Y ole los huevos de Paul Shortino

Comenté en la entrada de ayer que iba a ver el concierto de Carmine Appice, presentando su nuevo power trio Vargas, Bogert and Appice. Faltaba Tim Bogert por asuntos de salud (fue sustituido por el bajista de la Vargas Blues Band y ex cantante de Red House), y está claro que Javier Vargas no es Jeff Beck. El señor Appice sigue siendo un fenómeno tras los parches, toda una institución y uno de los músicos más innovadores de su época. Se puede decir que junto a John Bonham, Ian Paice y Cozy Powell definió la forma de tocar de los baterías de rock duro. Hay que decir que su actitud durante la firma de discos no estuvo a la altura de su leyenda como percusionista: la foto que me sacaron “con él” fue totalmente “de estrangis” (vamos, que se me ve a mi y de fondo al señor Appice firmando), y nos puso una cara cuando le pedimos que nos firmara las entradas del tipo “¿la entrada? ¿No vas a comprar algo en el merchandising para que te lo firme?”.

 

Pero el que se ha ganado su sitio para mi en el Olimpo del Rock And Roll ha sido, sin lugar a dudas, Paul Shortino. Si no sabes quién es Paul Shortino… bueno, eso es perdonable. Es un impresionante vocalista, pero nunca ha tenido suerte en su carrera. Si alguna vez has visto el vídeo de “Stars”, la respuesta metalera que sacó adelante Dio frente al “We are the World, sin lugar a dudas recordarás a ese joven de blanca americana que destaca con su potente voz por encima de LEYENDAS (con mayúscula) del hard rock y el heavy metal como Don Dokken, Dave Meniketti, Rob Halford, Eric Bloom o Kevin DuBrown. Y fue a DuBrown a quien sustituyó cuando le llegó su gran oportunidad. Tras su paso por Rough Cutt, una banda de gran talento técnico pero por desgracia no tanto compositivo, acabó recalando en Quiet Riot. Pero le faltó suerte en aquella aventura, ya que los angelinos eran una banda herida en la línea de flotación. Tras aquello se pasó las dos últimas décadas participando en tributos varios y grabando álbumes en solitario de escasa repercusión fuera de los EEUU. Supongo que el motivo que le ha llevado a recalar como vocalista para este proyecto fue que actualmente esté militando en los King Kobra de Appice (por cierto, tocaron un tema del que será el próximo disco de King Kobra y sonó tremendo, así que habrá que pegarle un ojo).

 

El caso es que el vocalista de Las Vegas me planteaba ciertas dudas, que ya se sabe que los músicos yankees envejecen peor que los europeos. Hay que decir que “visualmente” el tío está desmejorado. Como muchos de sus coetáneos se ha apuntado al rollo de teñirse el pelo de color “negro adolescente finlandesa rubia que quiere parecer Miércoles Adams”, que sumado al montonazo de laca ochentera hace que parezca que lleva un pelucón de señorona con problemas hormonales. Tampoco ayuda la camiseta ceñida cuando ya asoma un incipiente barrigón.

 

Vocalmente hay que decir que ha perdido registro respecto a lo que era capaz de conseguir en el pasado. Aquellos agudos rotos del “Stars” no creo que sea capaz de conseguirlos, como pudimos apreciar cuando durante el concierto atacó temas como “It’s a Long Way to The Top (if you wanna rock and roll)”, “Whole Lotta Love” o “Black Night”. Pero por suerte Shortino no es Michael Kiske, no es un vocalista cuyo talento se centrara únicamente en su capacidad para cantar muy agudo, y demostró que aunque no tenga ya una de las voces más increíbles del rock and roll sí sabe hacer muchas cosas todavía con lo que tiene. Modula a la perfección, pone mucho sentimiento a lo que canta, rompe la voz y sabe darle su toque de blues rock old school. Cabe destacar también el homenaje que le hizo a Dio cantándose a capella las dos primeras estrofas de Heaven And Hell, en comunión con todo el público.

 

Y si por un lado sigue siendo un cantante de nivel, por otro también se trata de un convincente frontman. Desprende simpatía por todos lados, bromea con el público, no se calla entre canción y canción, se hace un “solo de saxofón”, no para de moverse y se pega unos bailoteos mezcla de Lola Flores con stipper (que se note que es de Las Vegas) sin ningún complejo. Sinceramente, no había visto nunca a un músico tener esa cara de estar pasándoselo tan bien encima de un escenario. Era pura ilusión su cara, como un chaval de 15 años que se lo está pasando teta tocando con sus amigos. Cuando me fui de la sala todavía no había emergido del camerino, pero me comentaron mis colegas que estuvo bastante más simpático que Carmine.

 

Por su tremenda voz, por su carisma y por esa falta de complejos sobre el escenario, olé sus huevos. Paul Shortino, mi nuevo héroe del rock and roll.

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