El bandcamp de la quincena (07-02-2016): Black Smoke Dragon – Earth Have Jaiah

La semana pasada arrancamos la sección El Bandcamp de la quincena hablando del último trabajo de los Mutant. En esta ocasión vamos a seguir por tierras gallegas. Ponte este tema que viene a continuación y mientras vamos con una lección de geografía e historia.

En los últimos años muchos se han lanzado a crear paralelismos entre Ferrol y Detroit. Urbes que antaño tuvieron una rica vida industrial, un fuerte sector productivo, pero a las que el tiempo y los cambios de mercado y modelo económico han dejado arrasadas económicamente. Pero yo creo que esta similitud la podemos extrapolar a otra ciudad de otro tiempo, a la ciudad que vio nacer al heavy metal: Birmingham. Una ciudad que entre los 60 y los 80 pasó tiempos muy duros, pero que nos legó varias bandas fundamentales: Judas Priest, Napalm Death, a Robert Plant y, sobre todo, a Black Sabbath.

El magisterio de Black Sabbath es evidente sobre todo lo que pretenda sonar oscuro y pesado en este mundo. No fueron la primera banda pesada, densa y oscura, pero sí fueron la primera que triunfó siéndolo, marcando el inicio del heavy metal, del stoner y del doom. Y de stoner y doom estos compatriotas míos entienden bastante, como habrás podido comprobar si me hiciste caso en el primer párrafo y le diste al play en el primer tema.

bsm

Los puertos de mar siempre han sido más permeables frente a la llegada de elementos exteriores. Date una vuelta por el área de Ferrol y entra en una pastelería: verás queiques y sachas, y no corras que te dirán que vas todo filispín, puede que hasta alguien te tilde de conacho si te das muchos aires. Como puedes ver, casi tienen un idioma propio allá arriba, ya que recogen y reformulan expresiones llegadas de muchos sitios. Con la música ha pasado lo mismo. Si bien siempre se dice que la llegada del heavy metal a Galicia fue a través del Morrazo, los más viejos del lugar te dirán que en Ferrol allá por finales de los 80 ya los Tábano intentaban hacer rock duro. Cuando en Madrid los hermanos De Castro todavía tocaban en Coz, casi nada.

En Ferrol hay mucha gente tocando, bastante buen nivel de instrumentistas y hace unos años había bastantes bolos por la zona. Antes de llegar a montar Black Smoke Dragon sus fundadores se curtieron en bandas sobradamente conocidas en la escena local como MySelf o Id3m, tocando otros palos más metaleros/brutotes.

Ahora en cambio han cambiado el metal-zone por el fuzz y han decidido mirar hacia delante pero con un ojo mirando hacia muy atrás, hacia Black Sabbath, Saint Vitus, Corrosion of Conformity o Electric Wizard. Esta bizquera musical nos ha traído un resultado óptimo.

El disco es prácticamente instrumental, aunque en algún tema hayan introducido una pista de voz pregrabada en alguna parte, como ya has podido escuchar. Podrías pensar que un disco de stoner/doom/sludge podría ser plano y aburrido. Para nada, muestran gran variedad de influencias y matices en su música, échale un ojo a la intro surf de Samuel over a Sea of Green, que luego da paso a un riff muy sabrosón/vacilón.

De hecho a pesar de la falta de letras el humor, un humor muy ferrolano, está bastante presente en títulos como Abroalacabra, Where Putas Live, Fucking new year o la, a pesar de su título, tétrica Fenechild, donde los teclados hacen una estelar aparición dotando al tema de una teatralidad digna de Vicent Price.

A nivel producción yo tal vez hubiera preferido un bajo con más peso y presencia, pero la mezcla final, para mi tal vez un pelín demasiado brillante, le confiere al trabajo un extra de pegada. Y si optas por la edición física lo han editado en digipack con una preciosa portada en blanco y negro que puedes ver en la foto de arriba (y que cualquiera desearía tener impresa en una camiseta).

Resumiendo, un viaje al núcleo duro de Fene y recorrido lisérgico por la idiosincrasia ferrolana. Si después de escuchar este disco no tienes ganas de verles en directo, comprarte el álbum de cromos de Tus Muertos Favoritos y comer una ración de tripas de cerdo entonces es que no tienes corazón y no has tenido infancia. Uno de los discos más a tener en cuenta de la escena stoner ibérica del pasado 2015. Si te gusta menear la cabeza con riffs pesados como lo era la extinta industria de sus orígenes, si amas los discos de guitarreo con pegada y distorsión por toneladas, si el concepto stoner te pone los ojos rojos, entonces este disco es para ti, no pierdas un segundo y póntelo.

Para la próxima entrega ya dejamos por una temporada Galicia, pero dudo entre si la cosa irá por Portugal, Australia  o Bélgica… os tocará esperar.

Proto-metal y orígenes del heavy metal y/o el stoner.

Vamos con otra lista de reproducción, esta con cierta vista histórica: viajamos a finales de los 60 y principios de los 70 para buscar las raíces del heavy metal y el stoner en el rock más pesado y contundente de la época.

La conjunción de blues, rock pesado y psicodelia daría lugar a múltiples estilos, desde clasicos del rock como Cream o Jimi Hendrix a Black Sabbath, paradigma de este concepto, a la conjunción con la velocidad punk de Motorhead que influenciaría al primer thrash metal, a unos Pentagram considerados padres del stoner, a unos Judas Priest esenciales para la generación del heavy metal tal y como lo conocemos… una lista de 40 temas cargados de distorsión y fuerza para recorrer estos inicios.

Sonic Blast Moledo 2015: La crónica express

Voy a intentar un ejercicio condensado para contaros cómo fue el Sonic Blast de Moledo de este año sin romperme ni romperos mucho la cabeza con largas crónicas. Así que me marco un análisis por partes:

horarios mapa sonic blast moledo 2015

  • Organización y ubicación:
    • La zona de acampada es grande y se pueden encontrar sitios a la sombra. En 10-15 minutos se llegaba caminando, dependiendo del aplomo.
    • Los precios bien, al menos desde el punto de vista de alguien que visita festivales españoles. Cañas a 1.50 en el recinto, te puedes cascar una feijoada en la puerta por 5 pavos. Comer y beber en el pueblo, más barato todavía (3.60 € por tres tercios de Superbock en terraza de primera línea de playa, 7 euros por una bandeja de pollo, ensalada, patatas y arroz que daba para dos personas).
    • El pueblo es bonito, una zona clásica de surf de Portugal. Una lástima el tiempo gris que coincidió este año, con un finde soleado habría sido increíble.
    • Sonido muy bien: le daría un 8/10, incluso en el escenario pequeño se podía escuchar todo con nitidez. El volumen tal vez un poco bajo, pero mejor eso que el que sea molesto o se convierta en una bola ininteligible. Horarios con puntualidad británica, aunque hubo algún cambio excesivamente largo (casi 50 minutos entre The Vintage Caravan y Pentagram, 40 minutos entre Greenleaf y My Sleeping Karma).
    • A mejorar: lo único diría que si hubiesen puesto el doble de duchas en la acampada y algunos retretes más (y los hubiesen limpiado con mayor asiduidad) habría quedado perfecta la zona. Otro fallo fue el no tener al final after party con música hasta el amanecer, porque llegaba la gente con ganas de fiesta al camping y para la gente que quería dormir era una putada. Mi propia experiencia en ese sentido fue que el viernes me metí en la tienda con idea de dormir temprano y ante la imposibilidad de hacerlo acabé quedándome hasta casi las seis tocando canciones de Motorhead con un ukelele junto a los de la tienda de al lado.
  • Bandas del viernes:
    • Pool Stage: El concepto de piscina junto al escenario es cojonudo, una pena que el astro rey no acompañara más para disfrutarlo al 100%. Diría que menos Nervous, que no me agradaron en absoluto con su hardcore californiano, el resto de las bandas cumplieron muy bien su papel. A los The Black Wizards, con un toque muy setentero, y a los The Attack of the Brain Eaters, con un rock guitarrero noventero con buena pegada, les dejo la etiqueta de «bandas a seguir en el futuro», ya que son grupos jóvenes y que me dejaron buenas sensaciones. Tampoco me desagradaron los Mantra, a pesar de tener un toquecillo muy grunge/alternativo en su sonido stoneriano. De Cuchillo de Fuego no me esperaba gran cosa porque lo que había oído no me había gustado pero su directo cambió totalmente mi percepción: locura y delirio, un directo con mucha fuerza y momentos surrealistas que me sorprendió muy gratamente.
    • Main Stage: Como dije antes, Nervous no me convencían y bajamos al pueblo a tomar unas cervezas. Nos perdimos a High Fighter y llegamos para Belzebong. Los polacos, con su stoner/doom instrumental, pesado y primitivo, mezclado con el humo, las imágenes malrolleras proyectadas detrás y la intensa iluminación verde sobre el escenario lograron un efecto hipnótico muy profundo con su directo. Para mi, los «subcampeones» del día. Vi un rato de Plus Ultra, aunque su propuesta extremadametne experimental no era muy de mi agrado y salí a cenar. Volví justo para ver como el cantante se ponía a destrozar el equipo en una vorágine destructiva. No son de mi gusto, pero desde luego el directo es intenso. Tras estos llegaron los que, para mi, fueron los campeones del primer día: Greenleaf. Los suecos, con una combinación de stoner con hard rock clásico, bromearon con que no eran ZZ Top por tener todos barba y luego nos regalaron una buena ración de riffs digna de Texas. Me quedé enamorado de su sonido y lamenté que no hubieran durado un ratito más. Quedaban My Sleeping Karma, pero 40 minutos de cambio sumados a una noche de camping y un día con mucho caminar y mucha cerveza hicieron mella en mi y me bajé al camping (el resto de la historia, ya la habéis leído arriba).
  • Bandas del sábado:
    • Pool Stage: El tiempo todavía acompañó menos el sábado en el pool stage. Por motivos diversos (gastronómicos) llegué cuando llevaban sólo un par de temas tocados mis vecinos los Puma Pumku, aunque por suerte ya había visto a los Galactic Superlords y a Astrodome el jueves en la warm up party, y he de decir que los primeros me gustaron mucho, otra banda con ticket de «a seguir» que juega con un sonido de rock pesado setentero pero con unas guitarras dobladas muy heavys, muy NWOBHM. Las dos bandas que cerraron este escenario estuvieron excelentes: Lámina descargaron una buena ración de stoner metal de riffs cañeros y ritmos obsesivos, pero la lluvia comenzó a caer más fuerte desplazando a la gente hacia la parte cubierta a la derecha del escenario. La lluvia continuó mientras los ucranianos Somali Yatch Club levantaban un poco el pie de nuestros aceleradores con su stoner rock más psicodélico. Como ya he dicho, estos dos últimos grupos también bandas «a seguir»
    • Main Stage:: Entré con la intención de pillar una camiseta (y pipear si andaba con los Pentagram el inefable Sean Pelletier) y de bajar al camping a por ropa de abrigo, pero Libido Fuzz me convencieron con su apuesta por la psicodelia con dejes clasicotes. Bajé a toda prisa pero a pesar de eso me perdí el comienzo de los Wight, otra banda que apostaba por la psicodelia old school pero jugando con alguna influencia del rock de los 90, muy buenos. Y llegamos a los platos fuertes: los ascendentes islandeses The Vintage Caravan (aunque no hagan tantos solos de ballena como deberían), si no se agotan ni echan a perder, son una banda que puede llegar muy lejos pues todavía son muy jóvenes (a pesar de que ya cuenten con tres discos, si contamos el autoproducido de 2009). Lo de Pentagram fue harina de otro costal. Impresionante el concierto de los discípulos de Bobby Liebling, tremendos. Superaron todas mis espectativas y se cascaron un set list con sus clásicos junto a algunas piezas de su último trabajo. Tras los años de frustración que vimos en Last Days Here al fin las cosas le sonríen musicalmente a Liebling y nos ofrece conciertos dignos de ese talento que las drogas sepultaron por tantos años. Acabaron Mother Engine, pero tras dos temas me recogí. Ojo, que el grupo no está mal, pero cerrar con una banda de psicodelia instrumental a mi no me acaba de levantar, si hubieran tocado a media tarde me los habría visto enteros porque estaban sonando bien, pero era el típico momento que el cuerpo te pideo o caña o cama.
The Vintage Caravan Moledo
Foto del concierto de The Vintage Caravan a cargo de mi colega Gaius Baltar

¿Una conclusión? Pues que si para el año el cartel trae algo de mi gusto (cof cof cof The Sword, Witchcraft o Graveyard sería un puntazo, cof cof cof y Sandford Music Factory cof cof cof) no dudaré en repetir. Un festival que de momento se ha posicionado muy bien entre mis preferencias.

The Sword – Age or Winters

Ahora que el cuarto disco de The Sword está calentito y listo para ver la luz tal vez sea un buen momento para añadirles a esta lista de enormes discazos con el que fue su disco debut allá por 2006, y que yo descubrí hará cosa de un año por recomendación del guitarrista de Tungsteno (banda que, por otra parte, debéis intentar escuchar si no lo habéis hecho ya).

 

Age of Winters puede sonar a título de novela de George R.R. Martin (al cual seguro que han leído y ha influenciado algunas de sus letras, por otra parte) pero se trata de uno de los mejores discos de heavy metal de la pasada década. En todo caso el debut de estos tejanos, que saben ser a la vez frescos y retro, tiene mucho de fantasía épica y ciencia ficción en sus letras. Eso sí, nada que ver con Blind Guardian, Rhapsody o mierdas así, la cosa va más por el lado de Blue Öyster Cult o Hawkwind, que son bandas que ejercen un claro magisterio sobre esta banda estadounidense.

The Sword - Age of Winters

 

Ya desde la intro Celestial Crow queda claro lo que estos chavales nos van a ofrecer: un doom/stoner muy setentero cargado de toneladas de distorsión y ritmos pesados, rock y blues que se dan la mano con un primitivo metal para completar una serie de canciones que recorrerán las influencias literarias de Moorcock, Anderton, Lovecraft, Lem, Clarke o K. Dick. Ya la primera ondanada tras la intro, Barael’s Blade, nos deja patentes las influencias de esta banda, y es que esos arreglos de guitarra suenan como si hubieran sido sacados del mismísimo Vol 4 de Black Sabbath. Freya, tema conocido por haber salido en varios videojuegos de la época, ahonda todavía más en la influencia sabbathica, con un repetitivo riff que concienzudamente machaca tus oídos y te hace machacar tus cervicales. Winter’s Wolves por otra parte mezcla los riffs más pesados con algunas partes más veloces y metaleras, muy en el rollo de los primeros Trouble o The Obsessed. Con The Horned Goddess siguen los ritmos pesados con aroma a humo de mariguana, como si fueran unos Down sin esa pesada, predecible y prescindible vena hardcore que les sale a veces a los de Anselmo. Una guitarra limpia da entrada a uno de los puntos álgidos del disco, Iron Swan, que tras ese ambiente se lanza con el riff más afilado y el ritmo más vertiginoso del disco para intercalarlo con intervalos más lentos, como un bastardo maridaje de los Judas Priest de los 70 con los ambientes de los Pentagram, una lección de cómo sonar contemporáneo sin tener que ir pegándose puñetazos en el pecho con bambas, pantalones por debajo del culo y berreando como si se hubiera pillado un testículo con la puerta del microondas. Con 8 minutazos Lament for the Aurochs es el tema más largo del disco, donde se permiten jugar con constantes cambios enlazando distintas partes. La instrumental March of the Lor fue otro de los hits del disco, rendición clara a Sabbath/Pentagram, al magisterio de Iommi e incluso al trabajo de John Christ en los primeros trabajos de Danzig. El disco termina con otro tema de riffs desencajacuellos como Ebethron, otra rendición al metal más pesado para cerrar esta joya, discazo que empieza impresionante y no decae en ningún momento.

 The Sword Cuatro chavales de Austin a la conquista del mundo

Tras este disco llegaron otros dos: Gods of the Earth en 2008 y The Warp Riders en 2010. Ambos totalmente recomendables y que muestran una evolución hacia derroteros más rockeros y melódicos, manteniendo la temática fantástica-mitológica-scifi. Unos lo llaman metal alternativo, otros doom, otros stoner, otros heavy… fuera de etiquetas hay que hablar de un grupazo al que seguir en los próximos años.

Last Days Here. Documental rockero de obligado visionado.

Last Days Here es a Lemmy: The Movie lo que The Story of Anvil fue a Some Kind of Monster.

Porque si el documental sobre Metallica nos mostró los demonios y disputas de la banda con más éxito (y dinero) del heavy metal la de Anvil, en contraposición, nos mostraba la infructuosa lucha por triunfar de unos tipos que tienen que, a pesar de los años, ganarse la vida como pueden para dedicar luego el tiempo que les sobra a seguir adelante con su banda. La culminación del sueño del rock and roll contra la realidad más habitual, aunque narrada de una forma amable y esperanzadora.

Por otra parte, el documental de Lemmy nos mostró la vida, obra y milagros de Mr. Kilminster, el retrato con luces y sombras de la leyenda viviente, del hombre que representa la esencia del rock and roll mejor que Jagger, Richards y McCartney juntos, del rockero que a pesar del éxito y el reconocimiento nunca ha querido pasar a la jet set, se ha mantenido fiel siempre a sus raíces en el lado sucio del rock. Last Days Here, en cambio, nos muestra la situación de Bobby Liebling, vocalista de Pentagram, comenzando en 2007.

Ver la cara de Liebling en la primera escena del documental es como mirar a los ojos del abismo devolviéndote la mirada. Ido, desquiciado, perdido, agonizando en el sótano de su casa paterna, el cincuentón Bobby lamenta sus fracasos entre basura, jeringuillas y pipas de crack. Hijo de un rico ex consejero de defensa tenía el talento y el carisma necesarios para ser grande en el rock, a la vez que poseía todos los vicios y la actitud para mandarlo todo al carajo. Y es que el via crucis que pasa Liebling en este documental es completo: coqueteos con el suicidio, estancias en el hospital con la piel destrozada por los excesos con las drogas, la dureza del mono intentando dejarlo y las tristes recaídas, la ruptura con su pareja, su obsesión con ella que acabará llevándole a la cárcel tras una denuncia por acoso… demasiado oscuro hasta para ser el lado oscuro del rock and roll. La escena con Liebling buscando una piedra de crack entre los cojines de su sofá, encontrando hasta excrementos de rata por medio es totalmente significativa.

Pero en medio hay un rayo de esperanza: su manager y amigo Sean Pelletier intenta hacerle seguir adelante, Phil Anselmo y Jimmy Bower se deciden a financiar un nuevo disco de Pentagram, la oportunidad de volver a la carretera a girar por EEUU y ¿finalmente volverá el amor a la vida de Bobby?.

Last Days Here, un retrato de la cara oscura del rock, del fracaso más absoluto y del cómo intentar volver a sacar la cabeza, siempre con la inolvidable música de Pentragram de fondo, una banda que debería ser venerada no sólo por los amantes del doom, stoner o sludge, sino por casi cualquier amante del heavy metal y el rock and roll más auténtico.

 

Grand Magus – Wolf’s Return

Puede sonar arriesgado decir que Grand Magus es la mejor banda de heavy metal de la última década (2002-2012), pero si a los discos me remito es complicado competir con ellos. En 10 años han sacado media docena de discos, desde el inicial Grand Magus de 2002 hasta su último The Hunt de 2012, y mostrando una evolución desde un doom épico a lo Candlemass trufado con algún deje más stoner inspirado por Spiritual Beggars (donde su vocalista JB había militado varios años, y todavía lo hacía en aquel tiempo) hasta su sonido actual, con un deje más NWOBHM, con riffs que podrían haber salido de las mentes de unos Saxon o Judas Priest, pero a su vez con una producción más contemporánea.

Realmente me costó bastante elegir un disco para comentar aquí, dado que la mayoría son grandes trabajos muy disfrutables. Pero puestos a elegir me quedaré con Wolf’s Return, el que fue su tercer disco allá por 2005. Porque suele decirse que el tercero es el disco que confirma a una banda como tal, y en este caso todo lo apuntado en los dos primeros se confirmó. El disco se abre con el riff poderoso y más stoner de Kinslayer mientras la línea vocal nos reporta a un heavy metal más épico acompañada de un doble bombo poderoso. Da paso al riff a lo Candlemass de Nine donde casi te esperas escuchar a Messiah Marcolin, hasta que la voz de JB, más grave y profunda, desgrana lastimosamente la letra y nos transporta a un impresionante solo muy rockero. A estas alturas ya te han atrapado en su red, donde el stoner, el doom y el heavy metal se dan la mano. Blodörn es el primero de tres cortos temas instrumentales que sirven de medio intro/puente entre temas (¿claro guiño al Nightfall de los Candlemass?) y que da paso a Wolf’s Return (part I), una pieza más melódica que las tres anteriores y que juega a mezclar riffs oscuros con estrofas épicas. Blood Oath arranca con un riff 100% heavy metal clásico, casi podría parecer un tema de los Black Sabbath de Dio o hasta recordar a alguna cosa de los Judas Priest setenteros. Järnbornd, con toques de folk vikingo, es otra de las cortas instrumentales/interludio, que llega seguida por Replay in Kind, cuyo vertiginoso e hipnótico riff nos devuelve a la onda Candlemass jugando con melodías muy tensas y un doble bombo omnipresente. Hämnd es la tercera instrumental, comenzando con un bajo cargado de distorsión para dar entrada al resto de instrumentos dando paso a un pesadísimo riff que crea el ambiente para dar entrada a Ashes, con un riff 100% Black Sabbath clásicos que va derivando hacia fragmentos más épicos. Light Hater, penúltima pieza, nos presenta un tema oscuro, stoneriano y con dejes más atmosféricos que se torna poderoso en el estribillo pero que se hace un pelín lineal. Como cierre un outro pomposo pero pesado como Wolf’s Return Part II.

Un disco redondo dentro de una de las discografías más sólidas del siglo XXI. Discazo y grupazo, con la habilidad que pocos tienen de sonar clásicos sin dejar de ser frescos y contemporáneos.

Candlemass – Nightfall

Vamos a popular un poco la sección de «Joyas musicales», que de momento sólo cuenta con los Ghost. Y toca seguir con oscuridad, con una de las joyas del doom metal editada en los 80.

¿Doom metal cristiano? Suena raro como concepto, pero la temática letrística de este album apunta hacia ahí. Eso sí, esto tampoco es Stryper, Candlemass no están evangelizando a nadie, y mezclan esos conceptos cristianos con misticismo, magia negra y agonía, en un doom metal de proporciones épicas.

Y épico es ya el comienzo del disco. Tras la intro Gothic Stone la poderosa The Well of Souls se mete en tu cabeza, con Messiah Marcolin tremendamente dramático y poderoso, agonía épica para un tema pesado a la par que majestuoso. Luego la instrumental Codex Gigas nos lleva a la melódica a la par que oscura y agónica At the Gallows End y, tras esta, la joya de este discazo que es esa tremena pieza llamada Samarithan, un tema sobre amar al prójimo y recibir recompensas místicas rodeado de acordes hijos de Black Sabbath. Una versión de la marcha fúnebre da paso a otro de los clásicos de la banda, Dark are the Veils of Death, con un ritmo mucho más dinámico y menos pesado que las predecesoras. Mourners Lament nos devuelve a los tempos y cadencias sabbathicas, un tema con mucha tensión armónica en sus guitarras que será seguido por el riff hipnótico de Bewitched, para acabar claurusando el disco la instrumental y atmosférica Black Candles.

Algunos critican que de los 10 temas del disco cuatro sean cortas composiciones instrumentales a modo de intro/outro/interludio, pero para nada es un trabajo que se haga corto, dada la duración bastante larga de casi todos los temas no instrumentales (ninguno baja de cinco minutos y medio). Se puede decir que Candlemass combinan en esta época las dos vertientes de los años dorados de Black Sabbath: la agónica oscuridad de la etapa Ozzy con la poderosa épica más melódica de la etapa Dio. Era el debut de Messiah Marcolin con la banda y se mostró no sólo como un cantante poderoso y con presencia, sino también como un carismático frontman.

Tras este disco, el segundo de los suecos tras su debut Epicus Doomicus Metallicus, Candlemass se ganaron su lugar de oro en la historia del metal más oscuro, definiendo la etiqueta Epic-Doom junto con el sonido de los primeros trabajos de My Dying Bride. Dejo un par de enlaces para que disfrute de sus temas aquí y aquí. En fin, disfruta doomizándote.

Ghost – Opus Eponymous

Reconocer la ralea de un metalero es fácil. Sólo tienes que preguntarle en cual de los países escandinavos se hace mejor música. Si te dice Noruega es que es un blackmetalero seguramente jovencillo, si te dice Finlandia es que es un frikazo así que puedes dejar de hablar con él, si te dice que Dinamarca es que King Diamond es su pastor (nada le falta). Si te dice Suecia puedes continuar la conversación.

Y de Suecia vienen estos Ghost. Nunca he sido papista, hasta que descubrí al Papa Emeritus I y sus huestes de Nameless Ghouls. Ghost es lo más satánico que me he echado a la cara desde que cayó en mis manos un disco de Diamanda Gaalas. Opus Eponymus es el disco que tiene a gente como Phil Anselmo, Rex Brown, Peeper Keenan y demás fumetas de la zona NOLA en un estado que no cagan. El disco revelación de 2010 (aunque se grabó en 2009).

Ghost - Opus Eponymous

El sonido de los Ghost es a la par clásico y fresco. Toma elementos de rock psicodélico, folk rock, doom metal, pop y death metal, mezclándolos de una forma elegante y amalgamada, no como otras bandas que mezclan vulgarmente estilos dispares sin orden ni criterio en un copia-pega evidente. En Ghost no verás partes metaleras al lado de partes psicodélicas, sino que estas se combinan perfectamente para dar un sonido que parece una mezcla de The Troggs, The Beatles o The Straws con Black Sabbath y Mercyful Fate.

El disco se abre con la intro Deus Culpa, seguida de Con Clavi Con Dio, un tema que empieza con un bajo distorsionado que da paso a este inicio de misa negra. Tras él la atmosférica Ritual y Elizabeth, seguramente el mejor tema que se ha hecho sobre la condesa Bathory. Stand By Him, Satan Prayer, Death Knell, Prime Mover… continúan esa senda de oscuridad psicodélica y elegante, demostrando que con su estilo melódico destilan más oscuridad que toda la dimmuborgiada berreando como si les hubiera pisado un testículo un coche. Y para cerrar el disco la instrumental Genesis, pura paranoia y genialidad in crescendo.

Papa Emeritus I

Y si su música es genial, su puesta en escena y su concepto como grupo no puede dejarse atrás. Está claro que no son los primeros que se enmascaran y ocultan sus identidades en directo tras unos personajes más teatrales (remitámonos a Kiss, Alice Cooper, Arthur Brown o más recientemente Slipknot, Mudvaine o Mushroomhead), si bien en su caso el concepto del enmascaramiento cambia. No buscan que su personaje asuma el protagonismo, sino que la ocultación de sus personalidades haga al público centrarse en la música y el espectáculo y no en la persona que está tras en instrumento. Todos los músicos ocultos como Nameless Ghouls, dejando que sea Emeritus I el que centre todas las miradas.

Pero todas las explicaciones que pueda dar sobre la puesta en escena y la música de esta banda no son suficientes, simplemente pincha en este enlace y disfruta de uno de sus directos.