Gualberto – A la vida, al dolor

Dado que hoy los Alaplanch se ha han separado es momento para rendir homenaje a un clásico de la música española… Gualberto (¿estabas pensando que hablaría de un disco de Avalanch? jajajajajaja, pringao…).

A finales de los 60 Gualberto ya logró una cierta repercusión siendo guitarrista de los pioneros del rock andaluz Smash. Tras eso marchó a estudiar música a los EEUU, regresando a España en 1975, mejorado como guitarrista y además como consumado compositor y sitarista, para sacar este primer disco en solitario. Con una banda formada por músicos españoles y estadounidenses el disco se divide en dos partes (cada una de las caras del vinilo): La cara A, A la vida, y la cara B, Al Dolor.

La mitad A la vida está formada por temas en inglés, con un sonido similar a los temas más comerciales de Emerson, Lake and Palmer pero con un mayor colorido dado que a la formación de guitarra y batería se suman instrumentos como el sitar, la flauta o el violín, que añaden más riqueza a la composición. El rock progresivo se toca con el flamenco y la música hindú en unas magníficas composiciones que conforman una cara muy homogénea, donde el vocalista Tod Purcell acapara todas las voces. De hecho los tres primeros temas Canción de la primavera, Canción del agua y Canción de la nieve están construídos sobre una melodía muy similar, y podrían ser escuchados como una sola canción dividida en tres partes. Con Canción del arcoiris sigue esa tónica acústica, pero incidiendo más en lo hindú, y Canción de las gaviotas es una pieza impresionante, donde el violín crea una delicada atmósfera que acabará dando paso a una orgía de psicodelia y paranoia.

Por su parte Al dolor nos lleva a un sonido menos homogéneo, con temas muy diferentes entre sí, y mucho menos cristalinos y etéreos. La cara B se abre con la flamenca Terraplén, que fue uno de los singles de este disco, donde la guitarra, el violín y el sitar juegan a tejer melodías hasta que el quejío de Enrique Morente lleva la canción a terminar por bulerías, ¿flamenco progresivo hindú?… algo así. Prisioneros comienza con un riff más hard rock, que podría recordar a los primeros discos de Rush, que rápidamente se fusiona con el violín y los teclados, para dar en medio paso a una sección más suave que da entrada a los dos vocalistas, Morente con su impecable técnica flamenca y Purcell con su estilo rockero melódico, para ir de nuevo creciendo en intensidad. Tras esto el otro single del disco: Tarantos (para Jimi Hendrix), una pieza instrumental magnífica, deliciosa y excepcional, donde los acordes de hard rock se combinan con ritmos progresivos y flamencos y dejan que el violín dibuje unas fantásticas melodías, a veces incluso con algún deje al folk celta. Cierra el disco Diálogo interior donde la guitarra y el violín dialogan intercambiando melodías.

Si te quieres acercar a este trabajo debes hacerlo con la perspectiva de que no se trata de un disco de rock clásico ni al uso, ni tampoco de un disco de flamenco o de rock psicodélico. En este primer trabajo de Gualberto se mezclan múltiples estilos con elegancia y efectividad, llevándote a un paseo donde el Mediterráneo, la India y el rock anglosajón se dan la mano. Hay complejidad y técnica, pero no pajilleo de virtuoso de instituto, sino que todo está siempre al servicio de la melodía. Un discazo que no es el ideal para beber cerveza en la barra de un bar, sino más bien para degustar tranquilo en tu sofá, relajándote.

Ñu – Cuentos de ayer y de hoy

Está claro que los 70 son la década dorada del rock and roll, desde el retorno a las raíces sencillas del rock and roll propuesto por el punk hasta lo más experimental y complejo del progresivo, desde lo más melódico del AOR a un naciente heavy metal. Y España no fue una excepción: Triana, Smash, Gualberto, Lone Star, Leño, Asfalto, Topo o los Ñu que hoy nos ocupan.

Cuentos de ayer y de hoy fue el primer LP de la banda de Jose Carlos Molina, y es todo un ejemplo de creatividad y de la mentalidad de la época, mezclando ansias de libertad, una defensa de la vida sencilla heredada del hippismo y momentos de oscuro pesimismo frente al futuro y la dirección de la humanidad.

Y es con pesimismo con lo que el disco se abre, con Profecía donde no aparece la mítica flauta de Molina, pero sí un violín de Jean Françoise André muy chirriante, creando una atmósfera profundamente tensa fundida con ritmos progresivos. La sigue Preparan, donde la flauta y el violín se entremezclan en un tema de nuevo oscuro y tenso, con un ritmo de batería machacón e hipnótico y con bellos pasajes de flauta por medio.  Algunos músicos fueron nosotros lleva en cambio un mensaje optimista, el citado espíritu jipioso, y trae además una muestra del ego de Molina, equiparándose en la letra a Bach, Beethoven o Hendrix. Se trata de un tema rockanrolero, que juega con muchas líneas melódicas entrelazadas (violín, flauta, guitarra, bajo, piano…). El tema título Cuentos de ayer y de hoy continúa con las reivindicaciones más jipis, alegando por la vida sencilla y contra el progreso técnico que destruye la naturaleza, y jugando además con melodías folk que se combinan con unos riffs 100% heavy metal. Bebiendo de la tradición más Jethro Tull nos llega El juglar, con una bella melodía de flauta y violín que nos transporta a una canción folk rock acústica de 8 minutos, con pasajes eléctricos por el medio que lo dotan de una gran fuerza. Cierra el disco Paraíso de flautas, conjunción de folk, rock progresivo y heavy metal. Un tema como pocos se han hecho en el rock español, de más de 9 minutos y con épicos pasajes.

Cuentos de ayer y de hoy debería ser piedra angular de todo rockero que pretenda decir saber algo de la escena española de los 70-80. Una obra maestra a cargo del temperamental Jose Carlos Molina, un disco indispensable del rock español.

Lucifer’s Friend – Lucifer’s Friend

Corría 1970 y el rock más bluesero y duro comenzaba a apuntar hacia un naciente heavy metal en varios frentes: EEUU, Alemania y, sobre todo, Reino Unido. El blues, el hard rock, el jazz y el progresivo se fundían en las mentes de muchos compositores, dando lugar a un primigenio heavy metal, que tendría más que ver con el doom actual. Estos Lucifer’s Friend comenzaron su carrera bajo el nombre de Asterix, cambiándose de nombre tras un disco por el de Lucifer’s Friend. La banda era alemana, menos el vocalista John Lawton, inglés y más famoso por haber sido el cantante de Uriah Heep en la segunda mitad de los 70.

El sonido del grupo, como ya comentaba, podría relacionarse con facilidad con el de Black Sabbath, Deep Purple, Led Zeppelin o Uriah Heep: bajos con mucho ganancia, riffs pesados y muy distorsionados y órgano Hammond a punta pala. Este fue su primer album de una carrera más o menos prolífica entre los 70 y los primeros 80, aunque sin mucha repercusión fuera de Alemania.

El disco se abre con potencia y agresividad, con la cañera Ride in the Sky cuyo fraseo de teclado te recordará a Led Zeppelin (¿o será al revés?). La voz de Lawton suena perfecta, arropada por el hammond y el teclado en un tema soberbiamente épico. Everybody’s Clown lleva su voz a una tesitura más aguda recordando indefectiblemente a Deep Purple; en cambio Keep Going busca un sonido más bluesero y crudo, con un riff más pesado que da paso a una melodía más suave, más íntima y muy zeppelianaToxic Shadows  sigue con la tendencia al sonido Page/Plant, con pasajes casi psicodélicos por medio. Free Baby ya desde el primer segundo se lanza a un ataque de teclado con un estilo muy en la onda de los Uriah Heep más cañeros. Con un deje muy bluesero purpeliano llega a nuestros oídos Baby you’re a Liar, que dará paso al que para mi es el mejor tema del disco In the Time of Job when Mammons was a Yippie, una nueva muestra del rock duro épico y purpeliano. Cerraba el disco Lucifer’s Friend, otra pieza en la misma onda de rock duro y épico, con una intro más psicodélica y un ritmo pesado y poderoso.

La reedición que sacó Vertigo, y que es la que acabó en mis manos, además una remasterización muy decente incluye cinco bonus tracks extraídas de diversos singles, bastante curiosas. Rock and roll Singer es un rock and roll clásico con arreglos de viento a lo big band, y que me recuerda profundamente a lo que hicieron un par de años después los ELF de Ronnie James Dio en su primer disco.Our world is a rock and roll band más o menos va en la misma onda, muy cercano a los hits de las radios británicas de la época. Por su parte Satyr’s Dance descubre unas juegos de melodías bastante mediterráneas que se entralazan con maestría en una gran canción instrumental, con algunos dejes más experimentales. Horla es otro tema instrumental con solo de batería en medio, al estilo de The Mule de los Purple o TNUC de Grand Funk Railroad. Finalmente Alpenrosen es un tema que juega con el blues y el jazz, mezclando elementos de psicodelia y rock progresivo.

Resumiendo, los amantes del sonido Deep Purple/Uriah Heep disfrutarán profundamente de este gran disco, una obra de gran rock duro setentero, por desgracia olvidada por la mayoría de oyentes y periodistas.