¿Por qué el bajo desapareció del metal?

Siempre me han gustado los bajistas de rock de los 70: John Paul Jones, Geezer Butler, Roger Glover, Bob Daisley, Neil Murray, Geddy Lee… hay muchos que nombrar.

Los setenta, la década más creativa del rock, cuando este estaba menos uniformado por las discográficas, menos estamentalizado por los medios y cuando todo estaba por inventar. Toda experimentación era válida, toda fusión se aceptaba, ya fuera con folk, soul, funk, jazz… fue la década en que nacieron estilos como el heavy metal, el AOR o el punk, y otros se desarrollaron más como el southern rock, el hard rock o el progresivo. Y casi todas las bandas grandes tenían a un gran bajista, y entendían el bajo como un instrumento que es tanto rítmico como melódico.

Por desgracia, en el mundo metalero, ese concepto empezó a diluirse a finales de los 80 y principios de los 90. El And Justice for All, el Painkiller o el Cowboys from Hell fueron de los primeros discos donde el bajo comenzaba a desaparecer del mapa. El heavy metal pasaba a ser metal a secas, daba un giro hacia las guitarras en constante primer plano y bombos agudos y dejaba al bajo relegado a un mero parche, un zumbido grave que rellena los huecos entre la guitarra y el bombo, en una loca y obsesiva carrera para intentar rellenar hasta el último hueco en el sonido, intentando convertir la música en un sólido muro de hormigón. No es que los bajistas de metal contemporáneo toquen peor que los de antes, para nada, pero es complicado apreciar su trabajo en unas producciones tan herméticas. Todos hemos disfrutado en el pasado el trabajo de Sharlee D’Angelo, pero es que en Arch Enemy apenas tiene presencia. Seguro que el bajista de Lamb of God es un musicazo, pero necesitas escuchar las pistas de bajo por separado para poder comprobarlo. Desde mediados de los 90 el peso melódico del bajo en el metal se ha ido evaporando, y más en el metal facturado en Europa (sobre todo lo que fue el power metal y el rollo melodeath), que el metal americano todavía resistió hasta mediados de la primera década de los 2000 teniendo bajos con presencia; nunca he sido un gran fan de Marilyn Manson, pero el trabajo de Twiggy Ramirez en Antichrist Superstar y Mechanical Animals es digno de admiración, por citar a un grupo de la época sin sonido retro pero con un gran sonido bajístico

Por eso uno de mis discos de metal mainstream favoritos de los últimos tiempos fue Ironbound, de Overkill. Porque puedes escuchar perfectamente como DD Verni golpea las cuerdas con la púa, con una agresividad y un ataque que no son habituales en estos tiempos. Se puede oír el bajo en la grabación, y eso ya es todo un punto a favor de la banda. Algo que cada día es más complicado de encontrar en las bandas mainstream, cuyas producciones parecen realizadas exclusivamente para sonar a través de unos auriculares. A día de hoy los bajos son casi patrimonio exclusivo de grupos underground o bandas con sonido revival, grupos orientados a un público más melómano.

Y es que por desgracia, dados los hábitos de consumo actuales, los bajos necesitan de un buen equipo para disfrutarse. Para degustar una buena ración bajística lo ideal es disponer de una buena etapa y unos buenos altavoces, y si la grabación puede estar en vinilo y con una producción analógica (algo que se está perdiendo en el metal y el hard rock, pero que irónicamente resurge en el mundo del indie más modernillo) ya es el puntazo supremo.

¿No me crees? Vete a casa de alguien con un plato y un buen equipo (si no tienes la suerte de disponer de uno) y escúchate, por ejemplo, el Paranoid de Black Sabbath. Notarás como cada nota de Iron Man o Electric Funeral vibra a través de tu columna, si cierras los ojos verás como la melodía de la guitarra y la del bajo se enredan, se entrelazan entre sí como dos serpientes intentando estrangularse mutuamente. Y cuando el bajo ataca las notas más altas, amigo, ahí tienes el placer hecho rock and roll. Es como si la mano de la pelirroja que te quita el sueño se deslizase lentamente desde tu cuello hacia tu bragueta, rozando con las yemas de sus dedos cada nervio de tu piel.

El bajo es el más sexual de los instrumentos porque no sólo lo oyes sino que lo sientes, las notas resuenan en todo tu cuerpo usándote como caja de resonancia. El bajo te hace el amor mientras lo escuchas, te envuelve, te da calidez.

Prueba a disfrutar de una cerveza escuchando el ritmo estremecedoramente funky de Nutbush City Limits de Tina Turner, intenta no mover los pies mientras suena Trampled Underfoot de los Zeppelin, cierra los ojos y deja que Veteran of the Psychic Wars de Blue Öyster Cult te haga volar por paisajes marcianos. Todas las sensaciones que evocan esos temas dependen mucho del rimo que el bajo imprime a los temas. Sensaciones que no se consiguen saturando la mezcla hasta el extremo, dado que ese tipo de producciones suelen quitarle matices a la música, suelen dejarla desprovista de “color”, como en tonos grises.

Irónicamente, en el mundo de la imagen en HD y tres dimensiones parece que la música va hacia el blanco y negro.

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3 comentarios en “¿Por qué el bajo desapareció del metal?

  1. Bajistaloquero

    La verdad es que en muchos conceptos estoy bastante de acuerdo contigo,sobre todo en la parte en la que a partir de esos 3 discos empezaron a olvidarse del único imprescindible de un grupo musical(sustituirlo por un teclado/piano/órgano no vale, esos instrumentos sustituyen a lo que sea,aunque se notaria algo cojo todavía).Lo de a día de hoy, es muy cierto: Stoner, Garage, grupos Revival y grupos clásicos como los Black Sabbath.
    Quiero poner un apunte y es el papel de las grabaciones, que es algo que odio, y en concreto, es el sonido “moderno” del bajo, una mezcla de distorsión con sonido a flatulencia, llámame añejo si quieres pero soy de esos que dicen que los efectos “raros” al bajo me parecen prescindibles, mis influencias son Geezer Butler,John Entwistle y actualmente, Jaco debido a que he destrastado mi primer bajo y pienso que en directo y estudio solo existe un rig: Bajo+Cabezal de válvulas y pantalla o incluso se le suma en efectos, el big muff y el wah wah.

    Me gusta tu artículo,se queda en parte corto e incluso existen numerosísimos casos excepcionales(Steve Harris por ejemplo).

    Un saludo de un 4 cuerdas

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