Watchmen: relectura 2012

Una vez al año (desde hace una década) releo Watchmen, la obra maestra de Alan Moore y comic referencial de los años 80, que redefinió el género superheroico junto al Dark Night de Frank Miller. Pero aunque la revisión que Miller hizo de Batman ese clásico me parezca genial, sigue siendo Watchmen mi favorito, porque cada vez que lo leo saco una lectura diferente (que generalmente no contradice a las anteriores).

Para los que no hayan leído el comic decir que es mucho mejor que ese espectáculo pirotécnico que Zakk Snyder llevó a los cines hace un par de años, una película con una gran banda sonora, una buena fotografía… y nada más (actores mediocres, adaptación penosa y masticada de la historia, centrándose en la violencia y el sexo y dejando fuera la verdadera chicha de la obra). Porque la verdadera fuerza de Watchmen está en los análisis que Moore hace la de la pesonalidad de cada personaje, y en las connotaciones políticas de la obra, tanto en su teoría sobre el desequilibrio de poder (representado por el Dr Manhattan) como sobre la mútua destrucción asegurada (hay que ver la obra en el contexto histórico en el que se escribió, a mediados de los años 80).

Pero en este caso fue en la actitud de tres personajes en lo que reparé: El Comediante, Rorschach y Ozzimandias. Probablemente los tres personajes más inteligentes del comic. Sí, no considero que Manhattan esté en ese “top 3”, aunque atesore el conocimiento científico más grande (gracias a sus poderes prácticamente divinos) siempre acaba como un simple pelele. El tío es omnipotente y se pliega a los deseos del gobierno estadounidense (ahora combate el crimen organizado, ahora gana la guerra de Vietnam, ahora acojona a la URSS…), tiene un poder casi infinito pero no es capaz de entender las relaciones humanas. Creo que esta moda de los personajes tipo la pedante sosa de Bones, o Sheldon Cooper de Big Bang Theory, con su hiperracionalismo, están muy marcados por este personaje.

En cualquier caso, como ya he dicho, creo que los tres personajes más inteligentes de la obra son Rorschach, Ozzimandias y El Comediante. Y lo creo porque son los tres que mejor han comprendido la existencia humana, el como la ambición desmedida, la obsesión por exprimir al máximo el presente sin pensar en el futuro, el miedo a lo que no conocen, el fanatismo y la necesidad de las élites por mantener su posición de dominio va arrastrando a la propia humanidad hacia su propia extinción, hacia el desastre y la total aniquilación. Cualquier persona inteligente con unos conocimientos mínimos de historia de la humanidad llegaría a la misma conclusión. Y cuando alguien ve la cara del apocalipsis suele acabar convertido en uno de estos tres personajes. Me explico:

Empezaré por Rorschach. En un principio no pensarías que el tío sea un genio, conforme vas leyendo los primeros capítulos te forjas una idea sobre él bastante plana: un fanático ultraderechista vengativo y trastornado. Es en el capítulo donde vemos su estancia en la cárcel, con las sucesivas entrevistas con el psicólogo de la prisión, donde uno se da cuenta de la verdadera naturaleza de Rorschach. Durante toda su vida ha visto la cara más oscura de la realidad: su madre no le trató bien, acabó en un centro de acogida, se hizo vigilante para luchar contra sus propios demonios y acabó perdiendo totalmente su fe en la raza humana. Y en ese momento comprendió el camino hacia la aniquilación de la humanidad y optó por una de las tres salidas que suelen tomarse al llegar a esa comprensión: Aferrarse ciegamente a un ideal absoluto hasta el límite de la cordura. Como le dice cuando se destapa todo el plan maestro de Ozzimandias “Ni ante el apocalipsis”, está dispuesto a morir por su idea, e incluso a condenar a toda la humanidad, pero jamás renuncia a ella.

De El Comediante no se explica cómo llega a ser lo que es, no hay un “via crucis” como el de Rorschach para alcanzar la iluminación, no hay una luz cegadora camino de Damasco al caer de un caballo. Desde un primer momento dice ser consciente de la tragedia humana, y se hace llamar El Comediante por eso, porque cree que la vida es “una broma”. La parte en la que, en los años 60, se reunen todos los vigilantes y este les dice que todo da igual porque en 20 años el holocausto nuclear acabará con la vida, da una gran muestra de su personalidad. Se reviste en un cinismo práctico para que nada le afecte, para evitar asumir sus miedos. Ve las grietas del sistema y en lugar de echarse a temblar asume su aniquilación, pero decide mientras tanto aprovecharse de estas mismas grietas para su propio beneficio, renunciando a toda moralidad y ética para ello. Es un violador y un asesino, pero le da igual, sus trabajos sucios para el gobierno le han garantizado una vida de lujo y reconocimiento, e intenta convencerse de que su crueldad y brutalidad le resultan divertidas (aunque luego veamos que ciertos fantasmas le atormentan). El Comediante es seguramente, de los tres, quien mejor representa la cara de políticos, empresarios, banqueros…

Finalmente nos queda Ozzimandias. En su caso son sus constantes estudios estadísticos los que le llevan no sólo a la comprensión de la estupidez autodestructiva humana sino también a la solución del problema. Porque de los tres personajes es él quien decide cambiar el mundo, por lo que acaba por convertirse en un terrorista. “Los problemas sin solución requieren soluciones poco convencionales”, afirma, una teoría presente tanto en el terrorismo como en la ingeniería (y según muchos psicólogos, la causa de la gran presencia de ingenieros en grupos terroristas). Ozzimandias, Adrian Veidt, es quien decide aplicar el pensamiento lateral, quien busca la solución, un solución radical y brutal, pero que desde su punto de vista es la única forma de salvar la tierra.

Ser un fanático cegado, un cínico aprovechado o un terrorista. Las tres opciones que uno puede tomar cuando llega a comprender la naturaleza humana, y las tres representadas por tres de los personajes de esta obra de Alan Moore. Aunque algunos dirán que Star Wars es mucho más profundo…

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4 comentarios en “Watchmen: relectura 2012

  1. Comparto el gusto por releer Watchmen una vez al año por lo menos. No por obligación ni por costumbre, sino porque es una de esas obras que apetece volver a leer cada poco tiempo.

    Es más, como siempre he dicho, Watchmen es un cómic mágico. Cada lectura me ha aportado algo nuevo que no había visto antes, pues es tal la minuciosidad con la que Alan Moore preparó la obra (plasmada por el soberbio trabajo de Dave Gibbons), que uno no deja de encontrarse detalles y cosas que se le habían pasado en relecturas anteriores.

    Muy interesante el análisis sobre los tres personajes claves de la obra.

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