El “bullying” y los pecados de omisión

Rara vez me pongo serio en este blog, pero a veces toca dejar la sorna a un lado para tocar temas más serios. Durante el desayuno leía en el teléfono este artículo donde se entrevista a un psicólogo que ha estudiado a fondo el tema del acoso escolar, y me vino a la cabeza una cita sacada de un libro de Terry Pratchett que ya había dejado caer por aquí en un artículo anterior:

‘Down there,’ he said, ‘are people who will follow any dragon, worship any god, ignore any iniquity. All out of a kind of humdrum, everyday badness. Not the really high, creative loathsomeness of the great sinners, but a sort of mass-produced darkness of the soul. Sin, you might say, without a trace of originality. They accept evil not because they say yes, but because they don’t say no.’

Puede parecer que una cita de un libro de fantasía humorística no va muy al caso con un tema grave, pero muchas veces la deformación paródica de la realidad es el mejor espejo de la misma. Pensemos en la frase que cierra el párrafo: They accept evil not because they say yes, but because they don’t say no.

De mis tiempos de estudiante, en el colegio o en el instituto, recuerdo haber visto un par de situaciones que podrían catalogarse como bullying. Y viéndolas ahora, con el prisma del tiempo, lo que más me revuelve las tripas no fue la actitud del abusón, del que hacía daño, sino la mía. Mi silencio cómplice. El pensar “esto no va conmigo, no es mi guerra, yo no me meto que si no también voy a recibir yo“. Y puedo darme mil excusas, puedo apoyarme en que callaba pero también callaban todos, en que éramos críos y era el profesorado quien debería responsabilizarse, en que yo me preocupo de mi gente y de mi persona y que cada cual haga lo mismo con la suya… pero a decir verdad, ni yo me lo creo ni me reconforta.

Cada vez que sale algún caso grave en las noticias, alguna de esos que terminan de la forma más trágica, me vuelven los recuerdos sobre aquellas situaciones que por suerte no acabaron de forma tan triste. Y siento vergüenza de de mi propia cobardía. Pero me lo tomo como una lección para mi vida, aplicable a cualquier situación injusta “jamás volver a ser cómplice por inacción, jamás pecar de nuevo de omisión“. Me apena no poder decírselo a mi yo de 14 años, pero al menos tengo esta tribuna para decíroslo a todos. Lo decía Martin Luther King: lo más temible es el silencio de los buenos.

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