El bandcamp de la Quincena: Atavismo – ValdeInfierno

Este recién pasado agosto cumplía con la tradición de ir al Sonic Blast a darme una buena ración de psicodelia. Y había una banda que iba marcada en rojo en mi listado para ese festival: Atavismo.

Viaje a 800 fueron una de las bandas más recordadas de la escena del palo stoner/psicodelia español. Fue de las cenizas de ese proyecto de donde salieron Atavismo, una joya de banda que en Moledo, tras sufrir problemas con el sonido en sus primeros minutos, sorprendió al público portugués.

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¿Estaba muerto el rock andaluz de gente como Triana, Gualberto o Smash? No, estaba de parranda, y con Atavismo queda claro que puede estar muy vivo, aunque a algunos les parezca que desde el Omega no se ha vuelto a hacer nada importante en este sentido.

Atavismo Valdeinfierno

En ValdeInfierno se combina con maestría ese viejo rock andaluz, totalmente patente en la inicial La Palmosa, con la psicodelia de Jimi Hendrix y Jefferson Airplane (escucha el guitarreo en Quejigo) o la compleja progresividad de Pink Floyd, Amon Duul II o Gentle Giant (el viaje espacial que nos ofrece el tema título ValdeInfierno, con demostración de percusión y melodía moruna incluidas). Destreza instruumental al servicio de un verdadero viaje lleno de amor cósmico y acidez pura y dura.

Atavismo son una apuesta segura, su trayectoria es sólida y este ValdeInfierno es la última muestra de su maestría. Una apuesta honesta por recuperar lo retro, pero de verdad, profundizando en sus orígenes sin complejo alguno. Rock progresivo, rock psicodélico, rock andaluz pero, sobre todo, rock de calidad.

Triana – El Patio

Corría 1975, año clave en la historia contemporánea española por ser el comienzo del fin de la dictadura franquista, cuando Triana lanzaban su primer disco, El Patio. Si bien no eran los pioneros de la prolífica escena del rock andaluz, donde ya habían destacado previamente otras bandas como Smash, sí marcaron un hito en este género con su primer LP. Previamente ya habían publicado como single los temas Luminosa mañana y Recuerdo de una noche, por lo que no era una sorpresa lo que genio de Jesús de la Rosa, teclista y vocalista, era capaz de concebir. (aclaro que en la Wikipedia pone que el disco se grabó en 1973 y se publicó en el 74, pero en la edición que tengo en CD pone que se grabó en marzo de 1975).

El disco bebe tanto del rock sinfónico/progresivo como del flamenco, deleitándonos con una música muy elaborada tanto en el aspecto compositivo como en el letrístico. Una gran muestra está ya clara en el primer tema, Abre la puerta, donde todos los músicos tienen sus momentos de lucimiento, no sólo Jesús de la Rosa con su voz y su excelente trabajo de teclados digno de cualquier grande del estilo (y con grande estoy hablando del nivel de bandas como Emerson, Lake and Palmer, Pink Floyd, King Crimson o Yes), sino también la batería de Juan José Palacios “Tele”, que cuenta con un pequeño solo, la guitarra flamenca de Eduardo Rodríguez, el bajo de Manolo Rosa y los impresionantes solos con la guitarra eléctrica de Antonio Pérez. Casi 10 minutos de éxtasis musical para arrancar uno de los mejores discos que se hayan grabado en la Península Ibérica. El disco continúa con Luminosa Mañana, donde la guitarra flamenca toma el protagonismo junto al teclado más psicodélico, por encima de los ritmos de batería progresivos de Palacios. Recuerdo de una noche sigue con la misma tendencia flamenca, con una letra más folklórica pero sin dejar los ritmos heredados del progresivo ni los teclados de tradición más rockera. Con un espíritu más hippie llega Se de un lugar, donde el rock de tradición progresiva y psicodélica vuelve a tomar el primer plano, en una tema complejo con varios pasajes, múltiples fragmentos que se entrelazan y donde la sublime guitarra eléctrica de Antonio Pérez recupera el protagonismo que tenía en el primer tema. Con un colorido musical digno de los mismísimos Yes entra Diálogo, un medio tiempo medio baladístico que dejará paso al teclado en onda The Doors que inicia En el Lago, otra pieza maestra llena de múltiples arreglos. El cierre del disco nos lo da el canto del gallo y la guitarra flamenca en Todo es de Color, la pieza más corta del disco (poco más de dos minutos) que despide la grabación.

Puedes llamarlo rock andaluz, rock progresivo, rock flamenco… la etiqueta da igual. A mucha gente las raíces andaluzas y el acento del vocalista les llevan a repudiar a esta banda, pero más allá de absurdos prejuicios se trata de un disco indispensable para cualquier amante del rock progresivo, de la música trabajada y elaborada y del rock español.

Gualberto – A la vida, al dolor

Dado que hoy los Alaplanch se ha han separado es momento para rendir homenaje a un clásico de la música española… Gualberto (¿estabas pensando que hablaría de un disco de Avalanch? jajajajajaja, pringao…).

A finales de los 60 Gualberto ya logró una cierta repercusión siendo guitarrista de los pioneros del rock andaluz Smash. Tras eso marchó a estudiar música a los EEUU, regresando a España en 1975, mejorado como guitarrista y además como consumado compositor y sitarista, para sacar este primer disco en solitario. Con una banda formada por músicos españoles y estadounidenses el disco se divide en dos partes (cada una de las caras del vinilo): La cara A, A la vida, y la cara B, Al Dolor.

La mitad A la vida está formada por temas en inglés, con un sonido similar a los temas más comerciales de Emerson, Lake and Palmer pero con un mayor colorido dado que a la formación de guitarra y batería se suman instrumentos como el sitar, la flauta o el violín, que añaden más riqueza a la composición. El rock progresivo se toca con el flamenco y la música hindú en unas magníficas composiciones que conforman una cara muy homogénea, donde el vocalista Tod Purcell acapara todas las voces. De hecho los tres primeros temas Canción de la primavera, Canción del agua y Canción de la nieve están construídos sobre una melodía muy similar, y podrían ser escuchados como una sola canción dividida en tres partes. Con Canción del arcoiris sigue esa tónica acústica, pero incidiendo más en lo hindú, y Canción de las gaviotas es una pieza impresionante, donde el violín crea una delicada atmósfera que acabará dando paso a una orgía de psicodelia y paranoia.

Por su parte Al dolor nos lleva a un sonido menos homogéneo, con temas muy diferentes entre sí, y mucho menos cristalinos y etéreos. La cara B se abre con la flamenca Terraplén, que fue uno de los singles de este disco, donde la guitarra, el violín y el sitar juegan a tejer melodías hasta que el quejío de Enrique Morente lleva la canción a terminar por bulerías, ¿flamenco progresivo hindú?… algo así. Prisioneros comienza con un riff más hard rock, que podría recordar a los primeros discos de Rush, que rápidamente se fusiona con el violín y los teclados, para dar en medio paso a una sección más suave que da entrada a los dos vocalistas, Morente con su impecable técnica flamenca y Purcell con su estilo rockero melódico, para ir de nuevo creciendo en intensidad. Tras esto el otro single del disco: Tarantos (para Jimi Hendrix), una pieza instrumental magnífica, deliciosa y excepcional, donde los acordes de hard rock se combinan con ritmos progresivos y flamencos y dejan que el violín dibuje unas fantásticas melodías, a veces incluso con algún deje al folk celta. Cierra el disco Diálogo interior donde la guitarra y el violín dialogan intercambiando melodías.

Si te quieres acercar a este trabajo debes hacerlo con la perspectiva de que no se trata de un disco de rock clásico ni al uso, ni tampoco de un disco de flamenco o de rock psicodélico. En este primer trabajo de Gualberto se mezclan múltiples estilos con elegancia y efectividad, llevándote a un paseo donde el Mediterráneo, la India y el rock anglosajón se dan la mano. Hay complejidad y técnica, pero no pajilleo de virtuoso de instituto, sino que todo está siempre al servicio de la melodía. Un discazo que no es el ideal para beber cerveza en la barra de un bar, sino más bien para degustar tranquilo en tu sofá, relajándote.