Musiqueando 14 (20191109)

Si en la entrega 13 iba buscando que el postureo normie me llamase “Elitista” en el Twitter esta semana voy a buscar que los metalfrikis me llamen pacazo y los clasicotes del metal me tachen de modernillo. Vamos con el Musiqueando 14 y arrancamos con un tema de Gary Moore, que estoy muy volcado estos días con el Celtic de Glasgow.

Algunos dicen que Baby Huey, cuyo verdadero nombre era James Ramey, es la mayor estrella del soul que nunca llegó a saber que lo era. Su único disco de estudio se publicó de forma póstuma tras su muerte: The Baby Huey Stroy: The Living Legend. El título ya es una despedida en sí. Huey tenía un talento descomunal pero se cuidaba poco, la suma de sus excesos con el alcohol y la heroína junto a un marcado sobrepeso hicieron fallar su corazón con solo 26 años, privándonos de un excepcional registro vocal, de una garganta que era un verdadero huracán. En su único LP, grabado durante 1970 y publicado en febrero de 1971,cuatro meses después de su muerte, realizó una de las mayores obras del soul psicodélico, incluyendo un par de versiones: una psicodélica y estremecedora revisión de A Change It’s Gonna Come del malogrado Sam Cooke y una revisión del mítico California Dreamin’ que popularizarían The Mammas and the Papas, además de un par de temas propios y varias composiciones de Curtis Mayfield, productor del disco y principal valedor de Baby Huey en el mundillo musical, el único loco decidido a apostar por un músico empeñado en autodestruise. El disco tuvo poco éxito, pues no había mucho interés por parte del sello en invertir dinero para promocionar a un músico ya fallecido del que no podría sacar futuros réditos, pero con el paso del tiempo se convirtió en un trabajo de culto que sería redescubierto por diversas generaciones a través de diversos músicos de hip hop y R&B que utilizaron samplers de sus temas.

Un amigo mío abría el otro día en Facebook un debate curioso, coincidiendo con el 39 aniversario de la publicación del Heaven and Hell de Black Sabbath: ¿preferís el Blizzard of Ozz de Ozzy o el Heaven and Hell de Black Sabbath? Había que razonar la respuesta pero llegué a la conclusión de que es imposible hacerlo. Sopesemos: ambos son dos discos de heavy metal melódico y clásico publicados en 1980, ambos cuentan con una buena producción y un buen puñado de temas icónicos. Uno nos presenta a unos Black Sabbath menos oscuros, influenciados por una naciente NWOBHM, más épicos, casi poniendo la primera piedra de lo que derivará en el género epic doom unos años más adelante, con la dupla Iommi/Geezer en plena forma y con el cambio radical que supone incorporar la voz de un Dio en estado de gracia a la banda. El otro nos trae a un Ozzy que también se aleja del sonido oscuro de los Sabbath clásicos pero virando hacia un sonido más americanizado, más hard & heavy, con músicos estadounidenses, con sus líneas de voz más trabajadas y presentando en la guitarra al Randy Rhoads más pirotécnico. Desde otra óptica también podría decirse que aunque ambos son dos discos sobresalientes y excelentes ninguno de ellos es un disco especialmente rompedor, ninguno marcaría un punto de inflexión en el heavy metal que nos permitiera darle un mayor valor histórico que al otro. Así que razonando la respuesta la única respuesta racional es que no hay respuesta racional posible, la elección recae en las tripas y el corazón y para mí ahí no hay duda: cuando tenía 14-15 años el Long Live Rock and Roll de Rainbow y el Heaven and Hell de Black Sabbath eran mi banda sonora, me los sabía de memoria. Por puro sentimentalismo gana el Heaven & Hell.

Volemos ahora a la ciudad italiana de Parma, capital del histórico Ducado de Parma, situada en un bello paraje de la Emilia-Romagna. Abramos un espumoso Lambrusco y sirvamos una copa mientras ponemos el disco debut de AyahuascA, un trabajo que se publicó el pasado día de difuntos. Se trata de un disco conceptual publicado por el sello australiano Salty Dog Records titulado Naad, donde se nos explica qué es Naad: una entidad antropomórfica que representa el aparato auditivo del universo y la capacidad de escuchar nuestras propias emociones. La voz de Domiziana Pritchard nos irá conduciendo por ese viaje de descubrimiento a través de sonidos psicodélicos durante 10 cortes de inspiración sesentera y cabaretera deudora de gente como The Doors.

Hace unos días, el 25 de octubre, los madrileños Grim Comet publicaban su nuevo trabajo: Afterlife, así que lo he celebrado comprándome toda su discografía en Bandcamp. Siguen mostrando una evolución que los aleja del sonido más doom metal de sus inicios y los acerca a sonoridades más rockeras. En este nuevo trabajo abren ya con un riff crudo decorado con toques de slide sureño y bluesero que no puede sino evocar al gran Billy Gibbons de ZZ Top y si bien hay guiños durante todo el LP a los Corrosion of Conformity más rockeros o a los Metallica en su etapa Load/Reload, el disco parece por momentos querer incorporar elementos del hard rock más crudo y de la depresión grunge noventera, con detalles donde parecen lanzar guiños a bandas tan diversas como Soundgarden, Candlebox, Pearl Jam, Bush o hasta Chris Rea. Con todo se trata de un trabajo muy variado en el que se han dado el gustazo de experimentar en muchas direcciones musicales.

Y a Vigo nos vamos para cerrar la entrega de esta semana con Mano de Piedra, que también han publicado largo debut estos días (previamente habían sacado un EP hace como cosa de dos años). Algunos les han catalogado como la resurrección de los míticos Supa Scoopa por la presencia de su guitarrista Mano, pero aunque molaría tener a otros Supa Scoopa no será en este proyecto donde vayas a encontrarlos pues Mano de Piedra tienen un sonido mucho más brutote y metalero. Today’s Ashes navega más por las aguas de un sludge metal  que no hace ascos a tomar prestados elementos del death ‘n roll, el metalcore o del doom. Un disco de metal agresivo y contemporáneo con una gran producción de Iago Alonso que les sitúa como una de las bandas más interesantes que seguir en el cercano 2020.

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Musiqueando 11 (20190923)

Si la anterior entrega del Musiqueando estuvo en clave ibérica esta vez nos vamos a otra península europea: la Itálica. A nivel comercial las dos tendencias de la música italiana más conocidas fuera de sus fronteras han sido sus cantantes melódicos/moñas y su música disco bailable allá por los ‘70-’80 (con Raffaella Carrá siempre en nuestro corazón). También es la nación responsable de la más abyecta perversión del heavy metal: el power metal italiano de finales de los 90 encabezado por los entonces llamados Rhapsody, a secas (luego Of Fire, Luca Turillis’, etc.), y tuvo su muestra más caricaturesca e hiperbolizada con Skylark. Por otra parte los estudiosos del rock progresivo no dejarán de señalar que entre los 60 y 70 Italia gozó de una escena de tremenda técnica, creatividad y espíritu artístico que nos trajo a bandas como Biglietto Per L’Inferno, Premiata Forneria Marconi, Banco del Mutuo Soccorso, Alphataurus, Area o Le Orme capaces de parir verdaderas obras maestras del género que pueden mirar de tú a tú a los mejores trabajos de Pink Floyd o King Crimson. Y creo que para empezar este pequeño recorrido por lo contemporáneo lo mejor será arrancar con un clásico que recoge mucho de la tradición italiana, un camaleónico músico que ha tocado muchos de estos palos: Franco Battiato interpretando una de las baladas más bonitas y delicadas que se hayan escrito en los últimos 30 años: Le Sacre Sinfonie del Tempo

Fundados en 2014 en Padua en la región del Veneto, la patria del tiramisú, Messa son todo lo contrario al famoso postre italiano: si el dulce es una delicia que nos eleva el ánimo la música de Messa es una constante maldición intentando torpedearlo para que baje hasta las profundidades abisales. Combinan doom metal, black metal y algo de progresivo para un sonido que oscila entre partes cristalinas y melódicas con verdaderas tormentas de fango metalero inspiradas por nombres como Windhand o The Devil’s Blood. Hasta el momento presentan dos discos y un EP en su discografía y este mismo verano fueron una de las bandas que se unieron al proyecto fílmico Planet of Doom.

Mi historia con Giöbia es curiosa. Tocaban el tercer día del Sonic Blast, no los conocía y no pensaba verlos sino que aprovecharía el rato para sentarme y tomarme una birra con martini. Pero un colega alemán se cruzó en mi camino y me dijo que tenía que verlos, así que me fui con él al recinto de la piscina. Resultó ser una banda muy curtida, cerca de 20 años de carrera, de la zona de Milán. Han publicado cuatro LP’s, entre los que destacan Magnifier e Introducing Night Sound, varios 7” y un directo recogido en el Freak Valley de 2017. Su sonido es atmosférico, psicodélico y algo oscuro, beben del space rock de Hawkwind, del shoegaze británico de los primeros 90, el pop de inspiración Mod de los 60 y de una psicodelia de toques minimalistas. Recientemente ficharon por el sello Heavy Psych Sounds de Gabriele Fiori, con el que reeditarán varios de sus trabajos.

Los friulanos Lizard Queen desde la ciudad de Gorizia reparten toneladas y toneladas de humeantes riffs de stoner metal de inspiración desértica. Guitarrazos repetitivos, directos y machacones cargados de fuzz para una temática letrística muy marcada por las experiencias de evasión y alucinaciones derivadas del uso de alucinógenos. Comenzaron en 2013 como proyecto paralelo de un miembro de la banda de stoner DEEP y desde aquella han publicado dos discos, de los que el segundo fue reeditado en 2018 con todos los temas remasterizados. Un ep de tres temas con un regusto más blues completa una discografía que ofrecen de forma gratuita, pudiendo pagarse “la voluntad”, en su página de Bandcamp.

Segumos con un dúo modernillo de batería y guitarra inspirado por The White Stripes, The Dodos o The Black Keys, los Bud Spencer Blues Explosion, abreviado BSBE, se bautizaron con mucho humor  juntando a la banda legendaria del punk-blues alternativo Jon Spencer Blues Explosion con el mítico y nunca suficientemente ponderado actor italiano Bud Spencer. Nacidos en Roma en 2006, combinan blues-rock con pop indie y algún ramalazo de rocanrol. La banda formada por Adriano Viterbini y Cesare Petulicchio ha publicado ya cinco largos, el primero de los cuales se publicó solamente dos meses después de la formación del grupo, gozando de gran apoyo por parte de la prensa musical italiana.

Galaverna son puro paganismo musical, un folk rock acústico y apocalíptico inspirado por gente como los reverenciados británicos Comus, que seguramente sean su referente más claro y directo, o los holandeses Omnia, incluso cercanos a Sangre de Muérdago o incluso a una versión oscura de Labanda e incluso la flauta me haría pensar en grupos más rockeros como Ñu o Jethro Tull. No hace mucho que publicaron su debut Dodsdans, un trabajo que nos transporta a oscuros bosques alpinos y a olvidados rituales pre-romanos a través de su sonido donde el folk de raíz centroeuropea se tiñe de sus matices más oscuros, con algún guiño a la psicodelia.

Y acabamos el recorrido itálico en Piamonte, en la ciudad de Tortona. Allí a finales de los 90 surgieron Ufomammut, una banda que ha oscilado entre el más pesado sludge metal y el más denso drone-doom. Han pasado 20 años sin cambios de formación, girando habitualmente por toda Europa y publicando la nada desdeñable cifra de 10 discos. Su estilo se caracteriza por el uso de ritmos de batería lentos y marcados, riffs complejos ejecutados con tremenda precisión, canciones compuestas por partes muy diferenciadas y voces muy agresivas y desgarradas. Por sus influencias y sonido les pondría en el barco de Neurosis, Eyehategod o algunas cosas de los Melvins.

Musiqueando 9: Especial Sonic Blast 2019 (20190812)

Esta entrega va completa del Sonic Blast Moledo 2019, como ya es tradicional en el último lustro en este blog. Por seguir con las tradiciones los vídeos están sacados del canal de elgranguru666 quien documentó algunos de los conciertos de esta edición y donde podéis ver más vídeos que los aquí incrustados.

El jueves 8 llegaba al festival del “sun, beach, surf and heavy riffs”, pero el “sun” estaba oculto tras unos nubarrones de oscuro gris que te quitaban las ganas de “beach” y “surf” y que te hacían temer por cómo se desarrollaría lo de los “heavy riffs”. La previsión de lluvia obligaba a la organización a prescindir del icónico escenario de la piscina pasando todos los grupos al escenario principal. Tras escuchar de lejos y de fondo a unos muy interesantes Jesus The Snake (recomiendo profundizar en la trayectoria de esta banda) y tras un rato de relax nos encaminamos varios colegas hacia el escenario con la intención de ver a las suecas MaidaVale… y ahí nos encontramos con el primer punto negro del festival: bajo un intenso chaparrón el concierto no comenzaba, pasaban los minutos, arreciaba el temporal de viento y agua y allí no aparecía nadie. Tras 45 minutos de espera sobre la hora planificada, y tras la confirmación de uno de los técnicos de sonido de que literalmente no sabían a qué hora estaría el grupo, nos fuimos a nuestro alojamiento a cambiarnos la ropa empapada. Lógicamente no estoy diciendo que la organización tenga la culpa de que llueva ni de que el viento provocase retrasos en los vuelos de varios grupos, pero sí creo que visto el panorama y sabiendo que el grupo llegaría tarde (porque MaidaVale publicaron en su facebook que su vuelo se había retrasado y que no podrían llegar antes de las cinco en ningún caso) avisar al público de que habría un parón hasta que la banda pudiese llegar y se calmase un poco el tiempo habría sido lo lógico: había megafonía, había una pantalla encendida en el escenario y había redes sociales. Al final por cambiarnos la ropa y volver al recinto cuando se reanudó el festival, unos 100 minutos después de la hora planificada originalmente, solo pudimos escuchar un tema de las suecas. Tras ellas los fantásticos japoneses de Minami Deutsch hicieron un concierto muy corto, solo tres temas que apenas llegaron a la media hora seguramente recortado en un intento de reducir el retraso que se acumulaba. Rápidamente salían a escena The Devil and the Almighty Blues con su sonido psicodélico, bluesero y pesado estilo Clutch pero con un intenso toque de oscuridad y humedad de su Noruega natal, firmaron un concierto de nivel notable aunque creo que también algo más corto de lo esperado por el retraso que intentaban recortar. Seguíamos por tierras escandinavas, por su vecina Suecia, con Lucifer, el grupo de proto-metal setentero del legendario Nicke Andersson (batería de Entombed, guitarra/voz en Hellacopters, batería y voz en los efímeros pero icónicos Super$hit666 ¿se puede ser más mítico?) y su pareja la vocalista Johanna Sadonis (cantante de los tristemente olvidados y nunca bien ponderados The Oath, que tristemente solo duraron un disco). El concierto comenzaba repasando su segundo y más reciente trabajo mientras la lluvia se hacía más intensa, durante su versión del Snowblind de Black Sabbath puse en una balanza mi devoción por el señor Andersson, que estaba destilando clase tras los parches, y el riesgo de catarrazo por seguir mojándome así… y será cosa de la edad pero huí cobardemente a medio concierto, con mucho pesar y paso ligero para no mojarme más. Segundo cambio de ropa empapada y a esperar a que se calmase el tiempo cenando y comentando los primeros bolos vistos. Cuando paró la lluvia me había perdido a Monolord y ya comenzaban Earthless, quienes se marcaron un concierto que me pareció más ameno que el del año anterior, no se si por estar menos agotado yo o porque realmente sus largas jams salvajemente psicodélicas estuvieron en esta edición más inspiradas. Cerraron su concierto invitando a Nicke Andersson a tocar con ellos City Slang, una versión de Sonic’s Rendezvous Band que ya había versionado en su día con los Hellacopters. Tras ellos seguramente el grupo al que le tenía más ganas de esta edición: Graveyard. Su setlist se nutrió principalmente de su último trabajo, Peace, y de su obra más querida y reconocida, Hisingen Blues, del que recuperaron hitos como el tema título, The Siren o la mítica Uncomfortably Numb. Su añejo y rudo blues rock siempre resulta un regalo a través de la voz de Joakim Nilsson. Acabó el día con los portugueses Solar Corona ya casi a las tres de la mañana, una combinación de stoner y space rock con guitarras cargadas de efectos y el añadido de un saxo que dota de gran originalidad al grupo.

Kaleidobolt

Viernes 9, la lluvia nos da una tregua y solo nos deja unos puntuales chaparrones mañaneros. Mientras comemos escuchamos de fondo a los más que recomendables O Bom O Mau e o Azevedo con su fusión entre surf y psicodelia y, tras ellos, el stoner con enérgicos dejes punk de la banda de Braga Mr. Mojo. Los destrozos del viento del día anterior provocaron que el icónico escenario de la piscina permaneciera cerrado también ese día tocando de nuevo todos los grupos en el escenario principal. Al recinto subí puntual para disfrutar de unos de los pioneros del stoner ibérico: los andaluces Viaje a 800, una banda que lleva activa en el mundillo de la música pesada y psicodélica desde principios de los 90, de depurada ejecución técnica estuvieron sobresalientes en el plano instrumental llevando al público a levitar por dimensiones paralelas (aunque por veces en sus letras sea una banda que me cojea bastante). Con un volumen atronador, puede que la banda que sonó más alta en toda la edición, les siguieron los finlandeses Kaleidobolt que presentaban su reciente trabajo Bitter, publicado en mayo, fusionando complejos elementos de jazz y rock progresivo con descargas más agresivas de rock psicodélico de inspiración retro, alumnos de unos King Crimson a los que rindieron homenaje con una versión extremadamente personal de 21st Century Schizoid Man para cerrar su show. No me fijé en los cambios en los horarios anunciados a través del Facebook del festival y decidí aprovechar el siguiente concierto para buscar una sudadera para protegerme del frío nocturno y comer algo. Pensaba que me perdería parte de Stoned Jesus pero resultó que estos habían intercambiado su posición con Belzebong, por lo que me quedé sin escucahr casi entero el concierto de los polacos, con gran pesar. Tras ellos el refrescante combo entre hard rock y heavy metal macarra y motero de los británicos Orange Goblin puso una nota de color en el festival, repitiendo un enérgico espectáculo como el que dieran dos años atrás en ese mismo escenario, repasando temas de todas sus épocas como Red Tide Rising, Some you Win Some you Lose o Demon’s Whip y rindiendo tributo a sus amados Mötörhead con una versión de No Class. Tras el fiestón de Orange Goblin llegaban unos Stoned Jesus que también repetían en el festival y que realizaron un concierto bastante irregular. Creo que los polacos eligieron un set list demasiado pausado tras la avalancha de rocanroleo anterior y que la coñita del guiño al tan cacareado nuevo tema de Tool durante I am the Mountain arruinó, por lo menos para mi, el que creo que es el tema más destacable de esta banda. Era la cuarta vez que les veía y creo que la que menos me gustó, aunque intentaron levantar los ánimos cerrando con uno de sus temas más directos y sencillos, Here Comes the Robots, yo ya me había venido abajo. Me recogí y el concierto de los quebequeses Dopethrone lo escuché ya desde cama, no soy gran fan de su brutal sludge metal pero reconozco que sonaron bastante enérgicos y que ejecutaron muy bien sus temas. Cuando salía del recinto percibí el otro gran problema de esta edición: la zona de las letrinas apestaba, los baños estaban extremadamente sucios y la empresa contratada para la instalación y mantenimiento de los mismos no se había molestado lo mínimo en limpiar. Una falta imperdonable para un festival de esta trayectoria, con varios años ya a la espalda y que este año encaraba su primera edición de tres días.

Viaje a 800

Y llegaba el sábado 10, por fin el sol asomaba entre las nubes y por fin escenario de la piscina. No llegué a escuchar más que apenas dos temas de Maggot Heart, la nueva banda de Linnéa Olson, quien fuera compañera de Johanna Sadonis de Lucifer en la banda The Oath, que presentaba su reciente trabajo Dusk to Dusk donde el heavy metal y el hard rock se dan la mano con el post-punk en una oscura conjunción. La fiesta en la piscina seguía con los mexicanos Cardiel, un power-duo de sludge metal con dejes punk, hardcore y hasta dub en cuyo directo destaca la impresionante presencia y energía de la batería Samantha Ambrosio. Les siguieron los italianos Giöbia para dar carpetazo al escenario pequeño, una veterana banda con más de 20 años de carrera a sus espaldas que tocaba por primera vez en Portugal y que navega entre el space-rock y el sonido kraut de finales de los 60, creando cortinas de sonidos evasivos con los que hacer viajar a la audiencia. Tocaba moverse al escenario grande para la gran traca final del festi. Arranca el post-metal instrumental de zapatilla blanca con dejes progresivos de los madrileños Toundra que hicieron que el público moviera sus cabezas a ritmo fúnebre. Tras ellos volvían también a Moledo los californianos Sacri Monti, presentando nuevo disco donde mantienen su pasión por la psicodelia de corte setentero y donde a base de guitarrazos cargados de fuzz y chaparrones de teclado nos desgranaron los temas de su segundo trabajo, Making Room for the Magic Hour. El doom metal wiccano de Windhand nos llevaba a un relajado paseo por devaneos de satanismo jipi envueltos en sus hipnóticos riffs de guitarra para completar un show tremendamente sólido que habría sido la banda sonora perfecta para un orgía salpicada de magia negra. Les seguían las leyendas del sludge metal Eyehategod desde Nueva Orleans: Jimmy Bower es un grande capaz de crear algunos de los riffs más cabrones del planeta, el batería Aaron Hill es otra tremenda bestia y el cantante Mike Williams aunque es bastante bocachancla en su interacción con el público, puede que como secuela de tantos años de exceso, es la única voz que puede uno imaginar para sus completamente desquiciados y caóticos temas cargados de cambios. Concierto brutal, pero yo diría que corto pues quedaron casi 50 minutos vacíos hasta la hora programada para la salida de Om. El grupo que nació como power-duo y proyecto paralelo de la base rítmica de los legendarios Sleep es ahora un trío donde el legendario Al Cisneros (es mi señor, nada me falta) se lleva el centro del escenario como bajista-vocalista, acompañado de un excepcional Emil Amos que ya hace más de una década que tomó el relevo de Chris Hakius en el grupo. Completa la formación el multiinstrumentista Lichens, quien se encarga de los coros, percusión, sintetizadores o algún instrumento de cuerda según el tema. Durante más de hora y media ofrecieron una experiencia evasiva al público a través de su sonido donde el drone y el doom se dan la mano con sonoridades minimalistas, sinfónicas o folclóricas orientales, indias o mediterráneas. A ratos cerré los ojos y me dejé llevar. Al acabar su concierto me recogí y a Domkraft les escuché ya desde la cama.

Eyehategod

Vamos con el resumen final. Empezamos con los puntos negativos: no avisar a tiempo de los retrasos del primer día por la lluvia, el exceso de celo del personal de seguridad que provocó colas largas por situaciones tan surrealistas como no dejar entrar a una persona con dos plátanos y, por encima de todo, la suciedad y el olor literalmente putrefacto en la zona de los baños. Tampoco habría estado de más una carpa dado que la lluvia se sabía más que probable con dos semanas de antelación, pero no se si era viable técnica y económicamente en ese recinto, aunque deberían tomar nota por si el año que viene se plantea similar.

Los puntos positivos: el cartel como siempre elaborado con un excelente criterio y variado dentro de un género definido, el ambiente tanto por parte de la gente del pueblo como del resto del público, la cerveza Imperial Porter del festival, que era un pelín cara pero deliciosa y con un ligero toque tostado a café (la IPA no llegué a probarla porque siempre que preguntaba en la barra me decían que ya estaba agotada) y los vales de bebida más chulos que haya visto nunca en ningún evento (Iommi manda, punto). 


Hasta aquí lo que ha dado de sí esta edición del Sonic Blast

El Bandcamp de la Quincena: Duel – Live At the Electric Church

Esta semana en El Bandcamp de la Quincena nos tomamos un vuelo hasta el mítico estado de Texas, cuna de tantas grandes bandas. Desde Austin vamos a pegarle una escucha a lo último de los Duel.

Tras dos discos de gran calidad como fueron Fears of the Dead y Witchbanger, ambos con el sello Heavy Psych Sounds, los Duel regresaron a su ciudad natal para recoger una muestra de su directo en The Electric Church. Si bien habríamos disfrutado más de un show más largo, lo que nos entregaron el pasado mes de abril es solo una pequeña muestra de su directo. Algo más de media hora repartida entre 6 temas, cuatro de ellos del Fears of the Dead.

Duel live

Aunque sea escaso en duración, este Live At the Electric Church es una buena demostración de la energía que el cuarteto de Austin desprende en directo, una “tapita” de lo que es un concierto de Duel. Su sonido proto-metálico primitivo, setentero y pesado podría definirse como ZZ Top meets Pentagram, tal vez con un toque de Danzig en la líneas vocales, y les emparenta con sus compatriotas de The Sword.

Live ath the Electric Church es una buena forma de acercarse al sonido de una de las bandas más excitantes de la escena estadounidense actual, un pequeño resumen de sus dos trabajos previos y una pequeña demostración de su potente directo.

El Bandcamp de la Quincena: Marijannah – Till Marijannah

Esta semana en El Bandcamp de la Quincena nos vamos de cabeza a por una ración de Stoner Doom a Asia, a Singapur, de la mano de Marijannah.

No tengo un máster en metal y rock asiático, pero por lo que leo estos Marijannah no son unos novatos a pesar de que este sea su disco debut, puesto que algunos de sus miembros han militado en bandas con una trayectoria sólida como los grindcoretas Wormrot, donde toca el guitarrista Rasyid Juraimi o la banda de sludge Abolition AD del bajista Muhd Azri.

Marijannah

En este Till Marijannah nos traen cuatro temas largos del palo stoner/doom donde la influencia de bandas como Sleep o Electric Wizard en las guitarras se dan la mano con algunas melodías más catchy y pop que les emparentan con Uncle Acid & The Deadbeats o Blood Ceremony. El primer tema, 1974, que habla del intento de asesinato contra Ronald Reagan a manos de un perturbado obsesionado con Jodie Foster en Taxi Driver, bien podría resultar una rendición a la temática de Church of Misery. Snakecharmer, el single del que han sacado vídeo, tira por los derroteros más estandarizados del género con algún guiño a Melvins y Black Sabbath, mientras que la más larga Bride of Mine tiene ese rollo tan “fiesta de los 60 con extra de ácido y Satán” que te lleva a pensar en los antes citados Uncle Acid. Para cierre del disco seguramente se dejen la pieza más pesada y atmosférica, una All Hollows’ Eve que seguramente sea el corte más limpio y oscuro, con unos coros sesenteros a lo Ghost de fondo.

Como primer acercamiento a la escena stoner de Singapur puedo decir que estos Marijannah me han dejado una impresión positiva y un gran sabor de boca. Queda por saber si podremos degustar su música a corto plazo en Europa.

El Bandcamp de la Quincena: Mandibulla – Bleeding Black

Os debía una entrada musical, pero el finde pasado rockeando en Porto con Wucan, Black Mirrors y The Vintage Caravan influyó en que esta crítica os llegue con retraso.

Pero tranquilos, que aunque pasasen unos días el primer disco de estos brasileños Mandibulla está todavía calentito, salió el 31 de octubre listo para la noche de Halloween. ¿Qué nos ofrecen en este Bleeding Black? Pues un trabajo que hace honor a su título, un disco que combina stoner con doom metal un poco en la misma onda que sus compatriotas de Black Witch pero con un aire menos retro, más metalero y sin tanto elemento de occult rock.

Mandibulla

Los riffs de Felipe Knoller que, según leo en los créditos, se ha encargado de guitarras y bajos para la grabación rugen y chisporrotean cargados de fuzz construyendo sólidos muros de vez en cuando salpicados con algunos punteos de influencia más rockera de la mano de Ricardo Siqueiro. Los cimientos los pone la contundente batería de Helder Tiso, músico polifacético que también se encarga de los pianos y arreglos y una apisonadora golpeando nuestras cabezas y llenando cualquier atisbo de silencio con sus platos cuando coge las baquetas, creando así la atmósfera adecuada para que Cristiano Maffra añada el peso melódico a los tema con su voz.

La tipografía del logo de la banda podría llevarnos a pensar que se trata de una mera imitación de los Pentagram, y aunque el magisterio de estos y el de Black Sabbath es evidente (algo por otro lado habitual en esto del stoner/doom) se aprecian otras influencias, como el hard rock oscuro de The Cult en la voz y determinados pasajes de A Dream Within a Dream o los riffs de influencia Black Label Society en Underwater Grave. También hay reminiscencias a los trabajos más sludge metal de Corrosion of Conformity y los Melvins, ¿puede ser por la mezcla de Jack Endino? El que fuera productor de Mudhoney, Nirvana y Soundgarden parece haberle cogido el gusto a Brasil, y tras trabajar con Titãs y Nando Rei ha mezclado el disco de estos paulistas.

Mandibulla es una nueva promesa del metal brasileñoa la que habrá que seguir la pista.

 

 

Sonic Blast 2018: La crónica express

Otro año más viajamos a Moledo de Minho para asistir al festival de stoneradas varias referente en el noroeste peninsular, que este año además presentaba un sold-out ya en la venta anticipada (los dos años anteriores se habían agotado pero en taquilla).

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Este año el Sonic Blast me pillaba en medio de las vacaciones del curro, así que tras un viaje combinando tren y coche estábamos en Moledo tempranito para pillar las pulseras y meternos en el escenario de la piscina. Bajo un sol de justicia entrábamos con los últimos acordes de los psicodélicos old-school portugueses Solar Corona. Sorprendía lo lleno que estaba el escenario de la piscina para las horas tempranas que eran y nos costó hacernos un hueco con cierta visibilidad desde donde ver y escuchar el stoner instrumental de los también portugueses Desert’Smoke, una banda muy en la onda de Karma to Burn pero con algún toque avant-garde y que, como anécdota, comentaron que se habían conocido años atrás en este festival. Les siguió una banda que, para mi, fue una de las grandes sorpresas del festival a pesar de haber tenido problemas con el sonido en el arranque de su actuación, un grupo de Algeciras llamado Atavismo. Su sonido recoge la esencia del viejo rock andaluz de los años 60-70 pero añadiendo elementos más psicodélicos, fusionando con total naturalidad la influencia de Triana o Smash con la música de The Doors o los primeros Pink Floyd. img_20180810_155448_276Tras eso tuvimos que irnos a realizar las gestiones para entrar en nuestro alojamiento, lo que nos dejó sin ver a los rockeros espaciales portugueses Astrodome, aunque me comentaron que fueron de lo mejorcito que pasó en esta edición por el escenario de la piscina.

Ya a las seis de la tarde volvíamos al escenario grande para la descarga brutal de los Conan. Su sonido, que ellos definen como “caveman battle doom“, es denso, lastimoso, agónico, sucio y arrastrado. Bajo aquel calorazo esa combinación que practican entre doom y sludge se convierte en toda una experiencia épica mientras te preguntas cómo puede resistir la voz de Jon Davis una hora de concierto desgañitándose de esa forma. Una pura demostración de fuerza doom-metalera donde hasta nos adelantaron algún tema del álbum que lanzarán el mes que viene. Tras un cambio donde ya se empezaban a acumular minutos de retraso salieron los italianos Ufomammut, otros veteranos de la escena doom/sludge europea, con casi 20 años de trayectoria y 8 largos a sus espaldas. Su estilo es más técnico que el de Conan, con más cambios de ritmo y estructuras más complejas pero logrando crear atmósferas igual de densas y opresivas. Subyugaron al público con su propuesta aplastante y fuerza destructiva, como un titán aplastando a la propia humanidad.img_20180810_192950_197 Tras dos horas de doom metal tocaba un cambio que refrescara un poco al público y Nebula eran el encaje perfecto para esta situación por su sonido más rockero. Tras haberse deshecho en 2009 parecía que Eddie Glass no tenía interés en recuperar a esta vieja máquina de hacer stoner rock, pero en 2017 anunciaba su retorno a los escenarios siendo este verano de 2018 su regreso a Europa. Sin nada nuevo que presentar repasaron sus grandes éxitos mientras Glass se convertía en el centro de todas las miradas con su energía desenfrenada sobre el escenario.

Los minutos de retraso seguían acumulándose y  los daneses Causa Sui aparecían en el escenario con 20 minutos de retraso. Pero cuando la psicodelia de influencias krautrock de los escandinavos empieza a sonar todo se olvida, su concierto es una experiencia instrumental evasiva, un auténtico viaje musical que actúa sobre tu cerebro como una droga liberadora. Llenaron de color musical el ambiente con sus impresionantes jams y su destreza y virtuosismo como instrumentistas. Pero tras su concierto el cansancio del viaje y de las horas de festival comenzaba a hacer mella y el retraso acumulado no ayudaba, así que me recogí sin ver a Samsara Blues Experiment ni a Mantar.

El segundo día madrugamos para poder disfrutar del directo de la que, para mi, es la mejor banda estatal con la etiqueta metal del último lustro: The Wizards. Su combinación entre epic doom, heavy y proto metal suena genial en disco, pero es que en directo saben defender esa propuesta con una ejecución impecable y una gran presencia escénica. Geniales los vascos.img_20180811_134610_407-animation Les seguían en el escenario de la piscina los tripeiros Talea Jacta, un dúo que apuesta por la fusión entre electrónica, world music y psicodelia para crear una experiencia instrumental evasiva. Ya desde lejos y mientras comíamos pudimos escuchar el sludge metal trallero a lo Crowbar de unos Greengo que me quedó pena de no haber podido disfrutar más a fondo.

Con los últimos acordes de los psicodélicos griegos Naxatras llegábamos preparados para la recta final cargada de stoner del segundo día de festival. The Atomic Bitchwax saltaban a una hora al escenario que para mi, por su trayectoria, era tal vez demasiado temprana. Para mi su disco debut es uno de los pináculos del stoner y su bajista y cantante Chris Kosnik toda una bestia de los escenarios. Culminaban su gira Europea de presentación de su disco Force Field en el Sonic Blast y encendieron a toda la asistencia con su stoner hard rockero, repasando sus clásicos con versión de Deep Purple incluida. Provocaron los primeros pogos y crowdsurfings de la tarde, demostraron tablas, talento y valía sobre el escenario y dejaron al público caliente y con ganas de más rock.img_20180811_192659_631 Y con la papeleta de tener que tocar tras el conciertazo de The Atomic Bitchwax pero con la ventaja de tener ya al público enardecido saltaron a escena los griegos 1000Mods. Dos canciones necesitaron para dejar claro que con su stoner desértico de regusto a Kyuss la fiesta iba a seguir a tope ¿El mejor concierto del festival? Podría admitir discusión entre si fueron ellos, Causa Sui o The Atomic Bitchwax, pero desde luego sí fue el concierto que mantuvo al público más enloquecido y animado.

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El proto-metal setentero de los germanos Kadavar era la siguiente entrega, una banda que en los últimos años ha logrado hacerse un nombre dentro de la escena de los riffs pesados. Músicos de gran técnica y marcada influencia de Black Sabbath, completaron un concierto muy bueno y cumpliendo muy bien teniendo que tocar tras dos conciertazos tan brutales como los de sus predecesores. Aquí os dejo uno de los vídeos de elgranguru666, en cuyo canal podéis encontrar documentos audiovisuales de algunos conciertos más de esta edición (y de muchos otros festivales)

Se acercaba el final del festival y arrancaba la recta final con otra de las bandas más esperadas, los Earthless llegaban a Portugal tras unos años de parón y descanso para presentar su nuevo trabajo, editado con Nuclear Blast. Si bien pensaba que se mandarían un concierto íntegramente instrumental intercalaron un par de temas cantados, pero fueron las largas jams psicodélicas con solos de la vieja escuela recorriendo pentatónicas las que marcaron su actuación. La clausura del festi llegaría de la mano de unos viejos conocidos tanto del festival como de los lectores de este blog: el hard rock setentero de The Black Wizards cerraba una edición más del Sonic Blast, y es que no podían no presentar su …What The Fuzz? y no pasar por la que es su segunda casa.

Y así acababa la edición de 2018, con más público que nunca, mostrando la buena salud del festival, con grandes aciertos como poner rampas y escaleras para acceder a la zona elevada a la derecha del escenario o la reubicación de barras y puesto de merchandising, pero abriendo algunos interrogantes al respecto de logística y crecimiento para la próxima edición ¿Es viable mantener el escenario de la piscina con tanta gente? ¿Por qué se hicieron este año tantas colas para salir del recinto? ¿No debería iluminarse mejor la zona de las letrinas? ¿Hay alguna solución para que el área donde están los puestos de comida esté mejor organizada? Esperamos comprobar todo eso en el Sonic Blast 2019