Se lo merecían

Se lo merecían, me alego de que ganaran. No por la franquicia en si, que en la NBA suelo ser bastante pasota en ese sentido, sino por una serie de jugadores que forman parte de estos Mavericks: Nowitzki, Stojakovic, Kidd, Terry, Chandler, Marion… un grupo de veteranos que logran llevarse su anillo, para mayor gloria y regocijo de Mark Cuban, el más fanático y hooligan de los millonarios propietarios de la NBA.

Cuando dentro de 15 o 20 años hablemos de los grandes jugadores de la primera década de este siglo el puesto de base estará disputado por dos enormes titanes, los Magic y Stockton de esta década: Steve Nash y Jason Kidd. Dos jugadores que tienen en común dos equipos en su pasado: Phoenix Suns y Dallas Mavericks, y que parecía que se iban a unir a la lista de grandes estrellas que se retiraron sin título. Kidd acarició la victoria con los mejores New Jersey Nets de los últimos treinta años a principios de la década, pero se dio de bruces contra unos Lakers especialmente poderosos capitaneados por Shaq y Kobe. Ahora, con 38 años y siendo uno de los jugadores más veteranos de la liga (el segundo después de O’Neal), logra llevarse ese anillo. Y aunque ya no es el jugador dominante de aquellos años tampoco ha ganado el título siendo el veterano que juega los minutos de la basura. Kidd ha ganado siendo un jugador importante en la rotación, por su gran capacidad para crear juego, su intensidad defensiva y su experiencia. (Y espero que Nash también logre llevarse un título antes de su retirada)

De Nowitzki, flamante MVP de la final, ya hablé en otra entrada previa. Jamás había logrado ganar un título como profesional, ni de clubes ni de selecciones. Con 32 años todavía le queda baloncesto que ofrecernos, pero empezaba a acercarse a una edad incómoda para lograr hacerse con el título. El único europeo que ha sido MVP de la liga regular al fin tiene su título, el Larry Bird alemán además consigue el MVP de la final, siendo el segundo europeo que lo logra, tras Tony Parker.

Tyson Chandler, una elección alta del draft que jamás logró dar el rendimiento que se esperaba de él, ha terminado por hacer la mejor temporada de su vida, culminada con un título. Reconvertido en un experto defensivo, el año pasado logró el oro olímpico y este el campeonato de la NBA, acabando por explotar pasados los 30. Durante toda la temporada fue, para muchos, el gran candidato al título de Jugador con Mayor Progresión, que al final le arrebató Kevin Love tras una temporada impresionante.

Shawn Marion, Jason Terry y “Peja” Stojakovic, tres veteranos que conocieron años de gloria y que, siendo ahora jugadores importantes dentro de la rotación del equipo, han visto como su edad y su físico les han apartado del rol de estrellas en la liga, han sabido adaptarse a su nuevo papel como jugadores de equipo, apareciendo en los momentos clave para tirar del equipo.

Y aunque no es un veterano, mención especial para José Juan Barea. El pequeño puertorriqueño ha explotado esta temporada, ha sido el revulsivo en muchos partidos, el jugador capaz de revolucionar el ritmo de juego y descolocar a las defensas rivales.

Reconozco que no habría apostado por este equipo a principio de temporada. Los primeros partidos de Dallas que pude ver durante la liga regular no me gustaron. Parecían una banda desorganizada de talentos individuales mal empastados. No daban la sensación de ser un equipo, sino simplemente cinco tíos que intentaban meter la pelota por el aro. Hasta el primer partido de la semifinal de conferencia, contra los Lakers, no pude ver otro partido de los Mavs. El equipo parecía totalmente distinto. Carlisle había logrado crear un verdadero equipo, seguramente el más europeo de la NBA: una rotación de jugadores larga con un juego basado en su fortaleza defensiva, y con un tiro demoledor. Con dos jugadores, Barea y Terry, con una enorme capacidad para abrir defensas como quien abre almejas, y un juego muy sólido, capaz de ser eficientes tanto en partidos con anotaciones bajas como altas, Dallas sólo mostraron un par de puntos flacos en el juego interior y a la hora de defender contraataques rápidos, puntos débiles que Miami no supo explotar en la final. Y es que el doble de Jim Carrey ha sido, seguramente, el más flexible de los entrenadores de la NBA a la hora de utilizar a sus jugadores. En una liga donde se tiende a encasillar excesivamente a los jugadores, tanto por su edad como por su físico y por su rol, Carlisle ha practicado un “baloncesto total”, ha llegado a alinear a la vez a tres supuestos bases, ha jugado muchos minutos sin ningún pivot y ha dejado que fuera un cuatro el que subiera el balón; flexibilidad de la que han carecido este año algunos grandes como Popovich o Phil Jackson.

Estos Dallas Mavericks campeones representaban una de las últimas oportunidades para varios jugadores de una generación de no unirse a un selecto grupo al que nadie quiere pertenecer, un grupo formado por grandes jugadores como John Stockton, Karl Malone, Charles Barkley, Pat Ewing, Reggie Miller, Allen Iverson… el grupo de grandes jugadores que se retiraron sin ser campeones de la NBA. Ahora estos Mavericks ya no formarán parte de él.

Dirk se cansó

Dirk se cansó de perder.

Para muchos Dirk Nowitzki es el mejor jugador europeo de la historia, pero nunca ha levantado un título. A nivel individual tiene un currículo impresionante, empezando por ser el único jugador europeo que ha sido MVP de la NBA, haber sido elegido jugador europeo del año dos veces, haber ganado un par de concursos de triples de la NBA, haber sido en múltiples ocasiones elegido para el all-star y en alguno de los tres quintetos ideales de la NBA y haberse coronado máximo anotador y MVP en el Eurobasket. Su impresionante muñeca, su agilidad y su visión a la hora de buscarse posiciones de tiro suelen ser los puntos más evidentemente destacables de su juego, pero sin lugar a dudas el gran fuerte de Dirk está en su férrea voluntad. Cuando llegó a la liga, en el ya lejano año del lock-out, Nowitzki era un alero muy alto con buen tiro, pero blando en defensa, físicamente débil e inconsistente en el rebote, defectos que ha logrado pulir con años de duro trabajo, hasta convertirse en un aceptable defensor capaz de capturar nueve rechaces por partido. Su mecánica de tiro, casi sin saltar, con ese personal movimiento pivotando de espaldas al aro que le permite, con sólo un paso hacia atrás, hacerse hueco para lanzar, ha acabado por convertirse en una de esas jugadas que se enseñan a los jóvenes en las escuelas de baloncesto. Y es que Nowitzki es el jugador que mejor define al alero alto europeo moderno, basta con ver a jóvenes valores como Nicola Mirotic.

Pero como decía al principio, a pesar de todo esto, Nowitzki nunca ha levantado un título como profesional. Aunque era una promesa en su etapa juvenil, que despertó el interés de equipos como el Barcelona o la Benneton de Treviso, decidió jugar en tercera división alemana mientras cumplía con el servicio militar. En esa época fue cuando Don Nelson le descubrió y le convenció para presentarse al draft. Al contrario que otras grandes estrellas europeas, como Sabonis, Kukoc, Kirilenko, Danilovic o Petrovic, se marchó a la NBA sin haber logrado un gran palmarés en Europa. En sus dos mejores temporadas en Dallas el equipo naufragó en dos decepciones históricas: en 2006 perdieron la final contra Miami tras haber ganado los dos primeros partidos (la primera vez en la historia, y de momento la única, en la que un equipo perdía una final de la NBA tras haber logrado ponerse con un 2-0 a favor), en 2007 fueron eliminados en primera ronda por Golden State Warriors tras haber sido líderes de conferencia (la primera vez en la historia, desde que se impuso el formato de 7 partidos, en la que el primero caía en primera ronda). En ambas derrotas se le achacó a Nowitzki el haber estado por debajo de su nivel. Con la selección alemana tampoco logró ganar ningún campeonato, si bien es cierto que, con equipos bastante mediocres a su alrededor, fue capaz de llevarles a la lucha por las medallas en varios europeos. En cambio, los otros grandes jugadores europeos de su generación (Papaloukas, Kirilenko, Jasikevicius, Diamantidis, Gasol) sí se han cansado de levantar trofeos, ya sea con sus selecciones o con sus clubes.

Pero esta temporada parece que podría cambiar la cosa. Nadie daba un duro por Dallas más allá de una hipotética semifinal de conferencia, yo el primero dado que en los partidos que había visto me habían dado la impresión de equipo deslabazado, poco ordenado en ataque y excesivamente individualizado. Parecía que en el oeste la cosa estaría entre los Lakers y San Antonio u Oklahoma, pero San Antonio no lograron superar la primera ronda y Oklahoma están sufriendo bastante más de lo esperado contra los Grizzlies de Memphis. En cambio Dallas superó con claridad a los Trail Blazers de Portland y se dieron una merienda a costa de unos Lakers sin mordiente, más similares a una jaula de grillos que a un equipo, donde Kobe Bryant decidió hacer mutis por el foro en la eliminatoria, Artest volvió por sus fueros de ex presidiario del baloncesto y Gasol protagonizó su peor racha de la temporada. Y esta vez Nowitzki dio la cara y fue el líder que los Mavericks necesitaban. Y las malas impresiones de la liga regular se esfumaron, mostrando a Dallas como un equipo sólido defensivamente, con un largo banquillo y unos tiradores demoledores (Jason Kidd, Jason Terry, José Juan Barea, Pedja Stojakovic y el propio Nowitzki) capaces de romper cualquier defensa, que peca tal vez de ser un poco endeble en la zona (el triunvirato Marion, Haywood y Chandler es efectivo en defensa pero acusa una gran falta de centímetros y de potencial ofensivo) y no muy fuerte físicamente. Estos PO prometían ser unos de los más igualados y sorprendentes de los últimos años, y no están defraudando: Sorpresa tras sorpresa en el oeste y duelos épicos en el este.

Llega una nueva generación de estrellas a la NBA: Westbrook, Durant, Curry, Griffin, Rose, Love, Wall, Aldridge, Cousins… una brillante constelación para todos los que amamos el baloncesto, pero el veterano Dirk parece cansado de perder, en un equipo rodeado de otros veteranos con hambre de títulos que ven en este playoff una última oportunidad. El alemán quiere levantar un título y parece que en esta ocasión dará hasta el último aliento para conseguirlo.

¿Poderío interior?

Llevo un año escuchando a la prensa española hablar del «poderío interior de los Lakers». La supuesta ventaja que les debería hacer campeones de liga este año. Y llegan los PO y la prensa yankee se pone a dudar de que Bynum-Gasol sea una buena combinación. Parece que el ex novio de Rihanna se ha mostrado a lo largo de la temporada como un pivot demasiado blando en cuestiones defensivas y comienzan a surgir las dudas ¿Mejor Gasol de 5 con Odom de 4? Pero la verdadera duda es ¿podrán imponerse a los rocosos pivots de Oklahoma en una hipotética final de conferencia? Si ayer sudaron tinta contra los Mavericks, donde destacan Chandler, sólido defensor pero poco talentoso en ataque, y Marion, venido a menos por las lesiones. De momento golpean primero los tejanos, como también golpeó primero Memphis, la gran sorpresa, a Oklahoma. Y en Memphis sí que hay poderío interior.

No pude verles contra Oklahoma pero el pasado viernes sí les vi contra San Antonio Spurs. Randolph siempre me había recordado, por físico y muñeca a Antoine Walker, pero otro día parecía la resurrección baloncestística del mismísimo «Gordo» Barkley. Y Marc Gasol al lado haciendo de secundario de lujo, doble-doble con un par de tapones y bailando con la más fea, con el mejor jugador interior de la pasada década, Tim Duncan, un poco venido a menos por los años pero todavía un superclase. Y el octavo se carga al primero y hace historia, pasando una eliminatoria por primera vez en todos sus años en la NBA (antes no había logrado ni ganar un sólo partido).

En fin, dentro de un par de semanas ya sabremos quién tenía el verdadero poderío interior en la liga.

Derrick Rose

Hacía tiempo que un chaval no revolucionaba así la NBA.  Mucho tiempo, puede que desde que LeBron decidió presentarse al Draft. ¿Quién daba un duro por los Bulls al principio de esta temporada? Decían «Los Bulls son prometedores,  pero Boston, Miami, Orlando y New York tienen más equipo». Si hasta había quien dudaba de que pudieran quedar por encima de Atlanta o de los Sixers. En la quiniela más optimista les daban el cuarto puesto, y si tenían la suerte de que se hundiera algún favorito. Pero la temporada regular ha terminado y no sólo han sido el mejor equipo del este, sino de toda la NBA. 62-20, el mejor balance desde la segunda retirada de Jordan. ¿Y en Play Offs? Pues de momento Indiana les ha apretado las tuercas en los dos primeros partidos, pero se han llevado los dos, y con un Rose salvaje (39 puntos en el primer partido, 36 en el segundo). ¿MVP? A tenor de los resultados debería serlo pero ¿lo será?. Si entendemos MVP literalmente, como Jugador Más Valioso, debería serlo. Un jugador que lidera (25 puntos, 7.7 asistencias) a un equipo por el que pocos dan un chavo a ser el mejor equipo de la liga, que ha sido séptimo en anotación y décimo en asistencias ¿no se lo merece?

Comparémosle con las otras estrellas de la NBA que podrían optar al título: ¿Lebron? Grandes números pero Miami, con su Big Three, acabó a 5 victorias de los Bulls. ¿Alguno de los Spurs? Han hecho una gran temporada, pero ninguno de sus jugadores ha destacado de sobremanera sobre el resto, al igual que los de los Celtics, han sido triunfos. ¿Stoudemire? Los Knicks, a pesar de haber fichado también a Carmelo, han acabado sextos. ¿Durant? Da la impresión de que su progresión se ha cortado esta temporada y Oklahoma tampoco ha firmado una temporada tan buena como se esperaba de ellos. ¿Love? Ha hecho un año de record pero jugando en el peor equipo de la liga. ¿Kobe? Con todo el equipazo de los Lakers han estado irregulares.

Parece que es la opción más clara pero ¿podría caer en manos de otro? También hay motivos, desde luego. El primero es su edad. No suelen dar el MVP a jugadores muy jóvenes y si Rose lo ganara sería el primer MVP de la historia con edad para ser todavía jugador universitario. Por descontado vaya que también sería el jugador más joven de la historia en ganarlo, más joven que Magic, Bird, Kareem, Shaquille, Kobe o Jordan. Además, a veces se ha mostrado inconsistente en el tiro, con porcentajes muy bajos en muchos partidos y mostrando una laguna, u oportunidad de mejora si queremos decirlo de forma más positivista, en su tiro en suspensión, tanta desde la media como desde la larga. Además, da la impresión de que está todavía un escalón por debajo del nivel de los más grandes de la liga. De su esfuerzo para mejorar en esos puntos flacos y de las lesiones dependerá que dentro de 20 años su nombre esté junto al de Jordan, Magic o Duncan o, por contra, se le cite entre esos jugadores que no llegaron a dar el último paso por una razón u otra, como Grant Hill, Mitch Ritchmond o Bob MacAdoo