Las 5 mejores bandas sonoras rockeras

Antes de empezar este artículo, una aclaración: No estoy considerando bandas sonoras rockeras ni la música de musicales rockanroleros (como The Rocky Horror Picture Show), ni discos que luego han sido llevados al cine (como The Wall, Quadrophenia o Tommy). Me centro en recopilaciones de canciones que se han realizado para ambientar películas, ya sea con temas preexistentes o con canciones realizadas exclusivamente para el film.

Carátula de Heavy Metal

1- Heavy Metal (1981)

Heavy Metal fue una película de animación de 1981, producida en Canadá, basada en las historias de la popular revista de comics del mismo nombre. Algunos destacados colaboradores de la publicación colaboraron como dibujantes, diseñadores de personajes o guionistas. Se compone de varias historias cortas de fantasía, terror y ciencia ficción. Existe una segunda parte con una sola historia, “Heavy Metal 2000”, y se rumorea que diversa gentuza del Hollywood más mainstream quieren sacar un nuevo remake (claro, un remake de manos de gente como Zack Snyder, James Cameron, Gore Verbinski y David Fincher… ¿alguien se espera que pueda salir algo que mínimamente tenga que ver con el espíriuto del comic? Al menos puede que Jack Black, Kevin Eastman, Tim Miller y Guillermo del Toro logren hacer un fragmento apañadito que salve un poco la imágen) para 2012. Lo que desde luego no va a ser igual en la nueva versión será esa joya de banda sonora, que comenzaba con la versión original del tema Heavy Metal de Sammy Hagar y contenía joyas como Open Arms de Journey, The Mob Rules de Black Sabbath o Veteran of the Psychic Wars de Blue Öyster Cult, además de algunos temas menos conocidos pero igualmente tremendos como Heavy Metal (Taking a ride) de Don Felder, Queen Bee de Grand Funk Railrod o Prefabricated de los franceses Trust.

Curiosamente, el haber negociado mal los derechos de uso de las canciones hizo que la publicación en vídeo de la película y de la BSO en cd se demorara hasta mediados de los 90.

The Devil's Rejects Soundtrack

2-Los renegados del Diablo (2005)

La segunda película de Rob Zombie, la continuación de La Casa de los 1000 Cadáveres, continúa mostrándonos las desventuras de la familia Firefly. Con un reparto muy mitómano (Mamá Firefly era la rubia explosiva y dominante de Loca Academia de Policia, Otis fue Chop Top Sawyer en La Matanza de Texas 2 y el motero más duro que el granito no podía ser otro que Dany Trejo), con su más que deseable y excitante mujer con un papel estelar (Sheri Moon Zombie) y abandonando el género slasher para irse hacia una mezcla de road movie con película de acción, sin abandonar el aire a La Matanza de Texas que ya rodeaba a la original.

Parece que uno se esperaría una banda sonora a base de metal y punk industrial, viendo la carrera musical del señor RZ, pero en lugar de esto el polifacético señor Zombie nos presenta una buena selección de blues, country, rock sureño y setentero americano: La película empieza con el Midnight Rider de los Allman Brothers y termina con Freebird de Lynyrd Skynyrd, dos piedras angulares del southern rock. Por medio temazo tras temazo: Funk #49 de The James Gang, Rocky Mountain Way de Joe Walsh, I can’t Quit you baby de Otis Rush, Brave Awakening de Terry Reid o Satan’s Got To Get Along Without Me de Buck Owens & his Buckaroos.

Rock'N'Rolla Soundtrack

3.-Rock’n’Rolla (2008)

La película que nos devolvió al Guy Ritchie más macarra y divertido también nos trae una gran selección musical. Una nueva mezcla de thriller de mafiosos barriobajeros con comedia gamberra, continuando con el estilo que le definió en sus primeras obras: Lock&Stock y Snatch.

Muy orientada hacia el rock alternativo y de revival retro, tiene como pieza principal la tremendamente pegadiza I’m a man de Black Strobe, y nos presenta otros temas recordables como Dopylsia, de unos reformados Sektor Gaza para la ocasión, Rock&Roll Queen de The Subways (que además aparecen en la película tocándola), Bankrobber de The Clash (que parece escrita expresamente para la escena en la que sale), Have Love Will Travel versionada por The Sonics o The Gun, de Lou Reed.

Last Action Hero Soundtrack

4- El último Gran Héroe (1993)

La película no tiene perdón de Dios. La sacaron para aprovechar el tirón que tenía Schwarzenegger en ese momento tras el éxito de Terminator 2. Se gastaron un dineral en publicidad, lanzaron bulos a tutiplén, utilizaba un nuevo sistema de sonido creado por Sony que les dio multitud de problemas técnicos… al final se calcula que la película perdió 26 millones de dólares (el Goberneitor cobró 15 por su papel principal).

La banda sonora se mueve por lo más mainstream del metal y el rock alternativo de la época, incluyendo varios temas compuestos específicamente para la película como Big Gun de AC/DC (que tuvo hasta un videoclip), Angry Again de Megadeth, Real World de Queensryche (orquestada por Michael Kamen), Two Steps Behind de Deff Leppard, What the Hell Have I de Alice in Chains, Jack and the Ripper de Buckethead o Last Action Hero de Tesla. Además incluía una versión en directo y orquestada del Dream On de los Aerosmith, el Swim de los Fishbone, Poison my Eyes de Anthrax o Cock the Hammer de Cypress Hill. Desde luego mucho más aprovechable que la película.

Still Crazy Soundtrack

5.-Siempre locos (1998)

Emotiva comedia británica sobre una banda de rock de los años setenta que intenta reunirse para un revival a finales de los 90. Aunque no es una película muy conocida, estuvo nominada a dos globos de oro en 1999, y creo que se trata de un film muy disfrutable por todos los amantes del rock and roll (seguramente una persona menos metida en este mundillo no aprecie tanto ni el humor ni la parte sentimental de la película). En el reparto contaban además con dos actores con gran formación musical: Jimmy Nail, que interpreta al bajista/segunda voz Les y que además de su carrera como actor logró un cierto éxito a principios de los 90 en el Reino Unido con su tema Ain’t No Doubt (no muy rockero ciertamente, pero demuestra que al menos el tío sabe componer y tocar un instrumento), y que en la película mantiene una eterna pugna con Bill Nighy, que interpreta al vocalista pasado de vueltas Ray Simms y que en el pasado demostró sus virtudes vocales interpretando el papel principal en el musical El Fantasma de la Ópera.

Aunque la banda sonora presenta algún tema de otros artistas como el A woman like That de Bernie Mardsen (infravaloradísima la carrera en solitario de este hombre), lo verdaderamente interesante son los temas que se compusieron para la banda ficticia Strange Fruit, que son cantados por ambos actores/vocalistas antes citados. Estos fueron compuestos mayormente por Mick Jones (Foreigner), Chris Difford (Squeeze) con algunas colaboraciones. Es complicado quedarse con algún tema en concreto: La balada The Flame Still Burns, la pesada y uriaheepica (toma palabro) Scream Freedom, la rockanrolera All Over the World o la más americana Dirty Town. Una película que vale la pena ver y una banda sonora que vale la pena escuchar.

El rock and roll en 10 temas

¿Qué es el rock and roll? ¿Sexo? ¿Alcohol? ¿Juergas? ¿Desamores? ¿Amistad? ¿Motos de gran cilindrada? ¿Peleas de bar? ¿Noches en comisaría?… Creo que un viaje a través de estas 10 canciones puede mostrar lo que el rock and roll, puede ser y siempre será.

  1.  Ace of Spades: Johnny Ramone la definió con la canción de punk rock definitiva, Scott Ian dijo que fue el thrash antes del thrash. Puede que Motorhead no puedan competir con Led Zeppelin, AC/DC, los Stones o los Beatles a nivel de fama y popularidad, pero seguramente son una de las bandas más respetadas de la historia entre los músicos. Su influencia se extiende entre el punk, el rock, el heavy metal, el hardcore, el metal extremo… Ace of Spades es una canción sucia, con un volumen infernal, con toneladas de distorsión y una letra que es toda una declaración de intencionesesto es lo que me gusta, nena, no quiero vivir para siempre”.
  2.  Johnny B Good: El rock and roll clásico, el rock and roll de los 50, el primer rock and roll, el rock and roll por antonomasia se define con esta canción. Chuck Berry nos dispara ese riff que entra directo a nuestros oídos y baja a nuestros pies, Elvis era el Rey pero Chuck es dios. Aroma a baile de fin de curso americano, a fiesta en un granero sureño, a bourbon en la barra mirando a las chicas del bar. Incluso fue inmortalizado en uno de los grandes clásicos de la ci-fi de los 80: “Regreso al Futuro”, en esa inolvidable escena en la que Michael J. Fox se toca el tema a lo Van Halen y que ha sido homenajeada en multitud de series. Seguramente una de las canciones más versionadas y más bailadas de la historia de la música.
  3. Stairway to Heaven: Todo lo bella que puede ser una balada es todo lo bella que es Starway to Heaven. Un tema que el vocalista de Led Zeppelin, Robert Plant, odiaba ya que decía que la letra no eran más que “ingenuidades hippies”. Aparte de esa aversión sufrida por Plant, este fue el tema que ayudó a catapultar definitivamente a Led Zeppelin como la banda más grande de su generación, y la que colocó el disco Led Zeppelin IV como un superventas. Su estructura, con su intenso final in crescendo, se acabó convirtiendo en casi un tópico, un standar para las baladas de hard rock y heavy metal.
  4. Freebird: El rock and roll puede ser nostálgico, y hasta algo místico. Eso es Freebird, una canción que los Lynyrd Skynyrd originalmente dedicaron a su fallecido ídolo y amigo Duane Allman y que se acabó convirtiendo en un homenaje a los propios miembros de la banda que han ido falleciendo a lo largo de los años (pocas bandas de rock han sido golpeadas tantas veces por la tragedia como los Skynyrd). Una canción que enfoca la muerte como un viaje, como la liberación del espíritu que se deshace del cuerpo para volar hacia un destino mejor, hacia un cielo libre de sufrimiento. La preciosa melodía que acompaña la triste letra acaba por explotar en un solo a tres guitarras de varios minutos, en uno de los grandes éxtasis guitarreros de la historia de la música.
  5. Fortunate Son: Las diferencias económicas de la sociedad estadounidense de los 60 inspiran esta letra de John Fogerty, uno de los clásicos de Creedence Clearwater Revival. La rasgada voz de Fogerty nos cuenta que él no es “un privilegiado”, mientas el riff principal y los arreglos de guitarra nos transportan al sudoroso sonido de los pantanos de Florida. La letra nos habla de cómo los ricos evaden impuestos y se libran de Vietnam por el mero hecho de ser hijos de senadores o militares, mientras que el resto se ven obligados a cumplir por no pertenecer a una clase privilegiada. Tan actual ahora como a mediados del siglo pasado.
  6. Iron Man: Pesado, oscuro, como la pesada puerta que da paso al infierno abriéndose poco a poco. Así es este riff que machacan la guitarra de Iommi y el bajo de Geezer Butler. Black Sabbath son para muchos no sólo los padres del heavy metal, sino también del doom metal. Su sonido, aterrador y sobrenatural, bebía no sólo del blues eléctrico sino también del cine de terror más clásico. La voz nasal de Ozzy Osbourne ayuda a dar esa sonoridad lastimosa tan peculiar que tiene este tema, uno de los que dio lugar al nacimiento de la música heavy.
  7. The End: Poética, larga, oscura, decadente, psicodélica, edípica. Seguramente The End no sea el tema más comercial de The Doors, pero sí una de las piedras angulares. El momento en que Jim Morrison grita aquello de “Mother, I want to fuck you” se ha convertido por derecho propio en uno de los más recordados del rock and roll. Como una mezcla de grito de agonía adolescente y odisea homérica, esta pieza de 10 minutos nos transporta al sórdido mundo de alcohol y alucinógenos de la banda americana más grande de finales de los 60.
  8. Whole Lotta Rossie: Sexo, fiesta, diversión, excesos. Bon Scott acaba en un local de alterne, acostándose con una prostituta enorme la cual no le reconoce, dado que se acuesta con varias personas al día. Y esto acaba inspirando una de las canciones más populares de la banda más importante que ha parido Australia. AC/DC son, por méritos propios, una de las bandas más grades y famosas de la historia del rock, y este tema es una de las mejores muestras de su sonido. Un rock and roll festivo, clásico, muy básico y con un Angus que demuestra que es un maestro a la hora de hacer uso del silencio.
  9. Whiskey In the Jar: Las raíces de la música tradicional irlandesa se funden aquí con el hard rock. Está claro que Thin Lizzy no son ni los primeros ni los únicos que han fusionado rock con el folklore, ni tampoco los primeros que dan un matiz rockero a un tema tradicional, pero en esta ocasión lo hicieron de una forma tan genial que el tema ha trascendido por encima de ser una versión para convertirse en uno de los grandes clásicos de esta banda. Este temprano single no es lo más representativo del sonido de la banda de Phil Lynnot, pero sí su primer éxito, el tema que les permitió salir de su irlanda natal, cuya maternal raíz se encuentra profundamente anclada en el corazón de su música.
  10. Stargazer: El rock puede ser majestuoso, puede ser épico, puede entroncar con los clásicos de la literatura fantástica sin tener que convertirse en una caricatura de El Señor de los Anillos. La poderosa batería de Cozy Powell da entrada a esta mayúscula pieza de rock duro, donde el bajo, el teclado y una orquesta añaden multitud de coloristas detalles a una melodía sobre la que Richie Blackmore explota sus influencias tanto medievales como arábigas, mientras Ronnie James Dio, con su voz inolvidable, nos habla del sufrimiento de un esclavo que se ve obligado a construir una faraónica torre para mayor gloria de un loco hechicero. Dentro de la corta etapa de los Rainbow con Dio a la voz (que abarcó sus tres primeros discos y un par de directos), seguramente Stargazer sea la pieza más trabajada y mágica de la producción de ese periodo, junto con Gates of Babylon.

Al final soy Faulkneriano…

William Faulkner fue uno de los más grandes escritores en lengua inglesa del siglo XX, ganador del Nobel y dos veces del Pulitzer… pero no es de él de quien quiero hablar, sino de Richie Faulkner.

En uno de mis primeras entradas de este blog me lamentaba de la marcha de KK Downing de los Judas, afirmando que sin KK aquello no eran Judas ni eran nada. Tras verlos en directo en A Coruña (con un Rob Halford rejuvenecido), la hostilidad hacia Faulkner se disipó.

Cuando te dicen que la mejor pareja de guitarristas del heavy metal se ha roto, y que el sustituto de la leyenda es un pavo de 30 años que tocaba en la banda de Lauren Harris, es normal sentir una cierta hostilidad, o por lo menos miedo. No me enteré hasta después del concierto de que el colega Richie era el «niño prodigio» que años antes había visto como guitarrista de los Dirty Deeds. De haberlo sabido me habría preocupado bastante menos, no sólo por el gran trabajo que hizo en esa banda, una de las más interesantes del Reino Unido en los 90, sino por las tablas que da haberse comido una gira europea de telonero de los Maiden con 18 años.

La situación de Faulkner en los Judas es compleja. Se mueve entre el sueño hecho realidad de todos los que amamos la música, el tocar con una de las bandas con las que nos hemos criado, y el marrón de tener que sustituir a alguien insustituible, a uno de los grandes guitarristas del estilo. Desde luego es una papeleta de las malas, y ha sembrado el debate entre los fans de Judas Priest, ya que igual que ha convencido a muchos (como a mi) ha desagradado a otros, por el hecho de haber modificado los solos para adaptarlos a su estilo en lugar de haber respetado los originales de Downing. Esto es algo que siempre siembra controversia, dado que mucha gente no está dispuesta a tragar que le toquen su clásico solo de toda la vida, y lo ven incluso como una falta de respeto hacia el guitarrista original. Yo lo veo más como una muestra de respeto tanto hacia el músico original como hacia el público, una forma de no prentender ocupar el lugar del músico original y hacerle olvidar, sino de decir «Yo no soy KK Downing, soy Richie Faulkner y no quiero ser el nuevo KK, simplemente soy yo y hago mis solos, porque los suyos son suyos».

Faulkner es un guitarrista con un estilo que suena bastante moderno en los arreglos, pero con una raíz muy clásica, con influencias que vienden del heavy metal y el hard rock británico de los 80 (Maiden, Saxon, MSG, Judas Priest…), además de declararse fanático admirador de Jimi Hendrix. A mi personalmente su estilo me recuerda bastante al del ex guitarrista de Dio, Hurricane y Lion, y actualmente en Whitesnake, Dough Aldritch, aunque un poco menos americanizado. Y además de una gran técnica y buen gusto, lo que más destacaría es que sabe estar en un escenario, no se le queda para nada grande el estar tocando con unas leyendas y muestra sus tablas en el escenario ganadas a base de más de una década de giras constantes teloneando a bandas importantes.

En definitiva, al final me he hecho Faulkneriano, y cuando su paso por los Judas toque a su fin espero que resucite a Deeds (nunca entendí por qué cambiaro su nombre, a mi me suena mejor Dirty Deeds) o que monte algún proyecto interesante (porque a Lauren Harris, con su pan se la coman, que si nunca he sido muy fanático del padre, y es una leyenda del heavy metal, no te digo de la retoña).

Airbourne vs Bullet. Asalto 1

Airbourne vs Bullet

Uno de los escasos atractivos que tenía este año el cartel del parque de atracciones por excelencia del metal mainstream (Wacken para los no iniciados) era disfrutar de las actuaciones de dos de las bandas de rock and roll más potentes del último lustro: los australianos Airbourne y los suecos Bullet.

Muchos son los que intentan buscar a unos nuevos AC/DC, en vista de las posibilidades de que la banda se retire próximamente. Yo creo que no habrá unos próximos AC/DC, como no habrá otro Michael Jordan en el baloncesto, dada la grandeza extrema de este grupo. Objetivamente son la banda más grande del rock and roll desde la retirada de Led Zeppelin, y dijo objetivamente porque esta afirmación no se basa en mis preferencias personales (yo antes me quedo con Motorhead o Judas Priest) sino en discos vendidos, capacidad de convocatoria, presencia mediática, influencia en otros grupos y ventas de merchandising. Haciendo caso a estos datos estadísticos, sin duda AC/DC es la banda de rock and roll más grande de las últimas décadas, más incluso que los Rolling Stones.

Como ya he dicho, no creo que vaya a haber unos próximos AC/DC, pero desde luego hay dos bandas herederas de su sonido con calidad como para ser unos futuros grandes del rock más duro y eléctrico.

Airbourne, una panda de borrachuzos australianos apadrinados por el mismísimo Lemmy (que aparece como estrella invitada en el vídeoclip del tema Running Wild) sorprendieron al mundo allá por 2008, colándose en todos los grandes festivales europeos. A día de hoy tienen una demo, dos discos y la reputación de ser una de las bandas con un directo de los más aplastantes del planeta.

Bullet, por su parte, son suecos. No han tenido la gran repercusión de los Airbourne, siendo su presencia en los medios y en grandes eventos mucho menor. Han caminado un camino con menos ayudas, aunque también han tenido un padrino de nivel como productor: Nick Anderson (The Hellacopters/Entombed). Hace un par de meses sacaron su tercer disco, “Highway Pirates”.

Ambas bandas tienen una influencia común muy grande y muy clara en AC/DC, si bien cada una interpreta ese sonido a su manera. Airbourne lo hacen desde una óptica más americana, un rock and roll con una influencia blues y sureña más marcada, con una mayor influencia de bandas como Rose Tattoo o Little Caesar. Bullet por su parte tienen una vertiente más europea y heavy, más cercana al sonido de los suizos Krokus, los británicos Geordie o a los temas más rockeros de los germanos Accept. Y esta en la influencia de los AC/DC tienen diferencias. Airbourne beben más de la etapa setentera, con Bonn Scott mientras que Bullet lo hacen de los AC/DC más heavys, los ochenteros liderados por Brian Johnson.

He tenido la suerte de ver a ambas bandas en directo, aunque en condiciones muy distintas. A Airbourne les disfruté en un gran escenario, frente a miles de personas, en el festival Kobetasonic 2008, en Bilbao. A Bullet les descubrí casi por casualidad, ejerciendo de teloneros de Backyard Babies en la sala Moon de Vigo, durante la gira del “Bite The Bullet”. Desde luego el directo de Airbourne fue más espectacular, aunque sería injusta totalmente la comparación por la diferencia de escenario y equipo existentes entre las dos actuaciones.

Comparando discos, en cambio, sin dudar me quedo con los Bullet. Aunque algunos “illuminati” que se creen que el heavy metal lo inventaron Lamb of God los hayan puesto a parir, su trayectoria es muy sólida: una maqueta y tres discos de estudio cargados de grandes himnos del heavy rock, una banda que hace la clase de música que se disfruta mejor entre cervezas y amigos, rock and roll con olor a aceite y gasolina quemados, a neumático desgastado contra el asfalto, a autobús matinal camino de un polígono industrial. Airbourne, sin tener malos discos, se me hacen más lineales, con grandes singles para grandes recintos, pero que a la hora de escuchar un disco entero del tirón se me atraganta un pelín, cosa que no me ha pasado con los suecos. De hecho en los últimos días he escuchado varias veces entero el “Highway Pirates”, y en su momento hice lo propio tanto con “Bite The Bullet” como con “Heading for the Top”; mientras que “Runnin’ Wild” y “No Guts, No glory” si bien tienen singles que entran mejor, más potentes que los temas más destacables de Bullet, presentan también temas muy flojillos por medio que arruinan un poco la audición completa del disco. Por resumirlo de alguna forma, Bullet es una banda de discos y Airbourne de singles.

En cualquier caso, ambas bandas tienen la capacidad de hacer buenas canciones de rock and roll, con un corte muy clásico y macarra, y ambas con un directo sólido. Puestos a elegir diría que Bullet mejor para escuchar en disco y Airbourne para ver su directo, pero bueno, realmente lo mejor es disfrutar de ambas bandas en ambas facetas. Porque puede que no haya unos nuevos AC/DC, ni unos nuevos Motorhead, ni unos nuevos Judas Priest, pero desde luego sí que hay futuro para el rock and roll.

¿Epitafio? No, HEAVY METAL

Aunque hace unos meses dije que no iría a ver a los Judas sin KK al final acabé cayendo. Tuvieron mucho que ver los teloneros de lujo de esta gira: Saxon y Motorhead. Tres leyendas de ese calibre tocando a menos de cien kilómetros… es demasiado tentador.

A las cinco y mucho de la tarde llegamos al recinto para comenzar el ritual de liturgia heavyrocker como ha sido siempre tradición: bebiendo cerveza en el aparcamiento del recinto, la habitual recreación de «Heavy metal parking lot» que tanto disfrutamos, rememorando otras grandes noches de rock and roll. A las siete fuimos entrando a descargar vejigas y coger sitio para una noche épica.

Abrían Saxon, un seguro de vida. La banda más profesional del heavy metal comenzó su épica descarga con un tema nuevo, Hammer of the Gods, y Biff ya nos avisa “Are you ready for four hours of heavy metal?”. Con un set equilibrado, intercalaron temas de su último álbum con míticos himnos como Crusader, Heavy Metal Thunder, Never Surrender o Strong arm of the Law. Byfford vocalmente pletórico y con su habitual complicidad con el público, no paró de alabar los “big cojonas” del respetable, haciendo cantar y saltar a todo el pabellón. El momentazo, para mi, Princess of The Night, cuando arranca la última vuelta con todo el público cantando “She used to be an iron horse, twenty years ago…”. El punto negro lo pondría en la ecualización que le dieron al bajo, demasiado poco perfilada, que hacía que se perdieran los detalles de los arreglos en muchos temas.

Saxon habían puesto, como siempre, el listón enormemente alto. Cualquier banda saldría al escenario acojonada después de eso. Pero Motorhead no son cualquier banda. Sin telones, sin intros, porque no los necesitan, porque la sóla presencia de Lemmy es suficiente impacto. Es como juntar a Johnny Cash, Chuck Berry, Elvis Presley, Clint Eastwood y los tres reyes magos en la misma persona. Con su voz cazallosa dice “We are Motorhead and we play rock and roll” y todo estalla. Iron Fist y Over the Top para hacernos mover los pies y dejarnos la garganta. Pared de Marshalls como fondo y toda la actitud del tío más auténtico y macarra del rock en el frente. Van desgranando temas de su último disco entre clasicazos y un temendo solo de batería del siempre genial Mikkey Dee, y terminan con una total apoteosis, enganchando seguidas Going to Brazil, Killed by Death, Ace of Spades y Overkill, la cual creo que es la mejor canción que puede existir, por letra y por estructura, para cerrar un concierto. Como ya dije, Lemmy debería cambiar la frase y en lugar del “We are Motorhead and we play rock and roll” tendría que decir “We are Motorhead, and we are rock and roll”. Concierto 100% Motorhead, que podría haber sonado mejor (los bombos de la batería no tenían nada de cuerpo y el bajo de Lemmy estaba mucho más bajo que la guitarra de Phil) pero donde la banda hizo lo que tenía que hacer.

Y finalmente salen los Judas. Sin KK, y con la duda de los últimos años: ¿Cómo está Rob Halford?. La verdad es que el guitarrista que sustituye a Downing sabe ganarse el pan. Tiene imágen y presencia y técnicamente es impecable. Como homenaje a la historia del heavy metal utilizaron como intro el principio del War Pigs de sus vecinos Black Sabbath, mezclado con Battle Hym, del Painkiller, para quitar el telón con los primeros acordes de un Rapid Fire que se nos mete a todos en la cabeza. Desde el primer momento vemos a un Halford más delgado y sin esos kilos de ropa de cuero de giras pasadas. Su voz suena más potente, se le ve más activo en el escenario. Siguen con Metal Gods y Starbreaker, y el tito Rob no flaquea. Y llega Victim of Changes, una prueba de fuego. Dejo de cantar para escuchar la primera estrofa ¿será capaz?. Llega el grito de “insane” y este resuena potentísimo, sí es capaz, sí puede. Parece que dos años sin fumar y varios kilos menos le hacen un favor a su garganta y pulmones, es como si Halford estuviera diez años más joven. Es cierto que sigue apoyándose mucho en ecos y efectos en las partes más agudas, pero canta todos los temas y se mantiene en forma. Clásico tras clásico el concierto de los Judas es impecable, de las cinco veces que les he visto esta era sin duda la mejor. Llega Breaking the Law y Halford pone el micro hacia el público, no va a cantarla, quiere que todo el pabellón la entone, y más de 6000 gargantas corean este himno de la clase obrera. Solo de batería e intro del Paikiller, nunca antes se la he visto cantar bien, siempre la hacía mucho más baja. Pero esta vez comienza en el tono, se nota que no tiene la pontencia de hace 20 años, pero está en el tono, y la termina triunfante. ¿Epitaph? Y una mierda, Rebirth debería llamarse la gira porque Halford parece renacido. Terminan con las habituales You’ve got Another Thing Comin’, Hell bent for Leather y Livin’ after Midnight. Si esta es la última gira de verdad, si esta va a ser la última vez que veré a Judas Priest en directo, me alegro de que fuera con un concierto así, con una actuación impecable, dos horas y veinte de clásicos.

Se acabó la noche, últimos brindis con los colegas y de vuelta para casa en coche comentando. ¿Era caro?, visto lo visto, no. Tres de las mejores bandas de la historia del heavy metal, tres de los padres de la NWOBHM, tres grupos con sus nombres impresos en letras de oro en la historia del rock and roll por méritos propios. Simplemente mágico, simplemente una noche que hace que siga prefiriendo hablar de heavy a hablar de metal.

Savatage: right there, never leave

Hay bandas que tienen un halo especial a su alrededor. En una época donde las discográficas apuestan por lo predecible, por la burda copia, por “lo de siempre”, las bandas con personalidad, originales, que realmente aportan algo a la música son rara avis. Sobre todo en el mundillo mainstream, tan dado a la producción de música en serie cual cadena de hamburguesas. Esto hace que los amantes de la música tengamos a estas bandas en un lugar especial de nuestro corazón.

Y si de personalidad y calidad hablamos, Savatage ocupan un lugar muy especial. Porque su dramatismo épico está mucho más allá de las mediocres bandas recargadas que surgieron en Italia y Escandinavia en la segunda mitad de los 90.

La extraordinaria personalidad de Savatage proviene de su maestría a la hora de combinar heavy metal, rock, música clásica rusa y musicales de Broadway; combinación que salió de las mentes de los hermanos Oliva y el productor Paul O’Neill.

De su muy cambiante trayectoria creo que, como punto álgido, me quedaría con la última obra con Jon Oliva de cantante y Criss Oliva como guitarrista: Streets, culminación de esa evolución musical que había comenzado dos discos antes con Hall of the Mountain King. Con el subtítulo en portada de “A Rock Opera” esta obra conceptual narra el particular via crucis de DT Jesus, un camello metido a guitarrista que logra alcanzar un efímero éxito, sólo para caer en una espiral de drogas y violencia y, finalmente, acabar recorriendo las calles de Nueva York buscando respuestas a por qué cuando por fin hacía las cosas bien, cuando parecía que reconducía su vida, su pasado volvió para arrebatárselo todo. Este disco recoge lo que podría definirse como la pura esencia de Savatage: un trabajo de guitarras muy melódico, con una gran influencia clásica, pero no la típica “neoclásica” post Malmsteem recorriendo escalas a toda velocidad arriba y abajo, sino más centrada en los grandes compositores rusos del siglo XIX, una muestra del talento sin par del prematuramente fallecido Criss Oliva, uno de los guitarristas más elegantes del heavy metal de los 80. Otro elemento fundamental en el sonido de Savatage es el uso del piano por parte de Jon Oliva que, tanto en baladas como en interludios melódicos, dota a los temas de una fuerza y dramatismo épico propio de las grandes obras de Broadway, una influencia que se torna más que evidente en medios tiempos y baladas como Tonight He Grins Again, Somewhere in Time o Believe.

Tras Streets vendría el abandono del puesto de cantante por parte de Jon Oliva, para centrarse en las labores de compositor y teclista, que trajo al excepcional vocalista Zack Stevens al grupo y llevó el sonido de Savatage hacia un tinte más melódico y menos rockero. Luego la muerte de Criss Oliva en un accidente de tráfico sacudiría a la banda y, durante los 90, alcanzarían sus mayores cotas de popularidad en Europa y Asia. Llegaría la Trans Siberian Orchestra a finales de los 90, un proyecto paralelo con el grueso de músicos de Savatage orientado a la realización de espectáculos musicales al estilo Broadway, con el que alcanzaron un tremendo éxito comercial en los EEUU, realizando giras por grandes teatros cada Navidad.

Hace casi una década que Savatage sacaron su último disco, para dejar de existir como tal tras su última gira mundial, bifurcándose en proyectos paralelos varios y dejándonos una excelente trayectoria de grandes álbumes desde que, en 1983, comenzaron su andadura bajo el nombre de Avatar. Nos queda como consuelo los directos de John Oliva’s Pain, donde el orondo fundador de la banda suele repasar los clásicos de su etapa como cantante, o los directos de Circle II Circle, en los que Zack Stevens hace lo propio con su etapa; pero todos seguimos deseando una reunión, aunque sólo sea para un tour de despedida como es debido. Aunque  visto como está el mundo de los musicales igual hasta algún productor de Broadway se decide a llevar Dead Winter Dead o Streets a una dramatización, que si han hecho ese esperpento de Rock of Ages mancillando clásicos del rock americano ochentero todo puede ser.

¿Por qué el bajo desapareció del metal?

Siempre me han gustado los bajistas de rock de los 70: John Paul Jones, Geezer Butler, Roger Glover, Bob Daisley, Neil Murray, Geddy Lee… hay muchos que nombrar.

Los setenta, la década más creativa del rock, cuando este estaba menos uniformado por las discográficas, menos estamentalizado por los medios y cuando todo estaba por inventar. Toda experimentación era válida, toda fusión se aceptaba, ya fuera con folk, soul, funk, jazz… fue la década en que nacieron estilos como el heavy metal, el AOR o el punk, y otros se desarrollaron más como el southern rock, el hard rock o el progresivo. Y casi todas las bandas grandes tenían a un gran bajista, y entendían el bajo como un instrumento que es tanto rítmico como melódico.

Por desgracia, en el mundo metalero, ese concepto empezó a diluirse a finales de los 80 y principios de los 90. El And Justice for All, el Painkiller o el Cowboys from Hell fueron de los primeros discos donde el bajo comenzaba a desaparecer del mapa. El heavy metal pasaba a ser metal a secas, daba un giro hacia las guitarras en constante primer plano y bombos agudos y dejaba al bajo relegado a un mero parche, un zumbido grave que rellena los huecos entre la guitarra y el bombo, en una loca y obsesiva carrera para intentar rellenar hasta el último hueco en el sonido, intentando convertir la música en un sólido muro de hormigón. No es que los bajistas de metal contemporáneo toquen peor que los de antes, para nada, pero es complicado apreciar su trabajo en unas producciones tan herméticas. Todos hemos disfrutado en el pasado el trabajo de Sharlee D’Angelo, pero es que en Arch Enemy apenas tiene presencia. Seguro que el bajista de Lamb of God es un musicazo, pero necesitas escuchar las pistas de bajo por separado para poder comprobarlo. Desde mediados de los 90 el peso melódico del bajo en el metal se ha ido evaporando, y más en el metal facturado en Europa (sobre todo lo que fue el power metal y el rollo melodeath), que el metal americano todavía resistió hasta mediados de la primera década de los 2000 teniendo bajos con presencia; nunca he sido un gran fan de Marilyn Manson, pero el trabajo de Twiggy Ramirez en Antichrist Superstar y Mechanical Animals es digno de admiración, por citar a un grupo de la época sin sonido retro pero con un gran sonido bajístico

Por eso uno de mis discos de metal mainstream favoritos de los últimos tiempos fue Ironbound, de Overkill. Porque puedes escuchar perfectamente como DD Verni golpea las cuerdas con la púa, con una agresividad y un ataque que no son habituales en estos tiempos. Se puede oír el bajo en la grabación, y eso ya es todo un punto a favor de la banda. Algo que cada día es más complicado de encontrar en las bandas mainstream, cuyas producciones parecen realizadas exclusivamente para sonar a través de unos auriculares. A día de hoy los bajos son casi patrimonio exclusivo de grupos underground o bandas con sonido revival, grupos orientados a un público más melómano.

Y es que por desgracia, dados los hábitos de consumo actuales, los bajos necesitan de un buen equipo para disfrutarse. Para degustar una buena ración bajística lo ideal es disponer de una buena etapa y unos buenos altavoces, y si la grabación puede estar en vinilo y con una producción analógica (algo que se está perdiendo en el metal y el hard rock, pero que irónicamente resurge en el mundo del indie más modernillo) ya es el puntazo supremo.

¿No me crees? Vete a casa de alguien con un plato y un buen equipo (si no tienes la suerte de disponer de uno) y escúchate, por ejemplo, el Paranoid de Black Sabbath. Notarás como cada nota de Iron Man o Electric Funeral vibra a través de tu columna, si cierras los ojos verás como la melodía de la guitarra y la del bajo se enredan, se entrelazan entre sí como dos serpientes intentando estrangularse mutuamente. Y cuando el bajo ataca las notas más altas, amigo, ahí tienes el placer hecho rock and roll. Es como si la mano de la pelirroja que te quita el sueño se deslizase lentamente desde tu cuello hacia tu bragueta, rozando con las yemas de sus dedos cada nervio de tu piel.

El bajo es el más sexual de los instrumentos porque no sólo lo oyes sino que lo sientes, las notas resuenan en todo tu cuerpo usándote como caja de resonancia. El bajo te hace el amor mientras lo escuchas, te envuelve, te da calidez.

Prueba a disfrutar de una cerveza escuchando el ritmo estremecedoramente funky de Nutbush City Limits de Tina Turner, intenta no mover los pies mientras suena Trampled Underfoot de los Zeppelin, cierra los ojos y deja que Veteran of the Psychic Wars de Blue Öyster Cult te haga volar por paisajes marcianos. Todas las sensaciones que evocan esos temas dependen mucho del rimo que el bajo imprime a los temas. Sensaciones que no se consiguen saturando la mezcla hasta el extremo, dado que ese tipo de producciones suelen quitarle matices a la música, suelen dejarla desprovista de “color”, como en tonos grises.

Irónicamente, en el mundo de la imagen en HD y tres dimensiones parece que la música va hacia el blanco y negro.

Ortigueira: Gloria y caída

Recuerdo, hace años, que llegó mi primo Pablo a casa, a la hora de comer, y anunció “Varela quiere recuperar el festival del Mundo Celta”. Yo no tenía ni idea de qué era eso del Mundo Celta, y mi madre me explicó que entre finales de los 70 y mediados de los 80 en Ortigueira se celebraba un festival de música celta, uno de los más importantes de Europa. Me decía que las calles del pueblo se llenaban de gente de todas partes y había conciertos toda la noche, algo que a mi me sorprendía.

Pasaron los años y el festival fue creciendo. De niño no es que lo disfrutara mucho, veías a artistas callejeros haciendo malabares y a gente rara que rompía la monotonía del pueblo, y era divertido pero tampoco mucho más.

Ya en la adolescencia la cosa cambió. Aunque ya de aquella me tiraba más el rock and roll y el heavy metal, el Festival era un cúmulo de oportunidades. Podías pasarte la tarde tumbado frente al escenario Runas bebiendo cerveza mientras escuchabas a grupos noveles, podías irte a la primera fila de noche en el escenario grande, con tu garrafa de cinco litros de kalimotxo, a botar con los colegas, podías acercarte a la playa y flipar descubriendo lo que era un total territorio sin ley, podías pasear por puestos de artesanía y comprarte muñequeras de cuero y camisetas molonas, podías salir de casa y no ver las mismas caras de siempre. Algunos no valorarán estas cosas, pero con 16-17 años, en un pueblo pequeño donde generalmente te aburres como una ostra porque no hay mucho más plan que irte a echar unas canastas si no llueve (y en el Ortegal casi siempre llueve), donde nunca te gusta la música que ponen en los bares, donde la mayor parte de la gente te tacha de “raro” en el mejor de los casos, aquello era un oasis de felicidad y libertad.

Tuve la suerte de que esa edad coincidió con los años más mastodónticos del festival, entre 2001 y 2005. Cuando la asistencia andaba entre las 100000 y las 80000 personas, cuando podías disfrutar de verdaderos grupazos. En Ortigueira vi el que podría llamar “concierto de mi vida”, el de la banda de bluegrass-jazz norteamericana Bela Fleck and the Flecktones, con Victor “mr. Años 90” Wooten al bajo. Esa noche decidí que si algún día tocaba un instrumento sería el bajo. Aquel fue un conciertazo absolutamente demoledor, me voló la cabeza. Recuerdo también a otras muchas bandas que disfrutamos durante esos años, como Capercaille, Wolfstone (a los que estoy escuchando ahora mismo), Gwendal, The Chieftains, Liam O’Flynn, Alan Stivell, La Bottine Souriante, Hedningarna, Three Men and a Dog, Kepa Junkera, Fanfarria Ciorcalia, Milladoiro… hasta recuerdo ver a Carlos Núñez tocando la flauta en medio de la calle porque su actuación en el escenario principal se había cancelado por una tormenta brutal, al final todo esto también ayudaba a tener la mente más abierta musicalmente y no cerrarme a uno o dos géneros. En la calle además no parabas de ver a malabaristas y mimos, dando color a todo, y en la que hasta una vez algún grupo se aventuró a tocar “fuera de cartel” (como los locales Domine Cabra, que por cierto eran un grupazo). Y como no, el desfile de bandas de gaitas del domingo, donde agrupaciones de todo Galicia, acompañadas de bandas irlandesas y escocesas, amenizaban las mañanas de resaca… bueno, si la resaca era muy grande puede que no fuese tan ameno.

Como anécdota inolvidable, estuve a punto de echar mi primer polvo en la edición de 2001, que con 16 años era algo muy «rito iniciático». Había logrado a última hora convencer a una chica con rastas bastante lindiña, con la que había estado compartiendo litrona en la primera fila, de que su tienda era el mejor sitio para acabar la noche y yo la mejor compañía, se ve que los astros se habían alineado o que yo estaba más guapo con los rizos salpicados de vino y cocacola. La cosa estaba hecha, la conversación era fluida y las miradas y sonrisas se volvían cómplices, pero se me ocurrió la desgraciada idea de enseñarle lo que era la caña de hierbas gallega. Le compré una botella a unos pavos que pasaban por allí (sí, literalmente por el camping había gente que se paseaba vendiendo botellas y otras sustancias más ilegales) y empezamos a compartir chupitos berreando canciones de Mago de Oz… No se había ni mediado la botella cuando la pava salió de la tienda para vomitar, ahí me di cuenta de que lo del estreno en lo de la pasión y la lujuria se había ido al carajo y me fui a buscar a alguien que me pudiera vender otra botella, esta vez de agua para que la pobre chavala se pudiera hidratar y cuidarse la resaca terrible que le esperaba. Lección aprendida: el alcohol en exceso arruina la diversion, pensabas que ibas a tener la noche de tu vida y acabas sujetándole el pelo a tu amor platónico de esa noche mientras echa hasta el desayuno.

El problema del festival fue que cada vez iba más gente, pero si la afluencia al festival aumentaba en 10 o 20000 personas, la afluencia a la zona de concierto aumentaba en 1000 o 2000. La música atraía a una buena cantidad de gente, pero una masa mucho más grande venía atraída por la idea de un macrobotellón con una zona de acampada en la que se podía practicar la compra venta de drogas totalmente libre. Una organización decente habría intentado minimizar la idea de que era una fiesta para beber y habría intentado dar mayor peso a la música. Pero con un gobierno local obsesionado con la maximización de los beneficios (en alcalde de entonces, del PP, había copiado la máxima de Berlusconi de «gestionar lo público como una empresa» que tan de moda estuvo en los primeros dosmiles entre los políticos conservadores), y con el beneplácito de los comerciantes del pueblo, que veían como el festival era una gran fuente de ingresos, la idea que se reforzó fue la de «macrofiestón de alcohol y drogas con entrada libre». Incluso se llegaron a poner carpas dance con DJ en la playa y la zona del muelle, a lo rave party, para indignación tanto de los amantes del folk como de la gente que creímos que la música tenía que ser lo principal. Con los años la calidad de las bandas fue bajando, invirtiéndose más dinero en publicidad y en dar más comodidades a los campistas y menos en la música. Con el tiempo la afluencia de gente motivada por la música bajó, por el bajón en el cartel, y la de gente motivada por el botellón gigantesco comenzó a caer por cansancio, ya que se aburrieron de ir todos los años al mismo sitio. Además, los mamoneos con Antón Reixa, los derechos del nombre, y algunos experimentos que se hicieron como el año de “la limonada” con Edu Soto haciendo de El Neng de Castefa encima del escenario fueron minando la imagen del evento.

En 2007 seguía siendo un festival muy grande, pero la cosa ya decaía. Me perdí la edición de 2008 por currar ese fin de semana y la de 2009 por irme al Derrame Rock a ver a GUN y Turbonegro. En 2010 volvía, después de dos años, y me quedé picueto al ver que el primer día los cabezas de cartel eran Celtas Cortos (no me judas, satanás, que una cosa es abrirse a múltiples sonoridades y otra es traer lo que le vendan al organizador con cualquier pretexto) y que el último, en lugar de conciertos, por la tarde-noche iban a poner la final del mundial de fútbol en las pantallas gigantes.

Este año la cosa fue a peor. Llegué el viernes sobre las diez de la tarde en un bus, desde Ferrol, medio vacío. Me encontré al bajar con la cantidad de gente que solías ver llegando un jueves a la tarde hace años (cuando el festival empezaba el viernes) subiendo hacia la playa (playa por la que ni me acerqué este año). Pasada la media noche fuimos a tomar unas cañas al Caracas y no tuvimos problema para coger una mesa en la terraza. Lo poco que escuché del concierto de Berrogüeto tenía un sonido indigno de un festival de ese nombre. El sábado llegó algo más de gente, pero no creo que se superaran las 20.000, es más, sin explorar la playa yo diría que debió estar sobre las 17.000 más o menos. El jueves no pude estar, pero me comentaron que lo mejor de la noche fueron Ulträqäns. El sábado sólo vimos un rato de Luar na Lubre y aun grupo canadiense cuyo nombre no recuerdo que en los temas instrumentales se salvaban pero que en los cantados tenían un deje a The Corrs que me daba bastante mal rollito. Alguien creo que me comentó que unos tales The Elders (no los conozco y nos pilló cenando y viendo la batucada, así que me los perdí) habían estado bastante bien. Yo eché en falta, sobre todo, más bandas que animaran a la gente a saltar, a bailar. Más folk de taberna con sabor a cerveza y whisky, con voces cazallosas desde la isla esmeralda, que hasta ni en el desfile de bandas de gaitas por las calles de la mañana del domingo contó con la presencia de bandas escocesas o irlandesas. Un escenario pequeño como el runas, para tener algo que escuchar por las tardes, también se añoraba, la verdad.

En general, comentando con otros colegas habituales que han vivido tantos o más festivales que yo, el tono era el mismo: esto va a menos, esto no es lo que era, decepción enorme. El saber si el festival de Ortigueira está herido de muerte o si podrá recuperarse (pero harán falta cambios), es cuestión de tiempo. Desde luego los nuevos planes de estudio con calendario Bologna creo que hacen imperiosa la necesidad de plantear el cambio de fechas y de dirección: la fórmula está agotada, hace falta más música.

Skynyrd is America

Ronald Reagan dijo una vez “Rambo is America”. Pensemos en los tópicos que los europeos asociamos a EEUU por medio del cine, la publicidad y la televisión: derechona tradicionalista, militarismo, homenajes a la bandera, familia cristiana, rock and roll, Harley Davidson, Ford Mustang, Coca Cola, bourbon, Budweisser, Marlboro, mariguana de Nuevo Méjico y barbacoas en el jardín del vecino. Todo esto, muy concentrado, te lo puedes encontrar en God and Guns, hasta el momento el último disco de Lynyrd Skynyrd, de 2009.

El caso Skynyrd dentro de la escena southern de Jacksonville se ha convertido en leyenda. Tal vez no fueron los creadores de ese sonido pero sí la banda más exitosa comercialmente. Los cambios de formación, motivados por las trágicas muertes de varios miembros originales (pocas bandas deben haber sufrido tantos fallecimientos durante su existencia), han acabado por convertirlos además en una suerte de superbanda, con miembros de The Outlaws o Blackfoot. Y además de buen rock and roll, en sus letras puedes encontrar todo un manifiesto del estilo de vida southern, hecho que se hace más patente en este último trabajo.

La inicial Still Unbroken, un tema sobre rebeldía rockera y mantenerse firme en un estilo de vida, se descubre como uno de los singles más potentes que hayan grabado los Skynyrd de la etapa Johnny Van Zant. That ain’t my America y God & Guns, por su parte, son los dos temas que más patente dejan la visión ultraderechista y conservadora de la banda: religión, patriotismo, militarismo y críticas a las leyes de control de armas… afirmando en la segunda que dios y las armas son los pilares sobre los que se sostiene América. Siguiendo con una visión tradicionalista, pero sin un mensaje abiertamente facha yankee sino más bien desde un punto de vista de comunidad que se apoya entre si, encontramos Simple Life, cuyo título y temática recuerdan a uno de sus grandes hits de los 70, el clásico Simple Man.

Y es que muchos temas que ya habían tocado en el pasado retornan en este trabajo, como en el caso de la antes citada Simple Life o como en Southern Ways, una oda a su patria confederada muy en la onda de Sweet Home Alabama. Skynyrd Nation, por su parte, es un homenaje a los fans de la banda que abarrotan estadios en los EEUU (no en vano son la banda que más gente ha reunido en suelo estadounidense en un concierto sin grupos invitados). Little Thing Called You y Coming Back for More son dos grandes piezas de rock clásico, y Unwrite That Song una preciosa y melancólica balada. Floyd nos lleva de viaje a los pantanos de Florida, con un sonido pegajoso con influencias folklóricas que suena como una versión endurecida de Creedence Clearwater Revival, o hasta de The Outlaws. Los dos temas que cierran el disco, Storm y Gifted Hands, seguramente sean lo más flojo de este trabajo.

En este disco han dado muestra de todas sus facetas: desde el hard rock más enérgico hasta los más suaves sonidos sureños, pasando por influencias más folk, con un sonido fresco y actual pero que no pierde el norte y sus raíces de los 70.

En resumen, “el genuíno sabor americano” no lo encontrarás en una cajetilla de tabaco sino en la obra de esta banda que retrata, con sus canciones, una cara de la sociedad americana a la que el cine o la televisión suelen dar la espalda, la América profunda, rural, facha, alcohólica y tradicional, la América que se pelea en los bares para, después de intercambiar puñetazos, compartir un abrazo y otra copa.

Kata ton daimona eaytoy

Puede que el título suene un poco raro, pero es el epitafio de Jim Morrison: «Kata ton daimona eaytoy» que vendría a ser algo así como «cada uno es su propio demonio».

Mañana hará cuarenta años que las drogas y el alcohol pararon el corazón de uno de los más legendarios músicos de rock and roll que han dado los Estados Unidos, y una de sus personalidades más extremas. Sería un buen día para que intentéis ver el documental «When you’re Strange», que según Robbie Krieger y Ray Manzarek es el mejor trabajo que existe sobre la personalidad de Morrison (desde luego seguro que es mil veces mejor que la aberrante película de Oliver Stone, a pesar del gran papel que hace Val Kilmer).

Morrison dejó The Doors cuando el grupo estaba en la cima de su éxito, cuando eran la única banda americana capaz de competir en popularidad con las británicas (Beatles, Stones, Cream, Zeppelin…). Se licenció en Cine en UCLA (la misma generación que Coppola y Lucas) y nunca recogió su título porque le aburría la industria cinematográfica. Criticaba a los hippies por pasivos. Llevaba la ropa destrozada porque prefería gastarse el dinero en libros. Se negó a tocar en Woodstock porque pensaba que era una engañifa para domesticar a la juventud. Poseía una personalidad extrema que le llevaba a hacer lo que quería, cuando quería, ignorando toda convención social. Se decía que poseía un altísimo CI y que padecía de trastornos de personalidad varios.

Para inmortalizarle nos dejó sus discos con The Doors, algunos temas grabados en su autoexilio parisino y su obra poética. Su muerte seguirá rodeada de misterio ¿fue realmente accidental o fue un asesinato? ¿Hubo una conspiración del gobierno Nixon para acabar con figuras intelectuales revolucionarias en los EEUU o se trató de una casualidad la muerte, en extrañas circunstancias, de muchas de esas figuras en aquel momento?.

Y como un último recuerdo, uno de sus más populares poemas:

An American prayer:

Do you know the warm progress
under the stars?
Do you know we exist?

Have you forgotten the keys
to the kingdom
Have you been borne yet
& are you alive?

Let’s reinvent the gods, all teh myths
of the ages
Celebrate symbols from deep elder forests
[Have you forgotten the lessons
of the ancient war]

We need great golden copulations
The fathers are cackling in trees
of the forest
Our mother is dead in the sea

Do you know we are being led to
slaughters by placid admirals

& that fat slow generals are getting
obscene on young blood
Do you know we are ruled by T.V.
The moon is dry blood beast

Guerrilla bands are rolling numbers
in the next block of green vine
amassing for warfare on innocent
herdsman who are just dying .

O great creator of being
grant us one more hour to
perform our art
and perfect our lives

The moths and atheists are doubly divine
and dying
We live, we die
and death not ends it
Journey we more into the
Nightmare
Cling to life


Our passion’d flower
Cling to cunts and cocks
of despair
We got our final vision
by clap

Columbus’ groin got
filled with green death
(I touched her thigh
and death smiled)

We have assembled inside this ancient
and insane theatre
To propogate our lust for life
and flee the swarming wisdom
of the streets

The barns are stormed
The windows kept
And only one of all the rest
To dance and save us
With divine mockery
of words

Music inflames temperament
(When the true King’s murderers
are allowed to run free
a thousand Magicians arise
in the land)

Where are the feasts we were promised
Where is the wine
The New Wine
(dying on the vine)