Glenn Hughes – Soul Mover

Hace sólo un par de días que presencié un directo inolvidable del veterano bajista/vocalista, al que los 60 años parecen no pesar nada. Ni siquiera los excesos que apunto estuvieron de costarle la vida y la voz en los años 80 han hecho mella a este inglés cuya carrera ha sido como una montaña rusa. Comenzó a finales de los 60, muy joven, con Trapeze; una banda original, con calidad pero a la que siempre le faltó un hit single que les metiera en las listas. Aterrizó en Deep Purple para substituir en el bajo a Roger Glover y grabar tres discos: Burn, Stormbringer y Come taste the band. En 1977, tras la disolución de los Purple, lanza su primer disco en solitario, Play me Out, más orientado hacia el sonido Motown. Los 80 se convierten en una década oscura en la que las drogas y el alcohol le llevan a ser incapaz de mantener una carrera sólida: Saca el excepcional Hughes/Thrall y el pasteloso Seventh Star con unos Black Sabbath donde sólo quedaba Iommi, además de muchas colaboraciones, pero apenas gira o compone. Y entonces llegan los 90, logra superar sus problemas de adicciones y comienza su prolífica carrera solista, publicando casi a disco por año, experimentando con el hard rock, el soul, el funk o el blues, recuperando su nombre en la escena rockera y demostrando que su voz está tan bien como en sus años mozos. Por el medio además forma superbandas como Black Country Communion, Hughes-Turner Project o sus trabajos junto a Iommi.

Soul Mover
Destacar un disco entre toda esta trayectoria es complicado, pero creo que si tuviera que destacar uno sin duda sería este Soul Mover. Cabe destacar que, como es habitual en los discos de Hughes en solitario, las guitarras corrían a cargo de JJ Marsh (aunque Dave Navarro, ex Jane’s Addiction y Red Hot Chili Peppers, colabora en un par de temas) y que fue el primer disco de Hughes en el que las baterías corrían enteramente a cargo de Chad Smith (otro Red Hot). El disco lo abre el tema-título y single Soul Mover, una pieza excelsa de  funk rock, seguramente el tema más pegadizo que haya compuesto Glenn en uno de sus discos en solitario, y con un enorme trabajo de guitarra de Navarro. En la misma onda siguen She Moves Ghostly (también con colaboración de Navarro) y un High Road de la que se dice que originalmente la compuso Hughes para Lenny Kravitz, aunque finalmente se convirtió en un tema suyo por sugestión de Chad Smith. Orion y Change Yourself son más flojillas pero Let it go y Dark Star te devuelven el subidón. Es una gozada disfrutar de Chad Smith tocando otra vez con ese groove funky que por desgracia los Red Hot Chili Peppers abandonaron hace años para abrazar el pasteleo más facilón y hortera. Land of the Living vuelve a suponer un pequeño bajón, pero Miss Little Insane es un temazo de hard rock que da paso a la balada Last Mistake y al cierre del disco con Don’t Le me Bleed, una canción AOR que podría haber sido un tema de Hughes Turner Project perfectamente.

El «tito» Glenn

Dependiendo de qué versión del album caiga en vuestras manos podréis econtrar una versión del Nights in White Satin de los Moody Blues (aparece en la edición japonesa) o el tema Isolation, una canción que se mueve entre el hard rock y el soul, en la onda de su pasado en Trapeze.

El disco es una gran muestra de los palos que Hughes puede tocar con éxito en su carrera, desde el rock más duro al soul, el funky  o el blues, con una gran banda de apoyo. Es complicado decir si se trata de su mejor disco en solitario (Feel, Addiction o Hughes/Thrall pegan muy fuerte), pero al menos sí del más completo, más variado y del mejor resumen de los gustos y la ecléctica carrera de un hombre cuyo nombre debería estar más reconocido en la historia del rock.

Neil Young – Americana

Aunque la percepción del público en general es la de situar a Neil Young un escalón por debajo de nombres como Knopfler, Clapton o Springsteen, tal vez porque en los medios de comunicación españoles no se da tanto bombo a sus giras, no se puede negar que el viejo Neil Tiene una de las carreras más sólidas del rock.

Americana es un disco extraño, que ha generado división entre la crítica: genial para unos y totalmente prescindible para otros. En este disco Young decide reunirse de nuevo con los Crazy Horse (9 años después del conceptual Greendale) para lanzarse a un trabajo de arqueólogo de la música tradicional estadounidense. Para este disco se han recuperado 10 temas compuestos entre mediados del XIX y principios del XX, canciones de dominio público, temas de acampada y patio de colegio o canciones de tasca de patroneo pasadas por su filto de rock sudoroso y eléctrico. Añade a modo de cierre una versión del himno británico, que deja descolocado al oyente. ¿Puya o broma?

Y es que reconvertir en clave de rock algunos de estos temas es una tarea mastodóntica, y hay que tener el buen hacer y la clase de Neil Young para lograr un disco que pueda tomarse en serio y no una fallida broma sónica.


Empezando por el principio, el disco lo abre Oh, Susannah reconvertido a una pieza de rock cargado de distorsión casi grunge. Le sigue el clásico de acampada de boy scouts Clementine, un tema que hasta yo canté de crío en clase de inglés. Ambas canciones fueron incluidas en una película muda de 40 minutos que Young realizó conjuntamente al album, recorriendo imágenes y cuadros sobre la historia americana de principios del siglo XX. En dicho mediometraje aparecen otros dos temas del disco: Jesus’ Chariot (She’ll be coming round the mountain), que todos los fans de Futurama recordaréis como la canción que canta Bender cuando le acercan un imán, y el himno británico God Save The Queen que cierra el disco. Como otros puntos álgidos del disco diría que el blues Gallows Pole, que ya electrificaron en su día Led Zeppelin, Travel On, High Flyin’ Bird (en los sesenta blueserizada por Jefferson Airplane) y el This land is your land de Woodie Guthrie. Por medio hay algún temilla que ha quedado más flojo como Get a Job, la excesivamente alargada Tom Dula o la insulsa Wayfaring Stranger. Pero en general el resultado es un gran disco de rock: eléctrico, sucio, pesado, sudoroso, reptante

El tono general del disco es más similar al de una Jam que a una grabación de estudio tradicional, suena como si el grupo lo hubiera grabado en directo, espontáneo y salvaje. Además, fue la semilla del siguiente disco con Crazy Horse, que se publicó sólo cuatro meses después. Y es que tras 34 discos no es fácil mantenerse tan fresco como Neil.

Topo – Topo

Hace un par de años tuve la suerte de trabajar como pipa en Compostela para esta mítica banda vallecana. Unos rockeros de impecable trayectoria, enorme elegancia escénica  y gente cojonuda.

Además de ser unos tipos majos y muy profesionales, Topo también han sido una de las bandas fundamentales para entender el rock español. Nacieron como escisión de Asfalto, tras la salida del primer disco de estos, cuando José Luis Jiménez y Lele Laina decidieron desarrollar por su cuenta su carrera, orientada a un sonido más duro que el de Asfalto. Estaba mediado 1978 y junto a la constitución comenzaba a gestarse el primer disco de Topo, en un país donde había muerto el dictador pero donde todavía vivía la dictadura.

Siete temas constituyeron este disco debut, editado por el sello Chapa y producido por Teddy Bautista, conocido por sus papeles bíblicos: Judas en Jesucristo Superstar y Satanás cuando presidía la SGAE. Comenzaba con Autorretrato, una canción sobre las sensaciones del músico en el escenario con un claro deje al hard rock británico de principios de la década. Pasan a la crítica al imperialismo estadounidense en Abélica, una canción donde el teclado toma el primer plano, con dejes progresivos. Y es que como a muchas otras bandas criadas durante la dictadura (mismamente Ñu) se les ve en sus primeros discos una mezcla de hippismo inocente, anti-imperialismo y ganas de decir a gritos lo que durante años tuvieron que susurrar para evitar a la brigada político-social. La Catedral trae aires al Bowie más espacial, un tema de space rock psicodélico que dejará paso al rock and roll más tradicional, de riff marcado, punteo cálido y arreglos de piano en Mis amigos Dónde Estarán (nada que ver con el tema de título similar de Extremoduro). De nuevo un cambio radical de estilo para Qué es la vida, una canción de corte minimalista y preciosista, con ese toque hippie-ecologista que citaba antes, con influencia de banda como America o Crosby, Stills, Nash and Young. Con El Periódico de nuevo vuelven los cortes sinfónicos-progresivos y la sensación de que la prensa (y España en general) ha cambiado demasiado desde aquellos tiempos pre-democráticos. Y finaliza el disco su tema más clásico: Vallecas 1996, una melodía purpleiana, una letra basada en 1984 de Orwell y una crítica al consumismo capitalista, al lavado de cerebro mediático junto a una defensa del ecologismo.

José Luis Jiménez, de Topo
José Luis Jiménez en la actualidad

Un disco que merece ser escuchado con unos buenos altavoces o auriculares, para apreciar en su totalidad la calidez del bajo de José Luis Jiménez, uno de los bajistas más elegantes y creativos del rock español. Un gran trabajo de rock de una banda fundamental para el rock español, un grupo que merece todo el respeto y la atención de los grandes, por su elegancia, su saber hacer y su status de pioneros.

Atomic Rooster – Death Walks Behind You

Por variar un poco, que iba mucha informática seguida, toca retomar la serie de joyas musicales. Y toca retomarla con otros olvidados de los años setenta: Atomic Rooster.

Este Death Walks Behind You era su segundo disco y salía pocos meses después del primero. La banda estaba formada originalmente por ex miembros del grupo de Arthur Brown, siendo el teclista Vincent Crane el centro de la banda y único miembro fijo a lo largo de los años.

Con una perturbadora portada que usaba un dibujo de William Blake  presentaron un disco muy de la época: blues rock psicodélico que apuntaba hacia el hard rock y el progresivo. El disco mantiene un tono oscuro y sobrenatural desde el inicio con Death Walks Behind You, tema que posteriormente sería versionado por Paradise Lost. La sigue VUG, un tema instrumental más cercano al progresivo. Tomorrow Night muestra un sonido más hippie pero sin alejarse de un blues rock standar que en algún momento podrías emparentar con Free y que, claramente, era el tema «single» del disco. Seven Streets nos devuelve a un tema más oscuro y pesado, sensación de oscuridad que se perpetúa con Sleeping for Years, cuyo inicio podría parecer algún experimento de alguna banda drone actual, para dar paso a un tema de blues rock con dejes de funk. I can’t take no more por su parte trae de regreso los arreglos progresivos de teclado sobre una base de hard rock bluesero. Dos instrumentales cierran el disco: primero la melódica Nobody Else y luego la experimental, paranoica y extaña Gershatzer.

Un gran disco de una banda que no conoció el éxito comercial, pero que se ha mantenido activa muchas décadas en el underground.

Blue Cheer – Vincebus Eruptum

Seguimos con pioneros del heavy, del stoner y del rock pesado en general, y vamos con unos de los más veteranos: Blue Cheer. Porque se puede ser ‘pre’, se puede ser ‘proto’… y luego se puede ser Blue Cheer. Por sus pintas podrías pensar que eran sólo otros hippies de San Francisco hasta atrás de ácido y mariguana, pero sin proponérselo iban a dar un salto cualitativo y, en términos de distorsión, cuantitativo a la evolución del rock and roll.

Blue Cheer - Vincebus Eruptum

Porque Blue Cheer fueron los más ruidosos. Antes de que Black Sabbath llegasen con su manto de oscuridad, antes de la suciedad del sonido Detroit de Stooges aparecieron en la costa oeste Blue Cheer. Por aquel entonces sólo MC5 podían competir con ellos en distorsión, si bien todavía no habían lanzado su debut Kick out The Jams. Porque el primer disco de Blue Cheer se grabó en 1967 y vio la luz en enero de 1968. Eran los hijos bastardos y embarrados de Jimi Hendrix, eran la evolución de Cream hacia los infiernos de la música.

Blue Cheer original line up
Si hasta tenían cara de buenos

Fueron 6 cortes los que compusieron el disco, la mitad de ellos versiones. Abren con su gran hit (llegó al número 14 del Billboard), una cover de Summertime Blues de Eddie Cochram cargada de distorsión tanto en el bajo como en la guitarra, y con una batería pesadísima, cargando el ritmo sobre el bombo y los timbales. Un trío que hace más ruído que una orquesta sinfónica, pero antes que ZZ Top, mucho antes que Motorhead. Siguen con otra versión, Rock me Baby de BB King, blues pesado, psicodélico, arreglos hendrixianos a la guitarra, solos de bajo cargados de distorsión al estilo de The Who. Doctor Please nos trae la primera de las composiciones propias, a cargo del líder, vocalista y bajista Dickie Peterson, que también firma Out of Focus. Una versión del clásico bluesero Parchman Farm rebautizada como Parchment Farm (que también hacían otras bandas como Cactus o John Mayall and the Bluesbreakers) dará paso a la final Second Time Around, otra composición de Peterson.

Dickie Peterson
Peterson, activo hasta que la enfermedad se lo llevó

Todo el mundo ve claramente las raíces del heavy metal, el doom metal, el grunge o el stoner en Black Sabbath, y razones no faltan para ello. Pero no conviene olvidar a Blue Cheer, una banda que se anticiparon a su época en términos de agresividad, pesadez y distorsión. La evolución posterior del grupo sería hacia sonidos más blues rock standar, tipo Cactus – Led Zeppelin – Steppenwolf, y se mantendrían en activo hasta 2009, cuando un cáncer de próstata se llevo a Peterson en su Alemania adoptiva (el grupo se había trasladado allí en los 80 y desde aquella habían vivido más en Europa que en América). Su último disco What doesn’t kill you… data de 2007 y se trata de un magnífico trabajo de blues rock (del que puede que algún día hable aquí). Curiosamente ese último trabajo fue elegido por la revista sobre mariguana High Times como «mejor disco del año para escuchar fumando». Como no soy fumador no puedo opinar, pero si alguno quiere comentar si realmente lo cree puede hacerlo en los comments.

JPT Scare Band – Sleeping Sickness (1973-1976)

La historia de JPT Scare Band es curiosa. No sacaron su primer disco hasta 1994 a pesar de haberse fundado a principios de los años 70. Puede que fuesen demasiado raros e innovadores incluso para la época más rara e innovadora de la historia del rock and roll.

JPT Scare Band - Sleeping Sickness
JPT Scare Band – Sleeping Sickness

El nombre del grupo procede las iniciales de sus miembros: Jeff Lintrell (batería), Paul Grigsby (bajo) y Tony Swope (guitarra), y lo de Scare Band viene por lo tenso y tenebroso de sus composiciones. La influencia de las atrevidas y psicodélicas guitarras de Jimi Hendrix junto al blues pesado y distorsionado del disco debut de Blue Cheer, más una buena dosis de jazz y ácido, inspiraron las mentes de este trío de Kansas para componer estos temas durante los setenta. Porque aunque este disco no vería la luz hasta el año 2000 de la mano de Monster Records, todos los temas fueron grabados por la banda en su local de ensayo en el periodo 1973-1976.

Puede intuirse en esta colección de siete temas un alto componente de improvisación, suponiendo que las sesiones de grabación fueron más bien jam sessions donde la banda daba rienda suelta a su creatividad, planteando desarrollos instrumentales largos donde las voces juegan un papel apenas secundario.

Contraportada

Desde la inicial Sleeping Sickness, un cuarto de hora de paranoia hendrixiana cargada de fuzz intercalado con partes limpias. Extravagancia, experimentación, imaginación… Slow Sick Suffle no baja el listón, nos lleva de paseo por el infierno, pesadillas venéreas que provocan vigilias ácidas, pura locura. King Rat nos hace de nuevo a volar con 13 minutos de guitarrazos psicodélicos. It’s too late o I’ve been waiting nos transporta a pasajes más blueseros, más Cactus o Led Zeppelin, mientras que Acid Acetate Excursion o Time To Cry se mueven por registros de absoluta psicodelia. Por cierto, en esta última la línea de bajo es impresionante.

Siete temas que conforman más de una hora de grabación dada su larga duración, conformando un enorme discazo que por suerte no se perdió para siempre tras años guardando las grabaciones en un sótano. Curiosamente la banda sigue activa y desde su primer lanzamiento en los años 90 han publicado discos con bastante asiduidad.

JPT Scare Bande

Pioneros del heavy metal y el stoner, JPT Scare Band no recibieron apenas reconocimiento durante sus primeros años a pesar de su estilo musical innovador y arriesgado, si bien han alcanzado finalmente en status de banda de culto pionera por parte de la crítica y de publicaciones especializadas como Classic Rock Magazine o This Is Rock.

The Sword – Age or Winters

Ahora que el cuarto disco de The Sword está calentito y listo para ver la luz tal vez sea un buen momento para añadirles a esta lista de enormes discazos con el que fue su disco debut allá por 2006, y que yo descubrí hará cosa de un año por recomendación del guitarrista de Tungsteno (banda que, por otra parte, debéis intentar escuchar si no lo habéis hecho ya).

 

Age of Winters puede sonar a título de novela de George R.R. Martin (al cual seguro que han leído y ha influenciado algunas de sus letras, por otra parte) pero se trata de uno de los mejores discos de heavy metal de la pasada década. En todo caso el debut de estos tejanos, que saben ser a la vez frescos y retro, tiene mucho de fantasía épica y ciencia ficción en sus letras. Eso sí, nada que ver con Blind Guardian, Rhapsody o mierdas así, la cosa va más por el lado de Blue Öyster Cult o Hawkwind, que son bandas que ejercen un claro magisterio sobre esta banda estadounidense.

The Sword - Age of Winters

 

Ya desde la intro Celestial Crow queda claro lo que estos chavales nos van a ofrecer: un doom/stoner muy setentero cargado de toneladas de distorsión y ritmos pesados, rock y blues que se dan la mano con un primitivo metal para completar una serie de canciones que recorrerán las influencias literarias de Moorcock, Anderton, Lovecraft, Lem, Clarke o K. Dick. Ya la primera ondanada tras la intro, Barael’s Blade, nos deja patentes las influencias de esta banda, y es que esos arreglos de guitarra suenan como si hubieran sido sacados del mismísimo Vol 4 de Black Sabbath. Freya, tema conocido por haber salido en varios videojuegos de la época, ahonda todavía más en la influencia sabbathica, con un repetitivo riff que concienzudamente machaca tus oídos y te hace machacar tus cervicales. Winter’s Wolves por otra parte mezcla los riffs más pesados con algunas partes más veloces y metaleras, muy en el rollo de los primeros Trouble o The Obsessed. Con The Horned Goddess siguen los ritmos pesados con aroma a humo de mariguana, como si fueran unos Down sin esa pesada, predecible y prescindible vena hardcore que les sale a veces a los de Anselmo. Una guitarra limpia da entrada a uno de los puntos álgidos del disco, Iron Swan, que tras ese ambiente se lanza con el riff más afilado y el ritmo más vertiginoso del disco para intercalarlo con intervalos más lentos, como un bastardo maridaje de los Judas Priest de los 70 con los ambientes de los Pentagram, una lección de cómo sonar contemporáneo sin tener que ir pegándose puñetazos en el pecho con bambas, pantalones por debajo del culo y berreando como si se hubiera pillado un testículo con la puerta del microondas. Con 8 minutazos Lament for the Aurochs es el tema más largo del disco, donde se permiten jugar con constantes cambios enlazando distintas partes. La instrumental March of the Lor fue otro de los hits del disco, rendición clara a Sabbath/Pentagram, al magisterio de Iommi e incluso al trabajo de John Christ en los primeros trabajos de Danzig. El disco termina con otro tema de riffs desencajacuellos como Ebethron, otra rendición al metal más pesado para cerrar esta joya, discazo que empieza impresionante y no decae en ningún momento.

 The Sword Cuatro chavales de Austin a la conquista del mundo

Tras este disco llegaron otros dos: Gods of the Earth en 2008 y The Warp Riders en 2010. Ambos totalmente recomendables y que muestran una evolución hacia derroteros más rockeros y melódicos, manteniendo la temática fantástica-mitológica-scifi. Unos lo llaman metal alternativo, otros doom, otros stoner, otros heavy… fuera de etiquetas hay que hablar de un grupazo al que seguir en los próximos años.

West, Bruce and Laing – Why Dontcha

La historia de Felix Pappalardi es una de las más tristes del rock and roll. El tío era puro talento: un muy competente bajista, buen vocalista, gran compositor y excepcional productor. Trabajó produciendo el grueso de los discos de Cream, además de otras bandas como Hot Tuna, The Dead Boys, algún disco en solitario de Jack Bruce o  los discos de su propia banda, Mountain.  Pero la tragedia se cruzó en su vida, primero en 1972 cuando un problema en el tímpano le obligó a dejar la música en directo bajo riesgo de acabar padeciendo una sordera total, relegándole al rol de compositor, productor y músico de estudio, y forzándole a abandonar Mountain. En 1983 sería asesinado por su mujer en su piso de Nueva York, según parece de forma accidental.

¿A qué viene contar la historia de Felix Pappalardi aquí? Pues a explicar el génesis de esta banda: West, Bruce and Laing. Si conoces la carrera de Mountain te habrás dado cuenta de que hablamos de Leslie West y Corky Laing, guitarrista y batería respectivamente de la mítica banda estadounidense. Y el sustituto de Pappalardi no podía ser otro que Jack Bruce, el gran bajista de Cream. Porque a fin de cuentas eso es lo que es esta banda, la continuación de Mountain. Pero al contrario que otras bandas, en aquel momento tuvieron la decencia de cambiarse de nombre, si bien la onda es totalmente continuista. Picoteando en un hard rock que bebe muchísimo del blues sureño pero a su vez apunta en términos de distorsión y «densidad» a lo que luego sería el heavy metal. De hecho la formación de la banda se fraguó en el tour de Mountain de 1971 por Reino Unido, cuando Pappalardi anunció que dejaría la música en directo al acabar la gira.

Why Dontcha se convirtió así en el primer disco de West, Bruce and Laing, aunque podría haber sido el siguiente disco de Mountain o de Leslie West en solitario perfectamente. De hecho la primera gira de la formación fue previa a la grabación del disco, dando conciertos con temas de Cream, Mountain y versiones de clásicos del blues. Se dice también que el disco tardó en grabarse mucho más de lo esperado por culpa de los abusos del trío con las drogas y el alcohol. 
Este debut se abre pues con el tema/título Why Dontcha, una clara muestra de hacía donde discurrirá el trabajo: un riff de hard rock bluesero pegadizo, con esencia sureña, que sabe dejar mucho peso al bajo dentro de la composición (y es que con un titán como Jack Bruce al bajo no puedes taparle con guitarras sobrecargadas), sin alargarse en exceso y sin arreglos barrocos, con un sonido crudo como un buen chuletón. Out into the fields, por su parte, tiene un deje más hippie, más en la onda del sonido Cream, con un gran trabajo de guitarras de West. The Doctor es un rock and roll cargado de distorsión, muy en la onda de lo que podría ser el Mississippi Queen de Mountain, y que fue el single más radiado del disco en la época. La armónica es el instrumento predominante en la bluesera Turn Me Over, donde la guitarra con slide también tiene un peso capital. Cierra lo que sería la cara A del disco (si al vinilo nos remitimos) la versión del Third Degree de Eddie Boyd y Willie (como no!) Dixon, otro blues de la vieja escuela cargardo con una dosis extra de distorsión donde West hace llorar a su guitarra y Bruce se luce al final con un gran solo. Lo que sería la cara B comienza con Shake Ma Thing (rolling jack), rock and roll clásico, con piano, ascendencia blues y ritmo vacilón y sexual, para ponerse los zapatos de gamuza azul y mover los pies al ritmo de la distorsionada melodía. Una etérea y frágil balada como While You Sleep es lo que vendrá a continuación, con un cierto aire a los Allman Brothers o a Joe Cocker. Y tras el descanso vuelve el rock and roll old school de la mano de Pleasure, donde el piano vuelve a cobrar importancia (gran trabajo de Jack Bruce también como pianista) y donde la guitarra de West de nuevo lleva el tema al puro éxtasis.  Love is Worth the Blues, no me preguntes por qué, me recuerda al Play With Fire de los Rolling Stones, a pesar de que reconozco que no suena muy parecida, puede que use la misma progresión de acordes en la subida que hace en los estribillos. Cierra el disco Pollution Woman, un tema que se abre con un ritmo muy Sly Stone y que me recuerda, al igual que la segunda canció del disco, a los trabajos de Cream, con un toque más hippie y psicodélico por medio.

Un muy buen disco de blues rock/hard rock para amantes tanto de Cream como, sobre todo, de Mountain. De haber salido bajo la denominación de la banda primigenia habría logrado seguramente más repercusión, pero no debes dejarte llevar a engaño, es un discazo aunque lo veas como una banda nueva. Tanto Jack Bruce como Leslie West están al nivel que se les debe exigir a dos máquinas del rock and roll como ellos.

The Aynsley Dunbar Retaliation – Remains to be heard

Aynsley Dunbar pasa por ser uno de los baterías más conocidos de los años 70. Conocido sobre todo por su trabajo con Jeff Beck, David Bowie, John Mayall, Frank Zappa o Whitesnake,  fue el típico mercenario que se ganó la vida de un lado para otro con docenas de bandas, al estilo de otros grandes de su generación como, Carmine Appice o Cozy Powell.

Y al igual que el malogrado Cozy, Aynsley también probó a sacar adelante su propia banda: Aynsley Dunbar Retaliation. Este Remains to Be Heard de 1970, el último disco que publicaron, es un disco de blues eléctrico pesado y elegante, muy en la onda de lo que hacía en esa época Cream, Ten Years After o incluso podría recordar a ciertas cosas de Led Zeppelin.

El disco se abre con Invitation to a Lady, tema de blues de inspiración sexual socarrona y ritmo ligero. El segundo tema, Blood on your wheels en cambio plantea un ritmo más pesado, más sudoroso. Downhearted, lenta, intimista, baladística, con un deje soul… sonaría perfecta en la voz de Joe Cocker o Chris Rea, un tema que pide ser desgranado con una voz de alma torturada. Whistlin’ Blues por su parte se acerca al lado más folkie del blues sureño, a la música de los campos de algodón, a John Lee Hooker, al primer Muddy Waters, al gran Robert Johnson, donde la distorsión se va para dejar sitio a las acústica y donde un silbido da sentido al título y lleva el grueso de la melodía. Keep your hands out vuelve a la temática y al ritmo más sexual, más ligero y divertido. Sleepy Town Sister, por su parte, juega con el soul y con una segunda voz femenina, con los arreglos de piano ganando terreno a la guitarra dando un tono muy honky tonk y con un solo de trompeta en medio de la canción, como momento álgido del tema. Fortune City también presenta una voz femenina para un tema de más rockero, sin dejar de lado el blues, con un impresionante trabajo de percusión de Dunbar. Put some love on you, con su ritmo pausado, sus arreglos psicodélicos en el solo de guitarra y sus armonías vocales podría recordar más a los Yardbirds, los Rolling Stones o incluso los Beatles. Bloody Souvenir es un tema de blues muy pesado e intenso, a pesar de contar sólo con una guitarra acústica y una voz. Toga por su parte comienza jugando con la percusión, la voz y una sección de cuerda, creando un ambiente muy relajado donde un violín irrumpe con una melodía oriental, en la canción más experimental del disco. En la reedición que he conseguido del disco aparecen dos temas más como bonus tracks que ignoro si formaron parte del disco originalmente, siendo la primera de ellas su single de 1967 The Warning, canción que luego versionarían Black Sabbath en su primer disco, un impresionante temazo de blues-rock pesado, sudoroso, intenso y pegadizo, en la onda de la época y que es un clásico por derecho propio con un pegadizo teclado y suaves arreglos. Cierra el disco otra gran pieza de blues eléctrico como es Cobwebs, de ritmo lento y con una guitarra de inspiración BB King jugueteando entre los acordes del órgano.

No se trata de uno de los discos más conocidos de la época, tampoco de los más originales, Dunbar plantea un trabajo de blues bien ejecutado y compuesto, sin alejarse mucho de lo que hacían otros grandes británicos del estilo como Cream o John Mayall pero acercándose a distintas formas de entender y componer este género musical. Tal vez no sea un disco indispensable, pero sí es un trabajo que merecería más repercusión, un disco para los amantes del “sonido Woodstock”, una combinación inteligente de elegancia con rudeza bluesy.