Blue Cheer – Vincebus Eruptum

Seguimos con pioneros del heavy, del stoner y del rock pesado en general, y vamos con unos de los más veteranos: Blue Cheer. Porque se puede ser ‘pre’, se puede ser ‘proto’… y luego se puede ser Blue Cheer. Por sus pintas podrías pensar que eran sólo otros hippies de San Francisco hasta atrás de ácido y mariguana, pero sin proponérselo iban a dar un salto cualitativo y, en términos de distorsión, cuantitativo a la evolución del rock and roll.

Blue Cheer - Vincebus Eruptum

Porque Blue Cheer fueron los más ruidosos. Antes de que Black Sabbath llegasen con su manto de oscuridad, antes de la suciedad del sonido Detroit de Stooges aparecieron en la costa oeste Blue Cheer. Por aquel entonces sólo MC5 podían competir con ellos en distorsión, si bien todavía no habían lanzado su debut Kick out The Jams. Porque el primer disco de Blue Cheer se grabó en 1967 y vio la luz en enero de 1968. Eran los hijos bastardos y embarrados de Jimi Hendrix, eran la evolución de Cream hacia los infiernos de la música.

Blue Cheer original line up
Si hasta tenían cara de buenos

Fueron 6 cortes los que compusieron el disco, la mitad de ellos versiones. Abren con su gran hit (llegó al número 14 del Billboard), una cover de Summertime Blues de Eddie Cochram cargada de distorsión tanto en el bajo como en la guitarra, y con una batería pesadísima, cargando el ritmo sobre el bombo y los timbales. Un trío que hace más ruído que una orquesta sinfónica, pero antes que ZZ Top, mucho antes que Motorhead. Siguen con otra versión, Rock me Baby de BB King, blues pesado, psicodélico, arreglos hendrixianos a la guitarra, solos de bajo cargados de distorsión al estilo de The Who. Doctor Please nos trae la primera de las composiciones propias, a cargo del líder, vocalista y bajista Dickie Peterson, que también firma Out of Focus. Una versión del clásico bluesero Parchman Farm rebautizada como Parchment Farm (que también hacían otras bandas como Cactus o John Mayall and the Bluesbreakers) dará paso a la final Second Time Around, otra composición de Peterson.

Dickie Peterson
Peterson, activo hasta que la enfermedad se lo llevó

Todo el mundo ve claramente las raíces del heavy metal, el doom metal, el grunge o el stoner en Black Sabbath, y razones no faltan para ello. Pero no conviene olvidar a Blue Cheer, una banda que se anticiparon a su época en términos de agresividad, pesadez y distorsión. La evolución posterior del grupo sería hacia sonidos más blues rock standar, tipo Cactus – Led Zeppelin – Steppenwolf, y se mantendrían en activo hasta 2009, cuando un cáncer de próstata se llevo a Peterson en su Alemania adoptiva (el grupo se había trasladado allí en los 80 y desde aquella habían vivido más en Europa que en América). Su último disco What doesn’t kill you… data de 2007 y se trata de un magnífico trabajo de blues rock (del que puede que algún día hable aquí). Curiosamente ese último trabajo fue elegido por la revista sobre mariguana High Times como «mejor disco del año para escuchar fumando». Como no soy fumador no puedo opinar, pero si alguno quiere comentar si realmente lo cree puede hacerlo en los comments.

JPT Scare Band – Sleeping Sickness (1973-1976)

La historia de JPT Scare Band es curiosa. No sacaron su primer disco hasta 1994 a pesar de haberse fundado a principios de los años 70. Puede que fuesen demasiado raros e innovadores incluso para la época más rara e innovadora de la historia del rock and roll.

JPT Scare Band - Sleeping Sickness
JPT Scare Band – Sleeping Sickness

El nombre del grupo procede las iniciales de sus miembros: Jeff Lintrell (batería), Paul Grigsby (bajo) y Tony Swope (guitarra), y lo de Scare Band viene por lo tenso y tenebroso de sus composiciones. La influencia de las atrevidas y psicodélicas guitarras de Jimi Hendrix junto al blues pesado y distorsionado del disco debut de Blue Cheer, más una buena dosis de jazz y ácido, inspiraron las mentes de este trío de Kansas para componer estos temas durante los setenta. Porque aunque este disco no vería la luz hasta el año 2000 de la mano de Monster Records, todos los temas fueron grabados por la banda en su local de ensayo en el periodo 1973-1976.

Puede intuirse en esta colección de siete temas un alto componente de improvisación, suponiendo que las sesiones de grabación fueron más bien jam sessions donde la banda daba rienda suelta a su creatividad, planteando desarrollos instrumentales largos donde las voces juegan un papel apenas secundario.

Contraportada

Desde la inicial Sleeping Sickness, un cuarto de hora de paranoia hendrixiana cargada de fuzz intercalado con partes limpias. Extravagancia, experimentación, imaginación… Slow Sick Suffle no baja el listón, nos lleva de paseo por el infierno, pesadillas venéreas que provocan vigilias ácidas, pura locura. King Rat nos hace de nuevo a volar con 13 minutos de guitarrazos psicodélicos. It’s too late o I’ve been waiting nos transporta a pasajes más blueseros, más Cactus o Led Zeppelin, mientras que Acid Acetate Excursion o Time To Cry se mueven por registros de absoluta psicodelia. Por cierto, en esta última la línea de bajo es impresionante.

Siete temas que conforman más de una hora de grabación dada su larga duración, conformando un enorme discazo que por suerte no se perdió para siempre tras años guardando las grabaciones en un sótano. Curiosamente la banda sigue activa y desde su primer lanzamiento en los años 90 han publicado discos con bastante asiduidad.

JPT Scare Bande

Pioneros del heavy metal y el stoner, JPT Scare Band no recibieron apenas reconocimiento durante sus primeros años a pesar de su estilo musical innovador y arriesgado, si bien han alcanzado finalmente en status de banda de culto pionera por parte de la crítica y de publicaciones especializadas como Classic Rock Magazine o This Is Rock.

Captain Beyond – Captain Beyond

Rod Evans es conocido principalemnte por haber sido el primer cantante de Deep Purple, con los que grabó tres discos (y algún single de más o menos éxito como Hush) antes de que Ian Gillan ocupara su puesto en 1969.  Tras su salida de Purple intentó lanzar una carrera en solitario, publicando un single con Capitol Records que pasó sin pena ni gloria. La mayoría de la gente piensa que entre eso y su «reunión» de Deep Purple de 1980 («reunión» que consistió en él y cuatro mercenarios y que acabó con una demanda de los managers de los entonces separados Purple que hicieron que perdiera el derecho a cobrar royalties por sus grabaciones con el MKI de la banda) estuvo retirado de la música, pero nada más lejos de la realidad. Tras el fracaso de su primer (y último) single en solitario Evans decidió crear una nueva banda, y así nacieron en 1971 Captain Beyond.

Captain Beyond disco debut
Captain Beyond – 1972

No era Rod el único famoso veterano en esta formación, donde también militaban el ex batería de Johnny Winter, Bobby Caldwell, y los ex bajista y ex guitarrista de Iron Butterfly, Lee Dorman y Larry ‘Rhino’ Reindhart respectivamente. La banda no obtuvo demasiado éxito comercial con ninguno de sus tres discos, a pesar de lo cual podemos considerar este disco debut como una verdadera joya y uno de los precursores del heavy metal.

El disco muestra claramente tres vertientes en sus temas: una hard rock bluesero, otro prog y con ciertos toques de pop heredados de los Beatles y una más psicodélica con algunos toques de jazz. Piensa en el sonido de las antiguas bandas de los miembros (sobre todo los primeros Purple y Iron Butterfly) y en las que parecen sus mayores influencias: Cream, Vanilla Fudge y Jimi Hendrix.

El disco está concebido como una sola canción, sin existir separación entre los temas, que en algunos casos se entrelazan y en otros tienen una pequeña pieza instrumental como nexo de unión. En total 13 pistas, si bien su disfrute completo se logra con la escucha del álbum seguido y ordenado. Entre los temas podrás disfrutar de las partes más duras en la inicial Dancing Madly Backwards, con Mesmerization Eclipse o la oscura I can’t feel nothing (part I); mientras que la parte más psicodélica vendrá de la mano de Myopic Void, As The Moon Speaks To The Sea o Astral Lady. El lado más prog y artístico caerá de la mano de Raging River of Fear, Frozen Over y Thousand Days of Yesterdays. En todo caso, sería mejor hablar de fragmentos que de canciones, porque la «canción» es todo el álbum y algunos fragmentos por si solos además parecen no tener mucho sentido.

Captain Beyond

No son tan duros como Deep Purple, Uriah Heep o Black Sabbath ni tienen ese toque folkie de Jethro Tull o Led Zeppelin, y desde luego a nivel de ventas y repercusión mediática estaban a años luz de los cinco grupos citados, pero Captain Beyond son una banda que encandilará a aquellos fans de la saga Purple y del rock británico más duro de los 70. Al igual que otros contemporáneos suyos, lograron un trabajo que 40 años después sigue sonando fresco e interesante. Por desgracia tras el siguiente disco, en 1973, se separarían a causa de las bajas ventas. En 1976 volvieron (sin Rod Evans) para sacar un tercer disco y volver a deshacerse tras la gira; y en 1998 hubo un nuevo regreso con Reindhart, Caldwell y varios mercenarios que daría al traste en 2003. Reindhart no paró de intentar una reunión de la formación original durante años, hasta que el cáncer se lo llevó en enero de 2012. Evans en cambio siempre se negó a recuperar esta banda y volver a intentar lanzarse con grandes giras (cuentan las leyendas que entre su salida de Captain Beyond y su intento de Deep Purple ejerció de médico en los EEUU y que, posteriormente al fracaso y el juicio purpeliano, volvió a ejercer la medicina). Una pena, porque habría sido interesante verles interpretar una última vez esta gran obra, 35 minutos de inspiración repartidos en fragmentos muy variados.

The Sword – Age or Winters

Ahora que el cuarto disco de The Sword está calentito y listo para ver la luz tal vez sea un buen momento para añadirles a esta lista de enormes discazos con el que fue su disco debut allá por 2006, y que yo descubrí hará cosa de un año por recomendación del guitarrista de Tungsteno (banda que, por otra parte, debéis intentar escuchar si no lo habéis hecho ya).

 

Age of Winters puede sonar a título de novela de George R.R. Martin (al cual seguro que han leído y ha influenciado algunas de sus letras, por otra parte) pero se trata de uno de los mejores discos de heavy metal de la pasada década. En todo caso el debut de estos tejanos, que saben ser a la vez frescos y retro, tiene mucho de fantasía épica y ciencia ficción en sus letras. Eso sí, nada que ver con Blind Guardian, Rhapsody o mierdas así, la cosa va más por el lado de Blue Öyster Cult o Hawkwind, que son bandas que ejercen un claro magisterio sobre esta banda estadounidense.

The Sword - Age of Winters

 

Ya desde la intro Celestial Crow queda claro lo que estos chavales nos van a ofrecer: un doom/stoner muy setentero cargado de toneladas de distorsión y ritmos pesados, rock y blues que se dan la mano con un primitivo metal para completar una serie de canciones que recorrerán las influencias literarias de Moorcock, Anderton, Lovecraft, Lem, Clarke o K. Dick. Ya la primera ondanada tras la intro, Barael’s Blade, nos deja patentes las influencias de esta banda, y es que esos arreglos de guitarra suenan como si hubieran sido sacados del mismísimo Vol 4 de Black Sabbath. Freya, tema conocido por haber salido en varios videojuegos de la época, ahonda todavía más en la influencia sabbathica, con un repetitivo riff que concienzudamente machaca tus oídos y te hace machacar tus cervicales. Winter’s Wolves por otra parte mezcla los riffs más pesados con algunas partes más veloces y metaleras, muy en el rollo de los primeros Trouble o The Obsessed. Con The Horned Goddess siguen los ritmos pesados con aroma a humo de mariguana, como si fueran unos Down sin esa pesada, predecible y prescindible vena hardcore que les sale a veces a los de Anselmo. Una guitarra limpia da entrada a uno de los puntos álgidos del disco, Iron Swan, que tras ese ambiente se lanza con el riff más afilado y el ritmo más vertiginoso del disco para intercalarlo con intervalos más lentos, como un bastardo maridaje de los Judas Priest de los 70 con los ambientes de los Pentagram, una lección de cómo sonar contemporáneo sin tener que ir pegándose puñetazos en el pecho con bambas, pantalones por debajo del culo y berreando como si se hubiera pillado un testículo con la puerta del microondas. Con 8 minutazos Lament for the Aurochs es el tema más largo del disco, donde se permiten jugar con constantes cambios enlazando distintas partes. La instrumental March of the Lor fue otro de los hits del disco, rendición clara a Sabbath/Pentagram, al magisterio de Iommi e incluso al trabajo de John Christ en los primeros trabajos de Danzig. El disco termina con otro tema de riffs desencajacuellos como Ebethron, otra rendición al metal más pesado para cerrar esta joya, discazo que empieza impresionante y no decae en ningún momento.

 The Sword Cuatro chavales de Austin a la conquista del mundo

Tras este disco llegaron otros dos: Gods of the Earth en 2008 y The Warp Riders en 2010. Ambos totalmente recomendables y que muestran una evolución hacia derroteros más rockeros y melódicos, manteniendo la temática fantástica-mitológica-scifi. Unos lo llaman metal alternativo, otros doom, otros stoner, otros heavy… fuera de etiquetas hay que hablar de un grupazo al que seguir en los próximos años.

Last Days Here. Documental rockero de obligado visionado.

Last Days Here es a Lemmy: The Movie lo que The Story of Anvil fue a Some Kind of Monster.

Porque si el documental sobre Metallica nos mostró los demonios y disputas de la banda con más éxito (y dinero) del heavy metal la de Anvil, en contraposición, nos mostraba la infructuosa lucha por triunfar de unos tipos que tienen que, a pesar de los años, ganarse la vida como pueden para dedicar luego el tiempo que les sobra a seguir adelante con su banda. La culminación del sueño del rock and roll contra la realidad más habitual, aunque narrada de una forma amable y esperanzadora.

Por otra parte, el documental de Lemmy nos mostró la vida, obra y milagros de Mr. Kilminster, el retrato con luces y sombras de la leyenda viviente, del hombre que representa la esencia del rock and roll mejor que Jagger, Richards y McCartney juntos, del rockero que a pesar del éxito y el reconocimiento nunca ha querido pasar a la jet set, se ha mantenido fiel siempre a sus raíces en el lado sucio del rock. Last Days Here, en cambio, nos muestra la situación de Bobby Liebling, vocalista de Pentagram, comenzando en 2007.

Ver la cara de Liebling en la primera escena del documental es como mirar a los ojos del abismo devolviéndote la mirada. Ido, desquiciado, perdido, agonizando en el sótano de su casa paterna, el cincuentón Bobby lamenta sus fracasos entre basura, jeringuillas y pipas de crack. Hijo de un rico ex consejero de defensa tenía el talento y el carisma necesarios para ser grande en el rock, a la vez que poseía todos los vicios y la actitud para mandarlo todo al carajo. Y es que el via crucis que pasa Liebling en este documental es completo: coqueteos con el suicidio, estancias en el hospital con la piel destrozada por los excesos con las drogas, la dureza del mono intentando dejarlo y las tristes recaídas, la ruptura con su pareja, su obsesión con ella que acabará llevándole a la cárcel tras una denuncia por acoso… demasiado oscuro hasta para ser el lado oscuro del rock and roll. La escena con Liebling buscando una piedra de crack entre los cojines de su sofá, encontrando hasta excrementos de rata por medio es totalmente significativa.

Pero en medio hay un rayo de esperanza: su manager y amigo Sean Pelletier intenta hacerle seguir adelante, Phil Anselmo y Jimmy Bower se deciden a financiar un nuevo disco de Pentagram, la oportunidad de volver a la carretera a girar por EEUU y ¿finalmente volverá el amor a la vida de Bobby?.

Last Days Here, un retrato de la cara oscura del rock, del fracaso más absoluto y del cómo intentar volver a sacar la cabeza, siempre con la inolvidable música de Pentragram de fondo, una banda que debería ser venerada no sólo por los amantes del doom, stoner o sludge, sino por casi cualquier amante del heavy metal y el rock and roll más auténtico.

 

Seis videoclips para Halloween.

Porque si vamos a americanizarnos, americanicémonos a base de bien. Porque si vas a salir esta noche disfrazado como si lo llevaras celebrando desde los cinco años en tu Ohio natal, o si tienes un bar y has decidido hacerte una fiesta de disfraces para levantar la caja del mes, no deberías prescindir de una buena colección de vídeos. Y nada de folk metal, como hacen muchos, que dicen «Yo es que celebro Samaín»… ok, entonces si lo haces ¿por qué estás haciendo una fiesta de disfraces? No me seas tolay, hombre, y llama a las cosas por su nombre (si alguien quiere hacerse su celebración pagana por mi perfecto, pero entonces nada de ir vestido de vampiro zombie gótico, un poco de coherencia).

Alice Cooper Welcome 2 My Nightmare

Hace un par de años estuve pinchando en una fiesta de Halloween y decidí pillar lo que yo, como europeo colonizado, entiendo por esta fiesta: terror de serie b con un deje de humor entrañable, Jason Vorhees, Leatherface, Freddie Kruger… ya sabes de qué va. Entonces, metámonos ya en harina con los susodichos vídeos:

  • Empecemos con un tema sacado de la banda sonora de Pesadilla en Elm Street 3, el Dream Warriors de Dokken. Ese solo con la guitarra de calaveras atravesando la pared… por favor, es sublime, es perfecto, es el puro espíritu de ir disfrazado de fantasma pidiendo caramelos.
  • Punkis convertidos en góticos (bueno, en la época el término era siniestro), The Damned fueron unos maestros del concepto macabro-freak-divertido desde su inglaterra natal. Esta interpretación de su tema Nasty durante un capítulo de la mítica serie The Young Ones (curiosamente un especial de Halloween) tiene todo el potencial para formar parte de esta lista.
  • Creo que decir Halloween y rock and roll es una forma más larga de decir Alice Cooper. El señor Fournier no inventó el shock rock, pero desde luego que se convirtió en su máximo exponente. La lista de canciones era enorme, la verdad, pero creo que este vídeo del tema He’s Back (The man behind the mask) de la banda sonora de Viernes 13 parte VI, que curiosamente fue número uno en las listas de Grecia y Suecia (son países raros para ser número uno, sí, pero muchos jamás llegaremos a serlo ni en una hipotética lista de nuestra ciudad) es perfecto para esta lista.
  • A pesar de ser odiados por la mayoría de la comunidad metalera tras su éxito en Eurovisión (por gente que luego encumbra a Children of Bodom y Nightwish… como si fueran mucho más underground, vamos) Lordi representan muy bien el espíritu de bandas como Kiss, WASP o Twisted Sister a la hora de realizar videoclips: temática terrorífica, vídeos muy narrativos… todo a juego con su estética de monstruos de serie b. Casi cualquier vídeo de su primera etapa valdría, pero creo que el de The Devil is a Looser es el más adecuado, empezando por la toma con esa calabaza.
  • Sigue la lista con esta mezcla de carnaval, teatro burlesco y rock and roll punkarrizado con orquestas que Turbonegro nos presentan en su tema Fuck the World. Por momentos me recuerda a Eyes Wide Shut, y por otros a La piel que habito, de Almodóvar, todo bajo el filtro turbojurgend de los noruegos.
  • Y para finalizar, esa panda de engendros de getto neoyorkino que son Misfits, que me han hecho dudar lo mío entre varias opciones, hasta llegar a este Dig Up Her Bones, temazo de rabia horror punk para darle a la cresta y con un irresistible aire Tales from the Crypt.

Y con esto doy esta entrañablemente terrorífica lista. Ok, puede parecer pecado no poner Thriller de Michael Jackson, pero estaba centrándome en el rock and roll. Y como recomendación final: para cerrar la fiesta puedes recurrir al padre del shock rock Arthur Brown y a un clásico que nunca cansa, el mítico Monster Mash de Bobby ‘Boris’ Pickett, esencial rock and roll del que verás cientos de vídeos homenaje en youtube. Aprovecho una reedición para cambiar algunos enlaces a vídeos que estaban rotos para meter un par de videos más, como este de Rob Zombie homenajeando al Abuelo Monster o esta metalada zombie de los Anthrax.

Créeme, son los vídeos que no pueden faltar en tu fiesta halloweenesca, dj rockanrolero. Rock and roll monstruoso que siempre queda bien.

Convair CV-300: El último vuelo de Gaines y Van Zandt

Hace 35 años, el 20 de octubre de 1977, la legendaria banda Lynyrd Skynyrd tomaba un vuelo charter de la compañía tejana L&J, en un avión Convair CV-300 que curiosamente ya había sido inspeccionado por la crew de Aerosmith como posible vehículo de gira. El vuelo debía llevarles desde Greenville (Carolina del Sur) hasta Baton Rouge (capital de Lousiana), pero finalmente acabaría estrellándose sobre Gillsburg, Mississipi, mientras los pilotos intentaban un aterrizaje de emergencia. La causa oficial fue «ahogamiento del motor por falta de combustible», si bien todas las pruebas apuntan a que ya desde el despegue los pilotos sabían perfectamente que el motor derecho tenía problemas en el sistema de ignición que provocaron un consumo de combustible anormalmente alto. En el accidente fallecieron los dos pilotos, la corista Cassie Gaines, el road manager Dean Killpatrik y los dos músicos citados ya en el título: el vocalista Ronnie Van Zandt y el guitarrista Steve Gaines. La tragedia también provocó graves lesiones en las vértebras al guitarrista Allen Collins, lo que facilitó que tras un accidente de coche en los 80 acabara paralizado de la cintura para bajo; el bajista Leon Wilkeson estuvo a punto de perder un brazo (los médicos recomendaron la amputación, si bien él se negó y finalmente consiguió recuperar la movilidad y en menos de dos años ya había vuelto a meterse en un estudio para grabar) y la corista Leslie Hawkins además de problemas de cervicales también sufrió graves secuelas psicológicas. El resto de miembros y crew (cerca de 20 personas) sufrieron lesiones y fracturas varias, pero de menor importancia.

Tres días antes Skynyrd acababan de publicar Street Survivors y la banda estaba arrancando el que iba a ser su mayor tour como cabezas de cartel. El accidente además de suponer la trágica pérdida de dos importantes miembros de la banda también provocó un parón de 10 años en su carrera, esto siempre generará dudas sobre hasta dónde podrían haber llegado aquellos Skynyrd de mágico talento de no haberse cruzado el infortunio en su camino.

Existen muchas historias curiosas alrededor del accidente: El batería Artimus Pyle, con varias costillas rotas, logró salir arrastrándose de los restos del accidente para ir a buscar ayuda. Encontró al granjero Johnny Mote, que vivía cerca de la zona del accidente y que se estaba acercando al lugar del accidente para investigar el ruído y el humo que percibía desde su hogar. Según la versión de Mote, cuando vio a Pyle disparó al aire porque creyó que podría tratarse de un preso fugado de una prisión cercana, mientra que según la versión de Pyle el granjero le disparó a él, aunque luego se dio cuenta de que no se trataba de una fuga sino de un accidente, y prestó una ayuda clave para salvar varias vidas.

El biógrafo de la banda Gene Odom dijo en uno de sus libros que los pilotos había volado bajo los efectos de la cocaína, si bien la autopsia oficial no reveló restos de drogas en su organismo. Lo curioso es que cuando el personal que trabajaba con Aerosmith había inspeccionado el avión dijeron que, mientras realizaban comprobaciones antes de un vuelo de prueba, vieron a los dos pilotos bebiéndose una botella de Jack Daniels, lo cual fue una de las causas que les inclinó a no optar por aquel avión para la gira.

En todo caso, una de las tragedias más famosas de la historia del rock cumple 35 años, y es un bue momento para poner alguno de los clásicos de Lynyrd Skynyrd, para recordar a los fallecidos a ritmo de ese gran clásico que es Free Bird.

Stanley Clarke

Nacido allá por 1951 en Philadelphia, Stanley Clarke se convirtió en los años 80 en uno de los más célebres mercenarios de la música pop. Pero antes de eso tenía un pasado, un pasado donde había mucho trabajo como músico de sesión y, sobre todo, una banda: RETURN TO FOREVER.

Porque fue la superbanda donde trabajó codo con codo con Chick Corea, Al DiMeola y Lenny White la que le hizo dar el gran salto en la música profesional. Desde aquella ha estado colaborando con gente importante, siendo su proyecto más famoso aquellos Animal Logic donde tocaba junto a Stewart Copeland (baterista en The Police). Si bien, de su trabajo en solitario es difícil olvidar School Days, uno de los discos más importantes para la historia del bajo eléctrico.

Pero si hay algo curioso en la forma de tocar de Clarke es su técnica con la mano derecha, tocando con el brazo derecho casi paralelo a las cuerdas doblado en un ángulo de 90 grados y los dedos muy ladeados, una postura imitada posteriormente por cientos de bajistas y que, según él, es la que le permite tocarlo de forma más similar al contrabajo. Este vídeo es una muestra. También ha mostrado una gran técnica de slap en sus trabajos.

Tal vez menos reconocido que otros como Marcos Miller, Victor Wooten o Jaco Pastorius por haber ejercido mucho como mercernario y haberse movido por fuera del jazz durante muchos años, Clarke es un superclase que merece tanto respeto y atención como el que más.

Hell – Human Remains

La historia de los Hell es una de las más curiosas de la NWOBHM. Si rebuscas un poco podrás encontrar sus primeras maquetas de allá por el año del mundial de Naranjito, con muchos de los temas que formaron parte de este Human Remains, pero no verás ningún LP. Incluso hay algún vídeo de la época, en una calidad bastante deficiente (bueno, tampoco te creas que el sonido de las maquetas es una superproducción, una maqueta autoproducida de aquella época puedes imaginarte que no tiene un sonido nítido y claro) pero que dan muestra de la capacidad de convocatoria y la espectacularidad de los directos de esta banda. Su show, con pirotecnia y blasfemia por doquier, impactaba tanto como el de los mismísimos Venom, y sus temas eran buenos, tenían todo el potencial para ser importantes pero la mala suerte se cruzó en su camino. Justo antes de sacar su primer LP la discográfica que les había hecho el contrato, la belga Mausoleum que sacó a muchas bandas de la escena underground, se fue a la quiebra, y poco tiempo después su vocalista David G. Halliday se suicidó. Hell morían prematuramente, antes de que la mayor parte del público les conociera.

Hay que saltar dos décadas en el tiempo, hasta 2008, para llegar al comienzo del renacimiento. Son Andy Sneap (Sabbat), como productor y guitarrista, y Martin Walkyier (Sabbat, Skyclad), quien se ofrece en un principio para ser el vocalista en una reunión de la banda, los artífices de la reencarnación, cumpliendo así un sueño de adolescencia ya que habían sido grandes fans de la banda en su día. Pero la voz de Walkyier, demasiado personal, no acaba de convencer a los miembros originales del grupo, que decían que no guardaba ningún parecido con la voz original. Parecía que Hell volverían a desaparecer, hasta que finalmente aparece un vocalista, David Bower, el hermano del guitarrista Kev, salido del mundo del teatro y sin mucha experiencia como músico, pero con una voz y una actitud escénica perfectas para banda. Y la máquina se reactiva para, finalmente, dar a luz este Human Remains en 2011, acompañado de una gira de presentación por Europa.

El grueso de los temas del disco son las canciones que formaron parte de su primera maqueta, si bien la producción logra darle un toque muy contemporáneo, sin dejar de ser heavy clásico. Tras la intro Overture (Themes from Deathsquad) el tema On earth as it is in hell nos da una muestra del peculiar sonido de estos Hell contemporáneos, donde los riffs de espíritu Saxon casan perfectamente con arreglos propios de la década, más modernos tirando de teclados y samplers, y donde ya podemos comprobar el dramatismo de sus letras (la de esta en concreto, sobre un mensajero infernal, me recuerda mucho a De Guindos apareciendo los viernes por la tele… si la escuchas ya entenderás por qué). Plague and Fyre, inspirada en la plaga de peste y el gran incendio que asolaron Londres en el siglo XVII nos regala una teatralidad en la interpretación vocal propia de un King Diamond, en una enorme tema de heavy metal que comienza con una agónica intro para llevarnos a una canción donde el tono agónico parece medrar hacia lo épico en un loco remolino, un hijo bastardo de Broadway, Mercyful Fate y el show de los horrores de Arthur Brown. El disco no deja un solo momento de silencio, las intros sirven para unir los temas de forma que parezcan formar un todo indivisble. The Oppressors muestra un riff de inspiración muy Black Sabbath blueseros aunque con un toque de Judas Priest, jugando de forma inteligente con los teclados para dar un ambiente más apocalíptico a la canción. Tirando de arreglos disonantes, juegos a dos voces y tensiones en la armonía Blasphemy and the Master continúa este paseo entre la oscuridad y la agonía, aunque Let Battle Commence nos de un respiro de tanta maldición llevándonos a una pieza más speedica y épica. Con más de 10 minutos The Devil’s Deadly Weapon es el tema más largo del disco, si bien dos minutos ya son de intro, para dar paso a unos teclados muy ochenteros y melódicos que dan paso a las guitarras dobladas en una canción que parece más relajada y melódica que las precedentes, si bien la tardía entrada de la voz vuelve a llevarnos a unas atmósferas más apocalípticas y oscuras, mientras el teclado y muchos arreglos de guitarra parecen querer ir hacia derroteros más propios de Praying Mantis. The Quest por su parte da un descanso a la voz, con una tesitura más melódica para esta en un tema de heavy metal con riffs más rockeros y una estructura más hacia la epiciedad, con mucha guitarra doblada, muy melódico, muy Iron Maiden o Saxon. Con una gaita y las risas de las brujas entra Macbeth, y sería de perogrullo hablar de “inspiración Shakespiriana”, un tema con un riff muy clasicote que da paso a un doble bombo poderoso y arreglos de guitarra más tensos. Save us from those who would save us recupera tanto el ritmo frenético y el dramatismo agónico en las voces como la temática religiosa y más oscura, con un gran juego de voces en el estribillo. Para cerrar el disco No Martyr’s Cage, de nuevo un tema muy largo, muy desquiciado y muy tenso.

No se si los Hell de 1982 habrían llegado lejos de haber tenido más suerte en aquel momento, pero los Hell de 2011 sacaron uno de los mejores discos de heavy metal de lo que llevamos de siglo, a pesar de que al menos 6 de los temas ya aparecieran en alguna de sus maquetas de los 80 (se han dejado fuera Deliver Us from Evil, que me parece un temazo). Un disco de heavy metal clásico que sabe sonar contemporáneo sin venderse a las fórmulas mainstream de Nuclear Blast y la plebe wackenera, un disco que sabe ser oscuro sin tener que recurrir a los clichés desfasados y mascados que utilizan muchas bandas de metal extremo o de true metal underground. Un disco con personalidad y calidad.

West, Bruce and Laing – Why Dontcha

La historia de Felix Pappalardi es una de las más tristes del rock and roll. El tío era puro talento: un muy competente bajista, buen vocalista, gran compositor y excepcional productor. Trabajó produciendo el grueso de los discos de Cream, además de otras bandas como Hot Tuna, The Dead Boys, algún disco en solitario de Jack Bruce o  los discos de su propia banda, Mountain.  Pero la tragedia se cruzó en su vida, primero en 1972 cuando un problema en el tímpano le obligó a dejar la música en directo bajo riesgo de acabar padeciendo una sordera total, relegándole al rol de compositor, productor y músico de estudio, y forzándole a abandonar Mountain. En 1983 sería asesinado por su mujer en su piso de Nueva York, según parece de forma accidental.

¿A qué viene contar la historia de Felix Pappalardi aquí? Pues a explicar el génesis de esta banda: West, Bruce and Laing. Si conoces la carrera de Mountain te habrás dado cuenta de que hablamos de Leslie West y Corky Laing, guitarrista y batería respectivamente de la mítica banda estadounidense. Y el sustituto de Pappalardi no podía ser otro que Jack Bruce, el gran bajista de Cream. Porque a fin de cuentas eso es lo que es esta banda, la continuación de Mountain. Pero al contrario que otras bandas, en aquel momento tuvieron la decencia de cambiarse de nombre, si bien la onda es totalmente continuista. Picoteando en un hard rock que bebe muchísimo del blues sureño pero a su vez apunta en términos de distorsión y «densidad» a lo que luego sería el heavy metal. De hecho la formación de la banda se fraguó en el tour de Mountain de 1971 por Reino Unido, cuando Pappalardi anunció que dejaría la música en directo al acabar la gira.

Why Dontcha se convirtió así en el primer disco de West, Bruce and Laing, aunque podría haber sido el siguiente disco de Mountain o de Leslie West en solitario perfectamente. De hecho la primera gira de la formación fue previa a la grabación del disco, dando conciertos con temas de Cream, Mountain y versiones de clásicos del blues. Se dice también que el disco tardó en grabarse mucho más de lo esperado por culpa de los abusos del trío con las drogas y el alcohol. 
Este debut se abre pues con el tema/título Why Dontcha, una clara muestra de hacía donde discurrirá el trabajo: un riff de hard rock bluesero pegadizo, con esencia sureña, que sabe dejar mucho peso al bajo dentro de la composición (y es que con un titán como Jack Bruce al bajo no puedes taparle con guitarras sobrecargadas), sin alargarse en exceso y sin arreglos barrocos, con un sonido crudo como un buen chuletón. Out into the fields, por su parte, tiene un deje más hippie, más en la onda del sonido Cream, con un gran trabajo de guitarras de West. The Doctor es un rock and roll cargado de distorsión, muy en la onda de lo que podría ser el Mississippi Queen de Mountain, y que fue el single más radiado del disco en la época. La armónica es el instrumento predominante en la bluesera Turn Me Over, donde la guitarra con slide también tiene un peso capital. Cierra lo que sería la cara A del disco (si al vinilo nos remitimos) la versión del Third Degree de Eddie Boyd y Willie (como no!) Dixon, otro blues de la vieja escuela cargardo con una dosis extra de distorsión donde West hace llorar a su guitarra y Bruce se luce al final con un gran solo. Lo que sería la cara B comienza con Shake Ma Thing (rolling jack), rock and roll clásico, con piano, ascendencia blues y ritmo vacilón y sexual, para ponerse los zapatos de gamuza azul y mover los pies al ritmo de la distorsionada melodía. Una etérea y frágil balada como While You Sleep es lo que vendrá a continuación, con un cierto aire a los Allman Brothers o a Joe Cocker. Y tras el descanso vuelve el rock and roll old school de la mano de Pleasure, donde el piano vuelve a cobrar importancia (gran trabajo de Jack Bruce también como pianista) y donde la guitarra de West de nuevo lleva el tema al puro éxtasis.  Love is Worth the Blues, no me preguntes por qué, me recuerda al Play With Fire de los Rolling Stones, a pesar de que reconozco que no suena muy parecida, puede que use la misma progresión de acordes en la subida que hace en los estribillos. Cierra el disco Pollution Woman, un tema que se abre con un ritmo muy Sly Stone y que me recuerda, al igual que la segunda canció del disco, a los trabajos de Cream, con un toque más hippie y psicodélico por medio.

Un muy buen disco de blues rock/hard rock para amantes tanto de Cream como, sobre todo, de Mountain. De haber salido bajo la denominación de la banda primigenia habría logrado seguramente más repercusión, pero no debes dejarte llevar a engaño, es un discazo aunque lo veas como una banda nueva. Tanto Jack Bruce como Leslie West están al nivel que se les debe exigir a dos máquinas del rock and roll como ellos.