Marilyn Manson = Enrique Bunbury ¿?

Ayer hablaba con un amigo mío sobre Marilyn Manson, su trayectoria, sus salidas de tono y lo que reprensentó como personaje en el rock de finales de los 90. Cuando volvía para casa seguí dándole vueltas al asunto por el camino y llegué a una conclusión: Manson es muy similar a Bunbury.

Ok, como afirmación aislada y sin explicar no parece tener mucho sentido. Físicamente no se parecen en nada, musicalmente tampoco tienen mucho en común y desde luego no tienen una trayectoria para nada similar, parecería que lo único en común es que sean dos músicos de rock and roll mainstream, controvertidos y polémicos, y que conocieron sus mayores cotas de popularidad a mediados de los 90. Sin embargo yo veo un punto de conexión común muy fuerte entre ambos personajes, desde un punto de vista conceptual.

Es todo cuestión de pararse a pensarlo un segundo. Ambos músicos se han hecho famosos por interpretar a sus personajes (bueno, en el caso de Bunbury a veces no está claro si es un personaje o es que el pobre es directamente gilipollas, pero confío en que sea lo primero) hasta las últimas consecuencias (en el caso de Manson más sonadas, que a fin de cuentas él no viene de un país donde la música latina y el pop de herencia ochentera lo inunda todo).

 Ambos, yo creo, son estudiosos de las biografías más célebres del rock, y han aprovechado este estudio para construir a su alrededor un aura de glamour decadente, de excesos de cabaret y de celebrada autodestrucción. Cada uno, a su manera, adapta en sus camaleónicas transformaciones las poses y actitudes de grandes estrellas de antaño. Analizando la puesta en escena de Manson o su estética, por ejemplo, no es difícil ver que todo ese personaje se construye mezclando a Ziggy Stardust (el personaje “espacial” de Bowie en los 70) con el Alice Cooper más tenebroso de los 70, el circo de los horrores de Arthur Brown, la provocación sexual de GG Allin, el descerebre del Mike Patton más desquiciado, el criptofascismo de su mentor Trent Reznor y la estética de Adam Ant, un cruce de glam rock con tintes oscurillos. El personaje de Bunbury, de gustos más rockeros estandar, bebe también de Bowie, pero mezclado sobre todo con su amado Jim Morrison, el Mick Jagger más andrógino y el Lou Reed más distante y altivo, jugando a pretender ser el rey lagarto amorrado a su botella. Han hecho todo lo posible por convertirse en los que fueron sus ídolos de juventud, seguramente no llegando a igualar sus mayores excesos (porque si no, imagino que ya estarían muertos de sobredosis o intoxicación etílica).

Manson y Bunbury, ¿Maestros del marketing?¿Estrellas prefabricadas para una época de consumo rápido? ¿O simplemente dos niños que querían ser como su ídolo y que acabaron cumpliendo su sueño? Consideraciones musicales aparte, no se puede negar que comercialmente les ha funcionado bien.

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