Musiqueando 7 (20190618)

El 9 de mayo se entregaron los Blues Music Awards de la Blues Foundation, iba a escribir sobre ello pero se quedó fuera de la anterior entrega porque el homenaje al gran Roky Erickson era obligado. Resumiendo ¿quiénes se llevaron los galardones este año? Pues Joe Louis Walker, Bruce Katz y Giles Robinson ganaron el de mejor disco acústico por Journeys to the Heart of the Blues, en la categoría de mejor disco de blues tradicional el premio se lo llevó Buddy Guy por The Blues is Alive and Well, el mejor disco de una artista emergente fue para Free de Amanda Fish, en la categoría soul-blues recayó en Johnny Rawls por I’m Still Around y el de mejor disco de blues-rock acabó en las manos de Billy Gibbons por su disco en solitario The Big Bad Blues. Finalmente el gran doblete lo hizo Shemekia Copeland ganando tanto el premio a mejor disco de blues contemporáneo como a mejor disco del año por America’s Child. Y para cerrar el bloque lo hacemos con la elegida como mejor canción del año: No mercy In this Land, con Ben Harper y Charlie Musselwhite.

Pasamos del blues al heavy más clásico de la mano de Traveler, un grupo canadiense, de Calgary, que el pasado febrero publicaba su primer largo a través del sello Gates of Hell Records, especializado en bandas de metal de corte ochentero. Son una banda muy joven, fundada en 2017 y que previamente habían publicado una demo y un split en 2018, practican un heavy metal tradicional y algo acelerado en la tradición de nombres como Angel Witch o Raven con algún pasaje más épico onda Warlord. Se han marcado un disco más que destacable y redondo que podríamos meter en el saco de la NWOTHM, un trabajo en el que cuesta destacar algún tema por la tremenda regularidad del mismo: himnos de heavy clásico donde ninguna destaca sobremanera sobre otro, un trabajo para menear la cabeza agusto.

Como nota trágica hay que recordar que hace una semana nos dejaba el vocalista brasileño Andre Matos, conocido por su trabajo en los primeros discos de la banda de power metal Shaman, a la que había vuelto recientemente, con los olvidados speed-metaleros Viper a finales de los 80, por el efímero proyecto de pop-metal Virgo junto a Sascha Paeth pero, sobre todo, por su trabajo con los Angra en su etapa clásica de los 90, una de las bandas más originales de la explosión del power metal pues se distanciaron de otras bandas de la misma etiqueta añadiendo elementos de música étnica, progresivo o bossa-nova a sus temas. Matos, quien también era un más que decente teclista, destacó como vocalista por su rango vocal que le permitía alcanzar notas extremadamente agudas.

El virtuoso bajista y contrabajista John Patitucci también ha estrenado disco hace pocos meses, Soul of the Bass. Se trata de su decimosexto trabajo en solitario y seguramente del más intimista de su carrera: Patitucci improvisando piezas con su bajo o contrabajo orbitando entre el jazz y la música clásica, en muchas piezas tocando sin acompañamiento alguno y en otras con algún apoyo bastante minimalista. Un trabajo en general bastante denso para que lo degusten los amantes del bajo, aunque muy poco accesible a quien no tenga una especial devoción por explorar qué puede dar de sí este instrumento.

El mes pasado se pasó por Compostela Mark Guiliana, quien será recordado por el público más rockero por haber sido el batería de David Bowie en su último disco y por el público amante de la electrónica por liderar uno de los proyectos más atractivos del lado más experimental de este género en los últimos años. En este Beat Music! Beat Music! Beat Music! publicado el pasado abril juega a fusionar jazz, avant-garde y electrónica sin complejo alguno mientras exhibe su brutal talento como percusionista rodeado de loops y sintetizadores.

Y acabamos el recorrido de esta semana con un EP instrumental que tiene algo más de un año, se publicó en marzo de 2018, pero que no me quería dejar fuera: Volver a Nacer, del guitarrista gallego Rubén Cores. Un disco de rock instrumental construido sobre fraseos de guitarra melódicos a la par que virtuosos para amantes de este género “guitar hero factoría Varney” a lo Satriani o Eric Johnson, que en sus cuatro temas cuenta con otros talentos de la música gallega como el batería Miguel Lamas o el teclista y arreglista Adrián Solla.

El Bandcamp de la Quincena: Vítor Bacalhau – Cosmic Attraction

Vamos con una crítica que lleva meses en el tintero y que nos lleva de viaje al soleado sur de Portugal.

Si sois lectores asíduos de este blog el nombre de Vítor Bacalhau no es resultará totalmente desconocido, pues en un artículo que hice hace unos meses sobre rock portugués aparecía mencionado este guitarrista y vocalista. En el pasado mes de noviembre publicó este Cosmic Attraction, su segundo disco, que vamos a repasar a continuación.

Vítor Bacalhau

Innovación y experimentación no son palabras que uno vaya a pronunciar cuando se asoma a la música de este disco, aquí todo es clásico, todo sigue una fórmula de probada eficacia que tanto nos gusta a algunos. La formación es el siempre efectivo power-trio, con Vítor Bacalhau como voz, guitarra y frontman y acompañado por João Ventura a la batería y Luis Trinidade al bajo. De cálida distorsión, el guitarreo nos transporta a un viaje donde el rock y el blues se cogen de la mano en un maridaje cargado de energía vital. El disco pasa de momentos de espasmódica violencia como en la incial Happy Man, piezas más cadenciosas y sudorosas como en Old Soul,  ritmillo boogie para Let your soul go free, rendiciones bastante heavy-Deep-Purple-ianas en los temas Cosmic Attraction y Walk Through Fire, guiños al gospel en la íntima Shooting Star o un pecadillo más pegadizo, modernete y catchy en Dirty Little Girl que casi podría recordar a White Stripes o The Black Keys. Para los que ya conocían su primer disco y lo disfrutaron será una alegría ver que, a pesar de ser un poco más enérgico y oscuro en esta entrega, en líneas generales sigue la misma onda.

No se va por las ramas el grupo en este disco de temas directos y de sonoridad clásica que rápidamente trae aromas a los guitarristas del género más destacados de los últimos años, un sonido que es deudor de la etapa bluesera de Gary Moore, del omnipresente Joe Bonamassa, del Eric Sardinas más conservador o del lado más rockero de Stevie Ray Vaughan, que a ratos nos recuerda a formaciones como The Georgia Satellites, The Black Crowes o The Fabulous Thunderbirds.

Lo dicho, no hay que redescubrir el fuego ni reinventar la rueda, a veces, muchas veces, lo que vale es hacer bien lo que se quiere hacer, y Vítor Bacalhau lo hace en este Cosmic Attraction. Músico prometedor y disco interesante para seguidores del género que busquen nuevas bandas.

Além do Minho: Siete bandas portuguesas que seguramente te estás perdiendo.

El otro día comentaba con un amigo que el estado-nación a veces crea una barrera difícil de saltar. En el estado español cuesta pensar en Portugal: a la hora de hacer negocios, a la hora de internacionalizar empresas, a la hora de plantear viajes vacacionales… Conozco a gente que cuando un grupo viene de gira a la península ignora las fechas en tierras lusas y acaba gastando un día de vacaciones en el curro para ir a Madrid, a ver un jueves a una banda que tocaba en Porto el sábado, una fecha que le convenía más en una ciudad que está más cerca. Pero la frontera, mental más que física o realmente cultural, para muchos está ahí.

Para la prensa musical española esa frontera también está muy presente, rara vez se habla de bandas portuguesas en ella. Dulce Pontes tuvo un cierto éxito mainstream en España a principios de los dosmiles, The Gift en el mundillo indie son importantes y en el metalero Moonspell son la banda portuguesa más conocida, aunque algunos recordarán también a Tarántula por un acuerdo de distribución que habían firmado con Locomotive Music y que les llevó a un par de festivales en España. Y finalmente nos queda la escena del metal extremo, donde sí que ha habido tradicionalmente más contacto y más flujo de bandas, al menos para la conexión concreta entre Galicia y Portugal, no siendo extraño poder escuchar a gente como Sacred Sin, Holocausto Caníbal, Dead Meat o Alcoholocaust, y siendo el SWR Barroselas un festival de referencia para todo fan de los géneros más brutales del noroeste peninsular. Como poco a poco también está convirtiéndose en referente el Sonic Blast para todo amante del stoner y la psicodelia,  y como lo han sido también durante años el NÓS Alive o Paredes de Coura para el público más pop.

En general parece que todo acaba en lo arriba citado. Bueno, a menos que seáis lectores de este blog donde la presencia de grupos portugueses es más habitual. Ya sea por mi tendencia política a un federalismo iberista, porque estudio portugués o por mi interés constante en ver nuevas bandas en directo, el caso es que me encanta saltar esa frontera. Y aprovechando estos días libres de los que dispongo he decidido preparar un pequeño artículo centrado en bandas portuguesas que, a pesar de ser muy interesantes, parecen pasar desapercibidas para la prensa musical del reino felipista. Un poco en la onda de los artículos que anteriormente había hecho sobre bandas gallegas. He intentado picar un poco entre varios géneros, aunque los lectores veteranos sabéis que dentro de mi eclecticismo hay una cierta línea coherente.

The Black Wizards: Una banda de la que ya hemos hablado varias veces en este blog y estamos viendo crecer. Con los 70 siempre entre ceja y ceja han ido pasando del protometal de su primer disco, Lake of Fire, a un sonido más psicodélico y setentero en …What the Fuzz?, girando por Europa para presentar ambos discos. Es un grupo para el que sólo tengo buenas palabras: su rock duro de tintes retro da la talla tanto en directo como en estudio, apoyándose en la destreza del cuarteto como instrumentistas y en la madurez de sus composiciones. Un caudal creativo donde el magisterio de Cream, Ten Years After, Jefferson Airplane, Black Sabbath o Grand Funk Railroad nos hacen pensar que los setenta están más vivos que nunca.

Billy Lobster: A lagosta do blues, el alter ego del músico portugués de ascendencia moldava Pavel Racu, se marca un “Juan Palomo” con su banda. Él se lo guisa, él se lo come. Guitarra en mano, micro en boca y batería a sus pies, no necesita más banda, él se encarga de todo para regalarnos un blues eléctrico y cargado de distorsión. Un blues honesto, sincero, auténtico, crudo, muy desnudo, directo. Su disco Boogie on the Fly, del que ya hablamos por aquí, es la mejor muestra de lo que te estoy contando. Esta sí que es honestidad brutal, y no la del Calamaro.

Lâmina: Lâmina no son sutiles, no son frágiles. Su stoner-doom es pesado y sólido, directo, el equivalente sonoro a darte de morros contra un bloque de hormigón. Sus canciones se construyen sobre riffs primitivos y monolíticos y ritmos de batería intensos y obsesivos. En su último trabajo, Lilith (que ya reseñamos por aquí) se nos muestran como dignos continuadores de la esencia que parieron en los 90 bandas como Monster Magnet, Melvins y, en general, todos aquellos que intentan alargar el legado musical comenzado en los 70 por Black Sabbath o Pentagram. Metal pesado de verdad, con raíces y mala leche, directo al grano para deleite del oído y perjuicio de las cervicales de sus creyentes.

Midnight Priest: Si algo ha quedado claro pasados casi 40 años del comienzo de la NWOBHM es que el heavy metal clásico, por muchos altibajos por los que pase, acaba perviviendo. El hard rock de pelos cardados, la depresión grunge, el un-metal korneado, el power metal bombástico de orquestas pregrabadas… se los lleva el viento mientras siguen apareciendo bandas clasicotas en el underground metalero. En caso de que el norcoreano y el cowboy irascible de la Casa Blanca se líen a petardazos nucleares sólo sobrevivirán al holocausto las cucarachas, los tardígrados y un centenar de bandas con elásticos de rayas y chalecos de parches. Midnight Priest son de esa raza de bandas, comenzaron siendo más speedicos y cantando en portugués, como una suerte de Running Wild de la costa atlántica. Hoy por hoy se han tornado más maidenianos y cantan en inglés desde su segundo larga duración, Midnight Steel. Aunque pienso que la banda ganaba mucha frescura cuando cantaban el portugués siguen siendo una muy buena banda de heavy metal a la que seguir la pista, con la que cabecear un rato como maníacos.

 

Quinta do Bill: Una banda veterana y de las más exitosas en Portugal. Fundada hace 30 años, publicaron su primer disco hace 25 y desde aquella han sumado varios discos de oro a su trayectoria, siendo un grupo que allí suele gozar de mucha presencia mediática, con sus singles en rotación constante por las radios. Su estilo folk rock con tintes pop de profunda influencia estadounidense, muy en la onda de Garth Brooks, te podría llevar a pensar que vienen del propio Nashville si no fuera porque cantan en portugués. Uno de sus temas más exitosos, Filhos da Nação, se convertiría en 2003 en el himno extraoficial del Porto de Mourinho, con la letra convertida en Filhos do Dragão. En 2013, también en Porto, darían un concierto para más de 100.000 personas en la Avenida dos Aliados y, en 2016, repetirían otro concierto masivo en dicha plaza para las fiestas del 25 de abril. Este 2017, durante su trigésimo aniversario, en Galicia han sido condecorados con el premio aRi[t]mar a la mejor canción en portugués.

Vircator: Entre el post-metal y el progresivo se mueven los Vircator, una banda de cuyo primer disco ya os hablamos por aquí y cuyo segundo trabajo, Sar-i-Sang fue publicado el pasado mes de septiembre. Su música atmosférica y compleja hace viajar al oyente por paisajes marcianos envuelto en ondas de amor cósmico, intercalando pasajes etéreos y psicodélicos con intensos crescendos de energía metalera. Un género que algunos etiquetarían de metal intelectual o de banda para mesarse las barbas mientras se degusta un café, pero también una propuesta musical con profundidad y criterio, densa pero no por ello aburrida.

Vítor Bacalhau: Liderando a un power trío cargado de buen blues rock eléctrico, el sureño (del sur de Portugal, no de los USA, que os veo venir) Vítor Bacalhau no pretende disimular la influencia del último Gary Moore, del Albert King más eléctrico, del siempre presente Jimi Hendrix y, de forma más que evidente, de Joe Bonamassa. Hace nada que ha publicado su último disco, Cosmic Atraction, una excelente pieza de blues rock más que disfrutable, con aroma a gasolina quemada y sabor a bourbon de Kentucky. No se pierde en pajas mentales, va al grano, no vuelve a inventar la rueda porque no hay que inventarla, esta ya gira tal y como está, como giran los grandes discos de los grandes guitarristas que le influencian. Un buen disco y un buen guitarrista.

El Bandcamp de la Quincena: Billy Lobster – Boogie on the Fly (19/02/2017)

Calentita viene la entrega de esta semana de El Bandcamp de la Quincena, hace sólo dos semanas que fue publicado este trabajo. Emulando a la infanta fugitiva nos acercamos al área de Lisboa para paladear un poco de blues (bueno, ella al blues imagino que no va):

No sé si Billy Lobster es un fan fundamentalista de Bob Esponja o de las películas de Yorgos Lanthimos, o si su nombre viene de alguna historia de infancia o adolescencia que jamás conoceremos. De Billy Lobster solo se lo que nos cuenta y lo que se puede escuchar.

¿Qué nos cuenta? Pues que nació bajo el nombre de Pavel Racu en Moldavia, país del que marchó a los 17 años rumbo a Portugal. Que desde crío, cuando jugaba a hacer air guitar con una escoba, siempre quiso ser músico. Que de adolescente se contagió de la rockin’ pneumonia y la boogie woogie flu y jamás se ha curado de esa bendita infección. Y que este Boogie on the Fly se la ha guisado y comido casi integramente él solito, ya que Billy Lobster es un hombre y a la vez toda una banda: guitarra, voz y percusión, lo toca todito. Como Muchachito Bombo Infierno, pero molando (ese es el punto diferencial). Cuenta con un armonicista en algunos temas, João Luz, y en los controles ha estado Tito Carreno de los Menos Um Studios, que coproduce, mezcla, masteriza y toca el órgano en un tema, tema donde encontramos la voz gospel de Sandra Tess acercándonos al género espiritual. El arte de la portada ha sido cosa de Zé Pereira, un retrato en blanco y negro de trazos angulosos que os dejo aquí debajo:

Billy Lobster

¿Qué podemos escuchar? Un blues desnudo y clásico. El señor Langosta nos dice que sus primeras influencias fueron John Lee Hooker, Muddy Waters y Howling Wolf. Nada que discutirle, están muy presentes en la grabación. Añadiría el regusto más rocanrolero de Bo Diddley, incluso un punto del Billy Gibbons más rockero o de grupos modernos con deje retro como Moreland & Arbuckle o Seasick Steve. Podrías pensar que siendo un solo músico la grabación sonaría vacía, pero con su voz y cargándole bien a la distorsión en su guitarra logra llenar la grabación, hacer mucho con poco es el espíritu primitivo de un bluesman, como el gran Son House. En la instrumental Tuna Fish esto es tan marcado que llega a sonar casi a un stoner-blues digno de Clutch.

El Este conoce al Oeste, la música no conoce fronteras. Un músico nacido en Moldavia, afincado en Portugal pero que ha absorbido como una esponja el sonido de gente llegada de Texas, Tennessee, Nashville, Nueva Orleans o Chicago nos presenta un disco para quemar rueda, para hacer kilómetros en la carretera, para comer cangrejos de río, para remojar el gaznate con bourbon o para cualquier otra actividad que se asocie tradicionalmente con los comportamientos de un bluesman.

Resumiendo, este Boogie On the Fly de Billy Lobster es cosa fina. Una escucha o dos se le dan de buena gana.

 

 

 

El Bandcamp de la quincena: minimál Bogart – Fire on Soyuz (12/06/2016)

Esta semana en El Bandcamp de la Quincena vamos a darnos una vuelta por un país del que, sinceramente, no conocía muchas bandas.

Seguro que más de uno recuerda cuando hace un tiempo hablamos por aquí en la sección Joyas Musicales de un disco titulado Sleeping Sickness de la banda JPT Scare Band, que incluso figura en mi lista de discos indispensables. Si os gusta ese rollo de psicodelia y jam band, de improvisación musical pura y dura, entonces también os gustarán  minimál Bogart.

Os decía en el párrafo introductorio que es una banda venida de un país cuya tradición rockera desconozco: Hungría. Más allá de los heavymetaleros Ossian, que hasta tienen un combinado dedicado por mis colegas, Kalapács y Pokolgép, no conocía más bandas húngaras. Y desde luego estos minimál Bogart no tienen mucho que ver las antes citadas bandas de heavy metal clásico.

El sonido de esta banda bebe mucho de los años sesenta, y nos presenta largos temas instrumentales con guitarras blueseras cargadas de fuzz donde la harmónica toma el mando cubriendo el rango de las voces. Las raíces más clásicas de T-Bone Walker, John Lee Hooker o Little Walter (no podemos hablar de harmónica de blues y no citarle) se tocan con la generación Woodstock: Jimi Hendrix, Cream, Fleetwood Mac, el primer Santana, Leaf Hounds, Ten Years After, Big Brother and the Holding Company… y me vuelvo a la JPT Scare Band citada al principio. Y es que no sólo los suecos como Graveyard o Witchcraft saben recuperar el mejor sonido setentero.

Blues psicodélico, instrumental y pesado desde el este de Europa, ejecutado con elegancia y con pasión por aquellas bandas de finales de los sesenta. Esta jam band húngara vale mucho la pena. Además, a día de escribirse esta crítica, te puedes hacer con sus tres discos por muy buen precio (de hecho te saldrían más baratos que comprarte sólo este), así que puedes aprovechar el momento. De hecho en el primer disco también utilizan flauta, trayendo un deje a los primeros Jethro Tull, Coven o Ñu. Realmente toda su discografía es muy recomendable.

minimál Bogart

Fire on Soyuz es un disco intenso, que invita a la evasión, un trabajo para dejar tu mente volar mientras te tumbas tras un día intenso de trabajo, una obra que pulsará tus resortes cerebrales para crear bellos pasajes en tu cabeza durante los, aproximadamente, 40 minutos que dura.

Mucho me temo que debe ser complicado verles tocar fuera de su país, pero es una banda con enorme potencial, que sabe de qué va su música y que no se limita al blues funcionarial de sesión vermú que se ha puesto de moda en los últimos años.

Música en femenino para este 8 de marzo

Para el guitarrista que me afirmó que las mujeres eran peores con ese instrumento que los hombres.

Para el personaje que pronunció aquello de “las mujeres carecen de sensibilidad para apreciar el metal“.

Para los que, cuando pinchaba videoclips, me decían¿por qué pones a esa si está vieja/no está buena?“.

Para los que en cada concierto en el que una mujer ocupaba el escenario no paraban de comentar su físico en lugar de sus aptitudes musicales.

Para los que ven el sexismo en otros pero no en su propia casa.

Para los que dicen quedesde que tienen derecho al voto ya no hace falta un Día de la Mujer“.

Y desde luego, para todas las mujeres que han tenido que aguantar y sufrir la desigualdad sólo por pertenecer a su sexo. Y para todas las personas que saben que cambiar eso requiere de un esfuerzo conjunto los 365.

Para todas esas personas, tened un combativo 8 de marzo. Os dejo una banda sonora para este día, yo la he recopilado pero ellas la tocan:

La polémica y no definitiva lista de los 50 mejores guitarristas

A raíz de publicar en mi cuenta de Facebook esta lista de Los 50 mejores guitarristas, una de los cientos que hay rulando por internet, decidí que yo elaboraría mi propia selección para este blog (al igual que hay la de los 100 discos indispensables, que curiosamente son 101 y nadie se ha dado cuenta todavía). Para la elaboración de la lista me he basado en un criterio totalmente científico e imparcial llamado “voy a poner lo que me salga de los mismísimos pendientes reales”, asumiendo que estas listas jamás contentan a todo el mundo ya que la música y la calidad de un guitarrista no se pueden medir de forma alguna, y al final todo el mundo cae en un criterio totalmente personal. Y tras esta breve introducción vamos con LA POLÉMICA Y NO DEFINITIVA LISTA DE LOS 50 MEJORES GUITARRISTAS DE LA HISTORIA (según mi criterio esta semana, la que viene podrían cambiar cuatro o cinco).

  1. Tony Iommi
  2. Rory Gallagher
  3. Jimi Hendrix
  4. Michael Schenker
  5. Ritchie Blackmore
  6. Richard Thompson
  7. Stevie Ray Vaughan
  8. Steve Cropper
  9. Albert King
  10. Duane Allman
  11. Ry Cooder
  12. Jeff Beck
  13. Al DiMeola
  14. Gary Moore
  15. Billy Gibbons
  16. Chris Oliva
  17. Sabicas
  18. John McLaughlin
  19. Paco de Lucía
  20. Randy Rhoads
  21. Alvin Lee
  22. Roy Harper
  23. B.B. King
  24. Susan Tedeschi
  25. Glenn Tipton
  26. Bo Diddley
  27. Joe Walsh
  28. Steve Stevens
  29. Brian May
  30. Uli Jon Roth
  31. Peter Green
  32. Mick Ronson
  33. Johnny Winter
  34. David Gilmour
  35. Sister Rosetta Tharpe
  36. Jimmy Page
  37. Dickey Betts
  38. Eddie Van Halen
  39. Mary Ford
  40. Paul Kossof
  41. Vernon Reid
  42. Richie Kotzen
  43. Eddie Hazel
  44. Jennifer Batten
  45. Steve Gaines
  46. T-Bone Walker
  47. Yngwie J. Malmsteen
  48. Malcom Young
  49. Andy LaRocque
  50. Dave Meniketti

PD: Sí, he puesto a Malcom y no a Angus.

Bueno, quedo a la espera de las feroces críticas.

The Aynsley Dunbar Retaliation – Remains to be heard

Aynsley Dunbar pasa por ser uno de los baterías más conocidos de los años 70. Conocido sobre todo por su trabajo con Jeff Beck, David Bowie, John Mayall, Frank Zappa o Whitesnake,  fue el típico mercenario que se ganó la vida de un lado para otro con docenas de bandas, al estilo de otros grandes de su generación como, Carmine Appice o Cozy Powell.

Y al igual que el malogrado Cozy, Aynsley también probó a sacar adelante su propia banda: Aynsley Dunbar Retaliation. Este Remains to Be Heard de 1970, el último disco que publicaron, es un disco de blues eléctrico pesado y elegante, muy en la onda de lo que hacía en esa época Cream, Ten Years After o incluso podría recordar a ciertas cosas de Led Zeppelin.

El disco se abre con Invitation to a Lady, tema de blues de inspiración sexual socarrona y ritmo ligero. El segundo tema, Blood on your wheels en cambio plantea un ritmo más pesado, más sudoroso. Downhearted, lenta, intimista, baladística, con un deje soul… sonaría perfecta en la voz de Joe Cocker o Chris Rea, un tema que pide ser desgranado con una voz de alma torturada. Whistlin’ Blues por su parte se acerca al lado más folkie del blues sureño, a la música de los campos de algodón, a John Lee Hooker, al primer Muddy Waters, al gran Robert Johnson, donde la distorsión se va para dejar sitio a las acústica y donde un silbido da sentido al título y lleva el grueso de la melodía. Keep your hands out vuelve a la temática y al ritmo más sexual, más ligero y divertido. Sleepy Town Sister, por su parte, juega con el soul y con una segunda voz femenina, con los arreglos de piano ganando terreno a la guitarra dando un tono muy honky tonk y con un solo de trompeta en medio de la canción, como momento álgido del tema. Fortune City también presenta una voz femenina para un tema de más rockero, sin dejar de lado el blues, con un impresionante trabajo de percusión de Dunbar. Put some love on you, con su ritmo pausado, sus arreglos psicodélicos en el solo de guitarra y sus armonías vocales podría recordar más a los Yardbirds, los Rolling Stones o incluso los Beatles. Bloody Souvenir es un tema de blues muy pesado e intenso, a pesar de contar sólo con una guitarra acústica y una voz. Toga por su parte comienza jugando con la percusión, la voz y una sección de cuerda, creando un ambiente muy relajado donde un violín irrumpe con una melodía oriental, en la canción más experimental del disco. En la reedición que he conseguido del disco aparecen dos temas más como bonus tracks que ignoro si formaron parte del disco originalmente, siendo la primera de ellas su single de 1967 The Warning, canción que luego versionarían Black Sabbath en su primer disco, un impresionante temazo de blues-rock pesado, sudoroso, intenso y pegadizo, en la onda de la época y que es un clásico por derecho propio con un pegadizo teclado y suaves arreglos. Cierra el disco otra gran pieza de blues eléctrico como es Cobwebs, de ritmo lento y con una guitarra de inspiración BB King jugueteando entre los acordes del órgano.

No se trata de uno de los discos más conocidos de la época, tampoco de los más originales, Dunbar plantea un trabajo de blues bien ejecutado y compuesto, sin alejarse mucho de lo que hacían otros grandes británicos del estilo como Cream o John Mayall pero acercándose a distintas formas de entender y componer este género musical. Tal vez no sea un disco indispensable, pero sí es un trabajo que merecería más repercusión, un disco para los amantes del “sonido Woodstock”, una combinación inteligente de elegancia con rudeza bluesy.