PostgreSQL vs MySQL

¿Qué animal te gusta más?¿El delfín o el elefante? Es una pregunta complicada, a fin de cuentas ambos son dos mamíferos simpáticos, así que a la hora de elegir un SGBD no será la mascota quien decante la balanza hacia un lado u otro.

Haciendo un poco de historia, Postgres es más veterano. El proyecto nació en la universidad de Berkeley en el año del mundial de Naranjito (1982), aunque no incluyó un intérprete de SQL hasta 1995 (antes utilizaba un lenguaje propio, el Postquel), cuando Andrew Yu y Jolly Chen lo metieron en la versión 4.2, dando lugar a Postgres95, que luego se convertiría en PostgreSQL (bajo licencia BSD), y que a principios de la década de los ’00 sería el SGBD más popular. Por su parte MySQL, creado por la empresa sueca MySQL AB (y está bajo licencia GPL desde la versión 3.2), nació a finales de los 90 y allá por 2004, con su versión 4.1, ya se había convertido en el SGBD de código abierto más popular, por encima de PostgreSQL. Desde aquella ha permanecido en el número 1 de forma incuestionable, aunque en los últimos meses se está viendo un cambio de tendencia, con muchos usuarios volviendo a PostgreSQL.

Este cambio se debe a que, en 2008, MySQL AB fue adquirida por SUN Microsystems (hasta ahí, sin problemas), empresa que fue comprada en abril de 2009 por la multinacional Oracle (ahí empezó el mosqueo). Oracle tradicionalmente ha sido una empresa vinculada a la filosofía del software propietario, pioneros en la innovación de complejos sistemas anticopia para sus productos y con fama de “peseteros” (dicen que a su lado las hordas de Gates y Jobs parecerían discípulos de Stallman). Las primeras medidas de Oracle fueron encarecer las tarifas de soporte y cargarse las gratuitas, lo que puso la mosca tras la oreja a muchos usuarios de MySQL. Además, la existencia de un SGBD privativo (y bastante caro) de Oracle lleva a muchos a pensar que puede haber un conflicto de intereses, que puede llevar a Oracle a dejar un poco de lado MySQL para centrarse en su producto privativo.

No me meteré a buscar diferencias en sus motores, sus funciones o sus funcionalidades, dado que no los he estudiado tan profundamente y mi conocimiento se basa, simplemente, en el uso que he dado a los mismos en proyectos Java o PHP. Estudiando DAI mayoritariamente utilizaba MySQL para ese tipo de proyectos (y alguna vez MS-SQLServer de Microsoft, aunque comparando a nivel de usuario creo que no merece la pena pagar el precio de la licencia disponiendo, gratuitamente, de dos SGBD tan potentes como estos, sin contar las implicaciones morales de las licencias de uno u otro), aunque en los últimos meses he estado probando PostgreSQL.

A la hora de utilizar ambos SGBD en Java apenas he notado diferencias, en cuanto a funciones existentes. En PHP en teoría hay más funciones para MySQL, pero yo al menos no he notado que falte ninguna esencial, y hasta me parece más flexible a la hora de realizar la conexión a la base de datos. MySQL supera a PostgreSQL en todo lo referente a velocidad, tanto en consultas pequeñas como en las más grandes (para 1.000.000 de inserciones con datos aleatorios, en el mismo equipo, MySQL lo hace en un 25% menos de tiempo). En cambio el elefante gana en otros campos: tanto a la hora de mantener la integridad referencial, a la hora de usar triggers, en estabilidad y seguridad, a la hora de utilizarlo para programar cosas complejas o en cuanto a facilidad de uso. MySQL tiene más funciones predefinidas, aunque no permite crear tipos de datos definidos por el usuario como si lo hace Postgres. Si se trabaja con datos del tipo “TIME”, Postgres da mucha mayor precisión que MySQL (en determinados casos esto puede ser importante, en otros trivial). A la hora de la instalación, tanto en Windows como en Linux el premio es para los chicos de Berkeley, y de hecho en Windows XP da bastante la lata instalar el Workbench (entorno gráfico) de MySQL.

En resumen ¿Cual es mejor? Es difícil decidirlo. El debate en internet es encarnizado y lleva abierto el último lustro, con fanboys de ambos SGBD tirándose los trastos a la cabeza. Por las características de cada uno, bien diferentes, la conveniencia de usar uno u otro es una cuestión más del ámbito del uso que se le dará al mismo que de las características intrínsecas de cada software. PostgreSQL seguramente sea más indicado para aplicaciones complejas o que requieran una mayor seguridad (datos bancarios, datos sanitarios) mientras que MySQL se lleva la palma en cuanto a velocidad y bajo consumo de recursos, haciéndolo más adecuado para almacenar usuarios de una página web sin datos trascendentales, por ejemplo.

La maldición de los Blazers

¿Qué tienen en común Greg Oden, Arvydas Sabonis, Bill Walton y Sam Bowie?

Obviamente todos son humanos, de sexo masculino para más señas. Todos son muy altos, todos han sido profesionales del baloncesto… caray, sí que tienen cosas en común, de hecho todos eran pivots. Y lo más curioso, todos fueron elegidos en primera ronda del Draft por Portland Trail Blazers.

Pero las coincidencias no acaban ahí. Porque todos llegaron a Portland con grandes espectativas. Sabonis estaba dominando el baloncesto FIBA y liderando a la Unión Soviética torneo tras torneo cuando le eligieron con el número 24 del draft del ’86. Oden, Walton y Bowie habían sido estrellas en el instituto y en la liga universitaria antes de llegar como elecciones muy altas del draft (Oden y Walton números 1, Bowie número 2 por encima de Michael Jordan). Sí, todos llegaron a Portland con la misma etiqueta, la de potencial «mejor pivot del mundo».

Y entonces encontramos la más trágica coincidencia entre todos. Ninguno de ellos llegó tan lejos como apuntaba, y todos por haberse lesionado al poco de ser elegidos por los Blazers.  Walton llegó a fracturarse a la vez la muñeca, una pierna, la nariz y el pie. Sabonis necesitó de unas plantillas especiales y terapia constante desde que dejó la URSS en el ’89, Bowie jamás llegó a ser un jugador importante y se fue sin haber logrado nada en Oregón tras cuatro años de lesiones y Oden, pues si seguís la NBA actualmente sabéis lo que hay: en su primera temporada no jugó un solo partido por una operación de rodilla, en la segunda logró jugar 61 a medio gas y con problemas físicos constantes, en la tercera 21 antes de lesionarse de gravedad y este año de nuevo se lo ha pasado en blanco. Algunos dicen que sigue siendo el pivot joven con más potencial de la NBA, otros afirman que no será capaz de volver y que tendrá que retirarse. Según Daimiel, le han visto renqueante necesitando un bastón para apoyarse.

En todo caso es un hecho muy curioso el que se haya dado el caso en el mismo equipo de que se hicieran en el draft con cuatro pivots que apuntaban a leyenda y que todos sufrieron graves lesiones (aunque Sabonis y Walton sí lograron ser jugadores muy importantes en la historia del baloncesto). Tal vez la moraleja sea «Si eres un pivot prometedor y los Blazers te eligen, niégate a jugar, pide el traspaso o ve reservando habitación en urgencias».

Airbourne vs Bullet. Asalto 1

Airbourne vs Bullet

Uno de los escasos atractivos que tenía este año el cartel del parque de atracciones por excelencia del metal mainstream (Wacken para los no iniciados) era disfrutar de las actuaciones de dos de las bandas de rock and roll más potentes del último lustro: los australianos Airbourne y los suecos Bullet.

Muchos son los que intentan buscar a unos nuevos AC/DC, en vista de las posibilidades de que la banda se retire próximamente. Yo creo que no habrá unos próximos AC/DC, como no habrá otro Michael Jordan en el baloncesto, dada la grandeza extrema de este grupo. Objetivamente son la banda más grande del rock and roll desde la retirada de Led Zeppelin, y dijo objetivamente porque esta afirmación no se basa en mis preferencias personales (yo antes me quedo con Motorhead o Judas Priest) sino en discos vendidos, capacidad de convocatoria, presencia mediática, influencia en otros grupos y ventas de merchandising. Haciendo caso a estos datos estadísticos, sin duda AC/DC es la banda de rock and roll más grande de las últimas décadas, más incluso que los Rolling Stones.

Como ya he dicho, no creo que vaya a haber unos próximos AC/DC, pero desde luego hay dos bandas herederas de su sonido con calidad como para ser unos futuros grandes del rock más duro y eléctrico.

Airbourne, una panda de borrachuzos australianos apadrinados por el mismísimo Lemmy (que aparece como estrella invitada en el vídeoclip del tema Running Wild) sorprendieron al mundo allá por 2008, colándose en todos los grandes festivales europeos. A día de hoy tienen una demo, dos discos y la reputación de ser una de las bandas con un directo de los más aplastantes del planeta.

Bullet, por su parte, son suecos. No han tenido la gran repercusión de los Airbourne, siendo su presencia en los medios y en grandes eventos mucho menor. Han caminado un camino con menos ayudas, aunque también han tenido un padrino de nivel como productor: Nick Anderson (The Hellacopters/Entombed). Hace un par de meses sacaron su tercer disco, “Highway Pirates”.

Ambas bandas tienen una influencia común muy grande y muy clara en AC/DC, si bien cada una interpreta ese sonido a su manera. Airbourne lo hacen desde una óptica más americana, un rock and roll con una influencia blues y sureña más marcada, con una mayor influencia de bandas como Rose Tattoo o Little Caesar. Bullet por su parte tienen una vertiente más europea y heavy, más cercana al sonido de los suizos Krokus, los británicos Geordie o a los temas más rockeros de los germanos Accept. Y esta en la influencia de los AC/DC tienen diferencias. Airbourne beben más de la etapa setentera, con Bonn Scott mientras que Bullet lo hacen de los AC/DC más heavys, los ochenteros liderados por Brian Johnson.

He tenido la suerte de ver a ambas bandas en directo, aunque en condiciones muy distintas. A Airbourne les disfruté en un gran escenario, frente a miles de personas, en el festival Kobetasonic 2008, en Bilbao. A Bullet les descubrí casi por casualidad, ejerciendo de teloneros de Backyard Babies en la sala Moon de Vigo, durante la gira del “Bite The Bullet”. Desde luego el directo de Airbourne fue más espectacular, aunque sería injusta totalmente la comparación por la diferencia de escenario y equipo existentes entre las dos actuaciones.

Comparando discos, en cambio, sin dudar me quedo con los Bullet. Aunque algunos “illuminati” que se creen que el heavy metal lo inventaron Lamb of God los hayan puesto a parir, su trayectoria es muy sólida: una maqueta y tres discos de estudio cargados de grandes himnos del heavy rock, una banda que hace la clase de música que se disfruta mejor entre cervezas y amigos, rock and roll con olor a aceite y gasolina quemados, a neumático desgastado contra el asfalto, a autobús matinal camino de un polígono industrial. Airbourne, sin tener malos discos, se me hacen más lineales, con grandes singles para grandes recintos, pero que a la hora de escuchar un disco entero del tirón se me atraganta un pelín, cosa que no me ha pasado con los suecos. De hecho en los últimos días he escuchado varias veces entero el “Highway Pirates”, y en su momento hice lo propio tanto con “Bite The Bullet” como con “Heading for the Top”; mientras que “Runnin’ Wild” y “No Guts, No glory” si bien tienen singles que entran mejor, más potentes que los temas más destacables de Bullet, presentan también temas muy flojillos por medio que arruinan un poco la audición completa del disco. Por resumirlo de alguna forma, Bullet es una banda de discos y Airbourne de singles.

En cualquier caso, ambas bandas tienen la capacidad de hacer buenas canciones de rock and roll, con un corte muy clásico y macarra, y ambas con un directo sólido. Puestos a elegir diría que Bullet mejor para escuchar en disco y Airbourne para ver su directo, pero bueno, realmente lo mejor es disfrutar de ambas bandas en ambas facetas. Porque puede que no haya unos nuevos AC/DC, ni unos nuevos Motorhead, ni unos nuevos Judas Priest, pero desde luego sí que hay futuro para el rock and roll.

¿Epitafio? No, HEAVY METAL

Aunque hace unos meses dije que no iría a ver a los Judas sin KK al final acabé cayendo. Tuvieron mucho que ver los teloneros de lujo de esta gira: Saxon y Motorhead. Tres leyendas de ese calibre tocando a menos de cien kilómetros… es demasiado tentador.

A las cinco y mucho de la tarde llegamos al recinto para comenzar el ritual de liturgia heavyrocker como ha sido siempre tradición: bebiendo cerveza en el aparcamiento del recinto, la habitual recreación de «Heavy metal parking lot» que tanto disfrutamos, rememorando otras grandes noches de rock and roll. A las siete fuimos entrando a descargar vejigas y coger sitio para una noche épica.

Abrían Saxon, un seguro de vida. La banda más profesional del heavy metal comenzó su épica descarga con un tema nuevo, Hammer of the Gods, y Biff ya nos avisa “Are you ready for four hours of heavy metal?”. Con un set equilibrado, intercalaron temas de su último álbum con míticos himnos como Crusader, Heavy Metal Thunder, Never Surrender o Strong arm of the Law. Byfford vocalmente pletórico y con su habitual complicidad con el público, no paró de alabar los “big cojonas” del respetable, haciendo cantar y saltar a todo el pabellón. El momentazo, para mi, Princess of The Night, cuando arranca la última vuelta con todo el público cantando “She used to be an iron horse, twenty years ago…”. El punto negro lo pondría en la ecualización que le dieron al bajo, demasiado poco perfilada, que hacía que se perdieran los detalles de los arreglos en muchos temas.

Saxon habían puesto, como siempre, el listón enormemente alto. Cualquier banda saldría al escenario acojonada después de eso. Pero Motorhead no son cualquier banda. Sin telones, sin intros, porque no los necesitan, porque la sóla presencia de Lemmy es suficiente impacto. Es como juntar a Johnny Cash, Chuck Berry, Elvis Presley, Clint Eastwood y los tres reyes magos en la misma persona. Con su voz cazallosa dice “We are Motorhead and we play rock and roll” y todo estalla. Iron Fist y Over the Top para hacernos mover los pies y dejarnos la garganta. Pared de Marshalls como fondo y toda la actitud del tío más auténtico y macarra del rock en el frente. Van desgranando temas de su último disco entre clasicazos y un temendo solo de batería del siempre genial Mikkey Dee, y terminan con una total apoteosis, enganchando seguidas Going to Brazil, Killed by Death, Ace of Spades y Overkill, la cual creo que es la mejor canción que puede existir, por letra y por estructura, para cerrar un concierto. Como ya dije, Lemmy debería cambiar la frase y en lugar del “We are Motorhead and we play rock and roll” tendría que decir “We are Motorhead, and we are rock and roll”. Concierto 100% Motorhead, que podría haber sonado mejor (los bombos de la batería no tenían nada de cuerpo y el bajo de Lemmy estaba mucho más bajo que la guitarra de Phil) pero donde la banda hizo lo que tenía que hacer.

Y finalmente salen los Judas. Sin KK, y con la duda de los últimos años: ¿Cómo está Rob Halford?. La verdad es que el guitarrista que sustituye a Downing sabe ganarse el pan. Tiene imágen y presencia y técnicamente es impecable. Como homenaje a la historia del heavy metal utilizaron como intro el principio del War Pigs de sus vecinos Black Sabbath, mezclado con Battle Hym, del Painkiller, para quitar el telón con los primeros acordes de un Rapid Fire que se nos mete a todos en la cabeza. Desde el primer momento vemos a un Halford más delgado y sin esos kilos de ropa de cuero de giras pasadas. Su voz suena más potente, se le ve más activo en el escenario. Siguen con Metal Gods y Starbreaker, y el tito Rob no flaquea. Y llega Victim of Changes, una prueba de fuego. Dejo de cantar para escuchar la primera estrofa ¿será capaz?. Llega el grito de “insane” y este resuena potentísimo, sí es capaz, sí puede. Parece que dos años sin fumar y varios kilos menos le hacen un favor a su garganta y pulmones, es como si Halford estuviera diez años más joven. Es cierto que sigue apoyándose mucho en ecos y efectos en las partes más agudas, pero canta todos los temas y se mantiene en forma. Clásico tras clásico el concierto de los Judas es impecable, de las cinco veces que les he visto esta era sin duda la mejor. Llega Breaking the Law y Halford pone el micro hacia el público, no va a cantarla, quiere que todo el pabellón la entone, y más de 6000 gargantas corean este himno de la clase obrera. Solo de batería e intro del Paikiller, nunca antes se la he visto cantar bien, siempre la hacía mucho más baja. Pero esta vez comienza en el tono, se nota que no tiene la pontencia de hace 20 años, pero está en el tono, y la termina triunfante. ¿Epitaph? Y una mierda, Rebirth debería llamarse la gira porque Halford parece renacido. Terminan con las habituales You’ve got Another Thing Comin’, Hell bent for Leather y Livin’ after Midnight. Si esta es la última gira de verdad, si esta va a ser la última vez que veré a Judas Priest en directo, me alegro de que fuera con un concierto así, con una actuación impecable, dos horas y veinte de clásicos.

Se acabó la noche, últimos brindis con los colegas y de vuelta para casa en coche comentando. ¿Era caro?, visto lo visto, no. Tres de las mejores bandas de la historia del heavy metal, tres de los padres de la NWOBHM, tres grupos con sus nombres impresos en letras de oro en la historia del rock and roll por méritos propios. Simplemente mágico, simplemente una noche que hace que siga prefiriendo hablar de heavy a hablar de metal.

La clave está en la universidad

En el basket ACB tengo el corazón dividido entre dos equipos. Por un lado la «penya», el Joventut de Badalona, que fue mi equipo preferido desde que empecé a seguir el basket español (el año que ganaron la copa con Andy Toolson, Andre Turner, Tanoka Beard o Jackie Espinosa). Por otro lado el Obradoiro, el equipo de mi ciudad adoptiva, que tras años de litigios ha recuperado su puesto en la élite del basket. Hoy hablaré como seguidor del Obra.

El lock-out, el cierre patronal, en la NBA plantea un curioso panorama para el baloncesto europeo este año. La incertidumbre al respecto de si habrá liga o no ha llevado ya a un par de jugadores (Vujacic, Deron Williams) a firmar contratos en Europa. Y otros como Marc Gasol, Andrei Kirilenko o hasta Charlie Bell se han ofrecido a volver a Europa. La cuestión es que todos tienen sueldos muy altos, y además llevan años ganando millones en la NBA por lo que, si han tenido un poco de cabeza, deberían tener dinero suficiente para poder pasarse un año a la bartola.

Pero ¿qué pasa con los universitarios recién drafteados? ¿qué pasa con esos jugadores que todavía no han tenido tiempo de hacerse millonarios y que afrontan la posibilidad de un año en blanco en un momento crucial para el desarrollo de sus carreras? Son jugadores con poca experiencia, sí, pero muchos con un gran talento, y pueden ser atractivos para un equipo europeo. Porque jugadores como Kyrie Irving, Derrick Williams o Enes Kanter puede que aspiren a cobrar millonadas pero ¿y elecciones más bajas? Yo me he fijado en dos jugadores que podrían ser ideales para el basket europeo.

El primero es Jimmer Fredette. Número 10 del draft para Milwaukee Bucks, ha completado los cuatro años de universidad antes de dar el salto al draft. Este último año ha promediado casi 29 puntos por partido y más de 4 asistencias. Se trata de un falso escolta que, por su baja estatura (1,88) y poco músculo se ha visto desplazado al puesto de base. Su manejo del balón y su tiro son ejemplares, pero su físico ha sembrado muchas dudas para los ojeadores NBA, que dudan de si podrá sobreponerse a esta endeblez física y si será capaz de reciclarse, dado que creen que en la NBA debería abandonar el rol de anotador para intentar reconvertirse en un playmaker más clásico, al estilo de Stockton. A mi su forma de jugar me recuerda mucho a la de Juan Carlos Navarro, y creo que podría ser un jugador muy resultón en el baloncesto europeo, como especialista anotador.

El segundo es Kenneth Faried, elegido por Denver en el puesto 22. También ha completado los cuatro años en la universidad, promediando los tres últimos años más de 13 rebotes por partido, consiguiendo este año un promedio de 14.5 rebotes, el mejor desde que Tim Duncan saltó a la profesionalidad. El chico es muy atlético, agresivo en defensa y trabajador incansable en la cancha. Si ha caído tan bajo en el draft es por dos factores: El primero es que le ven muy bajo para ser un cinco NBA, con una estatura de 2.03, el segundo es que sus fundamentos ofensivos no son muy destacables, no es ni buen tirador ni buen pasador, simplemente la clase de jugador interior atlético que gusta de reventar tableros. Sus acérrimos seguidores le comparan con Dennis Rodman y Udonis Haslem.

Yo, si estuviera al mando de las operaciones de algún equipo europeo con objetivos de mantener la categoría o quedar en media tabla en su liga intentaría contactar con ambos, que creo podrían ser dos refuerzos foráneos muy válidos.

Savatage: right there, never leave

Hay bandas que tienen un halo especial a su alrededor. En una época donde las discográficas apuestan por lo predecible, por la burda copia, por “lo de siempre”, las bandas con personalidad, originales, que realmente aportan algo a la música son rara avis. Sobre todo en el mundillo mainstream, tan dado a la producción de música en serie cual cadena de hamburguesas. Esto hace que los amantes de la música tengamos a estas bandas en un lugar especial de nuestro corazón.

Y si de personalidad y calidad hablamos, Savatage ocupan un lugar muy especial. Porque su dramatismo épico está mucho más allá de las mediocres bandas recargadas que surgieron en Italia y Escandinavia en la segunda mitad de los 90.

La extraordinaria personalidad de Savatage proviene de su maestría a la hora de combinar heavy metal, rock, música clásica rusa y musicales de Broadway; combinación que salió de las mentes de los hermanos Oliva y el productor Paul O’Neill.

De su muy cambiante trayectoria creo que, como punto álgido, me quedaría con la última obra con Jon Oliva de cantante y Criss Oliva como guitarrista: Streets, culminación de esa evolución musical que había comenzado dos discos antes con Hall of the Mountain King. Con el subtítulo en portada de “A Rock Opera” esta obra conceptual narra el particular via crucis de DT Jesus, un camello metido a guitarrista que logra alcanzar un efímero éxito, sólo para caer en una espiral de drogas y violencia y, finalmente, acabar recorriendo las calles de Nueva York buscando respuestas a por qué cuando por fin hacía las cosas bien, cuando parecía que reconducía su vida, su pasado volvió para arrebatárselo todo. Este disco recoge lo que podría definirse como la pura esencia de Savatage: un trabajo de guitarras muy melódico, con una gran influencia clásica, pero no la típica “neoclásica” post Malmsteem recorriendo escalas a toda velocidad arriba y abajo, sino más centrada en los grandes compositores rusos del siglo XIX, una muestra del talento sin par del prematuramente fallecido Criss Oliva, uno de los guitarristas más elegantes del heavy metal de los 80. Otro elemento fundamental en el sonido de Savatage es el uso del piano por parte de Jon Oliva que, tanto en baladas como en interludios melódicos, dota a los temas de una fuerza y dramatismo épico propio de las grandes obras de Broadway, una influencia que se torna más que evidente en medios tiempos y baladas como Tonight He Grins Again, Somewhere in Time o Believe.

Tras Streets vendría el abandono del puesto de cantante por parte de Jon Oliva, para centrarse en las labores de compositor y teclista, que trajo al excepcional vocalista Zack Stevens al grupo y llevó el sonido de Savatage hacia un tinte más melódico y menos rockero. Luego la muerte de Criss Oliva en un accidente de tráfico sacudiría a la banda y, durante los 90, alcanzarían sus mayores cotas de popularidad en Europa y Asia. Llegaría la Trans Siberian Orchestra a finales de los 90, un proyecto paralelo con el grueso de músicos de Savatage orientado a la realización de espectáculos musicales al estilo Broadway, con el que alcanzaron un tremendo éxito comercial en los EEUU, realizando giras por grandes teatros cada Navidad.

Hace casi una década que Savatage sacaron su último disco, para dejar de existir como tal tras su última gira mundial, bifurcándose en proyectos paralelos varios y dejándonos una excelente trayectoria de grandes álbumes desde que, en 1983, comenzaron su andadura bajo el nombre de Avatar. Nos queda como consuelo los directos de John Oliva’s Pain, donde el orondo fundador de la banda suele repasar los clásicos de su etapa como cantante, o los directos de Circle II Circle, en los que Zack Stevens hace lo propio con su etapa; pero todos seguimos deseando una reunión, aunque sólo sea para un tour de despedida como es debido. Aunque  visto como está el mundo de los musicales igual hasta algún productor de Broadway se decide a llevar Dead Winter Dead o Streets a una dramatización, que si han hecho ese esperpento de Rock of Ages mancillando clásicos del rock americano ochentero todo puede ser.

HOF: Clase del 2011

Acabo de ver quiénes van a entrar en el Naismith Memorial Hall of Fame, el salón de la fama del baloncesto americano, este año (el próximo 12 de agosto será la ceremonia), y la verdad es que me ha dado una alegría baloncestística por varios motivos.

El primero es que se reconoce a Tex Winter al fin. Este nombre para muchos no dirá mucho, pero si digo que es el creador del triángulo ofensivo, el asistente de sistemas de ataque de Phil Jackson en los seis anillos de Chicago y el primer «threepeat» de los Lakers, la cosa cambia. Winter, en su papel de asistente de Jackson fue en gran parte responsable de ganar esos nueve anillos, pero siempre había estado en un segundo plano, saboreando la gloria de los títulos y el reconocimiento de expertos y entrenadores, pero sin tener el del gran público.

Junto a Winter, este año entra la pareja interior de mi dream team (véase el artículos Mis Dream Teams, por si acaso): Arvydas Sabonis y Dennis Rodman. El mejor pivot europeo de la historia y el mejor reboteador de la NBA logran su sitio entre los más grandes de la historia. Lo de Sabonis podría esperármelo, por su intachable carrera tanto FIBA como NBA donde casi fue rookie del año habiendo pasado los 30, ya que aparte de considerarle el mejor «pivot pasador» de la historia también en la NBA le ven como uno de los que allanó el camino para la llegada de jugadores europeos a la NBA.

Pero lo de Rodman es sorprendente. Su carrera desde luego es de Hall of Fame: siete veces máximo reboteador, dos veces mejor defensor, siete veces en el mejor quitento defensivo de la liga, una en el tercer mejor quinteto de la liga, un premio a jugador del mes y cinco anillos de campeón siendo titular en esos equipos. Se retiró promediando 0.45 rebotes por minuto jugado. Pero su actitud agresiva, su estética radical, su comportamiento excesivo fuera de la cancha y su «mala fama» para la sociedad puritana americana me hacían pensar que nunca recibiría el reconocimiento como jugador de baloncesto que se ganó en la pista a base de trabajo duro. Finalmente me equivocaba y sólo queda esperar a ver si hace algo divertido en la entrega de premios.

Junto a estos tres también destaca que se incluye a la leyenda de los 70-80 Artis Gilmore (23 años después de su retirada) y Chris Mullin, el alero tirador blanco del Dream Team de Barcelona 92, uno de los jugadores NBA más «europeos», con tremendos fundamentos, gran tiro y una carrera que estuvo a punto de irse al traste por su afición al alcohol. Podéis ver la lista completa aquí

Ahora que está Sabonis sólo queda esperar a que les hagan justicia a Toni Kukoc y le incluyan junto a Petrovic y Sabonis en el trono de los grandes jugadores europeos de los años 90.

¿Por qué el bajo desapareció del metal?

Siempre me han gustado los bajistas de rock de los 70: John Paul Jones, Geezer Butler, Roger Glover, Bob Daisley, Neil Murray, Geddy Lee… hay muchos que nombrar.

Los setenta, la década más creativa del rock, cuando este estaba menos uniformado por las discográficas, menos estamentalizado por los medios y cuando todo estaba por inventar. Toda experimentación era válida, toda fusión se aceptaba, ya fuera con folk, soul, funk, jazz… fue la década en que nacieron estilos como el heavy metal, el AOR o el punk, y otros se desarrollaron más como el southern rock, el hard rock o el progresivo. Y casi todas las bandas grandes tenían a un gran bajista, y entendían el bajo como un instrumento que es tanto rítmico como melódico.

Por desgracia, en el mundo metalero, ese concepto empezó a diluirse a finales de los 80 y principios de los 90. El And Justice for All, el Painkiller o el Cowboys from Hell fueron de los primeros discos donde el bajo comenzaba a desaparecer del mapa. El heavy metal pasaba a ser metal a secas, daba un giro hacia las guitarras en constante primer plano y bombos agudos y dejaba al bajo relegado a un mero parche, un zumbido grave que rellena los huecos entre la guitarra y el bombo, en una loca y obsesiva carrera para intentar rellenar hasta el último hueco en el sonido, intentando convertir la música en un sólido muro de hormigón. No es que los bajistas de metal contemporáneo toquen peor que los de antes, para nada, pero es complicado apreciar su trabajo en unas producciones tan herméticas. Todos hemos disfrutado en el pasado el trabajo de Sharlee D’Angelo, pero es que en Arch Enemy apenas tiene presencia. Seguro que el bajista de Lamb of God es un musicazo, pero necesitas escuchar las pistas de bajo por separado para poder comprobarlo. Desde mediados de los 90 el peso melódico del bajo en el metal se ha ido evaporando, y más en el metal facturado en Europa (sobre todo lo que fue el power metal y el rollo melodeath), que el metal americano todavía resistió hasta mediados de la primera década de los 2000 teniendo bajos con presencia; nunca he sido un gran fan de Marilyn Manson, pero el trabajo de Twiggy Ramirez en Antichrist Superstar y Mechanical Animals es digno de admiración, por citar a un grupo de la época sin sonido retro pero con un gran sonido bajístico

Por eso uno de mis discos de metal mainstream favoritos de los últimos tiempos fue Ironbound, de Overkill. Porque puedes escuchar perfectamente como DD Verni golpea las cuerdas con la púa, con una agresividad y un ataque que no son habituales en estos tiempos. Se puede oír el bajo en la grabación, y eso ya es todo un punto a favor de la banda. Algo que cada día es más complicado de encontrar en las bandas mainstream, cuyas producciones parecen realizadas exclusivamente para sonar a través de unos auriculares. A día de hoy los bajos son casi patrimonio exclusivo de grupos underground o bandas con sonido revival, grupos orientados a un público más melómano.

Y es que por desgracia, dados los hábitos de consumo actuales, los bajos necesitan de un buen equipo para disfrutarse. Para degustar una buena ración bajística lo ideal es disponer de una buena etapa y unos buenos altavoces, y si la grabación puede estar en vinilo y con una producción analógica (algo que se está perdiendo en el metal y el hard rock, pero que irónicamente resurge en el mundo del indie más modernillo) ya es el puntazo supremo.

¿No me crees? Vete a casa de alguien con un plato y un buen equipo (si no tienes la suerte de disponer de uno) y escúchate, por ejemplo, el Paranoid de Black Sabbath. Notarás como cada nota de Iron Man o Electric Funeral vibra a través de tu columna, si cierras los ojos verás como la melodía de la guitarra y la del bajo se enredan, se entrelazan entre sí como dos serpientes intentando estrangularse mutuamente. Y cuando el bajo ataca las notas más altas, amigo, ahí tienes el placer hecho rock and roll. Es como si la mano de la pelirroja que te quita el sueño se deslizase lentamente desde tu cuello hacia tu bragueta, rozando con las yemas de sus dedos cada nervio de tu piel.

El bajo es el más sexual de los instrumentos porque no sólo lo oyes sino que lo sientes, las notas resuenan en todo tu cuerpo usándote como caja de resonancia. El bajo te hace el amor mientras lo escuchas, te envuelve, te da calidez.

Prueba a disfrutar de una cerveza escuchando el ritmo estremecedoramente funky de Nutbush City Limits de Tina Turner, intenta no mover los pies mientras suena Trampled Underfoot de los Zeppelin, cierra los ojos y deja que Veteran of the Psychic Wars de Blue Öyster Cult te haga volar por paisajes marcianos. Todas las sensaciones que evocan esos temas dependen mucho del rimo que el bajo imprime a los temas. Sensaciones que no se consiguen saturando la mezcla hasta el extremo, dado que ese tipo de producciones suelen quitarle matices a la música, suelen dejarla desprovista de “color”, como en tonos grises.

Irónicamente, en el mundo de la imagen en HD y tres dimensiones parece que la música va hacia el blanco y negro.

La gente pregunta ¿Qué es un rockanrola?

Seguro que la mayoría ya habéis visto alguno de esos interludios que meten en La Sexta 3 entre película y película, donde preguntan a actores españoles qué escena les ha marcado especialmente. Yo creo que elegiría la secuencia inicial de Rock N Rolla, de Guy Ritchie. Esos primeros minutos, hasta que hace su aparición el millonario ruso, son antológicos. La velocidad de la narración, el cómo en ese poco tiempo Ritchie introduce todo el contexto y a gran parte de los personajes principales, es toda una lección de cine.

El caso de Guy Ritchie me recuerda un poco al de Robert Rodríguez, podría ser un gran director pero de vez en cuando hace alguna película mierdosa sin ninguna explicación. Porque Revolver era, cuanto menos, flojilla. Y de Barridos por la Marea mejor ni hablar. Esperemos que esa etapa “oscura” se debiera a su ya extinto matrimonio con Madonna y no vuelva a repetirse.

A decir verdad sus tres mejores películas, la trilogía formada por Lock&Stock, Snatch y Rock N Rolla, son prácticamente iguales. Tramas de enredos con robos a mafiosos del bajomundo londinense, con personajes esperpénticos, humor negro y una narrativa desenfrenada. Es como si fuera un hijo bastardo de Scorsese con Billy Wilder.

Una cosa que echo en falta en el cine comercial actual son personajes carismáticos, con frases memorables. Mientras que el cine de los 70 estaba plagado de estos, en la actualidad es raro encontrarse a alguno. Desde que Hollywood se ha empeñado en que todo lo que produce ha de ser para todas las edades, todos los públicos y no ha de tener el mínimo atisbo de nada que pueda ser ofensivo para cualquier colectivo nos encontramos con un cine bajo en grasas, sin alcohol, sin azúcar, sin cafeína y sin nicotina. Sólo contados directores, como Tarantino o los hermanos Cohen, nos dejan personajes de esa talla

Rock N Rolla en cambio está plagada de personajes inolvidables, bien interpretados. Toby Kebbel, interpretando a la enganchada estrella del rock and roll Johnny Quid, se marca un fantástico monólogo sobre la atracción que le produce el peligro y las drogas, sirviendo como metáfora de parte de la película. Thandie Newton se convierte en una contable pija extremadamente delgada, al más puro estilo Victoria Beckham. Karel Roden por su parte interpreta a Uri Omovich, un constructor millonario ruso, con relación con lo más oscuro de la mafia de su país, que recuerda a otro personaje del papel couchè británico: el rico dueño del Chelsea, Abramovich. Idris Elba, Tom Hardy y Gerard Butler, por su parte, son “el Grupo Salvaje”, un guiño a Sam Peckimpah y un grupo de ladrones que intentan meterse en el mundillo de la construcción. Pero sin lugar a dudas los dos mejores personajes son el duro e impasible Archy, interpretado por Mark Strong, y el cabronazo jefe de la mafia Lenny Cole, magistralmente llevado del guión a la pantalla por Tom Wilkinson. Un elenco de actores de escuela británica, sin estrellas pero con mucho oficio. Seguramente el más flojo del reparto sea Jeremy Piven en su faceta de manager agobiado.

Mientras Ritchie se centra en seguir hacia el cine más comercial, y llenarse los bolsillos, con la saga de Sherlock Homes (que le ha quedado resultona pero no genial), algunos seguimos esperando otra película con más ridículas situaciones y enrevesados enredos mientras unos desafortunados personajes intentan salvar el culo, perseguidos por algún sanguinario gangster al que han intentado dar el palo.

¿Por qué Ibaka?

Wayne Brabender, Chicho Sibilio, Txetxu Biriukov, Clifford Luyk, Juan Domingo de la Cruz, Chuck Kornegay, Mike Smith, Johnny Rogers… algunos periolistos deportivos parece que se olvidaron de los muchos jugadores extranjeros que vistieron la elástica de la selección española de baloncesto en el pasado. No se si en un arrebato racista patriotero, o por un complejo de “nuevo rico” ahora que España lleva unos años siendo un equipo poderoso en el baloncesto mundial, muchos de ellos, cuando se empezó a hablar de la posibilidad de que Serge Ibaka jugara en la selección española, se rasgaron las vestiduras. “No le necesitamos”, decían, “España no necesita a un congoleño por mucho NBA que sea”.

Pero más allá de los incoherentes balbuceos de tres o cuatro apaniaguados de As, Marca e Intereconomía cuyo mérito para ocupar sus plazas se basa, simplemente, en ser hooligans del Real Madrid con una total ausencia de vergüenza ajena y criterio, cualquier aficionado al baloncesto puede ver con facilidad lo que un jugador de las características de Ibaka puede aportar a una selección de las características de la española.

El sólo poder llevar a un jugador nacionalizado a este Eurobasket planteó pronto una duda. ¿El engominado elegiría al prometedor Mirotic o al poderoso Ibaka? Mirotic desde luego es un gran proyecto de futuro, un tres/cuatro “a la europea”, desgarbado, ágil, con fundamentos y muñeca. Un jugador de la escuela Kukoc/Kirilenko/Nowitzki, seguramente el recambio natural para el retirado Garbajosa. Pero, en el contexto de un Eurobasket como este, ¿aporta algo Mirotic que marque la diferencia con el resto de selecciones?. A día de hoy, casi todas las selecciones europeas potentes tienen a un jugador de esas características. En cambio ¿qué selecciones Europeas tienen a un jugador de las características de Ibaka? Francia y para de contar.

Porque Serge, que empezó este su segundo año en la NBA como un potencial jugador de banquillo y acabó haciéndose con el puesto de titular, evidentemente no es el típico pivot europeo. Entre otras cosas porque es africano, y con un estilo de juego y unos modos que recuerdan a otro gran pivot de su continente: Dikembe Mutombo. Y es que África, durante años, ha dado muchos grandes cincos al baloncesto, desde “Aniceto” Lavodrama en la ACB, que fue un pionero, a Sitapha Savanè (del cual se rumorea que podría fichar por el Obradoiro este año), y en la NBA es imposible olvidar al gigantón Manute Bol, al antes citado Mutombo o, como no, al legendario Hakeem Olajuwon. Y es que hasta los todopoderosos, baloncestísticamente hablando, Estados Unidos recurrieron a jugadores nacionalizados en sus selecciones.

En los tiempos de los Angulo, Herreros, Orenga y Alfonso Reyes, que no son tan lejanos, no creo que nadie se planteara que si España pudiera contar con un pivot titular en la NBA, con unos promedios de más de dos tapones y ocho rebotes por encuentro, considerado uno de los mejores defensores interiores de la liga más grande del mundo, algún periolisto diría que no es necesario. El musculado e imponente físico de Ibaka, que combina un gran tamaño y una poderosa musculatura con una impresionante velocidad y agilidad, es un activo importante en un contexto europeo. Es cierto que, a la hora de hablar de bote, tiro y fundamentos ofensivos con balón, no es que Ibaka sea un dechado de recursos; pero si nos metemos en cuestiones como defensa, ataque sin balón, juego de pies, movimientos cerca del aro o capacidad para taponar ahí sí que apreciamos el verdadero talento de Ibaka. Es un jugador que si sigue progresando en esos puntos blandos puede llegar a ser muy importante en los próximos años en la NBA. Si trabaja su manejo de balón y su tiro de media distancia podría ser, como ya dije más arriba, el nuevo Mutombo. Con los hermanos Gasol e Ibaka seleccionados, la rotación interior de España es una de las mejores del mundo. ¿Qué otra seleeción, aparte de EEUU, puede permitirse llevar a tres pivots titulares en la NBA en equipos que, además, este año han jugado play-offs?

A falta de los descartes de última hora, Ibaka es un firme candidato a participar en este Eurobasket, y si el gominas tiene dos dedos de frente lo debería convocar (sobre todo teniendo en cuenta que el regreso de Pau le ha llevado a dejar fuera de la preselección a Fran Vázquez en favor de un Felipe Reyes que, aunque siempre haya sido un jugador entregado y trabajador, no ha tenido su año). Ibaka puede ser un jugador que marque un salto, una diferencia, en este Eurobasket. No puede quedarse fuera porque tres fachas iluminados le vean demasiado “bronceado”.