Dust – Hard Attack

Quería escribir sobre criptografía, pero estoy vago, así que creo que es un buen día para añadir un nuevo disco a la sección Joyas Musicales, que poco a poco crece.

Mi historia con este Hard Attack de los Dust es curiosa. Un día lo vi en una estantería de una tienda de discos, y la portada de Frank Frazzetta, que muestra a Conan peleando contra dos guerreros vanires me llamó la atención. Era épica, impactaba, muy chula pero ¿qué tal estaba el grupo?

Con esa portada uno podría esperarse a una especie de Manowar/Virgin Steele, una banda de heavy metal épico, pero si alguien se acerca a esta banda esperando a una suerte de Cirith Ungol va a llevarse una decepción o, en el mejor de los casos, una sorpresa. Porque estos Dust beben del rollito hippie sesentero, salpicado con gotas de Jethro Tull y los The Who más rockeros, recordándome por momentos a Wishbone Ash. La combinación de guitarra acústica con eléctrica es una constante en todo el trabajo, un discazo de 1972 que ejerció gran magisterio en el nacimiento del posterior heavy metal americano, junto a otras bandas como Steppenwolf o Grand Funk Railroad.

Este disco fue el segundo, y a la postre el último de esta banda, que a pesar de haber logrado dos trabajos excelentes siendo un grupo formado por miembros muy jóvenes, no lograron el éxito comercial. Eran un «power trio» (lo cual debía hacer complejo llevar los temas al directo con la gran cantidad de arreglos a dos guitarras que tienen) que se movía entre el rock más duro de la época con otras sonoridades más suaves. La base rítmica de la banda fueron los que mayor éxito cosecharon en su carrera posterior: Puede que el nombre del batería, Marc Bell, no te diga mucho, pero si te digo que en el ’78 se lo cambió por Marky Ramone ya sabes por dónde van los tiros. Por su parte, el excelente bajista Kenny Aaronson, que firma un espectacular trabajo a pesar de su corta edad (18 años en el primer disco y 20 en este) se ganó la vida como músico de gira y sesión, siendo votado en 1988 «Bajista del año» por la revista Rolling Stone, y trabajando para Bob Dylan, Billy Idol, Lita Ford, Foghat, Joan Jett, Sammy Haggar, Brian Setzer, Tony Iommy… en fin, un curriculum de esos de varias páginas.

Pasando ya al disco en si, se abre con la fantástica Pull Away, como ya he dicho cargada de reminiscencias a Jethro Tull, con una gran combinación de acústica con eléctrica. La sigue Walk in the Soft Rain donde de nuevo el sonido acústico vuelve a estar presente recordando un poco en su inicio al Bowie de la época. La balada Thusly Spoken, cargada de arreglos de cuerda y piano me parece el punto más flojo del disco, un tema al uso para intentar hacer caja, y que en su línea vocal me trae a la cabeza a Simon & Garfunkel. Pero tras la calma llega la tormenta con Learning to Die, un ataque de hard rock desenfrenado, casi rozando el rollo garajero, que evoluciona en un tema épico de casi 7 minutos con varias partes, un tema que podría estar perfectamente el cualquier disco de los primeros Led Zeppelin. All in All por su parte me recuerda a lo más agresivo de The Who con una pizca de la mala hostia de Cream. I been Thinkin nos ofrece un descanso tras la descarga más cañera, con suaves líneas sureñas sobre la base acústica. Pero tras este tema llega una selvática descarga digna de todo un Ted Nugent como es Ivory, un desenfrenado tema instrumental, que dará paso a una relajada How Many Horses, de nueva con toques de folk rock y rock sureño, incluso algo de soul, y un tremendo solo de por medias. Y finalmente el tema Suicide devuelve al primer plano la distorsión y el rock más duro, en la onda de Grand Funk Railroad, para terminar con el corto outro de menos de 30 segundos que es Entrances, una sucesión de acordes de influencia mediterránea.

Duraron poco estos Dust, pero no sería bueno olvidar el legado de una banda que en su corta existencia (1969-1972) nos regaló dos discos de tanta calidad. Este Hard Attack es un disco disfrutable por todo fan del rock setentero, de la época en la que las bandas podían hacer temas variados en sus discos y en la que no sonaban todos a copia de la copia. Tal vez no sean indispensables como Rainbow, Purple, Sabbath, Kiss o Zeppelin, pero cuando menos deberías darle una oportunidad a este disco.

Cinco voces infravaloradas del rock

El éxito comercial y la repercusión no siempre son justos retribuyendo el talento de los músicos. Hoy he decidido hablar de cinco vocalistas que jamás han logrado que sus nombres suenen tanto como los de Halford, Dio, Paul Rodgers, Freddie Mercury o Ian Gillan. Esta es la lista de esas cinco voces olvidadas del rock:

Terry Reid: Ya hablé de él en la sección Joyas Musicales, reseñando su disco Seed of Memory. Vocalista y guitarrista inglés nacido en 1949, sus inicios apuntaban bien. Su primera banda profesional, The Jaywalkers, logró telonear a los Rolling Stones en Reino Unido. Tras esto llegó su primer disco en solitario, que aunque no tuvo mucho éxito comercial sí logró colocar un single en la radio bastante tiempo y hacer una gira con Cream en los EEUU. Rechazó el puesto de vocalista en Led Zeppelin para centrarse en su carrera, pero entonces la cosa empezó a tornarse en carrera maldita. No logró éxito comercial con ninguno de sus discos durante los 70, a pesar de haber tocado en festivales como el de la Isla de Wight en 1970, y se pasó la década dando tumbos y buscando siempre un camino. Tenía una voz cojonuda, pero parecía que los productores nunca le asesoraban bien, nunca sabían elegir sus singles, nunca le encauzaban a grabar las versiones correctas… Parecía que siempre estaba un paso por detrás del mercado musical. En 1981 dejó su carrera en solitario para convertirse en músico de sesión, no volviendo a retormala hasta una década después, donde de nuevo se queda a las puertas del éxito con una versión de Gimme Some Lovin’ de Steve Winwood que apareció en la BSO de Días de trueno, y con el tema The Whole of the Moon, haciendo un dúo con Enya. Tras eso se ha mantenido girando por USA, Reino Unido y Asia sin demasiada repercusión. En los 60 Aretha Franklin dijo de él que era «lo mejor de Reino Unido«, junto a los Beatles y los Stones, y la señora algo sabía de cantar. La voz de Reid puede recordar un poco a la de Robert Plant, pero con un timbre más grave, con una influencia soul similar a la de Glenn Hughes o Paul Rodgers.

Steve Grimmett: Este obeso vocalista, con pinta de ser el primo heavy de Meat Loaf, tal vez pagó el llegar tarde a la NWOBHM con sus Grim Reaper. Tras ganar una batalla de bandas grabaron su primer disco, See you in Hell,girando por USA y Reino Unido con bastante éxito para una banda debutante, llegando a actuar para más de 20.000 personas en el festival Texxas Jam!. Fear No Evil, con una producción mucho mejor, ya logró un cierto éxito comercial, en Alemania, UK y EEUU en 1985. Pero problemas legales con su sello discográfico provocó que Rock you to Hell se retrasara casi dos años y saliera a la venta a finales de 1987, cuando el heavy melódico que practicaban había caido en desgracia frente al thrash metal y al hard rock americano de pelos cardados. Aunque tenían ya material para un cuarto album que comenzó a grabarse, las peleas con el sello discográfico siguieron, llevándoles a separarse en 1988. Tras esto Grimmett se unió a los thrashers Onslaught, para grabar su disco más melódico In search of Sanity, y posteriormente sacaría adelante proyectos como Lionsheart (más hard rock) o Grimmstine (con un sonido muy en la onda de Grim Reaper) si demasiada repercusión, para acabar reuniendo a Grim Reaper de nuevo, logrando una cierta repercusión en festivales underground y de revival de la NWOBHM, pero con poca más chicha. Tiene un tono medio rasgado muy potente y es capaz de atacar partes muy agudas, la voz ideal para el heavy metal clásico.

Paul Shortino: También hablé de él en su día en este blog. Nacido en Las Vegas en 1953 nos sorprendió a todos en el vídeo de Stars del proyecto de Dio Hear ‘n Aid, mostrando una voz impresionante, y destacando en un vídeo donde cantaba junto a otros titanes del metal. En aquellos tiempos militaba en Rough Cutt, con los que grabó dos discos y un directo donde había poco que picar aparte de su voz. Tras Rough Cutt entró como mercenario en Quiet Riot, sustituyendo a un DuBrown ya inutilizado por las drogas y en una etapa de total hundimiento para la banda. En el 93 se metió en Bad Boyz, pero ya se había puesto de moda irse de poeta deprimido y no logró demasiada repercusión. Tras eso vinieron varios discos en solitario, duetos con otros artistas, colaboraciones mercenarias, una gira con Great White, otra con Carmine Appice y Javier Vargas y su entrada en los reformados King Kobra como vocalista. Su tono rasgado y multitud de registros hacen de él un vocalista capaz de moverse entre el blues clásico, el hard rock y el heavy metal con una gran versatilidad. Es cierto que su registro más agudo se ha visto afectado por los años, pero con todo sigue siendo un vocalista excelente.

Fin Muir: Nombre artístico del vocalista Ian More, y seguramente el menos conocido de los vocalistas aquí listados. Poco puedo aportar sobre este rockero escocés, porque poco más que su paso por los geniales y olvidados Waysted conozco. Esta banda, formada por Pete Way cuando dejó UFO, se enfocaba hacia un sonido más heavy que el de estos, aunque sin dejar de lado el rock. Fin se encargó de grabar el debut Vices, el EP Waysted y el disco The Good, The bad and the Waysted. Tras esto, y sin haber logrado mucho éxito, dejó el grupo, que sólo sacaría un disco más antes de separarse. Tras esto, y hasta la reunión de 2003 en la que volvió a la banda, no se qué fue de su vida, aparte de algún temilla en discos tributo. Con una voz potente pero extremadamente rasgada, se trata de uno de los vocalistas con más feeling del heavy británico de los 80, si bien las características de su garganta le permiten moverse por otros estilos como el blues, el funk o el rock, con grandes reminiscencias a la voz de Rod Stewart pero más agresivo. Uno de esos vocalistas capaces de ponerte los pelos de punta con su impresionante fuerza.

Mike Tirelli: Este italoamericano, neoyorkino de nacimiento, se ganó el apodo de «el metrosexual» cuando le descubrimos «por accidente» en un concierto de Riot en 2007. Llegamos a la sala sin saber quién era el cantante que sustituía a Mike DiMeo, y salimos de la sala preguntando dónde podíamos conseguir algo grabado por este cantante. No ha tenido suerte en la vida, ni con sus bandas ni con la salud, ya que un cáncer de estómago casi se lo lleva hace un par de años, y aunque salvó su vida se quedó en la ruina económica. Pero centrándonos en lo positivo este vocalista ha tenido destacadas actuaciones en bandas como los Burning Starr de Jack Starr, los rockeros Strider, los eclécticos Holy Mother o los powermetaleros Messiah’s Kiss. Por desgracia nunca grabó nada con Riot, pero en mi recuerda quedará aquel concierto en el que le descubrimos. Su voz es increíble, con un rango medio y agudo impresionante. Tiene unos medios poderosos y con cuerpo muy similares a los de Dio, pero pudiendo moverse hacia tonos más agudos, como los de Rob Halford. Siempre he pensado que él debió ser el vocalista elegido por Judas Priest en los 90 en lugar de Ripper Owens. Una de las voces más impresionantes del heavy metal, aunque jamás logró dejar el underground.

En fin, ya estás tardando en empezara escuchar a esta gente, y a descubrir algunas de las mejores voces del rock.

Jon Lord (1941-2012)

Nacido Jonathan Douglas Lord en Leicester, pero más conocido como Jon Lord por toda la comunidad rockera, y como El Señor Purple por mi grupo de amigos, nombre que le oí por primera vez a mi colega Antonio allá por… no se, cuando estaba empezando el instituto, vamos.

Deep Purple son una de esas bandas esenciales en mi vida, como lo fueron Led Zeppelin, The Doors, Judas Priest, Rainbow, Black Sabbath, Aerosmith o Motorhead. Y desde luego Jon Lord fue parte fundamental del personal sonido de la banda, con su particular órgano Hammond. Fue Lord (es curioso, sigo escribiendo «es» y tengo que pararme a ponerlo en pasado) junto a Rick Wakeman, Keith Emerson y Ken Hensley, uno de los más influyentes y destacables teclistas de su generación. El sonido de su Hammond, cargado de distorsión al sonar a través de un Marshall, sigue siendo uno de los más bellos y reconocibles sonidos del rock and roll.

Aunque está claro que su paso por Deep Purple es lo más recordado y reseñable de su carrera, dejando singles tan memorables para la historia del rock como Highway Star, Speed King, Smoke on the Water, Child In Time, Fireball, Burn o Perfect Strangers; no sería justo olvidar el resto de su carrera. No debe obviarse que ya con Purple compuso él solo el Concerto for Group and Orchestra (pieza clásica en 3 movimientos), siendo uno de los pioneros en combinar una orquesta sinfónica con el sonido de una banda de rock; pero además parió otros proyectos sinfónicos como su Sarabande (muy recomendable), su Gemini Suite (muy en la onda del Concerto, e interpretado alguna vez por los Purple en directo), sus trabajos de blues junto a los Hoochie Coochie Men y al Jon Lord Blues Project, sus proyectos con Tony Ashton… hay mucho Lord que investigar, más allá de Deep Purple. No olvidemos que desde que dejó Purple en 2003 y hasta agosto del pasado año, cuando le diagnosticaron el cáncer que finalmente se lo llevó, nunca dejó de trabajar y de componer, y apostaría que entre sus notas nos dejó escritas muchas piezas que por desgracia ya no podrá escuchar grabadas. De hecho, hasta hace nada estaba trabajando con Ian Gillan, Tony Iommi, Jason Newstend y Nico McBain en una grabación que, seguramente, ya sabía que sería la última.

Bueno, y dejo para mención aparte un hecho que parece que hoy casi nadie recordaba, pero es que Lord fue el teclista de los Whitesnake originales, tras su salida de Deep Purple en 1978 y hasta la reunión del MKII para el Perfect Strangers de 1984, grabando los disco de la época clásica de Whitesnake y añadiendo a su sonido particular un piano eléctrico Yamaha y varios Moog, haciendo un papel más de intendencia que en Purple, sin tantos solos, sin tanto protagonismo, pero dando una magia especial a su sonido (magia que ser perdería en los discos más descaradamente comerciales y americanos, de la época del Coverdale teñido y rey de las nenas, 1987 y Slip of the Tongue).

Como datos anecdóticos, además de haber sido teclista de Deep Purple y Whitesnake y de su trabajo en solitario (de menor éxito comercial, pero no por ello de menor calidad), en su momento Lord también ejerció de músico de estudio. Siendo todavía muy joven, en 1964, trabajó con los Kinks en su mítico album homónimo, participando en el clásico single You Really Got Me (que posteriormente recuperaría Van Halen). También colaboró en 1974 con Nazareth, en el disco Rampant, grabando Shanagai’d in Shangai y Glad When you’re gone, y en aquella época se especuló con que podría unirse a la banda, idea que finalmente no cuajó.

Lord poseía esa magia que pocos músicos tienen, ese status de leyenda que da el tener una trayectoria intachable, sólidamente construída, con la honestidad por base, dejando a un lado modas y haciendo la música que ama. Es imposible no recordarle como  recordamos también a otros maestros como Ronnie James Dio o Warren Zevon, músicos que pueden tener altibajos de calidad en sus carreras, pero a los que nunca se les podrá acusar de venderse o de haber puesto el dinero por delante de sus principios.

Por todo esto, por su legado, por su elegancia, descanse en paz Jon Lord.

Terry Reid – Seed of Memory

Para muchos biógrafos y estudiosos del rock and roll Terry Reid es el hombre más desafortunado de la historia del rock. Pudo haber entrado en Purple antes que Gillan, pudo haberlo hecho en Led Zeppelin antes que Plant, pero decidió seguir por su camino en solitario. Con una voz increíble y un talento que siempre le hizo popular entre críticos y compañeros de profesión (Keith Richards se considera uno de sus mayores fans) el éxito comercial, en cambio, siempre le fue esquivo.

Aunque en un principio se orientó hacia el blues rock que imperaba en la escena inglesa de aquellos tiempos, este Seed of Memory de 1976 camina hacia sonidos más folk, por la producción del legendario Graham Nash (Crosby, Stills, Nash & Young) que le llevó hacia su campo, hacia los discos de su banda, los acústico de Neil Young, Donovan, America o los Eagles más light.

Aunque el disco presenta temas como Ooh Baby (Make me feel so young), con un deje muy funky, o rendiciones al blues rock influenciado por Free y Cream de sus primeros discos en canciones como The Way you Walk o The Frame; son los temas folkies los que más fuerte pegan en este disco: la inicial Faith to Arise y el triunvirato formado por Brave Awakening, Seed of Memory y la preciosa balada To Be Treated Rite, que fueron utilizadas todas por Rob Zombie para su película Los Renegados del Diablo. El tema que cierra el disco, Fooling You, incluso nos deja algún sabor soul y jazz por medio.

Aunque para muchos Reid sea ese tipo que pasó de Led Zeppelin, debería recordársele como uno de los mejores musicos de blues y soul británicos, un grande en lo musical que nunca llegó a serlo en lo comercial por su mala suerte con discográficas y productores, que en ese sentido no supieron explotar lo que tenían entre manos. Sus tres anteriores discos son muy recomendables, y este simplemente no puede faltar en la discoteca de un buen amante del sonido setentero.

Witchcraft – The Alchemist

Antes de dejaro y pirar «asobal» como el balonmano (que ya son horas) creo que es un buen momento para añadir a la lista otra «joya musical». Joyita escandinava y de los dosmiles, década infravalorada en lo musical por culpa de un mainstream que no vale para ver (metalcore, melodeath, emocosa, «post power metal»,  mierdaymedia…) pero con un underground que genera muy buenas opciones. Aunque por el Facebook me apremian a meter en esta lista al Hisingen Blues de los Graveyard, creo que antes le toca el turno a este disco de los suecos Witchraft:

El sonido es lo primero que llama la atención de este disco: la producción, sin dejar de ser moderna, tiene color. Es old school pero con la tecnología de la new school, todo suena tremendo. Como si Cream hubieran viajado en el tiempo para sacar otro disco. Y es que Witchcraft no son una banda de doom metal al uso, van allá de Black Sabbath y se acercan a la psicodelia y el blues blanco previos. Beben tanto de Cream y Blue Oyster Cult como de Steppenwolf, pican un poco de The Doors y Pink Floyd pero no dejan de lado a Grand Funk Railroad ni a Led Zeppelin. Blue Cheer y Pentagram dándose la mano con Jethro Tull y Terry Reid (nota mental: otro disco que tengo que meter en la lista, el Seed of Memory de Reid)… en serio, un discazo como la copa de un pino.

Con una colección de riffs que son cosa seria y la voz penetrante de Magnus Pelander nos introducen en el Walk Between the Lines que abre el disco, enorme comienzo para enorme discazo. Pero si esta corona tiene un verdadero diamante engarzado ese es If Crimson was your color, de temática fantástica y riff digno de Clapton antes de empezar a dar asco, es un tema que te incita a cabalgar a lomos de un dragón entre coloridas nubes de humos varios sobre un paisaje marciano, mientras el viento mece tu melena y hace aullar a tu espada. Puestos a destacar más temas, Hey Doctor destila esencia Black Sabbath/Pentagram, si bien con un toque un pelín menos metalero, más bluesero, mientras que Samaritan Burden me recuerda a los James Gang o la Jimi Hendrix Experience, tal vez por un toquecillo de groove funky. El tema título del disco, dividido en tres partes para cerrar el álbum es otro de los megamomentazos: jugando con momentos folk Zeppelianos, se desliza en pasajes relajados dignos de The Doors, Pink Floyd y hasta The Straws, para golpearnos repentinamente con arrebatos Sabbathicos.

Si te gustan los 70, si lo tuyo es el rock, el blues, la música con la que beber cerveza, reir y llorar… The Alchemist de Witchcraft es un disco que tienes que escuchar. Son los deberes, una obligación. Hazte un favor, escúchalo y me lo agradecerás.

Hank III – Damn Right, Rebel Pride

Banjos, steel guitars, contrabajos, acústicas, acordeones, violines… country rebelde de la vieja escuela mezclado con actitud punk e intensidad metalera. A Hank Williams III le viene de casta el ser músico, no en vano lleva el nombre de su abuelo, leyenda del country.

La carrera de Hank III se mueve por varios frentes: sludge, doom rock, hardcore.. la música que le enganchó en su adolescencia, pero donde realmente destaca con maestría es con su country old schoool. Esto no es Dolly Parton, Garth Brooks o Billy Ray Cirus, Hank III hace country rebelde, macarra, con un toque oscuro. Busca sus raíces en los discos de su abuelo Hank Williams, en los de su padre Bocephus o en el Johnny Cash más oscuro. Está claro que este chaval ha mamado country y buena música sureña desde la cuna.

El disco comienza con una reinvidicación familiar, con el tema The Grand Ole Opry (Ain’t so grand), donde ataca al veterano programa de radio criticando, muy visceralmente y sin ahorrar insultos, que sólo den cancha al country más comercial y dejando fuera a los músicos más rebeldes, su padre y su abuelo incluídos, y criticando que en su día no querían ni al mismísimo Johnny Cash. Al escuchar Wild & Free no puedo evitar pensar en los discos más clásicos de Johnny Cash, con un toquecillo más blues en la parte final. Me & My Friends es toda una reividicación de su orgullo rebelde, del rock and roll way of life en clave de suaves sonidos sureños. Tras esta relajación una fiestera Six Pack of Beers nos devuelve un toque de desenfreno y humor. I Wish I know, en cambio, es un clásico tema de desamor, de borrachera en una barra lamentando un amor perdido, preguntándose qué hizo mal, qué la hizo escapar. Stoned and alone y 3 Shades of Black son dos temas country muy apañaditos, que podrían sonar en cualquier emisora comercial del estilo (como el Grand Ole Opry criticado al principio), pero con un deje sufridor y depresivo. Pero para mi el momento más intenso del disco viene con la dupla de temas If you can’t help your own y Candidate to Suicide. Suenan seguidas en el disco, y si la primera nos introduce en un country con dejes de folk blues la segunda deriva hacia un country más oscuro. Marcan como un punto de inflexión en el disco, ya que los temas más optimistas están en la primera parte y los más oscuros comienzan a partir de la segunda. Vale la pena destacar también H8 Line, con una producción bastante agobiante y psicodélica, y PFF, un homenaje a GG Allin donde la palabra fuck se repite constantemente.

Este Damn Right, Rebel Pride puede ser un buen disco para que un amante del rock se introduzca en el sonido country, asequible pero sin la babosidad comercial de algunos artistas hit del estilo. A fin de cuentas, Hank además de venir de una familia country es un tío que toca con Phil Anselmo y gente de Eyehategod. ¿Un metalero haciendo country? ¿un músico country haciendo metal? ¿un punky amante de los banjos? ¿o simplemente un músico con influencias muy variopintas que intenta abarcar todos los palos que disfruta?

Enforcer – Into the Night

En 2008 los suecos Enforcer hicieron su aparición en el mundillo heavymetalero. Desde sus frías tierras nos trajeron toda esa frescura en un soplo de aire que hizo estremecerse de placer a los seguidores del estilo.

Enforcer, en cierto modo, representan el concepto que muchas veces defiendo de recuperar una vía muerta de la evolución musical. Esto suena raro, así que me explico: A lo largo de la historia del rock a veces aparecen bandas innovadoras, con un sonido original, pero por cambios en el mercado o en la percerpción de las discográficas nadie sigue la senda marcada por ese sonido. Enforcer beben de las bandas más melódicas y a la vez speedicas de la NWOBHM: Raven, Angel Witch, los primeros Cloven Hoof, Tank, Grim Reaper o los Iron Maiden de la etapa DiAnno…

Enformcer - Into the Night

Pasando de producciones saturadas modernillas, Enforcer nos ofrecen un bajo Maideniano y distorsiones old school (Marshall / Engl), una voz aguda y limpia bombos graves.

El disco se abre con un speedico ataque cargado de buen humor, con el tema Black Angel clara muestra de lo que se nos presentará a lo largo del álbum y que viene seguido de un Mistress from Hell con unas guitarras con aroma a los Judas de los setenta. Sin dar ni un segundo de descanso Into the Night es el tercer tema del disco, siguiendo la misma receta de velocidad extrema sin renunciar a la melodía y al rock, pues no son unos vulgares Dragonforce o Cellador haciéndole pajas al mástil. El riff de Speed Queen, por su parte, podría traer recuerdos al speed metal americano, a los canadienses Exciter o a los Riot de Thundersteel. En On the Loose levantan un poco el acelerador, mostrando un poco lo que sería el sonido de su también excelente segundo disco, y nos ofrecen un tema con una cadencia más maideniana de los tiempos Dickinson. La instrumental City Lights ya sí que nos transporta al primer disco de Maiden, con un fuerte aroma al Transylvania. Scream of the Savage podría recordarnos a unos primos más melódicos de SDI, con un riff algo más thrash metal, pero con una producción más clásica. Curse the Light no se por qué me recuerda a Spotlight Kid de Rainbow en su riff principal (tocada a triple tempo, claro). Y para cerrar una joya como Evil Attacker, una canción de puro headbanging, un hit por derecho propio.

Si te gusta el heavy metal clásico, la NWOBHM o simplemente las guitarras tocadas a toda hostia, este disco de Enforcer aporta humor, frescura y unos temazos impresionantes. Para no perdérselos.

Blue Oyster Cult – Fire of Unknown Origin

Educados en la psicodelia y el blues blanco de los 60, con matices de ciencia ficción, terror y fantasía épica, tanto cinematográfica como literaria, Blue Oyster Cult son, por derecho propio una de las bandas más inolvidables del rock americano de los 70.

Pero toda su trayectoria previa no valía mucho en 1981. Tras la resaca del punk, el heavy metal empezaba a pegar fuerte y el rock de tintes psicodélicos, elegante y épico de Blue Oyster Cult parecía quedarse muy lejos de las tendencias radiofónicas. Con una serie de discos muy extraños, con temas muy variados, muchos apostaban a que no serían capaces de sobrevivir a los 80, a una década donde el estilo del que habían sido pioneros había cambiado y amenazaba con enterrarles, a la década que se encargó de uniformar a las bandas frente al colorido musical de los 70.

Para sorpresa de muchos, Fire of Unknown Origin se convirtió en uno de sus clásicos. Para muchos el último gran disco de los BOC, para otros su mejor trabajo, pero en todo caso el fin de una era. El éxito comercial se les había escapado, a pesar de dos singles famosos en los 70 como fueron Godzilla y, sobre todo, Don’t fear the Reaper que apareció en la banda sonora de Halloween, pero siempre habían sido una banda con reconocimiento entre la crítica y con una buena legión de fans.

Este disco marca un giro más melódico, hacia un hard rock más standarizado y con algunas influencias pop y aor. Fire of Unknow Origin, el tema título, es el que da comienzo al álbum, con sus guitarrazos suaves y mucha presencia de teclados más sintetizados y menos psicodélicos que en anteriores entregas. Tras ella aparece el gran hit del disco, el segundo número uno de su carrera Burnin’ for you, la canción más popular de la banda junto a la legendaria Don’t fear the Reaper. Y si hablamos de bandas sonoras, en este caso hay que comentar que tres temas fueron compuestos para la banda sonora de la película de animación Heavy Metal: Veteran of the Psychic Wars, Heavy Metal y Vengeance (The Pact); aunque finalmente sólo la primera, y seguramente el tema del disco más similar a sus canciones más clásicas, apareció en el filme. Pero la temática ci-fi no desaparece del album ni siquiera en los temas ajenos a esa banda sonora: Sole Survivor, con teclados atmosféricos y un bajo hipnótico nos transporta a un desierto alienígena, mientras que Joan Crawford ya nos deja bien claro en su título la idea del «homenaje» y nos apabulla con un impresionante trabajo de teclados. Finalmente After Dark nos muestra unas ciertas influencias new wave y Don’t turn your back es, probablemente, la canción menos memorable del álbum.

Aunque seguramente no lo recomendaría como el disco para iniciarse en Blue Oyster Cult, sí diría a todos los que han escuchado algún temilla que se acerquen a este trabajo, que da la impresión de no haber logrado el respeto de los anteriores a pesar de sus grandes temas. Tal vez por sus influencias más poperas, o tal vez por ser la década equivocada, pero se trata de un disco 100% disfrutable.

Little Caesar – Little Caesar

Corría el año 1987 cuando esta banda nacía en Los Angeles, con Ron Young (una suerte de Angry Anderson yankee) en las voces y Apache (nada que ver la fundación encargada del famoso servidor web) en las guitarras. En 1990 publicaron este disco, su debut, tras el EP Name your poison de 1989.

Little Caesar practicaban en esa época un hard rock que, aunque era muy melódico, no se ajustaba mucho a su época. Menos heavys que Ratt, menos glammys que Poison, más bluesies que Mötley Crüe, menos comerciales que Guns ‘n Roses y más macarras que Tesla. Les pasaba un poco lo que Cinderella, eran una banda con más raíces setenteras y blueseras que las otras bandas de su generación, pero para darles más peso comercial se les quiso meter en el rollo sleaze/pelos cardados.

Claro que los primeros acordes del primer tema, Down and dirty,  te traerán a la cabeza a los Rolling Stones, siguiendo con arreglos más propios de Rose Tattoo o de Alice Cooper que de sus correligionarios angelinos. La voz rockera y rasgada de Young, las guitarras blueseras y stonianas de Apache, el ritmo de la pareja bajo/batería de Fidel Paniagua y Tom Morris, suenan como los primos pobres y macarras de Guns N’ Roses, las ovejas más negras de una familia de ovejas negras. Hard Times empieza con un riff tan AC/DC que te esperarías escuchar a Bonn Scott justo cuando entra la voz, aunque luego le meten unos coros más de la época. Se atreven a versionar un clásico del soul, haciendo el Chain of Fools de Aretha Franklin, revistiéndolo de un aire macarra y motero. In your Arms y From the Start marcan el momento medios tiempos/baladas, siendo seguramente los temas más melódicos y comerciales del disco. Rápidamente Rock and roll state of mind devuelve el ritmo macarra y Rosetatuado al disco. Drive it Home suena como la canción que Airbourne matarían por grabar. Midtown, por su parte, es una balada con cierta influencia country/folk y Cajin Panther suena a rock sureño de la escuela Jacksonville, pareciendo salida de un disco clásico de Lynyrd Skynyrd o Blackfoot, para dar paso a otro tema Acedeciano: Wrong side of the tracks. Y para terminar se sumergen de nuevo en el soul y la música negra para el tema I wish it would rain donde Young nos muestra su tono más Rod Stewart, para cerrar el disco con el tema más largo, Little Queenie, un cruce de boogie, rock sureño y hard melódico propio de .38Special o Lousiana LeRoux, una canción con un ritmo perfecto para hacer el amor, como todo buen tema de blues.

Este primer disco de Little Caesar es, sin duda la mejor obra de su no muy prolífica carrera. Sucio, macarra pero también melódico. Rock clásico pero no básico, ya que saben meter sutilmente referencias a toda la música del sur de los EEUU, desde el country hasta el soul. Un disco para escuchar con bourbon en tu vaso o degustando unos buenos cangrejos «New Orleans style».

 

Rudy Sarzo

Aunque dejé la sección Grandes Bajistas abandonada una temporada, eso no significa que no fuera a acabar con la lista. Notiene perdón de dios el tiempo que me he tirado, pero aquí va uno de los pocos que faltaban para terminar.

El joven Sarzo nació en Cuba, allá por 1950, y su primer trabajo destacable fue el Quiet Riot II de Quiet Riot. Alternó su estancia en la banda angelina con el puesto de bajista de Ozzy para el directo (recordemos que los discos los grababa Bob Daisley mientras otros hacían los directos) con quien grabó tres álbumes en vivo: Speak of the Devil, Tribute y el no hace mucho rescatado Live in Tokyo.  El éxito de Quiet Riot le hizo dejar de desemplearse, para acabar tiñéndose el pelo y metiéndose en la gira de 1987 de Whitesnake, sustituyendo a Neil Murray, y grabar el Slip of the Tongue junto a los de Coverdale, tras el previo paso por la superbanda MARS allá por el ’86. Tras eso poca chicha, reuniones de Quiet Riot, fracaso comercial con su banda Manic Eden y supervivencia como mercenario en las filas de Blue Oyster Cult, Dio o Yngwie Malmsteen. En los últimos años ha grabado con Ripper Owens y participado en la freak-metalada Animetal USA (más cornadas da el hambre)

Rudy Sarzo

Fue precisamente con Dio con quien pude verle en directo allá por 2008. ES un músico que principalmente destaca por su veloz ténica de dedos, de formación rockera clásica con dejes blueseros y muy dado a los arreglos setenteros. No destaca por abusar de trucos ni de armónicos, siendo un bajista de corte más tradicional.

Es duro tocar en Whitesnake, te dejas un dineral en tinte.

Influyente y destacado en la escena de los 80, a día de hoy parece haber quedado como un mercenario más sólo reconocido por los fans nostálgicos del hard rock.  Una lástima que no se recuerde más a este músico, que por otra parte en los últimos años ha moderado su actividad en directo para centrarse en su otra carrera: animador de imágenes digitales, siendo co-productor ejecutivo en Ocean Visual FX.