Musiqueando 12 (20191007)

En la última entrega del musiqueando estuvimos hablando de grupos italianos contemporáneos pero, en el texto introductorio, hubo espacio para recordar algunas de los más exitosos movimientos musicales surgidos en ese país con, como es lógico, una especial mención al rock progresivo de los años 60-70. En los comentarios a la publicación en Facebook un amigo mío recordó a los Goblin, grupo que realizó múltiples bandas sonoras para gente como el mítico Dario Argento. Según se cuenta compusieron la banda de Profondo Rosso en una noche y la grabaron en un día (con algo de trampa pues trabajaban ya sobre material compuesto por Giorgio Gaslini, el encargado original de la BSO que había sido despedido por Argento). En aquel momento se llamaban Cherry Red y decidieron cambiar de nombre, en principio puntualmente, para grabar la banda sonora. Al ser esta su mayor éxito hasta el momento decidieron seguir con ese nombre y con las colaboraciones con Argento, quien les encargaría la banda sonora de su siguiente película: Suspiria. Esta se convertiría en la obra maestra del grupo y les elevaría al olimpo musical italiano. Más adelante vendrían otras bandas sonoras como la de la versión europea de El Amanecer de los Muertos de Romero, La Via Della Droga de Castellari o la polémica Perché se uccidono, que firmarían con el pseudónimo Il Reale Impero Britannico. Con múltiples cambios de formación e hiatos se han mantenido en activo hasta la actualidad, combinando discos conceptuales con bandas sonoras y manteniendo su sonido entre el rock progresivo y lo atmosférico.

Vamos a seguir con grupos que han dedicado gran parte de sus carreras a la producción de bandas sonoras y, sin salir de Europa, volamos algo más al norte, a Alemania. Allí nos esperan los miticos Tangerine Dream. Comenzaron su carrera con un rock progresivo atmosférico que acabó derivando en música electrónica y new age. Otra agrupación que ha cambiado mucho de músicos y que sigue activa y vigente (la popular Black Mirror:Bandersnatch de Netflix tenía varios temas suyos). Entre su variada producción cinematográfica mi favorita es la banda sonora de Near Dark, una película de Kathryn Bigelow de 1987 que combina vampiros, western y ambiente gótico-electro dark, éxito de crítica y película de culto con el paso de los años que fracasó en taquilla en su estreno. El trabajo de los alemanes, como era de esperar, es sutil y minimalista, ayudando a construir las tensas y efectivas atmósferas de la película con pasajes cargados de sintetizadores.

En 1991 Richard Thompson se encargó de la banda sonora de la película australiana Sweet Talker, un trabajo que describiría como uno de los más arduos y problemáticos de su carrera y que hizo que el guitarrista inglés decidiera no volver a grabar bandas sonoras. Trece años después Werner Herzog, uno de sus directores predilectos, le pidió a Thompson que compusiera una banda sonora para él, para la película Grizzly Man, en la que contaría también con la colaboración de su amigo y ocasional colaborador Henry Kaiser como productor. No fue capaz de negarse. Fiel a su estilo de hacer las cosas de forma poco predecible y tópica Thompson se gastó la mayor parte del presupuesto en comprar los derechos del tema Coyotes, de Don Edwards, que cerraría la película. Para el resto de la banda sonora Thompson juntó a un grupo de músicos con los que ya había colaborado en el pasado y, durante dos días, se dedicó a improvisar jams sobre las escenas de la película. El resultado final fue una excelente colección de temas de folk-rock que casan perfectamente con el espíritu del film.

Siguiendo por la vía folk cambiamos el cine por la televisión. Channel 4 y Grampian Television en 1988 realizaba una serie documental en tres episodios sobre los gaélicos escoceses, su cultura, su legado y su emigración: The Blood is Strong. La banda sonora corrió a cargo de una de las más importantes bandas del folk-rock de las Highlands: Capercaillie. En aquel momento contaban con solo dos discos de folk escocés en una onda muy tradicional y es a partir de esta banda sonora cuando comienzan a experimentar agregando sonidos contemporáneos, con influencias del funk, el pop o el rock. Tras su etapa de más éxito comercial en los 90, cuando Coisich a Ruin se convirtió en el primer tema en gaélico en entrar en el top 40 inglés, el disco sería reeditado con seis bonus tracks aprovechando el tirón del grupo para relanzar la serie en VHS.

Este año hablar de cine y rock era hablar de Queen y el exitoso biopic Bohemian Rhapsody, pero la relación de la banda británica con el celuloide viene de largo. Varios temas de A Kind of Magic se utilizaron en la banda sonora de Los Inmortales y también fueron una de las bandas incluidas en la banda sonora pop que se recopiló para la versión restaurada de Metropolis. Pero antes de todo eso, en 1980, Queen realizaron una banda sonora completa. Apareció entre el exitoso The Game, que marcó un giro de la banda hacia un sonido más domesticado, y el Hot Space, seguramente su disco más flojo. La película era Flash Gordon, un relanzamiento del popular personaje de tebeos space opera de King Features Syndicate. Además de una pieza más comercial como tema principal, el exitoso single Flash’s Theme, el disco se compone de piezas cortas donde usaron muchos más sintetizadores de lo habitual en ellos para acompañar las escenas como música incidental. Un trabajo controvertido que para algunos es notable y para otros de lo peor de la producción de la mítica banda.

Y siguiendo con bandas de rock populares y míticas firmando bandas sonoras puntualmente nos vamos a los EEUU al año 1984. Toto habían arrasado en ventas, crítica y entregas de premios con su disco IV y a David Lynch le habían encargado llevar Dune al cine tras el abortado intento de Jodorowsky. El productor De Laurentiis encargaría la banda sonora a los Toto, quienes realizarían un excelente trabajo instrumental contando con la orquesta sinfónica de Viena y el coro de la Casa de la ópera de Viena, dirigidos por Marty Paich, padre del teclista David Paich. El disco, con una orientación más progresiva que la mayoría de piezas de su discografía, incluyó también un tema de Brian Eno, de quien se dice que había compuesta toda una banda sonora que fue finalmente rechazada a excepción de esa pieza y alguna música incidental de fondo.

Y para cerrar este recorrido nos vamos a revisar la producción de Mark Knopfler. El guitarrista de los populares Dire Straits ha firmado por su cuenta 11 bandas sonoras hasta el momento, comenzando en 1983 con Local Hero, que incluía uno de sus temas más reconocibles: Wild Theme. Pero si hay una que me gustaría destacar sobre el resto es la de La Princesa Prometida, de 1987. No solo porque el pop elaborado que Knopfler desarrolla en sus temas capture a la perfección el concepto de fantasía romántica de la película, sino porque también incluye una colaboración con el legendario Willy DeVille en el tema Storybook Love y por una anécdota absurda que me hizo mucha gracia que suele contar Rob Reiner: cuando intentó convencer a Knopfler de grabar la banda sonora este le puso una condición bastante peculiar, quería que la gorra que Reiner lleva en This Is Spinal Tap saliese en la película. Reiner aceptó y la puso en la habitación del nieto, aunque posteriormente Knopfler reconocería que no se lo pidió en serio, que fue una broma y que nunca esperó que le fueran a hacer caso en esa petición.

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