Fantasía: de los años dorados a la actual decadencia

Las letras de corte fantástico han sido una constante en el rock and roll desde los años 60, sea ya fantasía de corte épico/heroico, onírico, psicodélico o terrorífico. Por desgracia las excesivas dragonadas del metal mainstream europeo de los 90 dejó esta temática totalmente desprestigiada. Ya sea por hacerlo desde planteamientos épico-paganos criptofascistas o desde un simplismo de “bien vs mal” estilo Dungeons & Dragons, el caso es que a día de hoy este tipo de letras tienden a ser ridiculizadas.

Claro que si tenemos en cuenta que en los 90 la prensa metalera convirtió a Rhapsody en la quintaesencia del power metal con letras como “For the king for the land for the mountains/for the green valleys where dragons fly/ for the glory the power to win the black lord/ I will search for the emerald sword” uno ya no se extraña de que se les tome a coña, como cuando los “A monte y Mar” (Amon Amarth para los no iniciados) te vienen con cosas como “Odin! Guide our ships/Our Axes, spears and swords / Guide us through storms that whip/ And in brutal war” ¿Qué coño es eso? ¿El Jesusito de mi vida en versión vikinga?

Es un hecho que muchas de estas bandas “épicas” sacrifican la elaboración de las letras para apoyarse simplemente en frases grandilocuentes, una moda muy molesta en el metal actual (ese en el que tampoco hay bajo), y no consideran elaborado el hacer una buena metáfora, un paralelismo o el jugar con la sonoridad de las palabras, sino simplemente el añadir muchos adjetivos calificativos magnánimos y enaltecedores. Básicamente acabó por llegarse a que todo una generación se pasaran sus carreras intentando hacer un nuevo Stargazer, pero sin el talento del triunvirato Dio-Blackmore-Powell lo único que conseguían eran versiones exageradas, casi como caricaturas. Una buena muestra de esto podría ser el Rebellin in Dreamland de los Gamma Ray: “By moonlight there’s a way… for rebellion/ here, the world has gone astray… revolution/ Now, the time has come to pray… hallelujah/ deep, inside our minds we wait… for rebellion/ Here in dreamland we will not obey the masters”. Me lo imagino dándole vueltas a la cabeza “¿con qué rima el rebellion de la primera estrofa?… coño, con Rebellion”, en fin, menos mal que no copió una letra de los Judas (como suele hacer con los riffs).

Viendo todo esto puede parecer que estoy tirando piedras contra mi propio tejado. Vengo a defender la temática fantástica y no pongo más que ejemplos infames… pero no, no es así. La idea es mostrar por qué la gente ridiculiza esto, cosa que queda clara arriba. Pero ¿por qué defenderlo? Pues, por ejemplo, por cómo Michael Moorcock retrataba a su “campeón eterno” en el tema Veteran of the Psychic Wars de Blue Oyster Cult: “You see me now, a veteran / Of a thousand psychic wars / I’ve been living on the edge so long / Where the winds of limbo roar / And I’m young enough to look at /And far too old to see / All the scars are on the inside / I’m not sure that there’s anything left of me”. Una de las letras que más me ha frustrado, porque cuando la comparo con la que escribí sobre Elric de Melniboné cuando tocaba en Nightcrawler siempre pensaba “no estoy al nivel, no estoy al nivel”. De todas formas, hoy seguramente habría enfocado la letra desde otro ángulo (y además, tampoco es un deshonor perder contra el mejor, como decía el feriante de los Simpson).

Una de las cuestiones fundamentales es el planteamiento. Desde los 90 casi toda esta temática fantástica se centra en la batalla, en el ardor guerrero, mientras en décadas pasadas la temática era más variada. Por ejemplo Stagazer, con un planteamiento muy “torre de Babel”, poniéndose desde el punto de vista de un esclavo que, en medio del desierto, levanta una enorme torre para que un hechicero desafíe a los dioses e intente volar. La historia acaba así: “All eyes see the figure of the wizard / As he climbs to the top of the world / No sound, as he falls instead of rising / Time standing still, then there’s blood on the sand”. Vamos, que su propia locura le acaba matando. Otro buen ejemplo puede ser Kindom of Madness, de los Magnum: “When the night is on the run / and your dreams are almost gone / seas of fire snatch your soul / beast of morning then unfold / in a whirlpool sadness creeps / shadows walk with silent feet / is there something in the air / turns your hope into dispair”, con un planteamiento más orientado hacia la evasión, hacia la locura.

Mención aparte merece la banda italiana Skylark. Los tíos se han pasado toda su carrera haciendo discos conceptuales sobre la historia de una princesa, su salvador (el guerrero blanco), la vida, la muerte, ángeles y demonios varios, desde un planteamiento totalmente plano al más puro estilo Star Wars. Musicalmente, aparte, son bastante vomitivos, con teclado a punta pala y batería tan sampleada que parece que la hayan metido directamente del guitar pro. Su hit single tenía como estribillo “[The guardian angel:] The Princess now has gone! / [White Warrior:] Can you look at yourself till I’m still waiting here? / [The guardian angel:] Princess now has gone… / [White Warrior:] I’ll remember the dark I’ll forget myold fears. / The Princess now has gone… The Princess now has gone.” Lo que va entre corchetes es el personaje que canta eso (cosa que escuchando la canción no se aprecia, mayormente porque sólo canta un tío). A este nivel pocas cosas hay, ni siquiera el votado “disco más ridículo del power metal”, el Stairway to Fairyland de Freedom Call, que tenía grandes momentos chungoletrísticos como “Over the rainbow we’ re touching the sky / Ride into distance we’ ll find our way / Over the rainbow we fly to survive / Glide on illusions of better days”. Creo que hubo diabéticos que entraron en coma después de escuchar este disco, por el subidón de azucaramiento.

En fin, la explosión power-metal europeo hizo mucho daño a las letras de fantasía en el rock, pero sería injusto dar de lado esta temática por culpa de una generación infame de bandas, y conviene recordar a otros que engrandecieron este género, como al gran Ronnie James Dio cantando aquello de “Help me, tell me I’m sane / I feel a change in the earth, in the wind and the rain / Save me, oh take me away / you know I’ve seen some creatures from hell and I’ve heard what they say!” en Falling off the Edge of the World, o aquel poema de Moorcock que utilizaron los Hawkwind en su disco Warriors on the Edge of Time:

We’re standing on the edge

The edge of time

And it is dark, so dark on the edge of time

And we’re tired of making love

We are the lost, we are the ravaged

We are the unkind

We are the soldiers at the edge of time

And we’re tired of making love

Where are our children

Where are our fathers

Where is our desire

And it’s cold, so cold on the edge of time

Where is our joy

Where is our hope

Where is our fire

And it’s cold, so cold on the edge of time

We are the the lost, we are the forgotten

We are the undying

We are the soldiers at the edge of time

The veterans of a thousand psychic wars

We are ths soldiers at the edge of time

The victims of the savage truth

We are the soldiers at the edge of time

And we’re tired of making love

 

Siempre he tenido la ilusión de tener una banda que conjugue poesía, rock y teatro en un contexto de fantasía onírica. Tal vez algún día acabe encontrando a una buena panda de frikazos setenteros que se quieran enrolar en locura semejante. Hasta entonces, a disfrutar de Blue Oyster Cult.

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