Adiós Sir Terry Pratchett, goodbye Hat Sir.

Hará cosa de 15 años, un verano mientras trabajaba un verano en la librería de mis padres, empecé a leer una novela: “Guardias, Guardias”. No tenía ninguna referencia previa: no sabía quién era el autor (es más, tres libros suyos me leí pensando que era una mujer), cuál era el género (intuía que fantasía, pero no me esperaba tales dosis de humor) o si había sido una obra de éxito. Simplemente estaba harto de leer periódicos. Y ese fue uno de los grandes aciertos de mi vida. Devoré sus páginas en poco tiempo y rápidamente ataqué a “Mort” y a “El País del fin del Mundo”, mientras regalaba otras novelas a algunos de mis amigos. Había caído atrapado en el embrujo del mago del sombrero, de Sir Terry Pratchett (aunque por aquel entonces todavía la reina de Inglaterra no le había nombrado caballero).

Hoy nos deja uno de los autores más prolíficos y exitosos de las últimas décadas (más de 55 millones de ejemplares vendidos), y una de esas mentes brillantes y claras que, por desgracia, en los últimos años estaba siendo maltratada por un precoz Alzhéimer.

Fue en “Guardias, Guardias”, casi llegando al final, donde leí la que siempre he dicho que es la mejor definición de la condición humana que jamás haya leído nunca. En cierto modo Pratchett me recuerda a Billy Wilder, ambos fueron maestros en deslizar entre el humor píldoras concentradas de sabiduría capaces de sacudirte la mente como una bofetada. Añado, como homenaje a este maestro, esas líneas a la que me refiero, ese crudo retrato de la gente corriente que nos regalaba como conclusión en boca de Lord Vetinari, uno de sus más brillantes personajes, cruce perfecto de Maquiavelo con Tsun Tzu:

‘… the only thing the good people are good at is overthrowing the bad people. And you’re good at that, I’ll grant you. But the trouble is that it’s the only thing you’re good at. One day it’s the ringing of the bells and the casting down of the evil tyrant, and the next it’s everyone sitting around complaining that ever since the tyrant was over-thrown no-one’s been taking out the trash. Because the bad people know how to plan. It’s part of the specification, you might say. Every evil tyrant has a plan to rule the world.
[…]
‘Down there,’ he said, ‘are people who will follow any dragon, worship any god, ignore any iniquity. All out of a kind of humdrum, everyday badness. Not the really high, creative loathsomeness of the great sinners, but a sort of mass-produced darkness of the soul. Sin, you might say, without a trace of originality. They accept evil not because they say yes, but because they don’t say no.’

Y tras una nota tan estremecedora y, a la vez, tan brillante, creo que me iré a apoyar mi codo a alguna barra donde tomarme una copa en honor y recuerdo del caído. Por tantas páginas de risa, por tantas horas de gozo.

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