Tal día como hoy, hace 20 años, nos dejaba Rory Gallagher. Uno de los guitarristas más grandes del siglo XX. ¿Qué mejor plan para una tarde de domingo que disfrutar de su genio un rato? Los años pasan, pero el irlandés sigue en nuestro recuerdo.
Tal día como hoy, hace 20 años, nos dejaba Rory Gallagher. Uno de los guitarristas más grandes del siglo XX. ¿Qué mejor plan para una tarde de domingo que disfrutar de su genio un rato? Los años pasan, pero el irlandés sigue en nuestro recuerdo.
Vamos a ponernos en situación: 1992, tras la gira de Painkiller, que a la postre se convertirá en uno de los discos más influyentes del heavy metal en esa década, Rob Halford abandona Judas Priest. Durante esa gira se llevaron de teloneros a los emergentes Pantera (que también posteriormente se convertirán en una de las bandas más influyentes y reverenciadas de su generación) y Rob se enamora de su sonido. El primer lanzamiento post-Judas de Rob Halford contará de hecho con la colaboración de miembros de Pantera: el tema Light Comes Out of Black, que formará parte de la BSO de la película Buffy la Cazavampiros. Satisfecho con el resultado, el vocalista decidirá formar una nueva banda que siga esos derroteros musicales: Fight. Para ello reclutará al batería con el que grabó Painkiller y realizó esa gira de presentación, el increíblemente preciso y contundente Scott Travis (ex-Racer X). Con un 40% de los últimos Judas Priest no les cuesta conseguir un contrato con Epic Records para editar su primer disco, que es el que nos ocupa. El resto de la banda la formarán el entonces prometedor guitarrista Russ Parrish, que años más tarde ganaría fama en las filas de la paródica banda Steel Panther, el bajista Jay Jay y otro guitarrista llamado Brian Tilse (ambos procedentes de una banda llamada Cyanide). Con esta formación se irán a grabar a Holanda y en septiembre de 1993 publicarán este War of Words.
Hay que empezar recordando que en este momento Halford todavía conserva intacta su potencia y su registro, y para no dejar dudas abre el disco con dos cañonazos llenos de agresividad: Into de Pit, dejándose la voz en un registro muy agudo, y Nailed to the Gun. El estilo baterístico de Travis casa perfectamente con estos temas, donde su metronómico manejo del doble bombo y su tremenda pegada confieren a los temas una pegada similar a la que mostraba Vinnie Paul en los primeros trabajos de Pantera. El talento de Rob para escribir y adaptarse a un nuevo registro queda también patente con estas piezas, probablemente las dos más recordadas del disco y las que más ha explotado en sus posteriores giras en solitario.
Tras el poderoso inicio del album la banda levantará el pie del acelerador con Life in Black, donde un riff oscuro e hipnótico me trae a la mente a John Crist y su trabajo en los primeros discos de Danzig. Y siguiendo a rito de medio tiempo, aunque ahora con un riff más directo, entra Inmortal Sin, donde Halford nos regala una muestra de su tremenda versatilidad. Y con War of Worlds volverá el registro vocal más agudo y agresivo junto a un guitarreo más cañero. El ecuador del disco llega con otro medio tiempo pesado, oscuro y con líneas melódicas: Laid to Rest, que en algún momento me trae a la cabeza las atmósferas de No Quarter o Kashmir de Led Zeppelin. Y si Pantera, entre su caña, podían ofrecer baladas como Cemetery Gates, el Metal God no iba a ser menos y nos regala la preciosa, pero intensa, For All Eternity. Jugando con arreglos de guitarra muy blueseros arranca Little Crazy, un tema que con otra producción habría pasado por una pieza de boogie rock y que fue el single del disco, alcanzando en los EEUU el puesto número 21 en las listas de éxitos (el disco llegaría al 83 en el Billboad 200). Y tras este tema más rockero entran tres piezas de nuevo de metal más trallero: Contortion, Kill It y Vicious, las tres cortadas más o menos por el mismo palo. Y para cerrar Reality, a new beginning nos devuelve el ritmo más pesado y de medio tiempo. Esta pista oculta, a partir del minuto 9:43, un tema llamado Jesus Saves como bonus track.
Se le podría achacar al disco que a ratos se vuelve monótono y que tras los dos trallazos de salida pierde algo de fuerza, por buscarle puntos negros. Por otra parte no podemos sino alabar la grandeza de Rob Halford, que en este trabajo abarca gran cantidad de registros sin flaquear en ningún momento. Junto a él, los otros dos pilares que sostienen el album serán Travis, mostrándonos uno de sus trabajos más sólidos, y un Parrish que a pesar de su juventud no se achica y se marca un trabajo sobresaliente.
En los 90 salieron imitadores del sonido Pantera de debajo de las piedras. En este caso el que se subía al carro era uno de los maestros de esta banda completando un disco excelente. Tras esta primera entrega llegaría un EP de remzclas llamado Mutations, un segundo disco bastante más flojo titulado Small Deadly Space, una colaboración con Trent Reznor bajo el nombre de Two bastante decepcionante y un glorioso regreso al sonido del heavy metal más clásico con Resurrection, ya firmando el disco como Halford. En general una pieza que todo amante del metal de los 90 debería acercarse a escuchar y que ha quedado demasiado olvidada en la historia.
Cuando se abarca un nuevo disco de un músico veterano uno ya no pide que reverdezca viejos laureles, no se pretende que mantenga el nivel de sus obras maestras publicadas años atrás. Sweet Warrior llegaba en 2007 como el 12º disco en solitario de Richard Thompson, uno de los renovadores del folk inglés en las filas de Fairport Convention a finales de los 60 y compositor experto en escribir hits par otros músicos. Thompson contaba por aquel entonces con 58 años y, desde luego, ya no tenía que demostrar nada a nadie. Pero a pesar de todo esto, volvió a la primera fila musical marcándose una nueva obra maestra con este trabajo, dejando bien claro que todavía veía muy lejos la jubilación.
Combinando tanto folk inglés como americano con rock clásico, y haciendo uso de su inagotable colección de recursos como guitarrista, en Sweet Warrior nos encontramos con un disco que podría haber sido firmado por Bob Dylan acompañado de The Band, y que nunca se grabará.
Para no dejar dudas, el disco comienza fuerte: Needle and Thread y I’ll never Give It Up demuestran que Thompson llegaba con tanta o más energía que en sus años de juventud. Incluso su voz parecía haber rejuvenecido, si comparamos con los trabajos justo anteriores. La temática bélica está presente en el disco, en temas como la tremenda Dad’s Gonna Kill me, un tema que relata el sinsentido de la guerra de Irak desde la mirada de un marine con una letra llena de argot militar y de cierta retranca, o la intensa balada Guns are the tongues. En She sang angels to rest nos encontramos en cambio a un Thompson más tranquilo y preciosista, acompañando su voz y guitarra de viola y arpa en una hermosa y elaborada balada. En Take Care the Road You Choose parece querer dejarnos claro que él fue el maestro e inspirador del admirado Mark Knopfler, y en Mr. Stupid saca su particular sentido del humor para demostrar que incluso los Monty Python fueron una influencia para él.
Fuera del Reino Unido tal vez Richard Thompson no tenga la fama de otros músicos, pero cualquier amante de Bob Dylan, Mark Knopfler, Neil Young o Bob Seger disfrutará de esta pieza maestra. Un disco tan recomendable como sus viejos clásicos Henry the Human Fly, Action Packed o el I want to see the bright lights tonight que grabó con el dúo que formaba con su entonces pareja Linda Thompson.
Ya hacía mucho que no escribía una reseña de un disco para la sección Joyas Musicales, pero os había prometido que dicha sección volvería con fuerza ahora que no hay podcast. Y reenganchamos con esta curiosidad de 1966,
Sabicas en España ha sido un músico maltratado. Mientras Paco de Lucía o Camarón han sido encumbrados a lo más alto del panteón del flamenco, mientras el navarro Agustín Castellón Campos «Sabicas» ha permanecido en un segundo plano. No tanto así en el panorama internacional, donde su nombre sí suele citarse como uno de los más grandes del flamenco. Nacido en 1912, se exilió durante la Guerra Civil, primero a Francia y luego a Argentina, país en el que viviría hasta que la llegada de los gobiernos militares le llevaron a marcharse a Nueva York. Durante los años 40 y 50 fue el principal responsable de la popularización del flamenco en el continente americano mientras en su país de origen era ignorado por motivos políticos.
Allá por 1966 varios músicos de jazz ya trabajaban en proyectos de fusión con el flamenco. El productor y guitarrista Joe Beck se plantea hacer lo propio con el rock, y aprovecha sus contactos en el mundillo musical para llegar hasta Sabicas, que es convencido por su hermano para participar en un proyecto que, según declararía él más adelante, no le interesaba demasiado. La idea es fusionar el sonido de la guitarra flameca de Sabicas con el estilo blues-rock de la época de Joe Beck, contando con una banda de eficientes mercenarios, entre los que destaca como bajista el virtuoso Toni Levin.
El resultado final fue un disco innovador y valiente, que no sería muy bien recibido comercialmente y que tardaría unos años en ser publicado. Se abre con Inca Song, donde el flamenco se combina con melodías andinas que tras un par de minutos dan paso a un tema de rock bastante standar para la época donde la guitarra flamenca pierde peso y no reaparece hasta los úlimos segundos. En Joe’s Tune el tema comienza como una pieza de flamenco más clásica, con la guitarra española en primer plano y el resto de instrumentos sumándose poco a poco a la canción. Zapateado hace honor a su título, comenzando con ese típico ritmo de taconeo para ir derivando hacia un tema de rock de más de 9 minutos. Zambra seguramente sea el tema que más me gusta del disco, y donde la guitarra flamenca mejor se integra con el sonido del grupo de rock. Handclaps da un momento de respiro con unas palmas flamencas que introducen el tema Flamenco Rock, donde Sabicas se marca una impresionante demostración técnica. Bulerías es el único tema cantado del disco, adelantándose muchos años al concepto de La leyenda del tiempo de Camarón. Cierra el disco el otro tema que creo que mejor integra los sonidos de rock y flamenco, La Farruca.
En general da la impresión en varios temas de que se han pegado las partes de rock junto a las de flamenco, pero también hay que valorar que se trate de un experimento, previo a la irrupción de Smash y del rock andaluz. Tal vez Joe Beck no fuera el músico ideal para este proyecto, dada la gran diferencia a nivel técnico existente entre él y Sabicas, pero en general es un trabajo muy valioso tanto por su importancia histórica como por su calidad musical, destacando tanto las líneas de bajo de Levin como la guitarra flamenca.
¿Víctima de los excesos o de una conspiración gubernamental? Siempre nos quedará esa duda sobre el fallecimiento de Jimi Hendrix hace hoy 44 años en Londres. Un genio con mayúsculas, un maestro, un músico que no sólo revolucionó el rock sino todo el mundo de la guitarra eléctrica.
Su obra en vida fue corta, tres discos de estudio sin contar sus primeros años como músico de sesión, pero se han publicado un sin fin de directos y material de estudio inédito póstumo. Nos queda toda esa obra para recordar la genialidad del músico más grande que haya parido la ciudad de Seattle.
El 10 de mayo de 2010 nos dejaba uno de los grandes dibujantes del siglo XX: Frank Frazetta. Seis días después le acompañaba el cantante más grande que ha dado el heavy metal: Ronnie James Dio. Su música, su voz, tenía una magia especial que hacía que una descarga eléctrica me recorriera la columna. Cuatro años sin estos dos grandes han pasado ya, y el mundo desde aquella es más oscuro.
Esto empezó siendo una lista de 50 discos que, año a año, fue creciendo hasta los 250, siempre con la premisa de no repetir bandas en la lista. Tras eso llegó el momento en el que decidí que ciertos grupos tenían que estar con varios discos… y así la lista creció a la satánica cifra de 666 trabajos que creo esenciales. Finalmente, tras mucha murga con el libro «Los 1001 discos que tienes que escuchar antes de morir» decidí ampliar la lista hasta esa cantidad. Un año después, hasta el 1453 (la cifra tiene un por qué, pero tendrás que descrifrarlo) para celebrar el 8º aniversario del blog y para el 9º aniversario ampliamos a 1900 y para el décimo a 2222 (así duplico esa cifra de 1001, el siguiente paso será una titánica ampliación de contenido, pero tardará). Ahí va la lista, por orden de artista:
Como me encanta eso de sacar gráficas y estadísticas, os voy a dejar unas cuántas por aquí. Primero el recuento de discos por nación (que no estado):
Seguimos con el porcentaje de discos agrupados por décadas:

Aquí os dejo una gráfica con los porcentajes de discos agrupados por géneros:

Y, por si no quieres contar ¿cuales son los autores top? Esta lista de abajo son los grupos que más discos aportan, todos los que tienen 5 o más en la lista:
| Deep Purple | 13 |
| Thin Lizzy | 10 |
| Motorhead | 10 |
| Black Sabbath | 10 |
| Uriah Heep | 9 |
| Judas Priest | 9 |
| Blue Oyster Cult | 9 |
| Neil Young | 8 |
| Bob Dylan | 8 |
| Queen | 7 |
| Os Mutantes | 7 |
| Magma | 7 |
| The Who | 6 |
| The Allman Brothers Band | 6 |
| Rush | 6 |
| Rainbow | 6 |
| Pink Floyd | 6 |
| Mike Oldfield | 6 |
| Led Zeppelin | 6 |
| Death | 6 |
| David Bowie | 6 |
| Whitesnake | 5 |
| Triumph | 5 |
| Toto | 5 |
| Santana | 5 |
| Premiata Forneria Marconi | 5 |
| Mott the Hoople | 5 |
| Michael Schenker Group | 5 |
| Mercyful Fate | 5 |
| Melvins | 5 |
| Kiss | 5 |
| Jethro Tull | 5 |
| Horslips | 5 |
| Hawkwind | 5 |
| Gary Moore | 5 |
| Funkadelic | 5 |
| Frank Zappa | 5 |
| Fela Kuti | 5 |
| Fairport Convention | 5 |
| Bob Seger and the Silver Bullet Band | 5 |
| Bela Fleck and the Flecktones | 5 |
| Alice Cooper | 5 |
| AC/DC | 5 |
Hacía mucho tiempo que no incluía una entrada de cine en el blog, así que me dispongo a meter dos seguidas. El título ya dice bastante de la entrada: cinco géneros, cinco películas (una de cada). En este primero los cinco géneros elegidos serán cine social, thriller, musical, western y humor gore.


En fin, volumen uno finiquitado. En principio la idea era hace dos, pero creo que se podrá alargar hasta tres o cuatro. En los próximos días la cosa irá creciendo, así que estad atentos a vuestro RSS, Twitter, Facebook… o como narices estéis siguiendo el blog.
Quería escribir sobre criptografía, pero estoy vago, así que creo que es un buen día para añadir un nuevo disco a la sección Joyas Musicales, que poco a poco crece.
Mi historia con este Hard Attack de los Dust es curiosa. Un día lo vi en una estantería de una tienda de discos, y la portada de Frank Frazzetta, que muestra a Conan peleando contra dos guerreros vanires me llamó la atención. Era épica, impactaba, muy chula pero ¿qué tal estaba el grupo?

Con esa portada uno podría esperarse a una especie de Manowar/Virgin Steele, una banda de heavy metal épico, pero si alguien se acerca a esta banda esperando a una suerte de Cirith Ungol va a llevarse una decepción o, en el mejor de los casos, una sorpresa. Porque estos Dust beben del rollito hippie sesentero, salpicado con gotas de Jethro Tull y los The Who más rockeros, recordándome por momentos a Wishbone Ash. La combinación de guitarra acústica con eléctrica es una constante en todo el trabajo, un discazo de 1972 que ejerció gran magisterio en el nacimiento del posterior heavy metal americano, junto a otras bandas como Steppenwolf o Grand Funk Railroad.
Este disco fue el segundo, y a la postre el último de esta banda, que a pesar de haber logrado dos trabajos excelentes siendo un grupo formado por miembros muy jóvenes, no lograron el éxito comercial. Eran un «power trio» (lo cual debía hacer complejo llevar los temas al directo con la gran cantidad de arreglos a dos guitarras que tienen) que se movía entre el rock más duro de la época con otras sonoridades más suaves. La base rítmica de la banda fueron los que mayor éxito cosecharon en su carrera posterior: Puede que el nombre del batería, Marc Bell, no te diga mucho, pero si te digo que en el ’78 se lo cambió por Marky Ramone ya sabes por dónde van los tiros. Por su parte, el excelente bajista Kenny Aaronson, que firma un espectacular trabajo a pesar de su corta edad (18 años en el primer disco y 20 en este) se ganó la vida como músico de gira y sesión, siendo votado en 1988 «Bajista del año» por la revista Rolling Stone, y trabajando para Bob Dylan, Billy Idol, Lita Ford, Foghat, Joan Jett, Sammy Haggar, Brian Setzer, Tony Iommy… en fin, un curriculum de esos de varias páginas.
Pasando ya al disco en si, se abre con la fantástica Pull Away, como ya he dicho cargada de reminiscencias a Jethro Tull, con una gran combinación de acústica con eléctrica. La sigue Walk in the Soft Rain donde de nuevo el sonido acústico vuelve a estar presente recordando un poco en su inicio al Bowie de la época. La balada Thusly Spoken, cargada de arreglos de cuerda y piano me parece el punto más flojo del disco, un tema al uso para intentar hacer caja, y que en su línea vocal me trae a la cabeza a Simon & Garfunkel. Pero tras la calma llega la tormenta con Learning to Die, un ataque de hard rock desenfrenado, casi rozando el rollo garajero, que evoluciona en un tema épico de casi 7 minutos con varias partes, un tema que podría estar perfectamente el cualquier disco de los primeros Led Zeppelin. All in All por su parte me recuerda a lo más agresivo de The Who con una pizca de la mala hostia de Cream. I been Thinkin nos ofrece un descanso tras la descarga más cañera, con suaves líneas sureñas sobre la base acústica. Pero tras este tema llega una selvática descarga digna de todo un Ted Nugent como es Ivory, un desenfrenado tema instrumental, que dará paso a una relajada How Many Horses, de nueva con toques de folk rock y rock sureño, incluso algo de soul, y un tremendo solo de por medias. Y finalmente el tema Suicide devuelve al primer plano la distorsión y el rock más duro, en la onda de Grand Funk Railroad, para terminar con el corto outro de menos de 30 segundos que es Entrances, una sucesión de acordes de influencia mediterránea.
Duraron poco estos Dust, pero no sería bueno olvidar el legado de una banda que en su corta existencia (1969-1972) nos regaló dos discos de tanta calidad. Este Hard Attack es un disco disfrutable por todo fan del rock setentero, de la época en la que las bandas podían hacer temas variados en sus discos y en la que no sonaban todos a copia de la copia. Tal vez no sean indispensables como Rainbow, Purple, Sabbath, Kiss o Zeppelin, pero cuando menos deberías darle una oportunidad a este disco.
Para muchos biógrafos y estudiosos del rock and roll Terry Reid es el hombre más desafortunado de la historia del rock. Pudo haber entrado en Purple antes que Gillan, pudo haberlo hecho en Led Zeppelin antes que Plant, pero decidió seguir por su camino en solitario. Con una voz increíble y un talento que siempre le hizo popular entre críticos y compañeros de profesión (Keith Richards se considera uno de sus mayores fans) el éxito comercial, en cambio, siempre le fue esquivo.
Aunque en un principio se orientó hacia el blues rock que imperaba en la escena inglesa de aquellos tiempos, este Seed of Memory de 1976 camina hacia sonidos más folk, por la producción del legendario Graham Nash (Crosby, Stills, Nash & Young) que le llevó hacia su campo, hacia los discos de su banda, los acústico de Neil Young, Donovan, America o los Eagles más light.

Aunque el disco presenta temas como Ooh Baby (Make me feel so young), con un deje muy funky, o rendiciones al blues rock influenciado por Free y Cream de sus primeros discos en canciones como The Way you Walk o The Frame; son los temas folkies los que más fuerte pegan en este disco: la inicial Faith to Arise y el triunvirato formado por Brave Awakening, Seed of Memory y la preciosa balada To Be Treated Rite, que fueron utilizadas todas por Rob Zombie para su película Los Renegados del Diablo. El tema que cierra el disco, Fooling You, incluso nos deja algún sabor soul y jazz por medio.
Aunque para muchos Reid sea ese tipo que pasó de Led Zeppelin, debería recordársele como uno de los mejores musicos de blues y soul británicos, un grande en lo musical que nunca llegó a serlo en lo comercial por su mala suerte con discográficas y productores, que en ese sentido no supieron explotar lo que tenían entre manos. Sus tres anteriores discos son muy recomendables, y este simplemente no puede faltar en la discoteca de un buen amante del sonido setentero.