Traidor en el Infierno

Aunque el título parezca una referencia a Mariano Rajoy no voy a hablar del que nos ha tocado por presidente/marioneta del Bundesbank. Aunque de Bündesbank hay algo, porque esta excepcional película de Billie Wilder está ambientada en un campo de prisioneros de la Alemania nazi.

Pero no nos adelantemos. Mi idilio con esta película comienza de casualidad una noche de jueves, mientras cenaba con la idea de bajar a tomar unas copas. Comenzaron a ponerla en Paramount Channel y comencé a verla, aunque me fui de casa sin ver el final (había quedado, el tiempo apremiaba). Como la susodicha cadena tiene por costumbre repetir la película varias veces, otro día acabé cogiéndola empezada, pero pude ver el final. A la tercera fue la vencida y en esa ocasión logré verla completa, de principio a fin… y desde aquella tres veces más, la última esta semana, que me pilló despierto a altas horas después de estar chapando un rato lo del curso del DNIe (hay que decir que la suelo ver además porque a esas horas no ponen nada mejor).

Metiéndonos ya en el terreno más técnico esta película en blanco y negro,originalmente titualada Stalag 17, data de 1953, recibió 3 nominaciones a los Oscar y se llevó uno (William Holden, mejor actor).  Se trata de una película con un guión sublime e inteligente, como toda buena obra de Wilder, sin cabos sueltos y sin insultar al espectador. Una película que mezcla el drama, la comedia y el suspense.

En un campo de prisioneros de guerra alemán, durante las navidades de 1943, comienza la historia con dos soldados, Manfredd y Johnson, que intentan fugarse infructuosamente. Su muerte aviva la teoría de que en el barracón cuatro del campo de prisioneros 17 hay un traidor. Esta sospecha sirve como excusa para mostrarnos la vida de los soldados encerrados, el cómo intentan burlar a sus centinelas captores, el como intentan mantenerse animados a base de bromas para no derrumbarse, para soportar la comida repugnante, la suciedad, los castigos arbitrarios… En cuanto al traidor todas las sospechas caen sobre Sefton, un sargento cínico y flemático que se dedica a comerciar con los centinelas del campo para darse una vida más cómoda. Él será quien tenga que buscar al verdadero culpable para exculparse y salvar su vida, el presunto villano que se convierte en ¿héroe?… antihéroe más bien. 

Muchas críticas recibió esta película por el uso de desahogos cómicos de Wilder, tildando de frívola su visión de la guerra (aunque parte de su familia muriera en Auswitzch), si bien yo creo que lo que Wilder busca es por un lado reivindicar el humor como vía de escape ante una situación extrema y, por otra parte, dar al espectador momentos de relajación en una trama verdaderamente tensa. Mientras muchos pedantes cuentan historias banales con enorme trascendencia, Wilder cuenta historias trascendentes de una forma relajada. Tal vez no sea tan conocida como Testigo de Cargo, El Apartamento o Un, dos, tres pero sin duda está al nivel de la leyenda del genio. No te la pierdas, vale la pena disfrutarla, una película esencial.

Cinco géneros, cinco películas (vol II)

En fin, segunda parte tras el Vol I llega la segunda parte de “Cinco géneros, cinco películas” que finalmente se extenderá hasta el volumen IV. ¿Por qué? Pues por ejemplo porque el género “comedia” decidí dividirlo en 3, como veréis a continuación: Comedia dramática, comedia absurda y comedia gamberra. Y junto a estos tres géneros en esta entrada también trataremos la ciencia ficción y el “survival horror“. Así que vamos allá.

  • El apartamento (comedia dramática): Dirigida por el genio y maestro de maestros Billy Wilder, con un Jack Lemmon impresionante, El Apartamento logró aquel año arrasar en los premios de la academia llevándose 5 Oscars y otras tantas nominaciones más. La historia nos sitúa en el New York de la época, donde un joven oficinista descubre la forma de medrar en la empresa: Dejar su apartamento a los directivos para que se lleven allí a sus amantes. Pero el plan se empezará a estropear cuando se enamore de la amante de uno de sus jefes, lo cual le llevará a una serie de enredos cada vez más complejos. Por medio de este argumento Wilder nos transporta a un relato sobre hipocresía social, duplicidad moral, falta de escrúpulos a la hora de utilizar a las personas como objetos y un humor inteligente, sutil, cínico y un pelín negro por momentos. En dos palabras OBRA MAESTRA.
  • La vida de Brian (comedia absurda): Brian de Nazareth nace el mismo día que Jesucristo y vive una existencia casi paralela a la suya, aunque sea por accidente. En medio de la ocupación romana se une a un grupo disidente judío y acaba convertido en un profeta sin él buscarlo. Hablar de La Vida de Brian es hacerlo del punto álgido de la carrera del grupo cómico inglés Monty Python. Ya habían tenido éxito en la televisión y conseguido relevancia en el cine con sus anteriores películas, pero La Vida de Brian fue su pasaporte hacia la historia. Estrenada en agosto de 1979, la película se convierte en una corrosiva sátira tanto política como religiosa, hecho este último que ha llevado a que todavía a día de hoy siga prohibida su proyección en algunos pueblos de EEUU y Reino Unido. Incluso hubo debates televisados en la BBC donde varios representantes de distintas ramas del cristianismo debatían si la película debía considerarse blasfema o no. Los Monty Python, imbuídos por un espíritu provocador, gamberro y desafiante que llegaba más allá de la línea que había marcado la generación del punk británico, dejaron múltiples gags para la historia. Y para el final, nada menos que el temazo Always look on the bright side of life.
  • Le llamaban Trinidad (comedia gamberra): Aunque a largo plazo Bud Spencer y Terence Hill abusaron en exceso de sus personajes y de repetir los mismos gags hasta la saciedad, no se puede negar que varias de sus primeras películas son comedias muy bien logradas. Le llamaban Trinidad, primera parte de una trilogía que se completa con Le seguían llamando Trinidad y Y después de llamaron El Magnífico, nos muestra las claves de su posterior filmografía: Chistes tabernarios, mamporros por doquier, acrobacias de Terence Hill que intenta seducir a toda mujer que se le cruza y la típica dualidad “gruñón pero con buen corazón” de Bud Spencer. De ambientación western, nos cuenta la historia del forajido ligón Trinidad (Terence Hill), que en su vagar por el desierto se encuentra con que su hermano, un ladrón de ganado interpretado por Bud Spencer, ha sido nombrado sheriff de un pequeño pueblo, donde espera a que el resto de su banda salga de la cárcel para dar un buen golpe. Con la intención de seducir a dos hermanas mormonas, Trinidad intentará convencer a su hermano de ayudarlas y hacerle la vida un poco más difícil al alcalde del pueblo. Si te estabas esperando un guión sesudo y complejo… va a ser que no, pero si quieres un rato de risa y choteo, no te la pierdas.
  • Dark City (ciencia ficción): Dirigia por Alex Proyas, más conocido por ser el director de El Cuervo, esta película australiana de 1998 ha sido llamada la hermana mayor de Matrix. Producida por el mismo estudio, parte de sus fondos y decorados fueron reutilizados luego por los hermanos Wachowsky. Al igual que Matrix juega a revisar el mito de la caverna de Platón en un ambiente cyberpunk oscuro y opresivo, aunque en este caso centrándose más en los diálogos y la investigación, al estilo del cine negro de los 50, que en los tiroteos y las secuencias de artes marciales que usaron los Wachowsky, estando realmente más cerca del cine de David Lynch. En Dark City se nos plantea una ciudad que parece no tener límites, donde el protagonista se despierta en la escena de un crimen, aquejado de una fuerte amnesia. Poco a poco irá descubriendo que unos personajes, los Ocultos, manipulan la realidad de la ciudad a su antojo. Si todavía no la habéis visto, creo que la reedición de la película de 2008, con el montaje del director está mejor que la que salió en cines. Dark City es una pequeña joya olvidada, no la dejéis pasar.
  • Asalto a la comisaría del distrito 13 (survival horror): Tras un intenso debate tabernario sobre si esta peli era acción, thriller o si la podíamos meter en survival horror, ha acabado aquí. Porque me da la gana que para algo el blog es mío. A pesar del infame remake con Ethan Hawke, este clásico de 1976 de John Carpenter sigue siendo un film muy válido. El argumento: Un bus que transporta a tres presidiarios para en una comisaría para buscar medicamentos para uno. Dicha comisaría va a ser cerrada a la mañana siguiente por traslado, y sólo quedan dentro un par de agentes de guardia y poco equipo. En medio de esa situación llega un ciudadano corriente que ha matado, por venganza, al miembro de una peligrosa banda que asesinó a su hija en un tiroteo, por lo que el resto de la banda aparece siguiéndole y asediando la comisaría con ansias de linchamiento. Y ahí comienza la acción: la banda intenta penetrar en el recinto y los de dentro sobrevivir. Con un reparto de desconocidos y un presupuesto de sólo 100.000$, escueto incluso para la época, Carpenter logra sacar adelante una película muy resultona, divertida, tensa y con personajes carismáticos. En un principio pretendía hacer un western, muy influenciado por Rio Bravo, pero la falta de presupuesto le llevó a darle una ambientación contemporánea. Películas como esta demuestran que Carpenter es un maestro cuando se trata de trabajar con pocos medios.

Y con esto toca su fin el Vol II. Próxima entrada… Vol III (mañana o pasado)