De directos infumables va la cosa

En estos años de patearme conciertos y festivales he tenido la mala suerte de, entre medias, tener que tragarme más de una basura aberrante para los oídos. Porque hay bandas que en lugar de música parecen más centradas en torturar los oídos del respetable, bandas que te hacen pensar “¿en serio esta gente está cobrando por esto?”. Obviamente no incluiré bandas locales o amateur en esta lista, dado que sería injusto comparar a bandas jóvenes o locales con gente profesional, que está ganándose la vida con esto (y que por tanto, tiene un caché).

Por orden cronológico, por suerte, no tengo que irme muy atrás, de hecho casi toda la infamia se centra entre 2006 y 2009, probablemente porque en esa época me pateaba festivales y conciertos a patadas (tenía más pasta que a día de hoy). No fue hasta mayo de 2006 (y ya llevaba unos cuántos conciertos a la espalda en aquel momento) cuando me topé por primera vez con una banda “profesional” que tenía más de amateur que otra cosa. Fue en Portugal, en el Hard Club de Oporto, y el cartel estaba formado por Altaria, Sonata Arctica y Doro. La germana ex cantante de Warlock completó un sobresaliente concierto, los Altaria a pesar de no ser muy de mi palo, y de tener a un cantante con menos carisma que un melón reseco, abrieron la noche con un decente concierto. Pero fueron los segundos de la noche, los Sonata Arctica, quienes escribieron su nombre en el libro de la infamia. Mostrando poca profesionalidad, y un nulo respeto hacia el montón de frikis que habían ido a verles a ellos, aparecieron en el escenario en un estado de clara embriaguez. Más ciegos que una lombriz, su concierto fue una sucesión de fallos en la ejecución de los temas (ejecución es lo que merecían esos desgraciados escandinavos) y gallos de su vocalista, el cual lucía un atuendo digno de payaso urbano.

Unos meses más tarde, a finales de julio, el Metalway 2006 de Gernika trajo un par de bandas nuevas para esta lista. El primer día Juan Gallardo, de Ángeles del Infierno, se arrastró cosa mala por el escenario destrozando los clásicos de los donostiarras dando muestras de un pésimo estado de forma. Por suerte para ellos, la posterior irrupción de Stratovarius en escena ayudó a hacer olvidar su mediocre actuación. No es de extrañar que su cantante y su guitarrista se llamaran Timmo, porque es lo que eran estos tipos en el escenario. Uno por no ser capaz de cantar en directo lo que grabó en estudio y otro por su afición al alcohol (sí, se confirma que en Finlandia el alcoholismo es un grave problema) se dedicaron durante el rato que aguanté el concierto (huelga decir que al quinto tema me fui a congelarme a la tienda) a destrozar canción tras canción. Me comentaron que al día siguiente Celtic Frost estuvieron horribles, pero me los perdí por haberme ido a f***** después del concierto de Ministry. Así que así llegamos a un prometedor domingo en el que Blind Guardian y Megadeth completaron dos grandes conciertos, Metal Church dieron un miniconcierto improvisado para llenar el hueco provocado por una huelga de personal de tierra en los aeropuertos que hizo que Jon Oliva tuviera que cambiar de hora y tocar de último (haciendo el mejor concierto del festival). A esto sumamos el haber tomado unas cañas con los legendarios Metal Church y haber conseguido que Fito nos confesase que prefería la música que hacía en Platero y Tú que la que hace con su actual banda y queda un día festivalero casi perfecto. Casi, porque tuvieron que hacer su aparición los Edguy. Tobias Sammet, que aquel tiempo todavía no se había convertido en Emotobi, salió al escenario pidiendo perdón porque “estaba con gripe”. Curiosa excusa, porque se pasó el concierto corriendo y saltando de un lado para otro. Por desgracia sus virtudes vocales no están a la altura de su capacidad gimnástica, y con su voz monocorde se dedicó a dar vergüenza ajena en el escenario mientras sus compañeros daban fe del gran trabajo de su productor en estudio, porque era evidente que el mérito del sonido de sus discos está más en el trabajo tras los controles que tras los instrumentos.

Sólo me libré de infamias unos pocos meses, porque en noviembre de ese año tocaban en Santiago los WASP (que dieron un concierto magníficamente interpretado, pero muy cortito) teloneados por Tralla XXL (creo que luego se cambiaron de nombre, pero no estaban mal) y un grupo femenino llamado Jaded. El por qué estas chicas estaban haciendo una gira europea teloneando a una banda de la trayectoria de WASP es, todavía, un misterio. Con una puesta en escena a la que intentaron darle una gran carga sexual pero que se tornaba más ridícula que excitante (con momentos delirantes como la cantante “masturbando” una botella de Heineken) y un propuesta musical poco original, poco creíble y de nula calidad. Aparte de una bonita colección de guitarras al más puro estilo 80’s creo que es la banda más prescindible que he visto en un escenario.

Antes comenté que alguien me había dicho que el concierto de Celtic Frost en el Metalway ’06 había sido horrible. Yo me lo perdí en aquella ocasión, pero en la primeravera de 2007 me los volví a encontrar en la madrileña sala Heineken. En esta ocasión venían compartiendo cartel con los germanos Kreator. No se qué era más aterrador, si el pésimo estado de forma de Tom G. Warrior, reconvertido en un impersonator de Fétido Adams, o si la forma que tenían de reinterpretar sus temas a cámara lenta, lo que los tornaba irreconocibles (como apunte, comentar que tardé dos minutos en darme cuenta que estaban tocando Cicle of the Tyrants). Los antaño legendarios thrashers suizos se habían convertido en una especie de parodia de banda de Funeral Doom sin mucha chicha, que aburrieron durante 75 minutos a una sala abarrotada.

En ese 2007 sufrimos un Monsters of Rock de Zaragoza pésimamente organizado. Con una zona de acampada desértica, que parecía la franja de Gaza, el primer día de festival estuvo marcado por la mediocridad más absoluta: empezó con unos Brujería que son una de las mayores tomaduras de pelo que hay en directo, con unos niveles de descoordinación entre la banda que me hacían plantearme si alguna vez se habrían juntado como para ensayar antes de ese concierto. Black Label Society hicieron una actuación correcta y dieron a paso a unos Mago de Oz que dieron un constructivo mensaje a la juventud con su concierto: “Niños, no os endroguéis o acabaréis dando pena sobre el escenario y diciendo gilipolleces por un micro”; no creo que se pudiera llamar a aquello concierto, seguramente esperpento sería más adecuado. Por suerte mr Dave Mustaine sí puso estaba aquella noche inspirado y Megadeth completaron un conciertazo, pero por desgracia la música acabó allí aquella tarde. Tras los impresionantes Megadeth irrumpieron en escena los niños del bodrio, constatando de nuevo mi antes citada teoría (en Finlandia el alcoholismo es un problema grave). Alexi Laiho demostró que es incapaz de concentrarse en dos cosas a la vez, y decidió centrarse más en escupir al aire que en tocar la guitarra, dedicándose a darle la razón a los creativos de Pirelli (la velocidad sin control no sirve de nada) y a destrozar su garganta berreando sus temas al micro. Cerraba la noche Ozzy Osbourne como cabeza de cartel. Puede que sean los años de excesos, el parkinson o la desgana, pero aquello no era ni una parodia de banda de rock. Muy justito de tiempo, a pesar de que hubo 30 minutos de solo de Zakk Wylde, el concierto empezó bien, con Bark at the Moon y Mr Crowley, pero a partir de la segunda canción empezó a desinflarse para, finalmente, acabar arrastrándose por el escenario y destrozando piedras angulares de la historia del rock and roll como Paranoid o War Pigs. Menos mal que había un segundo día y el festival lo cerraban Motorhead para que nos fuésemos con un buen recuerdo.

Por suerte, a partir de aquí, no se si por una mejor selección de bandas (en el Kobetasonik 2008 pasé de la mitad de las bandas y vi sólo a las que verdaderamente me interesaban y en el Alternivigo de ese mismo año decidí pasar de Cradle of Filth tras la primera canción) o por pura suerte, la cantidad de conciertos infumables baja críticamente. De todas formas, a finales de julio de 2008 sufrí una dolorosa decepción en el Coliseum de A Coruña. Nada menos que una de las más grandes leyendas del hard rock británico, los antaño mastodónticos Whitesnake, deberían habernos regalado una noche inolvidable de rock and roll. Pero en lugar de eso, el señor Coverdale se dedicó a dejar que sus músicos le cantaran los temas mientras él se dedicaba a posar con sus caras camisas de 500 dólares. Con un set list más que discutible y un montón de solos con los que rellenar la hora y media justitamente cronometrada (en la que sólo tocaron 12 canciones, la mitad de ellas pertenecientes al Good To Be Bad) Whitesnake hicieron que más de uno les diéramos a M3 el cetro de ser los verdaderos Whitesnake frente a la banda de Coverdale, que tendrá los derechos del nombre pero no el espíritu de la banda.

Y hasta el Alternavigo 2009 tendría que trasladarme para encontrar otra demostración de mediocridad e infamia musical. Por desgracia, en ese festival lo tuvimos por partida doble. Primero con unos Dragonforce que debieron hacer muy feliz a algunos arousanos importadores de productos colombianos. Como espectáculo humorístico circense puede que tengan un pase, pero para ver payasos me quedo con Leo Bassi, que es un profesional, y no con esta panda de simios eléctricos. Curiosamente algunos les consideran virtuosos de sus instrumentos, que tiene huevos cuando por cada nota que meten bien cuatro van o fuera de tempo o fuera de tono, pero qué se le va a hacer, no todo el mundo ha nacido con criterio y buen gusto. Por suerte para Dragonforce los cabezas de cartel eran Amon Amarth, y al lado del coñazo de estos aspirantes a vikingos no quedaron tan mal parados. Lo de Amon Amarth es increíble. Son unos tíos que parecen modelos de “moda vikinga”, cuya principal gracia consiste en poner poses de rudos piratas escandinavos mientras giran acompasadamente sus largas melenas. Les vi durante una canción que me pareció muy larga, aunque luego me enteré que habían sido tres canciones, claro que como no pararon entre ellas y el riff principal era prácticamente igual en todas me creí que era la misma. Luego comprobé que no es que el riff fuera igual en aquellas tres canciones, es que lo es en toda su discografía, lo cual les confiere un gran mérito: son la banda que más canciones ha grabado con menor esfuerzo.

Por suerte, tras esto, no he vuelto a toparme con ningún esperpento musical en mi camino (y ya van dos años). Como ya dije arriba, no se si por una mejor selección de conciertos, por suerte o por no haber asistido a más festivales de rock/metal desde aquello. El haber vuelto a la tónica de ir a más conciertos de bandas en gira (como hacía antes de 2006) y a menos festivales (cierto que más por cuestiones de tiempo/dinero que por ser una decisión consciente) suele evitar que te tragues a bandas infumables de relleno (siempre y cuando la productora de turno no te las cuele como teloneros, de eso nadie nos libra pero de momento he ido zafándome). Claro que uno valora más a bandas gallegas como Oath, Mutant Squad, Raze, Tevra, Tungsteno o Primitive cuando piensa que ningunos son profesionales, que todos se tienen que ganar la vida de formas ajenas a la música y que, a pesar de eso, encima de un escenario tienen mejor directo que muchos “profesionales” que copan revistas y giras europeas.

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