazz fusión.

Jaco, locura y genialidad, admirado y controvertido, y siempre inolvidable.

Metalhead cinema

Algún día llevaré a cabo el Metal City Weekeend. Es un proyecto que hace tiempo me ronda la cabeza y, ahora que estaré en el paro otra vez (espero que por poco tiempo) en un par de días puede que lo intente. Claro que en Compostela, con el Conde Droga de alcalde, vete tú a pedir dinero y apoyo para algo que tenga que ver con cultura y que no lleve asociado Lacoste y gomina…

El caso es que me estoy yendo por las ramas, que no era de eso de lo que quería hablar, sino de cine metalero, o rockanrolero si se prefiere, aunque en este caso tiene un perfil más metálico. Mi afición por consumir cine rockanrolero, ya sean documentales o películas, me ha llevado a ver unas cuantas en los últimos años. Como suele ser habitual, las más famosas no suelen ser las mejores: Rock Star, Casi Famosos, Metal: A headbanger’s Journey… no las verás aquí (obviamente Isi/Disi mucho menos).

  1. This is Spinal Tap: Te va a tocar leer o afinar tu nivel en inglés (bueno, con un nivel medio te enteras, medio de verdad no de currículo), porque creo que no existe doblada. Casi mejor, porque se suelen cargar los mejores chistes con los doblajes. Aparecida en la primera mitad de los 80, y dirigida por Rob Reiner (cuando hacía películas buenas, no como ahora), la película, a modo de “mockumentary” (falso documental, como la técnica que usan para narrar los capítulos de Modern Family) nos cuenta la historia de Spinal Tap, una ficticia y paródica banda formada por tres descerebrados que tuvieron su momento de éxito pero que empiezan a notar como su popularidad cae (antes de la película los mismos actores ya hacían de Spinal Tap en la televisión británica). La clave del fracaso no sólo está en la poca cabeza de los miembros, sino también en la mala suerte que les acompaña: baterías muertos de forma absurda constantemente, elementos escénicos accidentados, una novia mezcla de Sharon Osbourne con Yoko Ono, Paul Shortino encarnando al exitoso Duke Fame… y un manager de la vieja escuela que utiliza un palo de cricket para poner orden. Pégale un ojo y no me digas que no te partiste el culo con la escena del bajista en el aeropuerto.
  2. Lemmy, The Movie: Todo amante del rock and roll ha visto o leído historias de Lemmy. Muy punky para ser heavy, muy rockabilly para ser punky, muy heavy para estar bien visto por la crítica… pero ahí le tienes, puede que no sea el músico que más discos ha vendido, pero sí es uno de los más respetados de la historia. Pero ¿cuánto es cierto y cuánto es falso? Este documental nos acerca más a la figura del que probablemente sea el rockero más carismático y macarra que conserva la vida: alcohólico, ludópata (se pasa el día enganchado a videojuegos y tragaperras), coleccionista de artículos nazis (su casa parece un museo del Reich), padre orgulloso, promiscuo, defensor del speed frente a cualquier otra droga dura. Un tío que para tomarse las pastillas para la diabetes en lugar de agua utiliza Jack Daniels con cola. Dicen que una universidad quería hacer un estudio sobre Ozzy Osbourne para comprobar cómo había sobrevivido hasta ahora con tanto exceso… a la mierda Ozzy, deberían hacer el estudio sobre Lemmy, si hasta el propio Ozzy afirma que no entiende como el viejo “Lemm” ha aguantado tantos años sin reventar.
  3. The story of Anvil: Seguimos con documentales, y ese se adentra en la parte más dura del underground. Anvil, treinta años sobre los escenarios, fueron una banda influyente a principios de los 80 pero… se acabó. Empezaban a despegar y les cortaron las alas, tal vez la voz de Lips no fuera la adecuada para el éxito comercial, tal vez no tuvieron la mejor producción, ni el mejor manager, o les faltó cabeza, o fue la suerte lo que les traicionó. Puedes ver el documental y sacar tus propias conclusiones. El momento en el que “pierden el tren” (literalmente) en Murcia es una gran metáfora de su carrera. Muy buen documental sobre una banda que se ha ganado el status de leyenda del underground, con momentos que casi rozan el esperpento a lo Spinal Tap, pero con el agravante dramático de que en este caso es real.
  4. Still Crazy (Siempre locos): Amable comedia británica con una genial banda sonora sobre una banda de rock duro setentero que, tras más de dos décadas de retiro, decide volver a la actividad a mediados de los 90. “Si es cierto que los hombres son de Marte y las mujeres de Venus, entonces los baterías son de Plutón. A los demás les perseguía el pasado, a Wino le preocupaba que pudiera pillarle”. Una historia con un batería cincuentón que se comporta como un adolescente, un vocalista con delirios de grandeza y la cabeza ida por años de exceso (¿Ozzy Osbourne?), un teclista al que no le ha ido bien en sus negocios, un bajista reconvertido a techador, un guitarrista en el psiquiátrico (¿Peter Green?), un tour manager cabrón y una manager que no sabe si está más enamorada de su música o del recuerdo de su guitarrista. Una película sentimental, con momentos absurdos y final feliz que merece la pena disfrutar.
  5. The Decline  of  Western Civilization Vol II – The metal years: El verdadero documental referencial del heavy metal debería ser este. La única copia que conseguí fue una en vhs, grabada de una cadena local, doblada al sueco (¿por qué?) con subtítulos en inglés. Por lo que he oído, es posible conseguirla en versión original con los subtítulos en castellano porque algún colega mío la tiene. Pertenece a una serie de documentales, ya que hay otro sobre el punk y otro sobre el hardcore (al menos que yo sepa) y creo que fue reeditado no hace mucho. Momentos enormes como Chris Holmes borracho en su piscina tirándole una botella de vodka a su madre, Paul Stanley recibiendo a los entrevistadores en una cama rodeado de groupies, Ozzy cocinando sin ver ni qué coño está haciendo, Steven Tyler hablando de los millones que gastó en drogas en los 70 … basura de Sunset Boulevard en su más pura esencia, Los Ángeles en su momento creativo metalero (y excesivo) álgido.

 

  • Mención especial: El corto Heavy Metal Parking Lot, que no lo he citado como película por aquello de que es un corto. Cuando a mediados de los 80 la prensa americana se dedicaba a vender el mundo del heavy metal como un cocktail de drogas, violencia y delincuencia del que hay que mantener alejados a los jóvenes (luego se pondría de moda el rap y ya dejarían el tema para dedicarse a machacar a ese mundillo), dos jóvenes estudiantes de cine, que curiosamente no tenían ni idea sobre el mundillo metalero, se fueron a grabar los alrededores de un estadio en Seattle donde esa noche tocaban Judas Priest. Dado que su conocimiento del heavy metal venía de lo vendido por los medios de comunicación esperaban encontrarse atracos, intentos de violación, heroína… pero a lo que se encontraron fue a un montón de jóvenes compartiendo cervezas, echándose unas risas, escuchando música en sus coches… no es que precisamente fueran lo que la sociedad estadounidense llamaría “jóvenes ejemplares”, pero todo estaba muy alejado de la visión sórdida y manipulada de las medias. Bueno, cualquiera que haya estado “parkineando” antes de un concierto sabe cómo es esto (de hecho no puedo negar que para mi esas birras antes del bolo son una de mis partes favoritas del ritual de un buen bolo). Dave Grolh decía que acostumbraban a ver ese vídeo antes de cada concierto de Nirvana, y que creía haberse visto a si mismo en una toma. Un curioso documento que vale la pena ojear.

 

Phil Lynott

A pesar de haber nacido en Inglaterra (concretamente en West Bromwich), este hijo de guyanés e irlandesa siempre será recordado por ser el músico que fundó la banda de rock más grande de Irlanda (me duele la espalda, debe ser Bono haciéndome vudú… la verdad duele).

A mediados de los setenta unos ya exitosos Queen decidieron llevarse a unos emergentes Thin Lizzy como teloneros. Al tercer concierto de la gira Freddie Mercury había exigido cambiar las condiciones del contrato:  Thin Lizzy sólo podrían tocar 45 minutos y no podrían hacer uso de todo su backline ni de todo el equipo de luces. El motivo era simple: en los dos primeros conciertos los irlandeses les habían pateado el culo, se habían comido con patatitas a unos Queen que empezaban ya a estar más domesticados por la industria discográfica (cosa que se haría patente en los ochenta, cuando dejaron de lado el rock de sus primeros años para grabar «Radio Gaga», «I want to Break Free», «Under Pressure» y demás hits facilones e infumables). Brian May dijo en aquella época que «Robbo» Robertson y Phil Lynott eran los dos tipos más excesivos que había conocido (y hay que recordar que Queen pretendieron hacer la mayor orgía de la historia en los 70). Philo era tan genial como autodestructivo, y sus constantes abusos del alcohol y la heroína acabaron por pasarle pronta factura.

El día de navidad de 1985 fue hospitalizado con una sobredosis y permanecería ingresado hasta que el 4 de enero de 1986, con diversos problemas cardíacos y aquejado de neumonía, se le paró el corazón.

Su voz peculiar y su genial creatividad, como compositor y letrista, hicieron de él una leyenda, inmortalizado con una estatua de bronce en medio de Dublín, la ciudad donde se crió junto a su abuela y donde dio sus primeros pasos en la música. Para el recuerdo nos quedan sobre todo su producción con Thin Lizzy, sus colaboraciones con Gary Moore y un par de discos en solitario que, la verdad, no son lo mejor de su factura.

Marilyn Manson = Enrique Bunbury ¿?

Ayer hablaba con un amigo mío sobre Marilyn Manson, su trayectoria, sus salidas de tono y lo que reprensentó como personaje en el rock de finales de los 90. Cuando volvía para casa seguí dándole vueltas al asunto por el camino y llegué a una conclusión: Manson es muy similar a Bunbury.

Ok, como afirmación aislada y sin explicar no parece tener mucho sentido. Físicamente no se parecen en nada, musicalmente tampoco tienen mucho en común y desde luego no tienen una trayectoria para nada similar, parecería que lo único en común es que sean dos músicos de rock and roll mainstream, controvertidos y polémicos, y que conocieron sus mayores cotas de popularidad a mediados de los 90. Sin embargo yo veo un punto de conexión común muy fuerte entre ambos personajes, desde un punto de vista conceptual.

Es todo cuestión de pararse a pensarlo un segundo. Ambos músicos se han hecho famosos por interpretar a sus personajes (bueno, en el caso de Bunbury a veces no está claro si es un personaje o es que el pobre es directamente gilipollas, pero confío en que sea lo primero) hasta las últimas consecuencias (en el caso de Manson más sonadas, que a fin de cuentas él no viene de un país donde la música latina y el pop de herencia ochentera lo inunda todo).

 Ambos, yo creo, son estudiosos de las biografías más célebres del rock, y han aprovechado este estudio para construir a su alrededor un aura de glamour decadente, de excesos de cabaret y de celebrada autodestrucción. Cada uno, a su manera, adapta en sus camaleónicas transformaciones las poses y actitudes de grandes estrellas de antaño. Analizando la puesta en escena de Manson o su estética, por ejemplo, no es difícil ver que todo ese personaje se construye mezclando a Ziggy Stardust (el personaje «espacial» de Bowie en los 70) con el Alice Cooper más tenebroso de los 70, el circo de los horrores de Arthur Brown, la provocación sexual de GG Allin, el descerebre del Mike Patton más desquiciado, el criptofascismo de su mentor Trent Reznor y la estética de Adam Ant, un cruce de glam rock con tintes oscurillos. El personaje de Bunbury, de gustos más rockeros estandar, bebe también de Bowie, pero mezclado sobre todo con su amado Jim Morrison, el Mick Jagger más andrógino y el Lou Reed más distante y altivo, jugando a pretender ser el rey lagarto amorrado a su botella. Han hecho todo lo posible por convertirse en los que fueron sus ídolos de juventud, seguramente no llegando a igualar sus mayores excesos (porque si no, imagino que ya estarían muertos de sobredosis o intoxicación etílica).

Manson y Bunbury, ¿Maestros del marketing?¿Estrellas prefabricadas para una época de consumo rápido? ¿O simplemente dos niños que querían ser como su ídolo y que acabaron cumpliendo su sueño? Consideraciones musicales aparte, no se puede negar que comercialmente les ha funcionado bien.

Geezer Butler

Nacido en la ciudad del heavy metal, Birmingham, a finales de los años 40, Geezer no tuvo una infancia fácil. De una familia trabajadora, se sentía destinado a acabar trabajando en las fábricas siderúrgicas de su ciudad, hasta que Ozzy Osbourne se cruzó en su camino y formaron la banda Rare Breed. Luego montarían Polka Tulk, y finalmente unirían fuerzas con Bill Ward y Tony Iommi para formar Earth, que posteriormente saltarían a la fama tras cambiarse de nombre a Black Sabbath.

Aunque comenzó su carrera musical como guitarrista, Butler se reconvirtió a bajista al compartir banda con Iommi, desarrollando un estilo único, denso, hipnótico y muy melódico. Fue uno de los pioneros en el uso del wah wah con el bajo, y también uno de los primeros bajistas en tocar con una afinación extremadamente grave (C#), aunque eso venía más de la «mano» (literalmente) de Iommi. Destaca también como un gran compositor y letrista, siendo el autor de la mayoría de letras del MKI de Black Sabbath.

Aparte de haber pasado la mayor parte de su carrera con Black Sabbath (contando como Black Sabbath también las giras y discos de Heaven and Hell), ha grabado tres discos en solitario y dos con Ozzy Osbourne (el directo Just Say Ozzy y el Ozzmosis). Sus trabajos en solitario, la verdad, no aportan gran cosa. Si bien haber sido el bajista de Black Sabbath durante tantos años deja el listón excesivamente alto para cualquiera.

Otros datos curiosos sobre Butler es el hecho de que sea vegano y haya cedido su imagen a varias campañas pro defensa de los animales, que viva rodeado de gatos en su mansión de Los Ángeles o que sea un gran hincha declarado del Aston Villa.

Una de mis asignaturas pendientes en el rock and roll es no haberle visto todavía en directo, pero espero que la reunión de los Sabbath anunciada para 2012 acabe con esta situación.

Bob Daisley

Bajista y productor australiano de dilatada carrera en el campo del hard rock y el heavy metal más clásico. Bob Daisley comenzó a sacar la cabeza en el mundillo rockero de la mano de Richie Blackmore en el genial e inolvidable Long Live Rock and Roll de los Rainbow. No era su primer trabajo, pero sí el primero que tenía éxito, llegando al número 7 de las listas británicas y al 89 de las americanas.

Daisley se convirtió entonces en un músico muy reclamado para grabaciones de estudio, no sólo por su estilo como bajista sino por su gran capacidad como compositor. Ozzy Osbourne le reclutó para sus seis primeros discos de estudio por esto mismo, si bien luego Daisley no participó en ninguna de las giras. Pasó por Uriah Heep en Abominog y Head First, grabó el Eternal Idol de Black Sabbath (y dicen las malas lenguas que el Heaven And Hell, pero siempre quedará como una de las grandes especulaciones de la historia del rock), y trabajó durante toda la segunda mitad de los 80 con Gary Moore, entre Victims of the Future y After Hours. Además de trabajos menos conocidos con Mother’s Army, Takara o hasta con Yngwie Malsmteen (aunque con el sueco ha sido al revés que en la mayoría de su carrera, ha estado tocando más en directo que en estudio). En los últimos años volvió a grabar con Gary Moore (en Power of the Blues) y ha trabajado con John Lord y su proyecto bluesero. Según parece, a finales de año o principios de 2012 saldrá su biografía.

De la forma de tocar de Daisley se puede decir que es muy similar a la de Neil Murray. Es de esa escuela de bajistas de hard rock setenteros de gusto bluesy, de esos que saben estar en un segundo plano pero metiendo arreglos que llenan la canción de matices, color y profundidad. Suele combinar dedos y púa, dependiendo del tema. Su trabajo en Long Live Rock and Roll o en Blizzard of Ozz es una buena muestra de este estilo tan clasicote.

Victor Wooten

«Mr. Años 90». Son muchos los que le llaman así a Victor Lemonte Wooten, un músico que ha pasado su vida pegado a un bajo. Dicen que su hermano le enseñó a tocar con dos años, y durante los setenta siendo niño tocó con los «Wooten Five», una banda infantil junto a sus hermanos, al estilo de los «Jackson Five» pero con mejor repercusión.

Sin duda es famoso por su trabajo con la banda de jazz-bluegrass Bèla Fleck and the Flecktones, donde su hermano Roy también participa como percusionista (bajo el apodo de Future Man). También ha participado en proyectos como Howe-Wooten and Chambers, Vital-Tech Tones o la superbanda de bajistas que montó junto a Marcus Miller y Stanley Clarke para grabar el disco «Thunder» en 2007 y girar por todo el planeta. Además tiene una amplia colección de discos en solitario.

Renovador del jazz y el funk, se hizo conocido por crear varias técnicas percusivas, basadas en el clásico «slap» y en las técnicas de pulgar utilizadas por los pioneros del soul. Durante los 90 se le consideró el continuador del trabajo de otros grandes bajistas de la música negra como Marcus Miller o Doug Wimbish.

Victor Wooten es, principalmente, la razón de que yo quisiera tocar el bajo desde que le vi tocando con Bela Fleck and the Flecktones en el Festival Celta de Ortigueira. Lo que aquella noche hizo este hombre supera lo humano y roza con lo divino. Una sublime demostración de técnica, de velocidad, se slap y de «¿cómo coño se puede tocar tan rápido con esos dedacos que parecen pollas de actor porno?»

Os dejo una «leccioncilla» suya enlaza aquí