Metalhead cinema

Algún día llevaré a cabo el Metal City Weekeend. Es un proyecto que hace tiempo me ronda la cabeza y, ahora que estaré en el paro otra vez (espero que por poco tiempo) en un par de días puede que lo intente. Claro que en Compostela, con el Conde Droga de alcalde, vete tú a pedir dinero y apoyo para algo que tenga que ver con cultura y que no lleve asociado Lacoste y gomina…

El caso es que me estoy yendo por las ramas, que no era de eso de lo que quería hablar, sino de cine metalero, o rockanrolero si se prefiere, aunque en este caso tiene un perfil más metálico. Mi afición por consumir cine rockanrolero, ya sean documentales o películas, me ha llevado a ver unas cuantas en los últimos años. Como suele ser habitual, las más famosas no suelen ser las mejores: Rock Star, Casi Famosos, Metal: A headbanger’s Journey… no las verás aquí (obviamente Isi/Disi mucho menos).

  1. This is Spinal Tap: Te va a tocar leer o afinar tu nivel en inglés (bueno, con un nivel medio te enteras, medio de verdad no de currículo), porque creo que no existe doblada. Casi mejor, porque se suelen cargar los mejores chistes con los doblajes. Aparecida en la primera mitad de los 80, y dirigida por Rob Reiner (cuando hacía películas buenas, no como ahora), la película, a modo de “mockumentary” (falso documental, como la técnica que usan para narrar los capítulos de Modern Family) nos cuenta la historia de Spinal Tap, una ficticia y paródica banda formada por tres descerebrados que tuvieron su momento de éxito pero que empiezan a notar como su popularidad cae (antes de la película los mismos actores ya hacían de Spinal Tap en la televisión británica). La clave del fracaso no sólo está en la poca cabeza de los miembros, sino también en la mala suerte que les acompaña: baterías muertos de forma absurda constantemente, elementos escénicos accidentados, una novia mezcla de Sharon Osbourne con Yoko Ono, Paul Shortino encarnando al exitoso Duke Fame… y un manager de la vieja escuela que utiliza un palo de cricket para poner orden. Pégale un ojo y no me digas que no te partiste el culo con la escena del bajista en el aeropuerto.
  2. Lemmy, The Movie: Todo amante del rock and roll ha visto o leído historias de Lemmy. Muy punky para ser heavy, muy rockabilly para ser punky, muy heavy para estar bien visto por la crítica… pero ahí le tienes, puede que no sea el músico que más discos ha vendido, pero sí es uno de los más respetados de la historia. Pero ¿cuánto es cierto y cuánto es falso? Este documental nos acerca más a la figura del que probablemente sea el rockero más carismático y macarra que conserva la vida: alcohólico, ludópata (se pasa el día enganchado a videojuegos y tragaperras), coleccionista de artículos nazis (su casa parece un museo del Reich), padre orgulloso, promiscuo, defensor del speed frente a cualquier otra droga dura. Un tío que para tomarse las pastillas para la diabetes en lugar de agua utiliza Jack Daniels con cola. Dicen que una universidad quería hacer un estudio sobre Ozzy Osbourne para comprobar cómo había sobrevivido hasta ahora con tanto exceso… a la mierda Ozzy, deberían hacer el estudio sobre Lemmy, si hasta el propio Ozzy afirma que no entiende como el viejo “Lemm” ha aguantado tantos años sin reventar.
  3. The story of Anvil: Seguimos con documentales, y ese se adentra en la parte más dura del underground. Anvil, treinta años sobre los escenarios, fueron una banda influyente a principios de los 80 pero… se acabó. Empezaban a despegar y les cortaron las alas, tal vez la voz de Lips no fuera la adecuada para el éxito comercial, tal vez no tuvieron la mejor producción, ni el mejor manager, o les faltó cabeza, o fue la suerte lo que les traicionó. Puedes ver el documental y sacar tus propias conclusiones. El momento en el que “pierden el tren” (literalmente) en Murcia es una gran metáfora de su carrera. Muy buen documental sobre una banda que se ha ganado el status de leyenda del underground, con momentos que casi rozan el esperpento a lo Spinal Tap, pero con el agravante dramático de que en este caso es real.
  4. Still Crazy (Siempre locos): Amable comedia británica con una genial banda sonora sobre una banda de rock duro setentero que, tras más de dos décadas de retiro, decide volver a la actividad a mediados de los 90. “Si es cierto que los hombres son de Marte y las mujeres de Venus, entonces los baterías son de Plutón. A los demás les perseguía el pasado, a Wino le preocupaba que pudiera pillarle”. Una historia con un batería cincuentón que se comporta como un adolescente, un vocalista con delirios de grandeza y la cabeza ida por años de exceso (¿Ozzy Osbourne?), un teclista al que no le ha ido bien en sus negocios, un bajista reconvertido a techador, un guitarrista en el psiquiátrico (¿Peter Green?), un tour manager cabrón y una manager que no sabe si está más enamorada de su música o del recuerdo de su guitarrista. Una película sentimental, con momentos absurdos y final feliz que merece la pena disfrutar.
  5. The Decline  of  Western Civilization Vol II – The metal years: El verdadero documental referencial del heavy metal debería ser este. La única copia que conseguí fue una en vhs, grabada de una cadena local, doblada al sueco (¿por qué?) con subtítulos en inglés. Por lo que he oído, es posible conseguirla en versión original con los subtítulos en castellano porque algún colega mío la tiene. Pertenece a una serie de documentales, ya que hay otro sobre el punk y otro sobre el hardcore (al menos que yo sepa) y creo que fue reeditado no hace mucho. Momentos enormes como Chris Holmes borracho en su piscina tirándole una botella de vodka a su madre, Paul Stanley recibiendo a los entrevistadores en una cama rodeado de groupies, Ozzy cocinando sin ver ni qué coño está haciendo, Steven Tyler hablando de los millones que gastó en drogas en los 70 … basura de Sunset Boulevard en su más pura esencia, Los Ángeles en su momento creativo metalero (y excesivo) álgido.

 

  • Mención especial: El corto Heavy Metal Parking Lot, que no lo he citado como película por aquello de que es un corto. Cuando a mediados de los 80 la prensa americana se dedicaba a vender el mundo del heavy metal como un cocktail de drogas, violencia y delincuencia del que hay que mantener alejados a los jóvenes (luego se pondría de moda el rap y ya dejarían el tema para dedicarse a machacar a ese mundillo), dos jóvenes estudiantes de cine, que curiosamente no tenían ni idea sobre el mundillo metalero, se fueron a grabar los alrededores de un estadio en Seattle donde esa noche tocaban Judas Priest. Dado que su conocimiento del heavy metal venía de lo vendido por los medios de comunicación esperaban encontrarse atracos, intentos de violación, heroína… pero a lo que se encontraron fue a un montón de jóvenes compartiendo cervezas, echándose unas risas, escuchando música en sus coches… no es que precisamente fueran lo que la sociedad estadounidense llamaría “jóvenes ejemplares”, pero todo estaba muy alejado de la visión sórdida y manipulada de las medias. Bueno, cualquiera que haya estado “parkineando” antes de un concierto sabe cómo es esto (de hecho no puedo negar que para mi esas birras antes del bolo son una de mis partes favoritas del ritual de un buen bolo). Dave Grolh decía que acostumbraban a ver ese vídeo antes de cada concierto de Nirvana, y que creía haberse visto a si mismo en una toma. Un curioso documento que vale la pena ojear.

 

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