Sonic Blast Moledo 2017: La Crónica

Otro año más, como ya sabíais por la previa de la semana pasada, me he desplazado a Moledo do Minho con otro buen montón de amantes de los riffs pesados para calzarnos una buena ración de rock pesado, bifanas y Super Bock.

Moledo do Minho

El primer día entre salir del curro, hacer kilómetros, instalarnos en la casa, hacer la cola para las pulseras… nos llevó a perdernos a los grupos de la piscina y a entrar casi al final del concierto de los israelitas The Great Machine, de los que puede ver dos temillas muy doom metaleros y su despedida con una canción de pura energía Motorheadiana. Lo poco que vi, me gustó. Cambio de equipo y saltan a escena los stoner doom estadounidenses The Well, un power-trio llegado de Austin y liderado por la bajista Lisa Alley y el guitarrista Ian Graham, ambos encargados de las labores vocales. Firmaron un concierto sobresaliente y muy blacksabbathiano.

The Well

El space-rock psicodélico, progresivo e instrumental de los suecos Yuri Gagarin nos convertía en cosmonautas y nos transportaba con su sonido a un viaje por el cosmos cuando la noche comenzaba a caer sobre Moledo.

Al final de su concierto hicimos la tradicional parada técnica para juntar al “comando bifana” e ir a degustar esta delicia del fast-food portugués. Voy a puntualizar que tradicionalmente siempre las compramos en el mismo puesto, donde siempre están excelente, y este año decidimos cambiar y probar las de otro… CRASO ERROR!!!! No sólo no estaban tan buenas sino que, además, nos tangaron con una ración de rissões en la que el plural estaba en la carta pero no en el plato: sólo había uno. Al final, con la orejas gachas, volvimos al puesto de todos los años para poder tomar nuestra true-real-bifana, deliciosa como siempre. Por cierto, este año la organización ha tomado nota de la quejas de los asistentes del año pasado: añadieron más baños y más grifos para servir bebida en el recinto, evitando las colas del año pasado.

Tras la cenita era el turno de la piscodelia setentera con toques de folk oriental de los japoneses Kikagaku Moyo, dignos sucesores de grandes bandas niponas como Flower Travelin’ Band, que nos llevaron en un agradable paseo musical hasta los años 60, sitar incluído y con mucha broma entre los colegas porque un tema sonaba extrañamente similar a Mediterráneo, de Joan Manuel Serrat. Con el cuerpo relajado tras los suecos y los japoneses llegaron otros suecos: Monolord. Este trío de Göteborg es pura economía musical, hacen más con menos: con temas simples y directos de enérgico stoner-doom de regusto sludge construídos sobre repetitivos riffs de tres acordes, lograron completar un concierto apabullante, desencajando los cuellos del respetable público y ganándose merecidas ovaciones y, para muchos, el honorífico título de campeones de esa noche.

Elder

Del primer día los estadounidenses Elder eran la banda que más interés despertaba en mi, y aunque son un grupo técnicamente impecable y completaron un buen concierto no acabé de de conectar tanto con ellos. Puede que fuera por la mayestática exhibición de los Monolord o puede que sean un poco fríos en directo, pero aunque interpretaron sus complejos y progresivos temas llenos de cambios de ritmo, tensiones armónicas y hasta arreglos barrocos con sublime perfección no acabé de conectar de todo. En cualquier caso tampoco se les puede achacar nada, pues su concierto fue más que correcto. Cerraron la primera noche los escoceses The Cosmic Dead, que escuché ya desde la lejanía antes de irme a dormir. No entendí muy bien por qué no paraban de citar a Black Bombain cada dos por tres, no se si era alguna broma entre las bandas, entre ellos, algún pique… En cualquier caso no fueron los de Glasgow una banda que me interesara en exceso, así que opté por guardar fuerzas para el día siguiente.

Sin madrugar en exceso pero tampoco sin levantarme muy tarde aprovechamos la mañana en dar un paseo cerca de la playa y desayunar en los bares que hay junto a ella. Si sois cafeteros en Portugal disfrutaréis, la mayoría de bares hacen buen café. Tras el desayuno tocó movilizarse en la cocina y preparar la tradicional churrascada doom-metal, que nos entró fetén pero que lleva su tiempo, así que me perdí a Ana Paris y a Vinnum Sabbathi aunque tenía mucho interés en ese grupo. Llegamos a la piscina con los portugueses Löbo tocando su sludge oscuro y atmosférico. Este recito, con la piscina, es muy molón y una de las señas de identidad del festi pero empieza a quedarse pequeño. Tras los portugueses llegaba el turno de los franco-estadounidenses Blaak Heat y su deliciosa locura: combinan surf, psicodelia, progresivo, escalas árabes de influencia mediterránea y hasta elementos de música balcánica y de oriente medio, una extraña fusión sobre la que construyen temas plagados de cambios de ritmo y preciosos arreglos, un bendito manguerazo de colorido musical y originalidad, incluyendo una original jam instrumental a base de percusión y laud.

Blaak Heat

Marchamos a turistear un rato en lo que pareció ser un error, ya que parece que Toxic Shock dieron un show para no olvidar, con salto a la piscina desde la torre incluído. Llegamos ya para el inicio de Sasquatch en el escenario principal, que con su stoner hard rockero de base bluesera y alma de ZZ Top dieron un bolazo que se ganó en el favor del público desde el primer acorde, una banda que sabe estar sobre las tablas y animar a las masas.

Sasquatch

The Machine, en cambio, me dejaron bastante frío. Su sonido a lo Queens of the Stone Age no acabó de conectar conmigo y me fui viniendo abajo. Tras ellos Acid King llegaban al escenario planteando un concierto con mucha jam, muchos largos pasajes instrumentales que dejaron a su frontwoman Lori S. más centrada en las labores guitarreras que en las vocales. Su estilo extremadamente denso y pesado me gusta, pero tras haberme quedado casi de bajón con The Machine no acabaron de entrarme bien. No fue un mal concierto el de Acid King, estuvieron muy bien en su línea, pero para mi estado anímico no llegaban en el mejor momento. Tras su concierto repetimos bifanas y nos sentamos un rato para afrontar el sprint final.

Acid King

Colour Haze llegaban con su alma de jam band y su psicodelia colorida y heredera del espíritu del kraut-rock de los ’60-’70. Comenzando con unos dejes muy Woodstockianos y con unos arreglos casi guiñando un ojo al primer Santana, dejando claro que apostarían por el sonido más retro de sus últimos trabajos que por la rama stoner de sus inicios. Su actuación fue descomunal y sobresaliente, con un desempeño excelente por parte de Stefan Koglek.

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Nunca había visto antes a Orange Goblin, pero había leído de todo sobre ellos: desde conciertos apabullantes hasta enormes decepciones. ¿Qué cara mostrarían en Moledo los ingleses? En el primer tema quedaba claro: venían a tomar la plaza por asalto, a arrasar el lugar con su napalm alcohólico-rocanrolero, con rendición a Lemmy incluída al presentar The Devil’s Whip. Y no es para nada superficial ese tributo, ya que Orange Goblin y Motorhead tienen mucho en común: ambas son bandas que beben de muchos estilos sin casarse con ninguno, Motorhead lo hacían del punk, el rock and roll y el proto-heavy setentero y Orange Goblin lo hacen del stoner, el doom, el punk y la NWOBHM. Los ingleses movieron a su gusto a todo el público, incitaron a saltar, a cantar, a hacer pogo y baile pollo y desencajaron cuellos a golpe de headbang. Eran los cabezas de cartel y salieron a demostrar que se merecían ese rango. Apabullantes.

Orange Goblin

Con el cuerpo destrozado intenté hacer el último esfuerzo, gasté mis últimos tokens en una sidra y me preparé a ver a Dead Witches, la superbanda stoner-doom clasicota formada por el ex-batería de Electric Wizard, Mark Greening, y la vocalista italiana Virginia Monti, de Psychedelic Witchcraft. Pero había gastado el último cartucho con los británicos y tuve que recogerme a descansar al segundo tema, mi espalda pedía tregua y a tumbarme me fui aunque la banda estaba firmando un buen concierto. El final de su actuación lo escuché ya desde lejos, descansando.

¿Veredicto? Inmejorable: un cartel variado pero dentro unos parámetros claros, con bandas que no están “quemadas” por la rotación constante entre los mismos festis de siempre, con muy buen ambiente y bien planificado. Tal vez podría haberse mejorado el tema de las colas a la hora de coger las entradas, pero por el resto todo impecable. Para mi el hecho de que cuando Kadavar cancelaron la gira la organización se ofreciera a reembolsar la entrada a quien lo solicitara me pareció un detalle que demuestra el buen hacer de esta gente, más centrada en fidelizar al público con un trabajo bien hecho que en sangrarle la pasta a los asistentes.

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El Bandcamp de la Quincena: Vinnum Sabbathi – Gravity Works (06/08/2017)

A centroamérica nos vamos esta semana en el Bandcamp de la Quincena, a ciudad de México para escuchar el primer largo de Vinnum Sabbathi, disco que nos llegó a principios de este 2017 tras varios splits.

El nombre del grupo hace referencia a HP Lovecraft o a Electric Wizard, según quiera interpretarse, y su música tiene un poco de ambos: de terror cósmico lovecraftiano y de los riffs sucios y densos de Electric Wizard. Pero que esta afirmación no te lleve a pensar que son otra copia de los ingleses u otro grupo que gira letrísticamente alrededor de los textos del genio de Providence. Ellos definen su música como “Instrumental Sci-Fi heavy music from Mexico City” y nos ofrecen un doom metal instrumental que pica del space rock y del drone para construir su personalidad. Gravity Works es una oda a la exploración espacial, a los tiempos en los que la URSS y los EEUU competían por enviar naves tripuladas al espacio, y parece buscar dar al oyente una experiencia musical de ingravidez mientras escucha el disco, la sensación de flotar en una nave espacial o de dormitar como una boya en el mar.

Vinnum Sabbathi - Gravity Works

El viaje espacial que estos cosmonautas mexicanos nos proponen en Gravity Works es dirigido por la batería de Gerardo, un percusionista de la escuela del nunca bien ponderado Bill Ward, arropada esta por un bajo muy presente y extremadamente denso en manos de Sam. Esta base rítmica crea el ambiente perfecto para que Juan desarrolle sus riffs pesados como el plomo, con Matt Pike en la mente y Iommi en el corazón, y para la inclusión de diversos samplers, como voces extraídas de discursos radiofónicos o efectos de sonido marcianos que agregan a la música un aire perturbador. En los directos tienen a un músico encargado de dichos samplers y efectos: Roman.

¿Referencias musicales? Si te gustan Sleep, Goatsnake o Earth, incluso Sunn O)))), creo que estos chavales juegan en tu división. Si otra bandas que ya comentamos en esta sección como Black Smoke Dragon, Astrodome o El Jefazo te hicieron tilín estos Vinnum Sabbathi son una banda que no deberías dejar pasar.

El Bandcamp de la quincena: Lâmina – Lilith (26/07/2017)

Otra vez llega tarde El Bandcamp de la Quincena, pero otra vez llega también cargado de calidad y con un disco recientito del todo.

Nos volvemos a Portugal esta semana, ya sabéis que en este blog nos encanta cruzar el Miño en dirección sur, para traer un disco largamente esperado… al menos por mi, que desde que vi a este banda en 2015 estaba esperando por una entrega en estudio de su música. Y es que Lâmina no se habían prodigado mucho en grabaciones, desde su nacimiento en 2013 y hasta este trabajo apenas había dos temas subidos a youtube, grabados en directo en su local de ensayo. Esos dos temas, Cold Blood y Big Black Angel, son los que abren ahora este Lilith.

Lâmina Lilith

Se han hecho esperar y han cocinado a fuego lento este disco debut, pero el resultado no podría haber sido más óptimo: siete piezas de contundente stoner doom, una ración de buen y sólido metal edificado sobre riffs a doble guitarra llenos de distorsión y wahwahs de alma psicodélica. La labor de frontman recae sobre Vasco Duarte, vocalista y guitarrista, aunque en sus directos es imposible no fijarse en la batería Catarina, aka Katari, una percusionista que no sólo empuja los temas con su contundente pegada sino que también aporta una dosis importante de carisma y presencia. Felipe Homem Fonseca completa la base rítmica con su bajo y Sérgio Costa se ocupa de la guitarra gemela que les da ese punto de fuerza.

Aunque su sonido bebe del rock duro de los 70, y los teclados añadidos al disco refuerzan esa influéncia, Lâmina tienen unos riffs y estructuras más metaleros que la mayoría de bandas de palo retro, valgan como ejemplo los riffs de los dos primeros temas antes citados o el de Education for Death. Tampoco temen lanzarse a largos desarrollos de temas complejos, presentando un tema de influencias indo-orientales y de más de 20 minutos como Maze o cerrando el disco con In the Warmth of Lilith, una canción de 9 minutos que han convertido en uno de los singles del álbum.  En total 7 temas para este LP.

 

Lilith es un gran disco debut para unos Lâmina que no han tenido prisa y han logrado grabar un trabajo excelso de calidad y sobrado de frescura. Una buena dosis de stoner doom pesado y metalero desde las orillas del Tajo.

El Bandcamp de la Quincena: Kabbalah – Spectral Ascent (14/07/2017)

Me tengo que disculpar porque llega muy tarde la entrega de El Bandcamp de la Quincena de esta semana, con cinco días de retraso, pero con un discazo tremendo y recién salidito del horno.

Desde Navarra nos llega este Spectral Ascent de la mano de Kabbalah, un power trío femenino que con la presente suma cuatro entregas discográficas. La base rítmica de estas Kabbalah, formada pro la bajista Marga y la batería Carmen, se curtió por los escenarios de media península con la banda Las Culebras, grupo que se ganó la reputación de tener uno de los mejores directos del hard rock nacional. El grupo se completa con la guitarrista Alba, ex Prehistoric Mermaid, que entró en la banda en 2015.

Kabbalah - Spectral Ascent

Si musicalmente te estás esperando algo similar a Las Culebras te equivocas de cabo a rabo, el sonido de Kabbalah es oscuro, con un halo de mística, con ese deje Aleister Crowley meets Beach Boys a lo Ghost que tiene el tema The Reverend, es combinar Black Sabbath con The Sonics que tanto gusta a Uncle Acid & The Deadbeats y que ellas nos muestran en Phantasmal Planetoid, el devaneo grunge/pop en The Darkest End, el rollo stoner casi rozando a Queens of the Stone Age o Masters of Reality en The Shadow o ese puntillo más hippie de de Resurrected casi como rendición a los reverenciados Coven de Jinx Dawson. En general, la banda sonora para una fiesta retro 70’s con un extra de Satán, la música que Tarantino debería ponerle a su film sobre Charlie Manson.

Un disco que debería estar en todas las listas de Lo Mejor del Año que hace la prensa española, pero que al venir de la mano de Twin Earth records es posible que sea pasado por alto por los apaniaguados manglanos, pero que que no debería escapársele a todo buen amante de los sonidos oscuros y del palo más retro 70’s del stoner.

El Bandcamp de la Quincena: Scott Kelly, Steve Von Till & Wino – Songs of Townes Van Zandt vol. 1 (02/04/2017)

Esta semana nos ponemos tan americanos en El Bandcamp de la Quincena que hasta el mismo Ronald Reagan nos daría la ciudadanía.

Lo que traemos esta semana es un “split” a tres bandas, con tres primeros espadas del rollo denso, pesado y psicodélico metiéndose en un terreno más minimalista y acústico. De Scott Kelly, ya conocíamos esta faceta por sus trabajos en solitario o con Blood & Time, alejado de los sonidos más densos que practica con Neurosis, Tribes of Neurot o Shrinebuilder. Kelly es también el nexo de unión con los otros dos músicos del tributo: Steve Von Till ha compartido escenarios con él en Tribes of Neurot y en Neurosis, y al igual que Kelly disfruta lanzándose a una faceta más folkie en sus trabajos en solitario. La leyenda del stoner/doom Scott “Wino” Weinrich, líder de The Obsessed y vocalista de varios trabajos gloriosos de Saint Vitus, también fue compañero de Kelly en Shrinebuilder y también se destapa en este trabajo con una tríada de interpretaciones muy desnudas.

Songs of Townes Van Zandt

El disco se publicó por medio de Neurot Recordings, el sello fundado por los miembros de Neurosis, en 2012 para conmemorar el 15 aniversario del fallecimiento de Van Zandt. En este 2017 se cumplen ya 20 años sin el cantautor estadounidense así que es un buen momento para recuperarlo. Townes es un músico de culto, no muy conocido pero adorado hasta el extremo por sus seguidores: un compositor que conjugaba con maestría su herencia folkie de los cantautores post-depresión como Woody Guthrie o Pete Seeger con los grandes bluesmen como Son House o Lighnin’ Hopkins. Y en la parte literaria fue un poeta cuyos versos  se convertían a veces en puñales y otros en sollozos, como si Bob Dylan se hubiera puesto el negro atuendo de Johnny Cash. Townes Van Zandt es un músico a estudiar, un hombre que ha sido fuente de inspiración  para gente de diversos estilos, reivindicado tanto por gente tan dispar como los músicos que aquí nos presentan este tributo, Norah Jones, Steve Earle, Nanci Griffith o los Mudhoney, y reconocido como genio por contemporáneos suyos de la talla de Terry Reid, Robert Plant o Bob Dylan.

Sobre las interpretaciones de los temas, son mayormente versiones acústicas (menos en el caso de la revisión de The Snake Song que hace Von Till donde usa distorsiones para conseguir un sonido atmosférico) en casi todos los casos con poca instrumentación adicional sobre la voz y la guitarra, muy en la onda de la producción que hizo Rick Rubin para los American Recordings de Johnny Cash. Como apunte más personal diría que de las tres voces es el tono más desgarrado y lastimero de Von Till es el que mejor pega con los temas, aunque los tres realizan buenas ejecuciones de los mismos.

Tres leyendas del sludge/doom/stoner metiéndose a hacer americana para homenajear a uno de los grandes del country. Tres canciones para cada uno. Un disco que puede servir para traer la música de Van Zandt a los seguidores de sonidos más brutales y pesados, o que puede hacer que los amantes del cantautor se interesen por las carreras de los que aquí le rinden tributo. Pero, sobre todo, un disco minimalista que es una pequeña y sincera joya. Un trabajo para disfrutar en casa, con una buena pinta de cerveza negra.

El Bandcamp de la Quincena: El Jefazo – El Jefazo (19/03/2017)

¿El Jefazo? Eso me pregunté cuando me encontré con este disco en “Vídeos relacionados” en el youtube. ¿Esto de qué irá? Esta semana en El Bandcamp de la Quincena os lo cuento.

El nombre sonaba como a rapero o hasta como a reggaeton, pero nada de eso, esta banda peruana nos trae densas raciones de riffs extremadamente pesados y sucios.

Tres limeños forman El Jefazo: Bruno Sánchez se encarga de las seis cuerdas, Carlos French de las cuatro gordas y Renán Monzón de la batería. Se formaron en 2014 cuando publicaron una demo grabada en un ensayo y en junio de 2016 nos trajeron este trabajo autoproducido: media docena de temas instrumentales, 34 minutos de psicodelia, sonidos fangosos donde sludge y stoner se dan la mano con blues rock de los 70 y hasta algo de space rock. Una banda de pocas sutilezas pero sobrada contundencia, con canciones que suenan como un cocodrilo arrastrándose por el barro en busca de presa, como la más psicotrópica de las pesadillas, como lava brotando de un volcán para lentamente precipitarse a arrasar todo a su paso.

La distorsión y la saturación impregna toda la grabación, con volúmenes infernales casi al estilo de Hawkwind, intercalando fases de enorme intensidad con algún momento de atmosférica calma que da unos segundos de aire al oyente antes del siguiente ataque, como puede ser el caso del interludio del tema Estampida, cuando el bajo toma el primer plano.

João Orosco y Eduardo Albareda, de Fonoteca Studio han sido los encargados de la grabación, mezcla y masterización del trabajo. El arte de la portada y el libreto por su parte ha recaído en el ilustrador Carbunclo.

El Jefazo

Si bien en un principio la idea de su estilo instrumental me llevo a pensar en los primeros Earth o en Belzebong hay que decir que en el estilo de El Jefazo  se aprecian influencias de gente como Sleep, Kyuss o hasta los Melvins. Y cuando entran punteos de guitarra incluso citaría a Blue Cheer y, como no, a Black Sabbath (siempre presentes en todo lo que implique riffs pesados y desencajavértebras).

No conocía bandas peruanas más allá de los seminales Los Saicos, cuyo estilo garagero a mediados de los 60 se considera un precursor del punk, pero ahora me queda el gusanillo de investigar la escena del Perú a ver si encuentro más joyas ocultas como estos El Jefazo que nos han dejado aquí un buen puñado de temas espesos y oscuros como aceite de motor.