Graveyard – Hisingen Blues

Uno de los mejores discos de lo poco que llevamos de década, de lo más destacable de 2011. No confundir con los deathmetaleros catalanes del mismo nombre ni con los poweretas alemanes de los 90, pues esta gente ni desayuna cerebros a la plancha ni acero azucarado. No, estos Graveyard suecos son una banda de rock and roll que beben tanto del stoner como del blues para llevarnos a un paseo por la psicodelia old school, un viaje cuarenta años atrás para remorar a Cream, Hendrix, Jeff Beck, The Doors, Joe Cocker, Led Zeppelin o los Faces…

Esta vuelta a los años de Woodstock y la Isla de Wight está además abalada por una colección impresionante de temazos. Ya la inicial y rocanrolera Ain’t fit to live here da el primer paso con una oda stoneriana al lado más jipi de Led Zeppelin. No good Mr. Holden en cambio nos trae un tempo pausado para un blues que les reivindica como nietos bastardos de T-Bone Walker, con un tema pesado y sudoroso. Hisingen blues tira de intro psicodélica para dar un groove luego más rockero, con más ritmo, pero que de nuevo irá seguido de otra pausa, Unconfortably Numb, cuyo título no se si es una referencia a Pink Floyd pero cuyo sonido debe muchísimo a los grandes discos de The Doors. Buying Truth (Tack & Förlat) juega con sonidos space rock en una pieza de rock pesado excelentemente ejecutado con curiosos juegos de percusión en su parte intermedia. Por su parte Longing parece que quiere ser una balada cristalina, con unos ritmos de fondo casi subacuáticos, con un hipnótico silbido 100% banda sonora de Ennio Morricone que introuduce la canción en nuestras cabezas, la cual evoluciona hacia un tema de inspiración western con rasgos psicodélicos. De nuevo un título  que se adivina referencial: Ungrateful are the dead, donde empiezan con un medio tiempo cargado de hammonds que me recuerda a los Yardbirds, y que va creciendo en intensidad para dar paso al intenso rock and roll de RSS, un tema que podrían haber firmado perfectamente los Faces de Rod Stewart y Ronnie Wood y que si hubiera sido grabado por The Hives o White Stripes habríamos acabado hata el ojete de escucharlo en fm’s y garitos varios. Cierra el disco The Siren, otro ejercicio de blues psicodélico donde las acústicas juegan a tejer melodías relajadas por encima de la línea de bajo, para dejar entrada a la distorsión en golpes de fuerza espasmódica al estilo de Joe Cocker, Robert Plant o Jim Morrison.

Un disco que parece compuesto hace 40 años, donde la esencia del mejor blues eléctrico se da la mano con la psicodelia. Un producto de esa nueva escuela doom sueca donde destaca otra gente como los también retro Witchcraft o los más heavys Grand Magus. Un discazo de cabo a rabo, poco más se puede decir.

 

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