Neil Murray

Bueno, tenía que empezar la serie de grandes bajistas de la historia de rock con mi bajista favorito: Neil Murray.

El bueno de Neil nació en Escocia en los cincuenta, cuando el país era uno de los más pobres de Europa. A los 17 montó su primera banda y a los 23 recaló en su primer grupo importante, la banda de jazz fusión Gilgamesh. Tras eso llegaron otros trabajos de poco impacto comercial pero sí prestigio musical, como Cozy Powell’s Hammer, ColosseumII o National Health. Y al fin el gran público y el reconocimiento comercial al convertirse en el bajista original de Whitesnake, banda con la que trabajaría hasta 1987 y con la que publicaría 9 discos. Por medio también trabajaría con gente como Gary Moore, Graham Bonnet, Bernie Mardsen y en bandas como Gogmagog o Phenomena.

Tras dejar Whitesnake (tras el mayor éxito comercial de la banda) por decisión de Coverdale, pasó una temporada con los japoneses Vow Wow hasta que en 1989 acabaría entrando en Black Sabbath por la marcha de Geezer Butler a la banda de Ozzy. Tras esto no dejaría de dar vueltas de un lado para otro: Brian May, otro regreso a los Sabbath tras la reunión con Dio, Peter Green’s Splinter Group, Rondinelli o Michael Schenker Group. Además, a finales de los 90 se unió a una banda tributo a Whitesnake noruega llamanda The Snakes (donde militaba Jorn Lande), en la que posteriormente entraría Mike Moody y Bernie Mardsen, cambiándose el nombre por Company of Snakes y, más adelante, por M3. Curiosamente pude verles en directo con Doogie White de vocalista y se mostraban bastante más finos que la formación actual de Whitesnake.

Fue sobre todo su trabajo en Live in The Heart of The City lo que me llamó la atención de este bajista, de formación bluesera y jazzística, con fuertes influencias de los grandes de blues rock inglés setentero y de las bandas de sonido Motown. El buen gusto y la calidez de sus líneas de bajo son admirables e impresionantes, seguramente no es el bajista favorito de mucha gente, y desde luego que técnicamente hay gente que le supera, pero si escuchas con atención las canciones es donde aprecias toda la magnitud de este músico, que no necesita ser el centro de atención para meter unos arreglos que son lo que acaba por darle el último «punch», el salto de calidad a la canción.


El rock and roll en 10 temas

¿Qué es el rock and roll? ¿Sexo? ¿Alcohol? ¿Juergas? ¿Desamores? ¿Amistad? ¿Motos de gran cilindrada? ¿Peleas de bar? ¿Noches en comisaría?… Creo que un viaje a través de estas 10 canciones puede mostrar lo que el rock and roll, puede ser y siempre será.

  1.  Ace of Spades: Johnny Ramone la definió con la canción de punk rock definitiva, Scott Ian dijo que fue el thrash antes del thrash. Puede que Motorhead no puedan competir con Led Zeppelin, AC/DC, los Stones o los Beatles a nivel de fama y popularidad, pero seguramente son una de las bandas más respetadas de la historia entre los músicos. Su influencia se extiende entre el punk, el rock, el heavy metal, el hardcore, el metal extremo… Ace of Spades es una canción sucia, con un volumen infernal, con toneladas de distorsión y una letra que es toda una declaración de intencionesesto es lo que me gusta, nena, no quiero vivir para siempre”.
  2.  Johnny B Good: El rock and roll clásico, el rock and roll de los 50, el primer rock and roll, el rock and roll por antonomasia se define con esta canción. Chuck Berry nos dispara ese riff que entra directo a nuestros oídos y baja a nuestros pies, Elvis era el Rey pero Chuck es dios. Aroma a baile de fin de curso americano, a fiesta en un granero sureño, a bourbon en la barra mirando a las chicas del bar. Incluso fue inmortalizado en uno de los grandes clásicos de la ci-fi de los 80: “Regreso al Futuro”, en esa inolvidable escena en la que Michael J. Fox se toca el tema a lo Van Halen y que ha sido homenajeada en multitud de series. Seguramente una de las canciones más versionadas y más bailadas de la historia de la música.
  3. Stairway to Heaven: Todo lo bella que puede ser una balada es todo lo bella que es Starway to Heaven. Un tema que el vocalista de Led Zeppelin, Robert Plant, odiaba ya que decía que la letra no eran más que “ingenuidades hippies”. Aparte de esa aversión sufrida por Plant, este fue el tema que ayudó a catapultar definitivamente a Led Zeppelin como la banda más grande de su generación, y la que colocó el disco Led Zeppelin IV como un superventas. Su estructura, con su intenso final in crescendo, se acabó convirtiendo en casi un tópico, un standar para las baladas de hard rock y heavy metal.
  4. Freebird: El rock and roll puede ser nostálgico, y hasta algo místico. Eso es Freebird, una canción que los Lynyrd Skynyrd originalmente dedicaron a su fallecido ídolo y amigo Duane Allman y que se acabó convirtiendo en un homenaje a los propios miembros de la banda que han ido falleciendo a lo largo de los años (pocas bandas de rock han sido golpeadas tantas veces por la tragedia como los Skynyrd). Una canción que enfoca la muerte como un viaje, como la liberación del espíritu que se deshace del cuerpo para volar hacia un destino mejor, hacia un cielo libre de sufrimiento. La preciosa melodía que acompaña la triste letra acaba por explotar en un solo a tres guitarras de varios minutos, en uno de los grandes éxtasis guitarreros de la historia de la música.
  5. Fortunate Son: Las diferencias económicas de la sociedad estadounidense de los 60 inspiran esta letra de John Fogerty, uno de los clásicos de Creedence Clearwater Revival. La rasgada voz de Fogerty nos cuenta que él no es “un privilegiado”, mientas el riff principal y los arreglos de guitarra nos transportan al sudoroso sonido de los pantanos de Florida. La letra nos habla de cómo los ricos evaden impuestos y se libran de Vietnam por el mero hecho de ser hijos de senadores o militares, mientras que el resto se ven obligados a cumplir por no pertenecer a una clase privilegiada. Tan actual ahora como a mediados del siglo pasado.
  6. Iron Man: Pesado, oscuro, como la pesada puerta que da paso al infierno abriéndose poco a poco. Así es este riff que machacan la guitarra de Iommi y el bajo de Geezer Butler. Black Sabbath son para muchos no sólo los padres del heavy metal, sino también del doom metal. Su sonido, aterrador y sobrenatural, bebía no sólo del blues eléctrico sino también del cine de terror más clásico. La voz nasal de Ozzy Osbourne ayuda a dar esa sonoridad lastimosa tan peculiar que tiene este tema, uno de los que dio lugar al nacimiento de la música heavy.
  7. The End: Poética, larga, oscura, decadente, psicodélica, edípica. Seguramente The End no sea el tema más comercial de The Doors, pero sí una de las piedras angulares. El momento en que Jim Morrison grita aquello de “Mother, I want to fuck you” se ha convertido por derecho propio en uno de los más recordados del rock and roll. Como una mezcla de grito de agonía adolescente y odisea homérica, esta pieza de 10 minutos nos transporta al sórdido mundo de alcohol y alucinógenos de la banda americana más grande de finales de los 60.
  8. Whole Lotta Rossie: Sexo, fiesta, diversión, excesos. Bon Scott acaba en un local de alterne, acostándose con una prostituta enorme la cual no le reconoce, dado que se acuesta con varias personas al día. Y esto acaba inspirando una de las canciones más populares de la banda más importante que ha parido Australia. AC/DC son, por méritos propios, una de las bandas más grades y famosas de la historia del rock, y este tema es una de las mejores muestras de su sonido. Un rock and roll festivo, clásico, muy básico y con un Angus que demuestra que es un maestro a la hora de hacer uso del silencio.
  9. Whiskey In the Jar: Las raíces de la música tradicional irlandesa se funden aquí con el hard rock. Está claro que Thin Lizzy no son ni los primeros ni los únicos que han fusionado rock con el folklore, ni tampoco los primeros que dan un matiz rockero a un tema tradicional, pero en esta ocasión lo hicieron de una forma tan genial que el tema ha trascendido por encima de ser una versión para convertirse en uno de los grandes clásicos de esta banda. Este temprano single no es lo más representativo del sonido de la banda de Phil Lynnot, pero sí su primer éxito, el tema que les permitió salir de su irlanda natal, cuya maternal raíz se encuentra profundamente anclada en el corazón de su música.
  10. Stargazer: El rock puede ser majestuoso, puede ser épico, puede entroncar con los clásicos de la literatura fantástica sin tener que convertirse en una caricatura de El Señor de los Anillos. La poderosa batería de Cozy Powell da entrada a esta mayúscula pieza de rock duro, donde el bajo, el teclado y una orquesta añaden multitud de coloristas detalles a una melodía sobre la que Richie Blackmore explota sus influencias tanto medievales como arábigas, mientras Ronnie James Dio, con su voz inolvidable, nos habla del sufrimiento de un esclavo que se ve obligado a construir una faraónica torre para mayor gloria de un loco hechicero. Dentro de la corta etapa de los Rainbow con Dio a la voz (que abarcó sus tres primeros discos y un par de directos), seguramente Stargazer sea la pieza más trabajada y mágica de la producción de ese periodo, junto con Gates of Babylon.

Savatage: right there, never leave

Hay bandas que tienen un halo especial a su alrededor. En una época donde las discográficas apuestan por lo predecible, por la burda copia, por “lo de siempre”, las bandas con personalidad, originales, que realmente aportan algo a la música son rara avis. Sobre todo en el mundillo mainstream, tan dado a la producción de música en serie cual cadena de hamburguesas. Esto hace que los amantes de la música tengamos a estas bandas en un lugar especial de nuestro corazón.

Y si de personalidad y calidad hablamos, Savatage ocupan un lugar muy especial. Porque su dramatismo épico está mucho más allá de las mediocres bandas recargadas que surgieron en Italia y Escandinavia en la segunda mitad de los 90.

La extraordinaria personalidad de Savatage proviene de su maestría a la hora de combinar heavy metal, rock, música clásica rusa y musicales de Broadway; combinación que salió de las mentes de los hermanos Oliva y el productor Paul O’Neill.

De su muy cambiante trayectoria creo que, como punto álgido, me quedaría con la última obra con Jon Oliva de cantante y Criss Oliva como guitarrista: Streets, culminación de esa evolución musical que había comenzado dos discos antes con Hall of the Mountain King. Con el subtítulo en portada de “A Rock Opera” esta obra conceptual narra el particular via crucis de DT Jesus, un camello metido a guitarrista que logra alcanzar un efímero éxito, sólo para caer en una espiral de drogas y violencia y, finalmente, acabar recorriendo las calles de Nueva York buscando respuestas a por qué cuando por fin hacía las cosas bien, cuando parecía que reconducía su vida, su pasado volvió para arrebatárselo todo. Este disco recoge lo que podría definirse como la pura esencia de Savatage: un trabajo de guitarras muy melódico, con una gran influencia clásica, pero no la típica “neoclásica” post Malmsteem recorriendo escalas a toda velocidad arriba y abajo, sino más centrada en los grandes compositores rusos del siglo XIX, una muestra del talento sin par del prematuramente fallecido Criss Oliva, uno de los guitarristas más elegantes del heavy metal de los 80. Otro elemento fundamental en el sonido de Savatage es el uso del piano por parte de Jon Oliva que, tanto en baladas como en interludios melódicos, dota a los temas de una fuerza y dramatismo épico propio de las grandes obras de Broadway, una influencia que se torna más que evidente en medios tiempos y baladas como Tonight He Grins Again, Somewhere in Time o Believe.

Tras Streets vendría el abandono del puesto de cantante por parte de Jon Oliva, para centrarse en las labores de compositor y teclista, que trajo al excepcional vocalista Zack Stevens al grupo y llevó el sonido de Savatage hacia un tinte más melódico y menos rockero. Luego la muerte de Criss Oliva en un accidente de tráfico sacudiría a la banda y, durante los 90, alcanzarían sus mayores cotas de popularidad en Europa y Asia. Llegaría la Trans Siberian Orchestra a finales de los 90, un proyecto paralelo con el grueso de músicos de Savatage orientado a la realización de espectáculos musicales al estilo Broadway, con el que alcanzaron un tremendo éxito comercial en los EEUU, realizando giras por grandes teatros cada Navidad.

Hace casi una década que Savatage sacaron su último disco, para dejar de existir como tal tras su última gira mundial, bifurcándose en proyectos paralelos varios y dejándonos una excelente trayectoria de grandes álbumes desde que, en 1983, comenzaron su andadura bajo el nombre de Avatar. Nos queda como consuelo los directos de John Oliva’s Pain, donde el orondo fundador de la banda suele repasar los clásicos de su etapa como cantante, o los directos de Circle II Circle, en los que Zack Stevens hace lo propio con su etapa; pero todos seguimos deseando una reunión, aunque sólo sea para un tour de despedida como es debido. Aunque  visto como está el mundo de los musicales igual hasta algún productor de Broadway se decide a llevar Dead Winter Dead o Streets a una dramatización, que si han hecho ese esperpento de Rock of Ages mancillando clásicos del rock americano ochentero todo puede ser.

Kata ton daimona eaytoy

Puede que el título suene un poco raro, pero es el epitafio de Jim Morrison: «Kata ton daimona eaytoy» que vendría a ser algo así como «cada uno es su propio demonio».

Mañana hará cuarenta años que las drogas y el alcohol pararon el corazón de uno de los más legendarios músicos de rock and roll que han dado los Estados Unidos, y una de sus personalidades más extremas. Sería un buen día para que intentéis ver el documental «When you’re Strange», que según Robbie Krieger y Ray Manzarek es el mejor trabajo que existe sobre la personalidad de Morrison (desde luego seguro que es mil veces mejor que la aberrante película de Oliver Stone, a pesar del gran papel que hace Val Kilmer).

Morrison dejó The Doors cuando el grupo estaba en la cima de su éxito, cuando eran la única banda americana capaz de competir en popularidad con las británicas (Beatles, Stones, Cream, Zeppelin…). Se licenció en Cine en UCLA (la misma generación que Coppola y Lucas) y nunca recogió su título porque le aburría la industria cinematográfica. Criticaba a los hippies por pasivos. Llevaba la ropa destrozada porque prefería gastarse el dinero en libros. Se negó a tocar en Woodstock porque pensaba que era una engañifa para domesticar a la juventud. Poseía una personalidad extrema que le llevaba a hacer lo que quería, cuando quería, ignorando toda convención social. Se decía que poseía un altísimo CI y que padecía de trastornos de personalidad varios.

Para inmortalizarle nos dejó sus discos con The Doors, algunos temas grabados en su autoexilio parisino y su obra poética. Su muerte seguirá rodeada de misterio ¿fue realmente accidental o fue un asesinato? ¿Hubo una conspiración del gobierno Nixon para acabar con figuras intelectuales revolucionarias en los EEUU o se trató de una casualidad la muerte, en extrañas circunstancias, de muchas de esas figuras en aquel momento?.

Y como un último recuerdo, uno de sus más populares poemas:

An American prayer:

Do you know the warm progress
under the stars?
Do you know we exist?

Have you forgotten the keys
to the kingdom
Have you been borne yet
& are you alive?

Let’s reinvent the gods, all teh myths
of the ages
Celebrate symbols from deep elder forests
[Have you forgotten the lessons
of the ancient war]

We need great golden copulations
The fathers are cackling in trees
of the forest
Our mother is dead in the sea

Do you know we are being led to
slaughters by placid admirals

& that fat slow generals are getting
obscene on young blood
Do you know we are ruled by T.V.
The moon is dry blood beast

Guerrilla bands are rolling numbers
in the next block of green vine
amassing for warfare on innocent
herdsman who are just dying .

O great creator of being
grant us one more hour to
perform our art
and perfect our lives

The moths and atheists are doubly divine
and dying
We live, we die
and death not ends it
Journey we more into the
Nightmare
Cling to life


Our passion’d flower
Cling to cunts and cocks
of despair
We got our final vision
by clap

Columbus’ groin got
filled with green death
(I touched her thigh
and death smiled)

We have assembled inside this ancient
and insane theatre
To propogate our lust for life
and flee the swarming wisdom
of the streets

The barns are stormed
The windows kept
And only one of all the rest
To dance and save us
With divine mockery
of words

Music inflames temperament
(When the true King’s murderers
are allowed to run free
a thousand Magicians arise
in the land)

Where are the feasts we were promised
Where is the wine
The New Wine
(dying on the vine)

Robbo el indomable

Tras el bajón de la marcha de KK Downing el otro día al fin el rock and roll me da una buena noticia. Nuevo disco de Brian «Robbo» Robertson. Si este nombre no te dice nada el rock and roll no es lo tuyo, no te preocupes, hay muchas opciones, tienes el metal mainstream o el pop gafapasta, pero definitivamente si no conoces a Robbo es que esto del rock and roll no te va.

El caso es que desde que dejó Motorhead allá por el ’84 el hombre no ha sido muy prolífico. Un disco  en una onda más bluesy a mediados de los 90, una colaboración hace un par de años con The Bitter Twins y su aparición en el homenaje a Phil Lynott que se montó Gary Moore allá por 2005 con varios ex-Thin Lizzy. No hace mucho todavía comentaba con un amigo «¿Qué sería de Brian Robertson?».

Había oído rumores de que el hombre había sucumbido a su alcoholismo, y otros que apuntaban a que su carácter agresivo e indomable le había enviado al hospital con graves lesiones, pero parece que el escocés, un ejemplar de pura raza rockera macarra de los 70, vuelve a estar activo. Se ha rodeado de Ian Haugland (Europe) a los parches y Leif Sundin (ex MSG) encargado de las voces junto a una corista y al bajista de Therion, que sólo toca en algunos temas.  Todavía no lo he escuchado entero, la verdad. De momento sólo los dos primeros temas y una versión del Running Back de Thin Lizzy, pero la cosa apunta a que esto no tiene nada que bar ni con Thin Lizzy, ni con Wild Horses y ya ni muchísimo menos con Motorhead. Temas muy melódicos y elegantes en un disco que mezcla AOR con tintes de rock inglés de finales de los 60. Desde luego no es tan agresivo como uno podría esperarse, siendo un disco del tío al que echaron de Thin Lizzy por ser un broncas y de Motorhead por borracho (a Lemmy no le debía hacer gracia que alguien de su grupo trasegara más whisky que él), pero su buen gusto a la hora de tocar parece que sí sigue intacto, con unos solos que destilan elegancia y saber hacer de la vieja escuela. Por el resto del set del disco he podido ver que hay alguna versión más de Thin Lizzy, algún tema coescrito con Phil Lynnot (por lo que deben llevar compuestos desde hace más de 25 años) y algún otro escrito con Frankie Miller.

Siempre he pensado que si hubiera sido capaz de controlar su carácter (y su muy escocesa pasión por el dorado licor) podría haber llegado a ser tan grande como Gary Moore, pero Robbo siempre fue indomable, tan genial e innovador en su momento como conflictivo, egocéntrico y alcohólico.