Nos ponemos urbanos, nos ponemos callejeros y nos vamos a las calles de Londres para esta entrega de El Bandcamp de la Quincena.
Ya sabéis que yo soy de los que están hartito y mucho de las bandas tributo que andan por este mundo vampirizando la obra de otra gente para hacer caja, eclipsando a la chavalada (y no tan chavalada) que intenta sacar adelante un proyecto propio. Pero tampoco es ser hater por ser hater, siempre añado una coletilla «Si al menos hicieran alguna cosa creativa, interesante y distinta con las versiones, ir más allá de ser una fotocopia, la cosa cambiaría.» Y aquí tenemos un ejemplo de eso, de alguien haciendo versiones pero haciendo algo que va más allá de clavarlas. En este Mashups LP Volume #1 los clásicos del rock y del hip hop se dan la mano de manera obscena y descarada.
Si alguien quiere hablar de «autenticidad» con el señor Lewis Floyd Henry lo lleva complicado. Este hombre se lleva ganando la vida como artista urbano una larga temporada, tocando en las calles de Londres cuando no está de gira por recintos más cómodos y apropiados. Al igual que nuestro amigo Billy Lobster, Lewis Floyd Henry es una banda de un solo hombre. Si Walt Whitman decía que contenía multitudes dentro de si Lewis Floyd contiene un power trío, hace ruido como tres pero es uno solo, se encarga de la guitarra, de la batería, canta y toca la harmónica. En su ya larga discografía suele moverse por la revisión de finales de los sesenta, maridando blues eléctrico, psicodelia y folk rock, picando de Captain Beefhart, Nick Drake, los primerizos Rolling Stones, los dos Becks (tanto Jeff como el más joven que no es Jeff) y, sobre todo, un Jimi Hendrix que es tanto influencia musical como estética, pero en esta entrega de mashups orbita entre el rock duro y el metal mezclado con sus referentes del hip hop.
¿Es rapear Juicy de Notorius BIG en medio del Ace of Spades de Motorhead un sacrilegio? Alguno dirá que sí, pero ¿estamos para defender esto con ortodoxia religiosa? ¿Acaso las siglas AC/DC no casan bien con las de ODB? Pero fusionar rap y rock tampoco es que sea tan raro, ¿no? Ya lo hicieron Anthrax con Public Enemy o Aerosmith con Run DMC, ya hubo una explosión del rap-metal en los 90 ¿Pero rapear por encima de un tema de Nick Drake? Lo curioso es que realmente suena bien, hasta mi madre lo bailaba mientras escribo esto.
La producción es mínima, si me dicen que lo ha grabado con el mismo ampli de 30 watt con el que se le ve en Youtube tocando en la calle me lo creo. ¿Es este Mashups LP Volume #1 una obra maestra o revolucionaria? No, pero es un experimento gamberro muy divertido. No es lo que recomendaría como primer opción para acercarse a su música, ahí diría que mejor empezar con Sonic Rodeo, pero sí como un muy buen recurso para pinchar en una fiesta.
En el mes de junio tuve el blog bastante abandonado porque se me juntaron estudios y trabajo pero ya estamos de vuelta para darle caña a esto. Hacía tiempo que no comentaba discos, pero ya tengo una listilla en el tintero y desde luego que esta pieza de buen rocanrol desde A Mariña no iba a faltar.
De The Brosas ya hablamos más de una vez por aquí y ya comentamos en esta sección su primer disco: rock desenfrenado y macarra en gallego, divertido pero con un innegable compromiso político, con un mensaje abiertamente comunista e independentista, con mala hostia cuando hace falta y con un humor inteligente y retranqueiro cuando salen por ese lado. Se tomaron un tiempo y el grupo estuvo parado muchos meses, pero los dioses del rocanrol nos han escuchado y finalmente están de vuelta, esperemos que para mucho tiempo.
Aunque puedes escuchar las seis pistas aquí de A Terra Nos Olhos, no está disponible todavía la edición para descarga digital, por lo que si quieres comprar el disco hoy por hoy solo puedes hacerlo en vinilo. Ha sido editado por el mítico sello underground compostelano Lixo Urbano, grabado y masterizado por Hevi en los estudios Laboratório Soyuz y cuenta con un tremendo portadón de Xaime Miranda (al que alguno conoceréis por ser uno de los responsables de videoclips tan brutales como este).
En cuanto al sonido de este trabajo hay que empezar hablando de evolución. A Terra Nos Olhos muestra una evolución respecto a su primera entrega. Si antaño su sonido oscilaba entre nombres como Motorhead, Plasmatics, Zeke, Matanza, The Exploited o los primeros Nashville Pussy con el tiempo han ido rebajando el nivel de saturación en sus distorsiones, quitando algunos de los elementos más metal y hardcore y acercándose más al punk rock escandinavo de los inicios de bandas como Turbonegro o Hellacopters o hasta de los míticos Dictators de Ross the Boss. Han cambiado, sí, pero de una forma coherente y sin perder su esencia, no por moda sino por simple evolución.
En resumen, A Terra Nos Olhos es un caramelo que no puedes dejar pasar, una buena pirula de puro rocanrol.
Innovación y experimentación no son palabras que uno vaya a pronunciar cuando se asoma a la música de este disco, aquí todo es clásico, todo sigue una fórmula de probada eficacia que tanto nos gusta a algunos. La formación es el siempre efectivo power-trio, con Vítor Bacalhau como voz, guitarra y frontman y acompañado por João Ventura a la batería y Luis Trinidade al bajo. De cálida distorsión, el guitarreo nos transporta a un viaje donde el rock y el blues se cogen de la mano en un maridaje cargado de energía vital. El disco pasa de momentos de espasmódica violencia como en la incial Happy Man, piezas más cadenciosas y sudorosas como en Old Soul, ritmillo boogie para Let your soul go free, rendiciones bastante heavy-Deep-Purple-ianas en los temas Cosmic Attraction y Walk Through Fire, guiños al gospel en la íntima Shooting Star o un pecadillo más pegadizo, modernete y catchy en Dirty Little Girl que casi podría recordar a White Stripes o The Black Keys. Para los que ya conocían su primer disco y lo disfrutaron será una alegría ver que, a pesar de ser un poco más enérgico y oscuro en esta entrega, en líneas generales sigue la misma onda.
No se va por las ramas el grupo en este disco de temas directos y de sonoridad clásica que rápidamente trae aromas a los guitarristas del género más destacados de los últimos años, un sonido que es deudor de la etapa bluesera de Gary Moore, del omnipresente Joe Bonamassa, del Eric Sardinas más conservador o del lado más rockero de Stevie Ray Vaughan, que a ratos nos recuerda a formaciones como The Georgia Satellites, The Black Crowes o The Fabulous Thunderbirds.
Lo dicho, no hay que redescubrir el fuego ni reinventar la rueda, a veces, muchas veces, lo que vale es hacer bien lo que se quiere hacer, y Vítor Bacalhau lo hace en este Cosmic Attraction. Músico prometedor y disco interesante para seguidores del género que busquen nuevas bandas.
Estoy realizando un curso on-line y no tengo tiempo de nada, pero aquí llega con unos días de retraso El Bandcamp de la Quincena.
Recién salidito del horno, publicado hace un par de semanas, nos llega este disco desde Australia. Swamp Moth son una banda nacida en 2012 pero que quiere sonar como si lo hubieran hecho en 1968. Son australianos pero olvídate de los clásicos referentes de allí, no son otra copia del sonido de AC/DC o Rose Tattoo, si acaso puede que algo de los Buffalo. Este EP se trata, curiosamente, de su segundo lanzamiento homónimo, ya que en 2013 publicaron otro EP también titulado Swamp Moth! (en ese caso acabando con admiración).
Cinco temas de rock enérgico, clásico y pesado es lo que nos trae este quinteto desde las antípodas, con temas directos de duración media/corta, 4:21 el más largo, sin alardeos progresivos pero tampoco sin irse a la simplicidad del punk. ¿Referencias? por el sonido del teclado de Chris Mildren bandas como Uriah Heep o Lucifer’s Friend parecen evidentes maestros de estos australianos, aunque la voz de Myles Barlow se va por derroteros más a lo Led Zeppelin o Cactus y el guitarreo, acompañado de una contundente base rítmica, tira para gente como UFO. Incluso a ratos diría que tienen bastante en común con otros grandes rockeros de los dosmiles como son The Answer.
¿Vale la pena pararse 20 minutos a escuchar este disco? Desde luego, Swamp Moth es un grupo que merece que les pongamos el ojo encima.
Este año el Monolithic Fest abandona Compostela y se va a la localidad portuguesa de Barcelos. La parte mala para mi es que lo tengo menos cómodo y la buena es que tengo una excusa para acercarme a Portugal, que siempre mola. El cartel tiene mucha cosa fina como los DeWolff, nuestros siempre queridos The Black Wizards o estos Black Mirrors que nos ocupan hoy.
Este Funky Queen publicado en marzo de 2017 por Napalm Records era el segundo trabajo de estos belgas, formado por tres temas propios y una versión, y de nuevo producido por ellos mismos. Tres temas propios con sonidos muy variados: la inicial Funky Queen, pegadiza y hasta bailable, ejemplo de catchy tune. La conjunción de blues, hard rock y stoner en The Mess, dando lugar a un tema intenso y directo de estribillo coreable. Y finalmente el tema más largo e intenso para cerrar el disco, la noventera Canard Venger Masqué que oscila entre la repetición maníaca del stoner y la energía más punk del rock alternativo de los 90. Como segunda pista una versión de Kick Out The Jams de los MC5 que, la verdad, considero que sin estar mal representa el momento más flojo del disco.
El sonido del grupo navega a golpes entre los 70 y los 90, picando a veces de Grand Funk Railroad, a golpes de Jimi Hendrix, a bocaditos de Queens of The Stone Age y a ratos muy largos de Soundgarden. La voz de Marcella di Troia ha sido comparada con Janis Joplin, pero yo le veo un tono menos agrio que la acerca más a Mariska Veres de Shocking Blue.
En resumen, tres temas muy potentes y con potencial de cañonazos en directo. Muchas ganas de poder ver a esta gente.
Esta semana con El Bandcamp de la Quincena nos vamos a las frías tierras suecas, a hablar de una banda prometedora que desapareció durante un tiempo pero que ahora está de vuelta para alegría de muchos seguidores.
Hace unos meses Martin Persner acababa con el anonimato de los Ghost. Tras una salida que podríamos definir como «borrascosa» en verano de 2016, admitió públicamente haber sido durante siete años el guitarrista Ω y, ya de paso, desenmascaró a Tobias Forge como el Papa Emeritus (cosa que era un secreto a voces en el mundillo musical). Y también aprovechó para anunciar el regreso de estos Magna Carta Cartel, obviamente sin contar con Forge en la presente formación, presentar el single Sway y confirmar el lanzamiento de este EP titulado The Demon King.
Magna Carta Cartel habían nacido en 2006 y ya contaban con dos registros discográficos: el EP Valint Visions Dawn de 2008 y el LP Goodmorning Restrained, que sólo apareció en formato digital. La aparición de Ghost dejó el grupo en hiato durante 8 años y las tensiones y disputas tanto creativas como económicas lo han vuelto a sacar a flote. En mayo de 2017 finalmente veía la luz este EP formado por 5 temas.
Algunos definen el sonido de MCC como indie pop, pero en este EP los derroteros se mueven más, creo, por el pop sinfónico y progresivo. Desde luego que si vas buscando un deje más metálico como el de Ghost no lo encontrarás. El arranque con el tema título The Demon King destila influencias de los Pink Floyd de los 80 por todos sus poros, Persner no oculta en ningún momento su devoción por David Gilmour y arranca con una canción que perfectamente podría haber sido cantada por Kate Bush. Sway, un tema antiguo que han regrabado con nueva letra, arranque con un rasgueo de guitarra y una línea vocal propia de los REM para dejar paso a una melancólica melodía de guitarra con marcado acento shoegaze. Los temas se centran principalmente en la guitarra y los sintetizadores, encargados de crear tanto las melodías como las atmósferas, el bajo es prácticamente inexistente y la batería extremadamente sencilla, aunque los temas tampoco piden una más compleja. El tercer tema, Turn, es otra canción recuperada de las demos y modificada y, seguramente, sea el tema que más pueda recordarte a Ghost, con un riff un pelín más pesado que el del resto de composiciones, un sintetizador oscuramente ochentero y la batería más intensa del álbum. En Jennifer abrazan el folk al más puro estilo Lindisfane y acaban el EP con una instrumental, Mayfire, donde se hace más patente el halo de Mike Oldfield, una influencia que en todo caso impregna todo el disco. Tal vez sean las líneas vocales el punto débil del disco, faltando un gran cantante (lo que podría haber aportado Forge, pero era evidente que el horno para bollos no estaba).
En resumidas cuentas, el regreso de MCC con este The Demon King, publicado por Lövely Records (en cuyo catálogo está todo el material del grupo), nos ofrece pop elaborado al detalle, minimalista, con atmósferas delicada y melodías de guitarra compuestas con mimo. Un trabajo cortito pero donde cada minuto cuenta mucho para nuestro disfrute.
Esta semana nos hacemos una escapadita a Euskadi para paladear uno de sus más deliciosos platos: una ración completa de buen heavy rock, cocinado al viejo estilo de los 70 y aliñado con un poco de épica.
¿Habéis visto Wizards, de Ralph Bashki? Es una peli fantástica de animación de 1977 que nos sitúa en un mundo futuro post-nuclear donde los humanos supervivientes a la guerra se han convertido en mutantes degenerados, donde diversas criaturas fantásticas han surgido de las entrañas de la tierra para ocupar las regiones libres de radiación (sí, los creadores de Hora de Aventuras seguro que la vieron como diez o doce millones de veces) y donde los pueblos libres están amenazados por las ansias del poder totalitario. Un mundo donde la magia se da la mano con la tecnología militar pre-apocalíptica y donde se nos presenta el clásico relato de enfrentamiento entre fuerzas del bien y del mal.
¿A qué viene el párrafo de arriba? A que la música de estos chavalotes de Bilbao va muy en sintonía con las sensaciones que transmite esa película. En la música de The Wizards podríamos usar muchas etiquetas: hard rock, heavy metal, doom metal, epic doom, proto-metal, metal setentero, stoner, occult rock... y podría darte una idea aproximada, pero no puedes prejuzgarlos en base a rígidos etiquetados. Ellos tienen momentos en los que rinden pleitesía a la oscuridad de Black Sabbath y Pentagram, tienen otros donde se acercan más al rock de Blue Oyster Cult, los primeros Kiss o Thin Lizzy, y por momentos las líneas vocales nos acercan a los primeros trabajos de Danzig o a Ian Atsbury de los esenciales The Cult. Un sonido pesado, épico y setentero que les emparentaría directamente con bandas contemporáneas como Orchid y The Sword.
Este Full Moon in Scorpio es el segundo larga duración de The Wizards y salió hace unos meses al mercado, a principios del verano, aunque se comenzó a grabar en abril de 2016 en los euskaldunes estudios Gaua y se ha masterizado en los estudios de Jessie Cannon en New Jersey. Han contado con la producción y los arreglos de Dean Rispler, que también toca la guitarra en un tema, y para el artwork no se la han jugado y han apostado por una garantía de trabajo profesional como es Branca Studio.
El disco se abre con dos cañonazos hardrockeros setenteros como Avidya y Calliope (Cosmic Revelations), un tema donde la voz nos lleva a una versión metalizada del Sonic Temple. Con Odinist cambian de tercio y se van a unos terrenos más heavies entre Cirith Ungol y la NWOBHM, un sonido que también muestran en Who are you, Mr Gurdjieff?. Stardust por su parte se muestra como un tema de cadencia pesada, una composición larga y épica que, junto con la final When we were gods nos muestra claramente la influencia del primer Danzig sobre esta banda, mientras temas como Leaving the past behind (en el que cuentan con la colaboración de toda una leyenda como Ross The Boss) o Halftones to Eternity encajan más en la onda del primer proto-doom setentero.
Un disco muy completo Full Moon in Scorpio, redondo, muy bien elaborado y finalizado. Un trabajo que guiña el ojo a ese olde 70’s heavy metal pero sin caer en la copia ni en lo repetitivo. Entre tanta banda que ahora pretende mostrarse como «auténtica» y «con raíces» estos The Wizards son una deliciosa píldora de realidad.
El otro día comentaba con un amigo que el estado-nación a veces crea una barrera difícil de saltar. En el estado español cuesta pensar en Portugal: a la hora de hacer negocios, a la hora de internacionalizar empresas, a la hora de plantear viajes vacacionales… Conozco a gente que cuando un grupo viene de gira a la península ignora las fechas en tierras lusas y acaba gastando un día de vacaciones en el curro para ir a Madrid, a ver un jueves a una banda que tocaba en Porto el sábado, una fecha que le convenía más en una ciudad que está más cerca. Pero la frontera, mental más que física o realmente cultural, para muchos está ahí.
Para la prensa musical española esa frontera también está muy presente, rara vez se habla de bandas portuguesas en ella. Dulce Pontes tuvo un cierto éxito mainstream en España a principios de los dosmiles, The Gift en el mundillo indie son importantes y en el metalero Moonspell son la banda portuguesa más conocida, aunque algunos recordarán también a Tarántula por un acuerdo de distribución que habían firmado con Locomotive Music y que les llevó a un par de festivales en España. Y finalmente nos queda la escena del metal extremo, donde sí que ha habido tradicionalmente más contacto y más flujo de bandas, al menos para la conexión concreta entre Galicia y Portugal, no siendo extraño poder escuchar a gente como Sacred Sin, Holocausto Caníbal, Dead Meat o Alcoholocaust, y siendo el SWR Barroselas un festival de referencia para todo fan de los géneros más brutales del noroeste peninsular. Como poco a poco también está convirtiéndose en referente el Sonic Blast para todo amante del stoner y la psicodelia, y como lo han sido también durante años el NÓS Alive o Paredes de Coura para el público más pop.
En general parece que todo acaba en lo arriba citado. Bueno, a menos que seáis lectores de este blog donde la presencia de grupos portugueses es más habitual. Ya sea por mi tendencia política a un federalismo iberista, porque estudio portugués o por mi interés constante en ver nuevas bandas en directo, el caso es que me encanta saltar esa frontera. Y aprovechando estos días libres de los que dispongo he decidido preparar un pequeño artículo centrado en bandas portuguesas que, a pesar de ser muy interesantes, parecen pasar desapercibidas para la prensa musical del reino felipista. Un poco en la onda de los artículos que anteriormente había hecho sobre bandas gallegas. He intentado picar un poco entre varios géneros, aunque los lectores veteranos sabéis que dentro de mi eclecticismo hay una cierta línea coherente.
The Black Wizards: Una banda de la que ya hemos hablado varias veces en este blog y estamos viendo crecer. Con los 70 siempre entre ceja y ceja han ido pasando del protometal de su primer disco, Lake of Fire, a un sonido más psicodélico y setentero en …What the Fuzz?, girando por Europa para presentar ambos discos. Es un grupo para el que sólo tengo buenas palabras: su rock duro de tintes retro da la talla tanto en directo como en estudio, apoyándose en la destreza del cuarteto como instrumentistas y en la madurez de sus composiciones. Un caudal creativo donde el magisterio de Cream, Ten Years After, Jefferson Airplane, Black Sabbath o Grand Funk Railroad nos hacen pensar que los setenta están más vivos que nunca.
Billy Lobster: A lagosta do blues, el alter ego del músico portugués de ascendencia moldava Pavel Racu, se marca un “Juan Palomo” con su banda. Él se lo guisa, él se lo come. Guitarra en mano, micro en boca y batería a sus pies, no necesita más banda, él se encarga de todo para regalarnos un blues eléctrico y cargado de distorsión. Un blues honesto, sincero, auténtico, crudo, muy desnudo, directo. Su disco Boogie on the Fly, del que ya hablamos por aquí, es la mejor muestra de lo que te estoy contando. Esta sí que es honestidad brutal, y no la del Calamaro.
Lâmina: Lâmina no son sutiles, no son frágiles. Su stoner-doom es pesado y sólido, directo, el equivalente sonoro a darte de morros contra un bloque de hormigón. Sus canciones se construyen sobre riffs primitivos y monolíticos y ritmos de batería intensos y obsesivos. En su último trabajo, Lilith (que ya reseñamos por aquí) se nos muestran como dignos continuadores de la esencia que parieron en los 90 bandas como Monster Magnet, Melvins y, en general, todos aquellos que intentan alargar el legado musical comenzado en los 70 por Black Sabbath o Pentagram. Metal pesado de verdad, con raíces y mala leche, directo al grano para deleite del oído y perjuicio de las cervicales de sus creyentes.
Midnight Priest: Si algo ha quedado claro pasados casi 40 años del comienzo de la NWOBHM es que el heavy metal clásico, por muchos altibajos por los que pase, acaba perviviendo. El hard rock de pelos cardados, la depresión grunge, el un-metal korneado, el power metal bombástico de orquestas pregrabadas… se los lleva el viento mientras siguen apareciendo bandas clasicotas en el underground metalero. En caso de que el norcoreano y el cowboy irascible de la Casa Blanca se líen a petardazos nucleares sólo sobrevivirán al holocausto las cucarachas, los tardígrados y un centenar de bandas con elásticos de rayas y chalecos de parches. Midnight Priest son de esa raza de bandas, comenzaron siendo más speedicos y cantando en portugués, como una suerte de Running Wild de la costa atlántica. Hoy por hoy se han tornado más maidenianos y cantan en inglés desde su segundo larga duración, Midnight Steel. Aunque pienso que la banda ganaba mucha frescura cuando cantaban el portugués siguen siendo una muy buena banda de heavy metal a la que seguir la pista, con la que cabecear un rato como maníacos.
Quinta do Bill: Una banda veterana y de las más exitosas en Portugal. Fundada hace 30 años, publicaron su primer disco hace 25 y desde aquella han sumado varios discos de oro a su trayectoria, siendo un grupo que allí suele gozar de mucha presencia mediática, con sus singles en rotación constante por las radios. Su estilo folk rock con tintes pop de profunda influencia estadounidense, muy en la onda de Garth Brooks, te podría llevar a pensar que vienen del propio Nashville si no fuera porque cantan en portugués. Uno de sus temas más exitosos, Filhos da Nação, se convertiría en 2003 en el himno extraoficial del Porto de Mourinho, con la letra convertida en Filhos do Dragão. En 2013, también en Porto, darían un concierto para más de 100.000 personas en la Avenida dos Aliados y, en 2016, repetirían otro concierto masivo en dicha plaza para las fiestas del 25 de abril. Este 2017, durante su trigésimo aniversario, en Galicia han sido condecorados con el premio aRi[t]mar a la mejor canción en portugués.
Vircator: Entre el post-metal y el progresivo se mueven los Vircator, una banda de cuyo primer disco ya os hablamos por aquí y cuyo segundo trabajo, Sar-i-Sang fue publicado el pasado mes de septiembre. Su música atmosférica y compleja hace viajar al oyente por paisajes marcianos envuelto en ondas de amor cósmico, intercalando pasajes etéreos y psicodélicos con intensos crescendos de energía metalera. Un género que algunos etiquetarían de metal intelectual o de banda para mesarse las barbas mientras se degusta un café, pero también una propuesta musical con profundidad y criterio, densa pero no por ello aburrida.
Vítor Bacalhau: Liderando a un power trío cargado de buen blues rock eléctrico, el sureño (del sur de Portugal, no de los USA, que os veo venir) Vítor Bacalhau no pretende disimular la influencia del último Gary Moore, del Albert King más eléctrico, del siempre presente Jimi Hendrix y, de forma más que evidente, de Joe Bonamassa. Hace nada que ha publicado su último disco, Cosmic Atraction, una excelente pieza de blues rock más que disfrutable, con aroma a gasolina quemada y sabor a bourbon de Kentucky. No se pierde en pajas mentales, va al grano, no vuelve a inventar la rueda porque no hay que inventarla, esta ya gira tal y como está, como giran los grandes discos de los grandes guitarristas que le influencian. Un buen disco y un buen guitarrista.
Son italianos y contemporáneros, pero suenan a alemanes de hace 50 años. Esta semana en El Bandcamp de la Quincena nos embarcamos rumbo a los delirios de Squadra Omega.
Altri occhi ci guardano es un disco que tiene un par de años y de hecho no es ni siquiera el último trabajo de los italianos, que el pasado verano publicaron no uno sino dos discos titulados «Materia Obscura» y «Nervosa«. Pero he preferido centrarme en esta entrega, un disco doble de 2015 donde el grupo mostró una formación con dos baterías, al estilo de los Melvins o los Allman Brothers.
La banda se sustenta sobre los hombros de sus dos líderes y fundadores, OmegaMatt y OmegaG8, y nos ofrece en este trabajo una colección de temas donde diversos géneros se van dando la mano: la psicodelia, el jazz, el space rock, el krautrock, el progresivo o hasta el surf.
El crisol de influencias de estos italianos se hace patente desde el arranque del disco: tras una intro de más de cuatro minutos, IL BUIO DENTRO, perturbadora y casi de peli de John Carpenter, se arrancan con un tema de 8 minutos titulado SOSPESI NELL´ OBLIO donde los aires western oscilan entre las bandas sonoras de su compatriota Ennio Morricone y el sonido original de los míticos rockeros instrumentales ingleses The Tornados. Se sienten cómodos con los temas largos, metiendo tres piezas de más de once minutos que recorren distintos paisajes musicales: IL LABIRINTO, IL GRANDE IDOLO y el tema que da título al disco ALTRI OCCHI CI GUARDANO. Las influencias de Hawkwind, Magma o Amon Düül II están a flor de piel en esta Squadra Omega, para dar a luz un sonido que ellos denominan «Spaceage Cubist-Free-Jazz clashes with Pygmy-Percussion-No Wave-Kraut Rock«. Incluso no temen a componer piezas delicadas con arreglos acústicos y escalas mediterráneas en la onda de los Blaak Heat, como en HYOSCYAMUS. Por momentos hasta el sonido de Mike Oldfield, de las bandas sonoras de Fabio Frizzi o de los germanos Faust parece haberles tocado. Hasta por momentos diría que hay guiños que me recuerdan a los españoles Bloque o a Nik Pascal Raicevic.
En este Altri occhi ci guardano son diversas las sonoridades con las que se experimenta: al bajo, las guitarras y la batería se le unen sintetizadores varios, efectos electrónicos, percusión electrónica o saxo. Todo para lograr un efecto de viaje ácido a la par que cósmico. Un disco profundamente complejo y experimental, denso y difícil de clasificar.
Un disco para escuchar cuando necesites una completa evasión, la banda sonora para una tarde de pura y dura atrapada.
Esta semana en El Bandcamp de la Quincena no volamos muy lejos, nos quedamos en Galicia con un disco complejo y tremendamente elaborado.
Xan Campos es un pianista nacido hace treinta años en Cangas, de formación académica como pianista clásico y de jazz y de sobrada y contrastada reputación en el mundo jazzero. A pesar de su juventud cuenta ya con una buena serie de álbumes publicados.
Pero en este disco, ESD, no vamos a encontrarnos a ese músico de jazz más clásico, pues aquí nos ofrece un trabajo más rockero, un rock instrumental complejo, progresivo, sinfónico y con influencias de su estilo jazzero, pero un disco de rock a fin de cuentas. Tenemos dos formaciones para el disco que, además, definen dos tipos de temas: hay tres temas grabados por Xan Campos y los guitarristas Virxilio da Silvia y Yoel Molina que se dejan llevar por ramas más atmosféricas y psicodélicas, con mucho improvisación y a veces adentrándose en sonoridades de eso que algunos llaman post-rock. Los otros seis temas están firmados grabados por los antes citados Xan y Virxilio, junto al guitarrista Wilfried Wilde y el batería Iago Fernández. En esos temas el sonido se mueve por unos derroteros más rockeros y sinfónicos clásicos, con la influencia de gente como Yes, Gentle Giant, los primeros Genesis o Emerson, Lake and Palmer más que presente en sus composiciones, con algún deje por momentos a Return to Forever o a los proyectos de Jan Hammer junto a guitarristas como Jeff Beck, Neil Schon o Steve Lukather.
Este ESD ya tiene un tiempo, se grabó a finales de 2015 y se publicó en diciembre de 2016, pero reconozco que no fue hasta este verano que pude disfrutar de su directo en el festival Feito a Man cuando les descubrí y pude disfrutar de su música.
Un disco variado, experimental, que se mueve entre lo progresivo clásico de los 70 y las tendencias avant-garde. Una pequeña joya, un regalo para los oídos y a su vez un disco que cuesta algo de «trabajo«, que no entra fácil pero que cuando lo hace se disfruta como una inyección de lujuria para los oídos.