Musiqueando 15 (20191127)

A raíz de la demanda que Timo Tolkki amenazó con interponer contra Eclipse recordé cuando él, siendo guitarrista de Stratovarius, calcó el riff de Aiming High de los Accept en el tema Cold Winter Nights. Esto derivó en ponerme el Russian Roulette y, finalmente, pegarme un atracón con la discografía básica de los germanos durante dos días. Accept es una banda que escuché mucho cuando tenía 17-18 años por influencia de un amigo que era un gran fanático de la banda, afirmando que eran “el grupo más grande de la historia del metal solo seguido por los discos en solitario de UDO“. Yo a ese punto de fanatismo no llego, pero sí que les pondría en el Olimpo metalero: Princess of the Dawn siempre me ha parecido uno de los pináculos del heavy metal, la trilogía de lanzamientos consecutivos formada por Restless and Wild, Balls to The Wall y Metal Heart es una de las mayores rachas creativas del género, con tres álbumes de nivel legendario que, además, están acompañados en la historia de la banda por otros discos que no bajan del notable: Breaker, Russian Roulette, Objection Overruled o el rockero y acedeciano I’m a Rebel. Y aunque el Eat the Heat con David Reece me parezca bastante infumable, intentando subirse a marchas forzadas a la laca estadounidense, sí que he disfrutado de los discos de la etapa actual con Mark Tornillo, sobre todo con un Blood of the Nations que contaba con Herman Frank en estado de gracia compositiva.

En un arrebato nostálgico vamos a echarle un ojo al único disco que publicaron The Fox, allá por 1970, una pequeña joya que no tuvo continuidad titulada For Fox Sake, irónicamente en los EEUU se llamó For Fox Sake Vol. 1 pero nunca lleamos a escuchar un Vol II. Jugando con el blues, el pop y la psicodelia, rememorando la cara más fresca del rock británico de los años sesenta, su música con influencias tan variadas como los primeros King Crimson, los Small Faces o The Action quedó barrida de las ondas por el ascenso del rock más pesado de Black Sabbath y Led Zeppelin. Puede que llegasen cuatro o cinco años tarde para haber tenido éxito con su sonido, pero modas aparte publicaron un debut notable y disfrutable.

Tras una temporada de parón/baja actividad parece que en 2020 vuelve una de las bandas más importantes del rock-metal gallego: Machina. Han pasado ya seis años desde que los de Cerceda lanzaron su último disco, entre 2015 y 2017 estuvieron casi dos años parados y desde 2017 han hecho solo unas pocas apariciones en directo. Ahora comenzarán a lanzar una serie de vídeos en acústico en su canal de youtube colaborando con músicos amigos y prometen más novedades para 2020, una de las cuales será tocar en el Resurrection Fest de Viveiro para el que ya han sido confirmados. ¿Tendremos también nuevo disco? Tocará esperar, pero que Machina estén más activos siempre será una buena noticia.

Recogido en directo en el festival chileno Woodstaco en 2018 nos llegó el pasado 20 de octubre un disco en vivo de los peruanos Cholo Visceral. Una pieza de rock progresivo donde la flauta le da una influencia Jethro Tull que en el acelerado inicio del primer tema a mi me recuerda mucho a los Ñu de Cuentos de Ayer y de Hoy, pero con un fuerte elemento psicodélico y con influencias del kraut rock, el jazz y hasta del funk y del movimiento tropicalia. Este Live at Woodstaco 2018 nos trae un viaje psicodélico de 36 minutos repartido entre cuatro piezas (más una oculta) y con una bella portada ilustrada por Rodrigo Mori Franco. Un totémico e hipnótico ritual rockero para agitar nuestros cuerpos y nuestras mentes.

Para cerrar vamos con el pop elegante con influencias folk y alma poética de A Banda Da Loba, que lanzan el adelanto de su próximo trabajo Fábrica de Luz. Una banda gallega formada por cinco mujeres en 2017 que ya va por su segundo disco y que muestra una ecléctica mezcla de influencias en su particular y melódico estilo.

Musiqueando 14 (20191109)

Si en la entrega 13 iba buscando que el postureo normie me llamase “Elitista” en el Twitter esta semana voy a buscar que los metalfrikis me llamen pacazo y los clasicotes del metal me tachen de modernillo. Vamos con el Musiqueando 14 y arrancamos con un tema de Gary Moore, que estoy muy volcado estos días con el Celtic de Glasgow.

Algunos dicen que Baby Huey, cuyo verdadero nombre era James Ramey, es la mayor estrella del soul que nunca llegó a saber que lo era. Su único disco de estudio se publicó de forma póstuma tras su muerte: The Baby Huey Stroy: The Living Legend. El título ya es una despedida en sí. Huey tenía un talento descomunal pero se cuidaba poco, la suma de sus excesos con el alcohol y la heroína junto a un marcado sobrepeso hicieron fallar su corazón con solo 26 años, privándonos de un excepcional registro vocal, de una garganta que era un verdadero huracán. En su único LP, grabado durante 1970 y publicado en febrero de 1971,cuatro meses después de su muerte, realizó una de las mayores obras del soul psicodélico, incluyendo un par de versiones: una psicodélica y estremecedora revisión de A Change It’s Gonna Come del malogrado Sam Cooke y una revisión del mítico California Dreamin’ que popularizarían The Mammas and the Papas, además de un par de temas propios y varias composiciones de Curtis Mayfield, productor del disco y principal valedor de Baby Huey en el mundillo musical, el único loco decidido a apostar por un músico empeñado en autodestruise. El disco tuvo poco éxito, pues no había mucho interés por parte del sello en invertir dinero para promocionar a un músico ya fallecido del que no podría sacar futuros réditos, pero con el paso del tiempo se convirtió en un trabajo de culto que sería redescubierto por diversas generaciones a través de diversos músicos de hip hop y R&B que utilizaron samplers de sus temas.

Un amigo mío abría el otro día en Facebook un debate curioso, coincidiendo con el 39 aniversario de la publicación del Heaven and Hell de Black Sabbath: ¿preferís el Blizzard of Ozz de Ozzy o el Heaven and Hell de Black Sabbath? Había que razonar la respuesta pero llegué a la conclusión de que es imposible hacerlo. Sopesemos: ambos son dos discos de heavy metal melódico y clásico publicados en 1980, ambos cuentan con una buena producción y un buen puñado de temas icónicos. Uno nos presenta a unos Black Sabbath menos oscuros, influenciados por una naciente NWOBHM, más épicos, casi poniendo la primera piedra de lo que derivará en el género epic doom unos años más adelante, con la dupla Iommi/Geezer en plena forma y con el cambio radical que supone incorporar la voz de un Dio en estado de gracia a la banda. El otro nos trae a un Ozzy que también se aleja del sonido oscuro de los Sabbath clásicos pero virando hacia un sonido más americanizado, más hard & heavy, con músicos estadounidenses, con sus líneas de voz más trabajadas y presentando en la guitarra al Randy Rhoads más pirotécnico. Desde otra óptica también podría decirse que aunque ambos son dos discos sobresalientes y excelentes ninguno de ellos es un disco especialmente rompedor, ninguno marcaría un punto de inflexión en el heavy metal que nos permitiera darle un mayor valor histórico que al otro. Así que razonando la respuesta la única respuesta racional es que no hay respuesta racional posible, la elección recae en las tripas y el corazón y para mí ahí no hay duda: cuando tenía 14-15 años el Long Live Rock and Roll de Rainbow y el Heaven and Hell de Black Sabbath eran mi banda sonora, me los sabía de memoria. Por puro sentimentalismo gana el Heaven & Hell.

Volemos ahora a la ciudad italiana de Parma, capital del histórico Ducado de Parma, situada en un bello paraje de la Emilia-Romagna. Abramos un espumoso Lambrusco y sirvamos una copa mientras ponemos el disco debut de AyahuascA, un trabajo que se publicó el pasado día de difuntos. Se trata de un disco conceptual publicado por el sello australiano Salty Dog Records titulado Naad, donde se nos explica qué es Naad: una entidad antropomórfica que representa el aparato auditivo del universo y la capacidad de escuchar nuestras propias emociones. La voz de Domiziana Pritchard nos irá conduciendo por ese viaje de descubrimiento a través de sonidos psicodélicos durante 10 cortes de inspiración sesentera y cabaretera deudora de gente como The Doors.

Hace unos días, el 25 de octubre, los madrileños Grim Comet publicaban su nuevo trabajo: Afterlife, así que lo he celebrado comprándome toda su discografía en Bandcamp. Siguen mostrando una evolución que los aleja del sonido más doom metal de sus inicios y los acerca a sonoridades más rockeras. En este nuevo trabajo abren ya con un riff crudo decorado con toques de slide sureño y bluesero que no puede sino evocar al gran Billy Gibbons de ZZ Top y si bien hay guiños durante todo el LP a los Corrosion of Conformity más rockeros o a los Metallica en su etapa Load/Reload, el disco parece por momentos querer incorporar elementos del hard rock más crudo y de la depresión grunge noventera, con detalles donde parecen lanzar guiños a bandas tan diversas como Soundgarden, Candlebox, Pearl Jam, Bush o hasta Chris Rea. Con todo se trata de un trabajo muy variado en el que se han dado el gustazo de experimentar en muchas direcciones musicales.

Y a Vigo nos vamos para cerrar la entrega de esta semana con Mano de Piedra, que también han publicado largo debut estos días (previamente habían sacado un EP hace como cosa de dos años). Algunos les han catalogado como la resurrección de los míticos Supa Scoopa por la presencia de su guitarrista Mano, pero aunque molaría tener a otros Supa Scoopa no será en este proyecto donde vayas a encontrarlos pues Mano de Piedra tienen un sonido mucho más brutote y metalero. Today’s Ashes navega más por las aguas de un sludge metal  que no hace ascos a tomar prestados elementos del death ‘n roll, el metalcore o del doom. Un disco de metal agresivo y contemporáneo con una gran producción de Iago Alonso que les sitúa como una de las bandas más interesantes que seguir en el cercano 2020.

Musiqueando 13 (20191023)

Después de la anterior entrega del Musiqueando dedicado a bandas sonoras, y de otras tres anteriores monotemáticas vamos a volver al desordenado esbardalle musical habitual, para que los del postureo normi en Twitter me puedan seguir llamando elitista. La primera canción, a manos del violinista Patrick Contreras, que sirva un poco de introducción para el siguiente bloque:

Funkadelic son cosa tremenda y llevo demorando doce Musiqueandos el dedicarles unas líneas. Sí, en mi cabeza ya estaba hablar de su legado en la primera entrega pero por unas cosas y por otras, que si novedades una semana, que si artículo temático otra… ahí se quedó en el tintero. La historia del grupo es curiosa: nacieron en 1964 como un proyecto paralelo de George Clinton con el que telonear a su banda The Parliaments (posteriormente se convertirían en Parliament por temas legales) y comenzaron a llamarse Funkadelic allá por el ‘68 tras una serie de disputas legales con la discográfica. En sus inicios bebían mucho de la psicodelia de Hendrix y Sly & The Family Stone y de hecho sus tres primeros discos, tres discazos esenciales, están muy en esa línea que fluctúa entre el rock más ácido y el soul psicodélico: el homónimo Funkadelic, el Free your Mind… your ass will follow y la joya de la corona de su primera etapa que a su vez marca el fin de esta, Maggot Brain donde por última vez compartían guitarras Eddie Hazel y Tawl Ross. Los setenta continuarían con varios cambios de formación, con la resurrección de Parliament que alcanzarían el éxito durante la moda del disco-funk y separándose de la psicodelia y el rock para acercarse más al funk puro, añadiendo según la etapa elementos disco o boogie. Tras una serie de discos aceptables pero sin la brillantez épica de su primera etapa a finales de esa década publicarán otras dos auténticas joyas: el conceptual y musicalmente muy variado One Nation Under a Groove de 1978, donde repasan a fondo su propia mitología funky y donde se marcan uno de mis solos guitarreros favoritos en el tema Who Says a Funk Band Can’t Play Rock, y el más discotequero Uncle Jamm Wants You, disco que marcaría profundamente los inicios del rap y el hip-hop, del que extrajeron bases raperos como De La Soul, Ice Cube o Dr. Dre y del que tomaron su nombre el colectivo de dj’s Uncle Jamm’s Army. En 1980 habría una escisión en el núcleo de Funkadelic que se separaría en dos bandas: una liderada por Clinton que en 1981 publicaría el notable The Electric Spanking of the War Babies y otra con el resto de vocalistas que sacarían el bastante mediocre Connections & Disconnections. Las disputas legales por el nombre y la pérdida de interés comercial en el disco-funk llevarían a la desaparición del grupo. Pasarían 26 años hsta tener nuevos discos de Funkadelic: en 2007 el By Way of the Drum, con material originalmente grabado para un disco de 1983 que no llegaría a publicarse en aquel momento, y en 2008 el Toys, que contenía temas rescatados de demos inéditas de los ’70. Habría que esperar a 2014 para tener un disco con material realmente nuevo: First Ya Gotta Shake the Gate, un disco triple compuesto por 33 canciones en referencia a los años pasados desde su último disco original. Con una orientación más R&B este disco cuenta con la colaboración de dos de los nietos de Clinton, una casi poética muestra de cómo han pasado los años desde el nacimiento de su nación funkadélica.

Mdou Moctar ha sido uno de mis últimos descubrimientos en uno de esos directos de la KEXP. Un guitarrista, cantante y compositor tuareg que desde Níger comenzó a practicar una fusión de un pop-rock deudor del estilo de Mark Knopfler con sonidos y técnicas de la música tradicional bereber y del folclore hausa, cantando tanto en lengua tamashek como en inglés. Comenzó como cantante en bodas y eventos privados y grabó en 2008 su primer disco, un trabajo nunca publicado oficialmente pero que se distribuyó por el Sahel a través del intercambio de tarjetas de memoria o de ficheros de audio almacenados en teléfonos móviles. Tras eso aparecería en un par de recopilatorios que recogieron esos temas que se almacenaban y distribuían por medio de la telefonía móvil para darles salida a los mercados occidentales, consiguiendo una buena acogida que le llevaría a grabar su segundo trabajo en 2012 que ya se distribuiría por canales convencionales y a nivel mundial. Después de publicar aquel disco ha tenido una larga y prolífica trayectoria. Su último trabajo de este mismo 2019, Ilana: The Creator, le aproxima a sonoridades ácidas y del rock psicodélico fusionadas con sus raíces en la música bereber.

Los tejanos Crypt Trip estarán esta semana de gira ibérica. El power-trio publicó en la primera mitad del año Haze Country con el sello Heavy Psych Sounds donde su hard rock de inspiración retro a lo Cactus y con alguna concesión a la psicodelia se conjuga con elementos del rock sureño de Lynyrd Skynyrd o los Allman Brothers, algo de boogie vacilón de ZZ Top y The Georgia Satellites y mucho del country rock de Marshall Tucker Band o The Byrds. Una mezcolanza sureño-estadounidense que en otro tiempo les podría haber proclamado sucesores de los Black Crowes pero que hoy por hoy no encontrará el apoyo mediático para abrirse a grandes mercados. Pasarán desapercibidos para la mayoría de la prensa pero no deberían hacerlo para los amantes del rock más clásico, pues su sonido sin renunciar a unas claras raíces setenteras es fresco y variado, saben inspirarse de muchos sitios sin sonar a copia de nada y eso, hoy por hoy, es de un tremendo mérito.

Y si seguimos por la senda de las novedades vamos a mirar para Alemania pues los berlineses Kadavar celebran su noveno aniversario lanzando su quinto trabajo en estudio: For the Dead Travel Fast. Poco a poco en sus directos y también disco tras disco han intentado mostrarse más técnicos y virtuosos y han tratado de hacer mayores alardes de técnica, su evolución siempre ha apuntado en esa dirección. Su nueva entrega  se aleja de los riffs más crudos y desnudos para apostar por canciones con pasajes atmosféricos, con mayor teatralidad, líneas vocales más barrocas y trabajadas y elementos heredados del rock sinfónico y progresivo que añaden a sus riffs de magisterio sabbathico. Lento, pesado, con pasajes que parecen hacer guiños a Rush o a Genesis pero sin querer alejarse demasiado de Iommi o Pentagram, probablemente se trate de su disco menos directo, una apuesta que tal vez les aleje un poco de los seguidores de The Sword y les acerque más a los fans de Dead Meadow, un cambio tranquilo, evolución progresiva sin ruptura radical.

Y vamos a cerrar la entrega con una versión curiosa: en los años 60-70 en Perú se popularizó la fusión de la cumbia con elementos de géneros que estaban triunfando en la música popular anglosajona, véase soul, rock y psicodelia. Por un lado daría discos muy interesantes, de los que hablaremos otro día con calma, y por otro lado esta tendencia quedaría soterrada por una evolución del género a sonidos más bailables y menos densos. Mustard son un grupo de músicos españoles afincados en Reino Unido que han querido recuperar parte de ese espíritu, aunque su música va más en un rollo electrónico minimalista incluyen elementos latinos que ellos definen como electrofolk. Aquí queda su versión del popular Cariñito que compusieran allá por los 60 Los Hijos del Sol.

Musiqueando 11 (20190923)

Si la anterior entrega del Musiqueando estuvo en clave ibérica esta vez nos vamos a otra península europea: la Itálica. A nivel comercial las dos tendencias de la música italiana más conocidas fuera de sus fronteras han sido sus cantantes melódicos/moñas y su música disco bailable allá por los ‘70-’80 (con Raffaella Carrá siempre en nuestro corazón). También es la nación responsable de la más abyecta perversión del heavy metal: el power metal italiano de finales de los 90 encabezado por los entonces llamados Rhapsody, a secas (luego Of Fire, Luca Turillis’, etc.), y tuvo su muestra más caricaturesca e hiperbolizada con Skylark. Por otra parte los estudiosos del rock progresivo no dejarán de señalar que entre los 60 y 70 Italia gozó de una escena de tremenda técnica, creatividad y espíritu artístico que nos trajo a bandas como Biglietto Per L’Inferno, Premiata Forneria Marconi, Banco del Mutuo Soccorso, Alphataurus, Area o Le Orme capaces de parir verdaderas obras maestras del género que pueden mirar de tú a tú a los mejores trabajos de Pink Floyd o King Crimson. Y creo que para empezar este pequeño recorrido por lo contemporáneo lo mejor será arrancar con un clásico que recoge mucho de la tradición italiana, un camaleónico músico que ha tocado muchos de estos palos: Franco Battiato interpretando una de las baladas más bonitas y delicadas que se hayan escrito en los últimos 30 años: Le Sacre Sinfonie del Tempo

Fundados en 2014 en Padua en la región del Veneto, la patria del tiramisú, Messa son todo lo contrario al famoso postre italiano: si el dulce es una delicia que nos eleva el ánimo la música de Messa es una constante maldición intentando torpedearlo para que baje hasta las profundidades abisales. Combinan doom metal, black metal y algo de progresivo para un sonido que oscila entre partes cristalinas y melódicas con verdaderas tormentas de fango metalero inspiradas por nombres como Windhand o The Devil’s Blood. Hasta el momento presentan dos discos y un EP en su discografía y este mismo verano fueron una de las bandas que se unieron al proyecto fílmico Planet of Doom.

Mi historia con Giöbia es curiosa. Tocaban el tercer día del Sonic Blast, no los conocía y no pensaba verlos sino que aprovecharía el rato para sentarme y tomarme una birra con martini. Pero un colega alemán se cruzó en mi camino y me dijo que tenía que verlos, así que me fui con él al recinto de la piscina. Resultó ser una banda muy curtida, cerca de 20 años de carrera, de la zona de Milán. Han publicado cuatro LP’s, entre los que destacan Magnifier e Introducing Night Sound, varios 7” y un directo recogido en el Freak Valley de 2017. Su sonido es atmosférico, psicodélico y algo oscuro, beben del space rock de Hawkwind, del shoegaze británico de los primeros 90, el pop de inspiración Mod de los 60 y de una psicodelia de toques minimalistas. Recientemente ficharon por el sello Heavy Psych Sounds de Gabriele Fiori, con el que reeditarán varios de sus trabajos.

Los friulanos Lizard Queen desde la ciudad de Gorizia reparten toneladas y toneladas de humeantes riffs de stoner metal de inspiración desértica. Guitarrazos repetitivos, directos y machacones cargados de fuzz para una temática letrística muy marcada por las experiencias de evasión y alucinaciones derivadas del uso de alucinógenos. Comenzaron en 2013 como proyecto paralelo de un miembro de la banda de stoner DEEP y desde aquella han publicado dos discos, de los que el segundo fue reeditado en 2018 con todos los temas remasterizados. Un ep de tres temas con un regusto más blues completa una discografía que ofrecen de forma gratuita, pudiendo pagarse “la voluntad”, en su página de Bandcamp.

Segumos con un dúo modernillo de batería y guitarra inspirado por The White Stripes, The Dodos o The Black Keys, los Bud Spencer Blues Explosion, abreviado BSBE, se bautizaron con mucho humor  juntando a la banda legendaria del punk-blues alternativo Jon Spencer Blues Explosion con el mítico y nunca suficientemente ponderado actor italiano Bud Spencer. Nacidos en Roma en 2006, combinan blues-rock con pop indie y algún ramalazo de rocanrol. La banda formada por Adriano Viterbini y Cesare Petulicchio ha publicado ya cinco largos, el primero de los cuales se publicó solamente dos meses después de la formación del grupo, gozando de gran apoyo por parte de la prensa musical italiana.

Galaverna son puro paganismo musical, un folk rock acústico y apocalíptico inspirado por gente como los reverenciados británicos Comus, que seguramente sean su referente más claro y directo, o los holandeses Omnia, incluso cercanos a Sangre de Muérdago o incluso a una versión oscura de Labanda e incluso la flauta me haría pensar en grupos más rockeros como Ñu o Jethro Tull. No hace mucho que publicaron su debut Dodsdans, un trabajo que nos transporta a oscuros bosques alpinos y a olvidados rituales pre-romanos a través de su sonido donde el folk de raíz centroeuropea se tiñe de sus matices más oscuros, con algún guiño a la psicodelia.

Y acabamos el recorrido itálico en Piamonte, en la ciudad de Tortona. Allí a finales de los 90 surgieron Ufomammut, una banda que ha oscilado entre el más pesado sludge metal y el más denso drone-doom. Han pasado 20 años sin cambios de formación, girando habitualmente por toda Europa y publicando la nada desdeñable cifra de 10 discos. Su estilo se caracteriza por el uso de ritmos de batería lentos y marcados, riffs complejos ejecutados con tremenda precisión, canciones compuestas por partes muy diferenciadas y voces muy agresivas y desgarradas. Por sus influencias y sonido les pondría en el barco de Neurosis, Eyehategod o algunas cosas de los Melvins.

Musiqueando 8 (20190720)

Este Musiqueando llega con retraso, pero ya sabéis que yo en julio suelo publicar poco porque es el mes en el que suelo meterme algún curso entre pecho y espalda intensivamente porque no trabajo por las tardes.

Este año no tocaba Resu pero sí Ortigueira y su Festival Internacional do Mundo Celta, que para esta edición contaba con un programa musical de excepción, cumpliéndose 41 años desde la primera entrega del evento. Por trabajo no pude ir el jueves, aunque me comentaron que Gwendal no flaquearon, como es habitual, y que la Yuki Kojima Band resultó una agradable sorpresa desde Japón entre los finalistas del concurso Runas. Para el viernes llegaba con la gasolina justa tras madrugón, oficina y bus pero al final solo me perdí a la última banda, Project Smok. Me quedé encantado con el conciertazo de la Anxo Lorenzo Band, ofreciendo un tremendo directo con jam incluida, y disfruté la fusión de folk con jazz o rock de los irlandeses Moving Hearts, quienes estuvieron precedidos por la tradicional Escola de Gaitas de Ortigueira quienes dieron un concierto cargado de colaboraciones. El sábado, tras la banda de gaitas bretona Bagad Kerlenn Pondi y el espectáculo de danza de la Dominic Graham School los míticos Shooglenifty no fallaron con su fusión de folk con elementos más eléctricos y, a ratos, electrónicos. Les siguieron Flook, ingleses muy sólidos en una línea más tradicional, y unos virtuosos Beltaine desde Polonia, cuyo sonido folk pica de elementos pop, fueron el cierre perfecto para ese tercer día. De nuevo por obligaciones laborales me tenía que volver y no puedo contar nada del domingo ya que me levanté demasiado tarde para ver los desfiles. Como críticas constructivas a la organización haré dos: deberían buscar una fórmula para incentivar la reutilización de vasos en las barras que reduzca el número de residuos y no estaría mal empezar los conciertos una hora más temprano para no tener problemas de retrasos en el horario disfrutando de tiempo suficiente para los cambios. Por lo demás ha sido una edición notable. (El vídeo que adjunto no es de este año, pero ilustra bien el directo Shooglenifty)

El 16 de julio de 2012 el teclista más grande de la historia del rock, Jon Lord, nos dejaba. Tenía 71 años y llevaba casi un año retirado de la música en directo batallando contra un cáncer. Lord comenzó su carrera como músico de sesión muy joven, mudándose a Londres en 1959. Tras ganar fama grabando en estudio con diversos grupos y tras un par de intentos de lanzar proyectos personales como Santa Barbara Machine Head o The Artwoods llegaría en 1968 su gran momento cuando se convierte en uno de los miembros fundadores de Deep Purple, banda en la que estaría presente en todas sus formaciones hasta 2003. Entre medias también militaría en los primeros discos de Whitesnake, montaría el grupo de funk-rock Paice,Ashton & Lord y se labraría una carrera como compositor realizando diversos trabajos orquestales donde la música clásica se daba la mano con el rock y otros músicas populares contemporáneas, siendo además pionero en la fusión de orquestas sinfónicas con bandas de rock con su Concerto For Group and Orchestra que grabó en 1969 con Deep Purple y la Royal Philarmonic Orchestra. Tras dejar Deep Purple cansado del ritmo de las grandes giras se mantendría activo tanto como compositor como realizando pequeñas giras con otra gente veterana como Anni-Frid Lyngstad (ex ABBA), Jimmy Barnes y Bob Daisley (en la banda The Hoochie Coochie Men con la que tocaba estándares de blues) o giras con sus trabajos orquestales acompañado de cantantes de la talla del famoso actor de musicales Steve Balsamo.

Segundo disco de los californianos Sacri Monti,  del que ya avanzamos un tema hace unos meses en otro Musiqueando, al fin a la venta: Waiting Room for the Magic Hour. En menos de un mes espero estar viendo cómo lo presentan en Moledo en el Sonic Blast, si ninguna desgracia lo impide. ¿Qué nos presentan aquí? Pues evolución sin revolución: han cambiado lo justo desde la primera entrega para no repetirse pero manteniendo su esencia de revival musical de los 60-70, aunque ahora los elementos progresivos y de jam-band, como si hubieran añadido un extra de Can y de King Crimson al sonido de su primer trabajo. Tal vez haya perdido algo de frescura respecto a su primera entrega al estar conformado por temas más largos y con mayor carga de psicodelia, complejidad y efectos de space-rock, lo que por otra parte lo puede hacer también más interesante para un público menos rockero pero más ávido de experimentación y saturación en el campo instrumental. La apuesta por el sonido más pesado y experimental de los setenta es clara y patente y la sensación old-school está muy lograda.

Si Quentin Tarantino quisiera dirigir un remake de Alentejo Sem Lei (serie que le encantaría si alguien se la hiciese llegar) seguramente la banda sonora caería en manos de O Bom, O Mau eo Azevedo. Formación natural de Porto, nacidos en 2015, se presentan en formato cuarteto y se mueven entre el surf californiano y el western, elaborando una música instrumental donde las influencias de gente como Link Wray, Dick Dale, The Ventures o The Tornadoes se rodea de alguna ligera influencia más oscura y psicodélica, logrando un sonido 100% banda sonora de la Familia Munster más que disfrutón. Hasta el momento cuentan con un EP aunque ya hay nuevos temas en el horno. Otros que estarán presentes en el Sonic Blast 2019 inaugurando algún día el escenario de la piscina y que merecen una buena escucha.

Musiqueando 7 (20190618)

El 9 de mayo se entregaron los Blues Music Awards de la Blues Foundation, iba a escribir sobre ello pero se quedó fuera de la anterior entrega porque el homenaje al gran Roky Erickson era obligado. Resumiendo ¿quiénes se llevaron los galardones este año? Pues Joe Louis Walker, Bruce Katz y Giles Robinson ganaron el de mejor disco acústico por Journeys to the Heart of the Blues, en la categoría de mejor disco de blues tradicional el premio se lo llevó Buddy Guy por The Blues is Alive and Well, el mejor disco de una artista emergente fue para Free de Amanda Fish, en la categoría soul-blues recayó en Johnny Rawls por I’m Still Around y el de mejor disco de blues-rock acabó en las manos de Billy Gibbons por su disco en solitario The Big Bad Blues. Finalmente el gran doblete lo hizo Shemekia Copeland ganando tanto el premio a mejor disco de blues contemporáneo como a mejor disco del año por America’s Child. Y para cerrar el bloque lo hacemos con la elegida como mejor canción del año: No mercy In this Land, con Ben Harper y Charlie Musselwhite.

Pasamos del blues al heavy más clásico de la mano de Traveler, un grupo canadiense, de Calgary, que el pasado febrero publicaba su primer largo a través del sello Gates of Hell Records, especializado en bandas de metal de corte ochentero. Son una banda muy joven, fundada en 2017 y que previamente habían publicado una demo y un split en 2018, practican un heavy metal tradicional y algo acelerado en la tradición de nombres como Angel Witch o Raven con algún pasaje más épico onda Warlord. Se han marcado un disco más que destacable y redondo que podríamos meter en el saco de la NWOTHM, un trabajo en el que cuesta destacar algún tema por la tremenda regularidad del mismo: himnos de heavy clásico donde ninguna destaca sobremanera sobre otro, un trabajo para menear la cabeza agusto.

Como nota trágica hay que recordar que hace una semana nos dejaba el vocalista brasileño Andre Matos, conocido por su trabajo en los primeros discos de la banda de power metal Shaman, a la que había vuelto recientemente, con los olvidados speed-metaleros Viper a finales de los 80, por el efímero proyecto de pop-metal Virgo junto a Sascha Paeth pero, sobre todo, por su trabajo con los Angra en su etapa clásica de los 90, una de las bandas más originales de la explosión del power metal pues se distanciaron de otras bandas de la misma etiqueta añadiendo elementos de música étnica, progresivo o bossa-nova a sus temas. Matos, quien también era un más que decente teclista, destacó como vocalista por su rango vocal que le permitía alcanzar notas extremadamente agudas.

El virtuoso bajista y contrabajista John Patitucci también ha estrenado disco hace pocos meses, Soul of the Bass. Se trata de su decimosexto trabajo en solitario y seguramente del más intimista de su carrera: Patitucci improvisando piezas con su bajo o contrabajo orbitando entre el jazz y la música clásica, en muchas piezas tocando sin acompañamiento alguno y en otras con algún apoyo bastante minimalista. Un trabajo en general bastante denso para que lo degusten los amantes del bajo, aunque muy poco accesible a quien no tenga una especial devoción por explorar qué puede dar de sí este instrumento.

El mes pasado se pasó por Compostela Mark Guiliana, quien será recordado por el público más rockero por haber sido el batería de David Bowie en su último disco y por el público amante de la electrónica por liderar uno de los proyectos más atractivos del lado más experimental de este género en los últimos años. En este Beat Music! Beat Music! Beat Music! publicado el pasado abril juega a fusionar jazz, avant-garde y electrónica sin complejo alguno mientras exhibe su brutal talento como percusionista rodeado de loops y sintetizadores.

Y acabamos el recorrido de esta semana con un EP instrumental que tiene algo más de un año, se publicó en marzo de 2018, pero que no me quería dejar fuera: Volver a Nacer, del guitarrista gallego Rubén Cores. Un disco de rock instrumental construido sobre fraseos de guitarra melódicos a la par que virtuosos para amantes de este género “guitar hero factoría Varney” a lo Satriani o Eric Johnson, que en sus cuatro temas cuenta con otros talentos de la música gallega como el batería Miguel Lamas o el teclista y arreglista Adrián Solla.

Musiqueando 6 (20190603)

La música es como la gastronomía, esto es algo que razonaba el otro día en el bus. Porque hay muchas formas de disfrutar de la gastronomía: tenemos los platos tradicionales de toda la vida que nunca nos fallan, tenemos cosas experimentales o innovadoras que pueden resultarnos chocantes pero que están sorprendentemente buenos, podemos encontrar el sabor más delicioso en las cosas más sencillas y también en las más elaboradas y tenemos diversas recetas tradicionales del resto del planeta que no conocemos, que recogen la tradición de su cultura. Todo un mundo de comida que disfrutar para que luego muchos se empeñen en gastarse la pasta en el Burguer King o el PizzaMovil. Lo dicho, la música es como la gastronomía.

Ya que hablábamos antes de combinar, mezclamos rapcore, nü-metal noventero, folk indio y música de Bollywood ¿qué nos sale? Algo, al menos, raro. En el año 2016 nacían los Bloodywood como una banda-parodia que lanzaba versiones metalizadas de temas radioformuleros y solo un año después conseguían hacer ruido en Youtube con una versión de Heavy de Linkin’ Park, pues fueron muchos los que dijeron que el tema sonaba más a los Linkin’ Park originales en la versión de Bloodywood que en la de sus creadores originales. Tras eso logran un segundo éxito en la India gracias a otra versión de un popular tema de música punjabi (Tunak Tunak Tun) contando con la colaboración de otro grupo parodia, los brasileños Bonde Do Metaleiro. El éxito de sus versiones en youtube les anima a empezar a componer temas propios, con una orientación ya más seria abarcando temas como la depresión o el abuso escolar. El grupo sigue cosechando éxito en Youtube y en su país de origen y, poco a poco, se abren hacia mercados extranjeros. De momento están confirmados para tocar en Wacken 2019 y Ubisoft usará uno de sus temas en su videojuego Beyond Good and Evil 2.

Roky Erickson se nos moría el día que empezaba a escribir esto, así que decidí aplazar un par de semanas otra cosa que os iba a comentar para dedicarle unas líneas. Nacido en 1947 en Austin, Texas, fue un músico precoz pues con 19 años ya conocía el éxito con los 13th Floor Elevators, que publicaban el esencial The Psychedelic Songs of the 13th Floor Elevators en 1966. Tres años después, tras una detención por posesión de drogas, acabaría internado en un psiquiátrico de Houston donde se le sometería a un tratamiento por electrochoque complementado con torazina después de ser diagnosticado con esquizofrenia. Su popularidad iría en declive desde aquel momento, pasándose los años 70 bastante desaparecido de los grandes escenarios, aunque su creatividad seguía desbordando, lanzando un par de discos excelentes con su proyecto Roky Erickson and the Aliens entre finales de los 70 y principios de los 80. Tras eso de nuevo volvería a estar desaparecido hasta que a finales de los 80 la prensa reportaba que había sido detenido acusado de robar correo, cargo del que se libró tras demostrarse que solo lo había acumulado pero no lo había abierto. Es en aquel momento cuando varias bandas populares como REM, ZZ Top o Primal Scream deciden grabar un disco tributo que provoca que su carrera resucite, generando un renovado interés por la música de los 13th Floor Elevators y también por su carrera en solitario. El nuevo éxito traería dinero a sus cuentas que le permitiría pagar mejores médicos y medicación para contener su enfermedad y, gracias a eso, volver a los escenarios: en los 90 realizaría algunas grabaciones y en 2005 daría en el festival Austin City Limits su primer concierto completo en 20 años. Casi 40 años después del lanzamiento del debut de los 13th Floors Elevators la carrera de Roky había resucitado, manteniéndose activo hasta sus últimos días. Su legado ha sido reivindicado por mucha gente, desde Billy Gibbons y Alice Cooper hasta Johnny Depp, Eddie Glass de Nebula o Tobias Forge de Ghost.

No soy muy de indie, o como yo lo llamo “pop desganao”, porque me suele resultar un género bastante tedioso, pero tampoco soy un talibán que vaya a desechar un disco solo por una etiqueta. Esta semana en el curro le he estado dando vueltas a Bloco do Eu Sozinho del grupo brasileño Los Hermanos, un trabajo controvertido en su momento pues tras haber cosechado bastante éxito comercial con su primer disco el grupo decidió lanzar algo más íntimo y melancólico. A su sonido muy deudor de gente como Weezer o Radiohead le añadieron elementos brasileños de samba y bossa-nova, una combinación que le daba un plus de originalidad pero que les alejaba de lo que deseaba su discográfica, que decidió no invertir en promoción para el disco. Las ventas cayeron mucho, cierto, pero la crítica quedó encantada y con el tiempo el disco alcanzó un status de culto, considerado por la mayoría de sus fans como el mejor disco del grupo y uno de los mejores discos brasileños de la primera década de los dosmiles.

Y vamos a acabar la entrega de esta semana echándole un ojo a los Reverend Goat, un grupo del que tengo muy poco que decir… porque no se mucho más de ellos que lo que pone en su página de Facebook: que vienen de la comarca de Valdeorras (Ourense), que les encanta guitarrear, que están preparando un lanzamiento y que han adelantado un tema del mismo. De momento solo he podido escuchar ese tema, The Mask, construido sobre un riff granítico que suena como si lo hubieran horneado los mismísimos Melvins de la época del Stoner Witch. Así que os comparto aquí este adelanto y me quedaré pendiente de más novedades por parte de este prometedor proyecto.