Atomic Rooster – Death Walks Behind You

Por variar un poco, que iba mucha informática seguida, toca retomar la serie de joyas musicales. Y toca retomarla con otros olvidados de los años setenta: Atomic Rooster.

Este Death Walks Behind You era su segundo disco y salía pocos meses después del primero. La banda estaba formada originalmente por ex miembros del grupo de Arthur Brown, siendo el teclista Vincent Crane el centro de la banda y único miembro fijo a lo largo de los años.

Con una perturbadora portada que usaba un dibujo de William Blake  presentaron un disco muy de la época: blues rock psicodélico que apuntaba hacia el hard rock y el progresivo. El disco mantiene un tono oscuro y sobrenatural desde el inicio con Death Walks Behind You, tema que posteriormente sería versionado por Paradise Lost. La sigue VUG, un tema instrumental más cercano al progresivo. Tomorrow Night muestra un sonido más hippie pero sin alejarse de un blues rock standar que en algún momento podrías emparentar con Free y que, claramente, era el tema «single» del disco. Seven Streets nos devuelve a un tema más oscuro y pesado, sensación de oscuridad que se perpetúa con Sleeping for Years, cuyo inicio podría parecer algún experimento de alguna banda drone actual, para dar paso a un tema de blues rock con dejes de funk. I can’t take no more por su parte trae de regreso los arreglos progresivos de teclado sobre una base de hard rock bluesero. Dos instrumentales cierran el disco: primero la melódica Nobody Else y luego la experimental, paranoica y extaña Gershatzer.

Un gran disco de una banda que no conoció el éxito comercial, pero que se ha mantenido activa muchas décadas en el underground.

JPT Scare Band – Sleeping Sickness (1973-1976)

La historia de JPT Scare Band es curiosa. No sacaron su primer disco hasta 1994 a pesar de haberse fundado a principios de los años 70. Puede que fuesen demasiado raros e innovadores incluso para la época más rara e innovadora de la historia del rock and roll.

JPT Scare Band - Sleeping Sickness
JPT Scare Band – Sleeping Sickness

El nombre del grupo procede las iniciales de sus miembros: Jeff Lintrell (batería), Paul Grigsby (bajo) y Tony Swope (guitarra), y lo de Scare Band viene por lo tenso y tenebroso de sus composiciones. La influencia de las atrevidas y psicodélicas guitarras de Jimi Hendrix junto al blues pesado y distorsionado del disco debut de Blue Cheer, más una buena dosis de jazz y ácido, inspiraron las mentes de este trío de Kansas para componer estos temas durante los setenta. Porque aunque este disco no vería la luz hasta el año 2000 de la mano de Monster Records, todos los temas fueron grabados por la banda en su local de ensayo en el periodo 1973-1976.

Puede intuirse en esta colección de siete temas un alto componente de improvisación, suponiendo que las sesiones de grabación fueron más bien jam sessions donde la banda daba rienda suelta a su creatividad, planteando desarrollos instrumentales largos donde las voces juegan un papel apenas secundario.

Contraportada

Desde la inicial Sleeping Sickness, un cuarto de hora de paranoia hendrixiana cargada de fuzz intercalado con partes limpias. Extravagancia, experimentación, imaginación… Slow Sick Suffle no baja el listón, nos lleva de paseo por el infierno, pesadillas venéreas que provocan vigilias ácidas, pura locura. King Rat nos hace de nuevo a volar con 13 minutos de guitarrazos psicodélicos. It’s too late o I’ve been waiting nos transporta a pasajes más blueseros, más Cactus o Led Zeppelin, mientras que Acid Acetate Excursion o Time To Cry se mueven por registros de absoluta psicodelia. Por cierto, en esta última la línea de bajo es impresionante.

Siete temas que conforman más de una hora de grabación dada su larga duración, conformando un enorme discazo que por suerte no se perdió para siempre tras años guardando las grabaciones en un sótano. Curiosamente la banda sigue activa y desde su primer lanzamiento en los años 90 han publicado discos con bastante asiduidad.

JPT Scare Bande

Pioneros del heavy metal y el stoner, JPT Scare Band no recibieron apenas reconocimiento durante sus primeros años a pesar de su estilo musical innovador y arriesgado, si bien han alcanzado finalmente en status de banda de culto pionera por parte de la crítica y de publicaciones especializadas como Classic Rock Magazine o This Is Rock.

Captain Beyond – Captain Beyond

Rod Evans es conocido principalemnte por haber sido el primer cantante de Deep Purple, con los que grabó tres discos (y algún single de más o menos éxito como Hush) antes de que Ian Gillan ocupara su puesto en 1969.  Tras su salida de Purple intentó lanzar una carrera en solitario, publicando un single con Capitol Records que pasó sin pena ni gloria. La mayoría de la gente piensa que entre eso y su «reunión» de Deep Purple de 1980 («reunión» que consistió en él y cuatro mercenarios y que acabó con una demanda de los managers de los entonces separados Purple que hicieron que perdiera el derecho a cobrar royalties por sus grabaciones con el MKI de la banda) estuvo retirado de la música, pero nada más lejos de la realidad. Tras el fracaso de su primer (y último) single en solitario Evans decidió crear una nueva banda, y así nacieron en 1971 Captain Beyond.

Captain Beyond disco debut
Captain Beyond – 1972

No era Rod el único famoso veterano en esta formación, donde también militaban el ex batería de Johnny Winter, Bobby Caldwell, y los ex bajista y ex guitarrista de Iron Butterfly, Lee Dorman y Larry ‘Rhino’ Reindhart respectivamente. La banda no obtuvo demasiado éxito comercial con ninguno de sus tres discos, a pesar de lo cual podemos considerar este disco debut como una verdadera joya y uno de los precursores del heavy metal.

El disco muestra claramente tres vertientes en sus temas: una hard rock bluesero, otro prog y con ciertos toques de pop heredados de los Beatles y una más psicodélica con algunos toques de jazz. Piensa en el sonido de las antiguas bandas de los miembros (sobre todo los primeros Purple y Iron Butterfly) y en las que parecen sus mayores influencias: Cream, Vanilla Fudge y Jimi Hendrix.

El disco está concebido como una sola canción, sin existir separación entre los temas, que en algunos casos se entrelazan y en otros tienen una pequeña pieza instrumental como nexo de unión. En total 13 pistas, si bien su disfrute completo se logra con la escucha del álbum seguido y ordenado. Entre los temas podrás disfrutar de las partes más duras en la inicial Dancing Madly Backwards, con Mesmerization Eclipse o la oscura I can’t feel nothing (part I); mientras que la parte más psicodélica vendrá de la mano de Myopic Void, As The Moon Speaks To The Sea o Astral Lady. El lado más prog y artístico caerá de la mano de Raging River of Fear, Frozen Over y Thousand Days of Yesterdays. En todo caso, sería mejor hablar de fragmentos que de canciones, porque la «canción» es todo el álbum y algunos fragmentos por si solos además parecen no tener mucho sentido.

Captain Beyond

No son tan duros como Deep Purple, Uriah Heep o Black Sabbath ni tienen ese toque folkie de Jethro Tull o Led Zeppelin, y desde luego a nivel de ventas y repercusión mediática estaban a años luz de los cinco grupos citados, pero Captain Beyond son una banda que encandilará a aquellos fans de la saga Purple y del rock británico más duro de los 70. Al igual que otros contemporáneos suyos, lograron un trabajo que 40 años después sigue sonando fresco e interesante. Por desgracia tras el siguiente disco, en 1973, se separarían a causa de las bajas ventas. En 1976 volvieron (sin Rod Evans) para sacar un tercer disco y volver a deshacerse tras la gira; y en 1998 hubo un nuevo regreso con Reindhart, Caldwell y varios mercenarios que daría al traste en 2003. Reindhart no paró de intentar una reunión de la formación original durante años, hasta que el cáncer se lo llevó en enero de 2012. Evans en cambio siempre se negó a recuperar esta banda y volver a intentar lanzarse con grandes giras (cuentan las leyendas que entre su salida de Captain Beyond y su intento de Deep Purple ejerció de médico en los EEUU y que, posteriormente al fracaso y el juicio purpeliano, volvió a ejercer la medicina). Una pena, porque habría sido interesante verles interpretar una última vez esta gran obra, 35 minutos de inspiración repartidos en fragmentos muy variados.

West, Bruce and Laing – Why Dontcha

La historia de Felix Pappalardi es una de las más tristes del rock and roll. El tío era puro talento: un muy competente bajista, buen vocalista, gran compositor y excepcional productor. Trabajó produciendo el grueso de los discos de Cream, además de otras bandas como Hot Tuna, The Dead Boys, algún disco en solitario de Jack Bruce o  los discos de su propia banda, Mountain.  Pero la tragedia se cruzó en su vida, primero en 1972 cuando un problema en el tímpano le obligó a dejar la música en directo bajo riesgo de acabar padeciendo una sordera total, relegándole al rol de compositor, productor y músico de estudio, y forzándole a abandonar Mountain. En 1983 sería asesinado por su mujer en su piso de Nueva York, según parece de forma accidental.

¿A qué viene contar la historia de Felix Pappalardi aquí? Pues a explicar el génesis de esta banda: West, Bruce and Laing. Si conoces la carrera de Mountain te habrás dado cuenta de que hablamos de Leslie West y Corky Laing, guitarrista y batería respectivamente de la mítica banda estadounidense. Y el sustituto de Pappalardi no podía ser otro que Jack Bruce, el gran bajista de Cream. Porque a fin de cuentas eso es lo que es esta banda, la continuación de Mountain. Pero al contrario que otras bandas, en aquel momento tuvieron la decencia de cambiarse de nombre, si bien la onda es totalmente continuista. Picoteando en un hard rock que bebe muchísimo del blues sureño pero a su vez apunta en términos de distorsión y «densidad» a lo que luego sería el heavy metal. De hecho la formación de la banda se fraguó en el tour de Mountain de 1971 por Reino Unido, cuando Pappalardi anunció que dejaría la música en directo al acabar la gira.

Why Dontcha se convirtió así en el primer disco de West, Bruce and Laing, aunque podría haber sido el siguiente disco de Mountain o de Leslie West en solitario perfectamente. De hecho la primera gira de la formación fue previa a la grabación del disco, dando conciertos con temas de Cream, Mountain y versiones de clásicos del blues. Se dice también que el disco tardó en grabarse mucho más de lo esperado por culpa de los abusos del trío con las drogas y el alcohol. 
Este debut se abre pues con el tema/título Why Dontcha, una clara muestra de hacía donde discurrirá el trabajo: un riff de hard rock bluesero pegadizo, con esencia sureña, que sabe dejar mucho peso al bajo dentro de la composición (y es que con un titán como Jack Bruce al bajo no puedes taparle con guitarras sobrecargadas), sin alargarse en exceso y sin arreglos barrocos, con un sonido crudo como un buen chuletón. Out into the fields, por su parte, tiene un deje más hippie, más en la onda del sonido Cream, con un gran trabajo de guitarras de West. The Doctor es un rock and roll cargado de distorsión, muy en la onda de lo que podría ser el Mississippi Queen de Mountain, y que fue el single más radiado del disco en la época. La armónica es el instrumento predominante en la bluesera Turn Me Over, donde la guitarra con slide también tiene un peso capital. Cierra lo que sería la cara A del disco (si al vinilo nos remitimos) la versión del Third Degree de Eddie Boyd y Willie (como no!) Dixon, otro blues de la vieja escuela cargardo con una dosis extra de distorsión donde West hace llorar a su guitarra y Bruce se luce al final con un gran solo. Lo que sería la cara B comienza con Shake Ma Thing (rolling jack), rock and roll clásico, con piano, ascendencia blues y ritmo vacilón y sexual, para ponerse los zapatos de gamuza azul y mover los pies al ritmo de la distorsionada melodía. Una etérea y frágil balada como While You Sleep es lo que vendrá a continuación, con un cierto aire a los Allman Brothers o a Joe Cocker. Y tras el descanso vuelve el rock and roll old school de la mano de Pleasure, donde el piano vuelve a cobrar importancia (gran trabajo de Jack Bruce también como pianista) y donde la guitarra de West de nuevo lleva el tema al puro éxtasis.  Love is Worth the Blues, no me preguntes por qué, me recuerda al Play With Fire de los Rolling Stones, a pesar de que reconozco que no suena muy parecida, puede que use la misma progresión de acordes en la subida que hace en los estribillos. Cierra el disco Pollution Woman, un tema que se abre con un ritmo muy Sly Stone y que me recuerda, al igual que la segunda canció del disco, a los trabajos de Cream, con un toque más hippie y psicodélico por medio.

Un muy buen disco de blues rock/hard rock para amantes tanto de Cream como, sobre todo, de Mountain. De haber salido bajo la denominación de la banda primigenia habría logrado seguramente más repercusión, pero no debes dejarte llevar a engaño, es un discazo aunque lo veas como una banda nueva. Tanto Jack Bruce como Leslie West están al nivel que se les debe exigir a dos máquinas del rock and roll como ellos.

The Aynsley Dunbar Retaliation – Remains to be heard

Aynsley Dunbar pasa por ser uno de los baterías más conocidos de los años 70. Conocido sobre todo por su trabajo con Jeff Beck, David Bowie, John Mayall, Frank Zappa o Whitesnake,  fue el típico mercenario que se ganó la vida de un lado para otro con docenas de bandas, al estilo de otros grandes de su generación como, Carmine Appice o Cozy Powell.

Y al igual que el malogrado Cozy, Aynsley también probó a sacar adelante su propia banda: Aynsley Dunbar Retaliation. Este Remains to Be Heard de 1970, el último disco que publicaron, es un disco de blues eléctrico pesado y elegante, muy en la onda de lo que hacía en esa época Cream, Ten Years After o incluso podría recordar a ciertas cosas de Led Zeppelin.

El disco se abre con Invitation to a Lady, tema de blues de inspiración sexual socarrona y ritmo ligero. El segundo tema, Blood on your wheels en cambio plantea un ritmo más pesado, más sudoroso. Downhearted, lenta, intimista, baladística, con un deje soul… sonaría perfecta en la voz de Joe Cocker o Chris Rea, un tema que pide ser desgranado con una voz de alma torturada. Whistlin’ Blues por su parte se acerca al lado más folkie del blues sureño, a la música de los campos de algodón, a John Lee Hooker, al primer Muddy Waters, al gran Robert Johnson, donde la distorsión se va para dejar sitio a las acústica y donde un silbido da sentido al título y lleva el grueso de la melodía. Keep your hands out vuelve a la temática y al ritmo más sexual, más ligero y divertido. Sleepy Town Sister, por su parte, juega con el soul y con una segunda voz femenina, con los arreglos de piano ganando terreno a la guitarra dando un tono muy honky tonk y con un solo de trompeta en medio de la canción, como momento álgido del tema. Fortune City también presenta una voz femenina para un tema de más rockero, sin dejar de lado el blues, con un impresionante trabajo de percusión de Dunbar. Put some love on you, con su ritmo pausado, sus arreglos psicodélicos en el solo de guitarra y sus armonías vocales podría recordar más a los Yardbirds, los Rolling Stones o incluso los Beatles. Bloody Souvenir es un tema de blues muy pesado e intenso, a pesar de contar sólo con una guitarra acústica y una voz. Toga por su parte comienza jugando con la percusión, la voz y una sección de cuerda, creando un ambiente muy relajado donde un violín irrumpe con una melodía oriental, en la canción más experimental del disco. En la reedición que he conseguido del disco aparecen dos temas más como bonus tracks que ignoro si formaron parte del disco originalmente, siendo la primera de ellas su single de 1967 The Warning, canción que luego versionarían Black Sabbath en su primer disco, un impresionante temazo de blues-rock pesado, sudoroso, intenso y pegadizo, en la onda de la época y que es un clásico por derecho propio con un pegadizo teclado y suaves arreglos. Cierra el disco otra gran pieza de blues eléctrico como es Cobwebs, de ritmo lento y con una guitarra de inspiración BB King jugueteando entre los acordes del órgano.

No se trata de uno de los discos más conocidos de la época, tampoco de los más originales, Dunbar plantea un trabajo de blues bien ejecutado y compuesto, sin alejarse mucho de lo que hacían otros grandes británicos del estilo como Cream o John Mayall pero acercándose a distintas formas de entender y componer este género musical. Tal vez no sea un disco indispensable, pero sí es un trabajo que merecería más repercusión, un disco para los amantes del “sonido Woodstock”, una combinación inteligente de elegancia con rudeza bluesy.

Gualberto – A la vida, al dolor

Dado que hoy los Alaplanch se ha han separado es momento para rendir homenaje a un clásico de la música española… Gualberto (¿estabas pensando que hablaría de un disco de Avalanch? jajajajajaja, pringao…).

A finales de los 60 Gualberto ya logró una cierta repercusión siendo guitarrista de los pioneros del rock andaluz Smash. Tras eso marchó a estudiar música a los EEUU, regresando a España en 1975, mejorado como guitarrista y además como consumado compositor y sitarista, para sacar este primer disco en solitario. Con una banda formada por músicos españoles y estadounidenses el disco se divide en dos partes (cada una de las caras del vinilo): La cara A, A la vida, y la cara B, Al Dolor.

La mitad A la vida está formada por temas en inglés, con un sonido similar a los temas más comerciales de Emerson, Lake and Palmer pero con un mayor colorido dado que a la formación de guitarra y batería se suman instrumentos como el sitar, la flauta o el violín, que añaden más riqueza a la composición. El rock progresivo se toca con el flamenco y la música hindú en unas magníficas composiciones que conforman una cara muy homogénea, donde el vocalista Tod Purcell acapara todas las voces. De hecho los tres primeros temas Canción de la primavera, Canción del agua y Canción de la nieve están construídos sobre una melodía muy similar, y podrían ser escuchados como una sola canción dividida en tres partes. Con Canción del arcoiris sigue esa tónica acústica, pero incidiendo más en lo hindú, y Canción de las gaviotas es una pieza impresionante, donde el violín crea una delicada atmósfera que acabará dando paso a una orgía de psicodelia y paranoia.

Por su parte Al dolor nos lleva a un sonido menos homogéneo, con temas muy diferentes entre sí, y mucho menos cristalinos y etéreos. La cara B se abre con la flamenca Terraplén, que fue uno de los singles de este disco, donde la guitarra, el violín y el sitar juegan a tejer melodías hasta que el quejío de Enrique Morente lleva la canción a terminar por bulerías, ¿flamenco progresivo hindú?… algo así. Prisioneros comienza con un riff más hard rock, que podría recordar a los primeros discos de Rush, que rápidamente se fusiona con el violín y los teclados, para dar en medio paso a una sección más suave que da entrada a los dos vocalistas, Morente con su impecable técnica flamenca y Purcell con su estilo rockero melódico, para ir de nuevo creciendo en intensidad. Tras esto el otro single del disco: Tarantos (para Jimi Hendrix), una pieza instrumental magnífica, deliciosa y excepcional, donde los acordes de hard rock se combinan con ritmos progresivos y flamencos y dejan que el violín dibuje unas fantásticas melodías, a veces incluso con algún deje al folk celta. Cierra el disco Diálogo interior donde la guitarra y el violín dialogan intercambiando melodías.

Si te quieres acercar a este trabajo debes hacerlo con la perspectiva de que no se trata de un disco de rock clásico ni al uso, ni tampoco de un disco de flamenco o de rock psicodélico. En este primer trabajo de Gualberto se mezclan múltiples estilos con elegancia y efectividad, llevándote a un paseo donde el Mediterráneo, la India y el rock anglosajón se dan la mano. Hay complejidad y técnica, pero no pajilleo de virtuoso de instituto, sino que todo está siempre al servicio de la melodía. Un discazo que no es el ideal para beber cerveza en la barra de un bar, sino más bien para degustar tranquilo en tu sofá, relajándote.

Ñu – Cuentos de ayer y de hoy

Está claro que los 70 son la década dorada del rock and roll, desde el retorno a las raíces sencillas del rock and roll propuesto por el punk hasta lo más experimental y complejo del progresivo, desde lo más melódico del AOR a un naciente heavy metal. Y España no fue una excepción: Triana, Smash, Gualberto, Lone Star, Leño, Asfalto, Topo o los Ñu que hoy nos ocupan.

Cuentos de ayer y de hoy fue el primer LP de la banda de Jose Carlos Molina, y es todo un ejemplo de creatividad y de la mentalidad de la época, mezclando ansias de libertad, una defensa de la vida sencilla heredada del hippismo y momentos de oscuro pesimismo frente al futuro y la dirección de la humanidad.

Y es con pesimismo con lo que el disco se abre, con Profecía donde no aparece la mítica flauta de Molina, pero sí un violín de Jean Françoise André muy chirriante, creando una atmósfera profundamente tensa fundida con ritmos progresivos. La sigue Preparan, donde la flauta y el violín se entremezclan en un tema de nuevo oscuro y tenso, con un ritmo de batería machacón e hipnótico y con bellos pasajes de flauta por medio.  Algunos músicos fueron nosotros lleva en cambio un mensaje optimista, el citado espíritu jipioso, y trae además una muestra del ego de Molina, equiparándose en la letra a Bach, Beethoven o Hendrix. Se trata de un tema rockanrolero, que juega con muchas líneas melódicas entrelazadas (violín, flauta, guitarra, bajo, piano…). El tema título Cuentos de ayer y de hoy continúa con las reivindicaciones más jipis, alegando por la vida sencilla y contra el progreso técnico que destruye la naturaleza, y jugando además con melodías folk que se combinan con unos riffs 100% heavy metal. Bebiendo de la tradición más Jethro Tull nos llega El juglar, con una bella melodía de flauta y violín que nos transporta a una canción folk rock acústica de 8 minutos, con pasajes eléctricos por el medio que lo dotan de una gran fuerza. Cierra el disco Paraíso de flautas, conjunción de folk, rock progresivo y heavy metal. Un tema como pocos se han hecho en el rock español, de más de 9 minutos y con épicos pasajes.

Cuentos de ayer y de hoy debería ser piedra angular de todo rockero que pretenda decir saber algo de la escena española de los 70-80. Una obra maestra a cargo del temperamental Jose Carlos Molina, un disco indispensable del rock español.

Lucifer’s Friend – Lucifer’s Friend

Corría 1970 y el rock más bluesero y duro comenzaba a apuntar hacia un naciente heavy metal en varios frentes: EEUU, Alemania y, sobre todo, Reino Unido. El blues, el hard rock, el jazz y el progresivo se fundían en las mentes de muchos compositores, dando lugar a un primigenio heavy metal, que tendría más que ver con el doom actual. Estos Lucifer’s Friend comenzaron su carrera bajo el nombre de Asterix, cambiándose de nombre tras un disco por el de Lucifer’s Friend. La banda era alemana, menos el vocalista John Lawton, inglés y más famoso por haber sido el cantante de Uriah Heep en la segunda mitad de los 70.

El sonido del grupo, como ya comentaba, podría relacionarse con facilidad con el de Black Sabbath, Deep Purple, Led Zeppelin o Uriah Heep: bajos con mucho ganancia, riffs pesados y muy distorsionados y órgano Hammond a punta pala. Este fue su primer album de una carrera más o menos prolífica entre los 70 y los primeros 80, aunque sin mucha repercusión fuera de Alemania.

El disco se abre con potencia y agresividad, con la cañera Ride in the Sky cuyo fraseo de teclado te recordará a Led Zeppelin (¿o será al revés?). La voz de Lawton suena perfecta, arropada por el hammond y el teclado en un tema soberbiamente épico. Everybody’s Clown lleva su voz a una tesitura más aguda recordando indefectiblemente a Deep Purple; en cambio Keep Going busca un sonido más bluesero y crudo, con un riff más pesado que da paso a una melodía más suave, más íntima y muy zeppelianaToxic Shadows  sigue con la tendencia al sonido Page/Plant, con pasajes casi psicodélicos por medio. Free Baby ya desde el primer segundo se lanza a un ataque de teclado con un estilo muy en la onda de los Uriah Heep más cañeros. Con un deje muy bluesero purpeliano llega a nuestros oídos Baby you’re a Liar, que dará paso al que para mi es el mejor tema del disco In the Time of Job when Mammons was a Yippie, una nueva muestra del rock duro épico y purpeliano. Cerraba el disco Lucifer’s Friend, otra pieza en la misma onda de rock duro y épico, con una intro más psicodélica y un ritmo pesado y poderoso.

La reedición que sacó Vertigo, y que es la que acabó en mis manos, además una remasterización muy decente incluye cinco bonus tracks extraídas de diversos singles, bastante curiosas. Rock and roll Singer es un rock and roll clásico con arreglos de viento a lo big band, y que me recuerda profundamente a lo que hicieron un par de años después los ELF de Ronnie James Dio en su primer disco.Our world is a rock and roll band más o menos va en la misma onda, muy cercano a los hits de las radios británicas de la época. Por su parte Satyr’s Dance descubre unas juegos de melodías bastante mediterráneas que se entralazan con maestría en una gran canción instrumental, con algunos dejes más experimentales. Horla es otro tema instrumental con solo de batería en medio, al estilo de The Mule de los Purple o TNUC de Grand Funk Railroad. Finalmente Alpenrosen es un tema que juega con el blues y el jazz, mezclando elementos de psicodelia y rock progresivo.

Resumiendo, los amantes del sonido Deep Purple/Uriah Heep disfrutarán profundamente de este gran disco, una obra de gran rock duro setentero, por desgracia olvidada por la mayoría de oyentes y periodistas.

Dust – Hard Attack

Quería escribir sobre criptografía, pero estoy vago, así que creo que es un buen día para añadir un nuevo disco a la sección Joyas Musicales, que poco a poco crece.

Mi historia con este Hard Attack de los Dust es curiosa. Un día lo vi en una estantería de una tienda de discos, y la portada de Frank Frazzetta, que muestra a Conan peleando contra dos guerreros vanires me llamó la atención. Era épica, impactaba, muy chula pero ¿qué tal estaba el grupo?

Con esa portada uno podría esperarse a una especie de Manowar/Virgin Steele, una banda de heavy metal épico, pero si alguien se acerca a esta banda esperando a una suerte de Cirith Ungol va a llevarse una decepción o, en el mejor de los casos, una sorpresa. Porque estos Dust beben del rollito hippie sesentero, salpicado con gotas de Jethro Tull y los The Who más rockeros, recordándome por momentos a Wishbone Ash. La combinación de guitarra acústica con eléctrica es una constante en todo el trabajo, un discazo de 1972 que ejerció gran magisterio en el nacimiento del posterior heavy metal americano, junto a otras bandas como Steppenwolf o Grand Funk Railroad.

Este disco fue el segundo, y a la postre el último de esta banda, que a pesar de haber logrado dos trabajos excelentes siendo un grupo formado por miembros muy jóvenes, no lograron el éxito comercial. Eran un «power trio» (lo cual debía hacer complejo llevar los temas al directo con la gran cantidad de arreglos a dos guitarras que tienen) que se movía entre el rock más duro de la época con otras sonoridades más suaves. La base rítmica de la banda fueron los que mayor éxito cosecharon en su carrera posterior: Puede que el nombre del batería, Marc Bell, no te diga mucho, pero si te digo que en el ’78 se lo cambió por Marky Ramone ya sabes por dónde van los tiros. Por su parte, el excelente bajista Kenny Aaronson, que firma un espectacular trabajo a pesar de su corta edad (18 años en el primer disco y 20 en este) se ganó la vida como músico de gira y sesión, siendo votado en 1988 «Bajista del año» por la revista Rolling Stone, y trabajando para Bob Dylan, Billy Idol, Lita Ford, Foghat, Joan Jett, Sammy Haggar, Brian Setzer, Tony Iommy… en fin, un curriculum de esos de varias páginas.

Pasando ya al disco en si, se abre con la fantástica Pull Away, como ya he dicho cargada de reminiscencias a Jethro Tull, con una gran combinación de acústica con eléctrica. La sigue Walk in the Soft Rain donde de nuevo el sonido acústico vuelve a estar presente recordando un poco en su inicio al Bowie de la época. La balada Thusly Spoken, cargada de arreglos de cuerda y piano me parece el punto más flojo del disco, un tema al uso para intentar hacer caja, y que en su línea vocal me trae a la cabeza a Simon & Garfunkel. Pero tras la calma llega la tormenta con Learning to Die, un ataque de hard rock desenfrenado, casi rozando el rollo garajero, que evoluciona en un tema épico de casi 7 minutos con varias partes, un tema que podría estar perfectamente el cualquier disco de los primeros Led Zeppelin. All in All por su parte me recuerda a lo más agresivo de The Who con una pizca de la mala hostia de Cream. I been Thinkin nos ofrece un descanso tras la descarga más cañera, con suaves líneas sureñas sobre la base acústica. Pero tras este tema llega una selvática descarga digna de todo un Ted Nugent como es Ivory, un desenfrenado tema instrumental, que dará paso a una relajada How Many Horses, de nueva con toques de folk rock y rock sureño, incluso algo de soul, y un tremendo solo de por medias. Y finalmente el tema Suicide devuelve al primer plano la distorsión y el rock más duro, en la onda de Grand Funk Railroad, para terminar con el corto outro de menos de 30 segundos que es Entrances, una sucesión de acordes de influencia mediterránea.

Duraron poco estos Dust, pero no sería bueno olvidar el legado de una banda que en su corta existencia (1969-1972) nos regaló dos discos de tanta calidad. Este Hard Attack es un disco disfrutable por todo fan del rock setentero, de la época en la que las bandas podían hacer temas variados en sus discos y en la que no sonaban todos a copia de la copia. Tal vez no sean indispensables como Rainbow, Purple, Sabbath, Kiss o Zeppelin, pero cuando menos deberías darle una oportunidad a este disco.

Blue Oyster Cult – Fire of Unknown Origin

Educados en la psicodelia y el blues blanco de los 60, con matices de ciencia ficción, terror y fantasía épica, tanto cinematográfica como literaria, Blue Oyster Cult son, por derecho propio una de las bandas más inolvidables del rock americano de los 70.

Pero toda su trayectoria previa no valía mucho en 1981. Tras la resaca del punk, el heavy metal empezaba a pegar fuerte y el rock de tintes psicodélicos, elegante y épico de Blue Oyster Cult parecía quedarse muy lejos de las tendencias radiofónicas. Con una serie de discos muy extraños, con temas muy variados, muchos apostaban a que no serían capaces de sobrevivir a los 80, a una década donde el estilo del que habían sido pioneros había cambiado y amenazaba con enterrarles, a la década que se encargó de uniformar a las bandas frente al colorido musical de los 70.

Para sorpresa de muchos, Fire of Unknown Origin se convirtió en uno de sus clásicos. Para muchos el último gran disco de los BOC, para otros su mejor trabajo, pero en todo caso el fin de una era. El éxito comercial se les había escapado, a pesar de dos singles famosos en los 70 como fueron Godzilla y, sobre todo, Don’t fear the Reaper que apareció en la banda sonora de Halloween, pero siempre habían sido una banda con reconocimiento entre la crítica y con una buena legión de fans.

Este disco marca un giro más melódico, hacia un hard rock más standarizado y con algunas influencias pop y aor. Fire of Unknow Origin, el tema título, es el que da comienzo al álbum, con sus guitarrazos suaves y mucha presencia de teclados más sintetizados y menos psicodélicos que en anteriores entregas. Tras ella aparece el gran hit del disco, el segundo número uno de su carrera Burnin’ for you, la canción más popular de la banda junto a la legendaria Don’t fear the Reaper. Y si hablamos de bandas sonoras, en este caso hay que comentar que tres temas fueron compuestos para la banda sonora de la película de animación Heavy Metal: Veteran of the Psychic Wars, Heavy Metal y Vengeance (The Pact); aunque finalmente sólo la primera, y seguramente el tema del disco más similar a sus canciones más clásicas, apareció en el filme. Pero la temática ci-fi no desaparece del album ni siquiera en los temas ajenos a esa banda sonora: Sole Survivor, con teclados atmosféricos y un bajo hipnótico nos transporta a un desierto alienígena, mientras que Joan Crawford ya nos deja bien claro en su título la idea del «homenaje» y nos apabulla con un impresionante trabajo de teclados. Finalmente After Dark nos muestra unas ciertas influencias new wave y Don’t turn your back es, probablemente, la canción menos memorable del álbum.

Aunque seguramente no lo recomendaría como el disco para iniciarse en Blue Oyster Cult, sí diría a todos los que han escuchado algún temilla que se acerquen a este trabajo, que da la impresión de no haber logrado el respeto de los anteriores a pesar de sus grandes temas. Tal vez por sus influencias más poperas, o tal vez por ser la década equivocada, pero se trata de un disco 100% disfrutable.