Topo – Topo

Hace un par de años tuve la suerte de trabajar como pipa en Compostela para esta mítica banda vallecana. Unos rockeros de impecable trayectoria, enorme elegancia escénica  y gente cojonuda.

Además de ser unos tipos majos y muy profesionales, Topo también han sido una de las bandas fundamentales para entender el rock español. Nacieron como escisión de Asfalto, tras la salida del primer disco de estos, cuando José Luis Jiménez y Lele Laina decidieron desarrollar por su cuenta su carrera, orientada a un sonido más duro que el de Asfalto. Estaba mediado 1978 y junto a la constitución comenzaba a gestarse el primer disco de Topo, en un país donde había muerto el dictador pero donde todavía vivía la dictadura.

Siete temas constituyeron este disco debut, editado por el sello Chapa y producido por Teddy Bautista, conocido por sus papeles bíblicos: Judas en Jesucristo Superstar y Satanás cuando presidía la SGAE. Comenzaba con Autorretrato, una canción sobre las sensaciones del músico en el escenario con un claro deje al hard rock británico de principios de la década. Pasan a la crítica al imperialismo estadounidense en Abélica, una canción donde el teclado toma el primer plano, con dejes progresivos. Y es que como a muchas otras bandas criadas durante la dictadura (mismamente Ñu) se les ve en sus primeros discos una mezcla de hippismo inocente, anti-imperialismo y ganas de decir a gritos lo que durante años tuvieron que susurrar para evitar a la brigada político-social. La Catedral trae aires al Bowie más espacial, un tema de space rock psicodélico que dejará paso al rock and roll más tradicional, de riff marcado, punteo cálido y arreglos de piano en Mis amigos Dónde Estarán (nada que ver con el tema de título similar de Extremoduro). De nuevo un cambio radical de estilo para Qué es la vida, una canción de corte minimalista y preciosista, con ese toque hippie-ecologista que citaba antes, con influencia de banda como America o Crosby, Stills, Nash and Young. Con El Periódico de nuevo vuelven los cortes sinfónicos-progresivos y la sensación de que la prensa (y España en general) ha cambiado demasiado desde aquellos tiempos pre-democráticos. Y finaliza el disco su tema más clásico: Vallecas 1996, una melodía purpleiana, una letra basada en 1984 de Orwell y una crítica al consumismo capitalista, al lavado de cerebro mediático junto a una defensa del ecologismo.

José Luis Jiménez, de Topo
José Luis Jiménez en la actualidad

Un disco que merece ser escuchado con unos buenos altavoces o auriculares, para apreciar en su totalidad la calidez del bajo de José Luis Jiménez, uno de los bajistas más elegantes y creativos del rock español. Un gran trabajo de rock de una banda fundamental para el rock español, un grupo que merece todo el respeto y la atención de los grandes, por su elegancia, su saber hacer y su status de pioneros.

Captain Beyond – Captain Beyond

Rod Evans es conocido principalemnte por haber sido el primer cantante de Deep Purple, con los que grabó tres discos (y algún single de más o menos éxito como Hush) antes de que Ian Gillan ocupara su puesto en 1969.  Tras su salida de Purple intentó lanzar una carrera en solitario, publicando un single con Capitol Records que pasó sin pena ni gloria. La mayoría de la gente piensa que entre eso y su “reunión” de Deep Purple de 1980 (“reunión” que consistió en él y cuatro mercenarios y que acabó con una demanda de los managers de los entonces separados Purple que hicieron que perdiera el derecho a cobrar royalties por sus grabaciones con el MKI de la banda) estuvo retirado de la música, pero nada más lejos de la realidad. Tras el fracaso de su primer (y último) single en solitario Evans decidió crear una nueva banda, y así nacieron en 1971 Captain Beyond.

Captain Beyond disco debut
Captain Beyond – 1972

No era Rod el único famoso veterano en esta formación, donde también militaban el ex batería de Johnny Winter, Bobby Caldwell, y los ex bajista y ex guitarrista de Iron Butterfly, Lee Dorman y Larry ‘Rhino’ Reindhart respectivamente. La banda no obtuvo demasiado éxito comercial con ninguno de sus tres discos, a pesar de lo cual podemos considerar este disco debut como una verdadera joya y uno de los precursores del heavy metal.

El disco muestra claramente tres vertientes en sus temas: una hard rock bluesero, otro prog y con ciertos toques de pop heredados de los Beatles y una más psicodélica con algunos toques de jazz. Piensa en el sonido de las antiguas bandas de los miembros (sobre todo los primeros Purple y Iron Butterfly) y en las que parecen sus mayores influencias: Cream, Vanilla Fudge y Jimi Hendrix.

El disco está concebido como una sola canción, sin existir separación entre los temas, que en algunos casos se entrelazan y en otros tienen una pequeña pieza instrumental como nexo de unión. En total 13 pistas, si bien su disfrute completo se logra con la escucha del álbum seguido y ordenado. Entre los temas podrás disfrutar de las partes más duras en la inicial Dancing Madly Backwards, con Mesmerization Eclipse o la oscura I can’t feel nothing (part I); mientras que la parte más psicodélica vendrá de la mano de Myopic Void, As The Moon Speaks To The Sea o Astral Lady. El lado más prog y artístico caerá de la mano de Raging River of Fear, Frozen Over y Thousand Days of Yesterdays. En todo caso, sería mejor hablar de fragmentos que de canciones, porque la “canción” es todo el álbum y algunos fragmentos por si solos además parecen no tener mucho sentido.

Captain Beyond

No son tan duros como Deep Purple, Uriah Heep o Black Sabbath ni tienen ese toque folkie de Jethro Tull o Led Zeppelin, y desde luego a nivel de ventas y repercusión mediática estaban a años luz de los cinco grupos citados, pero Captain Beyond son una banda que encandilará a aquellos fans de la saga Purple y del rock británico más duro de los 70. Al igual que otros contemporáneos suyos, lograron un trabajo que 40 años después sigue sonando fresco e interesante. Por desgracia tras el siguiente disco, en 1973, se separarían a causa de las bajas ventas. En 1976 volvieron (sin Rod Evans) para sacar un tercer disco y volver a deshacerse tras la gira; y en 1998 hubo un nuevo regreso con Reindhart, Caldwell y varios mercenarios que daría al traste en 2003. Reindhart no paró de intentar una reunión de la formación original durante años, hasta que el cáncer se lo llevó en enero de 2012. Evans en cambio siempre se negó a recuperar esta banda y volver a intentar lanzarse con grandes giras (cuentan las leyendas que entre su salida de Captain Beyond y su intento de Deep Purple ejerció de médico en los EEUU y que, posteriormente al fracaso y el juicio purpeliano, volvió a ejercer la medicina). Una pena, porque habría sido interesante verles interpretar una última vez esta gran obra, 35 minutos de inspiración repartidos en fragmentos muy variados.

Gualberto – A la vida, al dolor

Dado que hoy los Alaplanch se ha han separado es momento para rendir homenaje a un clásico de la música española… Gualberto (¿estabas pensando que hablaría de un disco de Avalanch? jajajajajaja, pringao…).

A finales de los 60 Gualberto ya logró una cierta repercusión siendo guitarrista de los pioneros del rock andaluz Smash. Tras eso marchó a estudiar música a los EEUU, regresando a España en 1975, mejorado como guitarrista y además como consumado compositor y sitarista, para sacar este primer disco en solitario. Con una banda formada por músicos españoles y estadounidenses el disco se divide en dos partes (cada una de las caras del vinilo): La cara A, A la vida, y la cara B, Al Dolor.

La mitad A la vida está formada por temas en inglés, con un sonido similar a los temas más comerciales de Emerson, Lake and Palmer pero con un mayor colorido dado que a la formación de guitarra y batería se suman instrumentos como el sitar, la flauta o el violín, que añaden más riqueza a la composición. El rock progresivo se toca con el flamenco y la música hindú en unas magníficas composiciones que conforman una cara muy homogénea, donde el vocalista Tod Purcell acapara todas las voces. De hecho los tres primeros temas Canción de la primavera, Canción del agua y Canción de la nieve están construídos sobre una melodía muy similar, y podrían ser escuchados como una sola canción dividida en tres partes. Con Canción del arcoiris sigue esa tónica acústica, pero incidiendo más en lo hindú, y Canción de las gaviotas es una pieza impresionante, donde el violín crea una delicada atmósfera que acabará dando paso a una orgía de psicodelia y paranoia.

Por su parte Al dolor nos lleva a un sonido menos homogéneo, con temas muy diferentes entre sí, y mucho menos cristalinos y etéreos. La cara B se abre con la flamenca Terraplén, que fue uno de los singles de este disco, donde la guitarra, el violín y el sitar juegan a tejer melodías hasta que el quejío de Enrique Morente lleva la canción a terminar por bulerías, ¿flamenco progresivo hindú?… algo así. Prisioneros comienza con un riff más hard rock, que podría recordar a los primeros discos de Rush, que rápidamente se fusiona con el violín y los teclados, para dar en medio paso a una sección más suave que da entrada a los dos vocalistas, Morente con su impecable técnica flamenca y Purcell con su estilo rockero melódico, para ir de nuevo creciendo en intensidad. Tras esto el otro single del disco: Tarantos (para Jimi Hendrix), una pieza instrumental magnífica, deliciosa y excepcional, donde los acordes de hard rock se combinan con ritmos progresivos y flamencos y dejan que el violín dibuje unas fantásticas melodías, a veces incluso con algún deje al folk celta. Cierra el disco Diálogo interior donde la guitarra y el violín dialogan intercambiando melodías.

Si te quieres acercar a este trabajo debes hacerlo con la perspectiva de que no se trata de un disco de rock clásico ni al uso, ni tampoco de un disco de flamenco o de rock psicodélico. En este primer trabajo de Gualberto se mezclan múltiples estilos con elegancia y efectividad, llevándote a un paseo donde el Mediterráneo, la India y el rock anglosajón se dan la mano. Hay complejidad y técnica, pero no pajilleo de virtuoso de instituto, sino que todo está siempre al servicio de la melodía. Un discazo que no es el ideal para beber cerveza en la barra de un bar, sino más bien para degustar tranquilo en tu sofá, relajándote.