Chuck Garric

Un «rockanrolla» de los que quieren «el pack completo», Chuck Garric es el típico producto de macarrismo californiano. Tatuado, con cara de mala hostia y voz cazallosa curtida a chupitos de bourbon.

Bajista de estilo sucio y agresivo, tocando con púa y mucho ataque, muy marcado tanto por la escuela del rock sucio de Detroit (Stooges, MC5) como por el rollo angelino ochentero (Mötley Crüe, RATT, LA Guns), Chuck comenzó su carrera en las cloacas de rock and roll en la banda Turd, fuertemente influenciada por el sonido garajero de Iggy Pop y el primer Alice Cooper. Tras esto se convertiría en un «soldado de fortuna»: LA Guns, Billy Bob Thornton, Dio, Eric Singer Project y, finalmente, su admirado Alice Cooper.

Fue girando con Alice con quien pude ver a este fenómeno del bajo, y es en el directo donde mejor se le aprecia. Chuck no para, se mueve de un lado a otro, mira desafiante al público, se sube a los monitores, hace coros (con una voz, por cierto muy similar a la de Alice Cooper), dobla voces…

Además, se ha destapado también como un gran compositor, trabajando activamente en la creación de temas tanto con Dio como con Alice Cooper (y en su primera banda, Turd, claro). Actualmente además milita en dos bandas propias: The Barons (con un sonido muy rock setentero) y The Drüts, con una onda más Motorhead. Ambas bandas totalmente recomendables.

Geddy Lee

Si te digo Gary Lee Weinrib, hijo de judíos polacos supervivientes del campo de Dachau, seguramente no sepas de quién narices estoy hablando.

Pero si te digo Geddy Lee, bajista, vocalista, productor y teclista canadiense ya es más probable que te hagas una idea.

Geddy ha sido citado como gran influencia por multitud de bajistas de pop, rock y heavy metal; desde Steve Harris hasta Nikki Sixx pasando por John Myung, y sobre todo es conocido por su trabajo con la legendaria banda canadiense Rush, la única banda de rock que ha recibido la Orden de Canadá (allá por 1996), y que él fundó en 1968 (siendo la tercera banda que ha conseguido más discos de platino consecutivos, sólo superada por los Beatles y los Stones). Dentro del rock progresivo siempre será considerado una de las grandes leyendas del estilo.

Si bien su tono de voz extremadamente agudo (intentando imitar la técnica de Robert Plant, pero más estridente)  tira «p’atrás» a más de uno su técnica bajística es, simplemente, impecable.  De formación clásica y jazzística, cabe destacar que sea un músico capaz de tocar complejas líneas de bajo a gran velocidad y con una precisión y limpieza sublimes mientas canta (la mayoría de bajistas/cantantes tocan con púa y no suelen meter arreglos tan complejos).

Del sonido de Lee me enamoré al escuchar el primer directo oficial de Rush, All The World’s A Stage, donde ya da buena muestra de su impresionante técnica en temazos como Bastille Day, Anthem o Working Man. Ahí todavía no se habían vuelto tan progresivos y tiraban hacia un hard rock más standar, de influencias Zeppelianas, pero ya se veía a una banda de técnica sublime e impecable.

Geddy Lee, uno de esos bajistas que todos debemos tener como músico de cabecera. Por desgracia todavía no he podido verle en directo, por esa miopía musical que padecen los productores españoles que nunca les han traído a la península… habrá que coger un avión, porque es una banda que merece sus buenos cientos de kilómetros.

Neil Murray

Bueno, tenía que empezar la serie de grandes bajistas de la historia de rock con mi bajista favorito: Neil Murray.

El bueno de Neil nació en Escocia en los cincuenta, cuando el país era uno de los más pobres de Europa. A los 17 montó su primera banda y a los 23 recaló en su primer grupo importante, la banda de jazz fusión Gilgamesh. Tras eso llegaron otros trabajos de poco impacto comercial pero sí prestigio musical, como Cozy Powell’s Hammer, ColosseumII o National Health. Y al fin el gran público y el reconocimiento comercial al convertirse en el bajista original de Whitesnake, banda con la que trabajaría hasta 1987 y con la que publicaría 9 discos. Por medio también trabajaría con gente como Gary Moore, Graham Bonnet, Bernie Mardsen y en bandas como Gogmagog o Phenomena.

Tras dejar Whitesnake (tras el mayor éxito comercial de la banda) por decisión de Coverdale, pasó una temporada con los japoneses Vow Wow hasta que en 1989 acabaría entrando en Black Sabbath por la marcha de Geezer Butler a la banda de Ozzy. Tras esto no dejaría de dar vueltas de un lado para otro: Brian May, otro regreso a los Sabbath tras la reunión con Dio, Peter Green’s Splinter Group, Rondinelli o Michael Schenker Group. Además, a finales de los 90 se unió a una banda tributo a Whitesnake noruega llamanda The Snakes (donde militaba Jorn Lande), en la que posteriormente entraría Mike Moody y Bernie Mardsen, cambiándose el nombre por Company of Snakes y, más adelante, por M3. Curiosamente pude verles en directo con Doogie White de vocalista y se mostraban bastante más finos que la formación actual de Whitesnake.

Fue sobre todo su trabajo en Live in The Heart of The City lo que me llamó la atención de este bajista, de formación bluesera y jazzística, con fuertes influencias de los grandes de blues rock inglés setentero y de las bandas de sonido Motown. El buen gusto y la calidez de sus líneas de bajo son admirables e impresionantes, seguramente no es el bajista favorito de mucha gente, y desde luego que técnicamente hay gente que le supera, pero si escuchas con atención las canciones es donde aprecias toda la magnitud de este músico, que no necesita ser el centro de atención para meter unos arreglos que son lo que acaba por darle el último «punch», el salto de calidad a la canción.


The Lord Weird Slough Feg, la banda que los Maiden no se atrevieron a ser.

Seguramente no son la banda más conocida del mundo. De hecho son bastante desconocidos, aunque tienen una trayectoria ya dilatada, comenzada a principios de los 90. Está claro que con ese nombre la comercialidad les tira bastante del testículo izquierdo: The Lord Weird Slough Feg (que más tarde abreviaron como Slough Feg, tras la reunión de la banda en 2005 tras unos meses de parón e incertidumbre por cambios en la formación). Si has leído Slaine ya sabes de dónde viene el nombre, si no… aprovecha para leer Slaine, es uno de los mejores comics de fantasía épica de los 80, con un trabajo MAYÚSCULO de un Simon Bisley en estado de gracia.

Pero no es de Slaine de lo que quiero hablar (tal vez lo haga otro día), por muy excepcional que sea dicha obra sino de esta banda norteamericana. No conozco en profundidad toda su discografía, sólo he podido de momento disfrutar de tres de sus trabajos: Hardworlder, Twilight of the Idols y Down Among the Deadmen. No puedo negarlo, me flipan, me encantan, no puedo parar de escuchar sus discos. Son la banda que los Maiden no se atrevieron a ser. Ya estaréis diciendo “oh, el hereje este otra vez cargando contra los Maiden post-Di’Anno”, pues sí, claro que cargo. Porque estos Slough Feg practican un heavy metal clásico, muy NWOBHM, pero mezclado con influencias de folk celtas y progresivas.

 

Olvídate de Eluveitie, Amon Amarth, Korpiklaani y demás mierda venida de los países nórdicos. Esta gente está más en la onda de gente como Pagan Altar (sin parecerse realmente) y beben de bandas como Jethro Tull, Thin Lizzy, Skyclad,  los Maiden de Di’Anno, los primeros Saxon y hasta el Gary Moore más folclórico o los mismos folkrockeros Wolfstone. Escucha temas como The Brave Connor Mac, The Wickerman, The Sea Wolf o Marauder y verás todo este abanico de influencias. Es como coger el mismo cóctel de influencias que parió a los Maiden pero quitándole la voz comercial y las melodías facilonas de la era Bruce Dickinson. Por momentos llegan a sonar tan irlandeses que te parecerá increíble que sean de San Francisco. Incluso en el Hardworlder se atreven a homenajear y recordar a los Manilla Road grabando una versión de Street Jammer tremendamente buena.

Si ya estás aburrido de bandas que suenan a copia del refrito de la imitación de la última banda que logró tener algo de éxito, si eres de los que ya no ven en el metal mainstream actual nada de lo que hacía de esta música algo divertido hace años, esta puede ser tu banda. El grupo que te machaques los próximos meses, la banda que te de algo de aire para respirar en este agobio de copias de Bullet For My Valentine que lleva tiempo invadiéndonos. Heavy metal (no, no “metal”, heavy metal) de calidad, obviando mercados y reconociendo con orgullo y sin vergüenza alguna sus influencias setenteras. Algún “illuminati” les tachará de anclarse en el pasado, problema suyo si cree que será más “innovador” convirtiéndose en una copia de Avenged Sevenfold, pero ese es un tema del que hablaremos otro día.

The Sabb is Back!! Vuelven Black Sabbath

Minientrada (la anterior sobre economía fue larga de cojones) porque la noticia que ayer se oficializó (y que venía comentándose hace un tiempo) es demasiado importante:

BLACK SABBATH VUELVEN CON LA FORMACIÓN ORIGINAL!!!!!

Ok, Ozzy y Bill Ward están hechos polvo por la edad y los años de excesos, pero sigue siendo una gran noticia. Unos de los padres del heavy metal, una de las bandas más originales de la historia, una de las que mejor envejecen con el paso de los años y una de las que más ha influenciado a músicos de los últimos 40 años. Black Sabbath, puntal del hard rock, renovadores del blues psicodélicos, pioneros del heavy metal y padres del doom metal. Black Sabbath, historia viva de la música del siglo XX, una de esas bandas «de clase obrera», salida de la industrial Birmingham.

Anuncian disco nuevo, con Rick Rubin de productor y diciendo que los temas que se habían filtrado en 2001 (y que por cierto, tiraban mogollón al sonido del Sabbath Bloody Sabbath) no van a ser utilizados en esta grabación (espero que algún día vean la luz, aunque sean como caras B o como otro disco en solitario de Tony Iommi). El Mark I de Black Sabbath nos ofrece material nuevo 33 años después (he dicho el Mark I, no me he olvidado de las formaciones con Dio, Gillan, Tony Martin o Glenn Hughes), y anuncian fechas. De momento el premio gordo se lo está llevando el Download (era de esperar, siendo el festival inglés más grande), donde tocarán el 10 de junio de 2012, pero según su web oficial habrá más fechas que se anunciarán próximamente, aunque no se dice si para este verano o para después de la publicación del disco (tampoco hay fecha para el disco, sólo dicen que posiblemente para finales de 2012).

Os dejo los vídeos oficiales de la vuelta (la rueda de prensa el el Whisky a GoGo angelino y el vídeo del anuncio oficial para la web):

Black Sabbath están de vuelta, sólo falta que se hagan una gira guapa por grandes recintos con unos teloneros de nivel (puestos a soñar Motorhead serían la opción perfecta, o Judas Priest para hacer una tour de force del metal de Birmingham).

UDO : «sólido» y «sagrado»

Hay bandas que son un seguro de vida, bandas que nunca fallan en directo. Suelen tener el perfil de ser bandas europeas, veteranas y que han estado siempre al pie del cañón, incluso en los famélicos 90. Saxon, Kreator, Motorhead y el señor que hoy nos ocupa: UDO (bueno Udo, con mayúsculas es el nombre de la banda…).

 

Puede parecer que lanzar una carrera en solitario tras haber sido parte de una banda legendaria es muy fácil, pero si repasamos los ejemplos históricos realmente esto no lo veo tan claro. A fin de cuentas la sombra del pasado suele acabar siendo bastante alargada. El el mejor de los casos el músico en cuestión saca algunos discos potentes y logra ser una banda de salas medianas (véanse Halford, Bruce Dickinson, David Lee Roth, Doro Pesch, Glenn Hughes o Ian Gillan), pero lo habitual es que acaben cayendo en el mundo de la tercera división metalera (véanse Michael Kiske, Sebastian Bach, Vince Neil, Slash o Gene Simmons). El caso de lograr verdadero éxito tras haber estado en una banda legendaria es un extraño reservado a muy pocos como Ozzy o Dio.

 

El caso UDO es el primero. Había vida después de Accept, con audiencias más pequeñas y con menor presencia mediática, pero había vida. Le he visto cuatro veces, y las cuatro muy bien (la última el pasado viernes), es un músico que siempre cumple. Además tiene la dignidad de no centrar sus conciertos en su trayectoria con los legendarios Accept, de los que toca algunos de sus temas más emblemáticos pero sin abusar de la presencia de ese material en su set list.

 

En este Rev-Raptor tour ha quedado claro que, a pesar de estar cerca de los 60 años y el tener pinta de no cuidarse mucho, el vocalista teutón con cara de mala hostia y una ficha muy larga en los archivos de la STASI conserva su voz en un estado muy envidiable. Con una banda de mercenarios profesionales a su alrededor, incluyendo al ex batería de Accept Stefan Kauffman a la guitarra (que tiene pinta de que debieron hacer la mili juntos), que muestran una compenetración perfecta, desgranaron en la sala Capitol un set list atípico. Se dejaron fuera clásicos de la carrera en solitario de UDO como Animal House, They Want War, Cut Me Out, Holy o Bullet and The Bomb. Incluso de las seis canciones de Accept que tocaron (de un total de 20 temas que compusieron el concierto) tres fueron bastante atípicas (Neon Nights, Screaming for a Love Bite y Up to the limit).

 

La cosa empezó puntual con unos teloneros a los que pillamos a medias, unos tales Sevenfield (o algo así, la verdad es que no me aprendí el nombre) que me sobraron tanto como banda telonera como, en general, como banda que pueda aportar algo a la historia de la música. Un grupo escandinavo que intentan sonar como una versión escandinava de Bullet for My Valentine con un deje a In Flames en las voces y que suenan a algo que ya has oído mil veces. En principio no iban a ser ellos lso teloneros sino unos tales Kobra and the Lotus, de Canadá, de los cuales tampoco he escuchado nada aparte de una versión del Ace Of Spades, y lo más que puedo decir es que su vocalista, en las fotos promo, parece una chica muy guapa.

 

Del concierto de UDO ya he comentado que el set list fue atípico. Por el resto la cosa fue perfecta en el plano sonoro: pocas veces he escuchado un concierto tan nítido, con el volumen alto pero sin molestar, con todo perfectamente definido casi como estuvieras escuchando una grabación de estudio. Mención especial para el guitarrista Igor, que se hizo su solo paseándose por toda la sala.

 

En fin, un grupo con unos tíos tan feos tiene que ser bueno de cojones, de eso no hay duda. Y aunque Udo Dirkschneider parezca el hermano heavy de Angela Merkel sigue siendo uno de los grandes vocalistas del heavy metal europeo.

Y ole los huevos de Paul Shortino

Comenté en la entrada de ayer que iba a ver el concierto de Carmine Appice, presentando su nuevo power trio Vargas, Bogert and Appice. Faltaba Tim Bogert por asuntos de salud (fue sustituido por el bajista de la Vargas Blues Band y ex cantante de Red House), y está claro que Javier Vargas no es Jeff Beck. El señor Appice sigue siendo un fenómeno tras los parches, toda una institución y uno de los músicos más innovadores de su época. Se puede decir que junto a John Bonham, Ian Paice y Cozy Powell definió la forma de tocar de los baterías de rock duro. Hay que decir que su actitud durante la firma de discos no estuvo a la altura de su leyenda como percusionista: la foto que me sacaron “con él” fue totalmente “de estrangis” (vamos, que se me ve a mi y de fondo al señor Appice firmando), y nos puso una cara cuando le pedimos que nos firmara las entradas del tipo “¿la entrada? ¿No vas a comprar algo en el merchandising para que te lo firme?”.

 

Pero el que se ha ganado su sitio para mi en el Olimpo del Rock And Roll ha sido, sin lugar a dudas, Paul Shortino. Si no sabes quién es Paul Shortino… bueno, eso es perdonable. Es un impresionante vocalista, pero nunca ha tenido suerte en su carrera. Si alguna vez has visto el vídeo de “Stars”, la respuesta metalera que sacó adelante Dio frente al “We are the World, sin lugar a dudas recordarás a ese joven de blanca americana que destaca con su potente voz por encima de LEYENDAS (con mayúscula) del hard rock y el heavy metal como Don Dokken, Dave Meniketti, Rob Halford, Eric Bloom o Kevin DuBrown. Y fue a DuBrown a quien sustituyó cuando le llegó su gran oportunidad. Tras su paso por Rough Cutt, una banda de gran talento técnico pero por desgracia no tanto compositivo, acabó recalando en Quiet Riot. Pero le faltó suerte en aquella aventura, ya que los angelinos eran una banda herida en la línea de flotación. Tras aquello se pasó las dos últimas décadas participando en tributos varios y grabando álbumes en solitario de escasa repercusión fuera de los EEUU. Supongo que el motivo que le ha llevado a recalar como vocalista para este proyecto fue que actualmente esté militando en los King Kobra de Appice (por cierto, tocaron un tema del que será el próximo disco de King Kobra y sonó tremendo, así que habrá que pegarle un ojo).

 

El caso es que el vocalista de Las Vegas me planteaba ciertas dudas, que ya se sabe que los músicos yankees envejecen peor que los europeos. Hay que decir que “visualmente” el tío está desmejorado. Como muchos de sus coetáneos se ha apuntado al rollo de teñirse el pelo de color “negro adolescente finlandesa rubia que quiere parecer Miércoles Adams”, que sumado al montonazo de laca ochentera hace que parezca que lleva un pelucón de señorona con problemas hormonales. Tampoco ayuda la camiseta ceñida cuando ya asoma un incipiente barrigón.

 

Vocalmente hay que decir que ha perdido registro respecto a lo que era capaz de conseguir en el pasado. Aquellos agudos rotos del “Stars” no creo que sea capaz de conseguirlos, como pudimos apreciar cuando durante el concierto atacó temas como “It’s a Long Way to The Top (if you wanna rock and roll)”, “Whole Lotta Love” o “Black Night”. Pero por suerte Shortino no es Michael Kiske, no es un vocalista cuyo talento se centrara únicamente en su capacidad para cantar muy agudo, y demostró que aunque no tenga ya una de las voces más increíbles del rock and roll sí sabe hacer muchas cosas todavía con lo que tiene. Modula a la perfección, pone mucho sentimiento a lo que canta, rompe la voz y sabe darle su toque de blues rock old school. Cabe destacar también el homenaje que le hizo a Dio cantándose a capella las dos primeras estrofas de Heaven And Hell, en comunión con todo el público.

 

Y si por un lado sigue siendo un cantante de nivel, por otro también se trata de un convincente frontman. Desprende simpatía por todos lados, bromea con el público, no se calla entre canción y canción, se hace un “solo de saxofón”, no para de moverse y se pega unos bailoteos mezcla de Lola Flores con stipper (que se note que es de Las Vegas) sin ningún complejo. Sinceramente, no había visto nunca a un músico tener esa cara de estar pasándoselo tan bien encima de un escenario. Era pura ilusión su cara, como un chaval de 15 años que se lo está pasando teta tocando con sus amigos. Cuando me fui de la sala todavía no había emergido del camerino, pero me comentaron mis colegas que estuvo bastante más simpático que Carmine.

 

Por su tremenda voz, por su carisma y por esa falta de complejos sobre el escenario, olé sus huevos. Paul Shortino, mi nuevo héroe del rock and roll.

Los 5 grupos gallegos que no debes perderte

Un momento patriótico lo tiene cualquiera, y de vez en cuando apetece hablar de las bandas interesantes que surgen en Galicia. Ser músico de metal aquí no es fácil. Primero porque faltan salas asequibles para grupos pequeños, segundo porque no existe una “cultura rockera”, tercero por lo disperso de la población, cuarto por estar en “finis terrae”, una de las esquinas de Europa mal comunicadas hacia el exterior y quinto por tener un público que se mueve más por amiguismo que por interés. Al final la mayoría de las bandas se ven en el dilema de tocar para cuatro gatos interesados o para un montón de colegas suyos a los les tira de un huevo el concierto. Yo he vivido ambas situaciones, y ninguna es agradable, pero casi prefiero la de las cuatro gatos aunque con la otra se haga más caja.

A pesar de todo este negativismo, hay bandas interesantes en el mundillo gallego. Yo personalmente me quedo con estas cinco, por motivos que iré citando en cada una.

Primitive: He de decir, de primeras, que realmente el estilo que hacen Primitive no es mi favorito. Pero no se puede negar que lo hacen jodidamente bien. Aunque se me hagan un pelín “modernillos”, por decirlo de alguna forma, merece la pena verles en directo. Son una banda que cree en lo que toca, lo cual hace ganar muchos enteros al grupo, sin las pretensiones de “virtuoso de la parroquia” que han tenido otras bandas gallegas. Sus canciones son agresivas y directas, y si tienes la suerte de verles en un escenario decente (hace unos meses, por ejemplo, tocaron en la Sala Capitol) comprobarás que no le tienen nada que envidiar a cualquier banda española. Cuando escuchas a Ula cantar aquello de “te van caer muchas hostias” en el tema Aléjate de mi realmente suena a que te las va a meter de verdad. Si te gustan bandas del palo de Hamlet no deberías perderte a este grupo.

Oath: A decir verdad, no tengo muy claro si Oath siguen en activo. Me fiaré de Directorio Metalicia, donde pone que si, aunque hace tiempo que no oigo noticia alguna de esta banda. Oath tienen algo que yo echaba mucho de menos en Galicia, que es un sonido clásico. Nacidos de las cenizas de Sister Moon practican un heavy metal tradicional muy oscuro, que a veces puede sonarte un poco a los primeros Danzig o a Black Sabbath pero que, sobre todo, recoge mucho de la esencia de los legendarios Mercyful Fate. Les pondría muy en la onda de los suecos In Solitude o Portrait, por citar a bandas más actuales. No he tenido la suerte de verles en directo, pero no he oído más que buenas palabras al respecto de esta banda, y de la boca de gente que considero tienen un buen criterio musical.

Mutant Squad: Alguno podría acusarme de amiguismo en este caso, ya que en su maqueta Reset The World fui invitado a grabar los coros. Si alguien cree que les he incluido en esta selección por eso es que no ha escuchado dicha maqueta. Recuerdo que cuando salí de grabar le dije a Bronkas (el cantante de Desbrozadora y I’m Drunk, que también participó en dicha grabación) “tío, hemos colaborado en el Ride The Lightning gallego”. Fue un honor esa colaboración, en una banda que destaca en una escena gallega del thrash metal que, por suerte goza de buena salud, con otras bandas también muy destacables y disfrutables como son los vigueses Lethal Vice y los ponteses Raze. Musicalmente les pondría más cerca del thrash americano, más melódico y elaborado, aunque tanto vocal como letrísticamente les veo más cercanos a los alemanes Kreator, y en su último material incluso veo alguna influencia más progresiva a lo Realm, Mekong Delta o Coroner. Una banda que además, por su edad y por las condiciones de distancia en las que ensayan (su vocalista/guitarra estudia fuera de Galicia), tienen todavía margen para crecer mucho musicalmente. Son al thrash metal gallego lo que Nikola Mirotic al basket español, son a la vez unos destacados por méritos propios y una promesa por potencial.

www.myspace.com/mutantsquadband

The Brosas: Rock and Roll. Mezcla en una cocktelera Nashville Pussy, AC/DC, Chrome Division, The Exploited, Turbonegro y Motorhead. Caña guarra, rock and roll cerdo, mezcla de juventud y veteranía en una de las bandas más auténticas y potentes que he tenido la suerte de escuchar en los últimos tiempos. No pretenden irse de renovadores del rock ni de salvadores del metal, cosa que se agradece, y dejan que otros flipen con Opeth y Mastodon mientras ellos se dedican a picar en lo más auténtico y agresivo del rock and roll de toda la vida. Una banda para desencajarte el cuello, para disfrutar de una cerveza, para escuchar en el bus mientras vuelves del trabajo, para recordar que el rock and roll sigue siendo una forma de cagarse en el sistema.

Os podéis bajar la maqueta de The Brosas aquí.

Tungsteno: Entre el hard rock de los 70, el space rock y la psicodelia se mueven estos compostelanos. Una banda que no se avergüenza de amar el rock clásico de tiempos pasados, que muestra con orgullo sus raíces, bien ahondadas en lo más elegante del rock más tradicional. En directo les he disfrutado varias veces, con diversas formaciones, y sus composiciones suenan todavía mejor que en disco. Un buen dúo de guitarras, una competente base rítmica y sobre todo una voz personal y rockera. Una de las bandas de rock con más clase de Galicia.

Ya he dicho antes que hay muchos grupos interesantes más en la escena gallega, como los antes citados thrashers Raze o Lethal Vice, el rock de corte más comercial de Tevra, el funk-metal de The Codename, el death old school de Unreal Overflows o ese doom melódico a lo Sentenced que practican To Nowhere. No es que esto sea Birmingham, California en 1983 o Suecia, pero más o menos van saliendo cosas muy interesantes, gente que tal vez, en otro contexto, habría conseguido bastante más fama.

Dave Meniketti y sus lecciones de rock and roll.

Lo del señor Dave Meniketti no es de este mundo. Lleva 37 años liderando a Y&T y conserva una energía digna de un debutante. En su voz, su entrega y su pasión no se le notan los años, aunque si en sus sobradas tablas sobre el escenario, de las que disfrutamos ayer unos pocos afortunados en Compostela.

La sala presentaba un pobre entrada, indigna de unas leyendas del rock. Lo mismo que en el pasado con Riot o con Stryper. En fin, seguro que para Amorphis, Amon Amarth o alguna mierda de esas se llena. Lo malo es que si las productoras no logran hacer caja no se la jugarán con bandas clásicas, lo bueno es que al menos te libras de aguantar a lamers con camiseta de Slayer adictos a Spotify y Youtube metiendo codazos.

No hubo suerte al principio con temas técnicos. La iluminación fue de vergüenza, digna de lo más esperpéntico de Spinal Tap ¿quién estaba manejado los focos?. El bajista tuvo que cambiar de cable en la mitad del primer tema y, en la primera fila, el volumen era atronador (no se cómo estaría la cosa por atrás, aunque normalmente suena mejor por el medio).

La nota negativa llega hasta ahí, porque el resto fue inmejorable. Venían sin teloneros, pero se marcaron un concierto largo, con buena comunicación con el público y un tremendo setlist. Sonaron muchos clásicos: Hurricane, Black Tiger, Lipstick and Leather, I Belive in You, Meanstreak, Dirty Girl, Midnight in Tokyo, Rescue Me, Hell or High Water o esa piedra angular del rock and roll que es Forever, con la que cerraron el concierto. Por medio también varios temas de su último disco, que no desmerece para nada la carrera de la banda. Lejos queda aquellos mediocres Musically Incorrect y Endangered Species, por suerte, y Facemelter ha sido un regreso al sonido de los mejores años de la banda.

Sólo me sobró Summertime Girls, un innecesario hit single para sonar en el VH1 de la época totalmente falto de personalidad, que suena más a Van Halen que a ellos mismos. Me habría parecido más acertado haber incluido Open Fire o Beautiful Dreamer.

La banda se coordina a la perfección, grandes músicos para un gran directo destilando elegancia y fuerza. Se echa en falta al tristemente desaparecido Phil Kennemore, que murió a principios de este año tras una larga batalla contra el cáncer, pero el concierto estuvo cargado de homenajes a su memoria.

Pero a pesar de los grandes musicazos que forman ahora mismo Y&T, sigo siendo el “jefe”, Dave Meniketti, quien se encarga de llevar el timón. Pocas veces se reúnen tales cualidades en un músico: gran vocalista, excelente guitarrista, magistral compositor y letrista y carismático frontman. Le ha faltado la suerte para dar el paso hacia el nivel de megaestrella, pero al menos nadie le podrá arrebatar sus méritos como músico. Deberían coger a todos esos críos de conservatorio escandinavos que ahora reinan en el metal mainstream, sentarles frente a Meniketti y decirles “Mirad, así toca un guitarrista de rock”. Su técnica bebe del blues y el rock más clásico, de los Page, Clapton, Hendrix o Blackmore, llevada hacia un heavy rock de corte profundamente melódico.

Definitivamente, Dave Meniketti es un maestro del rock and roll y lo será “ayer, hoy y por siempre”

Los discos que nos hicieron pensar que en los 90 no estaba todo perdido

El heavy metal comenzó a gestarse entre las bandas de blues más pesado en EEUU y el Reino Unido a finales de los 60, sobre todo de la mano de Black Sabbath, pero desde luego otras bandas como Led Zeppelin, Deep Purple, Steppenwolf, Blue Cheer, Grand Funk Railroad, Hawkwind o Uriah Heep, ejercieron un magisterio importante. Luego otra banda de Birmingham, Judas Priest, redefinieron el estilo musical hacia ritmos más veloces y riffs más afilados a dos guitarras. Eran los 70, y otras bandas como Rainbow, UFO, AC/DC, Thin Lizzy, Kiss, BTO, Van Halen, Triumph, Scorpions o Motorhead iban surgiendo y haciéndose hueco con su rock enérgico y duro, que iba definiendo los elementos que conformarían el heavy metal de los 80.

De la primera mitad de los 80 poco se puede decir que no se haya dicho ya, seguramente la más prolífica de este estilo, con la NWOBHM en el Reino Unido y con una enorme actividad en diversas zonas de EEUU (Florida, New York, California y Texas principalmente), Canadá o Alemania. Ozzy Osbourne se lanza en solitario, igual que Dio tras su impresionante paso por Black Sabbath, bandas nacidas a finales 70 dan el salto al primer nivel como Saxon, Iron Maiden, Accept, Quiet Riot, Twisted Sister, Diamond Head, Riot o Y&T, y aparecen otras como Metallica, Manowar, Overkill, Savatage, Dokken, Warlock, Running Wild, Megadeth… La senda de virtuosismo iniciada por Eddie Van Halen es llevada un paso más adelante sobre todo por Randy Rhoads e Yngwie Malmsteen. Incluso en países sin tradición rockera como España, Francia u Holanda surgen bandas de bastante calidad.

Tras el hervidero de esta primera mitad la cosa empieza a decaer. En la segunda mitad de la década la MTV impone una dirección más melódica y de pelos cardados. En Alemania hay un boom del speed metal, pero no acaba de encontrar repercusión fuera de los medios especializados.

Los 90 no acaban de empezar mal del todo. Pantera, una banda de US metal del montón, deciden cambiar, plagiar el sonido de Exhorder y consiguen un par de discos bastante decentes, y algunas bandas siguen sacando material de calidad.

Pero Metallica se pasan a la radiofórmula de la mano de Bob Rock con su disco homónimo de portada negra (¿un guiño a Spinal Tap? ¿una vuelta de tuerca al concepto de los Beatles/ Diamond Head?). Y desgraciadamente aparecen Nirvana, RATM y los Guns’N’Roses monopolizando la presencia mediática. Más adelante Bruce Dickinson dejará Iron Maiden y Rob Halford los Judas, provocando una brutal caída de la popularidad de estas bandas. A mediados de la década el nü metal aparece en EEUU, mientras que en Europa el pastel se lo reparten bandas finlandesas, alemanas e italianas sobreproducidas, abusando de letras y melodías de patio de colegio recargadas con bombos de maquinillo y orquestas midi sampleadas.

Entre todo este desolador panorama (que duró casi hasta la mitad de la primera década del siglo XXI) hubo varios discos gloriosos. Yo he decidido rescatar aquí el recuerdo de los cinco que más me gustan, los cinco discos que en los 90 nos hicieron pensar que no estaba todo perdido.

Painkiller

1.-Painkiller (Judas Priest): En cierto sentido tengo una relación amor-odio con este disco. Odio porque me parece que fue, junto con el “…And Justice for All” de Metallica, el responsable de la desaparición del bajo en los discos de metal. Amor por múltiples y evidentes motivos para todo aquel que lo ha escuchado: desde el sólo de batería inicial, que da paso al tema título Painkiller, hasta el épico cierre con One shot at glory recibimos temazo tras temazo: Nightcrawler, Hell Patrol, Between the Hammer and the Anvil, Leather Rebel, Touch of Evil, Metal Meltdown… Halford estaba como nunca, la pareja Tipton/Downing estaban como siempre, el recién llegado Scott Travis daba una lección de precisión y pegada tras los parches y gran damnificado era Ian Hill, viendo su bajo relegado a mero empaste entre bombo y riffs. La producción corrió a cargo del mítico Chris Tsangarides, que ya había formado parte del “parto” del seminal “Sad Wings of destiny” en los 70, y el heavy metal posterior se vería marcadísimo por este album (que se lo pregunten a Ralph Scheepers).

Nightbreaker

2.- Nightbreaker (Riot): En 1994 hacer una rendición al sonido Rainbow parecía un suicidio comercial. De hecho lo era, y este trabajo de los veteranos neoyorkinos no logró apenas repercusión, excepto en Japón donde las bandas de sonido blackmoriano siempre son bien recibidas. El señor Reale, uno de los guitarristas más talentosos e infravalorados del heavy metal, se marcaba un trabajo impresionante en este album apoyado por un Mike DiMeo, también un vocalista injustamente olvidado, impecable. Dejaban claras sus influencias versionando el Burn de Deep Purple, y se macaban temazos como la final Babylon, la incial y poderosa Soldier, la épica Nightbreaker, Magic Maker o Destiny. Riot jamás han logrado la fama o el éxito comercial, pero al menos pueden estar orgullosos de no haber renunciado nunca a sus principios y a su honestidad.

Stranger in Us All

3.- Stranger in Us All (Rainbow): Corría 1995 y Richie Blackmore nos regalaba su último disco de rock. Luego se casaría con Candice Night, montarían Blackmore’s Night y se dedicarían a girar por teatros y ferias medievales de toda Europa, grabando discos de música de clara inspiración renacentista. Pero antes de eso, el hombre de negro tuvo la decencia de regalarnos una última entrega de los Rainbow. Esta vez con un Doogie White como vocalista que, según se cuenta, rechazó una oferta de los Maiden para unirse a esta reencarnación del arcoiris blackmoriano (lo que llevaría a la entrada de Blaze Bailey en Maiden), lleva a la banda a un sonido híbrido entre el rock más melódico y comercial de la etapa Turner con el sonido más barroco y mágico de la era Dio. El disco se abre con una enérgica Wolf to the Moon, y tiene como momentos álgidos la extraña Hunting Humans (Insatiable), las barrocas Ariel y Black Masquerade (las más cercanas al sonido de la era Dio), el homenaje a Grieg en Hall of the Mountain King o una nueva versión del Still I’m Sad (la tercera que grababan los Rainbow, y las tres son distintas) de los Yardbirds. Blackmore dejaba el rock and roll por la puerta principal, y aunque algunos deseamos que regrese no se puede negar que es una despedida inmejorable.

Countdown to Extintion

4.- Countdown to Extintion (Megadeth): Entre Metallica y Megadeth siempre había existido un pique, una brutal competencia, por toda la historia común entre los primeros y Dave Mustaine, que se había pasado toda la vida resentido por su expulsión. En 1992 Metallica ya habían dejado claro que pasaban de los cuatro peludos que les habían aupado a la fama, pasándose descaradamente a un sonido más asequible. Y esta fue la respuesta de Megadeth, un disco que también se alejaba del thrash clásico, pero que al menos no se lanzaba en manos de la comercialidad más evidente, sino que nos sorprendían con un sonido más heavy, más clásico y melódico, pero no por ello especialmente asequible. La creatividad y los conocimientos musicales de Marty Friedman permitían una evolución hacia sonidos y estructuras poco habituales en bandas de metal, mientras que la capacidad de Mustaine para escribir riffs le daba el punto más heavy y pegadizo. Los cinco primeros temas del disco son una brutal patada en la cara: Skin O’ My Teeth, la adictiva Symphony of Destruction, Architecture of Agression, la preciosa e intensa balada Foreclosure of a Dream y las influencias del swing vertidas en Sweating Bullets… insuperable. A partir de ahí la cosa baja un poco, pero nos podemos encontrar grandes temas (aunque no tan conocidos) como Countdown to Extintion, High Speed Dirt o la final Ashes in my Mouth. Tal vez MegaDave no haya vendido tanto como sus antiguos compañeros, pero él al menos puede mirarse al espejo sin pensar “¿que he hecho?”.

5.- Purpendicular (Deep Purple): Cuando todo el mundo daba por enterrados a los grandes dinosaurios británicos, cuando nadie apostaba por el sonido Purple, cuando no se daba un duro por unos de los grandes de los 70, cuando se decía que sin Richie Blackmore aquello no podía ir a ningún lado, cuando se les acusaba de intentar seguir en un mercado que les había dejado atrás, cuando su trayectoria en los 80 y primeros 90 no sembraba más que dudas… en ese momento unos Purple que estrenaban guitarrista, el virtuoso Steve Morse (Kansas, The Dixie Dreggs) le callaron la boca a todo el mundo. Con un Gillan con una voz irreconocible por sus excesos con el alcohol en el pasado, pero con la tripleta Lord/Glover/Page con más peso que nunca dada la ausencia de Richie Blackmore y con todo el talento de Morse a su servicio los Purple nos sorprendían con uno de los discos de rock más elegantes de la década, donde el blues, el country, el honky tonk, el jazz o el funky se dan la mano con el rock duro para regalarnos temazos como Rosa’s Cantina, Ted The Mechanic, Hey Cisco o Sometime’s I Feel Like Screaming que ponían a Deep Purple de nuevo en la primera plana del rock en los 90. Un “zas en toda la boca” a aquellos que querían enterrarlos prematuramente. No era Deep Purple en estado puro, todo lo contrario, eran unos nuevos Purple que recogían no sólo su sonido pasado sino también el de todo lo que habían escuchado con los años para regalarnos el disco que les catapultaba al siglo XXI.

Y me dejo en el tintero muchos discazos, la verdad: Knights of the Cross y Excalibur de Grave Digger, Masquerade y Rivalry de Running Wild, Facing the Animal de Yngwie Malmsteen, Nive Lives de Aerosmith, Revenge de Kiss, Objection Overruled de Accept, Imaginations from the Other Side de Blind Guardian, Vulgar display of Power de Pantera, Kingdom of XII de Molly Hatchet, No More Tears de Ozzy, Ballbreaker de AC/DC… Los discos que nos hicieron pensar que en los 90 no estaba todo perdido.