Los cinco rostros de los 90

Estos días me encontraba diseñando una página web. Escoger los colores, formas, botones, etc. siempre me ha parecido tedioso, pero en esta ocasión tuve un arrebato original: aguamarina, amarillo, fucsia, círculos, rectángulos… todo muy videoclip de “Istambul, not Constantinopla” de They Might Be Giants con un toque Mariscal y El Príncipe de Bel Air. La web que habría hecho un diseñador en 1992, si en 1992 existiera CSS2.

Los 90 fueron la década del capitalismo exacerbado, de la MTV, de convertir lo “independiente” y lo “alternativo” en lo más “cool” y comercial del momento, la década de las bermudas anchas con bambas, las sit-coms orientadas al público juvenil y el comienzo de los sueldos desorbitados en los deportes y en la televisión. La década en la que vivimos la última gran guerra en territorio europeo, con algunas de las mayores atrocidades del siglo XX cometidas en los balcanes. La década en la que pensábamos que la Unión Europea era el gran chollo y que nos estaban dando dinero por nada, la década en la que Microsoft barrió a Apple y a IBM, Internet empezó a estar en boca de todos, nació Linux, las empresas “punto com” se hinchaban en la bolsa para luego desaparecer y los videojuegos se convertían en una opción de ocio mayoritaria. Fue cuando la construcción se tornó voraz, el tejido industrial se desmanteló y deslocalizó, y la economía China crecía más rápido que el precio de la vivienda.

Cinco rostros. ¿Cuáles serían los cinco rostros de la década de los 90? ¿los cinco que mejor describen todo lo citado el párrafo anterior?

Kurt Cobain

La descuidada melena rubia de Kurt Cobain, el primer ídolo adolescente de la década, ilustraría la primera foto. Todavía hay muchas ex adolescentes que no han superado su muerte. Sobrevalorado como compositor, como guitarrista y como cantante por su temprana y enigmática muerte, sobre la que se han derramado ríos de tinta y se han rodado películas y documentales, su influencia en la música de la década es trascendental. No inventó nada, pero puso de moda la pose de “el mundo es una mierda, el espectáculo es frívolo, todos mis millones no llenan mi existencia” que definió no sólo el grunge, sino también la mayor parte del rock y el metal alternativo en los años posteriores. Su estética, una versión reciclada de los Ramones, fue imitada por la mitad de los jóvenes blancos americanos durante la primera mitad de la década. Hasta en “Historias del Kronen” se citaba a Nirvana, la banda que tiñó de oscuridad y depresión el rock, la banda que se autonombró sucesora de los Sex Pistols para acabar con los excesos creativos en el rock and roll. Su desangelado aire de alma en pena sigue inspirando a día de hoy a muchos músicos.

Bill Gates

Los ochenta fueron de Apple e IBM, aunque Microsoft ya empezaba a volverse omnipresente con MS-DOS, infinitamente más barato (y fácil de copiar) que los SO de la competencia. El “mito de la Frontera” en los EEUU empezaba a ser barrido por el “Mito del garaje”, y su principal abanderado era Bill Gates. Recuerdo ver la noticia del lanzamiento de Windows95 en el telediario, creo que de Antena3 o de TVE, en la que lo definían como “programa” (la informática no estaban tan extendida como ahora, y el término Sistema Operativo no era de dominio público aún) y decían que valía para trabajar, jugar y hasta “consultar el precio del cordero” (supongo que querían referirse a navegar por internet con eso). Por su aspecto de “nerd” nadie diría que era el hombre más rico del mundo, pero lo llegó a ser. Microsoft dominaba tanto el mercado corporativo como el doméstico, tenían el SO más popular, la suite ofimática más popular, el navegador más usado… y el estudiante fracasado en los 70 era el empresario de la década en los 90.

Quentin Tarantino

Sólo dirigió tres películas (bueno, tres películas y cuarto realmente) en esa década, pero otro de los elegidos sería Quentin Tarantino. Él era el abanderado de una generación del cine independiente donde también destacaban los hermanos Cohen o Robert Rodríguez. Los 90 eran los años del revival de los 70. Una hornada de nuevos directores decidían ignorar las producciones faraónicas de los 80 para reivindicar a Coppola, Kubrick, Scorsese y Peckimpah. Violencia cruda, personajes hacia los que se creaba una empatía y morían brutalmente, actores de raza curtidos en el teatro, fotografía e iluminación minimalistas, bandas sonoras con temas underground de los 60-70. Hasta los grandes directores comerciales se dejaban influenciar por este movimiento. Y Quentin Tarantino era el más exitoso. Sus dos primeras películas, “Reservoir Dogs” y “Pulp Fiction” son dos piedras angulares de este tipo de cine. Sus diálogos referenciales, su fotografía, su uso de la violencia, su ritmo narrativo… La crítica a veces le odiaba y a veces le amaba, los temas de sus bandas sonoras se convertían en hits y era capaz de relanzar la carrera del más hundido de los actores. No sólo era director, también ejercía de productor (“Abierto hasta el amanecer”) o de guionista (“Asesinos Natos”, “Amor a Quemarropa”) en películas de éxito, haciendo cameos además en varias como homenaje a Alfred Hitchcock. Participó en la obra múltiple “Four Rooms” dirigiendo la última parte y cerró su periplo como director en esta década con “Jackie Brown”, tal vez su película más floja (otros dirán que es “Death Proof”, pero es cuestión de gustos) y que vino seguida de un parón bastante largo en su actividad (hasta que en 2003 regresó con esa joya que es Kill Bill). Una biografía no oficial suya publicada a mediados de los 90 le retrató como un amante de la comida basura y un friki del cine de serie B, los comics y la cultura japonesa, claro que basta con ojear su filmografía para darse cuenta de esto (bueno, de eso y de su fetichismo por los pies).

Homer Jay Simpson

Ok, no es un ser humano, pero el artículo dice “cinco rostros”, y su cara amarilla es sobradamente conocida. Homer Jay Simpson (aunque que la jota es de Jay lo descubrimos a finales de la década) es el rostro de américa. Copiado hasta la saciedad (sobre todo por el poco talentoso pero exitoso Seth McFarlane), la expresión “D’oh” (la que en España se traduce como “ouch”) de Homer ha entrado en el diccionario Oxford (haciendo realidad lo de que un Simpson salga en el diccionario, idea que se planeta en un capítulo de una de las primeras temporadas). Aunque los primeros cortos de los Simpson (los del show de Tracy Ullman) daten de finales de los 80, la primera temporada se estrenó para las navidades de 1989 y logró el éxito masivo en los 90. Homer es el retrato de la otra cara del sueño americano: vago, inculto, bruto, violento, homófobo, alcohólico, obeso, patriota, conservador, cristiano no prácticante y adicto a la telebasura (bien pensado, también podría ser español perfectamente). Todos conocemos a un Homer (bueno, y si me apuras, a una docena). La grandeza de Groening y el equipo de guionistas de los Simpson es haber logrado conseguir que un personaje plagado de defectos se convierta en uno de los personajes más entrañables de la televisión de los años noventa (jugada que repitieron de forma maestra con el personaje de Bender en Futurama). Una película, 23 temporadas, éxito en muchos países, cientos de grupos en redes sociales basados en sus frases y capítulos censurados en países como Argentina, Venezuela o Alemania… ¿Se puede dudar del éxito de Homer?

Michael Jordan

Más de la mitad de las temporadas de la NBA de los 90 acabaron con este señor poniéndose otro anillo y levantando en título de MVP de la final, y hay que tener en cuenta que estuvo temporada y media retirado, jugando al baseball. Durante la década de los ’90 Michael Jordan ganó 6 título de campeón de la NBA, siendo las 6 veces MVP de las finales, fue 4 veces MVP de la liga regular (a la que hay que sumarle otro MVP conseguido en los 80), 7 veces all star (de un total de 14), dos veces MVP del all star (de un total de 3), 6 veces máximo anotador (de un total de 11), 6 veces en el quinteto ideal de la NBA y 6 veces en el quinteto defensivo, un oro olímpico (al que hay que sumarle otro en las olimpiada de Los Angeles), un oro en el torneo de las Américas y otro en los juegos Panamericanos. Fue la imagen de Nike, Nestlé, Coca Cola, McDonalds, Chevrolet, Gatorade y cereales Wheaties. Apareció en el videoclip de la canción Jam de Michael Jackson y protagonizó la película de animación Space Jam junto a otras estrellas de la NBA, y curiosamente en los 90 no apareció en ningún videojuego porque sus derechos de imagen eran muy altos (aunque a finales de los 80 protagonizó su propio juego Jordan vs Bird y en 2011 apareció en el NBA 2k11). Fue el jugador mejor pagado de la NBA y el que tenía el contrato publicitario más alto. Pero todos estos datos cuantitativos no son tan definitorios como el hecho de que en los diccionarios estadounidenses aparezca la expresión “ser el Michael Jordan de…” como sinónimo de ser el mejor en algo. El único jugador de baloncesto que ha entrado en el diccionario. Su influencia era tal que se decía que el que se hubiera rapado la cabeza había ayudado a muchos niños que se habían sometido a quimioterapia, para que superaran el trauma de perder el pelo. Decían que su influencia, en su mejor momento, en EEUU era casi como la de Oprah Winfrey.

Fuera de esta lista se quedaron muchísimos rostros famosos, desde luego. Bill Clinton, el subcomandante Marcos, Will Smith, Steve Buscemi, Noam Chomsky, Frank Miller, Tom Hanks, Trent Reznor, Clint Eastwood, … sólo cinco siempre es complejo, pero creo que ha quedado completita.

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