Vine a hablar de mis aficiones y acabé hablando más de mi trabajo porque parece que lo preferís. Informático de letras (de verdad, aunque parezca mentira), suelen echarme de todos los clubes: los fans de Manowar no me consideran metalero, los de Marvel me echan del mundillo tebeil y Victor Lenore me expulsa de la clase obrera.
Te habrá pasado más de una vez: necesitas sacar todos los valores de la Tabla1 que no aparezcan en la Tabla2. Es decir, la operación opuesta a un INNER JOIN. En muchos casos vemos que hay quien usa un NOT IN() como solución:
Nota: Asumimos que las tablas están bien formadas y que la Tabla1 se relaciona con la Tabla2 por medio de una clave externa (en el ejemplo será el campo IdClaveExterna en Tabla2 que está relacionado con el campo id de Tabla1)
SELECT * FROM Tabla1
WHERE Tabla1.id NOT IN (SELECT IdClaveExterna FROM Tabla2)
Y esto está mal. Muy mal. Porque el IN() tiene un rendimiento muy bajo, como hemos visto en el pasado, y su negación pues todavía ofrece uno peor. Entonces ¿cómo lo hacemos? No tenemos una unión que sea ANTI JOIN, pero lo podemos resolver de la siguiente forma ya que tenemos un campo Id en cada tabla para cada fila sirviendo como clave primaria:
SELECT * FROM Tabla1
LEFT JOIN Tabla2 ON Tabla1.id = Tabla2.idClaveExterna
WHERE Tabla2.id IS NULL
De esta forma cogemos todos los valores de la Tabla1 unidos a la Tabla2 por la clave externa, pero descartando de la consulta aquellos valores que nos devuelvan nulo el valor de la clave primaria de la Tabla2.
Esta semana nos hacemos una escapadita a Euskadi para paladear uno de sus más deliciosos platos: una ración completa de buen heavy rock, cocinado al viejo estilo de los 70 y aliñado con un poco de épica.
¿Habéis visto Wizards, de Ralph Bashki? Es una peli fantástica de animación de 1977 que nos sitúa en un mundo futuro post-nuclear donde los humanos supervivientes a la guerra se han convertido en mutantes degenerados, donde diversas criaturas fantásticas han surgido de las entrañas de la tierra para ocupar las regiones libres de radiación (sí, los creadores de Hora de Aventuras seguro que la vieron como diez o doce millones de veces) y donde los pueblos libres están amenazados por las ansias del poder totalitario. Un mundo donde la magia se da la mano con la tecnología militar pre-apocalíptica y donde se nos presenta el clásico relato de enfrentamiento entre fuerzas del bien y del mal.
¿A qué viene el párrafo de arriba? A que la música de estos chavalotes de Bilbao va muy en sintonía con las sensaciones que transmite esa película. En la música de The Wizards podríamos usar muchas etiquetas: hard rock, heavy metal, doom metal, epic doom, proto-metal, metal setentero, stoner, occult rock... y podría darte una idea aproximada, pero no puedes prejuzgarlos en base a rígidos etiquetados. Ellos tienen momentos en los que rinden pleitesía a la oscuridad de Black Sabbath y Pentagram, tienen otros donde se acercan más al rock de Blue Oyster Cult, los primeros Kiss o Thin Lizzy, y por momentos las líneas vocales nos acercan a los primeros trabajos de Danzig o a Ian Atsbury de los esenciales The Cult. Un sonido pesado, épico y setentero que les emparentaría directamente con bandas contemporáneas como Orchid y The Sword.
Este Full Moon in Scorpio es el segundo larga duración de The Wizards y salió hace unos meses al mercado, a principios del verano, aunque se comenzó a grabar en abril de 2016 en los euskaldunes estudios Gaua y se ha masterizado en los estudios de Jessie Cannon en New Jersey. Han contado con la producción y los arreglos de Dean Rispler, que también toca la guitarra en un tema, y para el artwork no se la han jugado y han apostado por una garantía de trabajo profesional como es Branca Studio.
El disco se abre con dos cañonazos hardrockeros setenteros como Avidya y Calliope (Cosmic Revelations), un tema donde la voz nos lleva a una versión metalizada del Sonic Temple. Con Odinist cambian de tercio y se van a unos terrenos más heavies entre Cirith Ungol y la NWOBHM, un sonido que también muestran en Who are you, Mr Gurdjieff?. Stardust por su parte se muestra como un tema de cadencia pesada, una composición larga y épica que, junto con la final When we were gods nos muestra claramente la influencia del primer Danzig sobre esta banda, mientras temas como Leaving the past behind (en el que cuentan con la colaboración de toda una leyenda como Ross The Boss) o Halftones to Eternity encajan más en la onda del primer proto-doom setentero.
Un disco muy completo Full Moon in Scorpio, redondo, muy bien elaborado y finalizado. Un trabajo que guiña el ojo a ese olde 70’s heavy metal pero sin caer en la copia ni en lo repetitivo. Entre tanta banda que ahora pretende mostrarse como «auténtica» y «con raíces» estos The Wizards son una deliciosa píldora de realidad.
Si en una entrada anterior vimos cómo leer los atributos data de HTML5 con jQuery hoy vamos a ver el otro caso: modificar dichos atributos.
El ejemplo va a ser el mismo que en el anterior artículo:
<div id='fruta' data-fruta='fresa'></div>
Ok, tenemos un div con el idfruta, el atributo data-fruta y en principio el valor fresa. ¿Cómo lo modifico haciendo uso de jQuery? Pues de nuevo con el método data(), pero en este caso pasándole dos parámetros en lugar de uno:
Si el método data() recibe solo el nombre del atributo al que queremos acceder nos lo devuelve, pero si recibe como segundo atributo una cadena entonces modifica el valor del atributo asignándole el de ese segundo parámetro que le pasamos.
Y voy a repetir exactamente el mismo párrafo que en el artículo anterior sobre la nomenclatura (para que no tengas que abrirlo): Fíjate que cuando le paso el nombre del atributo lo hago quitándole el prefijo data-. Y hay otra peculiaridad: si el nombre tiene varios guiones entonces estos desaparecen y escribimos el atributo siguiendo la convención camelCase.
Llevo tanto tiempo lidiando con servidores Windows que se me empiezan a anquilosar las habilidades linuxeras más allá de lo que viene a ser el día a día. Creo que necesito preparar el LPIC aunque sólo sea para mantenerme en forma. El caso, que hoy tenía que ejecutar remotamente una aplicación con entorno gráfico de un servidor Linux y tuve que ir a ojear los viejos apuntes de sistemas operativos que guardo en una carpeta en la nube con manuales de todo tipo. Seguro que hay mil entradas por ahí pero yo os lo cuento igual:
Paso 1: Habilitamos el X11 forwarding en el servidor. ¿Cómo? Editando el fichero /etc/ssh/ssh_config y buscando allí la línea que pone X11Forwarding para ponerle el valor en YES. Y tras esto reiniciamos el demonio de SSH.
Paso 2: nos conectamos mediante ssh pasando el parámetro -X:
ssh -X usuario@nombreEquipo
Y luego ya ejecutamos el programa en cuestión.
Si el cableado o la conexión es malo puede que te interese usar la opción que comprime los datos que te enviará el servidor. Carga más trabajo en la memoria del servidor y del cliente, pero reduce el tamaño del tráfico de red:
El otro día comentaba con un amigo que el estado-nación a veces crea una barrera difícil de saltar. En el estado español cuesta pensar en Portugal: a la hora de hacer negocios, a la hora de internacionalizar empresas, a la hora de plantear viajes vacacionales… Conozco a gente que cuando un grupo viene de gira a la península ignora las fechas en tierras lusas y acaba gastando un día de vacaciones en el curro para ir a Madrid, a ver un jueves a una banda que tocaba en Porto el sábado, una fecha que le convenía más en una ciudad que está más cerca. Pero la frontera, mental más que física o realmente cultural, para muchos está ahí.
Para la prensa musical española esa frontera también está muy presente, rara vez se habla de bandas portuguesas en ella. Dulce Pontes tuvo un cierto éxito mainstream en España a principios de los dosmiles, The Gift en el mundillo indie son importantes y en el metalero Moonspell son la banda portuguesa más conocida, aunque algunos recordarán también a Tarántula por un acuerdo de distribución que habían firmado con Locomotive Music y que les llevó a un par de festivales en España. Y finalmente nos queda la escena del metal extremo, donde sí que ha habido tradicionalmente más contacto y más flujo de bandas, al menos para la conexión concreta entre Galicia y Portugal, no siendo extraño poder escuchar a gente como Sacred Sin, Holocausto Caníbal, Dead Meat o Alcoholocaust, y siendo el SWR Barroselas un festival de referencia para todo fan de los géneros más brutales del noroeste peninsular. Como poco a poco también está convirtiéndose en referente el Sonic Blast para todo amante del stoner y la psicodelia, y como lo han sido también durante años el NÓS Alive o Paredes de Coura para el público más pop.
En general parece que todo acaba en lo arriba citado. Bueno, a menos que seáis lectores de este blog donde la presencia de grupos portugueses es más habitual. Ya sea por mi tendencia política a un federalismo iberista, porque estudio portugués o por mi interés constante en ver nuevas bandas en directo, el caso es que me encanta saltar esa frontera. Y aprovechando estos días libres de los que dispongo he decidido preparar un pequeño artículo centrado en bandas portuguesas que, a pesar de ser muy interesantes, parecen pasar desapercibidas para la prensa musical del reino felipista. Un poco en la onda de los artículos que anteriormente había hecho sobre bandas gallegas. He intentado picar un poco entre varios géneros, aunque los lectores veteranos sabéis que dentro de mi eclecticismo hay una cierta línea coherente.
The Black Wizards: Una banda de la que ya hemos hablado varias veces en este blog y estamos viendo crecer. Con los 70 siempre entre ceja y ceja han ido pasando del protometal de su primer disco, Lake of Fire, a un sonido más psicodélico y setentero en …What the Fuzz?, girando por Europa para presentar ambos discos. Es un grupo para el que sólo tengo buenas palabras: su rock duro de tintes retro da la talla tanto en directo como en estudio, apoyándose en la destreza del cuarteto como instrumentistas y en la madurez de sus composiciones. Un caudal creativo donde el magisterio de Cream, Ten Years After, Jefferson Airplane, Black Sabbath o Grand Funk Railroad nos hacen pensar que los setenta están más vivos que nunca.
Billy Lobster: A lagosta do blues, el alter ego del músico portugués de ascendencia moldava Pavel Racu, se marca un “Juan Palomo” con su banda. Él se lo guisa, él se lo come. Guitarra en mano, micro en boca y batería a sus pies, no necesita más banda, él se encarga de todo para regalarnos un blues eléctrico y cargado de distorsión. Un blues honesto, sincero, auténtico, crudo, muy desnudo, directo. Su disco Boogie on the Fly, del que ya hablamos por aquí, es la mejor muestra de lo que te estoy contando. Esta sí que es honestidad brutal, y no la del Calamaro.
Lâmina: Lâmina no son sutiles, no son frágiles. Su stoner-doom es pesado y sólido, directo, el equivalente sonoro a darte de morros contra un bloque de hormigón. Sus canciones se construyen sobre riffs primitivos y monolíticos y ritmos de batería intensos y obsesivos. En su último trabajo, Lilith (que ya reseñamos por aquí) se nos muestran como dignos continuadores de la esencia que parieron en los 90 bandas como Monster Magnet, Melvins y, en general, todos aquellos que intentan alargar el legado musical comenzado en los 70 por Black Sabbath o Pentagram. Metal pesado de verdad, con raíces y mala leche, directo al grano para deleite del oído y perjuicio de las cervicales de sus creyentes.
Midnight Priest: Si algo ha quedado claro pasados casi 40 años del comienzo de la NWOBHM es que el heavy metal clásico, por muchos altibajos por los que pase, acaba perviviendo. El hard rock de pelos cardados, la depresión grunge, el un-metal korneado, el power metal bombástico de orquestas pregrabadas… se los lleva el viento mientras siguen apareciendo bandas clasicotas en el underground metalero. En caso de que el norcoreano y el cowboy irascible de la Casa Blanca se líen a petardazos nucleares sólo sobrevivirán al holocausto las cucarachas, los tardígrados y un centenar de bandas con elásticos de rayas y chalecos de parches. Midnight Priest son de esa raza de bandas, comenzaron siendo más speedicos y cantando en portugués, como una suerte de Running Wild de la costa atlántica. Hoy por hoy se han tornado más maidenianos y cantan en inglés desde su segundo larga duración, Midnight Steel. Aunque pienso que la banda ganaba mucha frescura cuando cantaban el portugués siguen siendo una muy buena banda de heavy metal a la que seguir la pista, con la que cabecear un rato como maníacos.
Quinta do Bill: Una banda veterana y de las más exitosas en Portugal. Fundada hace 30 años, publicaron su primer disco hace 25 y desde aquella han sumado varios discos de oro a su trayectoria, siendo un grupo que allí suele gozar de mucha presencia mediática, con sus singles en rotación constante por las radios. Su estilo folk rock con tintes pop de profunda influencia estadounidense, muy en la onda de Garth Brooks, te podría llevar a pensar que vienen del propio Nashville si no fuera porque cantan en portugués. Uno de sus temas más exitosos, Filhos da Nação, se convertiría en 2003 en el himno extraoficial del Porto de Mourinho, con la letra convertida en Filhos do Dragão. En 2013, también en Porto, darían un concierto para más de 100.000 personas en la Avenida dos Aliados y, en 2016, repetirían otro concierto masivo en dicha plaza para las fiestas del 25 de abril. Este 2017, durante su trigésimo aniversario, en Galicia han sido condecorados con el premio aRi[t]mar a la mejor canción en portugués.
Vircator: Entre el post-metal y el progresivo se mueven los Vircator, una banda de cuyo primer disco ya os hablamos por aquí y cuyo segundo trabajo, Sar-i-Sang fue publicado el pasado mes de septiembre. Su música atmosférica y compleja hace viajar al oyente por paisajes marcianos envuelto en ondas de amor cósmico, intercalando pasajes etéreos y psicodélicos con intensos crescendos de energía metalera. Un género que algunos etiquetarían de metal intelectual o de banda para mesarse las barbas mientras se degusta un café, pero también una propuesta musical con profundidad y criterio, densa pero no por ello aburrida.
Vítor Bacalhau: Liderando a un power trío cargado de buen blues rock eléctrico, el sureño (del sur de Portugal, no de los USA, que os veo venir) Vítor Bacalhau no pretende disimular la influencia del último Gary Moore, del Albert King más eléctrico, del siempre presente Jimi Hendrix y, de forma más que evidente, de Joe Bonamassa. Hace nada que ha publicado su último disco, Cosmic Atraction, una excelente pieza de blues rock más que disfrutable, con aroma a gasolina quemada y sabor a bourbon de Kentucky. No se pierde en pajas mentales, va al grano, no vuelve a inventar la rueda porque no hay que inventarla, esta ya gira tal y como está, como giran los grandes discos de los grandes guitarristas que le influencian. Un buen disco y un buen guitarrista.
En el pasado hemos hecho algún artículo sobre táctica en baloncesto. Hoy retomo el tema ya que la web italiana Basketball Inside ha publicado en este artículo el libro de jugadas que usó con la selección el serbio Igor Kokoškov.
Kokoškov es un entrenador muy veterano a pesar de contar con 46 años, ya que a los 24 se convirtió en el entrenador más joven de la liga yugoslava entrenando al OKK de Belgrado, aunque a los 21 ya entrenaba a las categorías inferiores del equipo. A los 28 se convirtió en el primer europeo en ser entrenador asistente en la división I de la NCAA, a los 29 en el primer entrenador asistente europeo de la NBA y a los 33 en el primer entrenador asistente en ganar un anillo de campeón, con los Detroit Pistons de Larry Brown. Si bien casi toda su carrera se ha desarrollado en los USA como asistente (actualmente ejerce en los Utah Jazz) también tenía experiencia FIBA habiendo sido asistente en la selección de Serbia y entrenador principal de Georgia durante siete años, clasificándolos para tres Eurobaskets.
Desde Montijo, en la portuguesa península de Setúbal, nos llega el disco de esta semana para el Bandcamp de la Quincena:
Nacidos en 2007 estos Earth Drive fueron publicando varias demos, publicando hasta 2015 tres EP’s: Ink Storm, Known by the Ancientsy Planet Mantra, girando constantemente por locales portugueses y tocando en festivales como Reverence Valada, Vagos Open Air o Under The Doom. Muy dados a los viajes astrales y las descargas de amor cósmico, este verano nos hicieron entrega de este Stellar Drone, primer larga duración que nos llega a través del sello Raging Planet.
Nos encontramos con una formación en cuarteto, con Sara Antunes encargada de las labores de vocalista principal, Hermano Marques a la guitarra y voces y una base rítmica formada por dos Luises: Luis Silva al bajo y Luis Eustáquio en la batería.
En cuanto a sonido podríamos ser vagos y dejar la descripción del trabajo de Earth Drive en un genérico stoner/psych, pero no haríamos justicia ni honor a la verdad. Hay un gran batiburrillo de influencias en esta banda: la voz de Sara Antunes a mi me tiene muchas reminiscencias al rock alternativo de mediados de los 90, aunque también al sonido de los estadounidenses Windhand. El trabajo guitarrero es lo más stoneriano de la banda, haciéndome pensar en los Masters of Reality muy de primeras, pero oscilando entre la psicodelia de My Sleeping Karma y los cañonazos de intenso rock desértico de Hermano, casi como unos modernos Hawkwind. Pero luego la base rítmica tiene algunas estructuras sincopadas y progresivas que casi me van recordando a Tool. Como ya decía, una curiosa mezcla de influencias que les confiere un sonido intenso, catártico a ratos y visceral en otras ocasiones.
Centrándonos ya en el contenido de este Stellar Drone, el disco se abre con una intro de tintes space rock para dar paso a media docena de temas largos, oscilando entre los poco más de 5 minutos del más corto y final Magical Train hasta los casi 11 de la pieza que da título al disco, Stellar Drone. La longitud de las canciones les permite dividirlas en distintos pasajes y oscilar entre varios sonidos en cada canción, creando atmósferas tranquilas y psicodélica para, de golpe, sacudirnos con ondas de guitarrazos salvajes y desatados. Una muestra puede ser el tema We Are Drowning in digits, donde empiezan con un sonido cristalino que nos lleva a un estado letárgico del que nos despiertan con una ración de riffs maníacos e intensos de pura escuela Melvins.
Una interesante colección de temas y un apasionante viaje musical el que nos ofrecen Earth Drive en este Stellar Drone. Un trabajo notable y una banda a tener en cuenta para futuras visitas a festivales al otro lado del Miño.
Mis amigos saben que me encanta el baloncesto, Linux y las cosas altamente freaks. Y esta mañana, cuando me levanté, me encontré con que uno me había compartido en el muro de Facebook esta entradade OMGUbuntu: Ver partidos de la NBA desde el terminal con NBA-Go.
¿Cómo va esto?
Bueno, lo primero es tener npm instalado instalado en vuestro equipo. Está en los repositorios de Ubuntu:
Y una vez tengamos npm instalado vamos a instalar NBA-Go:
sudo npm install -g nba-go
El programa principalmente ofrece dos comandos: game y player (abreviados g y p). Dentro de la opción game hay dos opciones posibles: ver qué partidos hay disponibles y ver uno en concreto.
A la hora de ver los posibles tenemos las opciones date, yesterday, today y tomorrow. La primera para una fecha concreta, la segunda para los partidos de ayer, la tercera para los de hoy y la cuarta para los de mañana. Vemos ejemplos:
//fecha formato año/mes/día
$ nba-go game -d 2017/11/02
$ nba-go game --date 2017/11/02
//ayer
$ nba-go game -y
$ nba-go game --yesterday
//hoy
$ nba-go game -t
$ nba-go game --today
//mañana
$ nba-go game -T
$ nba-go game --tomorrow
Una vez listado podéis navegar con el partido, ver la información previa al juego o seguir el desarrollo del mismo con las estadísticas en directo. También podéis ver el boxscore del partido ya finalizado con toda la estadística.
Aquí os dejo un gif de la página oficial que ilustra esto:
Con el comando player tenemos tres opciones: información general, estadísticas de la temporada regular o de los playoff. Voy a usar el mismo ejemplo que en la página oficial para que cuadre con el gif que voy a usar de la misma.
//info de Curry
$ nba-go player Curry -i
$ nba-go player Curry --info
//temporada regular
$ nba-go player Curry -r
$ nba-go player Curry --regular
//eliminatorias
$ nba-go player Curry -p
$ nba-go player Curry --playoffs
//todo junto
$ nba-go player Curry -i -r -p
Una duda que me asaltó hoy ¿Es más eficiente usar Select * o usar Select 1 en una subconsulta de una cláusula EXISTS?
En principio podríamos pensar que Select 1, al no tener que devolver una lista de columnas,sería mucho más eficiente. Pero si analizamos el plan de ejecución de la consulta vemos que no, que el rendimiento es similar. ¿Por qué?
La propia Microsoft lo explica en esta entrada de sus manuales: SQL-Server no produce ningún dato cuando una consulta está dentro de EXISTS, simplemente evalúa el WHERE de dicha consulta para comprobar si devolvería algo y, según esto se cumpla, devuelve TRUE o FALSE. Por tanto, usar Select * en este caso no empeoraría el rendimiento de la consulta.
Una actividad que tengo que hacer habitualmente en mi trabajo es configurar los márgenes de impresión de Internet Explorer en los equipos de los clientes. Una tarea tediosa y repetitiva que obliga a ir configurando los equipos uno a no ¿Puede agilizarse? Sí, con una entrada en el registro del sistema. ¿Cómo? Pues lo primero es abrir el block de notas y pegar este código:
Windows Registry Editor Version 5.00
[HKEY_CURRENT_USER\Software\Microsoft\Internet Explorer\PageSetup]
"header"=""
"footer"=""
"margin_bottom"="0.2"
"margin_left"="0.2"
"margin_right"="0.2"
"margin_top"="0.2"
En este caso estamos ajustando el margen a 0.2 cm, en vuestro caso poned el valor que corresponda a vuestra necesidad.
Simplemente guardáis ese código en un fichero con la extensión .reg y, cuando lo tengáis, lo ejecutáis con permisos de administrador. Y listo, ya quedó configurado.